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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-05-31T12:45:07+00:00</updated>
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            Alejandra Echeveste: “El Jardín es una huella para toda la vida”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TalzI8mvdhlD3KjLVqmB2Dz_hDw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/alejandra_echeveste.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ<p>Hay escenas pequeñas que, sin proponérselo, terminan explicando una vida entera.</p><p>En los pasillos de la Escuela Normal Superior “Dr. Nicolás Avellaneda” había una que se repetía desde hacía años y que cualquiera dentro de la institución reconocía como algo natural: Alejandra Echeveste caminando rodeada de chicos del Jardín mientras adolescentes del secundario se acercaban para abrazarla, colgarse de su cuello o preguntarle, entre risas y nostalgia, si todavía se acordaba de ellos.</p><p>Y ella se acordaba. De los nombres. De las caras. De las familias.</p><p>De quién lloró el primer día de clases y de quién no quería separarse de la mamá en la puerta de la salita. De los más inquietos y de los más tímidos. De los que hoy ya son adultos y regresan convertidos en padres para confiarle a la misma escuela la educación de sus hijos.</p><p>“¿Seño, te acordás de mí?”, le preguntaban.</p><p>Y casi siempre la respuesta era inmediata.</p><p>“Sí, claro que me acuerdo”.</p><p>No era una respuesta automática ni cordial por compromiso. Era real. Porque Alejandra construyó su carrera desde el vínculo humano, desde la cercanía y desde esa memoria afectiva que no se aprende en ningún profesorado.</p><p>Acaba de jubilarse como regente del Nivel Inicial de la Escuela Normal después de 33 años dentro de la institución. Y aunque el cierre administrativo de una etapa puede escribirse en una resolución o en un trámite previsional, hay despedidas que son mucho más profundas.</p><p>La de Alejandra tiene el peso emocional de las personas que dedicaron toda una vida a acompañar infancias.</p><p>Su historia está atravesada por generaciones enteras de estudiantes, por maestras compañeras, por familias, por actos escolares, canciones, campamentos, juegos, lágrimas del primer día y abrazos de despedida. También por transformaciones sociales enormes: desde la escuela sin tecnología de los años noventa hasta las infancias actuales atravesadas por las pantallas.</p><p>Pero sobre todo, su historia está atravesada por una convicción: la educación inicial deja huellas para siempre.</p><p>Y quizás por eso resulta imposible hablar del Día de los Jardines de Infantes sin hablar también de docentes como ella.</p><p>&nbsp;</p>Ale: "Que mis ex alumnos vuelvan y traigan a sus hijos al jardín es algo impagable", afirmó la “seño Ale”Admiración por su maestra jardinera<p>La “seño Ale”, como todos la conocen, nació hace 57 años en San Francisco y vivió siempre en barrio Sarmiento. Allí creció, armó su familia y construyó una vida profundamente ligada a la educación.</p><p>Cuando recuerda cómo nació su vocación, vuelve inmediatamente a la infancia. A una sala de jardín. A una docente. A una manera de mirar a los niños.</p><p>“Mi maestra jardinera era muy dulce, muy tierna y muy cariñosa conmigo. Me dejó una huella muy importante”, contó.</p><p>Alejandra estudió en el entonces Colegio Inmaculada Concepción, hoy Fasta, y todavía conserva el recuerdo intacto de aquella docente que terminó transformándose en modelo.</p><p>“Siempre me gustaron muchísimo los chicos, pero además ella tenía una forma de tratarnos que me marcó mucho. Yo la tomé como referencia”, explicó.</p><p>Sin saberlo, aquella maestra terminó construyendo una cadena invisible. Porque muchos años después, Alejandra haría exactamente lo mismo con cientos de niños que la tendrían como “seño” y que, ya adolescentes o adultos, todavía la abrazan cuando la encuentran.</p><p>Esa vocación temprana la llevó a estudiar el profesorado de Educación Preescolar en la Escuela Normal Superior “Dr. Nicolás Avellaneda”, institución de la que egresó en 1989.</p><p>Años después volvería a esas mismas galerías convertida en docente. Y terminaría quedándose más de tres décadas.</p><p>&nbsp;</p>Los comienzos silenciosos<p>Como tantas docentes de su generación, sus primeros pasos fueron difíciles y estuvieron atravesados por el esfuerzo y la incertidumbre.</p><p>Comenzó trabajando “ad honorem” en escuelas de la provincia de Santa Fe. Hizo suplencias en Josefina y también en jardines que hoy pertenecen a los Jardines Nucleados de Frontera.</p><p>“No eran tiempos fáciles. Había muchas ganas de trabajar y de crecer”, recuerda.</p><p>Hasta que el 8 de marzo de 1994 ingresó a la Escuela Normal como suplente.</p><p>Ese día cambió su vida profesional.</p><p>“Sentí que era mi lugar”, dice hoy, más de treinta años después.</p><p>Y aunque todavía no lo sabía, la escuela terminaría convirtiéndose en mucho más que un espacio laboral: sería una segunda casa.</p><p>&nbsp;</p>La escuela que terminó siendo identidad<p>Hay personas que trabajan en una institución y otras que construyen pertenencia. Alejandra pertenece claramente al segundo grupo.</p><p>Aunque no había cursado allí la primaria ni la secundaria, siempre sintió una conexión especial con la Escuela Normal. Esa relación se profundizó todavía más cuando sus hijos comenzaron también a transitar sus aulas.</p><p>“Mis tres hijos pasaron por la escuela y eso para mí fue muy fuerte emocionalmente”, contó.</p><p>Recuerda especialmente aquellos primeros años en el jardín, cuando funcionaba en el sector cercano a calle Córdoba y las salas ocupaban las primeras aulas del edificio.</p><p>“El baño pegadito al aula era el baño del jardín”, recordó entre sonrisas.</p><p>La escena parece lejana hoy, pero para ella permanece intacta.</p><p>También conserva con enorme cariño el recuerdo del grupo docente con el que compartió aquellos años.</p><p>“Éramos un hermoso equipo. Había muchísimo compromiso, pero también mucha alegría. Nos divertíamos trabajando”, dijo.</p><p>Y entonces aparecen imágenes de otra época: campamentos, actos escolares preparados artesanalmente, salidas a la pileta del Sport, reuniones interminables organizando actividades y docentes que muchas veces terminaban siendo amigas para toda la vida.</p><p>“Lo hacíamos con pasión. Había amor por lo que hacíamos”, resumió.</p><p>Aún hoy sigue reuniéndose con muchas de aquellas compañeras. Y en cada encuentro reaparecen las anécdotas que todavía las hacen llorar de risa.</p><p>&nbsp;</p><p>Creatividad y ocurrencia&nbsp;</p><p>Si algo caracterizó a Alejandra durante toda su carrera fue su personalidad espontánea.</p><p>“Siempre fui muy ocurrente”, admitió entre risas.</p><p>Las historias se multiplican apenas empieza a recordar.</p><p>Como aquella vez en que una alumna llevó unos aparatos odontológicos y ella, creyendo que eran de la nena, decidió colocárselos.</p><p>“Después vino la mamá y nos dimos cuenta de que eran de ella”, cuenta riéndose.</p><p>Pero detrás de las anécdotas aparece también una manera particular de entender el jardín.</p><p>Alejandra nunca pensó la educación inicial como una simple transmisión de contenidos.</p><p>Para ella, el jardín debía ser una experiencia emocional.</p><p>“Siempre pensé primero en los estudiantes. Quería que entraran y vieran una sonrisa, una ambientación linda, una canción esperándolos”, explica.</p><p>La creatividad fue una constante en toda su trayectoria. Y quizás esa capacidad para imaginar y crear tuvo mucho que ver con la época en la que comenzó a trabajar.</p><p>“No existían todas las herramientas que hay ahora. No había fotocopias, ni juegos comprados, ni tecnología. Todo lo hacíamos nosotras”, recuerda.</p><p>Cartones, telas, papeles, materiales reciclados y objetos cotidianos se transformaban en recursos pedagógicos gracias a la imaginación de las docentes.</p><p>“Había algo muy valioso en eso de crear todo con lo que uno tenía en la casa”, sostiene.</p><p>Aunque reconoce el enorme avance tecnológico actual, insiste en que la creatividad artesanal tenía una riqueza especial.</p><p>&nbsp;</p><p>Del jardín al secundario</p><p>Su recorrido en la Escuela Normal tuvo también otros caminos. Cuando durante la gestión provincial de Ramón Mestre se cerraron los jardines de cuatro años, Alejandra fue reubicada en la preceptoría del secundario. Aquella experiencia, que inicialmente representó un cambio brusco, terminó convirtiéndose en otra etapa muy importante de su vida profesional.</p><p>“Fue hermosa. Muchísima gente todavía me reconoce por haber sido su preceptora”, cuenta.</p><p>Estuvo allí varios años y pudo conocer desde otro lugar a los adolescentes, sus problemáticas y sus necesidades. También, tuvo la oportunidad de trabajar por un tiempo en el Ipet N 50 “Emilio F. Olmos”.</p><p>Esa convivencia cotidiana con distintos niveles educativos fue justamente una de las riquezas más grandes que encontró en la Escuela Normal como unidad académica.</p><p>“A mí trabajar en una unidad académica me marcó muchísimo. Teníamos conexión entre todos los niveles. Nos entendíamos hasta con la mirada”, aseguró.</p><p>Habla del nivel inicial, primario, secundario y superior como partes de un mismo entramado.</p><p>“Siempre hubo muchísimo acompañamiento y muchísimo respeto hacia el jardín”, dijo.</p><p>Esa articulación permanente fortalecía el sentido de comunidad educativa y permitía que muchos chicos permanecieran toda su vida dentro de la misma institución.</p><p>Algunos comenzaban en salita de tres años y terminaban cursando un profesorado o una tecnicatura.</p><p>Y Alejandra fue testigo de todo ese recorrido.</p><p>&nbsp;</p><p>La emoción de reencontrarse</p><p>Hay un momento de la charla en que la emoción le cambia completamente la voz. Sucede cuando habla de los ex alumnos.</p><p>Porque después de tantos años de docencia, Alejandra ya no solo se encuentra con adolescentes que alguna vez fueron sus alumnos. Ahora también recibe a los hijos de aquellos chicos que pasaron por su sala décadas atrás.</p><p>“Eso es algo impagable”, afirmó.</p><p>Y hace una pausa.</p><p>“Que vuelvan y traigan a sus hijos significa que algo lindo dejamos en ellos”.</p><p>Tiene guardadas cientos de fotos con ex alumnos que regresaron convertidos en padres. En esas imágenes conviven el tiempo, la memoria y la continuidad de los afectos.</p><p>Tal vez por eso le conmueve tanto cuando un adolescente del secundario la abraza en los pasillos. Porque detrás de ese gesto hay algo más profundo: el reconocimiento de una figura que formó parte de su infancia.</p><p>&nbsp;</p><p>El primer gran mundo</p><p>“La educación inicial es importantísima porque es el primer desprendimiento social del niño”, explicó.</p><p>Y entonces habla ya no solo desde la experiencia docente sino también desde una mirada profundamente humana.</p><p>Para ella, el ingreso al Jardín implica uno de los momentos más sensibles de la infancia: la primera separación prolongada de la familia.</p><p>“Hay chicos que llegan con dolores de panza, con llanto o con muchísimo miedo”, contó.</p><p>Por eso considera fundamental el modo en que se recibe a cada niño teniendo en cuenta las ambientaciones, canciones, sonrisa de la docente, el acompañamiento a las familias y la construcción del vínculo.</p><p>“Todo importa. Escuela y familia tienen que trabajar juntas. Somos un equipo”, sostuvo.</p><p>Durante años trabajó para que el jardín fuera un espacio cálido, seguro y alegre donde los niños pudieran sentirse contenidos.</p><p>Aprender viene también desde sentirse querido”, resumió.</p><p>&nbsp;</p><p>Educar en tiempos de pantallas</p><p>Después de más de tres décadas en contacto con distintas generaciones de chicos, Alejandra observa con preocupación algunos cambios actuales. Especialmente el avance de las pantallas sobre el tiempo de juego.</p><p>“Hoy muchos chicos están permanentemente entretenidos con el celular”, señaló.</p><p>Entiende las exigencias de las familias y el cansancio cotidiano, pero cree que eso produjo transformaciones importantes en la infancia.</p><p>“El niño pierde interés por el juego creativo, por imaginar, por dramatizar”, explica.</p><p>Y justamente el juego es, para ella, el corazón del Nivel Inicial.</p><p>“Una de las funciones principales del jardín es aprender jugando”, insistió.</p><p>Por eso cree que la tecnología debe utilizarse con equilibrio.</p><p>Las nuevas generaciones de docentes cuentan con herramientas maravillosas, reconoció. Pero advierte que también es necesario sostener espacios donde el niño pueda explorar, crear y vincularse con otros sin depender constantemente de una pantalla.</p><p>&nbsp;</p><p>Los proyectos</p><p>En 2017 Alejandra asumió como regente del Nivel Inicial, cargo que ocupó durante ocho años.</p><p>Desde ese lugar impulsó mejoras edilicias, proyectos institucionales y nuevas propuestas pedagógicas.</p><p>Uno de sus mayores anhelos fue concretar un patio de juegos renovado para los chicos del jardín.</p><p>“Era un sueño que tenía desde hacía mucho tiempo”, contó.</p><p>La obra comenzó a concretarse en sus últimos días dentro de la institución y representa, de alguna manera, una despedida simbólica.</p><p>También destaca especialmente el acompañamiento recibido para remodelar los baños del jardín a través del Fodemec y del trabajo articulado con distintas personas e instituciones.</p><p>Agradece además a las diferentes autoridades y colegas que tuvo en su carrera, a los miembros de la cooperadora, a las familias, a otras instituciones y a todos los espacios que colaboraron permanentemente con el Nivel Inicial.</p><p>“No quiero olvidarme de nadie porque todos marcaron parte de mi camino”, repitió varias veces.</p><p>&nbsp;</p><p>La despedida</p><p>Después de 33 años, Alejandra cerró oficialmente una etapa. Pero hay despedidas que no terminan realmente nunca.</p><p>Porque quedan las fotos.</p><p>Las canciones.</p><p>Los actos escolares.</p><p>Los campamentos.</p><p>Las risas compartidas en las salas.</p><p>Las familias que todavía la saludan en la calle.</p><p>Los adolescentes que siguen abrazándola en los pasillos.</p><p>Y queda, sobre todo, la huella.</p><p>Esa marca invisible que dejan las maestras jardineras en el momento más sensible de la vida: cuando un niño descubre por primera vez el mundo fuera de su casa.</p><p>Tal vez por eso tantos estudiantes siguen buscando su mirada cuando la cruzan.</p><p>Porque Alejandra Echeveste fue parte de su infancia.</p><p>Y hay personas que uno nunca termina de olvidar.</p>]]>
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                <published>2026-05-31T11:00:00+00:00</published>
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