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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-07-30T11:54:50+00:00</updated>
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            Campaña antiargentina: Milei habilitó por decreto a expulsar a los extranjeros que agravien al país
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/o_4RgNh3Na_Gg08BO8m_gcTOs6Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/psa.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tras la participación de la Selección Argentina en el Mundial, se generó una “campaña antiargentina” que trascendió el ámbito futbolístico y tuvo su impacto en la política internacional. En ese contexto, el Presidente Javier Milei firmó un Decreto de Necesidad y Urgencia que establece como nueva causal de prohibición de ingreso y de expulsión del territorio nacional a cualquier extranjero que promueva o incite mensajes de odio, discriminación o violencia contra el pueblo argentino o sus ciudadanos por motivos de nacionalidad, así como a quienes ultrajen los símbolos patrios, según informó la Oficina del Presidente.</p><p>La normativa responde a recientes manifestaciones consideradas hostiles hacia la República Argentina y sus habitantes. El decreto enfatiza que la defensa de la Nación, sus ciudadanos y sus símbolos constituye un principio innegociable para el Gobierno Nacional. “Quien ataque a la República Argentina no es bienvenido en nuestro país”, expresó Milei en el comunicado oficial.</p><p>El Decreto 681/2026 fue publicado en el Boletín Oficial de la República Argentina e incorpora formalmente como causa de inadmisión y expulsión del país a los extranjeros que dirijan o inciten expresiones de odio, discriminación y violencia por razones de nacionalidad, y a quienes realicen actos de ultraje contra los símbolos nacionales. La disposición abarca tanto la incitación pública como cualquier manifestación directa que implique un agravio a la identidad nacional.</p><p lang="zxx" dir="ltr">pic.twitter.com/krLRUPOruY</p>— Oficina del Presidente (@OPRArgentina) July 30, 2026 <p>En los considerandos, el Poder Ejecutivo sostuvo que la Argentina mantuvo históricamente una política de apertura y hospitalidad hacia los extranjeros, pero remarcó que la soberanía estatal permite fijar condiciones de admisión, permanencia y expulsión para resguardar el orden público, la seguridad interior y la cohesión social.</p><p>La decisión fue justificada por el Ejecutivo en función de preservar la integridad social y el respeto hacia la Argentina y sus emblemas. Según la comunicación de la Oficina del Presidente, el endurecimiento en las políticas migratorias busca evitar situaciones que puedan poner en riesgo la convivencia y el orden institucional.</p><p>La norma se dictó como decreto de necesidad y urgencia y, según el texto oficial, deberá ser remitida a la Comisión Bicameral Permanente del Congreso, que tiene un plazo de&nbsp;10 días hábiles&nbsp;para expedirse sobre su validez o invalidez y elevar dictamen a cada Cámara.</p>Contexto de la decisión y alcance<p>La medida surge en un contexto de tensión por recientes expresiones públicas consideradas agravios hacia la Argentina y sus ciudadanos. El Gobierno Nacional sostuvo que la soberanía y el respeto a los símbolos patrios son elementos esenciales que no admiten negociación.</p><p>En el artículo 1 del decreto se establece que la disposición alcanza a extranjeros que hayan “dirigido mensajes de odio en forma oral o escrita, o incitado a la violencia contra el pueblo argentino en su conjunto, o contra algún ciudadano argentino, motivado en la nacionalidad de este último”, o bien, hayan “realizado o participado en actos de ultraje de símbolos patrios nacionales; o haber incitado a cometer cualquiera de los actos previstos por el presente inciso”.</p><p>El decreto responde de manera directa a su objetivo central: desde su entrada en vigor, un extranjero comprendido en esas conductas no podrá ingresar al país y, si ya reside en la República Argentina, podrá perder su residencia y ser intimado a abandonar el territorio o ser expulsado.</p><p>De hecho, en el artículo 3 se remarca que “la cancelación de la residencia conforme lo previsto en los incisos f) y h) del artículo 62 de la presente ley conlleva la conminación a hacer abandono del país dentro del plazo que se fije o bien la expulsión del territorio nacional, teniendo en consideración las circunstancias fácticas y personales del interesado;”.</p><p>Con este decreto, el Ejecutivo argentino refuerzó su posición respecto a quiénes pueden permanecer en el territorio nacional, advirtiendo que cualquier acto percibido como ataque a la República será motivo suficiente para la denegación de ingreso o la expulsión inmediata, de acuerdo con la nueva normativa. La Oficina del Presidente subrayó que la defensa de la Nación y sus principios es prioritaria ante cualquier circunstancia.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/o_4RgNh3Na_Gg08BO8m_gcTOs6Y=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/psa.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La Oficina del Presidente sostuvo que la decisión busca preservar la integridad social y el orden institucional, y que responde a episodios recientes de tensión por declaraciones que fueron interpretadas como ofensas a la República y sus habitantes]]>
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                                                <category term="nacionales--171" label="Nacionales " />
                                <updated>2026-07-30T11:54:50+00:00</updated>
                <published>2026-07-30T11:54:46+00:00</published>
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            El peligro de las generalizaciones
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Kdr7qHFnseRYMCSn7wF-yi8PCSI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_espana.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Luis Giordano | LVSJ<p>Hay algo que viene ocurriendo en las últimas semanas que excede largamente al fútbol. De pronto, parecería que ser argentino pasó de ser una nacionalidad a convertirse, para algunos, en un defecto. En redes sociales, en ciertos medios de comunicación y hasta en declaraciones de celebridades comenzó a instalarse una idea tan simplista como peligrosa: que Argentina es un país racista, xenófobo y provocador. Como si 47 millones de personas pudieran resumirse en tres adjetivos.</p><p>El deporte fue el escenario ideal para que ese discurso encontrara un megáfono. Después de la final, comenzaron a circular videos de argentinos insultados únicamente por llevar una camiseta de Lionel Messi. Una mujer fue agredida verbalmente desde la calle mientras observaba los festejos desde un balcón en España. En otros casos hubo burlas, hostigamientos y descalificaciones por el simple hecho de ser argentinos. Cuando una camiseta deja de representar un equipo y pasa a justificar una agresión, el problema ya no es deportivo.</p><p>Lo mismo ocurrió con la polémica por la bandera de "Malvinas Argentinas". Una simple bandera, que para millones de argentinos representa una causa histórica y un reclamo de soberanía sostenido durante décadas por gobiernos de distinto signo político, terminó generando reacciones desmedidas. De repente, un símbolo nacional pasó a ser presentado como una provocación. Esa reacción dice tanto sobre quien lleva la bandera como sobre quien decide escandalizarse por verla.</p><p>También sorprendieron algunos comentarios de medios y figuras públicas, que calificaron a la Selección Argentina como un equipo "asqueroso" o "vomitivo" por supuestamente haberle dado la espalda al campeón durante los festejos. La crítica se instaló rápidamente como una falta de respeto, sin reparar en un detalle que muchos videos muestran con claridad: los jugadores argentinos estaban mirando hacia la tribuna donde se encontraban sus familiares e hinchas, no dándole la espalda deliberadamente al rival. Pero, además, el episodio deja al descubierto una evidente doble vara. En la final del Mundial de Qatar 2022, cuando Lionel Messi levantó la Copa del Mundo, los jugadores de Francia ya se habían retirado al vestuario. Nadie habló entonces de una falta de respeto, nadie exigió disculpas y nadie calificó al seleccionado francés con adjetivos despectivos. Lo que en un caso fue entendido como parte de la dinámica de una celebración, en el otro terminó convertido en un escándalo internacional. Cuando el criterio cambia según quién sea el protagonista, deja de ser un criterio y pasa a ser un prejuicio.</p><p>Más llamativa todavía fue la reacción de algunas celebridades. El actor Samuel L. Jackson calificó a Argentina como "uno de los países más racistas del mundo" e invitó a apoyar a España en la final. La actriz Kelly McCreary celebró la victoria española asegurando que habían "pateado traseros nazis" y sostuvo que jamás apoyaría a un país "colonialista" como Argentina. Resulta difícil no advertir la ironía de esa afirmación cuando quien estaba del otro lado era, precisamente, una nación con una historia colonial conocida en buena parte del planeta.</p><p>Nada de esto implica negar los problemas propios. Argentina tiene racismo. Tiene discriminación. Tiene xenofobia. Como la tienen España, Francia, Estados Unidos, Brasil y prácticamente cualquier sociedad del planeta. Sería absurdo sostener lo contrario. El problema aparece cuando esos hechos dejan de analizarse como fenómenos sociales para transformarse en la identidad de un país entero.</p><p>Frente a este escenario, el Gobierno argentino no debería mirar para otro lado. No se trata de responder a cada comentario desafortunado que circula en redes sociales, sino de advertir cuando comienza a instalarse una narrativa que estigmatiza al país y a sus ciudadanos. La defensa de la imagen de la Argentina en el exterior también forma parte de la política exterior. Cuando millones de argentinos son señalados con prejuicios o se normalizan agresiones por su nacionalidad, el silencio diplomático deja de ser prudencia y empieza a parecer indiferencia. Un Estado que no defiende a sus ciudadanos cuando son atacados por lo que representan corre el riesgo de dejar que otros escriban el relato sobre quiénes somos.</p><p>La historia enseña que las generalizaciones rara vez son inocentes. Antes de rechazar a una sociedad, muchas veces se la deshumaniza. Se la reduce a una caricatura. Se exageran sus defectos, se silencian sus virtudes y se instala la idea de que "todos son iguales". Ese mecanismo ha aparecido en distintos momentos de la historia para justificar desprecios, exclusiones e incluso conflictos bélicos entre naciones. Por eso conviene desconfiar cada vez que un pueblo entero es presentado como un problema.</p><p>Quizás haya otro elemento que incomoda. El argentino, con todos sus defectos y virtudes, nunca se caracterizó por aceptar con facilidad que alguien venga a decirle cómo debe pensar, cómo debe vivir o cómo debe comportarse. Mucho menos cuando esas lecciones llegan desde países que también cargan con episodios de discriminación, violencia o colonialismo en su propia historia. La autocrítica siempre es saludable; las clases de superioridad moral suelen ser bastante menos convincentes.</p><p>Tal vez esa incorrección tan argentina sea parte de la explicación. No somos un pueblo que acostumbre agachar la cabeza. Podemos discutir entre nosotros durante horas, criticarnos con dureza e incluso exagerar nuestros propios problemas. Pero cuando desde afuera se pretende reducir nuestra identidad a un estereotipo, aparece algo que atraviesa generaciones: la defensa de un país que, con todas sus contradicciones, sigue siendo mucho más complejo de lo que algunos relatos intentan mostrar.</p><p>Las redes sociales potencian ese fenómeno. Los algoritmos premian la indignación antes que la verdad. Cuanto más extremo es un mensaje, mayor difusión obtiene. Y así, una mentira repetida miles de veces termina pareciendo una certeza para quienes nunca se detuvieron a comprobarla.</p><p>Criticar conductas concretas siempre será legítimo. Señalar actos de discriminación también. Lo que no debería naturalizarse es la condena colectiva. Porque el día en que aceptemos que una nacionalidad alcanza para definir moralmente a millones de personas, habremos dejado de combatir los prejuicios para empezar a practicarlos.</p><p>Y ese sí sería un verdadero retroceso.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Kdr7qHFnseRYMCSn7wF-yi8PCSI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/argentina_espana.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Lo que comenzó como una polémica futbolística terminó exponiendo un fenómeno más amplio: la creciente difusión de discursos que reducen a millones de argentinos a estereotipos. Entre agresiones, acusaciones y dobles varas, el debate ya excede al deporte.]]>
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                <published>2026-07-21T14:47:05+00:00</published>
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