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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-25T11:58:50+00:00</updated>
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            Apenas periodistas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cBMw8Jw82MRSGPBukAG0SrLIMs4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/javier_milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia<p>En el comienzo del escándalo político y de las instancias judiciales que lo tienen como protagonista por supuesto enriquecimiento ilícito, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, respondió a una consulta con la frase “apenas sos un periodista”, intentando subrayar que la prensa no tiene el rol de juez para evaluar sus gastos personales.</p><p>Días después, el presidente Javier Milei dejó al descubierto -por lo menos hasta el momento de escribir estas líneas- que la estrategia del gobierno para defender a Adorni pasa por redoblar los ataques a la prensa. Entonces, volvió a apelar a la agresión señalando que el 95% de los periodistas son “delincuentes”. Asimismo, cuando viajó a Israel, insistió en que gran parte de los periodistas juegan para “las fuerzas del mal”.&nbsp; Insiste en reiterar el repertorio que le sirvió para hacerse conocido en las redes sociales hace algunos años, pero que resulta riesgoso si es utilizado por un presidente.</p><p>También se reveló, según una investigación de organizaciones periodísticas internacionales, que algunos medios de comunicación y periodistas alineados con posiciones contrarias al gobierno habrían recibido pagos para difundir información falsa con la intención de erosionar la confianza pública. De acuerdo con ese informe, los fondos estarían relacionados con&nbsp; organizaciones con posibles vínculos con intereses rusos, con antecedentes de campañas de desinformación detectadas en otros países.</p><p>En ese marco y en medio de esas denuncias, la relación conflictiva con la prensa alcanzó un nuevo punto de tensión cuando el gobierno prohibió el ingreso a la Casa Rosada primero a los periodistas de los medios que habrían actuado en esa campaña de desinformación. Y escaló luego, denunciando filmaciones difundidas por un canal de noticias que “podrían afectar la seguridad nacional”, retiró las credenciales de todos los trabajadores de prensa destacados allí, en una decisión que no tiene antecedentes ni siquiera en la última dictadura militar.</p><p>Se podrá señalar que la arremetida contra la prensa no figura entre los temas urgentes que afectan la vida de los argentinos. Pero estos episodios, en especial la prohibición, afectan el esencial principio de libre expresión y roen el derecho a la información de una sociedad.</p><p>Bajo aquello de que &nbsp;“no odiamos suficiente a los periodistas” se reflotan acusaciones con agresividad verbal y desdén hacia la función de la prensa.</p><p>De todos modos, vale aclarar que la tirria del poder contra el periodismo no es nueva. Solo cambian las épocas, los personajes, los tonos y los modos de deslegitimación. Van desde la censura lisa y llana en tiempos lejanos, pasando por restricciones más sutiles como presión económica e intentos de imposición cotidianos, pero solapados; hasta llegar a “pedidos de cabezas”, &nbsp;“invitaciones” a salivar las fotografías de los periodistas, proferir insultos de toda laya y exclamar agresivamente generalizaciones incomprobables que terminaron esta semana una decisión prohibitiva que la historia no registra.</p>Daños desde adentro<p>Es preciso admitir &nbsp;la crisis de la comunicación masiva por imperio de factores internos y externos que han irrumpido con fuerza. &nbsp;Este es el contexto en el que aparecen prácticas que degradan al periodismo. Algunas desplazan la verificación por la operación y la búsqueda de la verdad por intereses ajenos a la tarea informativa. En ese mismo sentido, influyen las posturas que dejan de lado la imprescindible mirada crítica sobre la realidad para adoptar la militancia en &nbsp;favor de alguna facción.</p><p>Pero ni siquiera tomando en consideración estas circunstancias que afectan a la prensa y a los medios en un tiempo de profundas reconfiguraciones éticas, políticas, tecnológicas y discursivas, pueden justificarse ataques indiscriminados. Además, se ignora el aporte valioso que el periodismo hace a la salud republicana cuando revela hechos de corrupción y pone en evidencia a sus protagonistas, casi siempre cercanos al poder.</p><p>El próximo 3 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa. La efeméride se presentará como una ocasión propicia para reflexionar sobre aquella frase de Adorni. Un concepto que puede dejar de ser un agravio para transformarse en una definición. No para aceptar los intentos de desacreditación generalizados. Tampoco como respuesta a quienes tildan al 95% de los hombres de prensa como delincuentes ni para reclamar a quienes prohíben el trabajo del periodismo en el recinto del poder. Sí como una forma de rescatar el valor social de este oficio frente a los cuestionamientos de los gobernantes de ahora y de todos los tiempos.</p><p>Los intentos de deslegitimación, las presiones y los agravios continuarán. Y obligarán a redoblar la mirada hacia adentro del oficio. Porque, como sostiene el periodista sanfrancisqueño Ricardo Trotti, la crisis de la prensa no se resuelve con mejores herramientas tecnológicas sino con estándares éticos más exigentes que se encarnen en las tareas centrales de preguntar, investigar, verificar y relatar con honestidad intelectual.</p><p>Ser “apenas un periodista” es nada más que eso. Nada menos que eso.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cBMw8Jw82MRSGPBukAG0SrLIMs4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/javier_milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La frase del título nació como agravio, aunque puede ser una definición. Pero hoy se agrega otro problema. La prohibición de ingreso a la Casa Rosada a los trabajadores de prensa acreditados la libertad de expresión y el derecho de la sociedad a estar informada.]]>
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                <updated>2026-04-25T11:58:50+00:00</updated>
                <published>2026-04-25T11:58:47+00:00</published>
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            Créditos: entre la legalidad y la ética
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yXKRHuu5l9zX39Xs1kjVqGYpozc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/banco_nacion.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>En declaraciones periodísticas, el ministro de Economía,&nbsp;Luis Caputo, defendió el hecho de que funcionarios del gobierno y legisladores hayan accedido a&nbsp;créditos hipotecarios del Banco Nación. Estos préstamos originaron un pedido de investigación impulsado por diputados opositores. &nbsp;</p><p>Las palabras del funcionario resonaron con fuerza: “No hay nada ilegal y mucho menos inmoral”, dijo. Afirmó que él mismo incentivó el uso de estas líneas: “Yo le digo a todo el mundo, desde funcionarios hasta amigos, vayan a tomar créditos hipotecarios porque es una oportunidad única”.</p><p>La misma mirada, aunque más “penetrante”, fue exhibida por el presidente de la Nación en una entrevista reciente. Milei minimizó la controversia argumentando que su uso no causó muertes, ni afectó la libertad de las personas. Agregó que los préstamos se tomaron a tasas de mercado, con lo que cerró cualquier posibilidad de debate e ignoró aspectos como la desigualdad en el acceso o la discusión sobre el destino de los fondos públicos.</p><p>En verdad, la legalidad de estos créditos estaría fuera de discusión. No obstante, en el plano de la ética pública es donde aquellas explicaciones pierden consistencia. En la Argentina nos hemos acostumbrado a que ciertos sectores o personajes tienen privilegios a la hora de alcanzar algunos beneficios. Saltarse la cola para acceder antes que los demás a determinados privilegios es un hecho de una habitualidad lamentablemente naturalizada.</p><p>En este sentido, el caso del vacunatorio VIP durante la pandemia permite entender el propio límite del razonamiento presidencial: allí sí pueden identificarse consecuencias graves, incluso muertes, producto de las decisiones discrecionales de los funcionarios kirchneristas. Pero si ese fuera el único umbral para cuestionar una conducta, quedarían fuera del análisis una serie de prácticas que, sin provocar daños inmediatos ni restringir libertades, afectan principios esenciales de la ética pública y erosionan la ilusión de muchos ciudadanos que apostaron a la llegada de un outsider que venía a “limpiar” los privilegios y abusos de una casta política responsable, sin dudas, de la decadencia nacional.</p><p>&nbsp;</p>Una distinción<p>La distinción entre lo legal (lo permitido por las normas) y lo ético (lo correcto en función de valores como el bien común y la equidad) es un debate clásico de la filosofía política. Por ello, los préstamos que recibieron altos funcionarios bien pueden ser cuestionados desde la ética administrativa y la transparencia que debe reclamarse a las acciones de gobierno.</p><p>Aunque el ministro de Economía diga que los préstamos del Nación están disponibles “para todos”, acceder a los montos que se han publicado no es habitual. Los salarios de la administración pública, aun cuando quien lo reciba ocupe una alta función, tampoco permitirían préstamos millonarios. Asimismo, funcionarios del área económica o del oficialismo pueden verse beneficiados por tener información privilegiada, hecho que sí ingresaría en el terreno del derecho. De igual modo, si el acceso a los préstamos es facilitado por la cercanía política o por el otorgamiento de favores, también la cuestión legal juega en el análisis.</p><p>Reducir la ética pública a la ausencia de daño visible es confundir legalidad con legitimidad. La historia reciente ofrece ejemplos elocuentes: las designaciones de familiares en cargos estatales antes de su prohibición no produjeron muertes ni restringieron libertades, pero sí lesionaron principios básicos como la igualdad de oportunidades. Las habituales excepciones en los procesos licitatorios que direccionan los recursos a los “amigos del poder” pueden estar revestidas de legalidad si cumplen determinados requisitos, pero los principios de transparencia y competencia, pilares de la ética pública, se debilitan al extremo.</p><p>Es decir, la evaluación ética de una decisión gubernamental no debería agotarse en observar si produjo un daño inmediato (según Milei, muertes o pérdida de libertades), sino que puede ser cuestionable si consolida desigualdades o compromete recursos públicos que podrían destinarse hacia otros fines. Por ejemplo, no hay ilegalidad en que una diputada oficialista por Salta destine los pasajes de avión que recibe cada mes para que su hijo pueda estudiar en Buenos Aires. Pero reducir la discusión a que no hay daños graves para otros implica una mirada minimalista de la ética. Además, en una república los recursos del Estado deben orientarse al bien común, no solo a operaciones “correctas”.</p><p>En este contexto, el valor de la equidad se ve afectado. El acceso al crédito para el ciudadano promedio es caro, difícil o burocrático y el hecho de que altos miembros del gobierno utilicen el cupo de préstamos de un banco público trastoca el orden de las prioridades que deberían guiar la misión de esa entidad financiera.</p><p>En definitiva, lo que está en discusión no es si algo puede hacerse, sino si debe hacerse. En el primer caso, la Justicia dilucidará la cuestión. En el segundo, referido a la ética, las zonas grises abundan.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yXKRHuu5l9zX39Xs1kjVqGYpozc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/banco_nacion.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La polémica por los créditos del Banco Nación a funcionarios y legisladores reactiva un dilema republicano en el que debe señalarse que la legalidad no alcanza para garantizar legitimidad. Cuando el acceso desigual, los privilegios y el uso de recursos públicos entran en juego, la ética pública se vuelve el principal criterio de evaluación.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T12:00:00+00:00</published>
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            Demasiados elefantes
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TlOIaGDC9I2Ljbe0Y8JO1oTgUP4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/manuel_adorni_4.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ<p>&nbsp;</p><p>“Cuando enseño en Berkeley, en el primer curso de Ciencia Cognitiva, lo primero que hago es darles a los estudiantes un ejercicio. El ejercicio es: no pienses en un elefante. Hagas lo que hagas, no pienses en un elefante”.</p><p>Así comienza uno de los capítulos del libro del lingüista norteamericano George Lakoff, titulado precisamente “No pienses en un elefante”, que analiza el discurso y el lenguaje de la política. El autor revela que, después de varios años, “no he encontrado todavía a un estudiante capaz de hacerlo”. Todos piensan en un elefante y activan un marco, un escenario en el que se les aparece el paquidermo.</p><p>La conclusión de Lakoff es que “cuando negamos el marco, evocamos el marco”. Recuerda al respecto que cuando se descubrió que Richard Nixon estaba involucrado en el escándalo Watergate, “se dirigió al país por &nbsp;televisión. Se presentó ante los ciudadanos y dijo: ‘No soy un criminal’. Y todo el mundo pensó que lo era”.</p><p>Sobran los ejemplos de personajes públicos -no solo de la política- acorralados por denuncias que apelan al lenguaje defensivo y promueven el conflicto con sus interlocutores para evitar las explicaciones que deben brindar a la opinión pública sobre los hechos que protagonizan. El objetivo es que el contenido del mensaje se diluya en la confrontación.</p><p>La última conferencia de prensa del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, acuciado por las denuncias sobre sus viajes en aviones privados y sus supuestas omisiones de bienes en sus declaraciones juradas, mantuvo esa dirección. “No tengo nada que esconder”; “vos no sos juez”; &nbsp;“no me voy a sentar a que me den clases de ética”, fueron las frases que más resonaron luego de su exposición. Su estrategia discursiva se apoyó en un marco. Pero la repercusión de sus dichos cruzó de vereda. La regla de Lakoff no se cumplió. En la comunicación política, “negar en negativo” no neutraliza ni atenúa las imputaciones. Muchas veces las refuerza. &nbsp;</p><p>&nbsp;</p>El alegato de Cristina<p>Por cierto, las estrategias discursivas pueden variar. Y, sin embargo, producir efectos similares. &nbsp;“Me acusan de ser responsable de 203 casos de cohechos pasivos, coimas. ¿Dónde, cuándo, cómo, quién las recibió? ¿Yo? ¿De quién? ¿Cuándo, cómo, cuánto? Pero además, ¿dónde está toda esa plata?”; “Si me hubiera robado miles de millones no estaría sentada acá”. Las palabras de Cristina Fernández de Kirchner en su alegato frente a los jueces que la juzgan en la causa Cuadernos procuraron, además de negar, amplificar los márgenes del debate hasta volver difuso el eje central. Cuestiona la verosimilitud de las acusaciones, pero no las refuta. &nbsp;</p><p>Este modo de defensa, al correrse de los hechos concretos hacia contextos más generales, no esclarece. Por el contrario, la expansión del mensaje hacia otros planos mediante un exceso de lenguaje, el uso de consignas reiteradas y la diseminación de acusaciones hacia otros terrenos no desmiente ni oculta los hechos.&nbsp; Y termina generando la misma consecuencia: se niega el marco, pero quien recibe el mensaje lo evoca.</p><p>Debe admitirse no obstante que, en este tiempo, hay quienes no comprenden o no asumen los efectos de este tipo de lógicas discursivas en la política. Especialmente esto ocurre entre quienes conviven en las “cámaras de eco” de las redes sociales. Sistemas de circuito cerrado en los que sus participantes hablan y se escuchan entre ellos, instalados en la comodidad de un territorio donde no son contradichos y en el que se difunden mensajes para negar -otra vez este verbo- el marco en el que ocurren los hechos.</p><p>En octubre de 2022, Javier Milei, desde siempre un activo usuario de estas redes, denunciaba que el gobierno anterior saturaba el relato para ocultar la situación económica. En ese contexto, escribió: “¿Cómo se hace para esconder a un elefante? Se lo rodea de una cantidad enorme de elefantes”. Por estos días, uno de sus principales funcionarios utiliza la misma estrategia. Un recurso discursivo que el kirchnerismo utilizó frecuentemente cuando dominaba la escena y que reaparece ahora en los estrados judiciales. Al menos en este punto, distintos pero parecidos.</p><p>Cuando se enfrentan a la imposibilidad de explicar sus acciones, los políticos de todo el mundo intentan disolverlas mediante un exceso de lenguaje, negaciones sistemáticas, elaboración de teorías conspirativas y consignas, entre otros recursos. Son los elefantes que terminan ocultando lo esencial.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TlOIaGDC9I2Ljbe0Y8JO1oTgUP4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/manuel_adorni_4.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde el escándalo Watergate, la política busca el mejor modo para evitar explicaciones sobre hechos que se denuncian o sospechan. La saturación del lenguaje no aclara. Así, la comunicación construye marcos que, lejos de disipar dudas, muchas veces las refuerzan.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-03-28T12:30:00+00:00</published>
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            La coherencia como capital político
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/di7HiCkx_DaZIaNmOqO-p2T-bP4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/adorni.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, quedó envuelto en una controversia que generó repercusión política cuando intentó justificar el hecho de que su esposa viajara con él a Nueva York en un vuelo oficial. Argumentó que “se deslomaba trabajando” y quería que ella lo acompañara. Una explicación bastante débil para quien se presenta como paladín de una visión enfocada en la moralidad de los actos de gobierno.</p><p>En los medios y las redes se habló más de este suceso que de lo ocurrido en la denominada “Argentina week”, evento que procuraba reunir a los grandes financistas y empresarios de la potencia del norte con el objetivo de lograr inversiones en diversos sectores productivos de la economía nacional. De este modo, el principal motivo del viaje de la comitiva gubernamental quedó en segundo plano frente al revuelo producido por la decisión de Adorni y su controvertida explicación. Asimismo, también un vuelo privado hacia Punta del Este en la semana de carnaval apunta a un manejo poco claro de este funcionario.&nbsp;</p><p>Estas situaciones que involucran al jefe de Gabinete desgastan la credibilidad de su retórica que plantea aspectos similares a una cruzada moral para diferenciarse de las prácticas populistas y también corruptas del kirchnerismo. En estos casos, podría no tratarse de hechos graves de corrupción, pero sí son una falta ética evidente.</p><p>El propio Adorni ha sido el vocero de las medidas destinadas a sanear determinadas actividades dentro del Estado relacionadas con la decencia y la sana administración. Por caso, había señalado que los familiares no integrarían comitivas oficiales. Está a la vista que “deslomarse” trabajando en Nueva York no ingresaba en aquellas afirmaciones. De este modo, quedó crudamente expuesto el discurso oficial que prometía austeridad y se diferenciaba respecto de gobiernos anteriores.</p><p>El micromundo de las redes sociales está habitado mayoritariamente por militantes que atacan o defienden ardorosamente actitudes de la clase dirigente. Solo pretenden imponer su “verdad”, aunque ésta no se acomode a los hechos. Es la época de la posverdad en toda su dimensión. Un tiempo en el que los aspectos éticos se subordinan al “tener razón”, aunque para ello se deba recurrir a estrategias insólitas para mantener un discurso que se ajuste al criterio propio de superioridad moral.</p><p>Otro ejemplo de esta realidad son las críticas del kirchnerismo y de sectores de la izquierda a Lionel Messi por haber participado en un encuentro institucional en la Casa Blanca, donde el presidente de Estados Unidos recibió al equipo campeón de la liga local. En este tipo de cuestionamientos resulta difícil descifrar, la lógica argumentativa sobre todo cuando proviene de espacios políticos que aún no comprenden por qué una parte importante de la ciudadanía decidió retirarles su apoyo.</p><p>No es auspicioso comprobar que el actual gobierno cae repetidamente en un terreno similar, marcado por las inconsistencias entre lo prometido y lo efectivamente realizado.&nbsp; Aunque el episodio de la esposa de Adorni probablemente no defina una elección, erosiona el relato oficial y daña su capital político. Cuando el discurso público se apoya en la superioridad moral y en la promesa de hacer las cosas de otro modo, los gestos adquieren un peso mayor. En la vida pública en general, es necesario sostener los principios declamados con conductas que los respalden. De allí que conserva plena vigencia aquello de que no solo importa ser, sino también parecer.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/di7HiCkx_DaZIaNmOqO-p2T-bP4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/adorni.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cuando el discurso público se apoya en la superioridad moral y en la promesa de hacer las cosas de otro modo, los gestos adquieren un peso mayor. De allí que conserva plena vigencia aquello de que no solo importa ser, sino también parecer.]]>
                </summary>
                                <category term="editoriales" label="Editoriales" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-03-18T13:23:15+00:00</published>
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            El eco del atril: nació un tiempo híbrido
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uKSa_fB-EbyHrzmsJozg_jc5ot4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/javier_milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>En un ensayo político titulado “Post populismo: la nueva ola que sacudirá a Occidente”, el politólogo francés Thibauld Muzergues plantea la aparición de una nueva fase política que surge tras la "disrupción populista" de la década anterior. Lo hace a partir del análisis de la experiencia del gobierno derechista de Giorgia Meloni en Italia.</p><p>A partir de los giros pragmáticos de la líder italiana, establece que podría comenzar un período en el que las tendencias políticas de derecha superen las lógicas populistas clásicas y adopten rasgos mixtos entre el liberalismo económico, el conservadurismo político y nuevas formas de gestión que podrían alterar la manera en la que históricamente se han concebido las instituciones democráticas.</p><p>La “nueva ola” procuraría superar la dicotomía populistas de “nosotros versus ellos” para regresar a un debate ideológico más tradicional en las que las categorías “derecha – izquierda” volverían a aflorar, aun cuando pudieran aparecer nuevos términos para denominarlas.</p><p>En este marco, el autor sostiene que Meloni va camino a convertirse en una líder post populista: en política exterior rompió con la tradición de la derecha radical europea de coquetear con Rusia, apoya la Otan y a Ucrania y se asume europeísta. Además, su gestión, no exenta de sobresaltos, mantiene la estabilidad de los mercados y ha moderado la retórica extremista con la que llegó al poder en la cresta de la ola populista. Esto da paso a que se la observe como una estadista fiable, que, sin embargo, no renuncia a su agenda conservadora. Para Muzergues, el camino de la primera ministra italiana es el que probablemente sigan las derechas que quieran sobrevivir a largo plazo.</p><p>&nbsp;</p>¿Y Milei?<p>A partir de ese análisis, mientras aún resuenan los ecos del estruendoso, por momentos escandaloso, episodio de un presidente vociferando desde un atril en el Congreso de la Nación contra un sector de la oposición que tampoco se quedó atrás en sus airadas manifestaciones y en el momento en el que la humanidad experimenta&nbsp; otra preocupante experiencia de guerra que exhibe todavía la vigencia de lógicas populistas, podría pensarse que la Argentina todavía navega en el encrespado mar del populismo, aunque con indicios de que podría surgir algo similar a eso denominado post populismo. Es decir, se viviría un tiempo híbrido.</p><p>Por un lado, el discurso del Congreso reprodujo con claridad el antagonismo planteado por Ernesto Laclau: la retórica inflamada para marcar la frontera entre “nosotros y ellos”. La teatralización estudiada del presidente para su presentación en el Parlamento encaja de lleno en el populismo clásico.</p><p>No obstante, diferencia de las prácticas populistas previas que buscaban alianzas "antihegemónicas", Milei ha declarado un alineamiento incondicional con EE. UU. e Israel. Asimismo, con alteraciones coyunturales y varias contradicciones, el gobierno insiste en ejecutar un programa rígido, en el que aparecen claves ideológicas tradicionales que lo acercan al planteo post populista. La épica del lenguaje populista centrada en la lucha contra “la casta” -destinataria de insultos varios del presidente durante su discurso en el Congreso- convive con el lenguaje técnico de administración sana, promesas (aunque sin precisiones) de nuevas y numerosas reformas y búsqueda de previsibilidad macroeconómica.</p><p>Un último dato dispara interrogantes. Se trata del &nbsp;anuncio sobre&nbsp; “modificar la arquitectura institucional” que refuerza las dudas acerca de cómo se concibe el funcionamiento de las instituciones democráticas, un flanco que abre caminos potencialmente riesgosos.</p><p>En definitiva, mientras el eco del atril sigue resonando, el outsider que llegó para derribar con la motosierra un sistema político decadente utiliza las formas populistas de siempre, aunque muestra indicios de que podría transitar un camino hacia el post populismo.</p><p>Algo similar podría ocurrir en el laberinto opositor. Mientras los sectores más radicalizados mantienen lógicas que no logran mover el termómetro electoral, la posibilidad cierta de que el gobierno sea ratificado el año próximo en las urnas comienza a impulsar intentos de reunir facciones cercanas a la tradicional categoría ideológica de la izquierda o centroizquierda, bajo la premisa -al menos declarativa- de no repetir prácticas populistas fracasadas. Siguiendo el razonamiento del autor francés, también allí podría registrarse un viraje hacia el “post”.</p><p>Quizás el rasgo dominante de esta etapa sea la hibridez. Esto es, una realidad política en la que el eco del atril muestra al populismo clásico, pero que empezaría a insinuar algo diferente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uKSa_fB-EbyHrzmsJozg_jc5ot4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/javier_milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Los gritos e insultos en el Congreso, el alineamiento con Occidente y cierta racionalidad técnica en el anuncio de reformas parecen indicar que el gobierno de Milei oscila entre el populismo clásico y una posible transición  hacia lo que se llamaría “post populismo”. Una hibridez que también comenzaría a reordenar al fragmentado e incierto mapa opositor]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-03-07T12:00:00+00:00</published>
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            Los Neurus de la AFA
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GZkfI98o3LLYPW2Y7rnHXHINTkQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/chiqui_tapia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>Alcanza ribetes insólitos -hasta llega a extremos de ridiculez- la decisión de la dirigencia de la Asociación del Fútbol Argentino de suspender la novena fecha del torneo de la Liga Profesional, debido a que los máximos dirigentes de esa entidad fueron citados a declarar ante la Justicia en una causa por una supuesta millonaria evasión fiscal.</p><p>La trama del anunciado lockout futbolero revela, una vez más, que el ejercicio del poder está plagado de gestos y decisiones cargados de significación. En este caso, se confirma aquello de que los sistemas de poder construyen su propio relato con la intención de perpetuarse.</p><p>Asimismo, las reacciones de los protagonistas cuando se hallan en problemas están escritas en los manuales: negación o minimización, búsqueda de chivos expiatorios, denuncia de persecuciones, aumento del control, cooptación de aliados e intensificación en la toma de decisiones que tienen como objetivo aparentar firmeza o resistencia. A veces, por la tensión existente, bajo la presión y la amenaza de que se derrumbe lo “construido”, algunas de estas estrategias afloran en decisiones de una torpeza manifiesta. &nbsp;La huelga del fútbol parece ser uno de esos casos.</p><p>Si bien no se relacionan directamente con la causa que motivó la citación judicial de Claudio Tapia y Pablo Toviggino, sus apellidos atraviesan otros asuntos que son materia de investigaciones en los tribunales. En uno de ellos, el sobrevuelo de drones sobre una fastuosa residencia en Pilar, Buenos Aires, cuya propiedad estaría vinculada al tesorero de la AFA , permitió descubrir la existencia de un extravagante helipuerto. En un extremo del sitio donde aterrizaban helicópteros que habrían transportado a encumbrados personajes cercanos a ámbitos de poder (como el judicial) para participar de lujosas celebraciones, aparece el nombre de Servicios Neurus, una firma asociada al opaco entorno de este personaje siempre agresivo en sus apariciones en redes sociales. Quizás sea coincidencia. Tal vez no. Pero esa denominación activa la memoria cultural compartida y remite a un dibujo animado que marcó a generaciones: Hijitus.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>El poder caricaturizado</p><p>En aquella inolvidable creación de Manuel García Ferré, Neurus es el autoritarismo hecho caricatura. El profesor tiene la obsesión de concentrar el poder. Y, para ello, monopoliza la palabra y reduce a los demás a meros ejecutores. Una frase muy repetida, condensa este modo de actuar: “Uno para ti, otro para ti y cien para mí”. Expresa una concepción del orden basada en la desigualdad, ajena a la justicia o al mérito y apoyada en decisiones que no admiten discrepancia. La legalidad y el sentido común se subordinan a la conveniencia del que manda y ordena.</p><p>Para que exista esta manera de ejercer el poder se necesitan personajes como Pucho, cuyas limitaciones -personales o contextuales- reducen su capacidad de respuesta y generan una obediencia que no nace de la racionalidad, sino de la dependencia, y que, a veces, deriva en complicidad.</p><p>Así, la semiología -disciplina que, a veces y con alguna razón, es calificada como excesivamente abstracta- encuentra aquí una aplicación concreta. En la AFA, dos Neurus, uno de los cuales incluso estampó ese nombre en un helipuerto, protagonizan un guion en el que el poder se encierra para proteger sus propios intereses, aun a costa de perjudicar al conjunto. Y varios Pucho, dirigentes de ligas o clubes, otorgan callando, replican en sus redes comunicados de apoyo calcados o deben salir a explicar a la afición que no son “corderitos”. Mientras, las tribunas rugen.</p><p>El paro del fútbol ya lanzado y los evidentes gestos de obediencia dirigencial que delatan dependencia conforman una trama que excede largamente las peripecias judiciales de Tapia y Toviggino, pues revela cómo el poder se representa a sí mismo y de qué modo su afán de autoprotección comunica, de forma cada vez más explícita, el objetivo de alcanzar impunidad. &nbsp;</p><p>Sin embargo, en la entrañable historieta, por torpeza o falta de malicia, el ayudante del autoritario profesor termina complicándole la vida al soberbio estratega que piensa y ejecuta buscando su propio beneficio. Puede inferirse entonces que hay espacio para la esperanza de que aparezcan algunos Pucho involucrados en el mundo del fútbol que se propongan neutralizar a los Neurus de la AFA.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GZkfI98o3LLYPW2Y7rnHXHINTkQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/chiqui_tapia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La suspensión del fútbol por la citación judicial de la cúpula del fútbol argentino exhibe una lógica de poder de manual y privilegia la autoprotección de dos controvertidos dirigentes. Pese a los gestos autoritarios y las obediencias obligadas, apelar a la memoria de personajes de la serie Hijitus puede servir para explicar una disposición insólita que vaciará las tribunas.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-02-28T12:22:51+00:00</published>
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            Metáforas deportivas para una semana agitada
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ojpBN5SCoCaBRIkMlM9dViU9uyA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/reforma_laboral_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia / LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>Varias frases utilizadas en las crónicas periodísticas para explicar situaciones que se producen en las contiendas deportivas están cargadas de significados oportunos para aplicar a la palpitante y convulsa política nacional. Mucho más en una semana agitada, en la que el gobierno volvió a enredarse solo, cometió errores de principiante y dejó la pelota picando en la puerta del arco… De su propio arco.</p><p>En este juego de analogías, resulta inevitable evocar aquel entretiempo del Mundial de 1990, cuando, tras haber sufrido un verdadero baile ante Brasil, el entonces director técnico de la selección nacional se limitó a advertirles a sus jugadores que “si se la siguen dando a los de amarillo vamos a perder”. Si bien en la simbología política argentina el amarillo se identifica con lo que queda del PRO, aliado del gobierno, la lógica de aquella frase de Carlos Bilardo, personaje al que públicamente el presidente le expresa admiración, también aplica a lo ocurrido.</p><p>El gobierno se vio contra las cuerdas cuando advirtió que el artículo referido a las licencias por enfermedad incluido en el proyecto de reforma laboral había caído muy mal, incluso en muchos de sus propios votantes. El episodio expuso, una vez más, una seguidilla de errores no forzados. Nadie se hizo cargo de la inclusión de ese texto, aprobado a ciegas por senadores que dieron muestras de amateurismo parlamentario, y las explicaciones posteriores del ministro Federico Sturzenegger definitivamente embarraron la cancha. El intento de “arreglarlo” luego vía decreto reglamentario fue percibido como una jugada antirreglamentaria. La intención de cambiar las reglas de juego cuando el partido se estaba jugando evocó de inmediato las argucias de la actual dirigencia de la AFA. Finalmente, algo de cordura apareció y el artículo 44 fue eliminado del proyecto que, no sin sobresaltos, aprobó Diputados y remitió nuevamente al Senado.</p><p>Gracias a los desajustes tácticos y estratégicos del gobierno, la CGT, que venía perdiendo todos los rounds, se despabiló. Encontró argumentos, clima y oportunidad para llamar a un paro general. Cuando todo indicaba que estaba por tirar la toalla, la oposición más dura se paró de nuevo en el centro del ring. La votación favorable en Diputados aminoró el fallido que casi provoca el despiste del oficialismo y recordó aquella memorable asistencia de Maradona para que Caniggia definiera el cotejo en el que le daban todas las pelotas a los de amarillo y sellara el pase a la siguiente ronda.</p><p>&nbsp;</p>El partido sigue<p>La aprobación de la reforma sin el texto más resistido y la expectativa de su pronta sanción definitiva atenuaron el barquinazo. Pero el partido, claramente, no ha terminado. El cierre de Fate fue un golpe seco, de esos que hacen tambalear incluso al que va ganando. Se da en un contexto económico que empieza a mostrar efectos sociales evidentes. Tanto que hasta el Fondo Monetario Internacional habló de “mitigar los costos de transición”. Es un banderín en alto que advierte sobre la necesidad de encontrar recetas para no caer en “offside” frente a una problemática muy sensible. &nbsp;</p><p>Sin embargo, pese a que la actuación de su equipo tiene aspectos que desconciertan, &nbsp;Milei sigue conservando un importante nivel de aceptación. La explicación vuelve a estar en la política: no aparecen alternativas sólidas, ni liderazgos que disputen el dominio del juego. Escenas como la de una diputada desconectando micrófonos y lanzando insultos en plena sesión funcionan como muestras del desenchufe de una oposición que no logra conectar en la cancha.</p><p>Todo indica que el oficialismo buscará exhibir la sanción definitiva de la reforma laboral como trofeo en la próxima apertura de sesiones del Congreso. En verdad, sería una victoria relevante para un gobierno no peronista. Pero el juego sigue. Y varios funcionarios parecen haberse acostumbrado a meter dentro de su propio arco las pelotas que van afuera. Por eso, frente a lo acontecido en los últimos días y aunque el tablero marque ventaja, prevalece la cautela.</p><p>Tras la agitada semana que se vivió, si esto fuera un tuit, el jefe de Gabinete escribiría “fin”. Pero en la política argentina, como en el fútbol, el alargue y los penales siempre traen sorpresas.¿Fin?</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ojpBN5SCoCaBRIkMlM9dViU9uyA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/reforma_laboral_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La política argentina volvió a ofrecer una semana de errores no forzados, jugadas mal definidas y oportunidades desperdiciadas. La analogía con el deporte podría ayudar a comprender cómo el oficialismo se complicó solo, reanimó a la oposición y dejó abierto un partido que, pese a tener ventaja, todavía no se definió.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-02-21T12:00:00+00:00</published>
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            Importancia del complejo agroindustrial
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OvK6G3eH_JAnHjQBJpZxe38sEF0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/agroindustrial.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>&nbsp;Un informe difundido por la Bolsa de Comercio de Rosario vuelve a demostrar que el complejo agroindustrial es uno de los principales puntos de apoyo de la economía argentina. En efecto, las cadenas agroindustriales representaron 1,8 pesos de cada 10 pesos del Valor Agregado Bruto (VAB) nacional, es decir, una participación del 18% en el año 2024, según un reciente informe elaborado por la Bolsa de Comercio de Rosario. Vale consignar que este indicado indicador económico que mide la contribución de un sector a la riqueza total, calculándose como el valor de la producción menos los consumos intermedios (bienes y servicios usados en el proceso productivo).&nbsp;También, resulta fundamental para entender la actividad económica y es un componente esencial para calcular el&nbsp;Producto Interno Bruto.&nbsp;</p><p>Más allá de las cuestiones técnicas, que siempre son densas y merecen análisis especializados, es un hecho que casi dos de cada diez pesos que genera la economía nacional provienen de las cadenas agroindustriales. En este sentido, luego del golpe excepcional de la sequía de 2023, el sector agroindustrial recuperó en 2024 un nivel de participación cercano a su promedio histórico, lo que da cuenta&nbsp; de su resiliencia y de su peso en el entramado productivo del país.</p><p>El documento de la bolsa rosarina señala, además, que la agroindustria representó el 56% de las exportaciones nacionales en los últimos 20 años. Con sus respectivas cosechas y picos de precios internacionales, ha llegado a explicar más del 67% de las exportaciones en años como el 2020 y 2021. Según se expresa en ese texto, en 2024 como en el primer semestre del 2025 los complejos de la agroindustria representaron el 58% de las exportaciones argentinas. En la misma dirección, los cultivos de soja, girasol, maíz, trigo y cebada representaron cerca del 70% de las exportaciones agroindustriales y el 41% del total exportado en 2024. Como si esto fuese poco, de los principales diez complejos exportadores del país, siete son agroindustriales. A todo esto, se suma la contribución cercana al 20% de los ingresos tributarios nacionales y la generación de más de uno de cada cinco puestos de trabajo privados.</p><p>Las estadísticas son elocuentes. El agro y las industrias vinculadas a su producción son variables centrales para el desarrollo económico y social del país. Por ello, no es exagerado ni caprichoso el reclamo a los gobiernos para que brinden mayor atención y apoyo al sector. Sin políticas que contemplen la variabilidad climática y la inversión en infraestructura y tecnología, la economía en su conjunto queda expuesta a vaivenes que pueden provocar desajustes severos y crisis sociales. La experiencia así lo demuestra.</p><p>El aporte &nbsp;del complejo agroindustrial a la estabilidad macroeconómica ya no puede formar parte de discusiones ideológicas. El desarrollo federal y la posibilidad de crecimiento sostenido tienen como base a estas actividades. Reconocer su centralidad no implica menoscabar la necesidad de diversificar las actividades productivas. Pero es necesario comprender que, para salir del deterioro económico que lleva décadas, es que el desarrollo de una política económica que contemple el fortalecimiento sostenible de su principal actividad productiva.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OvK6G3eH_JAnHjQBJpZxe38sEF0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/agroindustrial.png" class="type:primaryImage" /></figure>Las estadísticas son elocuentes. El agro y las industrias vinculadas a su producción son variables centrales para el desarrollo económico y social del país. Por ello, no es exagerado ni caprichoso el reclamo a los gobiernos para que brinden mayor atención y apoyo al sector.]]>
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                <published>2026-02-19T17:23:42+00:00</published>
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            Reforma laboral: atravesando el muro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/K28doTEBKVCFPvD_ypVauIUz63s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/senado_2026.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>La semana que pasó estuvo marcada por el triunfo oficialista en el Senado. Por primera vez desde el retorno democrático, un gobierno no peronista logró avanzar sobre un terreno que había resultado inaccesible para Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri. La reacción presidencial no se tiñó de sus habituales estridencias: hubo celebración medida, quizás como resultado de que la media sanción fue posible a fuerza de pragmatismo y una dosis de realismo político.</p><p>De todos modos, el gobierno alcanzó una victoria política relevante que rompe con el estigma del fracaso recurrente de los gobiernos no peronistas en materia laboral. Es verdad que debió negociar con estructuras como el sindicalismo y los gobernadores y resignar parte del contenido original del proyecto. No obstante, la media sanción alcanzó para quebrar una inercia histórica. Por primera vez, el statu quo sindical y la resistencia combinada de algunos sectores gremiales y políticos no lograron bloquear por completo una reforma laboral. No se demolió el viejo modelo, pero sí se lo fisuró.</p><p>El proyecto que salió del Senado rumbo a Diputados sufrió más de 50 modificaciones respecto del dictamen original. Una victoria de los gremios fue conservar la facultad de cobrar compulsivamente los llamados “aportes solidarios”, con un tope del 2%. Como gesto de equilibrio, se mantuvieron también los aportes obligatorios de las cámaras empresarias, limitados al 0,5%. Asimismo, el gobierno dio marcha atrás en la reducción de la carga patronal destinada a las obras sociales sindicales.</p><p>Los gobernadores lograron la eliminación del artículo que reducía el Impuesto a las Ganancias del 35% al 31%. No hubo reforma tributaria y tampoco alivio fiscal para el sector productivo. En ese terreno, el cambio quedó postergado. Asimismo, el Fondo de Asistencia Laboral fue aprobado sin sobresaltos. En materia de servicios esenciales, educación y cuidado de menores deberán garantizar un 50% de prestación durante medidas de fuerza. También, se avanzó en el traspaso del fuero laboral federal a la Justicia de la Ciudad de Buenos Aires. Finalmente, aspectos como el régimen de licencias por enfermedad, las vacaciones y los bancos de horas podrían ser factibles de modificaciones, pese a la intención oficial de que en Diputados el proyecto se apruebe tal como llegó del Senado.</p><p>Así, resulta evidente que el proyecto aprobado no constituye una solución integral a los problemas del mercado laboral. Pero tampoco lo habría sido una norma más ambiciosa o ideológicamente más “pura”. Son muchos los aspectos de la vida política y económica que deben transformarse en el país, y por eso es un error suponer que una sola ley pueda revertir décadas de decadencia.</p><p>&nbsp;</p>Perdedores<p>Los sindicalistas, beneficiarios directos de una legislación obsoleta, no lograron articular una respuesta contundente. No hubo paro general porque no había adhesión. La CGT marchó, pero se marchó tan pronto como comenzaron los incidentes. Sus líderes mostraron un silencio casi satisfecho. Salvaron la caja, conservaron algo de su poder y evitaron una confrontación frontal. Los gremios combativos quedaron fuera de la discusión real. Y la izquierda extrema volvió a refugiarse en la violencia, las bombas molotov, los piedrazos y su retórica agarrotada. Habría que sugerirle que proyecte alguna reforma en este aspecto porque sus métodos generan amplísimo rechazo.</p><p>La modernización laboral, si se convierte en ley, fungirá como una señal del debilitamiento del peronismo y del sindicalismo tradicional. Fragmentación, falta de liderazgo y ausencia de una alternativa creíble explican el desenlace distinto. Para peor, el kirchnerismo sigue ofreciendo las mismas recetas, con la promesa de repetirlas con mayor fervor ideológico.</p><p>En su libro “Gracias por llegar tarde”, el prestigioso periodista estadounidense Thomas Friedman advierte que el mundo del trabajo cambió de manera irreversible. Sostiene que pretender sostener estructuras del siglo XX en una economía del siglo XXI conduce a más informalidad, menos empleo registrado y un sistema previsional al borde del colapso, variables verificables en la Argentina de hoy.</p><p>Frente a esta realidad, la reforma laboral que ahora tratará la Cámara de Diputados no destruye el viejo modelo, pero tampoco lo eterniza. Quizás no sea la que el oficialismo soñó. Pero es la primera vez que se está a punto de atravesar un muro que durante décadas fue inexpugnable.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/K28doTEBKVCFPvD_ypVauIUz63s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/senado_2026.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El oficialismo logró en el Senado un triunfo inédito para un gobierno no peronista. Otorgando concesiones y exhibiendo pragmatismo, logró aprobar una reforma laboral que no derriba el viejo modelo, pero lo fisura. Solo ha sido el primer paso. Pero ello no obsta para que se lo pueda calificar de hito político.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-02-14T12:00:00+00:00</published>
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            Otra crisis innecesaria
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0rqqBAepwrH9UYKfdAq9dUPvB3E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/marco_lavagna.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>“La &nbsp;confianza (de una sociedad en sus gobernantes) solo es posible en un estado medio entre saber y no saber. Confianza significa: a pesar del no saber en relación con el otro, construir una relación positiva con él. La confianza hace posibles acciones a pesar de la falta de saber. Si lo sé todo de antemano, sobra la confianza. La transparencia es un estado en el que se elimina todo no saber. La exigencia de transparencia se hace oír precisamente cuando ya no hay ninguna confianza”.</p><p>El filósofo coreano Byung Chul Han, en su libro “La sociedad de la transparencia”, escribe que confianza y transparencia son caras opuestas de una misma moneda. Cuando se rompe la confianza, asoma la necesidad de la transparencia. Por extensión, cuando los indicadores que marcan la vida de la sociedad no son confiables, el reclamo porque lo sean se torna imperativo y la necesidad de explicaciones cristalinas aparece con nitidez.</p><p>La renuncia del economista Marco Lavagna a la titularidad del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos abrió el escenario de sensaciones descripto más arriba. Recobró vigor la histórica desconfianza en los guarismos que se difunden sobre la inflación, aumentada a niveles estratosféricos luego del estropicio cometido por el ex secretario de Comercio, Guillermo Moreno entre 2007 y 2015, durante los gobiernos kirchneristas cuando se alteraron de manera escandalosa los números. En la semana han vuelto a escucharse reclamos de transparencia. Algo atenuados por cierto desde quienes intentan minimizar aquella destrucción del prestigio del Indec. En estos casos, según Pablo Mendelevich, se simula “una &nbsp;equiparación de pecados, por llamarlos de alguna manera, con eventuales debilidades de sus adversarios y así licuar culpas”. El mensaje sería, “vieron, hacen lo mismo que Moreno”, aunque sin cuestionar lo que hizo este singular personaje.</p><p>&nbsp;</p>La pelota en la red<p>No sorprende, por cierto, que el gobierno de Milei haya vuelto a dejar la pelota en la red al cometer un nuevo error no forzado. La susceptibilidad sobre las mediciones del Indec se había atenuado en los últimos dos años. Más allá de su filiación política, el funcionario renunciante había continuado trabajando luego de la asunción de este gobierno y su figura fue elogiada por las más altas autoridades. Se había transformado en un ejemplo simbólico de la primacía de las instituciones por sobre los intereses partidarios. Tras el portazo, hoy es vilipendiado por las usinas mileístas en las redes sociales. Asumir actitudes similares al kirchnerismo no figuraba entre las promesas de los actuales gobernantes.</p><p>Lo cierto es que la salida de Marco Lavagna reavivó la desconfianza en las estadísticas oficiales. El Indec no es hoy el espacio militante y falaz de la época de Moreno ni atraviesa hoy una crisis comparable a la de otros períodos. Sin embargo, la renuncia de su titular -motivada porque el Ejecutivo rechazó el cambio de metodología para medir el Índice de Precios al Consumidor- generó preocupación en la ciudadanía. Y también en los organismos internacionales, los potenciales inversores y actores económicos que toman decisiones a partir de los datos oficiales.</p><p>Al mismo tiempo, el ruido sobre la estratégica económica se intensificó. La desaceleración inflacionaria es uno de los activos políticos más significativos del gobierno. ¿Lo sigue siendo luego de un episodio en el que se refuerza la idea de oportunismo en el manejo de las estadísticas? El carácter retórico del interrogante impide advertir que se ha erosionado la narrativa oficial que había recuperado el prestigio del Indec y, con ello, se debilitó la credibilidad de sus mediciones aun cuando los datos puedan seguir siendo técnicamente correctos.</p><p>En ese contexto, reabrir el debate sobre el Indec se transformó en un ruido innecesario. Porque la sensación que se filtra es que el gobierno volvió a subestimar el costo político de determinadas decisiones, confiando en que los números bastan para clausurar cualquier discusión.</p><p>Así, otra vez el eje se ha cambiado. Ya no se habla de “cuánto” subieron los precios. Sino “cómo se mide” la inflación. El debilitamiento del mensaje gubernamental es evidente consecuencia del despropósito que significa anunciar un nuevo método y frenar su implementación de modo imprevisto, generando otra crisis innecesaria y con escasos recursos para brindar explicaciones claras.</p><p>“La exigencia de transparencia se hace oír precisamente cuando no hay confianza”, dice Chul Han.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0rqqBAepwrH9UYKfdAq9dUPvB3E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/marco_lavagna.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec reabrió la puerta para la desconfianza en las estadísticas públicas. Un error político innecesario que desplazó el debate de la inflación hacia la credibilidad institucional y debilitó un logro central del gobierno.]]>
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                                <category term="analisis" label="Análisis" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-02-07T12:00:00+00:00</published>
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            Comunicación pública sin personalismos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/y__FyPouVyDYVKJf7QpOnvcAwTo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/martin_llaryora.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>El nombre del gobernador dejó de aparecer en las comunicaciones que emite el gobierno de la provincia de Córdoba. En efecto, desde hace poco tiempo, se observa un rediseño de la comunicación visual oficial de administración liderada por Martín Llaryora.</p><p>Las publicaciones que difundieron esta novedad recogieron afirmaciones lanzadas por voceros del área de Comunicación provincial, quienes señalaron que los mensajes serán ahora más “despersonalizados” y estarán centrados en abarcar a “los cordobeses”. Es decir, se eliminan frases como “gestión tal” o la mención explícita del nombre del gobernador, en favor de un diseño más cuidado desde lo visual y sin alusiones personalistas.&nbsp;</p><p>En los tiempos que corren, esta decisión no es frecuente. No se trata de un cambio pueril o meramente estético. Supone una ruptura con años de &nbsp;intentos por instalar en la opinión pública la idea de que el gobernante es el único “constructor” de todas las obras y avances alcanzados, aun cuando estos sean el resultado del esfuerzo colectivo y del aporte de los ciudadanos.</p><p>En verdad, la medida tiene también razones de índole política. Apunta a una mejor sintonía con el ánimo sociales, especialmente en una provincia en la que la mayoría ha dado reiteradas muestras de rechazo a los personalismos y cualquier forma de comunicación o acción oficial que recuerde prácticas asociadas a regímenes populistas, de los cuales se cuentan numerosos ejemplos en los años recientes.</p><p>La tendencia a personalizar la acción de gobierno llegó a generar situaciones ridículas. Así, los nombres de los funcionarios, acompañados por el concepto “gestión”, aparecían en zapatillas, útiles escolares, vehículos, edificios inaugurados o restaurados, entre otros ejemplos. En la mayoría de los casos, quienes incurren en este tipo de excesos suelen partir de la errada convicción de que aquello que se logra con recursos públicos puede ser presentado como un mérito estrictamente personal.</p><p>No deja de ser llamativo, además, que estas prácticas varíen según el lugar que los dirigentes ocupen en el escenario político. Muchos de ellos, en su rol de opositores, denuncian abiertamente de las prácticas personalistas. Aunque apenas asumen el poder se apresuran a “plotear” con sus nombres la flota de vehículos del Estado, los edificios públicos y hasta la más simple papelería oficial.</p><p>Podrá afirmarse que esta práctica, muy extendida en las últimas décadas, forma parte de versiones renovadas del tradicional caudillismo argentino. Pero quizás haya llegado el momento de dejarla atrás. Por eso, la decisión tomada por el gobierno de la &nbsp;va en la dirección correcta, más allá de las interpretaciones políticas que puedan formularse.</p><p>En definitiva, no resulta necesario reiterar el nombre del gobernante como si se tratara de un acto permanente de pleitesía. Si una gestión es positiva y cumple con los compromisos asumidos ante la sociedad, el reconocimiento llegará de todos modos, aun cuando el nombre del funcionario no esté presente en cada pieza de comunicación oficial.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/y__FyPouVyDYVKJf7QpOnvcAwTo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/martin_llaryora.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El nombre del gobernador dejó de aparecer en las comunicaciones que emite el gobierno de Córdoba. La decisión va en la dirección correcta, más allá de las interpretaciones políticas que puedan formularse. “Plotear” con nombres la flota de vehículos del Estado o los edificios públicos forma parte de versiones renovadas del tradicional caudillismo argentino. Quizás haya llegado el momento de dejarla atrás.]]>
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                                <category term="editoriales" label="Editoriales" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-02-01T13:08:28+00:00</published>
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            Hasta los caños
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CC0Fz0ukN0j8pisdsmTlqBaLs_A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/javier_milei_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>El verano político argentino transcurre con episodios que marcan el clima de época. Mientras la rosca se mueve entre sombras, algunas playas bonaerenses, teatros marplatenses y festivales cordobeses son escenario propicio para la aparición de gobernantes con la intención de “bañarse” de aplausos y vítores. Negociaciones arduas para sumar adhesiones a la reforma laboral y un suspenso que mantiene en vilo a los actores de la política nacional.</p><p>En este marco, el inicio de las sesiones extraordinarias del Congreso prevé ajustadas expectativas. Todo parece indicar que el Senado aprobará el proyecto de reforma laboral, aunque deberá ceder en algunos aspectos puntuales, especialmente referidos a disposiciones tributarias que son resistidas por varios gobernadores. Llamativo es este aspecto: sobre una ley que reformula o moderniza las condiciones de trabajo de los argentinos se discuten las aún no resueltas cuestiones impositivas y fiscales entre Nación y provincias.</p><p>Esta situación, además, expone los límites reales del poder. Y coloca a la ley laboral en el sitial que ocupan las pruebas de gobernabilidad. El debate exigirá la acción de equilibristas políticos que, pragmatismo mediante, asuman con realismo hasta dónde se puede tensar la cuerda ante un respaldo que existe, pero que exhibe condicionamientos.</p><p>La negociación encarnada en las giras por el interior del ministro Santilli no constituye un dato sorprendente. Sí lo es la ausencia de un conflicto mayor. Puede ser que el verano haya amainado los reclamos. Sin embargo, ante la inminencia del debate y pese a las amenazas de algunos gremios combativos, la conducción de la CGT solo expresa su oposición de modo verbal. La resistencia históricamente explosiva a los anteriores intentos de reformas laborales aún no se manifiesta. Es muy posible que esta circunstancia exprese la incapacidad de buena parte de la dirigencia política para leer el presente político y sus disrupciones nacionales e internacionales.</p><p>&nbsp;</p>Un protagonista<p>Sin haber demostrado todavía que se aprendieron las lecciones de los fracasos legislativos del año pasado, el gobierno confía en que la reforma laboral saldrá del Senado. Es así como Milei mantiene su protagonismo oscilando entre anuncios de racionalidad (tendremos leyes de “países normales”, dijo) y su habitual histrionismo especialmente cuando se encuentra con los militantes más fervorosos. Sus apariciones públicas, sus números musicales en festivales folklóricos cordobeses y el teatro marplatense le sirvieron para captar la existencia de un clima que mantendría las expectativas expresadas en las urnas en septiembre pasado. Es su estilo confrontador y polémico. Pero también una manera de ocupar el espacio que otros han dejado vacante.</p><p>El discurso que pronunció Milei en la Cumbre de Davos no hizo ruido como el del año pasado, cuando arremetió sin miramientos contra la cultura “woke”. Sin embargo, los conceptos allí expuestos permiten entender la controversia abierta a partir de la decisión oficial de adjudicar a una empresa extranjera -con una oferta más competitiva- una licitación millonaria para la provisión de caños destinados a un oleoducto en Vaca Muerta. La disputa expresa la mirada tajante que descarta la intervención del Estado para beneficiar a actores locales, en nombre de un “capitalismo justo”. Y, al mismo tiempo, ratifica el intento de producir un quiebre de las prácticas económicas y empresariales del pasado, al exponer a un poderoso grupo industrial de origen nacional como símbolo de discrecionalidad y búsqueda de beneficios.</p><p>Tanto es así, que no hesitó en colocarle el apodo de “Dr. Chatarrín” a uno de los empresarios más poderosos del país, quien se quejó porque una empresa de la India obtuvo la referida licitación. De este modo, repuso en la escena nacional la discusión tan añeja como no resuelta, que enfrenta a las posturas aperturistas con las proteccionistas que, por imperio de las disrupciones de Donald Trump, hoy también envuelve al mundo.</p><p>Lejos del estilo didascálico de Davos y aun considerando las enormes diferencias entre los auditorios, su discurso en el evento “Derecha Fest” renovó su faceta más ácida y provocadora. “Aquellos que tienen productos más caros y de menor calidad no son dignos del favor del mercado y si quieren hacerlo por la fuerza con negocios turbios con el Estado deben desaparecer e ir a la quiebra”,&nbsp;sostuvo en clara alusión a las críticas que hizo el líder del grupo Techint. Y afirmó que “siempre existen piedras en el camino”, en referencia directa al apellido Rocca.&nbsp;</p><p>Así, entre ironías, excesos, “Rock del gato”, “Amores salvajes”, viajes a las provincias del ministro del Interior, poroteos en el Senado, reclamos provinciales ante la posible merma de recursos que pueda generar la reforma laboral, incertidumbre de dirigentes opositores y gremiales que no aciertan en su lectura del presente y&nbsp; el sonoro choque con un peso pesado del empresariado, &nbsp;transcurre un verano argentino en el que afloran las mismas controversias no saldadas de siempre -coparticipación, importaciones versus producción nacional, por caso. Para no perder la costumbre, el estío nos encuentra -otra vez- hasta los caños.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CC0Fz0ukN0j8pisdsmTlqBaLs_A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/javier_milei_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Entre negociaciones silenciosas y gestos de confrontación, el verano político combina la discusión de la reforma laboral con la controversia por la licitación de los caños del oleoducto de Vaca Muerta, reponiendo un antiguo debate no saldado y exponiendo tensiones fiscales, pruebas de gobernabilidad, así como el intento oficial de imponer, al menos en el discurso, un quiebre con prácticas del pasado.]]>
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            Inteligencia: nuevas facultades, viejas prácticas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/LEqecCeMd-5jpRALFr8JDozUsfg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/side_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>El Boletín Oficial del primer día hábil de este año llegó con una sorpresa. Un extenso Decreto de Necesidad y Urgencia (el 941/25) estableció modificaciones importantes a la Ley de Inteligencia Nacional. De inmediato se abrió un debate político y jurídico que fue creciendo aun cuando funcionarios, legisladores y magistrados judiciales están hoy más atentos al oleaje del mar que a las vicisitudes políticas e institucionales.</p><p>El decreto reforma la estructura y amplía las atribuciones de la Secretaría Inteligencia del Estado (Side). &nbsp;El nuevo esquema combina disposiciones que buscan actualizar el sistema frente a amenazas contemporáneas con otras que despiertan serias dudas por su posible impacto sobre derechos y garantías constitucionales.</p><p>Por cierto, el contexto político es un dato clave para analizar el futuro de este decreto. Luego de las últimas elecciones de medio término, la actual conformación del Parlamento dificulta reunir mayorías en ambas cámaras para rechazar un DNU</p><p>Aprovechando la insólita&nbsp; estructura normativa que volvió casi inexpugnables a los decretos presidenciales -diseñada durante el kirchnerismo-, Milei decidió avanzar. Y es posible que se tome revancha de la derrota que sufrió cuando pretendió asignar millonarios fondos a la Side y el Congreso, por primera vez en la historia, anuló esa decisión “de necesidad y urgencia”.</p><p>La historia de los servicios de inteligencia argentinos es controvertida y también poco recordada. Desde la creación de la Cide durante el primer peronismo hasta la Side y sus múltiples reformulaciones, la inteligencia estatal estuvo durante largos períodos asociada al control político interno. Espionaje a personajes públicos de varios ámbitos, superposición de organismos y vínculos con prácticas represivas forman parte de un pasado que no distingue ideologías.</p><p>Como recuerda Pablo Mendelevich en La Nación, el problema no es nuevo: la cultura del espionaje político se consolidó mucho antes de la actual administración y nunca fue plenamente desmantelada, ni siquiera cuando se intentó hacerlo por vía legal con la Ley de Inteligencia Nacional 25.520 en 2001. La paradoja, como señala el periodista, es que sectores del peronismo y otras fuerzas políticas que hoy se presentan como defensores de la República rara vez revisaron su propia responsabilidad en la construcción de un sistema opaco y proclive a excesos.</p><p>El DNU reorganiza el sistema de inteligencia nacional y actualiza algunas funciones frente a nuevas amenazas, en especial en materia de ciberinteligencia y protección de infraestructuras críticas ante eventuales ataques tecnológicos. Además, reafirma -al menos en el plano declarativo-, que no se podrá hacer inteligencia o contrainteligencia “sobre personas por el solo hecho de su raza, fe religiosa, acciones privadas, u opinión política, o de adhesión o pertenencia a organizaciones partidarias, sociales, sindicales, comunitarias, cooperativas, asistenciales, culturales o laborales, así como por la actividad lícita que desarrollen en cualquier esfera de acción”.</p><p>&nbsp;</p>Aspectos controversiales<p>Sin embargo, junto a estas afirmaciones generales aparecen disposiciones que generan fundada preocupación jurídica e institucional. En primer lugar, el decreto no cumpliría con los requisitos constitucionales para legislar por DNU, ya que no justificaría por sí mismo la urgencia exigida por el artículo 99, inciso 3, de la Constitución Nacional. Otro punto crítico es la caracterización de todas las actividades de inteligencia como “encubiertas”, un término ambiguo que provoca confusión.</p><p>El aspecto más sensible es la habilitación para detener personas en el marco de actividades de inteligencia sin una intervención judicial. Esta facultad abre la puerta a decisiones arbitrarias y afecta garantías básicas constitucionales. En el mismo sentido, la ampliación de funciones de la Side, combinada con controles debilitados, podría restringir la labor judicial en la investigación de supuestos delitos.</p><p>Se espera que, una vez reanudada la actividad parlamentaria, la agenda oficial estará concentrada en la reforma laboral. El gobierno confía en que la actual composición del Congreso le permitirá neutralizar los intentos de rechazo del DNU. Es probable que abunden las denuncias y las proclamas opositoras, pero con escaso margen para avanzar más allá de ese plano.</p><p>En este escenario, la Justicia aparece nuevamente como la barrera última para poner límites a una posible vulneración de normas y derechos ciudadanos, en un país donde el espionaje político ha sido, durante décadas, una añeja y censurable costumbre.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/LEqecCeMd-5jpRALFr8JDozUsfg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/side_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Decreto de Necesidad y Urgencia se reformó la Ley de Inteligencia Nacional. La decisión reflotó el debate sobre el poder del Estado, los controles democráticos y los límites constitucionales y trajo de vuelta aspectos históricos controvertidos. El Congreso que no estaría en condiciones de rechazar el DNU. La Justicia tendría la última decisión]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-01-24T12:30:00+00:00</published>
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            Roffé: “Las elecciones ya no se ganan con plata”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vx2IBdApI49tIblR_vsFcY1xr7U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/cecilia_roffe.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La concejala Cecilia Roffé, quien desde el año pasado conforma el monobloque San Francisco Cambia en el Concejo Deliberante -el cual surgió a las pocas semanas de asumir su banca con Juntos por el Cambio- analizó el resultado de las elecciones legislativas y afirmó que “esta vez hubo un mensaje de las urnas muy claro y contundente”. En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, la dirigente subrayó que ese mensaje “debe ser escuchado por todos los que estamos en política, más allá de la ideología de cada uno”, y criticó a los gobiernos provincial y municipal por intentar disfrazar la derrota.</p><p>Roffé consideró que los resultados demuestran que “las elecciones ya no se ganan con plata” y reclamó que quienes ocupan cargos “cumplan con su función y no estén pensando en candidaturas”.</p><p>Consultada sobre su vínculo con La Libertad Avanza, aclaró que, si bien no integra formalmente el espacio, mantiene una “muy buena relación” con Patricia Bullrich y Laura Rodríguez Machado, con quienes comparte una misma visión de trabajo y compromiso.</p><p>&nbsp;</p><p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ¿Cómo interpreta el resultado de las elecciones legislativas, tanto a nivel nacional como en Córdoba, donde La Libertad Avanza se impuso de manera contundente?</p><p>Creo que esta vez, como nunca antes, hubo un mensaje de las urnas muy claro y contundente. Creo que todos los que estamos en política tenemos que escucharlo, más allá de la ideología de cada uno. Particularmente, deben hacerlo quienes perdieron: desde aquellos que incluso ocupan cargos relevantes que sufrieron derrotas estrepitosas, en donde en lugar de felicitar a los que ganaron y asumir la mala elección, tratan de engañar a la gente con porcentajes que no reflejan la voluntad popular. Sin duda, también deberían escucharlo el gobernador Martín Llaryora, que gastó cifras siderales en propaganda y en obras carísimas que los vecinos no solicitaban, y que terminó siendo el candidato virtual de la campaña. Sin embargo, perdió por 14 puntos y salió a decir que había sido una buena elección porque había conseguido un diputado más. ¿De verdad piensa Llaryora que la gente le cree eso? De igual forma, Damián Bernarte salió a decir que la diferencia había sido menor que en otros lugares de la zona. ¡Por favor!, un poco de hidalguía: cuando se pierde, se asume la derrota y punto. Además, ¿pensarán el gobernador y el intendente que este mensaje tampoco es para ellos? Mucha gente sufre y espera que la situación mejore, mientras tanto en Córdoba se habla cada vez más de las listas colectoras subvencionadas con fondos públicos, utilizadas con el único fin de perjudicar al Presidente.</p><p>&nbsp;</p><p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ¿Cuál cree que es ese mensaje que los cordobeses le dieron a la dirigencia política con esta elección?</p><p>Estoy convencida de que el mensaje fue claro: basta de avivadas, basta de tirar la plata que es de todos, basta de tratar de manipular las elecciones. Si no escuchamos este mensaje, si no lo respetamos, vamos por mal camino. Y algo importante que quedó demostrado: las elecciones ya no se ganan con plata. Todos los que estamos en política tenemos aspiraciones para progresar, pero todo debe hacerse a su tiempo. No podemos, recién terminada una elección, estar pensando ya en la siguiente. Eso a la gente no le gusta. Si uno tiene un cargo, debe cumplir con ese cargo y dar lo mejor de sí mismo. Salió un título en los medios que dice que “Llaryora retoma su gestión”. ¿Cómo va a retomar su gestión, sobre todo cuando es gobernador? Hablar de candidaturas hoy es un error; debe hacerse en el momento que corresponde. De lo contrario, la política se convierte únicamente en una herramienta para trabajar en función de las elecciones.</p>Cecilia Roffé y Patricia Bullrich&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>-&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Tras la victoria libertaria, muchos dirigentes opositores evalúan un reacomodamiento. ¿Usted se siente más cerca de La Libertad Avanza en este nuevo contexto?</p><p>Con La Libertad Avanza tengo muy buena relación, sobre todo porque trabajo con la actual ministra de Seguridad de la Nación y senadora electa por amplio margen, Patricia Bullrich, y con la diputada nacional Laura Rodríguez Machado como referente provincial. Si bien no integro formalmente LLA, los dirigentes con quienes trabajo forman parte del proyecto. Laura colaboró con el Gobierno desde el primer día. De la misma manera, he sido referente departamental en la elección presidencial donde era candidata Patricia Bullrich y en las provinciales&nbsp; con Luis Juez, quien conforma la “Alianza La Libertad Avanza”. Tengo una excelente relación con el grupo de acá, me puse a disposición &nbsp;y colaboramos con la fiscalización departamental.</p><p>&nbsp;</p><p>-¿Qué rol piensa jugar usted en este nuevo escenario político cordobés y nacional?</p><p>Por ahora no hablo de candidaturas: sigo trabajando en los reclamos y necesidades de los vecinos, que para eso fui elegida y en eso está enfocada mi función.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vx2IBdApI49tIblR_vsFcY1xr7U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/cecilia_roffe.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La concejala que encabeza el monobloque San Francisco Cambia analizó los resultados de los comicios legislativos y cuestionó con dureza al oficialismo provincial y local. Dijo tener una “muy buena relación” con La Libertad Avanza y llamó a la dirigencia a “escuchar el mensaje de las urnas”.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-11-02T13:00:00+00:00</published>
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            Descorriendo las cortinas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L3L87uRL3VPPxCShl2zxnp_V7nU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/javier_milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>Tras el triunfo de La Libertad Avanza, se multiplicaron las interpretaciones sobre las razones del contundente apoyo al oficialismo nacional. Entre los factores señalados, se destaca la efectividad de la boleta única de papel, que simplificó el proceso electoral y desactivó sospechas sobre maniobras clientelistas. También influyó el viraje discursivo del presidente y el impacto emocional del respaldo de Donald Trump, cuya polémica frase -“Si gana, lo seguiremos apoyando”- fue catalizadora. En contrapartida, aquel “ya saben a quién votar” de Cristina Kirchner, al intentar desacreditar ese apoyo, reforzó la decisión de un amplio sector que sabía exactamente a quién no elegir.</p><p>El resultado dejó al kirchnerismo en una posición difícil: sufrió una derrota que acentuó su repliegue territorial y las tensiones internas. Su discurso, anclado en categorías ideológicas añejas, aparece desconectado de una amplia porción de jóvenes. Tampoco logró instalarse la “avenida del medio”. Como resumió el politólogo Andrés Malamud, el magro desempeño de estas opciones ratificó que, en tiempos de polarización, “el agua tibia nunca es nítida; el agua caliente o fría te convencen, la tibia no”.</p><p>Pasada la elección, la atención se centró en la actitud del presidente y sus aliados. Su primera aparición pública, de tono moderado, disipó temores, y la posterior convocatoria a los gobernadores que “saben que dos más dos es cuatro” exhibió un giro pragmático. La foto del encuentro simbolizó el posible comienzo de un nuevo tiempo. Que, quizás, sea el fruto del “aprendizaje forzoso” -según admitió Milei- nacido de la derrota en la elección provincial bonaerense.</p><p>&nbsp;</p>El verdadero triunfo<p>El desafío de este nuevo escenario político reside en consolidar la convicción de que el equilibrio fiscal, el orden macroeconómico, el control de la inflación y las reformas de fondo en campos como el laboral y el tributario se perciban no como imposiciones, sino como compromisos imprescindibles.</p><p>En la teoría política, este fenómeno se explica por el concepto de la “ventana de Overton”, en referencia a Joseph P. Overton, analista estadounidense que en los años noventa describió cómo un conjunto de ideas inicialmente inaceptables, ignoradas o rechazadas por una comunidad y sus líderes políticos puede, con el tiempo, transformarse en políticamente viables o socialmente deseables.</p><p>Esa “ventana” se desliza como consecuencia de variados factores: cambios en la opinión pública, el fracaso de algunas teorías, la sucesión de malas experiencias políticas, la irrupción de líderes carismáticos, eventos históricos o movimientos sociales. Hoy, las redes y los medios digitales aceleran este desplazamiento, mientras que la polarización ideológica lo hace más brusco.</p><p>El voto popular induce a reflexionar que aquellas ideas pueden estar atravesando la ventana. De ser vistas como falacias defendidas por “gorilas”, un objetivo imposible o consignas tecnocráticas de sectores que solo pretenden aumentar su influencia y su poder económico, se asumen ahora como de sentido común, factibles, razonables y hasta populares.</p><p>Overton describe los pasos de este fenómeno: una idea rechazada radicalmente comienza a discutirse. A partir de allí, se vuelve más tolerable para la sociedad y, con el tiempo, debido a factores sociales, culturales y políticos, empieza a percibirse como una opción razonable. La ventana se atraviesa cuando el apoyo popular se hace manifiesto. Que no se cierren los postigos dependerá, finalmente, de que se convierta en política pública perdurable.</p><p>Como un estudiante que aprobó una materia sin haber estudiado demasiado, Milei admite haber tomado nota de que hay que aceitar las bisagras.</p><p>Luego de la reunión con los gobernadores, es posible las cortinas se estén descorriendo. &nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L3L87uRL3VPPxCShl2zxnp_V7nU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/javier_milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La victoria de Milei sorprendió por su contundencia. También, pudo haber logrado el corrimiento de la ventana política nacional hacia un nuevo consenso, donde el equilibrio fiscal y el orden macroeconómico se asumen como condiciones necesarias para la recuperación del país.]]>
                </summary>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-10-31T13:18:00+00:00</published>
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            Frente a la elección de hoy
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/faJDwpuZcDmCaTzlgVTYbgR6cS8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/elecciones_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Los argentinos concurrimos hoy nuevamente a las urnas para elegir a quienes ocuparán bancas en el Congreso de la Nación. Más allá de su carácter rutinario y de los cuestionamientos que ya se han escuchado respecto de la inconveniencia de seguir votando cada dos años, esta jornada llega una, vez más, envuelta en un clima de incertidumbre y tensión que parece haberse vuelto una constante de nuestro país.</p><p>Cada elección se transforma en un punto de inflexión, en un momento en que todo parece comenzar de nuevo, como si el país necesitara refundarse periódicamente ante la incapacidad de su dirigencia de sostener acuerdos básicos que aseguren continuidad y previsibilidad. Resulta doloroso comprobar que, en lugar de consolidar una democracia madura y estable, la Argentina vuelve a sumirse en disputas estériles por el poder, mientras la sociedad asiste con desánimo a la degradación del debate público.</p><p>Resulta inconcebible que el voto popular se vea amenazado por la acritud, las asperezas y las agresiones. Frente a la realidad que ofreció una campaña electoral insulsa, teñida de denuncias, sospechas y agresiones, los argentinos tenemos la responsabilidad de volver a las urnas para ratificar nuestra vocación democrática. En este contexto, parece una ingenuidad hablar del significado del sufragio como acto de responsabilidad cívica y de afirmación democrática. Sin embargo, sigue siendo así, aunque sea mayoritario el reclamo que se formula a la dirigencia para que vuelva a enfocarse en la función esencial de la política: la búsqueda del bien común.</p><p>Es en los tiempos de mayor confusión cuando debe reivindicarse el significado del sufragio como acto de responsabilidad cívica y de afirmación democrática. El voto sigue siendo la herramienta más poderosa con la que cuenta la ciudadanía para expresar su voluntad, exigir rendición de cuentas y marcar el rumbo de las instituciones. Frente al desgaste de la confianza, a la soberbia de los liderazgos personalistas y a la corrosión que provoca la corrupción, cada ciudadano tiene hoy la posibilidad -y el deber- de reafirmar su compromiso con la República. Y exigir que la dirigencia política también lo asuma. Porque no se trata solo de elegir representantes, sino de renovar la esperanza en una Nación que todavía puede -y debe- reencontrarse consigo misma.</p><p>Quizás sea el momento para que la rutina de votar, de expresar la opinión popular a través del sufragio, sea el antídoto para un clima político enfermo que ha dañado las ideas republicanas de tolerancia, respeto, debate de ideas y diálogo por encima de cualquier diferencia.</p><p>En definitiva, estamos frente a una ocasión propicia para retomar una senda virtuosa que revierta las actitudes confrontativas acumuladas desde hace por lo menos dos décadas y para consolidar un sistema institucional que, por mucho que se lo critique, es el más adecuado para alcanzar el verdadero desarrollo político, económico y social.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/faJDwpuZcDmCaTzlgVTYbgR6cS8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/elecciones_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cada elección se transforma en un punto de inflexión, en un momento en que todo parece comenzar de nuevo, como si el país necesitara refundarse periódicamente ante la incapacidad de su dirigencia de sostener acuerdos básicos que aseguren continuidad y previsibilidad.]]>
                </summary>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-10-26T11:00:00+00:00</published>
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            “Trumpa” o “Trumpolín”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H3bv9aUAt-r7Muf9HY0tcECgI70=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/javier_milei_y_donald_trump.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>Los particulares protagonistas de la política de este tiempo suelen ofrecer escenas dignas de un guion que mezcla el drama y la comedia. La reunión entre Javier Milei y Donald Trump dejó varias de esas imágenes: los pulgares para arriba, un elogio hasta desmedido del magnate hacia el presidente argentino, una conferencia de prensa interminable y, también, una frase que repercutió en todos los ámbitos y volvió a alterar los mercados. “Si pierde con un candidato de extrema izquierda no seremos generosos”, dijo el presidente estadounidense. Traducido: ganá las elecciones o no aparezcas de nuevo por acá.</p><p>El título -“Trumpa” o “Trumpolín”- supone un juego retórico que resume interpretaciones que se han hecho de ese encuentro en la Casa Blanca. Por un lado, la trampa diplomática en la que el gobierno argentino pudo haber caído por haber creído que ya gozaba de hegemonía en la política interna: la de depender del ego, la imprevisibilidad deliberada y el humor de un mandatario que acostumbra alterar el tablero con declaraciones y actitudes intempestivas, mucho más cuando hoy está envalentonado por el éxito que obtuvo en la primera fase del plan para terminar la guerra en Medio Oriente. Por el otro, la posibilidad de que esa misma advertencia, si el oficialismo obtiene un buen resultado en las elecciones legislativas, se convierta en trampolín. Es decir, sea un punto de apoyo para recuperar iniciativa política luego de un período en el que ha sufrido serias derrotas legislativas y ha cometido gruesos errores en la interpretación de los procesos políticos.</p><p>Más allá de las obligadas aclaraciones que debieron hacerse luego de aquella frase que convirtió la reunión en la Casa Blanca en episodio de una especie de tragicomedia, si el resultado electoral es adverso, Milei deberá quizás enfrentar la mirada desconfiada del socio del norte, cuya promesa de “no generosidad” podría traducirse en restricciones concretas desde el Tesoro estadounidense y de la caída de las prometidas inversiones de empresas norteamericanas. Funestas consecuencias posibles. &nbsp;Si, en cambio, logra un desempeño que pueda exhibirse como victoria, el respaldo de Washington podría convertirse en combustible político para que, exageración mileísta mediante, “los dólares nos salgan hasta por las orejas”. No obstante, restará definir qué entiende el polémico mandatario norteamericano por “ganar”: ¿el porcentaje de votos?, ¿la cantidad de bancas?, ¿el control del Congreso? ¿Ahora o en 2027? &nbsp;“Trump no tiene ningún problema en ser imprevisible”, afirmó Bob Woodward, uno de los “héroes” del Watergate.</p><p>&nbsp;</p>Adorno de campaña<p>Lo cierto es que la frase altisonante pronunciada en Washington se convirtió en principal adorno de la campaña electoral. En este marco, la comparación con el histórico Braden o Perón reapareció en varios análisis periodísticos, aunque los contextos no sean comparables. En 1946, la injerencia de un diplomático extranjero ayudó a consolidar al peronismo: “Tendríamos que hacerle una estatua”, declaró Perón alguna vez. Mientras desde todos los costados del espectro político hubo empeño en adecuar a sus intereses la interpretación de la extemporánea proclama “trumpiana”, el kirchnerismo celebró esas palabras como la reedición de aquel duelo que dio origen al peronismo. Trump o Cristina podría ser un lema “original”.</p><p>Así, entusiasmada, desde su cómoda celda, la expresidenta condenada por la Justicia decretó que los argentinos que “ya saben lo que tienen que hacer”. Si hacen lo que ella ordena hacer, quizás agradezca públicamente el exabrupto de Trump, remedando la ironía de aquel líder al que no admira. Por el contrario, también sería posible que esta “orden” sea acatada por los que piensan que “lo que tienen que hacer” es impedir que el kirchnerismo retorne el poder.&nbsp;</p><p>En este punto, los caminos se bifurcan: ¿estas circunstancias habrán sido el germen de una más pronunciada polarización, con los votantes blandos saliendo del placar para votar “en contra de” y, gracias a un resultado que pueda interpretarse como favorable, el oficialismo acceda a un “Trumpolín” que le permita afianzar su gestión? ¿O serán una “Trumpa” que torne eufórica a la liturgia opositora y sea difícil de eludir si los guarismos de las urnas son adversos?</p><p>Resta escribirse el final de este guion.&nbsp;</p><p>Falta una semana.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/H3bv9aUAt-r7Muf9HY0tcECgI70=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/javier_milei_y_donald_trump.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Una frase de Donald Trump frente a Milei disparó reacciones de todo tipo: ¿se trató una trampa diplomática que condiciona al gobierno o se convertirá en un trampolín hacia la recuperación? A una semana de las elecciones parlamentarias, la advertencia escuchada en la Casa Blanca agiganta la expectativa sobre lo que ocurrirá luego de conocido el resultado.]]>
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            Morado, no violeta
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dh5LUVecKn6xj5VL9VaNjsqxUaw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/elecciones_buenos_aires.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tras las elecciones bonaerenses y la seria derrota de La Libertad Avanza, surgieron numerosas interpretaciones acerca de los motivos de este hecho que modificó la coyuntura política y abrió un interrogante gigante de cara a los comicios parlamentarios del próximo 26 de octubre.</p><p>El triunfo peronista en Buenos Aires operó como si se hubieran realizado las suspendidas Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso). Es que las consecuencias de la elección fueron similares, aunque no parecen haber alcanzado el dramatismo de ocasiones anteriores. Podría decirse que, con la excepción del número de inflación de agosto, la mayoría de los indicadores económicos están emitiendo luces de alerta. &nbsp;En verdad, los mercados se alteraron -con el dólar como referencia inevitable-. El remezón que significó el golpe electoral para el oficialismo generó una intranquilidad que la Argentina ya ha experimentado en ocasiones anteriores y que da paso a nuevas cuotas de incertidumbre.</p><p>Tras el shock inicial de su derrota, el gobierno quedó en estado de deliberación: la interna recrudeció, las respuestas fueron endebles. Mientras, el “perokirchnerismo” celebró, aunque sigue atravesado por sus propias grietas y elevó el tono con algunas consignas que bien pueden ser calificadas como destituyentes.</p><p>En paralelo, abundaron los interrogantes sobre las razones del pobre desempeño “violeta”: ¿cuánto pesó el ajuste económico que al inicio tuvo cierto consenso, pero terminó afectando a varios sectores? ¿Cómo afectó la recesión productiva que se abatió en los últimos meses? ¿Cómo repercutieron los vetos de normas aprobadas por el Congreso que referían a paliar la realidad de los más vulnerables? ¿Cuánto los errores en la conformación de la coalición bonaerense? ¿La nacionalización de una elección local? ¿El desprecio por las formas y el ninguneo a los dialoguistas? ¿La abstención de votantes no peronistas que apoyaron al presidente en 2023 solo para evitar un triunfo de Massa? ¿La incidencia de los audios en los que se ventilan supuestos casos de corrupción y el intento de censura previa protagonizado por la hermana del primer mandatario?</p><p>Todas estas preguntas intentaron ser respondidas por analistas, politólogos y periodistas y, pese a lógicos matices y diferencias, las conclusiones remitieron siempre a la obligación de cambiar actitudes, renovar caras y revisar políticas en las semanas que restan para la elección crucial de octubre, determinante para el futuro del gobierno libertario.</p><p>&nbsp;</p>Algo de cosmética<p>La primera reacción, la del domingo en la que el presidente debió asumir la derrota, fue un oxímoron. Vamos a cambiar, pero vamos a seguir igual. En la semana, el maquillaje fue superficial. La nueva cosmética incluyó la formación de un par de mesas “políticas” con las mismas caras y la resucitación del Ministerio del Interior para reflotar el atascado diálogo con los gobernadores.</p><p>Al respecto, poco antes de los comicios del pasado domingo, el “mago del Kremlin”, Santiago Caputo, publicó en la red social X un decálogo de “verdades incómodas” de la era mileísta. La número 7 señala que “el diálogo solo es un valor si conduce a un país más libre”. Una simple exégesis sugiere que se dialoga únicamente bajo condiciones de lo que significa “un país libre” definidas por los ideólogos del gobierno. Así, la convocatoria a las provincias corre riesgo de fracasar: salvo los que han sellado alianzas electorales con el gobierno nacional, varios mandatarios ya advirtieron que no quieren fotos, sino respuestas concretas a sus demandas. El encuentro de gobernadores de ayer en Río Cuarto confirmó esta interpretación. A esto se suma la nueva cascada de vetos de leyes que, se acuerde o no con ellos, es un hecho que agrega tensión.</p><p>Cuando falta poco más de un mes para los comicios parlamentarios, este marco permite inferir que aquello de “pintar de violeta el país” es, todavía, una aspiración lejana. Quedó en evidencia que la estrategia “violeta o nada” no surtió efecto: alejó a votantes “blandos”, redujo márgenes de error y enturbió la ya complicada coyuntura.&nbsp;</p><p>El porrazo electoral en Buenos Aires dejó al gobierno con los ojos amoratados. Tiene pocas semanas para advertir la diferencia: el morado es bastante más oscuro que el violeta.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/dh5LUVecKn6xj5VL9VaNjsqxUaw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/elecciones_buenos_aires.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La derrota en Buenos Aires golpeó al oficialismo y abrió un escenario de incertidumbre hacia octubre. Entre autocríticas superficiales, mercados inquietos y decisiones “livianas”, el gobierno nacional enfrenta el desafío de revisar actitudes y estrategias para evitar una crisis de gobernabilidad.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Una semana de película
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yeD7DSiRqR0VTqblFKjdW4JwcYU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/pelicula_de_francella.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>El país vivió esta última semana una serie de episodios que podrían conformar escenas de una película cuya estructura se asemeje a la que promovió un debate de intensidad inusitada. El estreno de Homo Argentum, en la que Guillermo Francella encarna -con mirada “porteñocéntrica”- personajes que intentan retratar al argentino promedio, disparó reacciones encontradas y controvertidas.</p><p>De modo semejante, lo ocurrido durante la semana pareció organizarse en episodios donde el hilo conductor discurrió por la campaña electoral, la polarización ideológica, la violencia y la persistencia de un clima incierto. &nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Escena 1: El cine como espejo<p>Que una película divida aguas no es novedad. Tampoco la distancia entre los gustos de la crítica y del público. Pero es todo un síntoma que la grieta haya determinado el significado de Homo Argentum: para algunos, una obra maestra que refleja el perfil de un argentino medio; para otros un bodrio que denigra al ser nacional. Un debate de cinéfilos se transformó en una disputa ideológica. La lógica binaria eliminó los matices.</p><p>&nbsp;</p>Escena 2: La licuefacción política&nbsp;<p>El cierre de listas para las elecciones legislativas dejó en evidencia la disgregación del frágil sistema nacido luego de la crisis de 2001. &nbsp;La construcción política mantiene su eje de rotación en torno a liderazgos personales antes que a proyectos colectivos. La polarización se consolida. Pero importantes referentes del sistema fueron desplazados o absorbidos. La sumisión del PRO es claro ejemplo. La fragmentación también roza a un peronismo “unido” solo para la ocasión y a los libertarios, enfrascados en disputas que no cesan.</p><p>&nbsp;</p>Escena 3: La economía en pausa<p>Las autoridades económicas parecen tener como único objetivo hasta las elecciones mantener al dólar quieto. Un recurso usado y gastado por gobiernos anteriores. La elevación de las tasas de interés a niveles que desalientan la producción y profundizan la recesión es un dato preocupante. Paradoja: lo que se gana en estabilidad cambiaria se pierde en dinamismo productivo. Como en una escenografía repetida, el crecimiento se posterga por la búsqueda de votos.</p><p>&nbsp;</p>Escena 4: El Congreso, protagonista<p>Al menos hasta octubre, el guion de la política “argenta” tiene como escenario al Congreso. En Diputados, el oficialismo evitó un nuevo revés absoluto, pero lo hizo a costa de un empate poco digno. El rechazo al veto sobre la ley de discapacidad exhibió la obcecación con la que el gobierno manejó un tema que debió resolverse con anticipación. Además, desnudó la falta de reflejos de funcionarios que no calibraron con certeza el humor social sobre esta sensible cuestión. La ratificación del veto a la ley que aumenta jubilaciones permitió maquillar una débil estrategia parlamentaria. La goleada que recibió el gobierno en el Senado desnudó esas mismas limitaciones, varias producto de errores no forzados del oficialismo. No obstante, también las bancadas opositoras tienen dificultades para presentarse como alternativas apetecibles. En especial si el papel central lo asume esa rara especie de Homo Argentum que personifica el senador Mayans.</p><p>&nbsp;</p>Escena 5: La sombra de la corrupción<p>La difusión de los audios del expulsado ex interventor del Instituto Nacional de Discapacidad colocó a media asta la bandera anticorrupción del gobierno. El episodio reactivó sospechas sobre maniobras de inteligencia y volvió a situar a la hermana del presidente en supuestas operaciones oscuras, como ya ocurrió con criptomonedas y candidaturas “pagadas”.&nbsp; Así, la narrativa libertaria de transparencia pierde vigor y arrastra uno de sus argumentos centrales en su lucha contra la casta. La respuesta: “silenzio stampa”. El que calla, otorga. El jefe de Gabinete ya admite que no pone las manos en el fuego por nadie. Este capítulo promete nuevas revelaciones.</p><p>&nbsp;</p>Escena 6: Barbarie en la cancha<p>La violencia en el estadio de Independiente es muestra de un deterioro moral y social que excede al fútbol. La pasividad e inacción policial y el descontrol de los grupos violentos configuran un cuadro que recuerda que, en materia de seguridad y convivencia, la Argentina enfrenta un problema al que la política no brinda respuestas. A la reacción electoralista de funcionarios nacionales y bonaerenses se suma a la de cierta dirigencia del fútbol. Hipocresía y gatopardismo como líneas argumentales.</p><p>&nbsp;</p>Escena 7: No puede faltar una línea sentimental<p>La ruptura de una pareja de actores derivó en un debate mediático que rozó aquella lógica binaria. El ingenio popular no faltó a la cita: a la infidelidad masculina que se asocia en el imaginario colectivo con “Icardi”, ahora se le suma la femenina con “Accardi”. Los opinadores mediáticos, de fiesta. Hasta el espacio de la intimidad pareció encuadrarse en la dinámica polarizada de la vida pública.</p>&nbsp;Epílogo: Un país en suspenso<p>Como en Homo Argentum, las escenas de la semana compusieron una radiografía fragmentada del presente. Los allanamientos de ayer, originados en las escuchas del ex titular del Instituto Nacional de la Discapacidad que han desatado un escándalo de derivaciones imprevisibles, son la secuencia que le faltaba a un guión de suspenso para la película de un país en suspenso.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/yeD7DSiRqR0VTqblFKjdW4JwcYU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/pelicula_de_francella.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El país transitó una semana de escenas dignas de una película: un debate cultural convertido en batalla ideológica, heridos varios y crisis partidarias tras el cierre de listas, una economía en pausa electoral, tensiones en el Congreso, denuncias de corrupción, violencia en el fútbol, y hasta un escándalo sentimental. Todo indica que el suspenso irá creciendo hasta las elecciones.]]>
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                <published>2025-08-23T12:00:00+00:00</published>
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            El espejo de Sarmiento en tiempos de “perder todas”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nxb2D8sAdWe53KDt9chVaeIPylY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/javier_milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Fernando Quaglia | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>“Perdimos todas”, admitió el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, al término de una jornada legislativa que dejó al oficialismo desarmado y expuesto en varios frentes. La derrota en el Parlamento se produjo en la misma semana en la que el presidente Javier Milei anunció que dejaría de lado los insultos para comenzar a “discutir ideas”.&nbsp;</p><p>Así, en el momento en que el gobierno perdió el respaldo aliado y tambalea su control del escenario político, el presidente promete moderación. El interrogante asoma: ¿se trata de un giro en la estrategia o del reconocimiento implícito de que el grito ya “no garpa”? Con las elecciones a la vuelta de la esquina, las dudas se acrecientan.&nbsp;</p><p>El anuncio del cambio en la retórica presidencial vino acompañado de una comparación llamativa. Milei eligió a Sarmiento como espejo. Antes había hecho lo propio con Alberdi. Ambos no se llevaban bien. Es más, el “cuyano alborotador” como lo llamó José Ignacio García Hamilton en su biografía, usó su reiteradamente su lengua filosa y vehemente contra el tucumano. Sarmiento lanzó a Alberdi calificativos que hoy despiertan una sonrisa: “saltimbanqui”, “alma muerta”, “perro de todas las bodas”, “jorobado de la civilización”. &nbsp;</p><p>En verdad, Sarmiento era un “outsider” para las recatadas formas de su época. Sin embargo, como recordó Pablo Mendelevich en La Nación, existe una distancia estética y conceptual entre la invectiva de Sarmiento y el insulto mileísta. El sanjuanino usaba palabras duras. Y no dudaba en atacar o defenderse con ellas. Pero no existía el componente de violencia simbólica de los insultos actuales: no había -al menos en público- referencias genitales, ni ataques homofóbicos, ni descalificaciones groseras, ni burlas sexuales. Sarmiento era altanero, sí. Pero su ataque tenía la misma fuerza sin la actual carga insultante.</p><p>Martín Caparrós, en su novela Sarmiento, escribe una reflexión que pone en boca del protagonista: “Ser presidente no es solamente estar en ese lugar que tantos querrían ocupar. Es, también, estar en el lugar más atacado, porque atacarte es el trabajo de cantidad de gente”. El ejercicio del poder sugiere Caparrós, no consiste en gritar más fuerte, sino en sobrevivir al ruido. ¿Sería posible que, con su estridente anuncio de que dejará de insultar, el presidente -el actual, no el del siglo XIX- esté aprendiendo esa lección?</p>&nbsp;Golpe de realidad<p>En este contexto, los últimos días fueron un golpe de realidad para la Rosada. En la Cámara de Diputados, el oficialismo sufrió una seguidilla de derrotas. Tuvieron media sanción el financiamiento universitario y del Hospital Garrahan, se avanzó con la investigación del caso $Libra y se derogaron varios decretos presidenciales, entre ellos los que disolvían organismos clave como el Inti, el Inta, la Dirección de Vialidad Nacional y otros. “Perdimos todas”, insistió Francos, cuestionando la actitud de los bloques aliados. “Votaron todos con el kirchnerismo”, se quejó.</p><p>Todo indica que la arremetida del Congreso continuará en los días que vienen. Puede explicarse por la cercanía de los comicios de medio término. También porque la oposición kirchnerista -sin escrúpulos ni rubores y exponiendo evidentes contradicciones- avanza decidida cuando palpa debilidad o huele sangre. Asimismo, se debe a la ruptura de los diques de contención con bloques dialoguistas que el gobierno había construido al comienzo de su gestión. En ello, mucho tuvieron que ver los modos, los tonos y los insultos presidenciales.&nbsp;</p><p>Por supuesto, el problema no es solo de lenguaje. A fuerza de golpes, la Argentina está descubriendo que la realidad dista mucho del relato. Pero en la política actual, “perder todas” va más allá de una mala jornada legislativa: impone la necesidad de repensar la estrategia, incluso en la forma de comunicar. En ese sentido, el abandono del discurso agresivo podría formar parte de una táctica que busca reflejarse en la figura de Sarmiento. Para quien usa el insulto y la procacidad verbal como armas políticas, menudo desafío implicará espejarse en uno de los protagonistas centrales de nuestra historia, que -aun con sus exabruptos- supo hacer de la palabra y la escritura verdaderas herramientas de poder.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nxb2D8sAdWe53KDt9chVaeIPylY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/javier_milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La proximidad de las elecciones agita el panorama político. El oficialismo sufrió una derrota legislativa. Algunos aliados se alejan, otros pactan sumisión. Días antes, Milei anuncia el fin de los insultos y se mira en el espejo de Sarmiento. ¿Cambio de estrategia o reconocimiento de que la procacidad ya no reditúa?]]>
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                <published>2025-08-09T13:00:00+00:00</published>
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