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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Vivir con Parkinson: la historia de una enfermera que hoy lucha desde el otro lado
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/umJt8IohzvH249au6zNFJxaQvsA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/rosana_romero.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los pasillos de la Clínica de Especialidades “Enrique J. Carrá”, Rosana Romero (57) siempre fue sinónimo de vocación. Durante más de dos décadas, su tarea como enfermera la llevó a acompañar a pacientes en momentos de vulnerabilidad, incluso a muchos que atravesaban el Parkinson. Nunca imaginó que esa enfermedad, que conocía desde el rol del cuidado, tocaría su propia vida.</p><p>“Hace aproximadamente 2 años”, responde cuando se le pregunta por el inicio de esta historia que cambió su rutina para siempre. Al principio, todo parecía menor: “Tenía un temblor en la mano, empecé con un leve temblor… no le di importancia porque hay otra enfermedad que se llama temblor esencial. Digo, ‘a lo mejor será esto’”. Pero el paso de los meses transformó esa sospecha en certeza. “A los tres meses ya estaba temblando mi mano bastante. Entonces acudí al neurólogo y me diagnosticaron Parkinson”, recuerda en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>El impacto fue inmediato. No era solo una palabra médica: era una realidad que conocía bien. “Es terrible —confiesa— porque uno que es enfermera sabe lo que es Parkinson. Yo he cuidado pacientes… fue un golpe fuerte, un balde de agua fría. Porque vos decís ‘¿por qué me tocó a mí?’”. Sin embargo, esa misma pregunta encontró otra respuesta en la intimidad familiar: “Hablando con mi marido decíamos ‘¿por qué no me puede tocar a mí?’”.</p><p>Desde entonces, Rosana convive con una enfermedad neurológica, degenerativa y progresiva. Sabe lo que implica, pero también decidió plantarse desde otro lugar: “Hay que darle lucha”.</p><p>El Parkinson no solo se manifiesta en el cuerpo, también atraviesa lo emocional. “Hay días que estás sin ganas de hacer nada. La angustia, los cambios de humor, la depresión… y la rigidez, el cansancio, la dificultad para movilizarse”, describe. Esos altibajos, ese “on u off” que menciona, forman parte de una cotidianeidad que exige adaptación permanente.</p><p>En su caso, el trabajo sigue siendo un pilar. “Gracias a Dios, una vez que fui medicada, en el trabajo hasta ahora lo llevo”, cuenta. Antes, pasó por la etapa de negación, buscando otras opiniones: “Fui a varios neurólogos para ver si alguien me decía que no tenía Parkinson, pero no, definitivamente tengo la enfermedad”.</p><p>Hoy toma cerca de diez comprimidos diarios para controlar los síntomas. “Yo hasta el momento no presento grandes dificultades. Sí el cansancio y a veces, en el poder trasladarme”, señala. Aun así, continúa con sus tareas, canalizando, asistiendo, cumpliendo su rol. “Eso ayuda a tener el día laboral como cualquier persona normal”, destaca, y pone en valor el acompañamiento: “Tengo compañeras excelentes, una jefa de Enfermería excelente, están pendientes de mí”.</p><p>Fuera del trabajo, la red de contención es fundamental. Rosana es madre de tres hijos, abuela de dos nietos y cuenta con un esposo que la acompaña en cada paso. “Mi familia está pendiente de mí”, dice con gratitud.</p><p>El miedo, sin embargo, también aparece. No tanto a la enfermedad en sí, sino a lo que puede traer: “Tengo miedo a la imposibilidad de poder trasladarme. Espero que con la ayuda de Dios no termine en una silla de ruedas”. Y menciona un aspecto poco visible pero doloroso: la mirada social. “Hay una frase que dice que lo peor que podés hacerle a un enfermo de Parkinson es mirarlo… cuando ya estás en un grado avanzado es duro caminar y que la gente te mire”.</p><p>A pesar de todo, Rosana insiste en un mensaje claro: el Parkinson no es el final. “Se puede vivir con Parkinson. Hay que invitarlo también a vivir con uno”, reflexiona. En su experiencia, convivir con la enfermedad le enseñó a resignificar lo cotidiano, a valorar el movimiento, la autonomía y los vínculos.</p><p>Su día a día cambió. Algunas tareas requieren más tiempo, otras más esfuerzo. “El Parkinson trae dificultad para el habla, cambios de voz, muchos síntomas”, explica. Pero lejos de paralizarse, adapta sus rutinas y sigue adelante.</p><p>También eligió visibilizar su diagnóstico. “Podría haberme callado, pero lo quiero visibilizar porque es una enfermedad que viene incrementando en la sociedad y en el mundo”, sostiene. En cada consulta médica, confirma esa percepción: “Veo cualquier cantidad de gente joven con Parkinson”.</p><p>&nbsp;Sin antecedentes familiares, su caso es una muestra de que puede aparecer sin aviso. “De 10 personas, 1 puede tener Parkinson sin tener antecedentes, y me tocó a mí”, resume.</p><p>Con esa convicción, sueña con ayudar a otros. “Me encantaría formar un grupo”, dice, pensando en quienes atraviesan lo mismo, especialmente aquellos con dificultades para acceder a la medicación. “La idea es ayudarnos, contenernos, porque hay días que son malos, la depresión, la angustia…”, manifiesta y pone a disposición un WhatsApp 3564 235691.&nbsp;</p><p>A pocos años de la jubilación, su deseo es simple y profundo: “Amo la enfermería y pido a Dios poder terminar bien mi trabajo”. En esa frase se condensa una vida dedicada al cuidado y una lucha que hoy es personal.</p><p>¿Qué la impulsa a seguir? No duda: “El trabajo, la familia, el poder seguir ayudando, tener una vida social, una vida normal… yo lo invito a vivir al Parkinson”.</p><p>En el Día Mundial del Parkinson, su historia no solo conmueve: también interpela. Porque en cada temblor hay una batalla silenciosa, y en cada jornada cumplida, una muestra de que, incluso frente a lo inesperado, la dignidad y la vocación pueden seguir en pie.</p><p>&nbsp;</p>Un día para concientizar&nbsp;&nbsp;<p>El Día Mundial del Parkinson se conmemora cada 11 de abril para sensibilizar sobre esta enfermedad neurodegenerativa crónica. La fecha coincide con el nacimiento de James Parkinson, médico británico que describió la enfermedad por primera vez en 1817.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/umJt8IohzvH249au6zNFJxaQvsA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/rosana_romero.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En el Día Mundial del Parkinson, Rosana Romero comparte su historia: a los 57 recibió un diagnóstico inesperado. Entre desafíos cotidianos, medicación y emociones cambiantes, su mensaje es claro: se puede vivir con Parkinson y seguir adelante con resiliencia.]]>
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                <published>2026-04-11T12:30:00+00:00</published>
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            Cerca del corazón: Verónica Ruiz, una mujer con vocación
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7q0ydg6p-NgPTuLH4TOg3376kCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/veronica_ruiz_6.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<p>Verónica Ruiz, una mujer de 42 años, lleva más de la mitad de su vida dedicada a la salud pública. En junio de este año cumplirá 15 años trabajando como enfermera en el Centro de Atención Primaria de la Salud (Caps) de barrio Parque, un centro que depende de la Secretaría de Salud de la municipalidad de San Francisco. Antes de llegar allí, Verónica había trabajado en una clínica privada, pero fue en la salud pública donde encontró su verdadera vocación.</p><p>"Me gusta muchísimo hacer atención primaria, me encanta, me encanta realmente, sí. La carrera te inicia en la enfermería, pero realmente te haces trabajando", confesó Verónica a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO, quien destaca que lo que la impulsa a seguir trabajando en el dispensario &nbsp;no es solo el aspecto técnico de su labor, sino el trato humano con cada paciente. A pesar de los desafíos que implica trabajar en un barrio con muchas necesidades sociales, Verónica no duda en poner el bienestar de las personas por encima de todo.</p><p>"Lo que más valoro es poder brindar una atención cercana y humana. No solo se trata de atender una consulta o poner una inyección, sino también de acompañar a los pacientes, escucharlos y brindarles apoyo emocional", agregó con una sonrisa.</p><p>&nbsp;</p>“Si pudiera elegir otra vez, definitivamente volvería a ser enfermera. Nací para esto", confesó Verónica.<p>&nbsp;</p>El rol de la enfermería en la salud comunitaria<p>El Caps de barrio Parque es un lugar de referencia para muchas familias de la zona, y el trabajo de Verónica se extiende más allá de la atención médica convencional. Ella explica que su rol no es solo brindar atención primaria, sino también proporcionar contención emocional. "Los pacientes me llaman Vero, me conocen, y el trato es familiar, cercano. La gente viene a buscar medicación, una vacuna, atención, pero también para que los escuchen", relató.</p><p>Verónica se emociona al hablar de los lazos que ha formado con los vecinos a lo largo de los años. "Acá ves pasar muchas generaciones familiares. Antes atendías a la madre y ahora atendés al hijo, al hermano. Todo eso genera una especie de contención dentro de las familias, y eso es muy importante", explicó. A diario, ella ve cómo su trabajo impacta en las vidas de los pacientes, y cómo se va forjando una relación de confianza y cariño con la comunidad.</p><p>&nbsp;</p>Una profesión vinculada al amor y la empatía<p>La enfermería es una profesión que está más asociada a las mujeres. Verónica, madre de dos adolescentes, Paulina y Sofía, cree que la sensibilidad femenina aporta un plus en la atención sanitaria. "Creo que las mujeres tenemos una forma más empática de tratar a los pacientes. Los pacientes se sienten más contenidos con una mujer. Tengo colegas varones, y son muy profesionales y cálidos también, pero creo que el instinto maternal que algunas de nosotras tenemos lo aplicamos al trabajo", expresó.</p><p>La maternidad, según la enfermera, le dio un plus a su labor. "La maternidad le da un plus a la profesión porque uno entiende mejor las necesidades de las familias y de los niños. Uno se pone en el lugar del otro de una manera más natural", dijo con una mirada llena de comprensión.</p><p>&nbsp;</p><p>"Lo mejor de ser enfermera es sentir que puedo ayudar a otros (…) saber que de alguna forma estoy marcando una diferencia en sus vidas".&nbsp;</p>&nbsp;Desafíos y satisfacciones diarias<p>Ser enfermera en un barrio como el de Verónica implica enfrentar a diario desafíos sociales y económicos. "La población es mayoritariamente vulnerable. Muchas veces, la gente que atendemos no tiene acceso a servicios privados, por lo que el centro de salud se convierte en su único recurso", señaló. Además de la atención en el centro, Verónica realiza visitas domiciliarias para asistir a pacientes que no pueden movilizarse hasta el Caps.</p><p>"En este momento de la economía, se ven muchas personas que antes no acudían a la salud pública y que ahora necesitan de nuestros servicios. Es una tarea que me da satisfacción, porque siento que les ayudo a empoderarse, sobre todo a las mujeres”, que a veces se sienten derrotadas por su situación social. Mejorar su autoestima es parte de su trabajo, comentó Verónica</p><p>A pesar de las dificultades, "lo mejor de ser enfermera es sentir que cuando una persona viene con una necesidad, puedo ayudar a satisfacerla. Me llena saber que de alguna forma estoy marcando una diferencia en sus vidas", afirmó con convicción.</p>La vocación como motor&nbsp;<p>Verónica no duda en decir que la enfermería es su verdadera vocación. "Si pudiera elegir otra vez, definitivamente volvería a ser enfermera. Me encanta mi profesión. Realmente creo que nací para ser enfermera", afirmó con una sonrisa, al mismo tiempo que reconoció que no heredó esta vocación de su familia, sino que la encontró por su cuenta.</p><p>En su camino profesional, Verónica siempre ha contado con el apoyo de su esposo, Marcelo, quien fue un pilar fundamental para que ella pueda dedicarse de lleno a su vocación. "Son muchas horas fuera de casa, la entrega es muy grande, pero él siempre me apoyó. Creo que nadie puede ser enfermero o enfermera si no tiene vocación de servicio", subrayó.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Para Verónica, la ética y la vocación son las bases esenciales de la enfermería. "El mejor consejo que puedo dar a alguien que quiera ser enfermero o enfermera es que puede ser muy buen profesional, pero si no tienes la vocación, no puedes hacer este trabajo", agregó.</p><p>Con varios años de experiencia en la salud pública, Verónica sigue adelante con su misión de cuidar a los enfermos y brindarles un trato humano y cercano. Aunque el sacrificio personal es grande, ella encuentra un profundo sentido en su trabajo, y su legado en el barrio es invaluable. "Es una satisfacción enorme saber que estoy marcando una diferencia en la vida de muchas personas", reflexionó.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7q0ydg6p-NgPTuLH4TOg3376kCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/veronica_ruiz_6.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La historia de esta enfermera en la comunidad de barrio Parque es un testimonio del impacto positivo que pueden generar los profesionales de la salud en la vida de las personas.]]>
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            Romina Guevara: “A los enfermeros nos motiva el deseo de ayudar a los demás”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/heRoYPXMNfMf561KiwlUiugVYkk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/romina_guevara.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>"Yo nací en este barrio", dice Romina, a modo de presentación, mientras recuerda sus primeros años en barrio Parque. A pesar de haberse mudado, su vida siempre transcurrió por el andarivel de la permanencia, en la convicción de que la vocación es un llamado que no se desvanece.&nbsp;</p><p>Romina Victoria Guevara, enfermera de 38 años, lleva 18 trabajando en el campo de la salud, y hoy, a días de celebrarse el Día de la Enfermera en Argentina, ofrece su testimonio de vida como un homenaje a todos los trabajadores de la salud.</p><p>En el marco de esta fecha, que se conmemora el 21 de noviembre en honor a la fundación de la Federación de Asociaciones de Profesionales Católicas de Enfermería, Romina rememora su trayectoria. Egresada de la tecnicatura superior en Enfermería del Instituto Fasta, completó posteriormente la licenciatura en Rosario. Actualmente, trabaja en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital “J. B. Iturraspe” y, por las tardes, dedica su tiempo al comedor La Virgencita de barrio Parque y a la atención de vecinos en barrio San Cayetano, un servicio ad honorem que realiza con gran compromiso.</p><p>En 2009, cuando la gripe A llegó a Argentina, Romina ya enfrentaba el desafío de trabajar en primera línea de atención en un escenario de crisis sanitaria. Esa experiencia la preparó para lo que vendría en 2020, durante los días más críticos de la pandemia de Covid-19, cuando los hospitales colapsaron y los contagios se multiplicaban. "Nos reclutan a todos los enfermeros con experiencia para atender también la primera línea del coronavirus", recuerda Guevara, quien describe esos meses como "algo muy fuerte, muy duro". Los protocolos cambiaban constantemente y, como todos, tuvo que aprender a enfrentar un virus desconocido. “Fue un desafío sin precedentes, pero lo afrontamos con la esperanza de poder cuidar a cada paciente”, agregó.</p><p>Romina está nominada al Premio Arquitectos Sociales en la terna “Vocación de servicio”. Sin embargo, la enfermera sostiene que el mayor reconocimiento para ella es "brindarse a los demás". Su vocación está centrada en proveer el mejor cuidado posible al paciente, la familia y la sociedad, lo que considera su misión de vida. Entiende que para ser enfermero hay otro pilar fundamental: la empatía, que “va más allá de ponerte en los zapatos del otro", implica saber observar, leer e interpretar las necesidades ajenas.&nbsp;</p><p>Romina también se desempeñó en diferentes áreas del hospital, como Pediatría y Neonatología, un campo particularmente desafiante por la vulnerabilidad de los pacientes más pequeños. La experiencia en estas áreas la ha marcado profundamente, al igual que la pandemia, que la hizo valorar más que nunca "lo simple de la vida". Y, al igual que muchos profesionales de la salud, surgió la reflexión sobre si la crisis sanitaria se podría haber evitado: "Sí, con prevención y educación. La promoción de la salud es la clave", asegura. Este pensamiento la llevó a comenzar la carrera de Abogacía, que actualmente cursa y le queda poco para finalizar, con el objetivo de poder conocer más sobre políticas públicas de salud.</p><p>"Un día me dije: si los pacientes no vienen a mí, yo voy a ir a ellos", reflexiona Romina sobre cómo comenzó a brindar atención en la salita del barrio donde nació y creció. Esta iniciativa, según ella, fue su clic de conciencia: "Me di cuenta de que como sociedad podemos ayudarnos entre todos", añadió, aludiendo al trabajo comunitario que comenzó a desarrollar en su barrio natal.</p><p>Cuando recuerda sus comienzos, su mirada se ilumina al rememorar aquellos tiempos de anhelos y búsquedas de aprendizaje. "La mayoría de mi carrera fue hospitalaria, pero al mirar hacia atrás, siento que fue una buena decisión. Aprendí mucho y también pude brindar mucho de mí", comentó.</p><p>Romina cree firmemente que la atención primaria de la salud es un aspecto fundamental, pues implica un trabajo constante de seguimiento de los pacientes. "Empecé atendiendo a familiares y luego me abrí a los vecinos”, que hoy la toman como una referencia para su salud". En su barrio, comenzó a atender casos de pacientes con diagnóstico de cáncer, cirugías programadas, e incluso niños con hipoacusia.</p><p>Para Romina, la enfermería es, ante todo, un servicio. "Cuando una persona está atravesando alguna enfermedad o ha sufrido un accidente, la primera mano que tiene para agarrarse es la de una enfermera", expresó. Esta visión la ha llevado también a ser parte del comité de Bioética del hospital, donde se promueve una atención más humanizada del paciente y una mirada integral en la práctica médica. Además, participa activamente en el proyecto Creciendo Juntos, que busca educar a madres embarazadas sobre la planificación familiar.</p>Romina Guevara ejerce esta noble profesión, con la gran responsabilidad de cuidar y velar por la salud de los pacientes<p>En su trabajo, Romina también se enfrenta a situaciones difíciles, como el abordaje de la muerte. "Le tengo mucho respeto a la muerte, porque sé que muchos tienen miedo. Es importante llevar ese mensaje de que la muerte va a llegar y tratar de hacer lo mejor posible con la vida", dijo.</p><p>Cuando se le pregunta qué le da más satisfacción en su profesión, no duda: "Ayudar al otro". Además, destaca que el trabajo en equipo y la interdisciplinariedad son clave en el ámbito de la salud. "En un hospital, no se siente tanto la jerarquía verticalista entre médicos y enfermeros. Hay más paridad y trabajo conjunto", destacó.</p><p>Romina también subraya la importancia de la educación en salud, mencionando que en su equipo de enfermeras ha trabajado en la educación prenatal, lo que contribuyó a un aumento en los partos naturales en el hospital y a una disminución de las cesáreas. "La Enfermería se ha profesionalizado mucho en los últimos años. Antes era más práctica, pero ahora hay fundamentos sólidos, con especializaciones", aseguró.</p><p>En su barrio, explica cuestiones simples pero cruciales, como el uso adecuado de antibióticos, el seguimiento de tratamientos o la correcta interpretación de una receta médica. "He tenido casos de madres que no sabían leer y no entendían cómo administrar los medicamentos a sus hijos. Ahí entra el rol de la enfermera: traducir, asesorar y acompañar", señaló Guevara.</p>Legado de familia&nbsp;<p>La enfermería es también una vocación que atraviesa a toda su familia. De cuatro hermanos, tres son enfermeras, y Romina cuenta con tías y primas que también ejercen la profesión. "A mi mamá le hubiera encantado ser enfermera, porque siempre predicó la solidaridad hacia los demás", contó.&nbsp;</p><p>Aunque reconoce que la enfermería es una profesión difícil y exigente, Romina siente una profunda gratitud por poder ejercerla: "Soy una privilegiada por poder trabajar de lo que amo. No todos tienen esa oportunidad".</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Romina se siente agradecida de poder ejercer la enfermería.&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>Romina enfrenta también desafíos importantes en su comunidad, como el abordaje de las adicciones. "Cuando vengo aquí a La Virgencita, me enfrento a realidades muy distintas a las de la terapia intensiva. Las adicciones al alcohol, las drogas, el juego, son problemáticas que veo a diario y en las que me gustaría especializarme", reconoció.</p><p>A pesar de la complejidad de estas situaciones, ella tiene claro que la clave está en cuidarse como profesionales de la salud, tanto física como mentalmente, para poder seguir ayudando a los demás. "La enfermería requiere de un trabajo en equipo. Y aunque no siempre es fácil, el respeto por la vida y el deseo de ayudar a los demás siempre nos motiva", concluyó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/heRoYPXMNfMf561KiwlUiugVYkk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/romina_guevara.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Lleva 18 años trabajando en el hospital y también atiende en su barrio. Enfrentó desafíos como la pandemia y se dedica a educar a la comunidad en salud. Además, cursa la carrera de Abogacía.]]>
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            Rosana, la enfermera que ayuda y transforma realidades en los pueblos originarios en Salta
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/gvK0t5ZmoIAD6G6YzY1Vhm8ND20=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/07/enfermera_solidaria.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Isabel Fernández | LVSJ</p><p>Rosana Beatriz Romero es enfermera profesional y trabaja desde hace 20 años en la Clínica de Especialidades “Enrique J. Carrá (h)”, donde cuida y acerca salud a sus pacientes. Pero también desde hace ocho años ayuda a las comunidades originarias en Tartagal, provincia de Salta, donde las necesidades son muchas, creando oportunidades para que las personas tengan una vida plena en su lugar de origen.</p><p>La “Negra”, como le dicen en confianza, trabaja para las personas originarias del norte y todos ya saben. A través de la Fundación Nietos Tartagal, el mes pasado viajó llevando varias donaciones de alimentos, guardapolvos, calzado, ropa, escarapelas y muchas cosas más que recolectó a través de la campaña que realiza constantemente en San Francisco.&nbsp;</p><p>En la oportunidad, llevó todo eso a los 290 alumnos de la Escuela Lapachos II, de la comunidad Lapachos y gracias a su aporte, los 27 alumnos de cuarto grado pudieron prometer a la Bandera.</p><p>“Me alegra el alma ayudar así, siempre digo que comparto mi pobreza, porque soy una humilde enfermera, mi marido es remisero. Cada vez que voy, vuelvo reconfortada. Cuando era más joven, con mi primer hijo chiquito, nos habíamos quedado sin trabajo y ahí conocí la necesidad de tener leche para alimentar a los niños, por eso trabajo mucho para ellos”, aseguró Rosana a LA VOZ DE SAN JUSTO quien recordó que la campaña se realiza durante todo el año porque cuando van recolectando lo suficiente lo envían hacia el norte.</p><p>Contó que comenzó este desafío, cuando en un viaje familiar que realizó con su esposo Jorge Sánchez –quien nació en Tartagal-&nbsp; y sus hijos Luciano, Bruno y Mateo, pudo ver las necesidades de las comunidades originarias que viven en la zona. Su familia la apoya y acompaña en esto e incluso compartieron “vacaciones solidarias”, en las que se van a la zona y trabajan en las comunidades. &nbsp;</p><p>Aseguró que la experiencia es “muy linda porque ellos brindan mucho amor, son parte de comunidades que están postergadas, son olvidados por todos, por el gobierno de turno y no hay muchas entidades que ayuden. Nosotros en San Francisco tenemos la municipalidad que brinda asistencia y otras instituciones como Amigos del Bien o Cáritas”.</p>&nbsp;Rosana contó que pudo llevar lo recaudado a Tartagal gracias al matrimonio Zabala de Frontera que escuchando AM 1050 se enteraron de la campaña que estaba haciendo.La satisfacción de ayudar<p>Hace dos años ya había llevado donaciones a la escuela Lapachos II y este año, la institución volvió a requerir su ayuda. Gracias a la solidaridad de toda la comunidad, consiguió la donación de guardapolvos, zapatillas, medias, escarapelas, leche, chocolate y cacao para los 290 alumnos de la escuela.</p><p>“Los chicos de la comunidad originaria sufren carencias tanto alimentarias, como de ropa y calzado. El objetivo era conseguir ayuda para que los alumnos puedan hacer la promesa a la Bandera, logramos recaudar lo necesario y los niños pasaron un día muy lindo, estaban felices”, contó satisfecha Rosana.</p><p>“Pude llevar lo recaudado a Tartagal gracias al matrimonio Zabala de Frontera que escuchando AM 1050 se enteraron de la campaña que estaba haciendo. Todo lo que llevé lo conseguí a través de donaciones de la gente, que gracias a la difusión en la radio y los medios. La gente se fue comunicando y ya hay muchos que saben y me acercan las donaciones a mi casa o la Clínica Carrá”, afirmó.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>La enfermera relató que empezó esta travesía cuando en un viaje familiar que realizó con su esposo Jorge Sánchez –quien nació en Tartagal- &nbsp;y sus hijos Luciano, Bruno y Mateo, pudo ver las necesidades de las comunidades originarias que viven en la zona.<p>Rosana es un “puente” entre la comunidad solidaria de San Francisco y los pueblos originarios. Aseguró que se pueden donar alimentos no perecederos, ropa, calzado, elementos de cocina, hasta muebles “porque estas comunidades no tienen nada. También juntamos remedios que muchos médicos que conocen la causa aportan de manera solidaria, que son destinados a la gente que ellos tienen puntualizada por sus necesidades, además enviamos sillas de rueda posturales. Las donaciones llegan sin costo a Córdoba gracias al aporte de Rubén Villanueva de Microcargas y hacia Tartagal por el transporte El Norte”.</p><p>“Como enfermera cuando voy, puedo hacer el aporte del control de la presión arterial y otras atenciones. Allá hay mucha escabiosis (sarna) entonces le colocábamos medicamentos y le enseñamos para que puedan curarse”, comentó.</p><p>La profesional lleva adelante la campaña durante todo el año, continuamente, así que los interesados en ayudarla pueden comunicarse vía Whatsapp al teléfono (3564) 235691 o acercar las donaciones a la Clínica Carrá.</p>]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2024-07-06T14:07:41+00:00</published>
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            Ser enfermera, una profesión de generación en generación
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kiFF2e9WeDZuh4SDbxv90kw8_r8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/09/cecilia_maria_yuan.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En los últimos 18 años de su vida, Cecilia María Yuán desarrolla con mucha pasión su vocación por la enfermería, profesión para la cual se formó impulsada por el amor que su madre Norma le ponía a esta actividad día tras día.</p><p>Cecilia ejerce la enfermería en el Centro de Atención Primaria de Salud (Cap) de barrio San Cayetano desde hace 12 años hasta la actualidad. Allí concurre a diario para tomar contacto con las diversas necesidades de los vecinos a quienes conoce sobradamente y con quienes tiene una excelente relación.</p><p>“Hace 16 años que estoy en la municipalidad como licenciada en Enfermería. En el dispensario tengo una relación maravillosa con todos los pacientes a quienes conozco desde hace mucho tiempo y se han dado casos en que algunas madres venían aquí desde pequeñas a vacunarse y ahora traen a sus hijos”, indicó.</p><p>Día a día, el trabajo continuo con familias del barrio le permite conocer a estas personas de manera muy profunda. De hecho, ese mismo conocimiento le genera “cierta emoción” cuando estas personas llegan a la sala del Caps porque “ese contacto cotidiano nos genera ciertos lazos que van más allá de lo estrictamente profesional. En cierta medida, para nosotros el dispensario pasa a ser parte de la familia”.</p><p>Hoy 21 de septiembre se reconoce como el Día de la Sanidad ya que en 1935 fue creada la Asociación del Personal de Hospitales y Sanatorios Particulares de la ciudad de Buenos Aires y a partir de la cual se crearon filiales a lo largo de todo el país. Esto representó un acontecimiento importante para el reconocimiento de los derechos laborales de los trabajadores de la salud.</p><p>Asimismo, el 21 de septiembre de 1942 se fundó la Obra Social de la Asociación de Trabajadores de la Sanidad Argentina, institución que propuso celebrar esta fecha.</p><p>Cabe señalar que esta fecha es celebrada habitualmente en las instituciones del subsector privado.</p><p>Egresada de la Licenciatura en Enfermería que se dicta en el Instituto “Fasta Inmaculada Concepción”, comentó con mucho orgullo que gran parte de la vocación por la enfermería “me la transmitió mi mamá”, Norma María Cattáneo, quien “estudió de grande y, luego de terminar el secundario se decidió por la carrera de Auxiliar en Enfermería como una manera de obtener una salida laboral. Un momento muy lindo entre mi mamá y yo es que estudiamos juntas la Licenciatura en Enfermería en la Universidad Nacional del Litoral de la que egresamos en 2011 e inclusive llegamos a trabajar juntas” hasta que en 2020 se jubiló.</p><p>Uno de los momentos más emotivos que ambas compartieron se vivió en el acto de colación de la Licenciatura en Enfermería en 2011. “Allí recibí los símbolos de enfermería de parte de mi mamá a la que había elegido como madrina de esa ceremonia. Fue un momento muy lindo e inolvidable”.</p>Norma y Cecilia cursaron juntas la licenciatura en Enfermería.<p>&nbsp;</p>“Trabajar con mi mamá fue maravilloso”<p>Al recordar los primeros momentos de su profesión como enfermera que fueron compartidos con su madre no dudó en asegurar que “trabajar con mi mamá fue maravilloso” lo que sin dudas la llevó a emocionarse hasta las lágrimas recordando inolvidables acontecimientos compartidos.</p><p>Ese trabajo compartido entre campañas y distintas actividades entre madre e hija se prolongó durante 13 años. “Haber podido estudiar y luego trabajar con mi mamá fue una experiencia única”.</p><p>Recordó que desde muy pequeña “siempre me gustó todo lo relacionado con la salud” y el hecho de ver a su madre esforzarse para conseguir el objetivo de ser enfermera “sin dudas que influyó para que me definiera por esta profesión que amo profundamente”.</p><p>&nbsp;</p>La enfermería hoy<p>Cecilia comentó que, actualmente, la actividad de la enfermería “perdió cierto toque humano. En este momento veo que nuestra tarea conlleva una responsabilidad extra por el contacto estrecho que tenemos con las personas que vienen a atenderse. Nosotras somos enfermeras durante las 24 horas y eso por allí no se ve tanto en los chicos nuevos que ingresan a la actividad”.</p><p>Luego dijo que en caso de tener la posibilidad de elegir nuevamente qué carrera estudiar para definir su profesión dijo que “sin dudas que enfermería sería la primera opción. Si pudiera volver el tiempo atrás, elegiría nuevamente esta profesión no solo para trabajar con mi mamá sino para que la enfermería sea mi medio de vida como lo es ahora. Para mí es muy gratificante. De hecho, estuve un par de años fuera de este centro de salud y al volver noté que el cariño de la gente continuaba intacto”.&nbsp;</p>Cecilia Yuán, enfermera, una vocación de servicio y compromiso.]]>
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