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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Pichirica, la parrilla y una vida entre brasas y afectos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gUrQNPaekUcMgQ_gTYn8a8x80Ks=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/pichirica_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Luis Giordano | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>Sobre el Paseo del Ferrocarril Mitre, entre las calles San Juan y Perú, el humo sube, la charla se extiende y el fuego nunca se apaga. Allí está él, siempre. Alcides “Pichirica” Bessone es mucho más que el dueño de una parrilla: es un personaje de San Francisco. Todos lo conocen, lo saludan, lo recuerdan. Su nombre es sinónimo de asado, amistad, calle y barrio. Y su lugar, simplemente llamado “Pichirica”, es un refugio de sabores, historias y afecto.</p><p>“Yo estaba en la fábrica Sachs y me fui con el retiro voluntario. Ya lo venía haciendo esto, pero fuera de hora. Con mi señora dijimos ‘emprendamos algo’, lo que sea. Vendíamos pollo, era buena plata la del retiro, así que largamos con la parrilla. Empezamos para 30, 35 personas después agrandamos la galería, ya había lugar para 70. Este era todo el patio de mi casa”, comentó “Pichirica” en entrevista con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Así nació la parrilla. Desde abajo. Con las manos, con la familia, con el esfuerzo diario de quien no se achica. Con el tiempo, el lugar creció y se volvió un clásico.</p><p>&nbsp;</p>“Uno no quiere dejar”<p>Hoy, la parrilla abre cuatro días a la semana, y aunque los tiempos cambien, nunca falta gente. “Estoy agradecido. La gente me acompañó en los malos momentos y sigue estando. Hay días mejores, otros no tanto, pero siempre está la gente. Por eso no quiero dejar”, manifestó el parrillero.</p><p>&nbsp;</p>“Pichirica” junto a su hija, Sofía.<p>Cuando se le pregunta si alguna vez pensó en retirarse, se pone serio: “No le pongo fecha. Mi viejo tenía comedor y carneaba. Un día vendió la máquina y a los tres o cuatro meses falleció. Me quedó muy marcado eso. Yo creo que si te sacan la rutina de golpe, te desacomoda. A mí me gusta estar acá, hablar con la gente, caminar, eso es mi vida también”.</p><p>Aunque el comedor ya no funciona con la misma estructura familiar de antes, todavía queda mucho de ese espíritu. “Quedó la piba, con el vaivén de la vida, a veces los chicos van y vienen, mi señora también ayuda, pero ahora está más en el kiosco. Entre las dos cosas, vamos tironeando. Pero yo sigo asando, normal”, agregó el vecino.</p><p>Durante la semana, “Pichirica” está en la parrilla y también atiende. Los viernes y sábados se suman dos mozas y otra cocinera. En verano, el equipo se agranda aún más: seis o siete personas. Todos saben qué hacer, cómo hacerlo, y sobre todo, cómo tratar al cliente.</p><p>“Hay más buena gente que mala. De diez, ocho son buenos. Siempre le digo a los chicos: no se calienten. Si atendés bien a 300 personas, no te podés enroscar por una o dos. Hay que estar encima, recibir bien, ver las mesas. Yo cuando salgo a comer, me gusta que me atiendan bien. Y acá tiene que ser igual”, remarcó.</p><p>&nbsp;</p>“Pichirica” lleva casi dos décadas al frente de su parrilla.&nbsp;El secreto del asado<p>Para “Pichirica”, no hay fórmulas mágicas. Hay experiencia, mirada, intuición. “Un asado lo hace cualquiera. Crudo, más seco, más jugoso. El tema es el cálculo. ¿Cuánta gente hay? ¿Cuántos hombres, cuántas mujeres? El hombre come más, entonces si hay mayoría de hombres, ponés más. Si hay más mujeres, regulás. Eso ya lo tengo de memoria”, destacó.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Historias que marcan<p>Cuando empezó, sus hijos eran chicos. “Iban a la escuela secundaria. A veces se dormían porque me ayudaban. Una vez me llamaron de la escuela. Y una maestra me dijo, sin saludar: ‘Qué suerte tuviste, te tiraste a la pileta y tenía agua’. No le dije nada, pero me dolió. Uno no tiene nada, pero algunos te lo reprochan. Después la crucé en un evento, la iba a saludar y se dio vuelta. Eso me quedó grabado, a veces puede haber envidia, pero lo más importante es que uno se esfuerza mucho para tener el lugar que tiene”, manifestó.</p><p>&nbsp;</p>Las ausencias que pesan<p>Habla con emoción de “Poly” Panero, su amigo de siempre. “Compartimos viajes, momentos. Me hubiera gustado tenerlo en estos tiempos buenos. Se extraña. Como dicen: un hermano te lo da tu madre, un amigo te lo da la vida”, comentó emocionado.&nbsp;</p><p>También recuerda con cariño a “Tuchi”, uno de sus clientes más fieles. “Murió hace unos días, a los 89. Vino 15 días antes, caminaba hasta acá con las hijas. Los cumlpeaños siempre los pasaba acá. Me decía ‘voy a llegar a los 90’, lástima que no pudo, lo voy a extrañar mucho. Desde la parrilla, un gran saludo a su familia”, añadió.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>“Un asado lo hace cualquiera. Crudo, más seco, más jugoso. El tema es el cálculo"&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>San Lorenzo, el corazón azulgrana<p>“Yo salgo en bici con la campera de San Lorenzo, todos me reconocen. Y toda mi familia salió cuerva. El kiosco también lo hicimos en honor a Boedo. San Lorenzo es todo para mí”, indicó.</p><p>Hoy, además de la parrilla, el kiosco lo hace aún más visible. “Trabajo mucho con la zona. Todos me conocen. Vienen, me saludan, saben que estoy ahí, en el kiosco que representa a mis colores de San Lorenzo. Se armó algo muy lindo”.</p><p>El kiosco se volvió una segunda base, una prolongación de su vida social. “Gente que frecuenta San Francisco durante la semana viene y ya sabe quién soy”, añadió el vecino.</p>&nbsp;La pasión no se apaga<p>Han pasado 19 años desde que encendió el primer fuego en el patio de su casa. Desde entonces, no paró. “Si hay que estar un año más, también. Mientras pueda, lo voy a seguir haciendo. La gente vuelve, y eso dice todo. Uno se alegra mucho”, señaló. Y como siempre, vuelve al fuego. Al humo. Al lugar donde se siente vivo.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gUrQNPaekUcMgQ_gTYn8a8x80Ks=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/pichirica_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Alcides “Pichirica” Bessone es un personaje entrañable de San Francisco. Dueño de un histórico comedor, su vida transcurre entre amigos. Repasó su historia, su pasión por San Lorenzo, las pérdidas que marcaron su camino y su vínculo inquebrantable con la gente.]]>
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                <published>2025-06-28T13:08:46+00:00</published>
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            Detuvieron a Nahuel “El Perrito” Barrios, jugador de Barracas Central, por un tiroteo en un torneo barrial
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mz2I4Z64bt6ixdbSgyblleI_Bp0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/perrito_barrios.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cristian Nahuel Barrios, de 27 años, futbolista profesional de San Lorenzo a préstamo en Barracas Central, fue detenido este sábado en Avellaneda, acusado de abuso de arma de fuego (dos hechos) en concurso real con amenazas, tras un episodio violento durante un torneo deportivo barrial.</p><p>El hecho ocurrió en las calles Vértiz e Irala, donde se disputaba un partido informal. Según testimonios recogidos por efectivos de la comisaría 3ª de Avellaneda, una pelea entre jugadores derivó en una balacera que dejó tres personas heridas.</p>El incidente<p>De acuerdo al parte policial, Barrios extrajo un arma de fuego de una camioneta RAM negra —propiedad de un familiar— y efectuó varios disparos, luego de una pelea entre dos jugadores identificados como “Santi Barrios” y “Kevin”. Durante la agresión, Leila García, árbitra del encuentro, recibió un disparo en la pierna derecha y luego otros dos tiros, tras ser amenazada por el jugador.</p><p>Además, Pablo Nicolás Godoy (30) resultó con dos heridas de arma de fuego en la pierna izquierda, mientras que el propio Barrios también terminó con una herida en el muslo izquierdo, en circunstancias que aún se investigan.</p>Investigación y detención<p>El hecho fue denunciado luego del ingreso de los heridos al Hospital Fiorito. Tras recepcionar las declaraciones de las víctimas, el fiscal Dr. Zitto, de la UFI N° 4 de Avellaneda, ordenó la aprehensión de Cristian Barrios, quien permanece internado en Capital Federal con custodia policial y será trasladado este lunes a sede judicial.</p><p>El caso quedó caratulado como “abuso de arma (dos hechos) en concurso real con amenazas” y está siendo investigado por la fiscalía y efectivos del Comando de Patrullas de Avellaneda. El expediente indica que el incidente comenzó por una gresca entre jugadores, a la que se sumaron familiares y espectadores.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/mz2I4Z64bt6ixdbSgyblleI_Bp0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/perrito_barrios.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El futbolista fue señalado como autor de disparos que hirieron a dos personas en Avellaneda. Se encuentra internado y bajo custodia policial.]]>
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                                <category term="nacionales--171" label="Nacionales " />
                <updated>2025-06-08T17:56:51+00:00</updated>
                <published>2025-06-08T17:56:33+00:00</published>
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            La historia de una escuela: una mirada desde el corazón de barrio Acapulco
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eAHvKd4BjvlJn_xBY2G-mbXUqOY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/libro_escuela_de_acapulco.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En el corazón del barrio Acapulco, en la localidad santafesina de Josefina, hay una escuela que se convirtió en un símbolo de superación y comunidad para sus habitantes. Es la Escuela de Educación Secundaria Orientada (Eeso) &nbsp;Nº 526 “Paulo Freire”, una institución que, al cumplir sus primeros 15 años de vida, decidió documentar su historia, los logros de su comunidad educativa y la lucha diaria que enfrenta su entorno.&nbsp;</p><p>El proyecto se materializó en un libro titulado “15 años, cambiando las cosas, con amor, paz y unidad”, que fue coordinado por los docentes Carolina Astegiano y Daniel Lario, en colaboración con el director José Giuliano Albo. El libro se presentó recientemente en la escuela y fue recibido con orgullo por toda la comunidad.</p><p>La idea de escribir este libro nació en 2018, cuando la escuela cumplió su primera década. Carolina Astegiano, profesora de Lengua y Literatura, recuerda cómo este proyecto comenzó a gestarse a partir de un ejercicio escolar de entrevistas. “La idea de hacer el libro nace cuando la escuela cumple 10 años. Les dije a los chicos que eligieran personas destacadas de la escuela y que les hicieran una entrevista. Fueron y grabaron las entrevistas; después volvieron al aula y las desgrabaron. Nos quedaron unos textos preciosos”, comenta Astegiano, que desde un principio vislumbró en ese material un posible proyecto mayor.</p><p>Sin embargo, no fue sino hasta varios años después, con motivo del 15º aniversario de la institución, que la comunidad escolar retomó la idea y comenzó a trabajar en serio en la construcción del libro. Fue un proceso lleno de desafíos, interrumpido en varias ocasiones por factores externos que frenaron el avance, desde un huracán que dañó seriamente las instalaciones del colegio, hasta la pandemia de covid-19, que suspendió las actividades escolares presenciales.&nbsp;</p><p>Uno de los capítulos más significativos del libro es el dedicado a la historia del Barrio Acapulco, que fue investigado y redactado por el profesor de Historia Daniel Lario, quien se encargó de contextualizar la evolución de la comunidad a lo largo de los años. “Es muy importante conocer el contexto de nuestra comunidad, cómo se formó este barrio y por qué lleva el nombre que lleva. Muchos creen que pertenece a Frontera, pero realmente estamos en el corazón de Josefina, y eso marca una identidad especial”, comentó Lario.</p><p>&nbsp;</p>Un proyecto colaborativo<p>La construcción del libro fue un proceso colaborativo que involucró a estudiantes de distintos cursos, quienes asumieron roles específicos, desde el diseño de la tapa hasta la investigación y redacción de los textos.Según explica Astegiano, esta fue una oportunidad para que los alumnos pudieran aprender y poner en práctica habilidades de redacción, edición y organización, al tiempo que construían un vínculo más profundo con su entorno.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Los estudiantes que comenzaron el proyecto en 2018 eran parte de un curso de tercer año. “Al principio, los chicos no tomaban dimensión de lo que significaba lo que estaban haciendo. Pero poco a poco fueron comprendiendo el valor de dejar una huella en un libro, algo que permanecerá en el tiempo”, explica la docente.</p><p>El libro representa mucho más que un proyecto pedagógico, es un símbolo de identidad y pertenencia para los estudiantes y sus familias, “Nuestros alumnos necesitan sentir que pertenecen, que son parte de algo más grande, y creo que este libro les da eso”, afirma Giuliano Albo</p><p>Desde sus inicios, la Escuela “Paulo Freire” ha sido un punto de encuentro para la comunidad del Barrio Acapulco. Es un espacio donde no solo se imparten conocimientos, sino también valores, y donde los estudiantes encuentran apoyo y contención en medio de un entorno que muchas veces les resulta hostil. Albo destaca que el proyecto del libro es un ejemplo de cómo la escuela puede contribuir al fortalecimiento de los lazos comunitarios y al desarrollo de un sentido de pertenencia entre los jóvenes.</p><p>“La escuela es el corazón del barrio, y con este libro lo hemos demostrado. Queremos que nuestros chicos sientan orgullo de su lugar, que conozcan sus raíces y valoren lo que tienen aquí. Porque muchas veces sienten que su futuro está en otro lado, que deben irse para poder tener éxito. Y, aunque entendemos que cada uno debe buscar su propio camino, también queremos que sepan que aquí, en su escuela y en su barrio, tienen un lugar al que siempre pueden volver”, reflexiona Albo.</p><p>&nbsp;</p>“15 años, cambiando las cosas, con amor, paz y unidad”&nbsp;<p>La publicación fue posible gracias a la profesora de Lengua y Literatura, Carolina Astegiano y el profesor de Historia, Daniel Lario, a la colaboración de la Editorial CEA y a los talleres de impresión Traverso Hnos. y Cía.,. Los ejemplares están disponibles en la escuela, y los interesados podrán adquirir una copia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/eAHvKd4BjvlJn_xBY2G-mbXUqOY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/libro_escuela_de_acapulco.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La comunidad educativa de la Escuela Paulo Freire celebra sus primeros 15 años con la publicación de un libro que refleja su identidad y su lucha.]]>
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                <published>2024-11-04T16:00:47+00:00</published>
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            Barrio Acapulco, 50 años: del sueño residencial a una dura realidad
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EZ8gz0eqHhKA7kIH5w-pkOi075Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/barrio_acapulco.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Se cumplen 50 años de la creación oficial de los barrios Acapulco y Veracruz, ubicados en el conglomerado urbano de San Francisco – Frontera. Aunque administrativamente dependen de la comuna de Josefina, situada a unos 10 kilómetros, estos barrios han forjado su propia identidad a lo largo de las décadas.</p><p>Las primeras familias comenzaron a asentarse en 1974. Si bien el proyecto original de loteo aspiraba a un sector residencial, éste nunca existió y desde hace muchos años enfrenta una dura realidad marcada por la violencia, el negocio de la droga y el crimen organizado que le valió el mote de la “otra triple frontera”.&nbsp;</p><p>Los vecinos del barrio, que en sus inicios representaba los sueños de una comunidad trabajadora y honesta, lidian con una creciente estigmatización, al punto que muchos lo describen como “tierra de nadie”. Esta transformación llevó a que los residentes se sientan desprotegidos en su propio hogar.</p><p>¿Cómo pasó de la idea de ser un barrio residencial, con casas con pileta y palmeras en las calles, a convertirse en un botín en disputa entre bandas dedicadas al narcomenudeo? La respuesta es compleja y materia de análisis sobre cómo el narcotráfico ha calado en las culturas de las sociedades en las que penetró. En esta nota, nos centramos en la concepción de barrio Acapulco y para ello, LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con Rafael ‘Lino’ Macchieraldo, uno de los arquitectos detrás del proyecto original.&nbsp;</p><p>“Fue un proyecto muy importante en mi carrera” y para “aquella época de la ciudad”, afirmó.&nbsp;</p><p>Macchieraldo explicó que Bartolo Baudino, entonces presidente de los centros vecinales, lo contactó para desarrollar la idea. “Me comentó que tenían un terreno en jurisdicción santafesina y que querían construir un barrio residencial”, recordó.</p><p>“Junto a Raúl Paolasso (padre) me llamaron, me citaron en unas oficinas de calle Mitre. No había ninguna construcción en aquel terreno. En ese momento, Frontera no era tan grande y la ruta 19 dividía claramente los sectores -agregó el reconocido arquitecto-. Además, estaba bien cerca de San Francisco y 50 años atrás, esta ciudad representaba todo un futuro”.&nbsp;</p><p>“El proyecto inicial contemplaba lotes muy grandes, superaban los mil metros cada uno, pensados para viviendas urbanas, pero con piscina y parque”, detalló Macchieraldo.&nbsp;</p><p>Con la aprobación de la Dirección General de Catastro de Santa Fe, “arrancamos con un letrero para anunciar el loteo. Lo hicimos hacer por un pintor de aquel tiempo, Ocaña. En éste se observaba la imagen de una pileta de natación, del tipo ‘riñón’, que eran las que estaban de moda, con una familia disfrutando del patio”, recordó.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Un cartel daba la bienvenida a los barrios (Gentileza: AGM)<p>&nbsp;</p><p>Depender de Frontera o de Josefina implicó un trámite de muchos años. En tanto, a partir de 1982, la comuna de Josefina comenzó a ofrecer servicios básicos, como alumbrado público y apertura de calles. Ese mismo año se inauguró una capilla dedicada a la Virgen del Rosario. “Las familias trabajadoras que adquirían los lotes soñaban con construir su casa”, señaló Macchieraldo.</p><p>“El proyecto se transformó completamente”, aseguró.&nbsp;De la intención de ser un sector integrado por desperdigadas construcciones se pasó a un barrio más, con los servicios mínimos que un conglomerado urbano necesariamente debe tener. “Hasta se contempló la idea de colocar palmeras para darle un aspecto más residencial; creo que se plantaron algunas para atraer a inversionistas, pero el proyecto original no resultó y de éste no quedó absolutamente nada”, reiteró el entrevistado.&nbsp;</p><p>“Muchas familias trabajadoras apostaron al lugar y construyeron su casa. Fueron muchos años prósperos para el barrio, de tranquilidad, hasta que explotó la problemática de la droga y la delincuencia, pero eso vino mucho después –siguió Macchieraldo-. En aquella época, era un barrio de trabajadores. A la mañana veías mucha gente en bicicleta y hasta un tren -tren obrero creo que se llamaba- que salía todas las mañanas de Frontera&nbsp; hasta la estación de San Francisco y de ahí la gente se distribuía hacia los lugares de trabajo”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Con el tiempo, el barrio se fue transformando.&nbsp;Acapulco y Veracruz se convirtieron en comunidades más integradas, aunque la problemática de la violencia y el narcotráfico comenzó a hacer mella en la calidad de vida.&nbsp;</p><p>A pesar de los desafíos actuales, la memoria de aquellos primeros pobladores, las familias trabajadoras que luchan para salir adelante y su anhelo de un futuro mejor persisten.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Comenzó con una visión de desarrollo urbano que no se concretó.<p>&nbsp;</p>La elección del nombre&nbsp;<p>“Mirando a México, medio siglo atrás, la ciudad de Acapulco estaba de moda, la ‘perla del Pacífico, supo atraer a estrellas de Hollywood y a numerosas personalidades del mundo de la política y la cultura, el destino predilecto para turistas nacionales e internacionales; y en aquel momento tampoco tenía nada que ver con la droga. Entonces, dijimos ‘pongámosle el nombre de un balneario famoso’ -relató Macchieraldo-. Cuando se hablaba de Acapulco, aparecía también otra ciudad mexicana, de allí el nombre de Veracruz”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Sin embargo, las ventas no comenzaron de inmediato. “Pasó un tiempo y no se vendió ni un solo lote”, comentó. La percepción negativa de Frontera jugó un papel crucial. “No se acercó nadie a preguntar ni cuánto valía un terreno, que por su superficie, costaban sus buenos pesos. Baudino me dijo que teníamos que cambiar de criterio para poder vender”, manifestó. Con ajustes en el sistema de loteo, finalmente los terrenos comenzaron a ser adquiridos, siendo Passamonte el primero en instalar una venta de materiales de construcción.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EZ8gz0eqHhKA7kIH5w-pkOi075Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/barrio_acapulco.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En medio siglo, el sector experimentó una drástica trasformación, a la sombra de la violencia y el narcotráfico que han marcado su historia reciente. Del proyecto original, apenas sobreviven algunas palmeras. ¿Cómo nació el loteo que se inspiró en México?]]>
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                                <category term="la-region" label="La Región" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2024-11-04T15:56:46+00:00</published>
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