<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
    <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/feed-categoria/posta</id>
    <link href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/feed-categoria/posta" rel="self" type="application/atom+xml" />
    <title>La Voz de San Justo</title>
    <subtitle></subtitle>
    <updated>2026-05-23T12:40:06+00:00</updated>
        <entry>
        <title>
            “Vivo un sueño a diario”: Mario Bessone, de aprender a bailar a dirigir la Escuela Municipal de Folclore
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vivo-un-sueno-a-diario-mario-bessone-de-aprender-a-bailar-a-dirigir-la-escuela-municipal-de-folclore" type="text/html" title="“Vivo un sueño a diario”: Mario Bessone, de aprender a bailar a dirigir la Escuela Municipal de Folclore" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vivo-un-sueno-a-diario-mario-bessone-de-aprender-a-bailar-a-dirigir-la-escuela-municipal-de-folclore</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vivo-un-sueno-a-diario-mario-bessone-de-aprender-a-bailar-a-dirigir-la-escuela-municipal-de-folclore">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Avv2cCXdDwCxg0yiyVYSfbWVHbg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/mario_bessone.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La imagen todavía lo emociona. Un grupo de bailarines celebrando sobre el escenario, abrazos, aplausos y un reconocimiento que resume años de ensayos, viajes, sacrificios y amor por el folclore. La Escuela Municipal de Danzas Folclóricas de San Francisco volvió de la ciudad santafesina de San Jorge con importantes premios obtenidos en el Certamen Nacional de Danzas Folklóricas “A Don Lázaro”, pero también con una distinción especial: el reconocimiento a Mejor Delegación en la categoría Mayor Libre.</p><p>Sin embargo, para el director de la institución, Mario Bessone, el valor de ese premio va mucho más allá de un trofeo o una copa. Es también una especie de síntesis de un camino personal que comenzó hace más de tres décadas, cuando era apenas un adolescente que soñaba con bailar, aunque todavía no supiera cómo hacerlo.</p><p>&nbsp;</p>“Uno no va buscando el premio”<p>En diálogo con Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO, Bessone reconoció la felicidad que significó el reconocimiento obtenido en San Jorge, aunque aclaró que el espíritu con el que trabajan desde la escuela siempre es otro.</p><p>“Siempre que participamos de este tipo de eventos, de estos festivales, en realidad lo que vamos a buscar es compartir, pasar un día de danza y que los alumnos expongan el trabajo que se hace en el ensayo. Uno no va en búsqueda del premio, al menos no es nuestra impronta. Pero tampoco vamos a caer en la falsa hipocresía de decir que no te da felicidad obtenerlo. Si bien no es el objetivo principal, siempre es bueno recibir un reconocimiento de esta índole”, expresó.</p><p>La delegación sanfrancisqueña participó con 21 bailarines y obtuvo premios en distintos rubros: segundo puesto en solista de malambo femenino mayor, segundo puesto en conjunto de malambo mayor, tercer puesto en solista de malambo masculino mayor, segundo puesto en conjunto de danza tradicional, segundo premio en pareja tradicional y una mención especial en danza estilizada. Además, el bailarín Franco Abelar fue reconocido como Mejor Bailarín del certamen.</p><p>Pero el logro más significativo llegó con la obtención del premio a Mejor Delegación de la categoría Mayor Libre, una distinción que se obtiene a partir de la sumatoria de puntos obtenidos en todas las disciplinas.</p>Mario Bessone:, una vida ligada al folclore y a la formación de nuevas generaciones.<p>“Este reconocimiento se pone en juego todos los años, así que el próximo tendremos que devolverlo. Se obtiene con la sumatoria de puntos de los distintos premios que uno va logrando en cada rubro. Cada puesto suma y, en función de eso, se define cuál fue la mejor delegación de la categoría. Nosotros tuvimos la suerte de conseguirlo”, explicó.</p><p>Detrás de cada resultado, aclaró, existe mucho más que talento arriba del escenario.</p><p>“Hay muchísimo trabajo. Principalmente el compromiso de los chicos con los ensayos, coordinar vestuario, maquillaje, peinados, traslados, porque también implica una logística importante. Entonces estos reconocimientos son un mimo, algo que alienta a seguir trabajando”, afirmó.</p><p>&nbsp;</p>El primer clic: ver bailar a su hermana<p>Mucho antes de dirigir una institución, de viajar a certámenes nacionales o de formar generaciones de bailarines, Mario fue un chico que descubrió algo que le cambió la vida casi por casualidad.</p><p>Aunque en su casa no existía una fuerte tradición folclórica, sí había algunas señales dispersas: un padre que escuchaba chamamé popular, festivales televisados como Cosquín o Jesús María sonando de fondo y, sobre todo, una hermana mayor que comenzó a bailar.</p><p>“Mi pasión empezó un poco en el colegio, en los actos escolares. Ni siquiera teníamos profesora de danza, sino una profesora de música que armaba los actos y algunas veces me convocó. Pero el gran clic vino cuando vi bailar a mi hermana mayor, Gabriela. Ella fue la culpable de que toda la familia termináramos bailando, gracias a Dios”, recordó.</p><p>Y agregó: “Mis dos hermanas, mi sobrina, mi mamá… terminamos todos metidos en este bello colectivo de la danza folclórica. Pero la culpable fue Gabi, porque ella empezó primero y después nos fuimos enganchando todos”.</p><p>&nbsp;</p>La fascinación definitiva apareció en un festival.<p>Mario recuerda que fue como espectador, cuando todavía era apenas un niño o estaba entrando en la adolescencia. Allí vio algo que lo impactó profundamente: chicos de su edad vestidos de gauchos, preparándose detrás del escenario y zapateando malambo.</p><p>“Me acuerdo patente de esa sensación. Vi chicos de mi edad vestidos de gaucho, preparándose para salir a bailar y zapatear, y dije: ‘Wow, quiero hacer esto’. Me voló la cabeza. Después fui aprendiendo qué era cada cosa, cómo calentaban, cómo se preparaban, pero en ese momento dije simplemente: quiero estar ahí”, relató. Desde entonces, ya no hubo vuelta atrás.</p><p>“No sé si alguna vez pensé que tenía talento o no. Lo que sí sé es que me apasionó muchísimo. Ese fue el clic. Después todo lo demás vino por impulso, por querer mejorar, aprender y vivir más momentos como esos”, aseguró.</p><p>Mario quería ir a bailar donde estaba su hermana, en Devoto, pero la situación económica familiar no lo permitía. Era mediados de los años noventa y sus padres atravesaban un momento complejo.</p><p>“Mis papás habían perdido el trabajo. Era el año 94, una época de crisis muy fuerte, similar a la actual, y no estaban en condiciones de darme plata para el colectivo ni para viajar”, recordó. Fue entonces cuando su mamá averiguó y descubrió que la Municipalidad de San Francisco ofrecía clases gratuitas de danzas folklóricas.</p><p>Así conoció a quienes serían sus grandes maestros:&nbsp; José “Cacho” Carballo y Cristina Escudero. “No conocíamos absolutamente nada del ambiente de la danza. Mi mamá averiguó y fuimos a hablar con Cacho y Cristina, que son mis maestros de toda la vida, no solo desde lo profesional sino como maestros de vida”, dijo. Pero había un problema: Mario no sabía bailar. Nada. Por eso tuvo que empezar desde cero junto a niños mucho menores que él.</p><p>“Yo ya iba al secundario, estaba en primer año de la Escuela del Trabajo, y me pusieron con chicos de 6 o 7 años porque tenía que aprender desde cero. Me acuerdo que salía del taller, con la ropa llena de grasa, y los chicos me miraban raro porque yo era más grande, más alto y llegaba vestido de taller”, contó entre sonrisas. Sin embargo, esa diferencia duró poco.</p><p>“Fue un período muy corto porque estaba tan apasionado que todo lo que me enseñaban los profes lo practicaba en mi casa. Ensayaba todo el tiempo. Me gustó tanto que eso terminó siendo el motor para avanzar”, recordó.</p>&nbsp;Del alumno al director<p>La historia siguió creciendo dentro del mismo lugar. Mario pasó por todos los grupos de la Escuela Municipal según las edades, estudió el profesorado cuando se abrió dentro de la institución y comenzó a asumir cada vez más responsabilidades.</p><p>“Hice toda mi formación acá. Después de unos años bailando se abrió el profesorado, lo estudié, me recibí y fui quedando como docente de distintos grupos. Poco a poco los directores me fueron dando más responsabilidades”, relató.</p><p>Hasta que llegó el momento inesperado. Hace dos años, Cacho Carvallo y Cristina Escudero decidieron retirarse y él quedó al frente de la escuela donde se había formado. La emoción todavía aparece cuando habla de ese momento.</p><p>“Es inexplicable. Vivo un sueño a diario. Obviamente el trabajo tiene problemas y responsabilidades, pero sigue siendo un sueño. A veces llego al salón y hago una retrospección: pienso que entré ahí sin saber absolutamente nada y hoy tengo la responsabilidad de dirigir la escuela”, confesó.</p><p>Para Mario, ese espacio es mucho más que un salón de danza. “Ese salón es mi vida. Creo que pasé más tiempo ahí que en mi casa. Ahí encontré a mis mejores amigos, lloré, me reí, me lesioné, transpiré muchísimo, aprendí, crecí. Entonces pensar que llegué sin saber nada y hoy puedo compartir conocimientos con las generaciones que vienen es un orgullo demasiado grande”, afirmó.</p><p>&nbsp;</p>El futuro, una generación detrás de otra<p>Aunque el reconocimiento nacional llena de satisfacción a toda la escuela, Bessone evita hablar de metas personales grandilocuentes. Su mirada está puesta en el crecimiento de los alumnos y en sostener un proceso formativo que considera clave.</p><p>“No me pongo objetivos personales. Sí pensamos mucho institucionalmente: cómo seguir evolucionando con los grupos, cómo acompañar a cada alumno. Nosotros hacemos un seguimiento permanente, especialmente con niños y jóvenes, porque van cambiando de grupo y queremos que el proceso sea gradual, que no sea un cambio brusco”, explicó.</p><p>Ese acompañamiento, sostiene, es parte de la identidad de la escuela. “Nos enfocamos mucho en eso, en estar presentes, acompañar y seguir participando de festivales y convocatorias. Todo el tiempo estamos planificando y pensando cómo seguir creciendo”, sostuvo.</p><p>Mientras tanto, cada ensayo, cada viaje y cada presentación parecen devolverle algo de aquel chico que un día vio un malambo por primera vez y decidió que quería estar arriba del escenario. Hoy, décadas después, Mario Bessone no solo sigue bailando: también ayuda a que otros encuentren en la danza el mismo lugar que él encontró cuando apenas estaba empezando.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Avv2cCXdDwCxg0yiyVYSfbWVHbg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/mario_bessone.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El director de la Escuela Municipal de Danzas Folclóricas de San Francisco acaba de celebrar un importante reconocimiento nacional junto a sus alumnos. Pero detrás del premio hay una historia de pasión, esfuerzo y formación: la de un chico que llegó sin saber bailar y aprendió entre niños, y que hoy conduce la institución donde se formó.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-05-23T12:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-23T12:04:18+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            “La universidad pública se defiende entre todos”: Germán Lamberti, militancia, ingeniería y el debate por el futuro
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/la-universidad-publica-se-defiende-entre-todos-german-lamberti-militancia-ingenieria-y-el-debate-por-el-futuro" type="text/html" title="“La universidad pública se defiende entre todos”: Germán Lamberti, militancia, ingeniería y el debate por el futuro" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/la-universidad-publica-se-defiende-entre-todos-german-lamberti-militancia-ingenieria-y-el-debate-por-el-futuro</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/la-universidad-publica-se-defiende-entre-todos-german-lamberti-militancia-ingenieria-y-el-debate-por-el-futuro">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RyI-SNUWRRSwsNTycnuGz4SRynU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/german_lamberti.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ<p>Los pasillos de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) estaban atravesados por el bullicio típico de los días previos a una elección universitaria. Afiches pegados en las paredes, estudiantes entrando y saliendo de las aulas, banderas colgadas en los balcones y grupos repartiendo volantes componían una escena cargada de militancia y debate político. En medio de ese movimiento, Germán Lamberti caminaba saludando a docentes, alumnos y no docentes como quien vuelve a un lugar que siente propio.</p><p>A sus 31 años, el sanfrancisqueño e ingeniero en Computación egresado de la UNC es candidato a consejero graduado por el Claustro de Graduados dentro de la lista Impulsar + Épica + Renovación Profesional, que acompaña a Pedro Pérez en el espacio “Vamos”, de cara a las elecciones universitarias de los días 20 y 21 de mayo.</p><p>En 2025 fue seleccionado para representar a Córdoba en el Seminario País Federal, una iniciativa vinculada a la formación de líderes y a la actividad universitaria y profesional, donde compartió experiencias y debates con jóvenes de distintos espacios políticos y sociales del país.</p><p>Además de su actividad política y académica, Lamberti es CTO y cofundador de la startup TrustHub y presidente de la Fundación La Casa Universitaria de Córdoba. Este año también fue docente del ingreso universitario en Matemática y Física Química.</p><p>“He caminado muchos años estos pasillos de la Facultad y venimos hace años conviviendo entre la educación, la formación, la tecnología y también la militancia universitaria”, expresó durante la entrevista con Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>En medio de la caminata apareció una escena que resumió parte del reconocimiento que construyó dentro de la facultad. “¡Qué jugador!”, se escuchó. El saludo vino del decano de la Facultad de Astronomía, Matemática y Física (Famaf), y candidato a rector de la UNC, Pedro Pérez, quien lo saludó con una palmada en el hombro. La escena ocurrió en pasillos cargados de ruido, reuniones y conversaciones cruzadas. La adrenalina electoral se respiraba en cada rincón de la universidad.</p><p>La participación política de Lamberti comenzó antes de llegar a la UNC. Según recordó, en el secundario ya había integrado el centro de estudiantes del Instituto Pablo VI. “Creo que ahí arranca un poco esta vocación de servicio. Yo siempre lo pongo como que uno trabaja por el resto, en el sentido de devolverle a la sociedad lo que la sociedad le dio”, contó.</p><p>Sin embargo, aclaró que en sus primeros años universitarios no militó. “Me sumo bastante después por una cuestión de sentirme interpelado. Decir: yo vengo acá, es una universidad pública, tengo la posibilidad de estudiar porque es gratuita y de calidad. Y siempre me gustó la idea de poder ayudar a mejorar la facultad y la universidad”, explicó.</p><p>Esa búsqueda lo llevó a participar en Compromiso Estudiantil Universitario y luego en el centro de estudiantes. “Configuré mi formación académica y profesional con mi formación política y mi participación ciudadana en el marco de la universidad pública”, afirmó.</p><p>En un contexto donde muchos jóvenes manifiestan desencanto con la política, Lamberti defiende la participación y cuestiona el prejuicio instalado en algunos sectores respecto de que a la universidad “solo se va a estudiar, no a hacer política”. “Me ha tocado convivir mucho con esa frase, sobre todo en el espectro de las ciencias duras. Cuando uno se forma en ciencias duras se encuentra mucho más con esta opinión que si uno se forma en ciencias blandas”, señaló.</p><p>“La ingeniería tiene que estar pensando o discutiendo el modelo de país que queremos. Si queremos un país de servicios o si queremos un país de servicios e industria”</p><p>&nbsp;</p><p>Para el ingeniero, la formación técnica no puede separarse de los problemas sociales y productivos del país. “Hay que repensar cómo se vincula el profesionalismo de ciencias duras con la sociedad. Uno no se puede vincular solamente desde lo material, desde lo tecnológico o desde lo productivo. Ese desarrollo tiene que estar enfocado en mejorar la vida de la gente”, sostuvo.</p><p>Y profundizó: “La ingeniería tiene que estar pensando o discutiendo el modelo de país que queremos. Si queremos un país de servicios o si queremos un país de servicios e industria”.</p><p>En esa línea, consideró que los profesionales de las ciencias duras también deben involucrarse en las discusiones de fondo sobre desarrollo nacional. “Es muy importante que el perfil profesional y tecnológico también se plantee estas discusiones porque es el primer afectado cuando aparecen políticas de desindustrialización”, advirtió.</p><p>Durante la entrevista también habló sobre la emigración de científicos e ingenieros argentinos. “Hoy me toca presenciar cómo muchos compañeros ingenieros y científicos se van del país porque no encuentran la posibilidad de trabajar de sus profesiones”, lamentó.</p><p>Lejos de separar tecnología y política, planteó que ambas dimensiones deben convivir: “Amo la tecnología, amo la computación, pero también me parece que tenemos que involucrarnos en la sociedad, cada uno desde el lugar que pueda”.</p><p>Lamberti participó además de la cuarta Marcha Federal Universitaria desde la asunción de Javier Milei. Sobre esa movilización dijo: “Celebro que haya sido la marcha con mayor convocatoria hasta el momento. Es una forma de expresar que la situación es límite”.</p><p>Luego describió la situación salarial de muchos docentes universitarios. “Hoy los docentes asistentes de dedicación simple están cobrando alrededor de 250 mil pesos. Para llegar a ser docente universitario tenés que tener un título de grado y muchos años de formación académica”, cuestionó.</p><p>&nbsp;</p><p>“Estamos de acuerdo en que la universidad tiene que ser más transparente. Ahora también pasemos a lo importante: los docentes no pueden estar trabajando medio día de docentes y a la noche haciendo Uber”</p><p>&nbsp;</p><p>En varios momentos de la charla insistió en una idea que atraviesa a distintos sectores políticos y sociales. “La universidad pública es un valor de todos. Es transversal”, expresó. Y agregó: “Hay unidad en el reclamo, a la universidad hay que sostenerla y defenderla entre todos”.</p><p>Para Lamberti, todavía existe un desafío pendiente para explicar socialmente la importancia del financiamiento universitario. “Todos los argentinos sostenemos la universidad pública. Los que estudiamos y los que no estudian”, indicó.</p><p>Al mismo tiempo, consideró que las universidades deben profundizar las políticas de transparencia: “Nosotros desde la militancia estudiantil siempre pregonamos por la transparencia y por hacer pública la información del uso de fondos”.</p><p>Sin embargo, remarcó que el eje central no puede perderse. “Estamos de acuerdo en que la universidad tiene que ser más transparente. Ahora también pasemos a lo importante: los docentes no pueden estar trabajando medio día de docentes y a la noche haciendo Uber”, sostuvo.</p><p>Lamberti defendió además el papel de la educación pública como “herramienta de movilidad social ascendente. La universidad pública y gratuita permite que muchos hijos de trabajadores podamos venir a estudiar, formarnos y desarrollarnos”, afirmó.</p><p>En ese sentido recordó el esfuerzo de muchas familias argentinas. “Somos muchos los profesionales que nunca nos podríamos haber egresado si Argentina no tuviera este esquema de educación pública”, agregó.</p>El debate por los extranjeros<p>Sobre el debate en torno a los estudiantes extranjeros en las universidades públicas argentinas, Germán planteó una mirada vinculada al concepto de “soft power” y al intercambio cultural que genera la educación superior.</p><p>“Hay opiniones cómodas que dicen: ‘a nosotros nos cobran y al resto hay que cobrarle’. Pero después hay una reflexión más profunda que tiene que ver con algo que se llama soft power”, manifestó.</p><p>En ese sentido, sostuvo que la llegada de estudiantes de otros países también representa una forma de proyección cultural y económica para Argentina: “Al recibir extranjeros les transmitimos nuestra cultura, nuestros valores de sociedad y de país. Y eso hace que después, cuando vuelven a su tierra, hablen de Argentina y probablemente le compren productos, servicios o cultura”.</p><p>Además, remarcó que quienes vienen a estudiar al país también "pagan impuestos inmobiliarios, pagan IVA, pagan todos los impuestos que pagamos los argentinos día a día”.</p><p>“Es importante generar relaciones con ciudadanos de otros países que eligen a Argentina como su segundo hogar y generan puentes culturales que nos permiten también crecer hacia afuera”, agregó.</p><p>&nbsp;</p>La universidad en tiempos de IA<p>Lamberti también habló sobre el impacto de la inteligencia artificial y los cambios tecnológicos en la educación superior. Consideró que las universidades deberán adaptar permanentemente sus programas y métodos de enseñanza frente a una revolución tecnológica que avanza a gran velocidad.</p><p>“Hoy los estudiantes pueden preguntarle a la inteligencia artificial cómo resolver ejercicios y eso cambia la forma de estudiar y de vincularse”, dijo. Aun así, remarcó la importancia de sostener el pensamiento crítico y las relaciones humanas dentro de la universidad. “Nos formamos para tener pensamiento crítico y tenemos que sostenerlo a pesar de las bondades que ofrecen estas tecnologías”, señaló.</p><p>Sobre el futuro laboral, sostuvo que la formación profesional deberá combinar conocimientos técnicos con liderazgo y capacidad de gestión. “Los puestos laborales que no van a ser reemplazados son los de toma de decisión”, aseguró.</p><p>Por eso, al dirigirse a los estudiantes que recién comienzan la universidad, insistió en la necesidad de participar: “Participar en los espacios de debate te forma para toda la vida”.&nbsp;</p><p>También dejó un mensaje para quienes observan la militancia universitaria con desconfianza. “No es necesario pensarse como político para participar. Uno puede pensarse como un futuro gerente, un profesional o un líder que necesita herramientas para tomar decisiones”, manifestó.</p><p>Hacia el final de la entrevista volvió sobre la defensa de la educación pública y el reclamo presupuestario que atraviesa a las universidades nacionales. “Al presidente Milei le diría que muchos jóvenes lo acompañaron y creyeron en él, pero esos jóvenes siguen creyendo en la educación pública. Desfinanciar la universidad no es el camino”, concluyó.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RyI-SNUWRRSwsNTycnuGz4SRynU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/german_lamberti.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El ingeniero en Computación y candidato a consejero graduado de la UNC habló sobre la defensa de la educación pública, el rol político de las ciencias duras, la necesidad de discutir un modelo de desarrollo con industria y tecnología y el desafío de sostener la participación universitaria en tiempos de crisis. “Hay unidad en el reclamo”, afirmó.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-05-17T01:55:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-16T12:14:48+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Hacer del carnaval una forma de vida
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/hacer-del-carnaval-una-forma-de-vida" type="text/html" title="Hacer del carnaval una forma de vida" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/hacer-del-carnaval-una-forma-de-vida</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/hacer-del-carnaval-una-forma-de-vida">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RrC_gPgJ5ugfA3V6ebA4pcq8EQA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/aylen_fontanesi_de_brinkmann.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay un cartel que Aylén Fontanesi no olvidó nunca. Tenía algo más de 20 años, volvía con su mamá desde San Francisco después de recorrer institutos sin encontrar nada que le cerrara, cuando vio un letrero que decía: “Academia de Danza, Báilalo”. Entró. Esa tarde empezó su formación como profesora. El resto fue consecuencia.</p><p>Hoy, con 38 años y una trayectoria que la llevó desde el Club Centro Social de Brinkmann hasta los corsódromos de Corrientes y Gualeguaychú, Fontanesi lleva su Samba Show Escuela de Carnaval a Freyre. Lo hace con el aval de la Municipalidad local y un objetivo claro: que esa localidad vuelva a tener carnaval después de muchos años de ausencia.</p><p>Aylén hizo folklore, jazz, gimnasia aeróbica, patín. Todo lo que tuviera que ver con el cuerpo en movimiento. Pero siempre tuvo un norte claro. “Yo no quería hacer ni ser otra cosa”, dice hoy sin dudar, con la misma firmeza con la que se lo dijo a sus padres al terminar el secundario, cuando anunció que se iba a Córdoba a estudiar en la Facultad de Bellas Artes</p><p>No duró. El profesorado de Danza y Métodos Dancísticos se bailaba poco. Al año volvió a Brinkmann. Fue entonces, durante ese viaje a San Francisco con su mamá Graciela Chiappero, cuando apareció el cartel que selló su destino profesional. Empezó en la academia Báilalo y poco después le ofrecieron dictar clases en el Club Centro Social de Brinkmann. Arrancó con alrededor de 20 años y ochenta alumnas. Nunca más paró.</p><p>&nbsp;</p>La llamada que no esperaba<p>Cuando ya llevaba cuatro o cinco años de clases, Germán Argañaráz, secretario de Cultura de Brinkmann durante la gestión del intendente Gustavo Tevez, le propuso que formara una comparsa. La primera respuesta de Aylén fue un rotundo no. “Yo no sé del mundo del carnaval, lo mío va por otro lado”, le explicó. Fue su mamá quien la convenció: armaría una comisión para ayudarla y, de paso, cumpliría un sueño propio: verla bailar un carnaval.</p><p>Aylén tenía 25 años, acababa de ser madre de Juan Cruz, y se metió de lleno en el proyecto. En Brinkmann había comparsas infantiles, pero no de adultas. Así nació Brinka Danza Mayores, con cerca de 40 bailarinas. Ese primer año desfiló como pasista sin saber exactamente qué era serlo. Fue aprendiendo sobre la marcha. Y cuando terminó esa primera noche de carnaval, algo se acomodó en su interior. “Me enamoro completamente del carnaval”, recuerda.</p><p>&nbsp;</p>Corrientes y el cielo con las manos<p>Tomó clases con profesoras de Río de Janeiro y de Corrientes. Trajo docentes a Brinkmann. La comparsa creció. Y en 2018 llegó la propuesta que cambió el piso: desfilar en el Carnaval de Corrientes, dentro de la comparsa Copacabana, donde quedó “totalmente deslumbrada. El carnaval del país, realmente, es el carnaval de Corrientes”.</p><p>Al año siguiente volvió, y al siguiente la convocaron para ser coreógrafa de la escuela de samba de esa misma comparsa. Había un problema: Aylén coordinaba coreografías para varias comparsas de la región -Morteros, Altos de Chipión, Arrufó y Brinkmann- y tenía un hijo en edad escolar. Negoció: iría en diciembre con Juan Cruz. Dejó todo listo en la región y viajó. Formó la escuadra de Copacabana y tuvo el gusto de llevar chicas de Morteros y de Brinkmann a desfilar una noche en el corsódromo correntino.</p><p>Era 2020. Cuando terminó el carnaval y volvió a casa, se decretó la pandemia.</p>Aylén Fontanesi nació en pleno carnaval y nunca se alejó de él.La escuela que construyó desde cero<p>Después de casi 9 años al frente de Brinka Danza, Aylén dejó esa comparsa para armar su propio proyecto. Así nació Samba Show Escuela de Carnaval, que hoy funciona en Brinkmann de forma privada y es la primera -y hasta ahora única- escuela de carnaval de la zona.</p><p>La idea original era una escuela de samba pura. Pero en 2022 la convocaron para bailar en Gualeguaychú, en la comparsa O'Bahía, y el fin de semana anterior actuó como jurado en el carnaval de Gualeguay. Lo que vio en Entre Ríos le mostró un carnaval más amplio, donde conviven ritmos, vestuario, carrozas y estructuras escénicas. “Me estoy quedando chica con una escuela de samba”, pensó. Desde entonces la propuesta incorpora también confección de trajes, tocados, espaldares y técnica de emplumar.</p><p>Hoy tiene alumnas que llegan desde Colonia Aldao, Colonia Bicha, Morteros y Colonia Vignaud. Sigue coreografiando comparsas de la región. Y suma al título de mejor pasista -conseguido en dos ediciones consecutivas en San Francisco, y también en Bell Ville y Arroyito- su propia definición de éxito: “La permanencia y el poder mantener durante tantos años el trabajo en el mismo lugar y acompañado por la misma gente, para mí es el éxito”.</p><p>&nbsp;</p>Lo que se aprende en una comparsa<p>En la escuela, el primer paso no es aprender un paso de samba. Es entender de dónde viene el carnaval y por qué es mucho más que espuma y desfiles nocturnos. El segundo paso es personal: ¿por qué quiero estar acá? ¿Qué busco? Y también hay lugar para quienes no quieren bailar: para quien prefiere coser, diseñar, construir estructuras, maquillar. “Sin todo eso, una comparsa no podría salir a la calle”, subraya.</p><p>Tres nombres marcaron su camino profesional: Melisa Torres, Gabriela Ceballos&nbsp; y Emilce Parga. Y en lo personal, sus padres, Graciela Chiappero y Gustavo Fontanesi, que la acompañaron desde el principio, y su hijo Juan Cruz -por cumplir trece años- que según ella es la mejor prueba de que los sueños y la maternidad no se excluyen.</p><p>&nbsp;</p>Freyre: retomar una fiesta que se fue<p>Esa localidad lleva muchos años sin carnaval propio. La propuesta, auspiciada por el intendente Germán Baldo, apunta a que la comunidad lo retome desde adentro: con su propia escuela, sus propios bailarines, sus propios trajes. No con comparsas contratadas de afuera. Con gente de ahí.</p><p>Aylén agradece el gesto institucional, sobre todo en un contexto donde, como ella dice, “el arte está bastante pisoteado y bastante desdibujado”. Que un municipio apueste a esto, dice, no es menor. El objetivo es llegar al Carnaval 2027 con una comparsa de Freyre que sorprenda, que deje la vara un poco más alta que el año anterior.</p><p>“Yo nací el 11 de febrero, pleno carnaval, así que seguramente ya lo vengo arrastrando desde siempre. Mi lema es: vivo en modo carnaval”, aseguró Aylen Fontanesi. Eso también es lo que quiere contagiar en Freyre.</p><p>&nbsp;</p>Escuela de carnaval en Freyre<p>La Municipalidad de Freyre, bajo la gestión del intendente Germán Baldo, auspicia la llegada de la Samba Show Escuela de Carnaval de Aylén Fontanesi a esa localidad.</p><p>&nbsp;</p><p>¿Qué ofrece?</p><p>Historia y cultura del carnaval, técnica de samba, coreografías, confección de trajes, tocados, espaldares y emplumar. Todo lo que compone una comparsa, desde adentro.</p><p>&nbsp;</p><p>¿Para quién?</p><p>Abierta para vecinos y vecinas de Freyre y toda la región, sin importar si tienen experiencia previa en baile. También hay lugar para quienes prefieren sumarse desde la confección de vestuario o la producción.Inscripciones: SUM de la Municipalidad de Freyre De 8 a 12 hs</p><p>El objetivo a mediano plazo es que Freyre cuente con su propia comparsa para el Carnaval 2027.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RrC_gPgJ5ugfA3V6ebA4pcq8EQA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/aylen_fontanesi_de_brinkmann.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Nacida en Brinkmann, con 38 años y casi dos décadas sobre el escenario, Aylén Fontanesi construyó una carrera coreografiando comparsas de toda la región. Ahora lleva su Escuela de Carnaval a Freyre, con el respaldo de la municipalidad local.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-05-09T13:00:32+00:00</updated>
                <published>2026-05-09T13:00:24+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            “Que la inclusión no sea solo discurso”: Adriana Quaglia y el desafío de Sonando por cambiar la escena
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/que-la-inclusion-no-sea-solo-discurso-adriana-quaglia-y-el-desafio-de-sonando-por-cambiar-la-escena" type="text/html" title="“Que la inclusión no sea solo discurso”: Adriana Quaglia y el desafío de Sonando por cambiar la escena" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/que-la-inclusion-no-sea-solo-discurso-adriana-quaglia-y-el-desafio-de-sonando-por-cambiar-la-escena</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/que-la-inclusion-no-sea-solo-discurso-adriana-quaglia-y-el-desafio-de-sonando-por-cambiar-la-escena">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4yC6D7xF-IZaSWdvnmE6qICGr4E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/adriana_quaglia_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>En una Argentina atravesada por la tensión en torno a la Ley de Emergencia en Discapacidad, experiencias como la de la Asociación Civil Sonando adquieren una dimensión que va mucho más allá de lo artístico. Nacida hace una década en el fondo de un centro terapéutico, hoy se consolidó como un espacio clave de encuentro, creación y defensa de derechos para personas con discapacidad en la ciudad de Santa Fe.</p><p>“Es un proyecto que empezó hace 10 años y continúa hoy en día y fue mutando, así como fue mutando también todo lo referido a lo que es la inclusión de las personas con discapacidad”, explica Adriana Quaglia (43), fundadora y presidenta del espacio. Su recorrido personal también acompaña ese proceso: llegó a Santa Fe a los 19 años desde San Francisco, ciudad que aún extraña, y desde entonces construyó un camino que combina música, educación e inclusión.</p><p>El origen de Sonando está marcado por una escena tan sencilla como reveladora. Un ensayo musical un sábado a la mañana. “Pensé que no iba a ir nadie... y resultó que fueron todos los estudiantes. Todos”, recuerda Quaglia en diálogo con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. Aquella convocatoria inesperada dejó en evidencia una necesidad que hasta ese momento no estaba siendo atendida: la de contar con espacios recreativos y artísticos para personas con discapacidad, más allá de los ámbitos terapéuticos.</p><p>“Esos espacios son fundamentales, pero no pueden ser los únicos. También tienen derecho a lo recreativo, artístico, educativo”, subraya.</p><p>Con el tiempo, el proyecto fue creciendo. Lo que comenzó como una banda improvisada en un espacio terapéutico logró expandirse hacia ámbitos culturales más amplios. “Logramos salir de ese espacio y empezar a habitar otros lugares más concurridos y más culturales”, cuenta. Actualmente, la asociación funciona en una sede ubicada en un club, reúne entre 40 y 50 participantes y cuenta con un equipo de cinco profesoras que trabajan desde una lógica personalizada.</p><p>Sin embargo, ese crecimiento también dejó al descubierto una realidad incómoda. “Hay muchos espacios, teatros y salas que son accesibles para que una persona con silla de ruedas vaya a escuchar en concierto, pero no para que el artista se suba al escenario”, advierte Quaglia. La frase sintetiza una de las principales deudas de la inclusión: la diferencia entre poder estar y poder participar activamente.</p>Sonando nació como una respuesta concreta a la falta de lugares donde las personas puedan disfrutar, crear y expresarse.<p>En Sonando, el arte es una herramienta de transformación. “Fundamentalmente nosotros observamos la alegría. Un disfrute constante”, señala Adriana. Pero ese impacto va más allá de lo emocional. “Hay mayor autonomía y mayor validez de sí mismo”, agrega. En ese proceso, el foco deja de estar en las limitaciones para centrarse en las posibilidades. “Se destaca a la persona con lo que sí puede hacer... acá sí puede hacer música”, afirma. Porque “la verdadera inclusión no es solamente trabajar con personas con discapacidad, sino que las personas habiten todos los espacios”.</p><p>El rol de las familias es otro de los pilares del proyecto. “Esto es un espacio familiar”, dice Quaglia. Las familias no solo acompañan, sino que también participan activamente en la construcción cotidiana del espacio. Son parte del entramado que sostiene y potencia cada propuesta.</p><p>Pero en un contexto de crisis y debate, el sostenimiento no puede depender únicamente de la voluntad colectiva. “Si el Estado no acompaña, todo se cae”, advierte. Y remarca la responsabilidad estatal en la garantía de derechos: “Tiene que cumplir con los derechos que también reclama”.</p><p>Ante esas falencias, “las asociaciones civiles se constituyen como espacios de resistencia, un espacio de resguardo y de resistencia”, sostiene la entrevistada. En un momento donde incluso los derechos conquistados están en riesgo, para ella la tarea es clara: “Estamos tratando de no perder derechos, ni siquiera de ganar más derechos”.</p>La sanfrancisqueña es fundadora y presidenta de la Asociación Civil Sonando, desde donde impulsa propuestas artísticas inclusivas.<p>"Hay que apuntar a la accesibilidad de los espacios formales”, insiste. Porque el problema no se limita a la existencia de propuestas, sino a las barreras que impiden acceder a ellas. “Si alguien quiere estudiar música de forma formal, se encuentra con un montón de barreras, desde lo actitudinal hasta lo institucional”, explica.</p><p>En ese entramado, los prejuicios siguen teniendo peso. “Todos tenemos prejuicios, queramos o no”, reconoce. Y propone una reflexión concreta: mirar los espacios cotidianos y preguntarse por las ausencias. “Si en un lugar nunca hay personas con discapacidad, algo está pasando”, afirma.</p><p>A pesar de las dificultades, Sonando sigue proyectando. Entre sus objetivos se encuentra la construcción de instrumentos adaptados para personas con parálisis cerebral, utilizando tecnología asistiva (TA) y recursos accesibles. También avanzan en la organización del festival “Más Música”, que este año se extenderá durante tres días y buscará reunir a docentes y talleristas para pensar prácticas inclusivas.</p><p>Adriana también imagina nuevos horizontes para la asociación. “Me gustaría llevar el proyecto de Sonando a San Francisco. Me parece que es una ciudad pujante, que tiene un montón. Es muy rica, es muy abierta culturalmente”, consideró, en referencia a su lugar de origen.</p><p>“Hay muchos espacios, teatros y salas que son accesibles para que una persona con silla de ruedas vaya a escuchar en concierto, pero no para que el artista se suba al escenario”</p><p>&nbsp;</p><p>La música, en ese recorrido, ocupa un lugar central, aunque lejos de una mirada romántica o simplificada. Ante la pregunta por su significado personal, Adriana se sincera: “Es una forma de transitar la vida muy gratificante, pese a contextos bastante difíciles”.</p><p>Sin embargo, el desafío no es solo técnico ni organizativo. También es cultural. “Estamos podridos de los que se quieren sacar la foto”, dice Quaglia, en referencia a acciones aisladas que no generan cambios estructurales. “Hacen un evento y al día siguiente volvemos a no poder acceder a un espacio porque no tiene rampa”, agrega.</p><p>“Me parece que la cuestión de comunicación y los colectivos es lo que nos salva. Nadie se salva solo; generar vínculos es lo principal”, sostiene.</p><p>El sostenimiento económico es otro de los desafíos que atraviesan. “Nuestra asociación se sostiene de varias formas, con asociados que pagan una cuota mensual, con algunos talleres que son pagos, con los que contratamos profes y músicos, porque solemos tocar con otras orquestas y grupos, y también gestionamos subsidios, pero que son temporales”, contó Quaglia.</p><p>En ese sentido, mencionó algunas de las estrategias que desarrollan para sostener y ampliar el alcance del proyecto. “Tenemos un proyecto que se llama Sonando en los Barrios, que va a barrios más carenciados, entonces para eso pedimos subsidios. Pedimos subsidios para transporte y demás. Es complicado, pero hay que estar en movimiento”, siguió.</p><p>En ese contraste entre discurso y realidad, Sonando se posiciona como una experiencia concreta que demuestra que la inclusión es posible, pero requiere compromiso sostenido. “La música sola no genera nada, sino la persona que la está haciendo, la que la escucha”, reflexiona.</p><p>En tiempos donde se discuten leyes y presupuestos, el trabajo de estas organizaciones pone en primer plano una pregunta más profunda: qué tipo de sociedad se está construyendo. “Que la inclusión sea real, y que no sea solamente algo del discurso”, plantea Quaglia.</p><p>Y deja una invitación abierta, que es también un desafío: “Si te incomoda, está bien, pero hacé algo con esa incomodidad”. Porque, en definitiva, de eso se trata: de transformar esa incomodidad en acción, para que algún día no haya que hablar de inclusión, sino simplemente de igualdad.</p><p>“Que no haya que incluir a nadie, porque ya estemos todos adentro”, concluyó.</p><p>&nbsp;</p><p>Perfil&nbsp;</p><p>Adriana Quaglia es profesora y licenciada en música con orientación en composición por la Universidad Nacional del Litoral, donde obtuvo la medalla al mejor promedio. Cuenta con una Maestría en Educación Inclusiva para Niños, Niñas y Adolescentes en Situación de Exclusión Social y actualmente es doctoranda en Educación en la Diversidad en la Universidad Nacional de Cuyo.</p><p>Su formación se completa con su labor como terapeuta no verbal en el enfoque Benenzon e instructora de yoga para niños y niñas, además de especializaciones en discapacidad realizadas en Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba y Estados Unidos.</p><p>A su vez, integra el equipo de educación inclusiva en el nivel secundario de los ministerios de Educación y Cultura de Santa Fe y brinda capacitaciones en el ámbito de la educación especial en niveles terciarios y universitarios.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4yC6D7xF-IZaSWdvnmE6qICGr4E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/adriana_quaglia_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En medio de la discusión permanente por la Ley de Emergencia en Discapacidad, la sanfrancisqueña impulsa desde Santa Fe la Asociación Civil Sonando, un espacio de arte, inclusión y resistencia. Cuestiona las barreras que aún persisten y reclama una accesibilidad real que garantice derechos culturales para las personas con discapacidad.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-05-02T12:40:05+00:00</updated>
                <published>2026-05-02T12:39:37+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Analía Ciardola: “No podría vivir sin enseñar algo”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/analia-ciardola-no-podria-vivir-sin-ensenar-algo" type="text/html" title="Analía Ciardola: “No podría vivir sin enseñar algo”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/analia-ciardola-no-podria-vivir-sin-ensenar-algo</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/analia-ciardola-no-podria-vivir-sin-ensenar-algo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JAYnO3Swpk5_9OMp9eD1jscZLhM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/analia_ciardola.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La vida de Analía Ciardola está atravesada por una pasión que nació temprano y nunca se detuvo. Desde muy chica, sus padres la incentivaron a realizar distintas actividades, como danza y patín, en una búsqueda que marcó su infancia y adolescencia. Entre todas esas experiencias, hubo una que terminó definiendo su camino: la danza. Con el tiempo, esa inclinación se transformó en una vocación que la llevó, siendo muy joven, a dar sus primeros pasos como docente.</p><p>Ese inicio fue en 1989, cuando con apenas 15 años comenzó a dictar clases en la casa de su abuela. El espacio era reducido, pero suficiente para empezar a construir lo que luego sería el Instituto Privado de Aeróbica y Expresión Corporal (IPAEC). “Comienzo desde muy joven a dictar mis clases, era una experiencia nueva, pero me gustaba mucho”, recordó a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. En paralelo, estudiaba, combinando formación y trabajo en una etapa de mucho esfuerzo.</p><p>En aquellos primeros años, las clases eran pocas, pero el compromiso era total. Una de las imágenes que mejor sintetiza ese comienzo es la de su primera alumna, Celeste. Analía no solo le enseñaba, sino que también la iba a buscar y la llevaba de regreso a su casa. “La cargaba en mi moto y la llevaba hasta la casa de mi abuela, le daba clase y la volvía a llevar a su casa”, cuenta. Y agrega: “La confianza de sus papás, con una niñita de ocho años, de dármela para que yo le enseñe una disciplina, hoy no sé si eso pasaría”.</p><p>Con el paso del tiempo, ese vínculo se transformó en algo mucho más profundo. Celeste hoy es madre y sus hijas también forman parte del IPAEC. Como ese caso, hay muchos otros. Analía habla de generaciones enteras que pasaron por el instituto: “Tengo abuelas, madres, tías, sobrinas de una misma familia que fueron a IPAEC y que hoy muchos de esos niños continúan”. Esa continuidad, para ella, es uno de los mayores valores construidos a lo largo de los años.</p><p>El crecimiento del espacio fue paulatino. De aquella habitación inicial, las clases se trasladaron al living de la casa de su abuela y luego a distintos salones alquilados. Siempre acompañando la demanda, siempre buscando un poco más de lugar. “Era muy chiquito el espacio, era una habitación. Luego extendí una parte de la casa y después fui alquilando en diferentes salones porque ya me quedaba chico”, explicó.</p><p>Ese proceso continuó hasta hace tres años, cuando IPAEC logró instalarse en un espacio más amplio, donde hoy se concentran todas las actividades, Dante Alighieri 2746. Allí conviven la danza, la gimnasia, la acrobacia y otras disciplinas. “Encontramos un espacio grande donde podíamos incorporar todas las actividades en un solo lugar”, señaló, destacando ese paso como un momento importante dentro del crecimiento del instituto.</p><p>A lo largo de más de tres décadas, Analía atravesó distintos momentos, pero siempre con el mismo eje: IPAEC. “Es mi vida. Yo desde los 15 años que creé IPAEC, es toda mi vida y es muy importante para mí”, afirmó. Y profundizó: “Fueron mis momentos buenos, mis momentos malos, pero siempre ahí, siempre en ese espacio. Es como que yo llego ahí y todo lo demás no tiene significado, excepto estar ahí con las chicas”.</p><p>Incluso hoy, cuando su rol ya no es el mismo que en los comienzos, ese vínculo sigue intacto. “Ahora que no estoy tanto dictando clases, es como que necesito ir, necesito estar dentro de esas cuatro paredes”, detalló. Esa necesidad habla de una conexión que trasciende lo laboral y se instala en lo emocional.</p><p>Uno de los momentos que le permitió tomar dimensión de todo lo construido fue la pandemia. El cierre de actividades y la imposibilidad de asistir al instituto generaron un quiebre. “Para mí fue un antes y un después. Cuando nos tuvimos que encerrar y no podíamos ir, no podíamos estar, no podíamos compartir con los niños, ahí me di cuenta de lo que era IPAEC”, relató emocionada y agregó: “No valorábamos muchas cosas y el encierro nos llevó a valorar ese espacio de reunión, de risas, de contagio, de llantos”.</p><p>En ese recorrido, la relación con sus alumnas ocupa un lugar central. Analía describe vínculos distintos, atravesados por el tiempo y las experiencias compartidas. “Es impagable todo. El compartir, el que vengan y te digan ‘¿te acordás de mí?’. A veces los chicos crecen y uno no los reconoce, pero cuando te lo dicen es muy fuerte”, comentó. También mencionó los encuentros fuera del instituto: “A veces estamos en algún lugar y te vienen, te abrazan, esas cosas no las cambiaría nunca por otra cosa, no tiene precio”.</p><p>Para ella, el instituto no solo forma bailarinas o deportistas, sino personas. “No solamente estamos formando un atleta o un bailarín, sino que también hay que formarlos desde la parte personal, que sean buenas personas, que pertenezcan a un equipo”, sostuvo. Esa idea atraviesa todo el proyecto y explica, en gran parte, el sentido de pertenencia que se genera.</p><p>Con el paso de los años, su rol fue cambiando. Hoy se dedica especialmente a las más pequeñas y también al trabajo con adultos, a través del pilates. “Trabajar con mujeres grandes que nunca lo había hecho es muy apasionante también”, cuenta. Aun así, deja en claro que no podría alejarse completamente: “Creo que no podría vivir sin enseñar algo”.</p><p>En paralelo, comenzó a correrse de la conducción del instituto, un lugar que hoy ocupa su hija, Trinidad Espasandín. Analía destaca ese proceso y el vínculo que mantienen. “Me emociona muchísimo. Trabajamos juntas y gracias a Dios tenemos una excelente relación, tanto familiar como laboral”, afirmó. También reconoce que este cambio le brinda tranquilidad: “Que ella hoy esté al frente a mí me da como un descanso”.</p><p>Dentro de ese crecimiento, el cheerleading marcó un punto de inflexión en la historia de IPAEC. La disciplina llegó de la mano de su hija, quien decidió formarse y apostar por un deporte que en ese momento no era muy conocido en el país. “A mí me habían invitado varias veces a capacitarme, pero por distintas cuestiones lo fui dejando. Y ella un día me dijo ‘a mí sí me interesa, yo lo quiero hacer’”, recordó Analía. A partir de ahí, Trinidad comenzó a capacitarse tanto a nivel nacional como internacional y logró instalar el cheerleading en San Francisco. “Hoy es el deporte que está con muchísimo auge”, señaló, destacando que incluso ya han participado en torneos panamericanos y tienen un calendario con competencias en el exterior. Sin embargo, también reconoce que aún cuesta que se lo entienda como deporte. “Es muy completo, tiene parte de danza, de gimnasia, ejercicios de fuerza, pero todavía en Argentina cuesta que se entienda que es un deporte y no solo algo recreativo”, indicó.</p><p>Pensando en el futuro, su mirada es clara. “Creo que todo hay que soltar y dejar que las nuevas generaciones tengan su proceso”, remarcó. Por eso, se imagina acompañando desde otro lugar: “Me veo en IPAEC un poquito afuera, apoyando en todo lo que pueda, pero desde otra perspectiva”.</p><p>Aun así, su historia seguirá ligada a ese espacio que construyó desde muy joven. Porque IPAEC no es solo un lugar que construyó, sino el resultado de una vida dedicada a enseñar, a acompañar y a construir vínculos que, con el tiempo, se transformaron en una gran comunidad.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JAYnO3Swpk5_9OMp9eD1jscZLhM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/analia_ciardola.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde una habitación en la casa de su abuela hasta convertirse en un espacio que atraviesa generaciones, ella construyó en IPAEC, una historia marcada por la vocación, el esfuerzo y el vínculo con sus alumnas. A más de tres décadas de aquel inicio, repasa su recorrido, el crecimiento del instituto y el lugar central que ocupa en su vida.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-03-28T12:34:44+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Juani Buttignol: “No a cualquiera le gusta la electrónica, pero cada vez son más”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/juani-buttignol-no-a-cualquiera-le-gusta-la-electronica-pero-cada-vez-son-mas" type="text/html" title="Juani Buttignol: “No a cualquiera le gusta la electrónica, pero cada vez son más”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/juani-buttignol-no-a-cualquiera-le-gusta-la-electronica-pero-cada-vez-son-mas</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/juani-buttignol-no-a-cualquiera-le-gusta-la-electronica-pero-cada-vez-son-mas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/PU4BOfZijD-MzSnxs7O7eAeVlAg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/juani_buttignol_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La música electrónica ya no es un fenómeno lejano ni exclusivo de las grandes ciudades. En San Francisco, el género viene ganando terreno con fuerza y construyendo una escena propia que pisa cada vez más firme. En ese camino, los DJs locales se transforman en protagonistas de una movida que crece a base de constancia, pasión y público.</p><p>Uno de ellos es Juan Ignacio Buttignol, más conocido como Juani. Tiene 31 años, trabaja en la Cooperativa Eléctrica de Plaza San Francisco y desde los 13 se dedica a pasar música. Lo que empezó como un hobby, hoy es una parte central de su vida.</p><p>“Hace mucho tiempo, yo hace de los 13 años que pongo música”, contó en diálogo con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>En su historia, como la de muchos DJs, los comienzos fueron bien distintos a su presente. Juani arrancó con el cachengue y eventos sociales: fiestas de 15, casamientos, reuniones... “Yo empecé haciendo cachengue primero, hacía muchos eventos sociales, tuve equipos propios, hacía fiestas, y ya después me empecé a encaminar un poco por el tema de boliche”, recordó.</p><p>Con el tiempo, su camino se fue definiendo hacia la electrónica, donde encontró su identidad. “Hoy hago música electrónica, y ya hace 10 años que hago música electrónica, hago más que nada el género tech house”, señaló. Pero no se quedó ahí: también creó un nuevo proyecto artístico. “Arranqué con un proyecto nuevo, que es otro nombre como DJ, como artista, que es Cadáver, que ese nombre es más a la rama del tecno”.</p><p>En ese recorrido, también hubo influencias que marcaron su estilo y su forma de trabajar. “Bassel Darwish, me gusta mucho, Mankesh, son artistas internacionales”, contó. Y destacó una experiencia clave en su carrera: “Tuve la oportunidad de trabajar con la gente de Don Blink y eso también te abre la cabeza y te hace ver cómo se manejan otros artistas”.</p><p>La escena local, según cuenta, tuvo altibajos, pero hoy atraviesa un momento de crecimiento. Juani no solo es DJ, sino también productor de Amnesia, la pista electrónica del boliche Oxxo. Desde ahí impulsa el movimiento.</p><p>“La escena local hoy en día cada vez está andando mejor, por suerte, la gente siempre acompañó, desde el primer día”, afirmó. Y remarcó la importancia de sostener espacios: “Si no hacíamos nada, directamente la escena, por así decirlo, moría”.</p><p>El cierre de otros espacios dedicados al género obligó a reinventarse. “Después de Runa disco, que era el otro boliche que hacía electrónica, se me dio esta oportunidad y no la desaproveché”, contó. Desde entonces, apuesta a traer artistas y generar fechas que posicionen la movida.</p><p>Ese crecimiento también se refleja en las conexiones con DJs de afuera. “Hoy se generó un círculo que me escriben a mí para que los traiga, entonces es mucho más fácil acceder a toda esa cantidad de artistas”, explicó.</p><p>“Lo que quiero es que la gente la pase bien”</p><p>&nbsp;</p><p>Aunque la pasión es fuerte, vivir exclusivamente de la música en una ciudad como San Francisco todavía es difícil. “Los fines de semana me doy estos gustos, digamos como hobby. No me dedico al 100% porque es medio difícil vivir de esto siendo de acá”, reconoció.</p><p>Aun así, el vínculo con la pista es lo que lo mantiene firme. “Me gusta esa sensación de que la gente la pase bien, que te griten… no parece pero en la cabina se siente mucho todo eso”, describió. Para él, el rol del DJ no es solo técnico, sino también emocional. “Yo lo que quiero hacer es todo lo contrario, tratar de que la gente la pase bien”.</p><p>Esa conexión también se construye con experiencia. “Sé mirar la pista, entonces también me doy cuenta de muchas cosas”, explicó, marcando la diferencia entre simplemente pasar música y leer al público.</p><p>En lo técnico, combina planificación e intuición. “Hago una preselección de descarga y ordeno todo por velocidad, entonces mis sets siempre empiezan tranquilos y van aumentando”, detalló. Trabaja con equipamiento propio y tecnología digital que replica la lógica clásica del DJ. “Yo tengo equipos propios que son reproductores, digamos, le enchufás el pendrive y es como un vinilo, por así decirlo, pero con toda la tecnología de hoy en día, entonces es todo digital en realidad, pero el mecanismo en sí es lo mismo que un vinilo, vos ponés los dos temas por separado y los mezclás con una mezcladora”, detalló.</p><p>La evolución de la electrónica también convive con prejuicios que todavía persisten. “La sociedad tiene ese pensamiento, que la música electrónica está ligada al consumo de pastillas, de drogas… pero eso existe en todos lados”, sostuvo. Y fue claro: “En la música electrónica, lo lindo es eso, que no necesitás nada externo para que te atrape”.</p><p>De cara al futuro, su agenda refleja ese momento en alza. “Este fin de semana hacemos una fecha muy grande junto al artista Lexlay en Oxxo”, contó. Además, se presentará en eventos masivos fuera de la ciudad, como 6 O’ Clock Party, en Santo Tomé.</p><p>Para quienes quieren empezar, su consejo es simple pero directo: “Que practiquen. La manera de hacer esto es practicando, presentándose en lugares donde haya 20, 10 personas”.</p><p>En una ciudad donde la electrónica supo ser nicho, hoy el panorama empieza a cambiar. “Cada vez son más”, dijo Juani&nbsp; sobre el público local. Y aunque reconoce que sigue siendo selecto, el crecimiento es sostenido. “No a cualquiera le gusta la electrónica, y está todo bien, pero sí, cada vez son más”, amplió. Esa exigencia, lejos de ser un obstáculo, funciona como motor. Obliga a los DJs a innovar, a leer la pista y a ofrecer propuestas de calidad. En un contexto donde el público no se conforma fácilmente, cada set es una prueba.</p><p>La historia de Juani Buttignol refleja ese proceso: de las fiestas familiares a las cabinas, del cachengue al techno, de tocar por diversión a construir una escena. En San Francisco, la electrónica es una realidad que sube el volumen.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/PU4BOfZijD-MzSnxs7O7eAeVlAg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/juani_buttignol_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con una escena en expansión y cada vez más público, los DJs locales empiezan a consolidarse. Juani Buttignol, referente del género en San Francisco, cuenta cómo pasó de las fiestas de 15 a la cabina; del cachengue a la electrónica y por qué el movimiento no para de crecer.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-03-21T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Carlos Dante Pioli y el teatro como espacio de encuentro
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/carlos-dante-pioli-y-el-teatro-como-espacio-de-encuentro" type="text/html" title="Carlos Dante Pioli y el teatro como espacio de encuentro" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/carlos-dante-pioli-y-el-teatro-como-espacio-de-encuentro</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/carlos-dante-pioli-y-el-teatro-como-espacio-de-encuentro">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L8EKY2u7ifKeOAlC5eF_aMcAWHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/dante_pioli_teatro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Carlos Dante Pioli —para muchos simplemente Charly— forma parte de una generación de teatreros que atravesaron distintas etapas del teatro sanfrancisqueño: los grupos independientes de los años noventa, los talleres institucionales, la experiencia de la docencia y, más recientemente, la creación de espacios propios para sostener la actividad. Profesor de historia de profesión y formador de actores por vocación, su recorrido está marcado por más de cuarenta años de vínculo con el escenario, la dirección y la enseñanza.</p><p>En ese camino aparecen grupos históricos de la ciudad, docentes que dejaron huella, experiencias con adolescentes y adultos y una convicción que atraviesa todo su relato: el teatro se construye de manera colectiva. Para Pioli, el escenario no es un lugar para competir ni para sobresalir individualmente, sino un espacio donde cada rol —por pequeño que sea— resulta imprescindible para que una obra exista. Esa mirada también explica el presente de su trabajo. Desde 2018 impulsa junto a Verónica Gieco el proyecto La Puerta, un espacio dedicado a la formación teatral y a la producción de obras independientes.</p><p>&nbsp;</p>Pero antes de todo eso hubo un comienzo bastante más simple…<p>Pioli cuenta que estaba en el secundario, en el último año de la Escuela Ravetti, y que en ese momento tenía como preceptor a Miguel Corón. Fue él quien lo invitó a participar de un grupo de teatro que estaba por estrenar una obra llamada “Felipito, el furibundo filibustero”, una adaptación de un cuento de Eduardo Gudiño Kiefer. “Necesitaban uno que haga de luz negra porque la obra jugaba con esto de la luz negra”, recuerda.</p><p>Ese grupo se llamaba Quijote y estaba integrado por adultos. Entre ellos menciona a María Cristina Zunino, Carlos Motura, Carlos Genesio, Adriana Bunfigli, el propio y Cati Canalis. Su tarea era vestirse completamente de negro y manipular unos pececitos pintados con colores flúor para que, bajo la luz negra, pareciera que flotaban en el fondo del mar. “Ahí ingresé al mundo del teatro. Me encantó y ahí continué y no paré más hasta la actualidad”.</p><p>Cuando intenta explicar qué fue lo que lo atrapó de ese universo vuelve a una palabra: la magia. Habla de ese mundo en el cual nadie te cuestiona nada, del compañerismo que existía en el grupo, del escenario y del contacto con el público. Dice que le encantaban los aplausos, pero no desde el punto de vista del ego sino desde esa dimensión artística que tiene el teatro. Recuerda que desde chico ya tenía inclinaciones artísticas: le gustaba dibujar, le gustaba pintar, siempre estuvo relacionado con alguna forma de expresión. Pero el teatro fue otra cosa.</p><p>Subirse al escenario le produjo una sensación difícil de explicar. Dice que esa adrenalina que genera el escenario es algo mágico, algo que solo experimenta quien se sube a actuar. También habla de la respuesta del público: “Sentir que la gente te devolvía la risa, el aplauso por lo que estabas haciendo, te hacía sentir que lo que estabas mostrando, agradaba, gustaba”. Aclara que nunca lo vivió desde un lugar de ego. Siempre trató de mantener un perfil bajo, pero reconoce que esa devolución del público es fundamental. “Uno se da cuenta que si no tenés al público no está completo el teatro, no está completa la obra en sí”.</p><p>Con el grupo Quijote participó en otras producciones infantiles como “Mi bello dragón” y “Pluf, el fantasmita”. De esos años guarda recuerdos muy claros, incluso del lugar donde estrenaban. Cuenta que presentaban las obras en el Teatrillo cuando todavía tenía el escenario con pisos de cemento, sin butacas, sin inaugurar y sin terminar.</p><p>Después de terminar la secundaria comenzó a estudiar el Profesorado de Historia en el Colegio Inmaculada Concepción. Allí volvió a encontrarse con el teatro, esta vez en el grupo Juglerías, dirigido por Yolanda Beguier y Héctor Bessone. Ese grupo reunía a alumnos y profesores del terciario y trabajaba con obras para adultos. En ese marco participó en “Narcisa Garay mujer para llorar” y en “La molinera de Arcos”.</p><p>Cuando recuerda esos años, Pioli dice que todavía hoy rescata mucho de aquellos primeros aprendizajes: la enseñanza, los valores y la forma de trabajar dentro de un grupo teatral. Una de las ideas que más lo marcaron fue la de evitar la competencia entre compañeros. Explica que en el mundo del teatro —y en el arte en general— el tema del ego y del sobresalir puede volverse muy complicado. Por eso destaca la enseñanza que recibió, sobre todo de Yolanda Beguier, acerca de la disciplina y del trabajo colectivo.</p><p>La idea era clara: todos son iguales dentro de una obra. No hay protagonistas absolutos ni actores de segunda línea. Cada personaje cumple una función imprescindible. “Porque aunque sea un personaje chiquitito, si no está ese personaje no se puede desarrollar la obra”.</p><p>“No hay protagonista, no hay actores de segunda línea: todos somos importantes en el momento que estamos actuando”.</p><p>Después de su paso por Juglerías hubo un tiempo en el que no participó activamente en grupos teatrales, aunque siguió muy cerca de la actividad como espectador. Cuenta que durante esos años asistía con frecuencia a ver obras y trataba de seguir todo lo que se producía en la ciudad.</p><p>&nbsp;</p>Una nueva etapa<p>El regreso llegó en el año 2000 cuando comenzó a trabajar en el Colegio Fasta Inmaculada Concepción, primero como preceptor y luego como profesor. En 2004 se abrió un grupo de teatro para estudiantes del secundario en contraturno y allí empezó a trabajar junto a la profesora Gabriela Vladimich. Fue su primera experiencia dirigiendo adolescentes y recuerda que era un grupo muy particular porque los chicos no iban obligados: asistían por decisión propia. Eso hacía que el trabajo fuera especialmente enriquecedor. Dice que hicieron una muy buena dupla con Gabriela y que ambos dirigían el grupo.</p><p>Con el tiempo el proyecto creció y en 2009 abrieron también un grupo de teatro para adultos dentro del mismo colegio. Ese grupo se llamó Bien Bravo y estaba destinado a padres o personas interesadas en hacer teatro. Pioli participó allí hasta el año 2018, aunque el grupo continúa funcionando.</p><p>Ese mismo año surgió una propuesta que cambiaría el rumbo de su actividad teatral. Verónica Gieco, también integrante del grupo Bien Bravo, le planteó la idea de crear un espacio destinado a la formación de actores a través de talleres y a la producción de obras. Así nació La Puerta. En un primer momento el proyecto funcionó en calle Libertad, a media cuadra de Pellegrini. Luego, en el verano de 2019, se trasladó al lugar donde funciona actualmente.</p><p>Para Pioli, el trabajo pedagógico dentro del teatro tiene una clave fundamental: el juego. Explica que cuando los alumnos llegan por interés propio es mucho más fácil trabajar con ellos. “Son como diamantes en bruto”, dice. En cada obra o personaje se intenta encontrar algo que se adapte a la personalidad de cada actor. El proceso empieza siempre desde lo lúdico: comenzar divirtiéndose, reírse, evitar juzgar o imponer exigencias demasiado rígidas desde el principio.</p><p>Por eso los talleres funcionan como un entrenamiento. Pioli compara el trabajo del actor con el de un deportista y sostiene que el taller es un espacio necesario para ejercitarse. En especial con los adultos propone recuperar algo que muchas veces se pierde con los años: sacar ese niño que tenemos adentro y que se fue perdiendo con las responsabilidades y las reglas de la vida adulta. Durante esas horas de trabajo la propuesta es simple: volver a jugar. A partir de ahí se desarrollan lecturas de textos, improvisaciones, trabajos individuales y grupales y ejercicios de escucha escénica.</p><p>Ese clima también genera vínculos que muchas veces se extienden más allá del teatro. Pioli destaca que a lo largo de los años muchas personas pasaron por los talleres de La Puerta. Algunos siguieron y otros tomaron otros caminos, pero en general se mantuvieron buenas relaciones dentro y fuera del grupo.</p><p>&nbsp;</p>El teatro como nexo<p>La experiencia con adolescentes también le permitió observar algo particular en relación con las nuevas generaciones. Muchos de los jóvenes que llegan a los talleres son chicos muy introvertidos en su vida social y buscan algo diferente a la rutina digital. En el teatro encuentran un espacio donde sentirse importantes, donde generar amistades y compartir con pares que tienen inquietudes similares. Cuenta que incluso ellos mismos expresan su entusiasmo: cuando terminan las clases de los jueves muchos no ven la hora de que llegue el próximo jueves para volver al teatro. Durante el taller ocurre algo poco habitual: dejan los celulares y durante dos horas no los utilizan. Son solamente clases de teatro.</p><p>Después de más de cuatro décadas vinculado a la actividad, Pioli también observa la evolución del teatro en San Francisco. Recuerda que cuando empezó había pocos grupos, aunque aclara que la ciudad siempre tuvo actividad teatral. En los años noventa funcionaban algunos espacios como el taller municipal de adultos dirigido por Rafael Brusa y el grupo Quijote. Con el paso del tiempo, especialmente después del año 2000, la actividad creció y aparecieron más grupos. Ese crecimiento lo considera positivo.</p><p>Sin embargo señala que todavía hay un desafío pendiente: fortalecer el apoyo del público a las producciones locales. Muchas veces —dice— las salas se llenan cuando llegan espectáculos de otras ciudades, pero no ocurre lo mismo con los grupos de San Francisco. En el caso de La Puerta el trabajo se sostiene de manera independiente, con la cuota de los alumnos y con la venta de entradas cuando presentan una obra.</p><p>Después de tantos años de trabajo, Pioli todavía mantiene proyectos y sueños vinculados al teatro. El principal es contar con una sala propia. Imagina una pequeña sala de teatro independiente, similar a las que existen en ciudades como Córdoba y Buenos Aires. No un espacio lujoso, sino un lugar equipado con luces, sonido y escenario donde puedan ensayar y montar espectáculos sin necesidad de armar y desarmar cada producción. Un teatro pequeño, pero propio.</p><p>“Cuanto más pasan los años, más ganas te dan de seguir trabajando”.</p><p>Mientras tanto, el trabajo continúa. Dice que la experiencia acumulada con los años le permite hacer cosas que quizás no hubiera podido realizar cuando era más joven. El recorrido, los talleres y el contacto con distintos grupos le dieron una mirada más crítica y más herramientas para dirigir. Por eso insiste en seguir creciendo y generando nuevas propuestas que también enriquezcan a los alumnos que pasan por La Puerta.</p><p>En este momento el grupo prepara varios proyectos para el año. Y cuando se le pregunta hasta cuándo piensa seguir vinculado al teatro, Pioli responde con una frase que resume su estado actual: cree que todavía queda mucho por hacer, porque todavía “hay hilo en el carretel para rato”.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L8EKY2u7ifKeOAlC5eF_aMcAWHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/dante_pioli_teatro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Profesor de teatro y docente de historia, “Charly” lleva más de cuatro décadas vinculado al teatro en San Francisco. Desde sus comienzos en el grupo Quijote hasta el espacio independiente La Puerta, repasa un camino atravesado por la formación, el trabajo colectivo y una idea que repite como principio: en el teatro todos son importantes.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-03-07T12:47:57+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Nicolás Pereyra: “Bailar en la apertura del Festival de Cosquín me marcará para toda la vida”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/nicolas-pereyra-bailar-en-la-apertura-del-festival-de-cosquin-me-marcara-para-toda-la-vida" type="text/html" title="Nicolás Pereyra: “Bailar en la apertura del Festival de Cosquín me marcará para toda la vida”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/nicolas-pereyra-bailar-en-la-apertura-del-festival-de-cosquin-me-marcara-para-toda-la-vida</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/nicolas-pereyra-bailar-en-la-apertura-del-festival-de-cosquin-me-marcara-para-toda-la-vida">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J7Vx6YQ5KSb2Y0GgRQPjxjzZFt0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/nicolas_pereyra.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Nicolás Pereyra será uno de los 48 bailarines que protagonizarán la apertura del Festival Nacional de Folklore de Cosquín 2026, el encuentro más importante de la música y la danza popular argentina. Integrante del Ballet Oficial de Cosquín, el joven sanfrancisqueño formará parte de la primera luna, el próximo 24 de enero, y se subirá al escenario de la histórica Plaza Próspero Molina representando a nuestra ciudad en uno de los momentos más esperados del festival.</p><p>Su participación se dará en el marco de la 66ª edición del Festival Nacional de Folklore de Cosquín que se desarrollará del 24 de enero al 1° de febrero, reafirmando una vez más su lugar como epicentro de la cultura popular argentina. En ese contexto, la apertura adquiere un valor simbólico particular, ya que marca el inicio de nueve noches donde la música y la danza vuelven a encontrarse ante miles de espectadores.</p><p>“Fue un sueño enorme. Es un sueño que trabajo desde muy chico”, resume Nicolás en diálogo con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO, al recordar el momento en que recibió la confirmación de que sería parte del Ballet Oficial durante este evento único. Su llegada al elenco no fue a través de una audición tradicional, sino como resultado de un recorrido previo que comenzó en 2024.</p>Nicolás Pereyra en la Plaza Próspero Molina, su escenario soñado.<p>“Yo no quedé seleccionado por audición. Llego al Ballet Oficial de Cosquín en 2024 gracias a un compañero del Ballet Municipal Patria, Federico Delgado, que es un gran referente de la ciudad”, explica. Fue Delgado quien lo invitó a conformar una gira por la provincia de Salta hace dos años y, tras la aprobación de los directores, Nicolás comenzó a integrar el ballet. A partir de allí, inició un camino de compromiso sostenido que lo llevó a quedar como bailarín estable.</p><p>Para la edición 2025 del festival no pudo estar presente por cuestiones de edad, pero a comienzos de ese mismo año llegó una noticia decisiva. “Los directores me preguntaron si yo quería seguir conformando el ballet durante todo el año. No dudé: fue un sí inmediato”, recuerda. Esa respuesta implicó asumir un esfuerzo enorme, tanto físico como personal.</p><p>Durante todo 2025, Nicolás viajó cada fin de semana desde San Francisco hasta Cosquín para cumplir con los ensayos. “Tres menos cinco de la mañana ya estaba saliendo de San Francisco para viajar hacia Córdoba y de Córdoba hacia Cosquín”, relata. La rutina comenzaba de madrugada y se repetía sin excepción. “Mi colectivo me llevaba hasta Córdoba y desde ahí me manejaba hasta Cosquín. Así fueron todos mis fines de semana durante todo el año”, agrega.</p><p>Ese ritmo de vida lo llevó a resignar momentos propios de su edad. “A veces me pongo a pensar en amigos de mi edad, que los fines de semana ya estamos pensando en salir. Para mí, los viernes era terminar de ensayar, llegar, comer, bañarse y acostarse porque al ratito tenía que empezar a viajar”, cuenta. Sin embargo, nunca dudó del camino elegido: el objetivo estaba claro desde hacía años.</p><p>El compromiso tuvo su recompensa. Integrar el elenco estable durante todo el año le permitió quedar automáticamente en el Ballet Oficial del festival. “Es un mérito en sí mismo poder quedar seleccionado sin pasar por la audición”, explica.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>La emoción de representar a su ciudad&nbsp;<p>En la edición 2026, Nicolás será el único bailarín de San Francisco sobre el escenario mayor. En años anteriores, la ciudad contó con representantes en el ballet, pero esta vez será él quien lleve en soledad el nombre de su lugar de origen. “Es todavía algo que no puedo creer”, confiesa.</p><p>La repercusión no tardó en llegar. Mensajes, llamados y muestras de orgullo comenzaron a multiplicarse desde distintos puntos. “Hoy fue nuestro primer ensayo en la plaza y ya tengo mensajes de todos lados. Es algo en lo que todavía no caigo”, admite, sorprendido por la dimensión de lo que está por vivir.</p><p>“Voy a estar representando a mi ciudad, la cual me vio crecer y la cual me formó para esto”, dice con emoción. Para él, el orgullo va más allá de lo personal. “Represento a mi elenco, que es el Ballet Municipal Patria, y a todos las personas que día a día me acompañaron en este proceso”.</p><p>Los ensayos para la apertura ya están en marcha y se desarrollan todos los días, en doble turno, mañana y tarde. La exigencia es máxima: entrenamiento físico constante, largas jornadas de práctica y un trabajo diario sostenido para llegar de la mejor manera al escenario más importante del folklore. “El 8 de enero comenzamos los ensayos y en cinco días ya logramos montar el himno que se va a presentar”, cuenta.</p><p>Además, destaca el valor de compartir el proceso con profesionales de primer nivel. “Estoy compartiendo escenario con bailarines del Ballet Folklórico Nacional de Buenos Aires, es un orgullo bárbaro aprender de ellos”, señala y agrega que “Todos los días se aprende algo nuevo”.</p><p>&nbsp;</p>Desde los 15 forma parte del Ballet Municipal Patria .Un sueño que empezó en la infancia<p>La historia de Nicolás con el folklore comenzó muy temprano, casi de la mano de sus primeros pasos. “Mis inicios fueron cuando tenía cinco años”, recuerda. Sus padres, amantes de la esta cultura musical, decidieron anotarlo en la Escuela Municipal de Danzas Folklóricas de San Francisco, el espacio donde realizó todo su recorrido formativo y donde empezó a darle forma a una vocación que con el tiempo se transformaría en proyecto de vida que hoy elije sin dudarlo.</p><p>Desde el comienzo, su meta fue clara señala: integrar el Ballet Municipal Patria, el elenco estable de la ciudad. “Cuando entré a la escuela, la meta era el Ballet Municipal Patria”. A los 15 años, ese objetivo dejó de ser un deseo para convertirse en realidad. “Fue un orgullo tremendo, con tan corta edad ya integrar ese equipo que nos forma tanto técnico como físicamente”, afirma, todavía con emoción.</p><p>Sin embargo, el anhelo más profundo venía de mucho antes, de una imagen grabada para siempre en su memoria. En unas vacaciones familiares en las sierras, que casi siempre tenían a Cosquín como destino por el amor de toda la familia a esta música e identidad cultural, Nicolás recuerda un momento que lo marcó para siempre. Caminando por la plaza, se detuvo a observar los ensayos que se realizaban en la Próspero Molina.</p><p>“Tengo la imagen de ese Nico niño pasando por la plaza viendo ensayar en la Próspero Molina”, recuerda. A su lado, su mamá observaba el trabajo del ballet y le decía: “mirá todo el sacrificio que hacen”. Fue entonces cuando, siendo apenas un chico, respondió con una convicción que el tiempo terminaría confirmando: “yo voy a estar ahí, yo te lo prometo”. Hoy, años después, aquella promesa hecha durante unas vacaciones familiares está a punto de cumplirse sobre el escenario mayor del folklore argentino.</p><p>&nbsp;</p>Folklore como forma de vida<p>Nicolás nunca dudó del camino elegido. “Siempre tuve esta meta. Mi vida fue dedicada al folklore en todos sus ámbitos”, afirma. Además de la danza, incursionó en murga, canto y guitarra, participando en peñas y distintos eventos culturales de la ciudad.</p><p>Para él, el folklore es identidad, cultura y pertenencia. Mirando hacia adelante, su proyecto de vida sigue ligado a la formación. “Mi idea es estudiar, sé que se está haciendo una escuela en San Francisco que va a traer una carrera de danza”, cuenta. Luego, el objetivo es claro: “Estudiar el profesorado de folklore y el día de mañana poder estar dirigiendo a mi propio grupo”.</p><p>&nbsp;</p>El 24 de enero, un momento para siempre<p>Cuando piensa en la noche de la apertura, la emoción vuelve a aparecer con fuerza. “Va a ser una satisfacción tremenda poder estar cumpliendo no solamente mis sueños, sino el de mis padres y el de mis abuelos. Ese día va a ser mirar un ratito arriba, agradecerle por todo esto y pisar fuerte ese escenario”.</p><p>Desde San Francisco hasta Cosquín, la historia de Nicolás Pereyra es la de un sueño sostenido a fuerza de esfuerzo, disciplina y pasión por el folklore, con raíces profundas y un futuro que ya comienza a danzar en el escenario mayor de la cultura popular argentina.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/J7Vx6YQ5KSb2Y0GgRQPjxjzZFt0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/nicolas_pereyra.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Con apenas 18 años, el bailarín de San Francisco, que comenzó a soñar con este momento desde muy chico, se presentará el 24 de enero en la apertura del Festival Nacional de Folklore de Cosquín, el evento más importante de la música y la danza del país, tras un camino marcado por el esfuerzo, la constancia y la dedicación.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-01-17T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Valentina Barrale: la juventud que se queda para construir
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/valentina-barrale-la-juventud-que-se-queda-para-construir" type="text/html" title="Valentina Barrale: la juventud que se queda para construir" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/valentina-barrale-la-juventud-que-se-queda-para-construir</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/valentina-barrale-la-juventud-que-se-queda-para-construir">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/M4qQh3Q5aDIEFsej9vI-A9zeNWg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/valentina_barrale.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Valentina Barrale tiene 25 años. Cuando lo dice parece un dato menor, pero enseguida uno entiende que es parte central de su identidad pública. Es abogada independiente, preside una asociación civil, organiza capacitaciones y acompaña a adolescentes que por primera vez se enfrentan a conceptos como democracia, representación y voto. Y ese presente no surgió de un golpe de suerte, sino de un camino que empezó antes de que pudiera poner la firma profesional que hoy lleva en su sello.</p><p>Egresó de la Escuela Normal en 2017. Su vocación estaba resuelta mucho antes: “Desde los catorce o quince años sabía que quería estudiar abogacía. Nunca dudé”, dice con naturalidad. Su papá le repetía que cuestionaba todo, que siempre buscaba la explicación y la vuelta de tuerca. Ella lo vivía como un rasgo propio; hoy lo reconoce como el primer latido profesional. Aunque cursó la orientación de Ciencias Naturales —“por mis amigas”, aclara entre risas—, sabía que su destino no estaba en fórmulas químicas ni diagramas celulares.</p><p>En 2018 ingresó a Abogacía en UCES. Al principio el plan parecía lineal: cursadas, recreos, grupos de estudio. Pero dos años después apareció la pandemia y con ella una nueva realidad universitaria. “Hice dos años presencial y dos años en computadora. Trabajo práctico por Zoom, la tesis por Zoom. Era raro. No veía a mis amigos y muchos eran de pueblos cercanos”, recuerda. Aun así, avanzó a paso firme: se recibió en 2022 y atravesó la carrera en tiempo y forma. “Tenía una sola meta y era recibirme”, resume.</p><p>Mientras estudiaba, la otra parte de su formación transcurría fuera del aula. Y ahí aparece el otro hilo conductor de su vida: el Modelo Naciones Unidas. Como muchos estudiantes, Valentina entró al proyecto desde el rol más básico: participante. Pero lo hizo antes de tiempo. “Empecé en tercero, cuando no se podía. No sé cómo entré, pero fui”. Su debut fue representando a Liberia, un país sobre el que tuvo que aprender desde cero. No importó: la experiencia la atrapó. “Es difícil explicar lo que te genera sin haberlo vivido. Te desconectás del teléfono y te metés en un papel”.</p>Si bien en sus primeros pasos como abogada busca ganar experiencia, su objetivo es especializarse en el derecho penal, la rama que más la apasiona.<p>Viajó a Chajarí, Buenos Aires y participó cada año hasta terminar el secundario. Muchos de los recuerdos se parecen a los de cualquier aventura adolescente, pero con un giro inesperado: horas de búsqueda de información, noches sin dormir preparando discursos, debates que arrancaban de cero y se resolvían como si la sala fuera realmente la ONU. “Eso te daba nafta para el año siguiente”, cuenta.</p><p>Cuando egresó, lejos de cerrar esa etapa, decidió profundizarla. En 2018 se sumó como voluntaria a Puentes Enteros, el grupo que organizaba el modelo desde hacía más de una década. Primero representó el órgano Asamblea General, luego quedó al frente del mismo y, sin despegarse de la carrera de derecho, fue creciendo en responsabilidades. La pandemia desarmó parte de la estructura: integrantes históricos empezaron a correrse y los encuentros virtuales hicieron aún más difícil sostener un proyecto basado en la presencia y la energía juvenil.</p><p>&nbsp;</p>Construir comunidad<p>Lo que vino después marcó su generación. “Con un grupo que habíamos empezado juntos en 2018, decidimos agarrar la asociación”, relata. Presentaron papeles ante la Inspección de Personas Jurídicas, ordenaron documentación y lo que hasta entonces era un nombre reconocido en la ciudad —“pero en los papeles no era nada”— pasó a convertirse en una asociación civil formal. Ese paso, que implicó burocracia, insistencia y aprendizaje, habilitó crecimiento, respaldo y continuidad. “Lo hicimos por amor al arte y porque Puentes nos había dado un montón”, repite.</p><p>Desde entonces, el Modelo ONU no fue su única actividad. Puentes Enteros organiza ciclos de charlas, proyectos educativos sobre efemérides y acciones destinadas a que los estudiantes comprendan qué significa participar en democracia, incluso antes de votar. Una frase que repite en capacitaciones sintetiza su mirada: “Muchos creen que la política está lejos, pero en actos de la vida cotidiana se hace política sin saberlo”. Esa constatación se volvió una brújula para los proyectos del grupo.</p><p>Puentes Enteros no se limita al Modelo. Durante el año, el grupo sostiene otras iniciativas que buscan ampliar el acceso a la educación cívica en distintas formas. Organizan ciclos de charlas con profesionales vinculados a efemérides, impulsan una competencia sobre la Constitución Nacional para estudiantes secundarios y preparan actividades para acompañar a quienes votan por primera vez. También trabajan en enseñar ciudadanía desde la práctica, explicando que la política no es ajena a la vida cotidiana, que uno toma postura sin advertirlo y que involucrarse no requiere carnet ni afiliación. Ese abanico de propuestas tiene el mismo espíritu: abrir puertas, poner herramientas al alcance de los chicos y demostrar que participar no es un privilegio sino una posibilidad real.</p><p>Todo el trabajo se sostiene con voluntarios, cientos de horas y una convicción que parece más grande que la edad de quienes la llevan adelante. “Somos entre 25 y 30 personas. Nadie cobra. A veces hasta ponemos plata de nuestro bolsillo”, explica. Con esa estructura, el Modelo ONU creció hasta convertirse en uno de los encuentros más convocantes del país. Llegaron delegaciones de escuelas de San Juan, de Córdoba, de Río Negro; Morteros replicó la experiencia con asesoramiento del equipo sanfrancisqueño; y Puentes Enteros pasó a ser una referencia regional, incluso para instituciones que recién empiezan.</p><p>En paralelo, Valentina construía su identidad profesional. Cuando se recibió, trabajó junto a un abogado mientras tramitaba su matrícula. Y apenas la obtuvo, hizo lo que había imaginado siempre: se lanzó sola. “Siempre quise ser abogada independiente. Aunque digan que no podés empezar sola porque sos joven, yo digo que sí se puede”. Hoy ejerce en su propio espacio, atiende consultas por expediente digital y, como todo profesional nacido en la era postpandemia, combina atención presencial con comunicación online. Su cuenta de Instagram, donde explica conceptos legales con lenguaje simple, es parte natural de su ejercicio cotidiano. “El expediente es electrónico y la consulta también. La gente quiere entender las cosas claras y simples”, definió.</p><p>Su área de interés ya está marcada: “Lo que más me gusta es penal. Es lo que más estudio y lo que quiero hacer sola en un futuro. Es una rama muy manejada por hombres y quiero que haya mujeres ahí”. En esa frase se condensa un aspecto clave de su perfil: mujer joven, abogada, ocupando espacios tradicionalmente masculinos con naturalidad, sin discursos grandilocuentes, solo con trabajo.</p><p>Avanzada la charla aparece otro capítulo de su presente: hace pocos meses sumó su conocimiento jurídico al área de Deportes de la Municipalidad, donde asesora instituciones, clubes y eventos. No lo plantea como giro profesional, sino como ampliación del mismo compromiso que sostiene en Puentes Enteros: acompañar a personas y espacios donde “lo legal” suele quedar en segundo plano, pero define responsabilidades, accesos y posibilidades.</p><p>Entre expedientes, capacitaciones, juventudes que se forman y clubes que ordenan papeles, Valentina todavía encuentra tiempo para un ritual que no negocia: caminar todos los días con su mamá y desconectarse en el gimnasio. “Ni llevo el teléfono”, dice. Una hora lejos del ruido, antes de volver a la computadora, al estudio, a la asociación, o a algún espacio donde una tanda de adolescentes aprende qué significa representar un país que tal vez ni sabían ubicar en un mapa.</p><p>En el cierre, vuelve a donde empezó: la ONU. Cuando le preguntan si alguna vez imaginó estar en un Modelo real, fuera de la simulación, responde sin vueltas: “Me proyecté muchas veces en un debate real. Me gusta la política. No sé si llegaré, pero me lo imaginé”. No lo dice como objetivo, ni como anuncio. Lo deja suspendido en el aire, como tantas cosas que hacen los jóvenes cuando todavía tienen tiempo, margen y voluntad para que algo improbable termine ocurriendo.</p><p>Para lo que viene, Valentina prefiere hablar de continuidad más que de grandes volantazos. En lo profesional, quiere seguir creciendo en un espacio físico propio y sostener el impulso que tuvo el año pasado, que define como “muy bueno”. Agradece a quienes confiaron en ella cuando recién empezaba y confiesa que al principio temió que las cosas no fluyan como lo hicieron.</p><p>En Puentes Enteros, su horizonte pasa por mantener unido al grupo que sostiene los proyectos y sumar apoyos privados que permitan dar aire al voluntariado, sin depender enteramente del municipio. Pero hace hincapié en la calidad humana del grupo: “Eso es lo más importante. Eso es lo que nos caracteriza, lo que nos distingue”.</p><p>Su historia todavía no tiene capítulo final. Pero si algo queda claro es que la fuerza de esa juventud que nació adentro del aula, floreció en los comités del Modelo y hoy atraviesa expedientes, asociaciones civiles y oficinas municipales, no piensa aflojar.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/M4qQh3Q5aDIEFsej9vI-A9zeNWg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/valentina_barrale.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>A los 25 años, Valentina Barrale ejerce como abogada independiente, preside Puentes Enteros -la asociación que sostiene uno de los Modelos ONU más convocantes del país- y suma horas al servicio público. Su historia une vocación temprana, compromiso civil y la certeza de que los jóvenes pueden transformar lugares que antes solo habitaban.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-01-10T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            A los 16, su primer verano en Carlos Paz: el sueño teatral de Máximo Girardi
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/a-los-16-su-primer-verano-en-carlos-paz-el-sueno-teatral-de-maximo-girardi" type="text/html" title="A los 16, su primer verano en Carlos Paz: el sueño teatral de Máximo Girardi" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/a-los-16-su-primer-verano-en-carlos-paz-el-sueno-teatral-de-maximo-girardi</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/a-los-16-su-primer-verano-en-carlos-paz-el-sueno-teatral-de-maximo-girardi">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7cOLlUy2frg_60Aq7cIS1c5Ej5Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/maximo_girardi_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Máximo Girardi tiene 16 años, es sanfrancisqueño y en 2026 cursará quinto año en el Ipet 50 “Emilio F. Olmos”, donde sigue la especialidad Maestro Mayor de Obras. Pero, además de planos y cálculos, su vida cotidiana está atravesada por otro lenguaje: el teatro. Desde hace años se forma en La Comedia San Francisco y este verano dará un paso que no es habitual a su edad: hará temporada en Villa Carlos Paz, integrando el elenco de Filomena Marturano y Chau Señor Miedo, en el Teatro Candilejas.</p><p>Llegar a la marquesina carlospacense siendo tan joven no es un dato menor. Para Máximo, significa entrar en contacto con un mundo que hasta hace poco parecía lejano, pero que hoy se vuelve concreto gracias al trabajo sostenido y al acompañamiento de una compañía con experiencia.</p>Un adolescente entre libretos y escenarios.El descubrimiento temprano de la vocación<p>“Descubrirlo como tal fue a mis 10 años”, recordó Máximo al contarle a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO cómo comenzó su vínculo con la actuación. “Ahí empecé en La Comedia San Francisco con Adrián Vocos y desde ahí no me fui más. Pero yo de chiquito siempre tenía la necesidad de expresarme”, explicó.</p><p>Esa inclinación se manifestaba incluso en la escuela primaria. “Siempre actuaba o interpretaba un personaje. Un día una señorita de la Escuela José Bernardo Iturraspe le dijo a mi mamá que yo tenía que probar hacer teatro, porque ‘yo te veo para eso’. Yo actuaba en todas las obras que se hacían en el colegio”, relató.</p><p>&nbsp;</p>La primera temporada y las emociones a flor de piel<p>Carlos Paz será, para él, su primera experiencia de temporada teatral. Y aunque se apoya en la trayectoria del grupo, sabe que el desafío es personal. “Es mi primera vez haciendo temporadas. Lo bueno es que la compañía ya tiene experiencia, hace 13 años que La Comedia San Francisco hace temporadas”, señaló.</p><p>Sobre lo que siente, no dudó: “Es una alegría muy grande, una emoción muy grande. Es hermoso, muy lindo, muy linda sensación. Pero también hay cierto nervio. Al ser la primera vez. Sobre todo alegría, que es lo que más destaco”.</p><p>&nbsp;</p>Máximo, en la obra Chau Señor Miedo.Actuar para chicos: un compromiso especial<p>Una de las obras que integrará es Chau Señor Miedo, destinada al público infantil. Para Máximo, ese tipo de teatro tiene un valor particular. “A mí me encanta porque le sacás una alegría al niño. Le creás una ilusión que le provoca alegría”, expresó.</p><p>Y agregó que no todo es diversión: “En Chau Señor Miedo hay momentos en los que se provoca miedo, pero después ese miedo se vence. Entonces es muy lindo. Me encanta generar esas sensaciones”.</p><p>Esa experiencia implica, además, una responsabilidad. “Todo teatro, toda obra deja un mensaje. Pero también hay mucha responsabilidad”, afirmó.</p><p>Cuando habla del público infantil, Máximo se detiene en una imagen que lo conmueve. “Ver la sala llena de familias me genera una satisfacción enorme, sobre todo cuando termina la obra. Los aplausos de los nenes, los gritos… el aplauso final. Esa es una sensación muy satisfactoria”, describió.</p><p>“Me siento muy bien cuando digo: al nene le gustó, le provoqué alegría. Eso es lo que más destaco y lo que más me gusta”, añadió.</p><p>En Chau Señor Miedo, interpreta a Carlos, un niño de entre 8 y 10 años que protege a su hermana menor. “Es un chico que siempre trata de estar al lado de su hermana, pero que también tiene sus miedos y busca vencerlos”, explicó.</p><p>Ese rol lo interpela de manera personal. “Yo tengo un hermano más chiquito y los que tenemos hermanos sabemos lo que es esa complicidad. No te voy a decir que no costó, pero cuando encontré el personaje me sentí muy cómodo”, confesó.</p><p>En Filomena Marturano, en cambio, encarna a uno de los hijos de la protagonista. “Es otro personaje muy lindo. Los dos son muy diferentes entre sí y eso implica un gran desafío”, sostuvo.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Aprender, mirar y soñar más lejos<p>Sobre el ritmo de la temporada y el entorno de Carlos Paz, Máximo se muestra expectante. “Hay mucho talento. Hay elencos con actores muy conocidos. Espero sentirme cómodo, saludarlos, compartir momentos y aprender. Siempre hay que dejar un lugar para aprender del otro”, dijo.</p><p>Aunque se proyecta también con estudios universitarios vinculados a su formación técnica, el teatro ocupa un lugar central en sus sueños. “Me encantaría explorar otros formatos como cine o televisión, pero siempre me siento más cómodo en el teatro”, reconoció.</p>Junto a otros artistas de La Comedia San Francisco en el lanzamiento de la temporada carlospacense.<p>&nbsp;</p><p>Agradecido por el acompañamiento familiar, no oculta una aspiración mayor: llegar algún día a la calle Corrientes. “Me gustaría mucho llegar al teatro de calle Corrientes. Esperemos que algún día se me dé”, expresó.</p><p>&nbsp;</p>Un mensaje para animarse<p>Antes de despedirse, dejó un mensaje para otros jóvenes —y no tan jóvenes— que dudan en dar el primer paso. “Siempre intentarlo. El no ya lo tenés. El teatro es hermoso, sana, alegra y provoca un montón de emociones. Que se animen, que vengan un día y prueben. Seguramente les va a gustar”, concluyó.</p><p>A los 16 años, Máximo Girardi ya sabe que los sueños no esperan a que uno crezca: se trabajan, se ensayan y, a veces, empiezan a cumplirse mucho antes de lo imaginado.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7cOLlUy2frg_60Aq7cIS1c5Ej5Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/maximo_girardi_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El sanfrancisqueño este verano será parte del elenco de dos obras en una de las plazas teatrales más importantes del país, un desafío que asume con emoción, nervios y la certeza de estar cumpliendo un sueño temprano.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-01-03T12:43:20+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            El increíble cierre de año de Milagros Nieva
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-increible-cierre-de-ano-de-milagros-nieva" type="text/html" title="El increíble cierre de año de Milagros Nieva" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-increible-cierre-de-ano-de-milagros-nieva</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-increible-cierre-de-ano-de-milagros-nieva">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7rvdOhygD3vFgN-X7dbvZlnnb4I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/milagros_nievas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay historias que se construyen a fuerza de insistencia, y la de Mili Nieva tiene esa textura de sueño que se va abriendo a pasos suaves, pero constantes. Con 25 años, después de abandonar el profesorado de primaria en cuarto año porque algo no terminaba de latirle, descubrió que su brújula no apuntaba a un aula sino a un escenario. O mejor dicho, a ese detrás de escena donde no hay luces, pero sí decisiones, corridas, logística y la adrenalina de que todo salga bien.</p><p>Desde los 15, de la mano de Adrián Vocos, aprendió lo que era moverse entre bambalinas. “Yo actuaba, pero también me metía en la producción, en las giras, en las temporadas de Carlos Paz. Fui aprendiendo observando, absorbiendo todo”, recuerda. Y ahí empezó a descubrir que lo suyo no era solamente actuar: “La producción es hacer que las cosas pasen. Todo ese trabajo que no se ve, pero sostiene lo que sí se ve”.</p><p>Ese aprendizaje autodidacta la llevó, casi sin darse cuenta, a buscar escenarios más grandes. La atracción por los eventos masivos —recitales, festivales, shows con miles de personas— la empujó a salir de la comodidad del teatro y a meterse, literalmente, “de metida” en el mundo cuartetero cordobés.</p><p>Este año trabajó con la productora que organiza La Bresh, La Wasabi y los eventos más fuertes de la escena cordobesa. Viajaba viernes, hacía pre-producción; sábado, producción; domingo, volvía “matada”. Todo por aprender. A veces cobraba, a veces no. Muchas veces pagaba hotel de su bolsillo. “Yo les decía: ‘Me banco los viáticos, pero déjenme estar ahí’. Necesitaba aprender en la cancha”, cuenta.</p><p>Y mientras tanto insistía con lo que parecía imposible: entrar a Universo Jiménez, la productora más grande del cuarteto. Llevaba currículums, se aparecía en el streaming, se asomaba a las oficinas, pedía permiso, preguntaba, volvía. Hasta que un día dejó de insistir. Había gastado todas sus energías y decidió buscar algo estable en San Francisco.</p><p>Entró a trabajar en Panacota… y una semana después, pasó lo que pasa cuando una puerta se abre justo después de que te resignaste.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;“Soy muy jimenera. Este año yo quería trabajar con Carlos”<p>También por insistencia propia llegó la posibilidad desde Circo Beat para sumarse a la producción del show de La Mona en Sportivo Belgrano. Ella ya sabía que la fecha venía en camino. Lo había presentido, deseado y, sobre todo, buscado. “Yo dije: este año quiero trabajar con Carlos”, admite.</p><p>Le dieron la parte de hospitality: camarines, comida, bebidas, clima, comodidad del artista y de todo el equipo. Un rol clave, delicado y lleno de responsabilidad. La noche de Sportivo fue un torbellino. Quince mil persona, gente queriendo colarse a los camarines, idas y vueltas, músicos, equipo técnico. “Yo dije: esto me tiene que salir perfecto, porque no sé si voy a tener otra oportunidad”.</p><p>Cuando el show terminó, pasó lo que nunca se había animado a imaginar: “Al otro día me llamaron de Universo Jiménez. Me dijeron que les había gustado cómo trabajé y me preguntaron si podía asistirlos en la producción del show de Shakira. Me tiraron Shakira de una. Yo quedé dura”.</p><p>&nbsp;</p>El sueño compartido con su papá<p>En Sportivo, Mili estaba tan desbordada que pidió refuerzos. “Llamé a mi papá para que me ayude. Le dije: ‘Pa, necesito que me des una mano con el trabajo pesado’. Y él vino, gratis, sin dudarlo”.</p><p>No sabía entonces que ese gesto iba a cambiarlo todo.</p><p>Cuando Universo Jiménez llamó para convocarla, la sorpresa fue doble: “Me dijeron: queremos que vengas vos… y si puede venir tu papá también, mejor”.</p><p>Ahí se quebró un poco. Su papá, Alberto, es fanático de La Mona desde siempre. De esos que lloran en las primeras tres canciones, donde sea. “Cuando le dije que nos llamaban para producir a Shakira, él me dijo ‘qué experiencia linda’. Pero cuando le dije que también era para ir a La Plata, al último show del año de La Mona… ahí sí, se emocionó de verdad”.</p><p>&nbsp;</p>La Plata: cinco camarines, seis palcos y un torbellino perfecto<p>El show en La Plata fue uno de los grandes eventos del año dentro del cuarteto: el cierre anual de La Mona, con toda la expectativa que eso genera. Universo Jiménez los llevó con todo cubierto: pasajes, chofer privado, hotel, movilidad interna.</p><p>“Llegamos al estadio, nos acreditaron, nos pusieron pulseras, nos dieron monopatín y handy. Era otro nivel”, cuenta.</p><p>Ella y su papá quedaron a cargo de camarines y atención personalizada. Un trabajo inmenso. Esa noche hubo músicos, técnicos, invitados especiales, artistas como LukRa y el Mono de Kapanga. Y, por si fuera poco, Chiqui Tapia y la cúpula de la AFA, Carlos Tevez y Wanchope Ávila pidiendo palcos a último momento.</p><p>“Sobreviví a seis palcos y cinco camarines. Estoy orgullosa”, dice, entre risas.</p><p>Mientras tanto, Alberto cumplía su propio sueño: “Esa noche él asistió a Carlos en camarines. Mi papá, fan jimenero desde siempre, ahí, mano a mano con él. Fue muy fuerte para nosotros”.</p><p>&nbsp;</p>El cansancio feliz y la vida que se abre<p>El esfuerzo para ese recital fue importante: el día anterior llegaron a las 10 de la mañana y se fueron pasada la medianoche. Y al día siguiente, en el show mismo, estuvieron de 9 de la mañana a 3.30 del día siguiente. Sin parar. Bebidas, comida, aire acondicionado, ropa de cambio, toallas, logística, urgencias, comunicación… todo.</p><p>Pero nunca se quejó. Al contrario: “Me entusiasma. Yo no estoy ahí para conocer al artista; estoy para aprender. Quiero ver cómo funciona todo y qué puedo sumar”.</p><p>Su papá también vivió lo suyo: pidió días licencias en Manfrey, donde trabaja hace 25 años, y se subió a una aventura que jamás imaginó. “Nosotros no nos vemos tanto, él vive en Freyre. Y de repente estábamos compartiendo viajes, hoteles y producciones. Fue muy especial”.</p><p>&nbsp;</p>Vivir esta aventura con su padre, quien le contagió su amor por La Mona, es un sueño cumplido del cual todavía no despertó.Lo que viene<p>Mientras cerraban La Plata, Mili ya tenía la cabeza en lo que venía: Shakira en Córdoba, dos fechas. Y después, el verano.</p><p>“Universo tiene contacto con Cosquín Rock. Me contaban que allá hay 70 camarines. Me da un poco de miedo, pero también me tienta”.</p><p>Cuando le preguntás por un futuro más largo, no duda: “Mi sueño es poder vivir de la producción. Me dicen loca, pero quiero giras, hoteles diferentes cada fin de semana, aprender, vivir estas aventuras. No sé si para toda la vida, pero ahora sí”.</p><p>No quiere aún su propia productora. Ahora, su norte es otro: “Quiero seguir trabajando con Universo Jiménez. Ahí aprendí, ahí me abrieron puertas. Yo dije: es por acá”.</p><p>Y mientras el año termina, ella mira todo lo que pasó como si tratara de acomodar las piezas: una pastelería, una fábrica, dos vidas comunes… y de golpe, la presencia casi divina de La Mona, Shakira, La Plata, los monopatines en el estadio, el handy, los camarines, el llanto de su papá, el sueño que se hizo real.</p><p>“Pasamos de ser simples espectadores a estar mano a mano con La Mona Jiménez”, dice, todavía incrédula.</p><p>Y para una fanática —y para una hija— no hay escenario más grande que ese.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7rvdOhygD3vFgN-X7dbvZlnnb4I=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/milagros_nievas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Autodidacta, curiosa y fanática de La Mona por herencia de su padre, Mili vivió en pocas semanas lo que parecía imposible: asistir en la organización del espectáculo de Jiménez en Sportivo Belgrano, ser convocada por la productora Universo Jiménez para el cierre del año en La Plata y, de yapa, sumarse a la producción del show de Shakira en Córdoba. Todo mientras compartía cada paso con Alberto, su papá, el mismo que siempre lloraba en cada inicio de show del ídolo cordobés.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-12-06T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Diego Lahournere: “En la emergencia nadie se salva solo”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/diego-lahournere-en-la-emergencia-nadie-se-salva-solo" type="text/html" title="Diego Lahournere: “En la emergencia nadie se salva solo”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/diego-lahournere-en-la-emergencia-nadie-se-salva-solo</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/diego-lahournere-en-la-emergencia-nadie-se-salva-solo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VsAsU_Xt7Y2t--wV2DyFlVlerPw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/diego_lahournere_medico.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el marco del Día del Médico, que se celebra cada 3 de diciembre, Diego Lahournere, referente de la emergentología de San Francisco y presidente de la Cámara de Empresas de Emergencias del Interior de Córdoba, reflexionó sobre la vocación, los desafíos actuales y el valor del equipo en un ámbito donde cada segundo importa.</p><p>La fecha funciona como un momento de pausa en medio del ritmo acelerado de la emergencia. “Esta jornada me permite detenerme un momento y reconocer la esencia de nuestra profesión: estar al servicio del otro, en cualquier circunstancia, con humanidad y responsabilidad”, expresó el médico a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. Agregó: “Es una fecha que vivo con gratitud, por lo aprendido, por lo que aún queda por aprender, por quienes guiaron mi camino y por quienes acompañan la tarea diaria”. Para Lahournere, la emergentología ofrece una satisfacción única que es lograr el objetivo más noble: darle a alguien otra oportunidad.</p><p>La vocación está puesta a prueba todos los días. El médico de emergencias no puede permitirse la indiferencia: “se es o no se es”. En este sentido, Lahournere ratifica que el compromiso en la medicina no se mide por cantidad de tareas sino por calidad de entrega. Tomar decisiones en segundos, sostener emocionalmente a familias enteras y actuar con precisión incluso en los escenarios más adversos forman parte del ADN de la especialidad. Hoy, además de atender, también le toca “guiar, acompañar, enseñar y gestionar”, funciones que considera inseparables cuando se busca que un sistema sanitario ofrezca respuestas reales.</p><p>En ese camino, el trabajo en equipo ocupa un lugar central. “En la emergencia nadie se salva solo”, argumentó. Paramédicos, choferes, enfermeros, operadores, administrativos y médicos conforman un engranaje que debe funcionar en absoluta sincronía. Cada intervención exitosa “refleja el esfuerzo colectivo”. Además, extiende esta mirada a todos los ámbitos donde pueden surgir urgencias: una guardia, un consultorio, un centro de salud o incluso la vía pública. En todos esos escenarios, los médicos son quienes deben sostener la primera respuesta.</p><p>Con respecto a su trayectoria, la resumió en tres pilares: humildad, empatía y respeto. Humildad para aceptar que el aprendizaje es permanente y que cada paciente tiene algo para enseñar. Empatía para acompañar más allá de la técnica, porque “una palabra tranquila puede contener más que cualquier medicación”. Y respeto por los vínculos humanos y profesionales, que considera esenciales para el bienestar del paciente.</p><p>Entre las experiencias que marcaron su manera de ejercer, Lahournere elige aquellas en las que “una palabra serena sostuvo a una familia en medio del caos, en las que un gesto humano hizo más que cualquier medicación”. Recuerdos que reafirman que antes que técnicos son personas acompañando a otras personas en sus peores momentos. “Podés ser el mejor profesional, dominar cada protocolo, pero la empatía sigue siendo la herramienta más poderosa”, sostuvo. A su entender, escuchar, acompañar o simplemente estar presente puede satisfacer necesidades que ninguna intervención técnica alcanza.</p><p>El contexto actual, sin embargo, presenta desafíos complejos. Sistemas saturados, desgaste emocional, violencia hacia el personal de salud y recursos insuficientes atraviesan la tarea cotidiana. En ese escenario, el Día del Médico adquiere un significado especial. “Es un recordatorio de que debemos cuidar también a quienes cuidan”, manifestó. A esa presión se suma el impacto de nuevas tecnologías, la inteligencia artificial y la telemedicina. Herramientas útiles, pero que nunca reemplazarán la sensibilidad y el criterio humano. “Detrás de cada decisión siempre habrá una firma humana. Eso no será fácil de reemplazar. Yo, al menos, no lo veré”, añadió.</p>Desafíos y humanidad en la primera línea.&nbsp;<p>Su mensaje para quienes recién comienzan, especialmente quienes eligen la emergentología, es claro: no medir el camino por la cantidad de tareas, sino por la calidad de la formación y el compromiso. Define a la especialidad como “de trinchera”, donde cada minuto importa y las decisiones pueden cambiar destinos. Por eso insiste en la capacitación constante y en elegir la especialidad con responsabilidad. También subraya la necesidad de fortalecer áreas críticas, como emergencias, terapias intensivas, guardias pediátricas, porque, si se descuidan, “quienes pierden son los pacientes”.</p><p>A su vez, añadió: “No enamoraremos a las nuevas generaciones de una especialidad tan demandante si el sistema les pone más obstáculos que oportunidades”. Creer que dificultar el acceso forma mejores profesionales es, para él, un error. “Solo genera menos médicos, más cansados y más desilusionados”, señaló.</p><p>En este punto, el médico vuelve sobre una idea que atraviesa toda su mirada: la identidad profesional se construye en los vínculos. Lahournere remarca que los lazos con colegas, docentes, equipos de trabajo y pacientes son los que sostienen la motivación incluso en los momentos de mayor desgaste. Para él, la medicina se aprende tanto en los libros como en la interacción humana, porque es en esa relación donde el profesional comprende el impacto real de su tarea.</p><p>En la emergentología, Lahournere asegura que las situaciones límite obligan a revisar constantemente la manera de actuar y de acompañar. Cada caso es singular y obliga a ajustar miradas, a mejorar procesos y a reforzar la importancia de la escucha. Ese ejercicio permanente y es parte esencial del crecimiento del médico, sobre todo en las especialidades críticas.</p><p>Para concluir, dejó un mensaje colectivo: “Un saludo profundo a quienes ejercen una profesión tan interpelada como imprescindible. A quienes siguen eligiendo ser médicos incluso frente a la adversidad, a quienes sostienen el sistema con vocación, entrega y humanidad”.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/VsAsU_Xt7Y2t--wV2DyFlVlerPw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/diego_lahournere_medico.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El profesional reflexionó sobre la vocación, el trabajo en equipo y los desafíos de la emergentología. Destaca que cada decisión en urgencias requiere compromiso, empatía y coordinación entre todos los profesionales.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-11-29T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            El viaje musical de Alejo Giampieri: “No es fácil, pero nunca descarto hacer lo que me gusta”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-viaje-musical-de-alejo-giampieri-no-es-facil-pero-nunca-descarto-hacer-lo-que-me-gusta" type="text/html" title="El viaje musical de Alejo Giampieri: “No es fácil, pero nunca descarto hacer lo que me gusta”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-viaje-musical-de-alejo-giampieri-no-es-facil-pero-nunca-descarto-hacer-lo-que-me-gusta</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-viaje-musical-de-alejo-giampieri-no-es-facil-pero-nunca-descarto-hacer-lo-que-me-gusta">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vrgNNM0IyMCN0vTZ3K2bR7OxTwU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/alejo_giampieri.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay historias que parecen anunciarse mucho antes de que sus protagonistas puedan comprenderlas. En el caso de Alejo Giampieri, ese anuncio llegó en forma de melodías espontáneas que escapaban sin aviso. “Siempre me cuentan una anécdota”, recuerda entre risas, antes de ponerse serio. “De chiquito cantaba en la ducha. Mi abuelo me veía en el patio y pensaba que hablaba solo, y mi mamá le decía: ‘no, está cantando’. Entonces siento que inconscientemente ya había cosas de uno”.</p><p>La música apareció antes que la memoria. En su familia evocan también una pequeña batería que tuvo de niño y que él, incluso ahora, no alcanza a recordar. Entre ese patio y esos primeros sonidos se fue moldeando una sensibilidad que luego encontró forma en espacios fundamentales de su infancia artística: la academia El Faro de Rossana Pampiglione, el Conservatorio “Arturo Berutti”, las clases de piano con Leo Verra y el teatro con Verónica Gieco y Carlos Pioli en “La Puerta”. Cada docente, cada escenario y cada ejercicio se transformaron en cimientos de un recorrido que no siempre fue lineal, pero sí profundamente emotivo.</p>Un músico que creció entre voces, patios y primeras melodías.<p>&nbsp;</p><p>Su amor por la música también se alimentó de ídolos tempranos. No era común que un niño consumiera ópera con tanta naturalidad, pero él lo hacía. “De chico me gustaba mucho Luciano Pavarotti, los Tres Tenores, escuchar ópera, música clásica”, confiesa a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. Y, como un hilo que une épocas, suma una referencia que se volvió determinante: “A mí me gusta mucho Queen. Siempre sentí que Freddie Mercury me abrió el paradigma del show, de las armonías, de la creatividad”.</p>&nbsp;El salto a Córdoba<p>&nbsp;Hoy, con 21 años, Alejo vive en la ciudad de Córdoba, donde estudia las carreras de Vocalista Superior, Tecnicatura en Piano e Instrumentista Superior en la prestigiosa escuela La Colmena. Ese cambio geográfico y emocional fue un quiebre en su vida. “Fue como un mundo aparte”, reconoce. “Me encontré con amigos, con artistas increíbles. En Córdoba hay espacios donde uno puede desarrollarse, y hay músicos independientes que son muy virtuosos, pero que por ahí no tienen el reconocimiento que merecen. Eso te abre la cabeza”.</p><p>&nbsp;Ese “mundo aparte” también significó recalibrar su identidad artística. En Córdoba, donde la escena independiente vibra sin pedir permiso, Alejo encontró no solo referentes, sino también un espejo: jóvenes que, como él, estudian, crean, componen y dudan. Sobre todo dudan. Y es en esa duda –esa mezcla de vértigo y deseo– donde, a veces, nacen las canciones más honestas.</p>&nbsp;“Destino”: la canción escrita en 20 minutos que terminó marcándolo<p>&nbsp;Su nuevo tema, “Destino”, surgió casi sin aviso. La historia empezó con una amiga que le pasó el contacto de Marcelo Predacino, guitarrista y director musical de la banda de Abel Pintos, además de productor y compositor. Alejo viajó a San Telmo, Buenos Aires, y allí se encontró con un equipo que le dio forma profesional a algo que comenzó siendo apenas una intuición.</p><p>“Es mi primer tema”, cuenta. “Trabajé con los colaboradores de Marcelo y ahí surgió poder hacer este último tema”. Aunque la canción pasó por un proceso de producción detallado, su origen fue casi impulsivo. “Lo escribí en 15 o 20 minutos”, admite sorprendido por su propio impulso. “Me pasa que me surge más la melodía que la letra, entonces tenía que poner palabras a todo eso que me pasaba. Fue un desafío muy lindo”.</p><p>&nbsp;“Está bueno integrar géneros. No olvidarse de las raíces”</p><p>&nbsp;</p><p>El nombre del tema, curiosamente, no fue decisión propia. “Fue gracias a mi hermano”, dice sonriendo. “Yo estaba medio terco, no sabía si realmente era la canción. Y él me dijo: ‘está muy bueno, tiene un gran estribillo’. Y me terminó convenciendo”. Con el tiempo comprendió que el título tenía sentido emocional: parte de la letra refleja su propia forma de transitar los cambios, las incertidumbres y esa mezcla de melancolía y romanticismo que aparece en su música. “Siento que es autorreferencial en algunas cosas”, admite. “Hay melancolía, tristeza, pero también algo romántico. Eso aparece acompañado por la música, y está muy bueno”.</p>La búsqueda de una voz propia<p>En esta etapa, Alejo trabaja en un sonido que combina sus raíces líricas con la energía pop que hoy vibra en la escena nacional. “En este tema uso una voz completamente distinta a lo que hacía antes”, asegura. Sus primeros años de formación, marcados por el canto lírico, contrastan con la estética actual de su música. “Yo siento que mi voz va tirando a los 2000, tipo Tan Biónica, Miranda. Tiene ese estilo”.</p><p>&nbsp;La transición entre estilos también lo transformó como oyente. “Consumo música de manera distinta desde que empecé a hacer música”, dice. Dejó atrás prejuicios y se abrió a una escucha más diversa. “Es animarse a escuchar lo que el otro te muestra. Si a todos nos gustara lo mismo, sería aburrido”, reflexiona.</p><p>&nbsp;</p>Rituales nocturnos<p>Hay artistas que escriben de día, en cafés o estudios. Alejo no. Él compone en la noche, cuando el silencio baja y la intuición sube. “Mi mamá y mi papá piensan que soy un murciélago”, bromea. “Me activo a la noche. A veces me surge cuando me estoy bañando. Me grabo melodías con el celular. Armo armonías en mi cabeza, me imagino una banda completa. Ese es mi ritual”.</p><p>En esa intimidad nocturna aparecen sensaciones, palabras, ritmos. Y también dudas. Pero es justamente esa vulnerabilidad la que le permite convertir su mundo interno en canciones.</p><p>No todo es inspiración. En la música, como en casi todas las búsquedas profundas, también hay renuncias. Alejo lo sabe. “No es un camino fácil”, reconoce. “Pero nunca descarto la idea de hacer lo que me gusta. Es una vida y hay que valorar lo que estamos haciendo ahora. No cumplir el sueño de otro, sino el de uno”.</p><p>Esa convicción explica también su ambición: “Soy muy ambicioso. Me encantaría estar en un estadio lleno de gente”, confiesa sin miedo a sonar pretencioso. Es un deseo sincero, que convive con una larga lista de artistas con los que soñaría colaborar: Oasis, Brian May y Roger Taylor, Charly García, Dante Spinetta, Duki, Milo J, Bizarrap, Paulo Londra, Shakira. Nombres que hablan tanto de sus influencias como de su amplitud estética.</p><p>Alejo observa con atención lo que pasa en la escena nacional. No sólo escucha: estudia, analiza, piensa. “Mucho se habla del underground”, reflexiona. “Hay pibes que producen desde su casa y están en la búsqueda de un nuevo sonido que pueda marcar tendencia”. Le interesa, especialmente, la convivencia entre lo actual y lo tradicional. Menciona el trabajo de Milo J, quien recupera elementos folclóricos y los mezcla con el sonido urbano. “Está bueno integrar géneros. No olvidarse de las raíces”, afirma.</p><p>&nbsp;</p><p>“A veces las inspiración surge cuando me estoy bañando. Me grabo melodías con el celular. Armo armonías en mi cabeza, me imagino una banda completa”.</p><p>&nbsp;</p><p>También advierte que el consumo musical se transformó: ahora todo es inmediato. Las redes sociales, el ritmo frenético de TikTok, la necesidad de mostrar contenido constante. En ese contexto, Alejo valora cuando aparece “una obra compleja que intenta romper”. Para él, allí también se juega el futuro de la música argentina.</p><p>Antes de cerrar, Alejo deja una reflexión para quienes lo escuchan: “Espero que disfruten de mi primer lanzamiento, Destino, y que sean felices con lo que escuchan. Que se sientan identificados, que bailen con sus amigos y sus familias. El amor es todo lo que importa”. Esa frase parece sintetizar no sólo la intención de su música, sino también su propia historia: un recorrido hecho de intuiciones, de noches en vela, de melodías que llegan sin aviso y de emociones que buscan transformarse en canciones.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vrgNNM0IyMCN0vTZ3K2bR7OxTwU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/alejo_giampieri.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con 21 años, el sanfrancisqueño atraviesa uno de los momentos más intensos de su camino musical. Radicado en Córdoba, acaba de lanzar “Destino”, su primer tema y videoclip. El joven artista reconstruye un recorrido lleno de emociones y descubrimientos.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-11-22T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Daniela Cassina: “No alcanza con dar aviso, compromiso es lo que se necesita”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/daniela-cassina-no-alcanza-con-dar-aviso-compromiso-es-lo-que-se-necesita" type="text/html" title="Daniela Cassina: “No alcanza con dar aviso, compromiso es lo que se necesita”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/daniela-cassina-no-alcanza-con-dar-aviso-compromiso-es-lo-que-se-necesita</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/daniela-cassina-no-alcanza-con-dar-aviso-compromiso-es-lo-que-se-necesita">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nXH6zraZiCZT_hQR9IZASHhehuU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/daniela_cassina.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>En el mundo del rescate animal, donde la urgencia y la sensibilidad se entrelazan, Daniela Cassina encontró una manera de transformar su experiencia en enseñanza. Nacida en Esperanza (Santa Fe) el 12 de mayo de 1980, hija de un veterinario y una docente, heredó el amor por los animales y el valor de transmitir conocimiento. Graduada en la Facultad de Ciencias Veterinarias de Esperanza en 2005, con una beca en Brasil y años de trabajo en la clínica familiar, Cassina combinó su vocación profesional con un profundo compromiso social.</p><p>Fue integrante de la ONG Refugio de Mascotas, dictó charlas de tenencia responsable a más de 3.000 niños y participó en programas radiales. Hoy, desde su clínica privada, continúa formando a colegas y difundiendo valores de respeto hacia los animales. Diez años después de haber escrito su obra, finalmente su manual para el rescate ve la luz bajo un título tan simbólico como revelador: “Entrenando humanos”.&nbsp; La autora destaca el trabajo de edición de Carolina Astegiano y el aporte de Marco Puricelli.</p><p>&nbsp;Antes de su presentación en la Feria del Libro de San Francisco —este domingo 9 a las 19 en el Superdomo— dialogó con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO sobre el camino recorrido y la intención detrás del libro.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;—¿Qué la llevó a escribir un libro?</p><p>&nbsp;Durante mucho tiempo fui no solo veterinaria, sino también rescatista. Estaba en los dos lados: el de poner las manos en acción y el de asistir profesionalmente. En 2015 atravesaba un momento de salud difícil, producto del desgaste emocional de esa realidad. Sentí que ya no podía estar tan “en la trinchera”, como digo yo. Entonces pensé en dejar un legado, una herramienta para que cualquier persona que quiera ayudar sepa cómo hacerlo. Así nació el libro: como un manual instructivo, pero también como un espacio donde las historias muestran que hay un antes y un después para cada animal rescatado. Mi objetivo fue aliviar un poco el trabajo voluntario de quienes se dedican a esto, porque la mayoría lo hace sin recursos ni descanso. Escribir fue mi manera de seguir ayudando, aunque no pudiera estar físicamente en cada rescate.</p><p>&nbsp;</p>“Entrenando humanos”, el libro que enseña a mirar, actuar y comprometerse.<p>&nbsp;—Su historia personal fue entonces el punto de partida…</p><p>&nbsp;Exactamente. Cuando ya no pude estar tan presente en el rescate, decidí “entrenar” a otros para hacerlo. Por eso el libro combina lo técnico con lo emocional. Tiene bases científicas, claro, pero también está atravesado por la sensibilidad que uno desarrolla al vivirlo. La parte emocional fue la que me impulsó a escribir, sin dudas.</p><p>&nbsp;</p><p>—¿A quién está dirigido? Si tuviera que resumir su mensaje en una frase, ¿cuál sería?</p><p>&nbsp;Está pensado para todos. Puede leerlo un profesional, un adoptante o alguien que solo quiere saber cómo actuar frente a un animal en la calle. Mi tío me dijo algo muy lindo: que el libro debería leerse de atrás para adelante, porque si uno empieza por las historias, inevitablemente va a querer aprender lo que enseño al principio. Si tuviera que resumirlo en una frase, sería: “No des solo aviso de lo que estás viendo; compromiso es lo que se necesita”. Si no podés asistir al animal, buscá quién pueda hacerlo y acompañá el proceso. Tomar la posta ya es un acto de ayuda.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;—¿Cómo se relaciona el trato hacia los animales con una sociedad más empática?</p><p>&nbsp;Totalmente. Cuando uno conoce, ya no puede mirar hacia otro lado. Ignorar puede ser involuntario, pero una vez que sabés cómo actuar, la responsabilidad es tuya. Por eso creo que este tipo de conocimiento transforma. Educa la mirada, y una sociedad empática empieza por entender que la vida —humana o animal— merece respeto.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>"No des sólo aviso de lo que estás viendo, compromiso es lo que se necesita, y se valora como ayuda. Si no podés asistirlo vos, y alguien más puede, tomá la posta del caso, es más que suficiente"</p><p>&nbsp;</p><p>—¿Cree que la educación sobre bienestar animal debería enseñarse en las escuelas?</p><p>&nbsp;Sin dudas. Ese fue mi primer proyecto: que el libro llegara a los colegios. En su momento incluso pensé en un censo para saber cuántos animales hay por barrio, y así intervenir mejor. Es un material escrito en un lenguaje muy claro, accesible, para que cualquier persona pueda comprenderlo. Los chicos son los primeros que pueden aprender y replicar una conducta responsable.</p><p>&nbsp;</p><p>—El proceso de escritura fue científico y también emocional…</p><p>&nbsp;Sí. Está todo detallado: qué hacer si encontrás cachorros sin dientes, cómo alimentarlos, cómo improvisar una leche casera si no tenés la fórmula veterinaria. Es un libro de herramientas, no de diagnósticos. No pretende reemplazar al veterinario, sino enseñar qué pasos seguir hasta que llegue la asistencia profesional. Es una guía para actuar con responsabilidad, no para jugar a ser veterinario.</p><p>&nbsp;</p><p>—El título “Entrenando humanos” llama la atención. ¿Por qué lo eligió?</p><p>Porque en realidad somos nosotros los que tenemos que entrenarnos. No los animales. El libro busca eso: enseñar a actuar, a comprometernos, a aliviar el peso que cargan los rescatistas voluntarios. Nadie trabaja de esto, lo hacen por amor. Por eso digo que es un manual para que nadie diga “yo no sabría cómo hacerlo”. Saber implica poder involucrarse, y eso es lo que intento despertar.</p><p>&nbsp;</p><p>—¿Qué impacto emocional tiene la adopción, especialmente en niños o adultos mayores?</p><p>Enorme. Durante años di charlas de tenencia responsable y vi cómo cambia la vida de una persona al incorporar un animal. Con el doctor Rubén Gioíno hicimos un proyecto llamado “Dos adultos, una ayuda mutua” en el Club de Abuelos. Promovíamos la adopción de animales adultos porque el vínculo mejora la salud física, mental y emocional de las personas mayores. Caminar, tener compañía, compartir afecto… todo eso incide directamente en el bienestar humano.</p><p>&nbsp;</p>Cassina: "Adoptar no es un acto pasajero. No se adopta un cachorro para Navidad o porque está de moda. Es un compromiso de toda la vida del animal”.&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>—¿Qué entiende por vínculo responsable entre una persona y su mascota?</p><p>&nbsp;Responsabilidad es saber que adoptar no es un acto pasajero. No se adopta un cachorro para Navidad o porque está de moda. Es un compromiso de toda la vida del animal, diez, quince o veinte años. En el libro insisto mucho en eso: el amor no es suficiente si no va acompañado de responsabilidad. Hay que pensar en el futuro de ese ser que depende de vos.</p><p>&nbsp;</p><p>—¿Y qué diferencia encuentra entre adoptar y comprar, más allá del aspecto económico?</p><p>&nbsp;Más que una diferencia, hay un sentido. Yo no estoy de acuerdo con la compra de animales, pero no juzgo a quien lo hace. Creo que la verdadera diferencia es el impacto que uno genera en la vida del animal que adopta. El adoptado es agradecido, te mira de otra forma. Es como si supiera que le diste una segunda oportunidad. Eso lo hace único.</p><p>&nbsp;</p><p>—¿Qué mitos o errores persisten en torno a la adopción?</p><p>&nbsp;Hay muchos, pero hay uno muy llamativo: los perros negros son los menos adoptados. Es algo que se repite por prejuicios estéticos. También los adultos, que esperan años en los refugios. A veces basta una semana en un hogar para que recuperen la energía, el brillo en la mirada. Esos casos muestran que el amor y el cuidado transforman. Por eso hay que seguir fomentando la adopción responsable y sin discriminaciones.</p><p>&nbsp;</p><p>—Algunas personas critican “humanizar” a las mascotas. ¿Qué piensa?</p><p>&nbsp;Yo tengo “perrijos”. Entiendo perfectamente que hay una diferencia entre un hijo humano y uno perruno, pero también sé que el amor no se mide por especie. No soy madre, pero me considero una mamá interespecie. Mis animales duermen conmigo, viajan conmigo. Mientras haya respeto y se cubran sus necesidades de acuerdo a su naturaleza, no veo nada de malo en tratarlos con ternura.</p><p>&nbsp;</p><p>—¿Por qué cree que a algunos todavía les cuesta tanto asumir que una mascota no es un objeto ni un capricho?</p><p>&nbsp;Porque cada persona tiene una realidad distinta. No me meto en cómo otros eligen vivir con sus animales mientras no haya maltrato. Pero sí me duele escuchar frases como “voy a tu casa, ¿podés sacar al perro?”. No es un objeto que se puede mover o reemplazar. Es un integrante de la familia. Y eso hay que empezar a asumirlo con naturalidad.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>“Me duele escuchar frases como ‘voy a tu casa, ¿podés sacar al perro?’ &nbsp;Es un integrante de la familia. Y eso hay que empezar a asumirlo con naturalidad”, dijo Cassina.&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>—En los últimos años crecieron los espacios “pet friendly”. ¿Nota un cambio cultural?</p><p>&nbsp;Sí, y me parece hermoso. Si hablamos de inclusión, debe ser para todos, también para los animales que conviven con nosotros. Hoy se habla de “tutores” en lugar de “dueños”, y aunque yo prefiero decir “familiares”, el concepto es el mismo: somos responsables de su bienestar. La educación y el respeto son la base de esa convivencia. Saber dónde, cómo y con quién está, es lo que marca la diferencia. Muchas veces se critica a quienes dan animales en adopción porque preguntan si uno tiene casa propia o un patio cerrado. Pero esas son preguntas necesarias, porque todavía pasa que mucha gente adopta un animal solo porque es un cachorrito, porque le gusta por un tiempito, y después no se hace cargo del compromiso que implica.</p><p>&nbsp;</p><p>—¿Qué le diría a alguien que perdió a su mascota y no se anima a adoptar de nuevo?</p><p>&nbsp;Que lea un texto que se titula “Carta abierta de un animal a su dueño”. En ella, el perro dice que no hay que dejar vacío su lugar, que otro ser puede ocuparlo, no para reemplazarlo, sino para continuar el amor. Y es así: el nuevo integrante no borra al que se fue, lo honra. Muchas veces decimos “no quiero sufrir más”, pero la vida siempre termina poniendo en tu camino al animal que necesitás.</p><p>&nbsp;</p>Una guía para actuar desde el corazón<p>&nbsp;Con la voz serena y la convicción de quien ha visto tanto dolor como gratitud en los ojos de un animal rescatado, Daniela Cassina propone un cambio de mirada. “Entrenando humanos” no es solo un manual, sino una invitación a actuar con empatía, a entender que el compromiso ciudadano no se limita a “dar aviso”, sino a hacerse parte.</p><p>&nbsp;En un contexto donde los refugios se llenan y los voluntarios se multiplican sin descanso, su mensaje resuena con fuerza: ayudar también es aprender a hacer, enseñar a mirar y compartir responsabilidad.</p><p>&nbsp;El domingo, cuando el libro finalmente se presente en la Feria del Libro de San Francisco, Cassina no solo compartirá páginas, sino una filosofía: la de quienes eligen transformar el dolor en acción, el cansancio en enseñanza, y la compasión en una forma de vida.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nXH6zraZiCZT_hQR9IZASHhehuU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/daniela_cassina.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La veterinaria presentará su primer libro “Entrenando humanos” en la 8ª Feria del Libro de San Francisco. La obra nació de su experiencia en el rescate de animales y busca aliviar la tarea voluntaria de quienes ayudan, ofreciendo herramientas prácticas y un mensaje profundo: la empatía y el compromiso son claves para construir una sociedad más consciente y compasiva.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-11-08T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            “Sentí que todo era posible”: Juan Pablo Moyano, el bailarín sanfrancisqueño que brilla junto a Tini
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/senti-que-todo-era-posible-juan-pablo-moyano-el-bailarin-sanfrancisqueno-que-brilla-junto-a-tini" type="text/html" title="“Sentí que todo era posible”: Juan Pablo Moyano, el bailarín sanfrancisqueño que brilla junto a Tini" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/senti-que-todo-era-posible-juan-pablo-moyano-el-bailarin-sanfrancisqueno-que-brilla-junto-a-tini</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/senti-que-todo-era-posible-juan-pablo-moyano-el-bailarin-sanfrancisqueno-que-brilla-junto-a-tini">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zswuqWX0XmDYbmm0bCFMNB5su_Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/moyano_posta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tini Stoessel deslumbra con su nuevo show Futttura en Tecnópolis, una puesta que recorre todas las etapas de su carrera y que combina música, despliegue visual y más de treinta coreografías arriba del escenario. En ese elenco que vibra al ritmo del pop nacional hay un sanfrancisqueño que no pasa desapercibido: Juan Pablo Moyano, de 24 años, formado en Kandela Academia de Baile y decidido a que la danza sea su vida desde muy chico.</p><p>Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO habló con él en medio de una rutina intensa y llena de sueños en movimiento. El bailarín se muestra agradecido y consciente del lugar que ocupa: bailar junto a artistas como Tini, Emilia Mernes o Lali Espósito no es solo una oportunidad profesional. Es la confirmación de todo lo que viene construyendo desde los ocho años, cuando descubrió que bailar era su forma de sentirse pleno.</p><p>“Yo era un niño y recuerdo que lo único que identificaba era que había algo del movimiento que me gustaba mucho. Me aferré a lo que tenía cerca y me hacía bien”, cuenta. Ese primer lugar fue la academia de Darío Búrgenes, a quien define sin dudar como “un gran maestro para mí”.</p><p>&nbsp;</p>Un casting de 200 bailarines y 30 elegidos<p>Con respecto a su llegada al staff de Futttura, Juan relata un proceso exigente: “El proceso de selección fue un casting bastante arduo. Fuimos 200 bailarines casteados en dos giras diferentes. Fuimos atravesando varios filtros hasta llegar a una última instancia con unos 60 seleccionados. Finalmente quedamos oficialmente 30 para este show que se está dando ahora”.</p><p>Hoy, el elenco ensaya y se presenta con un nivel de trabajo que representa una verdadera entrega corporal y emocional: “Ya van casi dos meses de ensayo. Ensayamos de lunes a viernes de 10 a 18. Es un proceso muy grande que incluye los ocho shows, catering, etc. Somos un equipo gigante”.</p><p>&nbsp;</p>El sueño en movimiento. El bailarín local que conquista al público con Tini.Una montaña rusa emocional<p>Futttura no es un concierto tradicional. Tiene formato de festival, una narrativa propia y tres horas de adrenalina continua: “Este show es un gran despliegue. Es muy largo y es realmente una montaña rusa intensa. Pasás por momentos muy arriba, momentos abajo, otros de más locura y después de más alegría”, explica.</p><p>También destaca una transformación escénica que viven los bailarines: “Empezamos siendo un personaje y vamos renaciendo durante el show hasta llegar al final con nuestra versión más auténtica”.</p><p>Siente que esa intensidad es un espejo donde se ve más fuerte: “Hay algo maximizante. Uno se siente libre, feliz. Este proceso me agarra con intenciones personales de confiar más en mi autenticidad, en mi artista. Estoy para ofrendar eso”.</p><p>La preparación previa es un ritual importante: buena alimentación, descanso, llegar horas antes al lugar, pruebas, estilismo, maquillajes, pelucas, vestuarios. “Siempre hay que tener tiempo para los imprevistos”, dice entre risas.</p><p>La primera vez que pisó un escenario masivo junto a artistas tan reconocidas, hubo un click: “Sentí que todo era posible, literal, por más cliché que suene. Ver la potencia de un artista así, como su mundo ha conquistado tantas cosas, te hace confiar en lo que tenés para dar”.</p><p>Ese aprendizaje se traduce en una búsqueda más profunda: “Entendí que mi misión no es hacer bien las coreografías, sino sentirlas. Interpretar y transmitir lo que está diseñado para impactar en el público. Somos un canal que conecta la emoción con la gente”.</p><p>El público lo conmueve siempre. No lo dice como frase hecha. Se le nota en la voz: “Cada show es un mimo a mi niño. Hay muchas revueltas emocionales”.</p><p>&nbsp;</p>El origen: San Francisco como raíz<p>Volver a su ciudad natal es conectar con su esencia: “Es muy lindo para mí. Está mi familia y son un pilar fundamental. Siento el cariño de la gente que reconoce el valor de que una persona de la ciudad haya recorrido algunos lugares. Me han hecho saber que eso les daba esperanza”.</p><p>No olvida a quienes lo vieron crecer. “Darío fue el primero que me ayudó a reconocerme. Alimentó mis ganas cuando ya sentía que la ciudad no me alcanzaba para seguir aprendiendo”.</p><p>&nbsp;</p>El desafío de hacer camino lejos de casa<p>Mudarse a Buenos Aires fue un salto al vacío con convicción: “Lo más desafiante fue estar solo. Tenés que armarte de quién sos. La autoestima es clave. Yo salí siendo un adolescente, buscando algo que no entendía del todo. Un día me reconocí nuevo en la ciudad y me dije: es normal sentirme así. Estoy abriendo espacios”.</p><p>A pesar de la exposición del medio artístico, cuida su norte: “El nivel creció muchísimo en Argentina, pero también creció la superficialidad. Siempre voy a celebrar que alguien se acerque al arte, pero a veces se usa para cosas superficiales y se subestima su poder”.</p><p>Juan brilló en Got Talent Argentina en 2023. Quiere que esas oportunidades sigan abriéndose a más jóvenes: “Cualquier medio de visibilidad es buenísimo. Muestra diversidad, incomoda a veces, pero transforma. Te ayuda a que tu mensaje llegue a quien tiene que llegar”.</p><p>Asegura que siempre se ha sentido valorado como parte esencial del show: “El cuerpo de baile es fundamental para la comunicación del artista. Por eso ensayamos tanto y se pone tanta atención en lo artístico”.</p><p>&nbsp;</p><p>Invita a animarse, sin buscar excusas: “No creer que tienen que darse los factores ideales. Si tengo ganas de hacer algo hoy, con lo que esté en mi presente, tendría que poder conectar. Esforzarse. Las cosas aparecen cuando uno tiene el valor”.</p>&nbsp;“La chispa es la misma, estés donde estés”<p>Para quienes creen que “desde acá no se puede”, su mensaje se vuelve casi un abrazo: “Un consejo es entender que realmente somos iguales. La chispa que hoy te late adentro es la misma que tiene la persona que admirás. Solo necesita la leña adecuada”.</p>Ese futuro que ya empezó<p>Tiene más sueños y mucho que crear: “Hay un deseo de plasmar una visión propia en proyectos. Ser director de algo que me conmueva de la vida y transmitir un mensaje. Va más allá de la danza”.</p><p>Juan siente que recién comienza. Desde San Francisco hasta el escenario donde miles cantan al unísono, dejó claro que no hay distancia que pueda frenar un deseo persistente.</p><p>Cada noche, cuando el escenario se enciende y la música lo sacude por dentro, recuerda aquella primera sensación: que bailar puede cambiarlo todo; que soñar es apenas el primer paso; que todo es posible.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zswuqWX0XmDYbmm0bCFMNB5su_Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/moyano_posta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Con solo 24 años, se ganó su lugar en el staff de bailarines del show Futttura de Tini Stoessel. Desde Buenos Aires, cuenta cómo vive esta experiencia que le confirmó que “todo es posible” cuando se sigue el deseo]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-11-01T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Al “Burro” no hay quien no lo conozca: “Mi vida transcurrió toda acá adentro”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/al-burro-no-hay-quien-no-lo-conozca-mi-vida-transcurrio-toda-aca-adentro" type="text/html" title="Al “Burro” no hay quien no lo conozca: “Mi vida transcurrió toda acá adentro”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/al-burro-no-hay-quien-no-lo-conozca-mi-vida-transcurrio-toda-aca-adentro</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/al-burro-no-hay-quien-no-lo-conozca-mi-vida-transcurrio-toda-aca-adentro">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NnZim8wAitNcv65FLhgF3GyjyYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/burro_navarro_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>No hay quien no lo conozca. En San Francisco, si se habla de Todo Sanitarios, inevitablemente se habla de él. Marcelo Daniel Navarro, aunque todos lo llaman “Burro”, tiene 55 años y lleva 39 trabajando en la misma empresa, líder en el rubro de la construcción. Es, como muchos clientes lo describen, el alma del negocio: esa persona que siempre tiene una respuesta, una solución o al menos una palabra amable para quien entra por la puerta.</p><p>&nbsp;“Yo creo que todo empieza desde la cabeza, desde arriba”, dice con convicción. “La familia Bossa, ya en su segunda generación, siempre me dejó trabajar con tranquilidad, darles soluciones a los clientes. Entonces uno trabaja distinto, con más confianza, porque sabés que los dueños confían en vos”. Esa confianza, asegura, fue el motor que lo acompañó durante casi cuatro décadas.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Un equipo que se siente como familia<p>&nbsp;Marcelo habla de su trabajo con una mezcla de orgullo y gratitud. “Nosotros trabajamos con total tranquilidad –insiste–. Los dueños depositan total confianza. Y hoy lo mismo pasa con los hijos que están en la empresa”. Esa relación de respeto mutuo y compañerismo se refleja también en la forma en que describe a sus colegas: “La gente que tengo alrededor mío es lo más sagrado que tiene el negocio, porque son toda gente de primera, uno mejor que otro”.</p><p>&nbsp;A lo largo de los años, el “Burro” se convirtió también en guía para quienes se suman al equipo. Con humildad, dice que su manera de enseñar es con el ejemplo: “Se trata de enseñar con el ejemplo del otro. El equipo está armado muy bien, y uno tiene que ser flexible, marcar el error si lo hay, pero también aprender de los compañeros”.</p><p>&nbsp;</p>Marcelo junto a sus compañeros de todos los días.<p>Cuando le preguntan cuál es el secreto para ganarse la confianza de los clientes, no duda en responder: “La gente confía mucho en la empresa. Es un negocio en el que no te podés equivocar, porque si vendés algo que no sirve, la gente no vuelve. Confían en Todo Sanitarios, esa es la pura realidad”.</p><p>&nbsp;Esa confianza, asegura, se construye todos los días: “Acá no es que te vendo y me olvido. No, no. La responsabilidad sigue. Eso nos lo inculcaron siempre los jefes. La venta no termina en el mostrador: hay que seguir al cliente, acompañarlo, estar”.</p><p>&nbsp;Marcelo siente que la atención al público cambió mucho con los años, pero valora que la empresa haya mantenido su esencia. “Tenemos la suerte de que la gente confía en nosotros como empresa. Realmente es una suerte enorme. Nos eligen porque saben que les damos soluciones”, dice con una sonrisa que refleja satisfacción más que rutina.</p>&nbsp;&nbsp;“Mi vida transcurrió toda acá adentro”<p>&nbsp;Su historia con Todo Sanitarios empezó a los 18 años, casi por casualidad. Antes de entrar al rubro de la construcción, trabajaba en una boutique llamada Creaciones Celes Moda. “Nada que ver con esto”, recuerda riendo. Pero desde aquel primer día en el local de sanitarios, supo que había encontrado su lugar en el mundo.</p><p>&nbsp;“Mi vida transcurrió toda acá adentro”, afirma. “No me imagino haciendo otra cosa. Este trabajo es parte de mi vida, gran parte”.</p><p>&nbsp;Marcelo se define como alguien comprometido con el negocio, pero también con la gente. “Tenés que estar más arriba del cliente, porque cada vez te demanda más. Y eso lo hago con gusto, porque este trabajo me enseñó mucho sobre el trato humano y la confianza. El secreto es tener siempre predisposición y buena onda”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;La confianza de la familia Bossa<p>&nbsp;Habla de la familia Bossa con un respeto que roza el afecto. “Los dueños me han dejado trabajar toda la vida con total libertad. Eso, para mí, fue lo que más me satisfizo. Trabajar tranquilo, sin que nadie te esté encima. Siempre respondí a la empresa, por supuesto, pero ellos confiaron en mí desde el primer día. Y eso no tiene precio”.</p><p>&nbsp;Esa libertad, cuenta, fue también una escuela de valores. Aprendió a hacerse responsable de cada decisión, a escuchar al cliente y a cuidar el nombre de la empresa como si fuera propio. “Yo siempre digo que uno tiene que ponerse la camiseta. Si el negocio anda bien, todos andamos bien. Y eso se logra con compromiso y respeto”, sostiene.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;<p>“Me gusta que la gente se vaya contenta, con buena onda. Todos tenemos problemas, pero yo trato de transmitir siempre una palabra de aliento, de optimismo”</p>&nbsp;Popularidad, afecto y mucho humor<p>&nbsp;“Salgo muy poco”, confiesa, “pero cuando lo hago, la gente en la calle me reconoce. ¡A mí me conoce todo el mundo!”, expresa entre risas. No lo dice con vanidad, sino con la alegría simple de saberse querido. Porque en San Francisco, el “Burro Navarro” es sinónimo de atención, de experiencia y de esa calidez que no se improvisa.</p><p>&nbsp;Además, su buen humor es parte de su sello. “Marcelo tiene una manera muy especial de atender”, cuentan quienes lo conocen. Siempre hay una broma o una ocurrencia lista para aflojar el clima, incluso en los días más difíciles. Él mismo reconoce que el humor es parte de su forma de trabajar: “Si vos te reís, el otro se relaja. A veces un chiste o una sonrisa resuelven más que mil palabras. Me gusta que la gente se vaya contenta, con buena onda”.</p><p>&nbsp;“Todos tenemos problemas, pero yo trato de transmitir siempre una palabra de aliento, de optimismo. Me gusta escuchar a la gente. A veces hay que ser un poco psicólogo también”, agrega.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Los jóvenes y el futuro<p>&nbsp;Cuando Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO le pregunta qué consejo le daría a los más jóvenes que recién empiezan a trabajar, su respuesta suena como una lección de vida: “Los chicos tienen que hacerlo a la manera que el negocio requiere. Si uno los lleva a su ritmo, salen buenos. Hay que estar encima un tiempo, acompañarlos. Pero sí, tengo mucha confianza en los jóvenes. Lo importante es enseñarles el valor del trabajo”.</p><p>&nbsp;No se guarda el esfuerzo, ni la pasión, ni la paciencia. “Yo no vengo al negocio a sentarme. Hay que trabajar”, manifiesta con naturalidad, como quien habla de algo que lleva en la sangre.</p>&nbsp;Historias y anécdotas de cada día<p>&nbsp;Cuando se le pide que recuerde un momento especial en todo este tiempo, no puede elegir uno. “Acá todos los días hay una anécdota distinta”, dice. “Hay clientes que hacen diez kilómetros para venir a comprar una valvulita, porque no quieren ir a otro lugar. Eso te demuestra la fidelidad y el cariño que hay”.</p><p>&nbsp;Esa fidelidad, afirma, no se gana con grandes discursos, sino con hechos: con respeto, con compromiso y con una sonrisa. “Acá todos los chicos la tienen bien clara, porque se sienten identificados con el negocio. Eso es lo que hace la diferencia”.</p><p>&nbsp;</p>Un maestro de oficio y de vida<p>&nbsp;Marcelo reconoce que aprendió todo de la familia Bossa. “Cuando comencé, fueron seis o siete meses de aprendizaje muy valiosos. Aprendí para qué sirve cada pieza, cada cosita. Pero fue fácil aprender con estos maestros”, recuerda con gratitud.</p><p>&nbsp;Hoy, después de casi cuatro décadas, sigue siendo él quien enseña. No con discursos, sino con el ejemplo cotidiano, con la misma humildad de quien entiende que trabajar bien es también una forma de agradecer.</p><p>&nbsp;Y así, el “Burro Navarro” sigue siendo, sin proponérselo, una figura indiscutible. No solo del comercio, sino del corazón de una empresa que creció junto a él. Un hombre que representa la confianza, el compromiso y la calidez que todo negocio necesita para mantenerse en pie durante tanto tiempo.</p><p>&nbsp;Porque si en San Francisco alguien menciona “Todo Sanitarios”, no hay duda: todos piensan en él. En el “Burro”. El de siempre. El que está detrás del mostrador con una sonrisa, un chiste, una solución y un corazón trabajador. El alma de un negocio que, desde hace 39 años, late al mismo ritmo que su humor y su entrega.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NnZim8wAitNcv65FLhgF3GyjyYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/burro_navarro_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con 55 años y casi cuatro décadas en Todo Sanitarios, Marcelo Daniel “Burro” Navarro es mucho más que un empleado de comercio: es el alma del negocio, la voz amiga que todos reconocen y el rostro que representa los valores de confianza, compromiso y pertenencia.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-10-25T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Manuela Vázquez: “No son egresados, sino graduados, porque queremos que siempre cuenten con la universidad”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/manuela-vazquez-no-son-egresados-sino-graduados-porque-queremos-que-siempre-cuenten-con-la-universidad" type="text/html" title="Manuela Vázquez: “No son egresados, sino graduados, porque queremos que siempre cuenten con la universidad”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/manuela-vazquez-no-son-egresados-sino-graduados-porque-queremos-que-siempre-cuenten-con-la-universidad</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/manuela-vazquez-no-son-egresados-sino-graduados-porque-queremos-que-siempre-cuenten-con-la-universidad">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ewu1CfPGkSz4crN6hfLOhdgWeSk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/manuela_vazquez.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) cumplió un cuarto de siglo en San Francisco. Su historia se remonta al año 2000, cuando un convenio con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) permitió abrir la primera sede local. A partir de entonces, el crecimiento fue sostenido: “Somos parte del Polo Educativo, y desde el inicio buscamos diversificar las carreras, no repetir lo que ya existía en la ciudad. Esa visión nos permitió consolidarnos”, cuenta Manuela Vázquez, actual coordinadora general de la institución.</p><p>&nbsp;Hoy, UCES San Francisco ofrece seis carreras de grado —Abogacía, Contador Público, Dirección de Negocios, Marketing, Psicología y Recursos Humanos— y se prepara para incorporar nuevas propuestas. “Cuando en 2015 empezó Psicología, fue un antes y un después. Había una necesidad de incorporar disciplinas del área humanística. Este año sumamos Marketing, y el año que viene se abre Dirección de Negocios”, explica Vázquez a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>&nbsp;La expansión no se detiene: UCES también tiene presencia en ciudades como Río Grande, Ushuaia, San Salvador de Jujuy, Resistencia, Reconquista, Venado Tuerto, Santa Fe y San Nicolás, entre otras.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Entre la tecnología y el vínculo humano<p>&nbsp;En tiempos de inteligencia artificial y cambios vertiginosos, Vázquez destaca que el mayor desafío está en mantener el equilibrio entre la innovación y el contacto personal. “Nuestra gran fortaleza sigue siendo la presencialidad. A los estudiantes les gusta el contacto, lo eligen. Claro que usamos herramientas virtuales, aulas híbridas y campus digital, pero el encuentro humano sigue siendo insustituible”, afirma.</p><p>&nbsp;La universidad implementó un manual de uso de la inteligencia artificial, que enseña a estudiantes y docentes a emplear estas herramientas con criterio y ética. “No se trata de delegar en la máquina la tarea de pensar, sino de aprender a consultarla con conocimiento. La IA es un recurso, no un reemplazo”, señala.</p><p>&nbsp;Esa filosofía también redefine el rol docente: “Hoy el profesor ya no es la caja del saber absoluto. A veces los alumnos están más informados que uno. El rol del docente es guiar, enseñar a discernir entre tanta información disponible”.</p><p>&nbsp;</p>“La universidad no termina cuando recibís el diploma: sigue siendo tu casa”, sostiene Vázquez.<p>&nbsp;</p>&nbsp;Calidad y accesibilidad en tiempos difíciles<p>&nbsp;Vázquez reconoce que el contexto económico desafía a las universidades privadas. “Somos una universidad arancelada, y claro que la inflación complica. Pero tenemos un sistema de becas que busca acompañar a quienes quieren continuar. Nos duele cuando un estudiante con ganas de aprender no puede hacerlo por razones económicas”, expresa con tono reflexivo.</p><p>&nbsp;Para la coordinadora, la presencia de UCES en el interior permitió que muchas familias tuvieran su primer profesional. “Ese fue el sueño de quienes firmaron el convenio inicial: acercar la educación universitaria al interior del interior. Muchos jóvenes pudieron estudiar sin dejar su ciudad, y eso tiene un valor enorme”.</p><p>&nbsp;Además de ofrecer formación académica, la sede sanfrancisqueña refuerza los lazos con el sector productivo y social. “Trabajamos con el municipio, con empresas, con instituciones del Parque Industrial. Los alumnos de Marketing, por ejemplo, desarrollan estrategias junto a los de Ingeniería Química de UTN. Es un trabajo en red que refleja la integración que buscamos”, cuenta.</p><p>&nbsp;</p>(De izq. a &nbsp;derecha) Mabel Cachiarelli, coordinadora de Psicología; María Belén Negro, coordinadora de Abogacía; Manuela Vázquez, coordinadora general de la sede y de las carreras de Recursos Humanos y Marketing ; Emiliano Gribaudo, coordinador de la carrera Contador Público, y Natacha Capello, responsable de Relaciones Institucionales.&nbsp;Formar profesionales inquietos y comprometidos<p>&nbsp;Al describir el perfil de los egresados que busca formar UCES, Vázquez no duda: “Queremos profesionales inquietos, con una sólida base y la necesidad constante de actualizarse. Hoy ninguna disciplina se ejerce sola. La interdisciplinariedad es clave”.</p><p>&nbsp;Esa visión también se traduce en el acompañamiento académico. La universidad cuenta con tutores, orientación educativa y talleres de técnicas de estudio. “Sabemos que la transición del secundario a la universidad puede ser difícil. Por eso, desde el primer día, buscamos acompañar y crear comunidad”, explica.</p><p>&nbsp;Esa comunidad se extiende incluso al ámbito laboral: las pasantías, muchas de ellas remuneradas, permiten que los estudiantes adquieran experiencia antes de egresar. “En Psicología, por ejemplo, ya hay pasantes en empresas. La idea es que vean las múltiples aplicaciones de su carrera. No queremos profesionales encasillados, sino abiertos a los cambios”, sostiene.</p><p>&nbsp;Uno de los conceptos más significativos que plantea Vázquez es el sentido de pertenencia. “No le decimos egresados, sino graduados, porque no es como que egresan y se van, sino que siempre cuenten con la universidad”, afirma.</p><p>&nbsp;Esa idea de continuidad se materializa en las actividades que vinculan a los exalumnos con los nuevos ingresantes. “Los invitamos a contar sus experiencias en los seminarios introductorios, a compartir su recorrido. Es muy lindo ver cómo se genera una red de apoyo entre generaciones. La universidad no termina cuando recibís el diploma: sigue siendo tu casa”, dice con orgullo.</p><p>Para Vázquez, esa es la esencia de una institución con identidad local y mirada global. “En los festejos por los 25 años, vimos muchas caras conocidas: padres que estudiaron aquí, hijos que hoy son docentes. Es el reflejo de un camino compartido”.</p><p>&nbsp;</p><p>“Queremos profesionales inquietos, con una sólida base y la necesidad constante de actualizarse. Hoy ninguna disciplina se ejerce sola. La interdisciplinariedad es clave”</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;Consultada sobre el papel de la universidad en los próximos años, Vázquez se muestra optimista: “Imagino una universidad con más carreras y más conexión con la sociedad. No creo en la competencia entre instituciones, sino en el trabajo conjunto. La educación se fortalece cuando se comparte”.</p><p>&nbsp;En esa línea, valora la expansión territorial y la diversificación de ofertas académicas: “Hoy hay más posibilidades de estudiar sin moverse de la ciudad. Eso democratiza el acceso. Pero también hay que cuidar la calidad. Siempre les decimos a los estudiantes que verifiquen la acreditación de las carreras: el título debe tener validez y respaldo académico”.</p><p>&nbsp;Sobre el debate entre pensamiento crítico y empleabilidad, sostiene que ambas dimensiones pueden convivir. “Tratamos de no perder contacto con el sector productivo, pero tampoco con la reflexión. La universidad debe formar personas que piensen, que comprendan el contexto y sepan transformarlo”.</p><p>&nbsp;Al final de la conversación, Vázquez deja un mensaje a los jóvenes que aún dudan sobre su futuro académico:</p><p>“Les diría que elijan algo que les guste. A veces la presión de pensar en ‘de qué voy a vivir’ nos paraliza, pero el estudio es una herramienta que siempre te acompaña. Aunque la vida tome otros caminos, una carrera universitaria te da una base que nadie te quita”.</p><p>&nbsp;Con alrededor de 450 estudiantes activos y las inscripciones abiertas para el ciclo 2026, UCES San Francisco sigue consolidando un proyecto que combina formación, cercanía y compromiso. Como resume su coordinadora: “Formamos profesionales con raíces en su comunidad, pero con la mente abierta al mundo. Esa es nuestra misión desde hace 25 años”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ewu1CfPGkSz4crN6hfLOhdgWeSk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/manuela_vazquez.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A 25 años de la llegada de UCES a San Francisco, la coordinadora general de la sede reflexiona sobre los desafíos actuales de la educación superior: el equilibrio entre tecnología y vínculo humano, la formación de profesionales inquietos y el sentido de pertenencia que une a toda una comunidad educativa.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-10-18T12:59:07+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Legado que se lleva en la sangre: Esteban Alisio renueva la pasión por el campo
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/legado-que-se-lleva-en-la-sangre-esteban-alisio-renueva-la-pasion-por-el-campo" type="text/html" title="Legado que se lleva en la sangre: Esteban Alisio renueva la pasión por el campo" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/legado-que-se-lleva-en-la-sangre-esteban-alisio-renueva-la-pasion-por-el-campo</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/legado-que-se-lleva-en-la-sangre-esteban-alisio-renueva-la-pasion-por-el-campo">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/i0qolesFKQ_c2cn8tqDnBbf7ZZg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/esteban_alisio.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La falta de recambio generacional es uno de los desafíos que enfrentan los tambos en la región, siendo la causa del cierre de muchos establecimientos, cuyos campos se destinan luego a la agricultura. La familia Alisio representa la excepción: su tambo familiar cobija a tres de las siete generaciones que han mantenido vivo el legado iniciado por sus antepasados italianos en 1885 en Colonia Iturraspe. Primero con agricultura y ganadería, y luego con lechería, cumplen más de un siglo de actividad.</p><p>“Lo fuerte nuestro es el tambo, pero también tenemos algo de agricultura. Pero principalmente es el tambo. Me siento privilegiado en esto, porque sigo el legado y eso me enorgullece”, afirmó Esteban Alisio, de 22 años, el más joven del clan, quien fue convocado para participar como jurado en la 93ª Exposición anual de la Sociedad Rural – San Francisco Expone 2025. Para él, estas muestras son esenciales para “acercar el campo a la ciudad y mostrar el valor que tiene para la vida de nuestras comunidades”.</p><p>Esteban recordó cómo sus abuelos lo involucraron en el trabajo desde pequeño: “Mis abuelos me enseñaron a manejar tractores y máquinas, y sobre todo a interpretar a los animales. Hoy puedo identificar si una vaca está enferma o bien, gracias a ese aprendizaje”. Reconoció que la labor es exigente: “En el campo hay que estar siempre, siempre hay algo para hacer. Pero gracias a Dios, trabajo con mi familia, y eso hace que no se sienta pesado. Tenemos momentos de diversión y distensión”.</p><p>El contacto temprano con los animales y la participación activa en las tareas diarias le permitió comprender la importancia de la observación y la atención constante. “El contacto con los animales es algo que me enseñaron mis abuelos. Saber cómo están, cómo se comportan y anticipar problemas es fundamental. Eso no se aprende solo con libros, sino viviendo el día a día en el tambo”, destacó Esteban en diálogo con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>&nbsp;</p>Tecnología y capacitación, aliados del futuro<p>El joven productor subrayó la importancia de la innovación para mantener la competitividad: “Sí, la tecnología nos ayuda. Hace tres años inauguramos un tambo casi totalmente automatizado, con ascensores y máquinas que permiten optimizar tareas que antes hacían varias personas”. Esteban agregó: “Siempre buscamos mayor productividad y eficiencia, y la tecnología también reduce el trabajo físico, lo que suma a la calidad de vida”.</p><p>“Desde chico mis abuelos me enseñaron a manejar tractores, a conocer las máquinas y, sobre todo, a interpretar a los animales. Con solo mirarlos puedo detectar si algo no está bien. Ellos me enseñaron todo eso”</p><p>En cuanto a la profesionalización, explicó la participación en la jura ganadera, aunque él espera adquirir más experiencia para cumplir ese rol: “Se hacen capacitaciones en tambos y exposiciones. Aprendés a ver el animal, su condición y comportamiento. Es un proceso de formación que nos permite mejorar la mirada profesional”. Destacó también el aprendizaje de su abuelo, quien fue jurado años atrás, y cómo eso complementa su experiencia en el campo y en la exposición. “Poder ir al campo con mi abuelo y aprender de él es un privilegio. No es lo mismo ver un animal en la pista que en el entorno donde creció y fue cuidado día a día”, añadió.</p><p>&nbsp;</p>Los desafíos del tambo hoy<p>Sobre los principales retos de la actividad, Esteban señaló: “El clima es el desafío número uno; si acompaña, todo va bien. También hay competencia con la agricultura y altos costos de alquiler. El tambo trabaja muchas veces reflejando el precio de la soja y las retenciones, por lo que hay que estar muy atentos”.</p><p>Reconoció que la estabilidad económica es clave: “Hoy el tambo que sobrevivió, tenés que apuntar a lo básico o ir a por todo. Si quedás en el medio, terminás perdiendo. El tambo labura mucho con lo que es el precio de la soja, y los alquileres suben según eso. Nunca sabés qué va a pasar mañana, así que hay que estar preparado”.</p><p>El joven remarcó la importancia de la vocación y la pasión. Y dejó un mensaje a otros jóvenes que así como él que están pensando en seguir en la actividad lechera: “Que sigan, yo creo que algún día no tan lejano va a cambiar todo esto y al tambo le va a ir muy bien. La vaca es algo que no se puede perder. El que tiene pasión por los animales tiene que seguir”.</p><p>Aunque confiesa que le hubiese gustado estudiar veterinaria, las ganas de trabajar en el tambo familiar fueron más fuertes: “No me imagino haciendo otra cosa. El campo es mi vida, mi vocación y un legado que quiero continuar con orgullo”.</p><p>Para él, el contacto diario con los animales y la participación en cada etapa del proceso productivo es la mejor forma de aprender: “Hay que criarlos, enseñarlos a caminar, pelarlos y prepararlos para la exposición. Es un trabajo enorme que muchos no conocen, y eso es lo que hace especial la actividad”, manifestó.</p><p>&nbsp;</p>Mirando hacia el futuro<p>Sobre la proyección del tambo en los próximos años, Esteban sostuvo: “Confío en que el campo que aguante va a salir adelante. Hay que apostar a la máxima tecnología, pero el contacto con los animales sigue siendo fundamental. La actividad siempre tiene algo para hacer, y eso es parte de su recompensa”.</p><p>Esteban también destacó que la educación específica y la formación profesional son esenciales para garantizar la continuidad de los tambos: “Mi educación estuvo vinculada al campo desde la escuela secundaria, y eso nos prepara para enfrentar desafíos, aplicar innovación y mantener la tradición familiar. Cursé en la escuela del campo (Ipea Nº 222 “Agr. Américo Milani”)”.</p><p>“Ver cómo trabajaban mis abuelos y aprender de ellos me hace valorar lo que tenemos. Los jóvenes que quieran seguir en el campo deben mantener la pasión y estar dispuestos a aprender, a innovar y a cuidar el legado que nos dejaron”</p><p>Finalmente, insistió en la relevancia de la transmisión de conocimientos: “Ver cómo trabajaban mis abuelos y aprender de ellos me hace valorar lo que tenemos. Los jóvenes que quieran seguir en el campo deben mantener la pasión y estar dispuestos a aprender, a innovar y a cuidar el legado que nos dejaron”.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/i0qolesFKQ_c2cn8tqDnBbf7ZZg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/esteban_alisio.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En Colonia Iturraspe, la familia Alisio mantiene vivo su tambo, integrando tres generaciones en la lechería. Esteban, de 22 años, habla sobre los desafíos del campo, la importancia de la capacitación y la innovación tecnológica, y cómo los jóvenes pueden sostener la continuidad del sector.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-10-04T12:38:21+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Cristian Bertinetti y la capacidad de manejar la energía
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/cristian-bertinetti-y-la-capacidad-de-manejar-la-energia" type="text/html" title="Cristian Bertinetti y la capacidad de manejar la energía" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/cristian-bertinetti-y-la-capacidad-de-manejar-la-energia</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/cristian-bertinetti-y-la-capacidad-de-manejar-la-energia">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AknK0yUAMccOZjs0pBq_csWinYQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/cristian_bertinetti_animador.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A los 32 años, Cristian Bertinetti es un nombre reconocido en San Francisco. Con una academia de baile propia, RB Academia de Baile, su vida siempre estuvo ligada al movimiento y la energía. Sin embargo, su camino profesional ha mutado, y hoy se define como un animador en pleno ascenso, buscando expandir su labor junto a equipos de sonido e iluminación para ofrecer espectáculos más completos. Tras su reciente y exitosa conducción de la Estudiantina 2025, donde logró conectar con miles de jóvenes, nos cuenta lo que se esconde detrás del micrófono.</p><p>La habilidad para pararse frente a una multitud no es algo que se aprenda de la noche a la mañana, es un arte que se moldea con los años. "Yo creo que lleva años darse cuenta. La primera vez que trabajé de animación de verdad, al frente de gente, fue a mis 20 años en el Hotel Colonial de La Serranita. Después, en otros espacios como el parque Pekos, empecé a aprender a trabajar con las masas, con un montón de gente", relata Cristian. La dinámica con el público, especialmente con los adolescentes, ha cambiado radicalmente, obligando a los animadores a repensar su estrategia. "Tenés que saber hablar porque si no van a pensar que los estás tratando como unos niños y ellos no quieren eso. Es como que hay un montón de cosas que llevan a que uno tenga que pararse de una manera muy puntual frente a los adolescentes".</p><p>Desde el escenario, el animador debe ser un maestro de la observación, detectando dónde se concentra la energía para amplificarla. "Desde arriba del escenario vas viendo dónde está el foco más grande de fuerza, de energía. Y en base a ese foco vas haciendo el contagio y vas haciendo que llegue hasta el último de los presentes", explica. Este proceso, aunque parezca espontáneo, requiere de un gran esfuerzo físico y mental. "La animación para que sea fuerte tiene que tener energía y proyección. Es como el baile. Esa energía va contagiando para atrás y en un momento llegás a lograr una conexión grupal de 2.000 chicos. Cuesta un montón, cuesta mucho poder mantenerlo durante cuatro o cinco horas y poder mantener uno mismo esa energía".</p><p>Para Bertinetti, la preparación de un animador va mucho más allá de la presencia escénica. "Un animador tiene que estar preparado no solamente anímica, sino que físicamente y tiene que tener una estructura de tiempos del evento a la cual respetar, pero tiene que saber improvisar. Porque puede pasar cualquier cosa. Yo creo que el animador es buen animador porque no solamente se encarga de animar, sino que se encarga de que en las cinco horas no haya pasado nada y haya salido todo bien". La prioridad, asegura, es siempre la seguridad del público. "Ponele en un momento donde una persona se desmaya y paramos todo. ¿Por qué? Porque hay que tener prioridades. Te contratan no solamente por el show sino por la conciencia moral que uno tiene arriba. Yo creo que tenés que aprender a manejar la pedagogía, la forma de decir las cosas".</p><p>La improvisación es, sin duda, la clave del éxito. En un evento masivo, lo inesperado puede surgir en cualquier momento. "En una animación donde está saliendo todo bien puede pasar de que, en el foco de la animación donde va a explotar el show, se tenga que cortar la música justamente porque una nenita desapareció. Como el otro día. En el medio de la animación donde estaba por explotar el show, vino el intendente y paró la música. Se perdió una nena. Y hay que parar y volver a llevar a la gente a ese lugar de alegría, ¿cómo hacemos?". Este tipo de situaciones enseña que el oficio es un 80% improvisación y un 20% de estructura. "Vos sabés que vas a trabajar con adolescentes, que vas a tener un horario, que el evento es un libro: introducción, desarrollo, nudo y desenlace. Pero a partir de ahí, pueden pasar un millón de cosas. La improvisación es parte de tu profesionalismo como animador".</p><p>La evolución del oficio de animador es constante. Aquellos que se estancan, quedan en el camino. "Este oficio va mutando. Y las personas que verdaderamente quedan, porque había un montón de animadores pero quedaron pocos ahora, son las personas que se actualizan. Hoy en día la animación en un boliche está trabajando en equipo con la música. Todo el tiempo". La clave está en adaptarse a lo que gusta a los jóvenes, para captar su atención y generar una conexión genuina. "Que los chicos me presten atención, me escuchen y me obedezcan, ¿me entendés? Entonces de ahí vamos a ir todos trabajando en equipo. Es muy importante antes de trabajar en una animación presentarte y que los chicos sepan de que vos estás ahí".</p><p>El desafío de animar varía según el público. "Una cosa es animar para 100 personas, otra cosa es animar para 500, para 1.000 como un ejemplo, Complejo Ibiza o Runa Disco. 4.000 personas como en la Estudiantina, y un festival sería un desafío hermoso". La energía que se exige a un animador cambia si el público está de pie o sentado. "El showman de la animación tiene que mutar, tiene que ser distinto. En el caso de los festivales, la estructura va a una velocidad importante y la gente que asiste está muy ansiosa por ver al artista por el cual pagó la entrada, entonces eso también es algo a manejar". Se trata, en definitiva, de un aprendizaje continuo que no se obtiene en ninguna universidad. "Es como que estamos en un mundo virgen, donde todavía hay muchas cosas por experimentar".</p><p>Para Cristian Bertinetti, la animación es una vocación, un don que le permite conectar con la gente y sentir una plenitud única. "A mí me gusta estar en un escenario, al frente de la gente, generándole ese vínculo, ese ida y vuelta, que en casos como lo del fin de semana resulta clave, porque no tenés otra cosa más que un escenario, el público y vos. Y la música, obvio". La vergüenza, afortunadamente, no es un obstáculo para él. "Siento que es un don. Me hubiese encantado que haya sido el baile, pero fue la animación. Lo tomo como una vocación porque siento que en ese momento que estoy trabajando y que estoy animando hay algo que me llena adentro. Veo a toda esa gente gritando o cantando y digo: qué hermoso que se siente esa energía".</p><p>Detrás del brillo del escenario, Cristian también se apoya en sus cábalas y en su fe. "Manejo un par de locuras en la cabeza. Tengo dos o tres cábalas siempre. Trato siempre antes de trabajar en una animación de pedir a Dios. Una ficha de confianza, de fe. Eso me ayuda un montón". Y si algo sale mal, se aferra a una filosofía que lo impulsa a seguir adelante: "Si algo sale mal entiendo que lo que no te mata, te fortalece. Ese es el dicho con el que voy. Entonces cuando pasa algo malo, lo primero que hago es unir estas dos cosas. La fe te dice que si pasó esto, por algo tendría que haber pasado. Porque te va a dejar una enseñanza. Esa misma enseñanza es lo que no te mata y lo que te fortalece para poder aprender y seguir adelante". Para él, el riesgo es inherente al crecimiento, y cada evento es una oportunidad para demostrarse a sí mismo y al mundo que está capacitado para estar allí, sea frente a 100 personas o 4.000.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AknK0yUAMccOZjs0pBq_csWinYQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/cristian_bertinetti_animador.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El animador de la Estudiantina 2025, reflexiona sobre el arte de conectar con 4.000 adolescentes, la improvisación como pilar del profesionalismo y el desafío de convertir la energía del baile en el lenguaje del espectáculo.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-09-27T12:33:23+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Florencia Riboldi: la historia de una pasión que se volvió marca
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/florencia-riboldi-la-historia-de-una-pasion-que-se-volvio-marca" type="text/html" title="Florencia Riboldi: la historia de una pasión que se volvió marca" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/florencia-riboldi-la-historia-de-una-pasion-que-se-volvio-marca</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/florencia-riboldi-la-historia-de-una-pasion-que-se-volvio-marca">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Vj7KjujcVda3w8Wf2h61D0CBlSo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/florencia_riboldi.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Florencia Riboldi (33) siempre supo que crear la hacía feliz. Lo descubrió desde muy chica, entre telas, colores y texturas. Pero no fue hasta que se encontró con las calles vibrantes de la India que comprendió que ese universo sensorial que tanto la atraía podía ser más que un pasatiempo: podía ser su destino.</p><p>“Siempre fui apasionada de crear, de los diseños, de los colores. Me encanta. Me gusta hacer. Siempre me gustó la moda”, dice. Su primer acercamiento fue creando los accesorios que vendía bajo el nombre de Madonna Santa, luego siguió con la confección de lencería, donde nace Mala, después vinieron los trajes de baño, los kimonos y vestidos. El showroom en su casa era su refugio y Mala, un hobby que crecía a medida que crecía su deseo.</p><p>Un viaje a Italia —por trámites de ciudadanía— marcó un punto de inflexión: “Ahí dejé la psicología y sentí que si le dedicaba tiempo a Mala, podía vivir de eso y hacerla crecer”. En Cerdeña comenzó a soñar con llevar adelante su emprendimiento. “Un día vi a una chica vendiendo vestidos de la India en la playa. Me acerqué y hablamos un buen rato. Me pasó el contacto de Ramiro, que trabajaba con textiles indios y viajaba a crear sus colecciones todos los años. Y ahí sentí la señal: siempre había querido ir a la India, pero no sabía por dónde empezar”, relata.</p><p>&nbsp;</p>“Mala” conecta culturas a través de la moda.<p>&nbsp;</p><p>Unos meses más tarde, se armó de coraje, trabajó en un bar para juntar dinero y junto a Ramiro emprendió su primer viaje a la India. En septiembre de 2023 llegó a Delhi. “Nos encontramos por primera vez con Ramiro en el aeropuerto y desde ese momento fue mi mentor en todo este camino. Me llevó a los talleres donde él trabaja desde hace diez años y me presentó a todo su equipo. ¡Yo no podía estar más feliz!. Fui como una esponja, a absorber todo lo que él me enseñaba”, le cuenta Florencia a Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Allí se produjo una de las primeras grandes señales. Mientras tomaban un chai en una terraza, el dueño del taller le preguntó a Flor por el tatuaje que lleva en su muñeca: Mala. Le explicó que en India “Mala” es una palabra muy usada y con mucho significado. Así nombran a los collares de flores que usan para todas las celebraciones. “Cuando me dijo eso, sentí que la India me estaba esperando, que todo tenía sentido”.&nbsp;Desde entonces, Flor trabaja mano a mano con talleres en diferentes lugares de India. Sus prendas combinan diseño contemporáneo con textiles tradicionales.</p><p>&nbsp;</p><p>Su última colección, llamada Raíz, refleja esa conexión profunda. “Este año me instalé tres meses en India para crearla. Visité comunidades, aprendí técnicas de teñido natural y sobre diferentes textiles orgánicos&nbsp; que luego elegí para crear parte de la colección como el algodón de kala y la seda de naranjos. De ahí se desprende el nombre de la colección, dándole importancia a la naturaleza, a sus tiempos y a las manos que la trabajan”, detalla.</p><p>Raíz es un homenaje a los orígenes, pero también al crecimiento.&nbsp;Se venderá en distintos puntos del país, pero Florencia es clara: “Me importa que quien venda Mala transmita la esencia de la marca. Prefiero calidad antes que cantidad”. Para ella, la mujer que elige vestir Mala es “fuerte, aventurera, segura, apasionada. Una mujer que sabe quién es y lo expresa con lo que lleva puesto”. En esa búsqueda, Flor no diseña solo ropa sino una filosofía de vida, identidad y transformación.</p><p>&nbsp;</p>Pasión, tela y raíces. El sueño que Florencia convirtió en diseño.<p>&nbsp;</p><p>La India, para ella, es un universo que la sigue inspirando. “Desde los colores vibrantes de los saris y la gente que los lleva puestos, las sonrisas, la calidez, la alegría. Los sabores, los rituales, la fe… todo me inspira”, confiesa.</p><p>&nbsp;</p>Telas que cuentan historias<p>“Los saris son la vestimenta típica de las mujeres en la India, son pedazos de tela de 8x2 metros y 100% de seda que las mujeres usan a diario: para cocinar, trabajar, ir a ceremonias –explica Riboldi-. Se transmiten de generación en generación en los casamientos. Y llega un momento en que deciden venderlos. A veces por el uso están dañados y ellas mismas se encargan de remendarlos, bordándolos y haciéndolos aún más especiales, porque otra particularidad de los saris antiguos es que no existen dos piezas iguales. Eso es lo que más me conmueve: la forma en que la tela también cuenta lo vivido”.</p><p>Al hablar del camino recorrido, Florencia es honesta: “Es mucho trabajo, hay que remarla. Pero la satisfacción que te da cuando ves que lo que amás funciona… no se compara con nada. Si amás algo y metés ganas, funciona. Porque cuando lo hacés con pasión, eso se transmite”.</p><p>&nbsp;</p>Florencia Riboldi y su viaje a la India.Cuando la pasión se transforma en camino.<p>&nbsp;</p><p>¿Qué consejo les darías a quienes sienten que su pasión va por otro camino?, le preguntamos. “Que no tengan miedo y que sigan al corazón, que es por ahí, siempre trabajando y con la meta firme”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Hoy, de regreso, Flor sigue desarrollando su marca importando desde India las prendas diseñadas junto a su equipo. Su showroom volverá a abrir las puertas pero con otro espíritu: el de quien ya atravesó continentes y miedos.&nbsp;“Mi sueño es seguir viajando todos los años a India a crear mi colección. En India siento una felicidad que no siento en ninguna otra parte. Me gustaría que Mala sea una marca que no solo venda ropa, sino que eduque, que muestre lo que hay detrás de cada prenda. Que quien la vista, sepa de dónde viene lo que lleva. Y que lo lleve con orgullo”.</p><p>Y concluye: “Yo siempre digo que no vendo moda. Vendo cultura, emoción y respeto por las manos que crean. Cada prenda es un pedacito de historia. Eso, para mí, es lo emocionante”.</p><p>Para conocer más sobre la marca, en Instagram: mala.design.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Vj7KjujcVda3w8Wf2h61D0CBlSo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/florencia_riboldi.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Con su marca de diseño artesanal “Mala”, esta emprendedora sanfrancisqueña une la tradición textil de la India con su sensibilidad personal. “Si hacés algo con pasión, eso se transmite”, asegura. Su historia es un viaje de intuición, valentía y conexión cultural.]]>
                </summary>
                                <category term="posta" label="Posta" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-07-26T13:30:00+00:00</published>
    </entry>
    </feed>