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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Virginia Boglione: el corazón de una madre en movimiento
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zpa0A1JmJWmwVBsKQ5aFdwLolSI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/10/boglione_dia_de_la_madre.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este Día de la Madre, Virginia Boglione, exjugadora profesional de vóley y madre de dos hijos, nos abre una ventana a su vida marcada por los desafíos, la movilidad constante y el amor incondicional que define su maternidad. Con una historia de vida arraigada en San Francisco, Córdoba, y una trayectoria deportiva que la llevó por todo el país y el extranjero, Virginia hoy enfrenta uno de los retos más grandes y conmovedores de su vida: sostener a su familia, que no deja de crecer, en medio de la adversidad.</p><p>Virginia, nacida en San Francisco hace 43 años, comenzó su vida deportiva en el Club San Isidro. Pronto, el voleibol la llevó más allá de las fronteras de su ciudad, llegando a jugar en el Club Atenas de Córdoba, en Freyre y hasta en España. “A los 15 años comencé a viajar por el deporte”, cuenta con nostalgia. Esos viajes moldearon su carácter y la prepararon para afrontar desafíos aún mayores en su vida. Fue en el mundo del deporte donde conoció a Sebastián González, su compañero de vida, con quien comparte no solo el amor por el deporte sino una familia.</p><p>“Jugué al voleibol hasta los 27 años, cuando decidimos ser padres”, recuerda Virginia, y esa decisión la llevó a cambiar el rumbo de su vida. Sofía, su primera hija, nació en 2009, seguida de Lucio dos años después. A partir de entonces, su vida se convirtió en una serie de mudanzas debido a la carrera de su esposo como entrenador de básquet. “Nos hemos mudado muchas veces, pero siempre tratamos de que los chicos se adapten y sigan adelante con una sonrisa”. Desde que nació Sofi, la familia ha recorrido el país: desde Córdoba a Corrientes, Santiago del Estero y ahora La Rioja. “Cada lugar implica empezar de nuevo: conocer calles, pediatras, médicos y sobre todo ver a los chicos adaptarse a nuevas escuelas”.</p><p>Mudarse es para muchos una de las experiencias más desafiantes de la vida. Dejar atrás amistades, casas, rutinas y paisajes conocidos puede generar ansiedad y miedo ante lo desconocido. Para Virginia y su familia, las mudanzas no han sido un evento aislado sino una constante que ha moldeado su vida, su forma de ver el mundo y la forma en que crían a sus hijos. “Cada mudanza es como un pequeño duelo”, confiesa Virginia con una mezcla de nostalgia y aceptación. “Te despedís de la gente que aprendiste a querer, de los amigos que hiciste, de los lugares que te eran familiares. Pero al mismo tiempo, te enfrentás a la incertidumbre de lo nuevo: calles que no conocés, un colegio diferente para los chicos, nuevas dinámicas familiares”.</p>&nbsp;Madre e hija se entienden en la cancha jugando para Centro Cinco con miradas cómplices y gestos que hablan del lazo que las une más allá del deporte.<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Un párrafo aparte la posibilidad que le dio el deporte, Virginia tuvo la oportunidad de cumplir un sueño inesperado: volver a las canchas de vóley y hacerlo junto a Sofía, su hija mayor. “Volver a jugar y compartir el equipo con Sofi es algo que jamás imaginé”, confiesa con emoción. &nbsp;&nbsp;</p><p>Uno de los momentos más desafiantes para Virginia fue decidir dejar su carrera de voleibolista profesional. “Decidimos que Seba trabajaría y yo me quedaría con los chicos, porque con tantos cambios era complicado encontrar estabilidad en un trabajo para mí. Cada vez que llegábamos a un nuevo lugar, llevaba tiempo adaptarse. No conocés a nadie, no tenés referencias, ni siquiera sabés con quién dejar a tus hijos si hay una urgencia. Era muy difícil pensar en trabajar en esas circunstancias”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Para Virginia, la adaptación a un nuevo lugar siempre comienza con las preguntas más básicas pero esenciales para una madre: “¿Dónde están el pediatra, el médico clínico, los hospitales más cercanos?”. Ella recuerda cómo esas primeras semanas eran una mezcla de desorientación y aprendizaje acelerado. "Tenés que empezar de cero, incluso aprendiendo los nombres de las calles, encontrando a quién recurrir en caso de una emergencia. Es una experiencia que te deja un poco vulnerable, pero también te enseña a confiar en los demás y en tus propios recursos".</p><p>&nbsp;</p>La llegada de Anita y José: un nuevo capítulo de amor<p>Desde enero de este año, su hogar se amplió con la llegada de sus sobrinos Anita, de 14 años, y José, de 10, tras el fallecimiento de la hermana de Virginia y su cuñado. “Fue una decisión que no dudamos en tomar", comenta emocionada. "Sebastián fue el primero en decir ‘tráelos, son parte de nuestra familia’. Fue una demostración de amor enorme de su parte”.</p><p>El dolor por la pérdida de su hermana Mariana y su cuñado Andrés es profundo, pero Virginia y su familia han encontrado fuerza en el amor que los une. “Los chicos han sido unos héroes, la verdad, es admirable cómo se han adaptado a su nueva vida, nueva escuela, nuevos amigos. A pesar de todo el dolor, ellos han encontrado un lugar en nuestra casa”. Con cuatro adolescentes en casa –Sofi de 15 años, Lucio de 13, Anita de 14 y José de 10– la dinámica familiar se ha transformado por completo. “Nunca imaginé ser mamá de cuatro, pero la vida lo tenía destinado así, y Sebastián y yo lo hacemos con todo el amor que les tenemos a Mariana y Andrés, sus papás”.</p><p>El proceso de adaptación ha sido un reto tanto para Virginia como para el resto de la familia. “Es como haber estado esperando un nuevo bebé, preparar sus camas, su placar y todo lo que implicaba hacerlos sentir en casa. Fuimos organizando todo con mucho amor”. Los hijos de Virginia también aceptaron con el corazón abierto esta nueva etapa: “Sofi y Lucio no dudaron ni un segundo en decir que sí cuando les preguntamos si estaban de acuerdo en que sus primos vinieran a vivir con nosotros”.</p><p>“Con Anita y José vino Luna, su perrita. Así que bueno, en definitiva, la familia se conforma con Seba, yo, Sofi, Lucio, Anita, José y Chula y Luna, que son las dos perritas”. La casa, que alguna vez se sintió vacía por la distancia y las ausencias, hoy se llena con el bullicio de risas, el correr de los adolescentes y los ladridos de las dos perras.</p><p>A pesar de las dificultades, Virginia asegura que esta experiencia ha fortalecido los lazos familiares y les ha dado una nueva perspectiva de vida. “Estamos convencidos de que dentro de unos años miraremos atrás con orgullo, sabiendo que hemos construido algo hermoso a partir del dolor”, sentenció Virginia</p><p>Este domingo 20 de octubre, Día de la Madre, Virginia Boglione encarna la resiliencia y el poder del amor maternal en su forma más pura. Una madre que ha sabido adaptarse, sostener a su familia y multiplicar su amor en medio de los desafíos más duros. Con su esposo a su lado y sus hijos –incluidos ahora Anita y José–, Virginia sigue adelante, construyendo un hogar lleno de afecto, comprensión y fuerza.&nbsp;</p><p>Y entre todas esas mudanzas y cambios, entre las risas de los chicos y los ladridos de Luna y Chula, la casa de Virginia se ha convertido en un refugio donde el amor, a pesar de las heridas, sigue floreciendo.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zpa0A1JmJWmwVBsKQ5aFdwLolSI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/10/boglione_dia_de_la_madre.png" class="type:primaryImage" /></figure>La exjugadora de vóley celebra este Día de la Madre con una historia de amor y resiliencia. Tras una vida de constantes mudanzas junto a su esposo y sus dos hijos, Sofía y Lucio, ha encontrado un nuevo desafío: criar a sus sobrinos Anita y José.]]>
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                <published>2024-10-20T13:32:20+00:00</published>
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            Madres con trabajos nocturnos: entre esfuerzo y organización
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9Tvkaeq2wu4tbvo9XWkZCXUcg6Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/10/dia_de_la_madre_ypf.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>Tal como lo anticipaba el pronóstico, el pasado jueves San Francisco amaneció con un cielo cargado de nubes grises. La amenaza de lluvia persistió durante toda la mañana, y alrededor de las 12.30, un fuerte chaparrón cayó sobre la ciudad, obligando a los transeúntes a buscar refugio bajo techos o paraguas improvisados. En medio de ese escenario, en la estación de servicio YPF ubicada en la esquina de 9 de Julio y Mitre, dos mujeres se mantenían firmes en sus puestos: Jésica Benítez y Alicia Ferreyra, encargadas del despacho de combustible y GNC en ese turno, trabajaban con la misma energía con la que habían comenzado su jornada a las seis de la mañana.</p><p>LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con estas madres trabajadoras para conocer de primera mano cómo equilibran su vida laboral y familiar, con la particularidad de desempeñarse en turnos rotativos, a veces nocturnos, lo que implica desafíos adicionales para quienes también son el sostén de sus hogares.</p><p>Jésica Benítez, de 38 años, lleva casi nueve trabajando en la estación de servicio. Es madre de tres hijos de 21, 19 y 14 años. "Cuando empecé, mi hijo menor era muy chico, pero siempre tuve la ayuda de mi hija mayor", cuenta Jésica, destacando el rol crucial que su hija ha jugado en la crianza de sus hermanos durante los horarios laborales más complicados. "A veces es difícil, porque con un solo sueldo y tres chicos, sí o sí tenés que salir a trabajar", comenta con una sonrisa, reflejando el esfuerzo que conlleva su rutina diaria.</p><p>&nbsp;</p>Jésica asegura que sus hijos ya son grandes, pero reconoce el apoyo de su hija mayor para cuidar a sus hermanos mientras ella trabajaba<p>Por su parte, Alicia Ferreyra, que lleva 15 años en el mismo empleo, tiene tres hijas de 13, 9 y 6 años. Al igual que Jésica, Alicia depende del apoyo familiar, en este caso de su madre, para poder trabajar. "Cuando trabajo a la mañana, las chicas quedan con mi mamá, pero la mayor ya es muy responsable y se encarga de sus hermanas", comenta. El trabajo en turnos rotativos no ha sido fácil para Alicia, quien debe organizar con antelación las tareas del hogar, desde las comidas hasta la preparación de la ropa, para asegurarse de que todo esté en orden cuando ella no está.</p>&nbsp;“Somos luchonas“<p>Ambas mujeres coinciden en que los turnos nocturnos representan uno de los mayores desafíos. Jésica recuerda que durante los primeros años, cuando sus hijos eran más pequeños, las noches se volvían particularmente difíciles, pero siempre contó con el apoyo de su familia. "Mi hija mayor se quedaba a cargo de los más chicos cuando yo trabajaba de noche", relata. En tanto, Alicia también destaca la importancia de la organización: "A las corridas, los baño temprano, les doy de comer y me aseguro de que todo esté listo antes de irme", comenta sobre su rutina antes de comenzar su turno de noche.</p><p>La conciliación entre el trabajo y la familia es un desafío constante para estas madres. Jésica menciona que en ocasiones sus hijos reclamaban su presencia, especialmente cuando eran más pequeños, pero reconoce que con el tiempo han aprendido a adaptarse a la situación. "Mis hijos ya son grandes, ya no me reclaman tanto, pero cuando eran chicos sí era más difícil", confiesa. Alicia, con hijas más pequeñas, señala que en ocasiones sus hijas le piden pasar más tiempo juntas. "Me reclaman que no las llevo tanto a la plaza como quisiera, pero intento compensarlo los días que no trabajo", explica.</p><p>El esfuerzo de estas mujeres no pasa desapercibido. Ambas destacan el valor de tener un trabajo en horario corrido, lo que les permite, dentro de todo, organizarse mejor. "Es un poco más fácil que tener un horario cortado", comenta Jésica. Alicia coincide: "Con turnos de seis horas seguidas, no tenés que ir y volver todo el tiempo, lo que hace más sencillo ver a los chicos".</p><p>A lo largo de los años, tanto Jésica como Alicia han aprendido a gestionar las demandas de su trabajo y de sus familias. "Es cansador, sobre todo cuando tenés que dormir poco, pero uno se acostumbra", afirma Jésica. Sin embargo, ninguna de ellas considera dejar su empleo. "Agradezco tener trabajo", dice Alicia, quien reconoce que en un contexto económico difícil, su empleo le brinda estabilidad a su familia.</p><p>En cuanto a la seguridad durante los turnos nocturnos, ambas afirman sentirse tranquilas. "Estamos en el centro, no es tan peligroso", comenta Alicia. Hasta el momento, ninguna ha tenido inconvenientes serios durante la noche, lo que les da un alivio en una ciudad donde, según dicen, aún se puede trabajar con relativa tranquilidad en horas tardías.</p><p>La experiencia de Jésica y Alicia refleja el valor y la fortaleza de las madres trabajadoras, quienes no solo deben enfrentar las dificultades cotidianas de sus empleos, sino también ser el pilar de sus familias. "Somos luchonas", dicen con orgullo ambas, y es que para estas mujeres, el esfuerzo diario se traduce en un mejor futuro para sus hijos.</p>“Mis hijas son mi motor”, asegura Alicia y agradece la ayuda de sus padres para acompañarla en su crianza<p>La historia de estas trabajadoras pone en evidencia que detrás de cada sonrisa con la que atienden a sus clientes, hay una historia de sacrificio y compromiso, en la que se destaca la importancia de la organización, el apoyo familiar y la fortaleza personal. Y aunque el cansancio muchas veces las acompañe, su amor por sus hijos es el motor que las impulsa cada día.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/9Tvkaeq2wu4tbvo9XWkZCXUcg6Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/10/dia_de_la_madre_ypf.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En el marco de los festejos del Día de la Madre, dos trabajadoras de una estación de servicio de San Francisco comparten cómo es llevar adelante sus responsabilidades laborales, mientras cuidan y crían a sus hijos.]]>
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                <published>2024-10-20T11:00:00+00:00</published>
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            Antonela y Juan, una historia de esperanza: “Ser mamá es todo lo que soñé”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KhqkfFrJq9isEqRfR9yZAr7wRAM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/10/antonella_dia_de_la_madre.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Isabel Fernández | LVSJ<p>“Siempre fui Susanita, ser mamá vale la pena, hay que intentarlo todo, es la primera vez que voy a festejar feliz de tener a mi bebé”, aseguró Antonela Raviola mientras mecía en sus brazos a Juan que, molesto por los cólicos, no dejaba de quejarse. Junto a su esposo Marcelo Valverde es protagonista de una historia llena de obstáculos en su camino hacia la maternidad.</p><p>Tener un hijo es un anhelo de la mayoría de las mujeres, pero para muchas no es tan fácil lograrlo, como lo fue en su caso. Con el deseo inquebrantable de ser mamá, en medio de su lucha contra la endometriosis, después de varios tratamientos de fertilidad y pérdidas que le rompieron el corazón, finalmente hoy domingo Antonela celebra el Día de la Madre con su pequeño Juan en brazos.</p><p>“Ser mamá es todo lo que soñé, me imaginaba tantas cosas, a pesar del cansancio y las pocas horas de sueño, la maternidad es algo maravilloso. Juancito estuvo siete meses adentro mío y todo ese proceso es mágico, las mujeres tenemos la posibilidad engendrar y traer un bebé al mundo y conectarse para toda la vida”, afirmó emocionada a LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Agregó que, aunque fueron muchas las complicaciones "las fuimos pasando a todas y pude cumplir el sueño de ser mamá y formar una familia”.</p><p>&nbsp;</p>“Saquen fuerzas de donde no tengan”<p>En este día especial, Antonela deja un mensaje de esperanza para las mujeres que quieren ser mamás y no pueden. "Saquen fuerzas de donde no tengan y no pierdan la esperanza porque vale la pena. El proceso es muy duro, no es fácil para la mujer porque nos afecta todo el tema hormonal, también se sufre la ilusión y la desilusión, el gran deseo por eso es importante estar bien acompañado por tu pareja, la familia y estar preparado psicológicamente para todo este proceso”.</p><p>Añadió que a veces "uno se siente sin fuerzas porque no solamente es el deseo, la desilusión, el miedo sino también es la vida, el trabajo, las cosas que pasan en la vida y quienes tenemos endometriosis a veces tenemos que someternos a cirugías entre los tratamientos”.</p><p>&nbsp;</p>Al final hay recompensa<p>Recordando a Susanita y comparándose con el tierno personaje de la tira de Mafalda, contó que desde chica "soñaba con casarme y ser mamá, pero la espera fue alargándose a raíz de la endometriosis”. Tiene la enfermedad en grado 4, es severa, y eso le causó muchos problemas, pasó por varias intervenciones quirúrgicas grandes y hasta provocó el nacimiento prematuro de su bebé.</p><p>Juancito nació prematuro, a las 32 semanas, pesando 1.790 kg y pasó poco más de un mes en neonatología, hoy, a dos meses de su llegada ya pesa 3.200 kg y se encuentra bien, creciendo saludable. Con el apoyo de la medicina, de su esposo Marcelo y de toda la familia, hoy celebran la llegada de una vida.</p><p>“Juancito nació antes porque tuve una hemorragia interna por la endometriosis. Como ya tenía dilatación y había roto bolsa, fui a una cesárea de urgencia, me intervinieron los doctores Leonardo Delrivo, Hernán Butus, mi ginecólogo Luis Storero. Apenas nació lo derivaron a la neonatología 'Neonacer' del Sanatorio de la Cañada de Villa María y yo estuve internada varios días en terapia intensiva, necesite transfusiones de sangre y hierro”, contó.</p>&nbsp;&nbsp;Una dura experiencia que se convirtió en ayuda a los demás<p>Antes del nacimiento de Juan, Antonela y Marcelo tuvieron a Pedro, que nació mucho antes de tiempo y no pudo sobrevivir. El duro momento que pasó la llevó a crear junto a su amiga Laura Botta y con el apoyo de Marcelo la ONG “Hola y Adiós” en la que ayudan a parejas que sufrieron el fallecimiento perinatal.</p><p>"Tuvimos a Pedro antes, pero lo perdí a las 20 semanas de gestación por una incompetencia cervical, nació mucho tiempo antes y no sobrevivió porque era muy chiquito, lo que nos pasó con él nos hizo pensar en ayudar a los demás y por eso llegó Hola y Adiós que se puede encontrar en Instagram con el mismo nombre”, dijo.</p><p>Recordó: "Buscamos un hijo durante dos años y cuando vimos que no llegaba empezamos con los tratamientos, operaciones para limpiar la endometriosis y favorecer el embarazo, así llegó Pedro, que no pudo sobrevivir y después de tantos desafíos vino Juan. Quedé embarazada de los dos de manera natural, en medio de los tratamientos".</p><p>Al contar su experiencia de vida, agradeció a todo el personal médico y de enfermería del Sanatorio Argentino y la neonatología de la Clínica de la Cañada de Villa María. “Recibimos atención de calidad y contención, para todos ellos tenemos palabras de agradecimiento”, dijo.</p><p>Los sueños pueden hacerse realidad si tenemos el coraje de perseguirlos, como lo hizo Antonela que hoy celebra su maternidad.&nbsp; ¡Feliz Día a todas las madres, luchadoras que nunca se rinden y buscan las maneras de cumplir los sueños!.</p>El embarazo, una espera mágica que tuvo un final feliz.&nbsp;Romper tabúes: la importancia de congelar óvulos para lograr el embarazo<p>Actualmente la edad para la maternidad se fue postergando, pero nuestra edad biológica sigue siendo igual. Ante el inexorable paso del tiempo, actualmente contamos con avances científicos que nos amplían las posibilidades del embarazo como el poder congelar óvulos.</p><p>Antonela aconsejó a las mujeres que por más que estén solteras o tengan una determinada situación sentimental "si el deseo es ser mamá, congelen los óvulos".</p><p>"Tenemos una edad biológica es real y la reserva ovárica va bajando con el paso del tiempo. Es importante consultar al médico, hay muchas posibilidades y gracias a Dios contamos con la Ley de Fertilidad y de Endometriosis que nos avalan. Cuanto más joven congelas óvulos, hay más posibilidades de embarazo porque son óvulos sanos y la fertilidad de la mujer es más alta”, manifestó.</p><p>Remarcó: "Es importante que esto no sea un tema tabú, es un tema que tendría que estar más instalado en la sociedad y que sea un motivo de conversación en el consultorio del médico. Mi ginecólogo me lo aconsejó porque no quedaba mucho tiempo”.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KhqkfFrJq9isEqRfR9yZAr7wRAM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/10/antonella_dia_de_la_madre.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Después de varias tormentas en su vida causadas por la endometriosis, Antonela Raviola finalmente pudo cumplir el sueño de ser mamá y formar una familia. Este Día de la Madre celebra con su pequeño Juan y su esposo Marcelo Valverde la gran bendición de traer vida al mundo.]]>
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