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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-25T12:50:07+00:00</updated>
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            Alejandro Real: volver a lo analógico en tiempos de lo inmediato
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4QnGNV3eKKTyjk2hvy8UUrmPKA4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/alejandro_real.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En una época atravesada por la inmediatez, las plataformas digitales y el consumo rápido, hay quienes eligen ir a contramano. Apostar por el objeto, por el sonido con textura, por la experiencia de escuchar música como un ritual. En San Francisco, ese camino lo tomó Alejandro Real, vecino de la ciudad, quien decidió abrir Flash Point, un espacio dedicado a la venta de CDs, vinilos y cassettes, pero también a algo más profundo: recuperar una forma distinta de vincularse con la música.</p><p>La historia del local no comenzó con una persiana que se levanta, sino con una cuenta de Instagram. “Esto nació en 2023, primero abriendo por redes, con ventas online”, comentó Alejandro a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. Detrás de ese inicio estaba su propia historia como oyente y coleccionista: “Todo surge a partir del coleccionismo de la música, de escuchar en formato físico, ya sea en cassette, CD, vinilo”.</p><p>Ese vínculo no es nuevo. Lo acompaña desde chico. “Siempre fui de comprar mi CD, cassette, de coleccionar, de ir a recitales”, recordó. La música, en su caso, no fue solo un pasatiempo, sino una forma de estar en el mundo. Con el tiempo, esa pasión empezó a tomar otra forma: primero como venta online, luego como proyecto de vida.</p><p>El salto llegó este año, cuando decidió dejar su trabajo como empleado de comercio y apostar de lleno al emprendimiento. “Hace dos meses tenía otro trabajo, decidí irme y así de una me picó el bicho de decir ‘voy a abrir el local’”, relató. La decisión, reconoce, no fue sencilla ni estaba en sus planes: “Sinceramente no esperaba abrir un local, y menos por la situación que está medio complicada. Fue todo muy de golpe”.</p><p>Hoy, Flash Point funciona como un punto de encuentro en Alberdi 1607, de lunes a lunes y de 17 a 20. No solo para comprar música, sino para escucharla. El espacio cuenta con bandejas de vinilo, reproductores de cassette y compacteras, disponibles para quienes quieran experimentar el sonido en su formato original. “La idea es que la gente pueda venir, escuchar música, comprar. De eso se trata”, explicó.</p><p>En ese sentido, el diferencial no está únicamente en el producto, sino en la experiencia. En tiempos donde una canción se reproduce en segundos desde un celular, Alejandro propone frenar. “Creo que es fundamental desconectar un poco. Poner una pausa, ir a lo físico, conectar con lo analógico”, sostiene. Para él, no se trata de oponer lo digital a lo físico, sino de entender que son experiencias distintas: “El formato digital no es malo, pero es otro estilo. Acá pasa más por una cuestión de nostalgia, de tener el disco”.</p><p>La respuesta del público, según cuenta, fue inmediata y positiva. “Muy buena, la verdad que la gente la notó muy contenta con el espacio. Todo el tiempo me decían ‘hacía falta’, ‘qué bueno que haya un lugar así’”, destacó. Ese reconocimiento, asegura, es uno de los motores que lo impulsa a seguir.</p><p>Alejandro también se nutre de una lógica particular: la búsqueda constante. “Esto se trata de buscar, de moverse. Siempre aparece alguien que tiene CDs o cassettes guardados en su casa”, explicó. Ese circuito permite no solo abastecer el local, sino también darle una segunda vida a materiales que estaban olvidados.</p><p>En cuanto a los formatos, hay una sorpresa: el cassette volvió con fuerza. “Es uno de los formatos que más sale junto con el vinilo”, afirmó. Una tendencia que dialoga con lo que sucede a nivel global: el resurgimiento de lo físico, incluso entre generaciones que no crecieron con esos dispositivos.</p><p>De hecho, uno de los fenómenos que más lo sorprenden es el interés de los más chicos. “Me pasa de mandar cassettes a chicos de 12 años, o un CD de Ramones para un nene de 8”, cuenta. La reacción, dice, es siempre la misma: asombro. “Quedan flashados, contentos. Es increíble porque podrían escucharlo por una plataforma, pero eligen esto”.</p><p>En las bateas del local conviven clásicos internacionales y discos nacionales icónicos. Desde The Beatles, Rolling Stones, Pink Floyd o Led Zeppelin, hasta joyas del rock argentino como “Clics modernos” de Charly García, “Artaud” de Luis Alberto Spinetta o “Oktubre” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. “Hay de todo un poco, para todos los gustos”, resumió.Además, el espacio no se limita a la venta: también ofrece bandejas, walkman y distintos equipos para quienes quieren iniciarse en el mundo del formato físico. A eso se suma la posibilidad de comprar, vender o canjear material, ampliando así el circuito de intercambio.</p><p>Alejandro, que es oriundo de Mar del Plata y vive en San Francisco desde hace una década, asegura que no tiene registro de otros espacios similares en la ciudad actualmente. En ese contexto, Flash Point aparece como una propuesta singular, que te lleva al pasado.A la hora de pensar en el futuro, su mirada es clara. Más allá de la rentabilidad, lo que busca es sostener el espíritu del lugar: “Que sea un espacio donde la gente pueda venir, desconectar de la vorágine de la tecnología y también encontrarse con lo social”. En otras palabras, un refugio frente al ritmo acelerado de lo digital.</p><p>Por otra parte, Alejandro profundizó sobre la diferencia entre el formato físico y las plataformas digitales y fue directo. “La diferencia es el sonido principalmente, es mucho mejor lo que el formato físico”, destacó. Pero también puso el acento en la experiencia completa: “El arte de tapa, el librito, o sea el disco, ponerlo, escucharlo todo”. En contraposición, observó que hoy predomina un consumo más fragmentado. “Uno con las aplicaciones salta los temas, ya no escuchan más el disco completo”, destacó.&nbsp;</p><p>En ese sentido, remarcó que “se perdió esa pausa, todo va muy acelerado” y definió su propuesta como una invitación a “volver a las raíces”, retomando el ritual de elegir un disco, abrirlo y escucharlo del primer tema hasta el último.El objetivo, de algún modo, ya empezó a cumplirse. “Con la respuesta que estoy teniendo, ya me siento conforme”, reconoció. Y cierra con un mensaje simple pero sentido para quienes acompañaron el proyecto desde el inicio: “Gracias a todos los que vinieron, quiero que sepan que tienen un lugar donde pueden venir a desconectar un poco y conectar con lo analógico”.En tiempos donde todo parece efímero, Alejandro propone quedarse. Escuchar. Y volver a girar el disco.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4QnGNV3eKKTyjk2hvy8UUrmPKA4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/alejandro_real.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En San Francisco, abrió un espacio dedicado a vinilos, CDs y cassettes, donde la música se escucha sin apuro y desafía la era digital. “Creo que es fundamental desconectar un poco, poner una pausa e ir a lo físico”, afirma.]]>
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                <updated>2026-04-25T12:50:07+00:00</updated>
                <published>2026-04-25T12:30:00+00:00</published>
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            Vocación de servicio en la medicina infantil: la historia de María Julia Orellano
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3eI1vQ9CMMVNxjSEB7wb4o24Es0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/julia_orellano_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A sus 38 años, María Julia Orellano construyó una trayectoria sólida dentro de la medicina, con un camino marcado por la formación constante, la experiencia en el sistema público y una fuerte dedicación al cuidado de niños y niñas. Médica egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, su recorrido profesional implicó años de estudio, práctica y especialización.</p><p>“En la época que yo lo hice, había que hacer un año de cirugía general. Hice un año de cirugía general, después hice cuatro años de traumatología de adultos en el Hospital de Urgencias y después hice tres de traumatología infantil en el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad”, explicó sobre su formación, que refleja la exigencia del camino elegido. Actualmente se desempeña en ese hospital pediátrico de referencia de la capital provincial, además de trabajar en el Hospital Municipal Gumersindo Sayago de Villa Carlos Paz, en consultorios privados y viajar una vez al mes a San Francisco para atender en la Clínica Regional del Este.</p><p>Su elección por la traumatología tiene raíces claras. “La traumatología siempre me gustó porque es muy resolutiva. Si algo está roto, buscamos arreglarlo, buscamos acomodarlo, entonces eso es muy resolutivo”, señaló en diálogo con Posta/ LA VOZ DE SAN JUSTO. Pero fue el vínculo con los pacientes más pequeños lo que terminó de definir su especialización: “Me llevo muy bien trabajando con ellos. La verdad que los niños son súper leales, súper sinceros”.</p><p>Nacida en San Francisco, donde reside su familia, Orellano cursó la primaria en la Escuela J. Bernardo Iturraspe y el secundario en el Colegio Superior San Martín. Desde allí inició un recorrido que la llevó a consolidarse como una profesional reconocida dentro de su especialidad, especialmente en el ámbito público.</p>Entre urgencias y cirugías programadas, la labor de Orellano no se detiene.<p>El día a día en el servicio de traumatología infantil está lejos de ser previsible. “A veces son días complejos. En consultorio hay muchísima gente, no solamente los pacientes con turnos, sino también todos los que vienen a la guardia, los fracturados y demás. Entonces, a los 15 turnos programados se les suma todo el resto y terminamos viendo unos 30 pacientes cada uno”, relató. A esa dinámica se suman las cirugías: “Tenemos cirugías de urgencia, que se hacen lo más rápido posible, y cirugías programadas, que son las que ya tienen una fecha asignada”.</p><p>&nbsp;</p><p>A lo largo de su carrera participó en innumerables intervenciones quirúrgicas. No lleva la cuenta exacta, pero sí conserva en la memoria algunos casos que la marcaron especialmente. “Casos complejos hay muchos, porque es un hospital de referencia y recibimos pacientes de toda la provincia e incluso de otras provincias como La Rioja, Catamarca o Santiago del Estero”, explicó. Entre ellos, recordó uno en particular, que la atravesó especialmente por su gravedad y por el contexto en el que ocurrió. “Una niña que había sufrido una explosión ingresó con una fractura expuesta. La operamos ese mismo día, después requirió otras cirugías y tuvo una muy buena recuperación”, contó. El hecho se remonta a 2023, cuando una explosión en una cámara séptica en una vivienda de la localidad de La Para provocó la muerte de un bebé de 10 meses y de un hombre de 35 años. Como consecuencia de la onda expansiva, la niña fue despedida y terminó arriba de un árbol, con múltiples heridas de consideración, salvándose de milagro. “Son situaciones muy duras, pero también son las que te marcan. Ver después la evolución y que pueda recuperarse es muy importante para nosotros”, agregó.</p><p>El impacto emocional de estos casos también forma parte del trabajo cotidiano. “A los padres se les intenta hablar con sinceridad y de la forma más clara posible para que entiendan lo que tienen los niños. Y cuando el niño está consciente, también hablamos con él. Nunca hay que subestimar el poder de la mente del niño, es increíble. Vos le explicás lo que vas a hacer, le pedís que te ayude y el niño responde”, aseguró.</p><p>Ese vínculo directo con los pacientes es, también, lo que sostiene su vocación día a día. “Me encanta trabajar con los chicos, me encanta divertirme con ellos, reírme, jugar. Hay veces que tengo que revisar un muñeco antes de revisar al chico. Y ellos te cuentan todo, desde el principio, qué estaban haciendo, cómo se lastimaron, con quién estaban. Trabajar con niños me encanta”, expresó.</p><p>&nbsp;</p><p>“La traumatología siempre me gustó porque es muy resolutiva. Si algo está roto, buscamos arreglarlo, buscamos acomodarlo”</p><p>&nbsp;</p><p>La medicina ocupa gran parte de su tiempo. Aun así, Julia encuentra espacios para sus intereses personales. Realiza actividad física, viaja y practica buceo. “Soy buceadora certificada y en buceo avanzado”, contó. Sin embargo, reconoce que la profesión no se detiene: “Muchas veces estoy en mi casa o con mi familia y me llegan mensajes de pacientes, conocidos o colegas. Como somos pocos especialistas, me consultan para ver qué hacer en ciertos casos”.</p><p>&nbsp;En un contexto donde la falta de médicos se vuelve cada vez más evidente, Orellano deja un mensaje claro para quienes piensan en seguir ese camino. “Que lo hagan si les gusta y que elijan una especialidad que realmente les guste, porque lo van a hacer toda su vida. Esto requiere capacitación constante”, afirmó. En ese sentido, destacó su formación permanente: “El año pasado hice un curso avanzado de la Sociedad Argentina de Traumatología, ahora estoy haciendo uno de neuroortopedia y próximamente tengo otro en una asociación internacional”.</p><p>También se refirió a los avances tecnológicos en la medicina. “Desde poder ver radiografías en el quirófano hasta las historias clínicas digitales, todo ayuda. Incluso hay cursos sobre inteligencia artificial aplicada a diagnósticos y pronósticos”, señaló, aunque remarcó que estos avances no siempre llegan al mismo ritmo en todos los contextos.</p><p>El trabajo en el hospital, subrayó, es siempre colectivo. “Es un trabajo en equipo, por supuesto. En el Hospital de Niños tenemos un hermoso servicio, nos ayudamos entre todos”, afirmó. Y recordó sus inicios: “Cuando era estudiante venía a hacer guardias gratis, a ayudar. Ahí ya me gustó y supe que quería esto, aunque después fue difícil porque terminé la especialidad en pandemia y no había cargos”.</p><p>&nbsp;</p><p>“Los chicos tienen que jugar. A veces se caen y se lastiman, pero eso es parte de crecer. Hay que agradecer que son chicos sanos, que pueden correr, saltar y jugar”</p><p>&nbsp;</p><p>En cuanto a las consultas más frecuentes, explicó que predominan las fracturas de muñeca. “Son las más comunes y tenemos protocolos para resolverlas en la guardia con sedación. También operamos muchas fracturas de codo”, detalló.</p><p>&nbsp;Finalmente, dejó recomendaciones para las familias. “Que no se desesperen, que busquen inmovilizar como puedan y que vayan con tranquilidad. No hay necesidad de poner en riesgo a toda la familia”, aconsejó. Y sobre la prevención, aportó una mirada clara: “Los chicos tienen que jugar. A veces se caen y se lastiman, pero eso es parte de crecer. Hay que agradecer que son chicos sanos, que pueden correr, saltar y jugar”.</p><p>&nbsp;Al hablar de la diferencia entre atender adultos y niños, fue contundente: “Al niño hay que explicarle todo lo que le vas a hacer, cómo lo vas a tocar, si le va a doler o no. El adulto ya está acostumbrado, el niño no”.</p><p>&nbsp;Con una carrera en pleno desarrollo, una fuerte presencia en el sistema público y una mirada centrada en el compromiso diario, Orellano sintetiza su forma de ejercer la medicina en una idea que repite como eje de su trabajo: sostener, todos los días, la vocación de servicio en cada paciente que llega a su consultorio o a la guardia.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3eI1vQ9CMMVNxjSEB7wb4o24Es0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/julia_orellano_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Sanfrancisqueña y especialista en traumatología infantil, repasa su formación, los desafíos de su profesión y el compromiso cotidiano de atender a niños en uno de los centros de salud más importantes de la provincia. “Hay veces que tengo que revisar un muñeco antes de revisar al chico”, confiesa.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            “Salvar una vida es dar una oportunidad”: la misión que guía a Ariel Galfré, instructor de RCP
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wZxwlaeC7tKnCyP8-pN2NloDtIU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/ariel_galfre_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A los 44 años, Ariel Martín Galfré habla con una serenidad que no es indiferencia, sino equilibrio. Es enfermero profesional, instructor en primeros socorros, RCP y uso del Desfibrilador Externo Automático (DEA). Desde 2017 recorre escuelas, organizaciones, clubes y espacios públicos enseñando algo que, según él, debería formar parte de la vida cotidiana: saber ayudar cuando el tiempo corre en contra.</p><p>&nbsp;“Primero formé parte de una asociación en Córdoba, donde hice mis capacitaciones, y después surgió la propuesta en San Francisco, impulsada por la Secretaría de Salud municipal. Llevamos miles de personas capacitadas”, recuerda. Entre esas formaciones incluye la enseñanza de la maniobra de Heimlich, vital para asistir casos de asfixia por obstrucción de vías aéreas. Su mensaje es claro: cualquiera puede aprender, cualquiera puede salvar.</p><p>&nbsp;</p>“Tenemos que romper ese miedo a actuar”, exhorta Galfré.<p>Desde sus primeras experiencias aquella convicción no hizo más que fortalecerse. “Estamos en una época en la que todavía muere gente atragantada con un cuerpo extraño cuando existen maniobras que pueden sacarla de esa situación. No podemos permitir que eso siga pasando”, reflexiona en diálogo con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>&nbsp;</p>“No hay RCP mal hecho”: &nbsp;romper mitos y miedos<p>Ariel repite esta frase como un mantra: “No hay RCP mal hecho”. Para él, este es el principal mito que impide que la sociedad actúe ante una emergencia. “El miedo frena. La gente piensa que va a hacer daño, que va a empeorar las cosas. Y eso no es así. Peor es no hacer nada. Lo importante es mantener ese corazón bombeando sangre oxigenada al cerebro. Después de unos minutos el daño es irreversible”, explica.</p><p>&nbsp;</p><p>“El miedo frena. La gente piensa que va a hacer daño, que va a empeorar las cosas. Y eso no es así. Peor es no hacer nada”</p><p>&nbsp;</p><p>Recuerda incluso episodios mediáticos que generaron confusión, como el juicio por el homicidio de Fernando Báez Sosa, donde surgieron cuestionamientos hacia las maniobras de reanimación realizadas por una testigo. “Varias sociedades científicas tuvieron que salir a aclararlo. No existe la idea de que la RCP puede agravar una situación. Hay que intervenir, siempre. La Ley del Buen Samaritano protege a quienes actúan de buena fe”, agrega.</p><p>&nbsp;Esa claridad conceptual es la que traslada a sus alumnos. “Yo te enseño a vos a hacer RCP perfecto. Pero si vos sufrís una muerte súbita y tu familia no sabe cómo actuar, ahí está el problema. Por eso necesitamos una comunidad preparada”.</p><p>&nbsp;</p>Minutos que valen una vida<p>&nbsp;Cuando se habla de muerte súbita y paro cardiorrespiratorio, los tiempos son determinantes. Ariel lo explica con la simplicidad que da la experiencia: “Los primeros minutos son clave. Lo que haga un testigo antes de que llegue el sistema de emergencias puede cambiarlo todo. Cada minuto sin oxígeno afecta el cerebro. Después de cierto tiempo, el daño ya no tiene marcha atrás”.</p><p>&nbsp;Por eso insiste en que la capacitación es la única forma de atravesar el pánico. “El miedo aparece cuando uno no sabe qué hacer. Si vos practicás con los torsos, si en una capacitación vivís la experiencia corporal de hacer compresiones, ya rompés esa barrera. No es lo mismo ver un video que sentir con tus manos lo que hay que hacer”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;La ausencia que le dio otro sentido a su misión<p>&nbsp;En 2023, Ariel vivió uno de los golpes más duros de su vida. Leandro, su hermano de 39 años, policía de San Francisco, murió por un paro cardiorrespiratorio durante una prueba física en la Escuela de Suboficiales de Córdoba. Fue una noticia que sacudió a toda la comunidad.</p><p>Pero Ariel ya había elegido este camino muchos años antes. La pérdida no inició nada: profundizó todo.</p><p>&nbsp;“Me hubiese gustado estar ahí, pero entendí que actuaron enseguida y que hicieron lo que tenían que hacer. Las circunstancias no permitieron otro final”, recuerda con voz serena pero cargada de emoción. Habla con respeto por quienes intentaron reanimarlo. No hay reproches, hay comprensión.</p><p>&nbsp;Él y Leandro compartían algo más que familia: la música. Ambos integraban La Súper Banda del Chispas, un grupo de música popular en el que compartían escenario y noches de alegría. “Hasta la banda dejé para dedicarme de lleno a mi profesión y a esto que muchos llaman ‘enseñar a salvar vidas’”, confiesa.</p><p>&nbsp;Ariel no utiliza su historia para victimizarse. La usa para explicar por qué considera que la RCP no es solo una técnica, sino un acto social. “Uno dice: ‘esto no me va a pasar’. Pero no sabemos cuándo puede ser un familiar, un conocido o un desconocido. Todo puede cambiar en segundos”.</p><p>&nbsp;</p><p>“La capacitación es la única forma de atravesar el pánico. El miedo aparece cuando uno no sabe qué hacer”</p><p>&nbsp;</p>Capacitar para prevenir<p>Durante 2025, varios episodios de muerte súbita registrados en la provincia generaron conmoción y un renovado interés en aprender RCP. Ariel lo notó inmediatamente en el número de inscriptos.</p><p>“Cuando golpea cerca, la gente toma conciencia. Recuerdo una capacitación posterior a una muerte súbita y asistieron casi 200 personas en una sola semana”, relata. Esa reacción, si bien positiva, también revela una falla cultural: se actúa después del impacto. “No deberíamos esperar a que algo pase. La idea es prevenir y promover. Por eso insistimos tanto en que las capacitaciones son públicas, gratuitas, abiertas. Cualquiera puede aprender”.</p><p>En San Francisco, las jornadas se realizaron durante los jueves en Tecnoteca y podrían continuar en 2026. Para Ariel, ese trabajo comunitario es el verdadero camino hacia una ciudad cardioprotegida.</p><p>&nbsp;</p>El DEA como aliado clave<p>&nbsp;El uso del DEA es otro punto esencial de sus capacitaciones. “Es automático. El aparato va a decir si la descarga corresponde o no, depende del ritmo cardíaco que detecta. Nadie tiene que interpretar nada”, explica.</p><p>&nbsp;San Francisco cuenta con una importante distribución de estos dispositivos en zonas estratégicas: espacios deportivos, bancos, empresas y dependencias públicas. “La ciudad está casi cardioprotegida. Pero el DEA solo no alcanza si no sabemos hacer RCP. Son complementos”, remarca.</p><p>&nbsp;</p>Cambiar la cultura del “no me involucro”<p>&nbsp;Para Ariel, el problema no es la falta de acceso a capacitaciones, sino la falta de involucramiento. “Pasa por la empatía y el compromiso. Por decidir ayudar. La capacitación es gratuita, está al alcance, pero hay que dar el paso. Tenemos que romper ese miedo a actuar”.</p><p>&nbsp;A nivel técnico, recomienda actualizar conocimientos cada dos años. “Siempre hay cambios, maniobras nuevas, correcciones. El entrenamiento constante hace la diferencia”.</p><p>&nbsp;Las historias que encuentra en el camino lo siguen sorprendiendo. “La gente mayor te cuenta experiencias de hace décadas, capacitaciones de la Cruz Roja, situaciones que vivieron. Algunos tuvieron suerte, otros no. Pero todos coinciden en que no quieren pasar otra situación sin saber cómo actuar”.</p><p>&nbsp;Ariel resume su identidad profesional en pocas palabras: “Estoy orgulloso de ser enfermero. Es una profesión luchada, empática, siempre al pie del cañón y en contacto con la gente”. Y asegura que cada año se especializa más en RCP porque considera que ese es su aporte a la comunidad.</p><p>&nbsp;Su mensaje final es un llamado a la acción, pero también a la sensibilidad: “Involucrarse es pensar que podemos darle una oportunidad a alguien de seguir viviendo. Esto lo puede hacer un niño, un adulto mayor, cualquier persona. No hace falta ser médico ni tener conocimientos previos. Sólo hace falta querer ayudar”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wZxwlaeC7tKnCyP8-pN2NloDtIU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/ariel_galfre_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Ariel Martín Galfré formó a miles de vecinos en técnicas de reanimación cardiopulmonar y primeros auxilios. La muerte súbita de su hermano Leandro no inició su vocación, pero sí profundizó su compromiso con una tarea que define como un acto de empatía y responsabilidad social. Con un enfoque humano y preventivo, el enfermero remarca que no existe “RCP mal hecho” y que aprender estas maniobras puede cambiar un destino en cuestión de minutos.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            “Antes que deportista, hay una persona”: la mirada de Santiago González sobre el básquet y la salud mental
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E-Dl4NPF8XTiGn-j-CQiIWisFhM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/santi_gonzalez.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Santiago González vivió el básquet desde dos lugares que pocas veces conviven tan bien: el de jugador profesional durante más de veinte años y el de psicólogo clínico y deportivo, rol que hoy ejerce en San Isidro. Esa doble experiencia le permitió ver el juego desde adentro, sentirlo en el cuerpo y pensarlo en la cabeza. Por eso habla con una mezcla de sensibilidad, oficio y realismo que atraviesa toda la charla: “Hace 22 años que hago terapia. Varias veces ni tocaba lo deportivo, pero igual me ayudaba a ordenarmepara jugar”, cuenta casi como quien revela una herramienta que siempre tuvo al alcance.</p><p>En el club ya está transitando su tercera temporada. Trabaja a distancia, con sesiones individuales y encuentros grupales donde la palabra —dice— sigue siendo el gran vehículo. “Obviamente la virtualidad tiene sus límites: no es lo mismo verse la cara en una pantalla que estar sentados en una sala. Pero los chicos tienen un compromiso enorme y eso hace que funcione. Y sobre todo entienden que el espacio es abierto: no hablamos sólo de concentración o presión, también de pareja, familia, estudios, miedos… Antes que deportistas, son personas”.</p><p>Para él, que una institución apueste por la salud mental es más que un gesto: es un mensaje. “San Isidro me da autonomía, confidencialidad y respaldo total. Eso genera un clima muy sano. Ojalá no sea algo raro dentro de unos años, sino algo natural: ‘tenemos un PF, un médico, un psicólogo deportivo’”.</p><p>González cuenta que, cuando era jugador, no existía ese acompañamiento. Él hizo su propio camino terapéutico por fuera, casi a pulmón, cuando todavía no era normal hablar de estas cosas en el vestuario. “Nunca fui a un psicólogo especializado en deporte hasta después de dejar de jugar. Pero igual lo usaba para todo: mi vida personal, mis vínculos, mis frustraciones, mis duelos. Y lo veía en la cancha. Había días que necesitaba esa hora de hablar para poder entrenar sin tener la cabeza en otro lado”.</p><p>Ahí empezó a entender algo que hoy repite como un mantra: el juego colectivo te ordena en un lugar que el ego no siempre quiere aceptar. “En un equipo, vos resignás cosas tuyas para que algo funcione en conjunto. No todo de lo que querés hacer va a ser útil. Y eso desafía: querer tirar más, jugar más, ser más protagonista… pero entender que quizás tu rol hoy es otro. Y que ese rol también tiene valor”.</p><p>Esa habilidad mental —sostiene— sirve igual o más cuando se apaga la luz del estadio. “Después del básquet te vas a encontrar con jefes, compañeros, estructuras. Todo es trabajo en equipo. Lo que aprendés en un plantel te acompaña en cualquier lugar”.</p><p>El otro gran tema que aparece fuerte en su análisis es el choque generacional. González trabaja con muchos adolescentes y jóvenes, tanto en el club como en su consultorio, y detecta un patrón nítido: “Hay poca tolerancia a la frustración. No porque sean peores, sino porque viven en una sociedad donde todo tiene que ser ya. No existe la demora, no existe equivocarse. Y si algo no sale, sienten que se termina el mundo”.</p><p>También observa que la tecnología alimenta esa idea de inmediatez permanente: tutoriales, fórmulas, promesas de felicidad instantánea, cuerpos supuestamente perfectos. “Compran una receta que no existe. Después la realidad aparece, porque somos humanos, y ahí viene el golpe. And claro que frustra”.</p><p>Esa presión les pega de lleno cuando dejan su casa para empezar una carrera profesional. “Muchos llegan y quieren jugar ya, sin haber pasado por el proceso. Y cuando no pasa, se angustian al punto de querer dejar el deporte sin haber dado el primer paso. Hay chicos que se alejan cientos de kilómetros y se exigen que todo funcione desde el día uno. Es demasiado”.</p><p>Para él, el trabajo pasa por ayudarlos a frenar y mirar hacia adentro: “Que se pregunten qué desean, qué temen, qué los pone ansiosos. Que ganen autonomía emocional. Que entiendan que equivocarse es parte del proceso. Que disfruten el camino y no sólo el resultado”.</p><p>González cree que el deporte tiene que volver a humanizar a sus protagonistas. Lo dice desde la experiencia, no desde un eslogan. “Hay una idea social de que el jugador no puede tener problemas porque cobra, viaja, hace lo que le gusta. Y te aseguro que sí los tiene. Muchas veces, muchos”.</p><p>Por eso insiste en que la salud mental no es un lujo, sino una necesidad tan concreta como la preparación física: “Si la persona no está bien, el rendimiento no va a estar bien. Es así de simple”.</p><p>Y ahí resume su filosofía en una frase que atraviesa todo lo que hace:“Antes que deportista, hay una persona. Y si esa persona no está bien, el equipo tampoco va a estarlo.”</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E-Dl4NPF8XTiGn-j-CQiIWisFhM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/santi_gonzalez.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El psicólogo deportivo y exjugador de San Isidro repasa cómo la palabra, el trabajo en equipo y la salud mental atraviesan el alto rendimiento.]]>
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                                <category term="la-voz-deportiva" label="La Voz Deportiva" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-11-24T10:00:00+00:00</published>
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            “Sentí que todo era posible”: Juan Pablo Moyano, el bailarín sanfrancisqueño que brilla junto a Tini
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zswuqWX0XmDYbmm0bCFMNB5su_Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/moyano_posta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Tini Stoessel deslumbra con su nuevo show Futttura en Tecnópolis, una puesta que recorre todas las etapas de su carrera y que combina música, despliegue visual y más de treinta coreografías arriba del escenario. En ese elenco que vibra al ritmo del pop nacional hay un sanfrancisqueño que no pasa desapercibido: Juan Pablo Moyano, de 24 años, formado en Kandela Academia de Baile y decidido a que la danza sea su vida desde muy chico.</p><p>Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO habló con él en medio de una rutina intensa y llena de sueños en movimiento. El bailarín se muestra agradecido y consciente del lugar que ocupa: bailar junto a artistas como Tini, Emilia Mernes o Lali Espósito no es solo una oportunidad profesional. Es la confirmación de todo lo que viene construyendo desde los ocho años, cuando descubrió que bailar era su forma de sentirse pleno.</p><p>“Yo era un niño y recuerdo que lo único que identificaba era que había algo del movimiento que me gustaba mucho. Me aferré a lo que tenía cerca y me hacía bien”, cuenta. Ese primer lugar fue la academia de Darío Búrgenes, a quien define sin dudar como “un gran maestro para mí”.</p><p>&nbsp;</p>Un casting de 200 bailarines y 30 elegidos<p>Con respecto a su llegada al staff de Futttura, Juan relata un proceso exigente: “El proceso de selección fue un casting bastante arduo. Fuimos 200 bailarines casteados en dos giras diferentes. Fuimos atravesando varios filtros hasta llegar a una última instancia con unos 60 seleccionados. Finalmente quedamos oficialmente 30 para este show que se está dando ahora”.</p><p>Hoy, el elenco ensaya y se presenta con un nivel de trabajo que representa una verdadera entrega corporal y emocional: “Ya van casi dos meses de ensayo. Ensayamos de lunes a viernes de 10 a 18. Es un proceso muy grande que incluye los ocho shows, catering, etc. Somos un equipo gigante”.</p><p>&nbsp;</p>El sueño en movimiento. El bailarín local que conquista al público con Tini.Una montaña rusa emocional<p>Futttura no es un concierto tradicional. Tiene formato de festival, una narrativa propia y tres horas de adrenalina continua: “Este show es un gran despliegue. Es muy largo y es realmente una montaña rusa intensa. Pasás por momentos muy arriba, momentos abajo, otros de más locura y después de más alegría”, explica.</p><p>También destaca una transformación escénica que viven los bailarines: “Empezamos siendo un personaje y vamos renaciendo durante el show hasta llegar al final con nuestra versión más auténtica”.</p><p>Siente que esa intensidad es un espejo donde se ve más fuerte: “Hay algo maximizante. Uno se siente libre, feliz. Este proceso me agarra con intenciones personales de confiar más en mi autenticidad, en mi artista. Estoy para ofrendar eso”.</p><p>La preparación previa es un ritual importante: buena alimentación, descanso, llegar horas antes al lugar, pruebas, estilismo, maquillajes, pelucas, vestuarios. “Siempre hay que tener tiempo para los imprevistos”, dice entre risas.</p><p>La primera vez que pisó un escenario masivo junto a artistas tan reconocidas, hubo un click: “Sentí que todo era posible, literal, por más cliché que suene. Ver la potencia de un artista así, como su mundo ha conquistado tantas cosas, te hace confiar en lo que tenés para dar”.</p><p>Ese aprendizaje se traduce en una búsqueda más profunda: “Entendí que mi misión no es hacer bien las coreografías, sino sentirlas. Interpretar y transmitir lo que está diseñado para impactar en el público. Somos un canal que conecta la emoción con la gente”.</p><p>El público lo conmueve siempre. No lo dice como frase hecha. Se le nota en la voz: “Cada show es un mimo a mi niño. Hay muchas revueltas emocionales”.</p><p>&nbsp;</p>El origen: San Francisco como raíz<p>Volver a su ciudad natal es conectar con su esencia: “Es muy lindo para mí. Está mi familia y son un pilar fundamental. Siento el cariño de la gente que reconoce el valor de que una persona de la ciudad haya recorrido algunos lugares. Me han hecho saber que eso les daba esperanza”.</p><p>No olvida a quienes lo vieron crecer. “Darío fue el primero que me ayudó a reconocerme. Alimentó mis ganas cuando ya sentía que la ciudad no me alcanzaba para seguir aprendiendo”.</p><p>&nbsp;</p>El desafío de hacer camino lejos de casa<p>Mudarse a Buenos Aires fue un salto al vacío con convicción: “Lo más desafiante fue estar solo. Tenés que armarte de quién sos. La autoestima es clave. Yo salí siendo un adolescente, buscando algo que no entendía del todo. Un día me reconocí nuevo en la ciudad y me dije: es normal sentirme así. Estoy abriendo espacios”.</p><p>A pesar de la exposición del medio artístico, cuida su norte: “El nivel creció muchísimo en Argentina, pero también creció la superficialidad. Siempre voy a celebrar que alguien se acerque al arte, pero a veces se usa para cosas superficiales y se subestima su poder”.</p><p>Juan brilló en Got Talent Argentina en 2023. Quiere que esas oportunidades sigan abriéndose a más jóvenes: “Cualquier medio de visibilidad es buenísimo. Muestra diversidad, incomoda a veces, pero transforma. Te ayuda a que tu mensaje llegue a quien tiene que llegar”.</p><p>Asegura que siempre se ha sentido valorado como parte esencial del show: “El cuerpo de baile es fundamental para la comunicación del artista. Por eso ensayamos tanto y se pone tanta atención en lo artístico”.</p><p>&nbsp;</p><p>Invita a animarse, sin buscar excusas: “No creer que tienen que darse los factores ideales. Si tengo ganas de hacer algo hoy, con lo que esté en mi presente, tendría que poder conectar. Esforzarse. Las cosas aparecen cuando uno tiene el valor”.</p>&nbsp;“La chispa es la misma, estés donde estés”<p>Para quienes creen que “desde acá no se puede”, su mensaje se vuelve casi un abrazo: “Un consejo es entender que realmente somos iguales. La chispa que hoy te late adentro es la misma que tiene la persona que admirás. Solo necesita la leña adecuada”.</p>Ese futuro que ya empezó<p>Tiene más sueños y mucho que crear: “Hay un deseo de plasmar una visión propia en proyectos. Ser director de algo que me conmueva de la vida y transmitir un mensaje. Va más allá de la danza”.</p><p>Juan siente que recién comienza. Desde San Francisco hasta el escenario donde miles cantan al unísono, dejó claro que no hay distancia que pueda frenar un deseo persistente.</p><p>Cada noche, cuando el escenario se enciende y la música lo sacude por dentro, recuerda aquella primera sensación: que bailar puede cambiarlo todo; que soñar es apenas el primer paso; que todo es posible.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zswuqWX0XmDYbmm0bCFMNB5su_Q=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/moyano_posta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Con solo 24 años, se ganó su lugar en el staff de bailarines del show Futttura de Tini Stoessel. Desde Buenos Aires, cuenta cómo vive esta experiencia que le confirmó que “todo es posible” cuando se sigue el deseo]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Al “Burro” no hay quien no lo conozca: “Mi vida transcurrió toda acá adentro”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NnZim8wAitNcv65FLhgF3GyjyYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/burro_navarro_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>No hay quien no lo conozca. En San Francisco, si se habla de Todo Sanitarios, inevitablemente se habla de él. Marcelo Daniel Navarro, aunque todos lo llaman “Burro”, tiene 55 años y lleva 39 trabajando en la misma empresa, líder en el rubro de la construcción. Es, como muchos clientes lo describen, el alma del negocio: esa persona que siempre tiene una respuesta, una solución o al menos una palabra amable para quien entra por la puerta.</p><p>&nbsp;“Yo creo que todo empieza desde la cabeza, desde arriba”, dice con convicción. “La familia Bossa, ya en su segunda generación, siempre me dejó trabajar con tranquilidad, darles soluciones a los clientes. Entonces uno trabaja distinto, con más confianza, porque sabés que los dueños confían en vos”. Esa confianza, asegura, fue el motor que lo acompañó durante casi cuatro décadas.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Un equipo que se siente como familia<p>&nbsp;Marcelo habla de su trabajo con una mezcla de orgullo y gratitud. “Nosotros trabajamos con total tranquilidad –insiste–. Los dueños depositan total confianza. Y hoy lo mismo pasa con los hijos que están en la empresa”. Esa relación de respeto mutuo y compañerismo se refleja también en la forma en que describe a sus colegas: “La gente que tengo alrededor mío es lo más sagrado que tiene el negocio, porque son toda gente de primera, uno mejor que otro”.</p><p>&nbsp;A lo largo de los años, el “Burro” se convirtió también en guía para quienes se suman al equipo. Con humildad, dice que su manera de enseñar es con el ejemplo: “Se trata de enseñar con el ejemplo del otro. El equipo está armado muy bien, y uno tiene que ser flexible, marcar el error si lo hay, pero también aprender de los compañeros”.</p><p>&nbsp;</p>Marcelo junto a sus compañeros de todos los días.<p>Cuando le preguntan cuál es el secreto para ganarse la confianza de los clientes, no duda en responder: “La gente confía mucho en la empresa. Es un negocio en el que no te podés equivocar, porque si vendés algo que no sirve, la gente no vuelve. Confían en Todo Sanitarios, esa es la pura realidad”.</p><p>&nbsp;Esa confianza, asegura, se construye todos los días: “Acá no es que te vendo y me olvido. No, no. La responsabilidad sigue. Eso nos lo inculcaron siempre los jefes. La venta no termina en el mostrador: hay que seguir al cliente, acompañarlo, estar”.</p><p>&nbsp;Marcelo siente que la atención al público cambió mucho con los años, pero valora que la empresa haya mantenido su esencia. “Tenemos la suerte de que la gente confía en nosotros como empresa. Realmente es una suerte enorme. Nos eligen porque saben que les damos soluciones”, dice con una sonrisa que refleja satisfacción más que rutina.</p>&nbsp;&nbsp;“Mi vida transcurrió toda acá adentro”<p>&nbsp;Su historia con Todo Sanitarios empezó a los 18 años, casi por casualidad. Antes de entrar al rubro de la construcción, trabajaba en una boutique llamada Creaciones Celes Moda. “Nada que ver con esto”, recuerda riendo. Pero desde aquel primer día en el local de sanitarios, supo que había encontrado su lugar en el mundo.</p><p>&nbsp;“Mi vida transcurrió toda acá adentro”, afirma. “No me imagino haciendo otra cosa. Este trabajo es parte de mi vida, gran parte”.</p><p>&nbsp;Marcelo se define como alguien comprometido con el negocio, pero también con la gente. “Tenés que estar más arriba del cliente, porque cada vez te demanda más. Y eso lo hago con gusto, porque este trabajo me enseñó mucho sobre el trato humano y la confianza. El secreto es tener siempre predisposición y buena onda”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;La confianza de la familia Bossa<p>&nbsp;Habla de la familia Bossa con un respeto que roza el afecto. “Los dueños me han dejado trabajar toda la vida con total libertad. Eso, para mí, fue lo que más me satisfizo. Trabajar tranquilo, sin que nadie te esté encima. Siempre respondí a la empresa, por supuesto, pero ellos confiaron en mí desde el primer día. Y eso no tiene precio”.</p><p>&nbsp;Esa libertad, cuenta, fue también una escuela de valores. Aprendió a hacerse responsable de cada decisión, a escuchar al cliente y a cuidar el nombre de la empresa como si fuera propio. “Yo siempre digo que uno tiene que ponerse la camiseta. Si el negocio anda bien, todos andamos bien. Y eso se logra con compromiso y respeto”, sostiene.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;<p>“Me gusta que la gente se vaya contenta, con buena onda. Todos tenemos problemas, pero yo trato de transmitir siempre una palabra de aliento, de optimismo”</p>&nbsp;Popularidad, afecto y mucho humor<p>&nbsp;“Salgo muy poco”, confiesa, “pero cuando lo hago, la gente en la calle me reconoce. ¡A mí me conoce todo el mundo!”, expresa entre risas. No lo dice con vanidad, sino con la alegría simple de saberse querido. Porque en San Francisco, el “Burro Navarro” es sinónimo de atención, de experiencia y de esa calidez que no se improvisa.</p><p>&nbsp;Además, su buen humor es parte de su sello. “Marcelo tiene una manera muy especial de atender”, cuentan quienes lo conocen. Siempre hay una broma o una ocurrencia lista para aflojar el clima, incluso en los días más difíciles. Él mismo reconoce que el humor es parte de su forma de trabajar: “Si vos te reís, el otro se relaja. A veces un chiste o una sonrisa resuelven más que mil palabras. Me gusta que la gente se vaya contenta, con buena onda”.</p><p>&nbsp;“Todos tenemos problemas, pero yo trato de transmitir siempre una palabra de aliento, de optimismo. Me gusta escuchar a la gente. A veces hay que ser un poco psicólogo también”, agrega.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Los jóvenes y el futuro<p>&nbsp;Cuando Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO le pregunta qué consejo le daría a los más jóvenes que recién empiezan a trabajar, su respuesta suena como una lección de vida: “Los chicos tienen que hacerlo a la manera que el negocio requiere. Si uno los lleva a su ritmo, salen buenos. Hay que estar encima un tiempo, acompañarlos. Pero sí, tengo mucha confianza en los jóvenes. Lo importante es enseñarles el valor del trabajo”.</p><p>&nbsp;No se guarda el esfuerzo, ni la pasión, ni la paciencia. “Yo no vengo al negocio a sentarme. Hay que trabajar”, manifiesta con naturalidad, como quien habla de algo que lleva en la sangre.</p>&nbsp;Historias y anécdotas de cada día<p>&nbsp;Cuando se le pide que recuerde un momento especial en todo este tiempo, no puede elegir uno. “Acá todos los días hay una anécdota distinta”, dice. “Hay clientes que hacen diez kilómetros para venir a comprar una valvulita, porque no quieren ir a otro lugar. Eso te demuestra la fidelidad y el cariño que hay”.</p><p>&nbsp;Esa fidelidad, afirma, no se gana con grandes discursos, sino con hechos: con respeto, con compromiso y con una sonrisa. “Acá todos los chicos la tienen bien clara, porque se sienten identificados con el negocio. Eso es lo que hace la diferencia”.</p><p>&nbsp;</p>Un maestro de oficio y de vida<p>&nbsp;Marcelo reconoce que aprendió todo de la familia Bossa. “Cuando comencé, fueron seis o siete meses de aprendizaje muy valiosos. Aprendí para qué sirve cada pieza, cada cosita. Pero fue fácil aprender con estos maestros”, recuerda con gratitud.</p><p>&nbsp;Hoy, después de casi cuatro décadas, sigue siendo él quien enseña. No con discursos, sino con el ejemplo cotidiano, con la misma humildad de quien entiende que trabajar bien es también una forma de agradecer.</p><p>&nbsp;Y así, el “Burro Navarro” sigue siendo, sin proponérselo, una figura indiscutible. No solo del comercio, sino del corazón de una empresa que creció junto a él. Un hombre que representa la confianza, el compromiso y la calidez que todo negocio necesita para mantenerse en pie durante tanto tiempo.</p><p>&nbsp;Porque si en San Francisco alguien menciona “Todo Sanitarios”, no hay duda: todos piensan en él. En el “Burro”. El de siempre. El que está detrás del mostrador con una sonrisa, un chiste, una solución y un corazón trabajador. El alma de un negocio que, desde hace 39 años, late al mismo ritmo que su humor y su entrega.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NnZim8wAitNcv65FLhgF3GyjyYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/burro_navarro_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con 55 años y casi cuatro décadas en Todo Sanitarios, Marcelo Daniel “Burro” Navarro es mucho más que un empleado de comercio: es el alma del negocio, la voz amiga que todos reconocen y el rostro que representa los valores de confianza, compromiso y pertenencia.]]>
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            Manuela Vázquez: “No son egresados, sino graduados, porque queremos que siempre cuenten con la universidad”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ewu1CfPGkSz4crN6hfLOhdgWeSk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/manuela_vazquez.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES) cumplió un cuarto de siglo en San Francisco. Su historia se remonta al año 2000, cuando un convenio con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) permitió abrir la primera sede local. A partir de entonces, el crecimiento fue sostenido: “Somos parte del Polo Educativo, y desde el inicio buscamos diversificar las carreras, no repetir lo que ya existía en la ciudad. Esa visión nos permitió consolidarnos”, cuenta Manuela Vázquez, actual coordinadora general de la institución.</p><p>&nbsp;Hoy, UCES San Francisco ofrece seis carreras de grado —Abogacía, Contador Público, Dirección de Negocios, Marketing, Psicología y Recursos Humanos— y se prepara para incorporar nuevas propuestas. “Cuando en 2015 empezó Psicología, fue un antes y un después. Había una necesidad de incorporar disciplinas del área humanística. Este año sumamos Marketing, y el año que viene se abre Dirección de Negocios”, explica Vázquez a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>&nbsp;La expansión no se detiene: UCES también tiene presencia en ciudades como Río Grande, Ushuaia, San Salvador de Jujuy, Resistencia, Reconquista, Venado Tuerto, Santa Fe y San Nicolás, entre otras.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Entre la tecnología y el vínculo humano<p>&nbsp;En tiempos de inteligencia artificial y cambios vertiginosos, Vázquez destaca que el mayor desafío está en mantener el equilibrio entre la innovación y el contacto personal. “Nuestra gran fortaleza sigue siendo la presencialidad. A los estudiantes les gusta el contacto, lo eligen. Claro que usamos herramientas virtuales, aulas híbridas y campus digital, pero el encuentro humano sigue siendo insustituible”, afirma.</p><p>&nbsp;La universidad implementó un manual de uso de la inteligencia artificial, que enseña a estudiantes y docentes a emplear estas herramientas con criterio y ética. “No se trata de delegar en la máquina la tarea de pensar, sino de aprender a consultarla con conocimiento. La IA es un recurso, no un reemplazo”, señala.</p><p>&nbsp;Esa filosofía también redefine el rol docente: “Hoy el profesor ya no es la caja del saber absoluto. A veces los alumnos están más informados que uno. El rol del docente es guiar, enseñar a discernir entre tanta información disponible”.</p><p>&nbsp;</p>“La universidad no termina cuando recibís el diploma: sigue siendo tu casa”, sostiene Vázquez.<p>&nbsp;</p>&nbsp;Calidad y accesibilidad en tiempos difíciles<p>&nbsp;Vázquez reconoce que el contexto económico desafía a las universidades privadas. “Somos una universidad arancelada, y claro que la inflación complica. Pero tenemos un sistema de becas que busca acompañar a quienes quieren continuar. Nos duele cuando un estudiante con ganas de aprender no puede hacerlo por razones económicas”, expresa con tono reflexivo.</p><p>&nbsp;Para la coordinadora, la presencia de UCES en el interior permitió que muchas familias tuvieran su primer profesional. “Ese fue el sueño de quienes firmaron el convenio inicial: acercar la educación universitaria al interior del interior. Muchos jóvenes pudieron estudiar sin dejar su ciudad, y eso tiene un valor enorme”.</p><p>&nbsp;Además de ofrecer formación académica, la sede sanfrancisqueña refuerza los lazos con el sector productivo y social. “Trabajamos con el municipio, con empresas, con instituciones del Parque Industrial. Los alumnos de Marketing, por ejemplo, desarrollan estrategias junto a los de Ingeniería Química de UTN. Es un trabajo en red que refleja la integración que buscamos”, cuenta.</p><p>&nbsp;</p>(De izq. a &nbsp;derecha) Mabel Cachiarelli, coordinadora de Psicología; María Belén Negro, coordinadora de Abogacía; Manuela Vázquez, coordinadora general de la sede y de las carreras de Recursos Humanos y Marketing ; Emiliano Gribaudo, coordinador de la carrera Contador Público, y Natacha Capello, responsable de Relaciones Institucionales.&nbsp;Formar profesionales inquietos y comprometidos<p>&nbsp;Al describir el perfil de los egresados que busca formar UCES, Vázquez no duda: “Queremos profesionales inquietos, con una sólida base y la necesidad constante de actualizarse. Hoy ninguna disciplina se ejerce sola. La interdisciplinariedad es clave”.</p><p>&nbsp;Esa visión también se traduce en el acompañamiento académico. La universidad cuenta con tutores, orientación educativa y talleres de técnicas de estudio. “Sabemos que la transición del secundario a la universidad puede ser difícil. Por eso, desde el primer día, buscamos acompañar y crear comunidad”, explica.</p><p>&nbsp;Esa comunidad se extiende incluso al ámbito laboral: las pasantías, muchas de ellas remuneradas, permiten que los estudiantes adquieran experiencia antes de egresar. “En Psicología, por ejemplo, ya hay pasantes en empresas. La idea es que vean las múltiples aplicaciones de su carrera. No queremos profesionales encasillados, sino abiertos a los cambios”, sostiene.</p><p>&nbsp;Uno de los conceptos más significativos que plantea Vázquez es el sentido de pertenencia. “No le decimos egresados, sino graduados, porque no es como que egresan y se van, sino que siempre cuenten con la universidad”, afirma.</p><p>&nbsp;Esa idea de continuidad se materializa en las actividades que vinculan a los exalumnos con los nuevos ingresantes. “Los invitamos a contar sus experiencias en los seminarios introductorios, a compartir su recorrido. Es muy lindo ver cómo se genera una red de apoyo entre generaciones. La universidad no termina cuando recibís el diploma: sigue siendo tu casa”, dice con orgullo.</p><p>Para Vázquez, esa es la esencia de una institución con identidad local y mirada global. “En los festejos por los 25 años, vimos muchas caras conocidas: padres que estudiaron aquí, hijos que hoy son docentes. Es el reflejo de un camino compartido”.</p><p>&nbsp;</p><p>“Queremos profesionales inquietos, con una sólida base y la necesidad constante de actualizarse. Hoy ninguna disciplina se ejerce sola. La interdisciplinariedad es clave”</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;Consultada sobre el papel de la universidad en los próximos años, Vázquez se muestra optimista: “Imagino una universidad con más carreras y más conexión con la sociedad. No creo en la competencia entre instituciones, sino en el trabajo conjunto. La educación se fortalece cuando se comparte”.</p><p>&nbsp;En esa línea, valora la expansión territorial y la diversificación de ofertas académicas: “Hoy hay más posibilidades de estudiar sin moverse de la ciudad. Eso democratiza el acceso. Pero también hay que cuidar la calidad. Siempre les decimos a los estudiantes que verifiquen la acreditación de las carreras: el título debe tener validez y respaldo académico”.</p><p>&nbsp;Sobre el debate entre pensamiento crítico y empleabilidad, sostiene que ambas dimensiones pueden convivir. “Tratamos de no perder contacto con el sector productivo, pero tampoco con la reflexión. La universidad debe formar personas que piensen, que comprendan el contexto y sepan transformarlo”.</p><p>&nbsp;Al final de la conversación, Vázquez deja un mensaje a los jóvenes que aún dudan sobre su futuro académico:</p><p>“Les diría que elijan algo que les guste. A veces la presión de pensar en ‘de qué voy a vivir’ nos paraliza, pero el estudio es una herramienta que siempre te acompaña. Aunque la vida tome otros caminos, una carrera universitaria te da una base que nadie te quita”.</p><p>&nbsp;Con alrededor de 450 estudiantes activos y las inscripciones abiertas para el ciclo 2026, UCES San Francisco sigue consolidando un proyecto que combina formación, cercanía y compromiso. Como resume su coordinadora: “Formamos profesionales con raíces en su comunidad, pero con la mente abierta al mundo. Esa es nuestra misión desde hace 25 años”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ewu1CfPGkSz4crN6hfLOhdgWeSk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/manuela_vazquez.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A 25 años de la llegada de UCES a San Francisco, la coordinadora general de la sede reflexiona sobre los desafíos actuales de la educación superior: el equilibrio entre tecnología y vínculo humano, la formación de profesionales inquietos y el sentido de pertenencia que une a toda una comunidad educativa.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-10-18T12:59:07+00:00</published>
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            Vanesa Rojas, inspectora de tránsito: “La gente olvida que detrás del uniforme hay un ser humano”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TD-EiXx_XtEpruojX9j5Kt6s85A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/vanesa_rojas_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>Con 46 años, Vanesa Marina Rojas lleva más de una década y media en la Policía Municipal de Tránsito de San Francisco. Su historia está atravesada por la entrega, el esfuerzo y una profunda vocación de servicio. “El inspector está para cuidar la vida de las personas”, afirma. &nbsp;En diálogo con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO, habla sin filtros sobre su trabajo, los prejuicios, la empatía y los valores que defiende cada día en la calle.</p><p>&nbsp;</p><p>"Dejé mi vida acá adentro”</p><p>&nbsp;–¿Cuánto hace que trabajás como inspectora de tránsito y cómo llegaste a desempeñar este rol?</p><p>&nbsp;Ingresé en 2008 y, al año y medio, el director de Policía Municipal de ese momento, Jorge Pignata, me ofreció estudiar en Balnearia, donde matriculaban para hacer exámenes teóricos y prácticos de la licencia de conducir. Con sacrificio y esfuerzo, porque trabajar y estudiar no era fácil, le puse muchas ganas. Tenía 28 años. Mis colegas, como Coqui Gaitán y Juan Barrionuevo, fueron quienes me inculcaron amor por el tránsito, aun sabiendo los riesgos que implicaba. Ellos me hicieron agarrar tanta pasión por esto que siento que dejé mi vida acá adentro. En 2011 obtuve mi matrícula como examinadora y recién en 2023 pude ocupar ese puesto.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;<p>“Al inspector lo ven como alguien que recauda plata para un intendente o para el municipio. Y no es así. El inspector está para cuidar tu vida”</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Cómo es un día típico de trabajo?</p><p>Actualmente tomo los exámenes teóricos y prácticos de licencia inicial y de renovación. Y los fines de semana estoy en la calle como inspectora de tránsito. Es un trabajo intenso, con mucha responsabilidad y contacto humano.</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Qué errores son los más comunes que llevan a desaprobar a los aspirantes?</p><p>El miedo. La gente llega muy nerviosa. Yo trato de calmarlos, de que me tengan confianza. Siempre los llamo por su nombre. Muchos me dicen “tenés cara de mala”, pero no, puede ser la presencia. Soy más buena que Lassie (risas). Trato de ayudar, de que no se bloqueen. Algunos no duermen la noche anterior por los nervios. Cuando reprueban se enojan conmigo, pero no asumen su propio error. A veces olvidan ponerse el cinturón o chocan la valla en la prueba de estacionamiento. Les explico que este es un proceso y que las reglas existen por algo.</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Crees que las personas son realmente conscientes de la responsabilidad que implica tener una licencia?</p><p>Falta mucha cultura vial. Falta compromiso, no solo de los jóvenes, también de los padres, de los adultos. Yo hice seguridad vial en los colegios. En el aula se enseña, pero afuera los espera la mamá sin casco. Esa contradicción es grave. Yo crecí con una abuela que me llevaba a la escuela de la mano, con precaución. Esos valores se aprenden en casa. La educación y la cultura vial tienen que venir mucho de la familia.</p><p>&nbsp;</p><p>“Falta mucha cultura vial. Falta compromiso. Yo hice seguridad vial en los colegios. En el aula se enseña, pero afuera los espera la mamá sin casco. Esa contradicción es grave”</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Qué cambio cultural te gustaría ver en materia de tránsito?</p><p>Quisiera que se tome conciencia del valor de la vida. Cuando los adolescentes rinden, yo les recuerdo: “piensen en su familia”. No tengo hijos, pero pienso en mis padres, en mis sobrinos. Con 46 años recién pude comprar mi auto, y eso me enseñó el valor del esfuerzo y de la responsabilidad. Mi papá nunca me prestó el suyo. Me decía: “vos sabés lo que cuesta mantenerlo”. Eso me marcó. A veces me duele cuando escucho por la radio que hubo un accidente. Recuerdo uno que me marcó para siempre, el de un joven de 20 años que murió en Urquiza e Independencia. Ahí pensé en su familia. En cómo la falta de prudencia puede cambiar una vida en segundos.</p><p>&nbsp;</p><p>-&nbsp; ¿Te sentís respetada en tu rol de inspectora o has tenido situaciones difíciles?</p><p>No siempre. Al inspector lo ven como alguien que recauda plata para un intendente o para el municipio. Y no es así. El inspector está para cuidar tu vida. Si te veo sin casco, te voy a detener para explicarte que ese casco te protege el cerebro, no por una multa. Yo a la chapa de inspectora no me la puedo sacar. Me voy a casa, pero sigo viendo cosas. Veo mamás con chicos en moto, sin protección. Entiendo las dificultades, pero ¡poneles el casco! No cuesta nada y puede salvar una vida.</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Qué es lo que más te gusta y lo que más te cuesta de trabajar en la calle?</p><p>Me gusta sentir que puedo ayudar, pero es un trabajo duro. En pandemia nunca paramos. Una noche en la ‘costanera’ (Paseo Cervantes) detuve un vehículo con diez menores alcoholizados. Al intentar evitar que se escaparan, el conductor me cerró la puerta encima y me rompió los meniscos de la muñeca. Estuve un año sin poder trabajar, con una placa de metal. Y lo que más me dolió fue que el padre del chico nunca preguntó cómo estaba. Eso me marcó. Ahí entendí la falta de empatía de muchos.</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Qué papel juega la empatía en la convivencia vial?</p><p>Falta empatía. La gente olvida que detrás del uniforme hay un ser humano. En Navidad o Año Nuevo brindo con mis padres, con el uniforme puesto. A veces con agua, porque a las dos de la mañana salgo a trabajar. Para nosotros no existen feriados ni cumpleaños. Pero lo elijo cada día. Dejé mi vida acá adentro, y lo volvería a hacer. Para mí esto es una vocación. En 2026 quiero estudiar la carrera de Licenciado en Seguridad Vial. Quiero jubilarme como licenciada en lo que amo.</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Qué cambios has notado en el comportamiento de los conductores en los últimos años?</p><p>No muchos. En los controles de motos se retienen entre 30 y 50 por día. Algunos dicen que es para recaudar. No entienden que si conducís una moto, tenés que tener casco, patente, licencia y documentación al día. Cumplir la norma es cuidar la vida.</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Cómo influye la cultura del “apuro” en los accidentes?</p><p>Muchísimo. La gente vive apurada. Así hagas media cuadra, tenés que ponerte el cinturón o el casco. No hay excusa. Las normas no están para molestar, están para proteger.</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Cómo es la relación diaria con los conductores?</p><p>He ganado muchos amigos en la calle. Algunos me veían y pensaban que era “re mala”, y después me agradecen. Me traen chocolates o un vino por el buen trato. Uno siempre trata de instruir y cuidar a la persona. El inspector está para cuidar. Y cuando alguien me pide perdón por haberme insultado, yo sonrío. Eso también enseña.</p><p>&nbsp;</p><p>–¿Qué mensaje le darías a quienes están por rendir el examen de conducir?</p><p>Que no tengan miedo. Que vengan tranquilos y confiados. Que sepan que nosotros queremos que se vayan con su licencia. No somos enemigos, somos personas que queremos cuidarlos.</p><p>&nbsp;</p>“Yo a la chapa de inspectora no me la puedo sacar”. Vanesa Rojas, 17 años de servicio y una vida dedicada a la seguridad vial.<p>&nbsp;</p>Una vocación que no se apaga<p>&nbsp;Vanesa combina su uniforme con otras pasiones. Antes de ingresar a la Policía Municipal danzaba folclore —“a mí me conoce la gente por las peñas”, dice—, trabajó en radio y hoy, cuando el tiempo lo permite, hace fotos para locales de ropa. “Soy muy desinhibida, no tengo vergüenza”, confiesa.</p><p>Pero detrás de esa energía hay una convicción firme: “Este trabajo es muy duro y muchas veces ingrato, pero lo hago con el corazón. Porque la seguridad vial no es un papel ni una multa: es cuidar la vida del otro”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/TD-EiXx_XtEpruojX9j5Kt6s85A=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/vanesa_rojas_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Toma los exámenes de conducir y en la calle, algunos la llaman  “chapacana” sin saber quién es realmente. Ella lo toma con fortaleza y orgullo: “Soy inspectora de tránsito, y estoy para cuidar la vida de las personas”. Con vocación, reivindica una labor que muchas veces se confunde con la recaudación, pero que, asegura, tiene un sentido mucho más profundo: preservar la seguridad vial y educar con el ejemplo.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-10-11T13:00:00+00:00</published>
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            “Que los vecinos sientan la presencia de la Justicia”: el desafío del nuevo fiscal de Frontera
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Sp8z_lAJJgr71qj-iXm8Z3g4BDI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/pedro_machado_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;El flamante fiscal de la ciudad de Frontera, Pedro Ignacio Machado, asumió su cargo con la misión de enfrentar una de las zonas más complejas de la región, marcada por delitos contra la propiedad, violencia armada y narcotráfico. En diálogo con la prensa, habló del mayor desafío de su carrera, de las principales problemáticas que detecta en el territorio, de la cercanía que quiere mantener con las víctimas y dejó un mensaje directo a los vecinos de Frontera y Josefina, descreídos de la Justicia.</p><p>&nbsp;“Es el desafío más importante que he tenido en mi carrera desde que me recibí; tengo la expectativa de hacerlo bien y obtener buenos resultados”, afirmó Machado durante la rueda de prensa en la sede judicial. A sus 42 años, el funcionario asumió el cargo que había quedado vacante luego de que Nicolás Stegmayer fuera designado juez penal, en 2022.</p><p>&nbsp;Entre Stegmayer y Machado, la región experimentó un aumento sostenido de delitos graves, que incluyeron homicidios, violencia armada, narcotráfico, búnkeres de drogas y tiroteos cotidianos. La ausencia de un fiscal radicado de manera permanente generó en los vecinos una sensación de vulnerabilidad que ahora Machado busca revertir, ofreciendo una presencia constante y un contacto directo con la comunidad.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Una trayectoria judicial sólida<p>&nbsp;Machado nació en la ciudad de Santa Fe y cursó la carrera de Abogacía en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Posee múltiples posgrados, entre ellos en Derecho Penal, Ejercicio de la Magistratura en la Universidad Católica en Rosario, y Garantías Condicionales de Investigación y del Justo Penal en España. También completó una diplomatura en Análisis Criminal Forense en la Universidad Nacional de Rosario y está finalizando una maestría en Argumentación Jurídica.</p><p>&nbsp;Machado comenzó su recorrido profesional como pasante en organismos públicos de Santa Fe y posteriormente tuvo breves experiencias en estudios jurídicos y tribunales, realizando investigaciones prácticas antes de recibirse. Más adelante, se trasladó a Rafaela, donde trabajó en el Juzgado de Faltas y luego en el Juzgado de Instrucción de primera nominación antes de ingresar a la Fiscalía Regional Nº5 en noviembre de 2016. Allí adquirió experiencia en todas las áreas, incluyendo flagrancia, violencia de género y delitos complejos y económicos.</p><p>&nbsp;</p>“La presencia de un fiscal en la sede de manera permanente puede tener un impacto positivo y ser un elemento relevante para garantizar los derechos de las víctimas", dijo Machado.&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;“La decisión de ser fiscal o de intentarlo era natural según las decisiones que venía tomando previamente. Después de muchos años de trabajo y aprendizaje, me sentí capacitado para dar este paso”, expresó Machado, quien destacó que rindió dos concursos con buenos resultados antes de recibir su actual nombramiento.</p><p>&nbsp;</p>“Es el desafío más importante que he tenido en mi carrera desde que me recibí; tengo la expectativa de hacerlo bien y obtener buenos resultados"<p>&nbsp;</p>&nbsp;Coordinación interprovincial y recursos disponibles<p>&nbsp;Consultado sobre la proximidad con la ciudad de San Francisco, el fiscal reconoció que existen complejidades debido a los diferentes códigos procesales y autoridades policiales de cada provincia: “Si no lo manejamos bien y no lo coordinamos puede perjudicar algunas investigaciones, pero haremos todo lo posible para que sea lo menos burocrático y lograr objetivos concretos en las investigaciones”.</p><p>&nbsp;Respecto a los recursos de la ciudad, Machado destacó la sede fiscal y el personal disponible: “Aquí cuento con Cintia Navarro, abogada de amplia experiencia que trabajó con el anterior fiscal, y con personal policial de calle y de investigaciones (PDI). Es un apoyo constante que permitirá abordar los casos con mayor eficiencia y rapidez”.</p><p>&nbsp;Además, subrayó que la coordinación con la Fiscalía Regional Nº5 y con las demás fiscalías de la circunscripción será permanente, garantizando que los procesos se desarrollen sin demoras y con una supervisión constante por parte de los superiores, incluyendo al fiscal regional Carlos María Vottero, quien cuenta con una amplia trayectoria y experiencia en casos complejos.</p><p>&nbsp;&nbsp;</p><p>“La principal problemática son los delitos contra la propiedad, robos y hurtos, pero los hechos con armas y los homicidios son prioritarios y requieren la mayor atención"</p>&nbsp;Presencia y cercanía con las víctimas<p>&nbsp;Uno de los principales objetivos de Machado es garantizar la presencia permanente de la justicia en Frontera. “Voy a estar todos los días en la oficina y radicado en la ciudad. La idea es revertir la desconfianza y que los vecinos sientan la presencia de la Justicia”, afirmó.</p><p>&nbsp;El fiscal explicó que las distancias, la ausencia prolongada de un funcionario judicial y la vulnerabilidad de las víctimas —ya sea económica, física o emocional— habían generado un sentimiento de desconfianza en la comunidad. “La presencia de un fiscal en la sede de manera permanente puede tener un impacto positivo y ser un elemento relevante para garantizar los derechos de las víctimas”, destacó.</p><p>&nbsp;Machado señaló que el contacto directo con las personas afectadas por delitos será permanente y que la Fiscalía trabajará para garantizar que sus derechos sean respetados y que las investigaciones se realicen de manera efectiva.</p><p>&nbsp;</p>Principales problemáticas del territorio<p>&nbsp;En cuanto a los delitos más frecuentes, el fiscal indicó que “según los datos estadísticos, la principal problemática son los delitos contra la propiedad, robos y hurtos, pero los hechos con armas y los homicidios son prioritarios y requieren la mayor atención”. También hizo hincapié en la relevancia de los delitos rurales, especialmente por las características geográficas y socioeconómicas de la región.</p><p>&nbsp;Explicó que los delitos de mayor agresividad requieren atención prioritaria y que la Fiscalía debe garantizar investigaciones con resultados concretos. “La Fiscalía debe estar presente y actuar con seriedad para que las investigaciones se desarrollen de manera efectiva, garantizando los derechos de quienes sufren los delitos”, agregó.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Impacto del sistema procesal acusatorio<p>&nbsp;Machado detalló cómo la transformación del sistema judicial de Sata Fe, con la implementación del modelo acusatorio, impacta en localidades como Frontera. “La separación de tareas dentro del proceso permite que la Fiscalía asuma el rol de defensa de los intereses de las víctimas y del impulso del proceso penal, mientras los jueces resuelven las controversias y la defensa actúa en su ámbito. Esto garantiza que los derechos de las víctimas sean protegidos”.</p><p>&nbsp;“Desde la vigencia de la ley de víctimas, la Fiscalía es el principal promotor de que esos derechos se cumplan, asegurando protección, acceso a la justicia y la posibilidad de aportar evidencia”, subrayó Machado, destacando la planificación estratégica y la especialización de los equipos de investigación.</p><p>&nbsp;</p>Desafíos y expectativas<p>&nbsp;Consciente de la complejidad de su territorio y de la elevada tasa de homicidios en el departamento Castellanos –con Frontera y Josefina a la cabeza-, Machado reconoció la presión que implica asumir el cargo. “Sí, me genera estar alerta para tomar las decisiones correctas cuando llegue el momento, pero cuento con el apoyo de la Fiscalía Regional Nº5 y de otros fiscales con amplia experiencia”, señaló.</p><p>&nbsp;El fiscal también insistió en la importancia de reconstruir la confianza de la comunidad: “Los vecinos quedaron vulnerables por la falta de presencia de la justicia, y nuestro objetivo es revertir ese sentimiento, acercarnos y garantizar que sus derechos sean respetados”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Un mensaje directo a los vecinos<p>&nbsp;Machado concluyó con un mensaje claro: “Es un territorio con complicaciones, pero me siento preparado y motivado. La idea es que los habitantes de Frontera y alrededores vean que la justicia está presente y que pueden confiar en su funcionamiento”.</p><p>&nbsp;“La expectativa es trabajar de manera constante, garantizar la protección de las víctimas y obtener resultados concretos que restauren la confianza de la comunidad en la justicia”, afirmó el nuevo fiscal, quien desde septiembre se convirtió en el referente judicial de la ciudad y sus alrededores.</p><p>&nbsp;</p>Debut con homicidio: Machado &nbsp;investiga la muerte de Javier Ortiz<p>A pocas horas de asumir como fiscal de Frontera, Pedro Machado ya enfrentaba un caso complejo: la investigación del homicidio del mecánico sanfrancisqueño Javier Gustavo Ortiz (53).</p><p>La causa avanza. Quedó en prisión preventiva Ariel Gorosito (34), acusado de exceder los límites de la legítima defensa tras una pelea entre ambos. La decisión la tomó el juez de la Investigación Penal Preparatoria, Gustavo Bumaguin, en una audiencia en Rafaela, a pedido de Machado, quien solicitó que el imputado permanezca privado de libertad por al menos 45 días.</p><p>Según relató el fiscal, el domingo 14 de este mes, Ortiz llegó a la vivienda de Gorosito con una barra de hierro de 60 centímetros y 2 kilos. Tras agredirlo, Gorosito logró escapar hacia la casa de un vecino y tomó un palo tipo “gomero” para defenderse. La pelea continuó en la vereda, donde Ortiz recibió un golpe en el costado izquierdo que le provocó serias dificultades para respirar. Ambos fueron trasladados al Hospital Iturraspe: Gorosito recibió curaciones leves y Ortiz quedó internado en terapia intensiva, falleciendo tres días después por shock hipovolémico y falla multiorgánica.</p><p>Machado precisó que “el imputado excedió los límites de la legítima defensa, tanto en intensidad como en extensión”, y que utilizó un palo para golpear a Ortiz en distintas partes del cuerpo. La pelea, indicó, se dio en el marco de un conflicto personal que involucraría también a una mujer.</p><p>El fiscal informó además que el 8 de agosto, Gorosito ingresó sin autorización a la vivienda de su expareja, la amenazó de muerte, le dijo que prendería fuego la casa, la agredió físicamente y rompió su cartera, en un contexto de violencia de género.</p><p>Machado señaló que “con el grado de probabilidad requerido, el juez dio por acreditado que los hechos ocurrieron como se planteó desde la Fiscalía”. La calificación incluye homicidio con exceso en legítima defensa; lesiones leves dolosas; amenazas coactivas; violación de domicilio y daño.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Sp8z_lAJJgr71qj-iXm8Z3g4BDI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/pedro_machado_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Pedro Ignacio Machado asumió el cargo con la misión de enfrentar el delito en una de las zonas más “calientes” de la región y garantizar la presencia de la justicia. “Es el desafío más importante que he tenido en mi carrera”, afirmó.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-09-27T12:00:00+00:00</published>
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            Osvaldo Aguirre, una vida de metalúrgico: “Sentís que contribuís a algo más grande”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ecLMBOjNztS-nb-LUpROuY0M4hc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/osvaldo_aguirre_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>En la antesala del Día del Trabajador Metalúrgico, que se celebra cada 7 de septiembre, la historia de Osvaldo César Aguirre se vuelve un retrato vivo de la pasión por el oficio. A sus 66 años, con cincuenta dedicados a la actividad y toda una vida ligada a la firma Nelso Ferreyra SRL, empresa tradicional del Parque Industrial de San Francisco, su testimonio es un canto al trabajo bien hecho y al sentido de pertenencia. “El trabajo metalúrgico es hacer una pieza que tiene que salir bien porque le va a dar funcionamiento a un conjunto mayor. La metalurgia es un eslabón fundamental en toda la cadena productiva”, resume con orgullo.</p><p>&nbsp;</p>La vida de Osvaldo Aguirre, 50 años en la misma empresa metalúrgica.<p>Nacido en el seno de una familia rural, no estaba destinado desde niño a “traficar con metales”, como dice entre risas. “Mi padre era tambero. Tuvo un accidente y tuve que dejar la escuela en tercer año para ayudarlo junto a mi madre. Soy hijo único, así que me tocó asumir responsabilidades muy temprano”, recuerda en entrevista con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. El destino quiso que un vecino lo acercara a la empresa que lo cobijaría durante toda su vida laboral. Allí, entre máquinas de control numérico, aprendió el oficio que marcaría su existencia.</p><p>&nbsp;La satisfacción de un trabajo bien hecho es lo que más lo moviliza. “Cuando hacés una pieza pesada, de 250 kilos, que vale mucho dinero, y el cliente la prueba y funciona, eso es muy gratificante. Sentís que servís para contribuir a algo más grande, que es la industria en general”, explica. Ese orgullo es lo que lo sostiene aún hoy, a pesar de estar jubilado. “Puedo seguir trabajando porque me gusta y me mantiene activo. Además, tengo la dicha de compartir la empresa con mis dos hijos, de 44 y 40 años. Es un legado que me emociona”, confiesa.</p><p>&nbsp;</p><p>El paso del tiempo le permitió ver cómo la industria fue cambiando. “La entrada de mercadería de afuera adelantó muchísimo lo que es mecanizado. Las herramientas, los insertos, mechas y fresas hoy permiten producir más y mejor. Pero eso también exige capacitación constante”, advierte. Con medio siglo de experiencia, se ha transformado en maestro para los más jóvenes: “La metalúrgica demanda capacitación permanente, enseñar y aprender todos los días. El aprendizaje nunca se agota”.</p><p>Su mirada sobre la educación técnica es clara: “Creo que la escuela de oficios es muy valiosa. La última vez que pasé por la EFO (Ipet 50 ‘Emilio F. Olmos’ me hizo acordar a lo que hacíamos nosotros: con apenas una lima, una perforadora, lo básico... Es importante que los jóvenes tengan entusiasmo y una especialidad”. También valora el aporte de la Facultad Regional San Francisco de la UTN, que nutre de profesionales a la industria local.</p><p>&nbsp;</p><p>Los recuerdos lo transportan a sus primeros desafíos. “Empecé con un tornito chiquito. Después me dijeron: ‘¿Te animás a hacer esto?’. Era un torno copiador. Luego pasé a otras funciones hasta que llegó el primer CNC a la fábrica. También me animé. La tecnología avanza y hay que estar dispuesto a aprender siempre”, señala.</p><p>&nbsp;La pandemia de Covid-19 fue un golpe para un hombre activo como él. Debió quedarse en su casa por cuestiones de salud. “Cuando volví a la planta, me asignaron un proceso que nunca había hecho. Mi jefe me dijo: ‘No tengas miedo, vos sabés un montón y te vas a adaptar’. Y así fue. Aprender algo distinto me motivó mucho”, cuenta.</p><p>&nbsp;</p><p>Osvaldo también valora los vínculos que el trabajo le regaló. “Además del conocimiento, me dio amigos y compañeros. Siempre hablando se entienden las cosas. Los chicos entienden cuando uno les dice las cosas en serio. En la fábrica paso más horas que en mi casa, así que se convierte en una segunda familia. Ahí el respeto y el trato cordial no pueden faltar”, reflexiona.</p><p>&nbsp;</p><p>Su mensaje a los jóvenes y colegas metalúrgicos es de entusiasmo y compromiso. “Que disfruten de tener un trabajo como este, que traten de aprender un poco más cada día y hacer las cosas bien. Más allá de si el salario es alto o bajo, lo importante es la buena relación con la patronal y la satisfacción personal de aportar algo útil”, afirma.</p><p>&nbsp;</p><p>Finalmente, envía una reflexión a la sociedad: “Hay que valorar a la industria metalúrgica porque es la base de todas las industrias. Sin ella, no hay desarrollo posible. San Francisco creció mucho gracias a sus fábricas, que generan empleo y sostienen a miles de familias. Yo soy parte de esa historia y me siento orgulloso”.</p><p>&nbsp;</p><p>Con emoción en la voz, Osvaldo reconoce que su vida ha sido el trabajo. Entre fierros, máquinas y desafíos, pero también entre afectos y aprendizajes. “Me jubilé, pero sigo. Mientras pueda, quiero estar. Porque me gusta, porque me hace sentir útil, porque la metalurgia fue y es mi vida”, concluye.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ecLMBOjNztS-nb-LUpROuY0M4hc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/09/osvaldo_aguirre_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En la previa del Día del Trabajador Metalúrgico, una historia cercana que emociona y enseña. Con 66 años y 50 años de trayectoria en la industria, este sanfrancisqueño refleja en cada palabra la importancia de amar lo que se hace, trabajar con responsabilidad y enfrentar los desafíos de una actividad que sigue siendo clave para el desarrollo de la ciudad y la región.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-09-06T12:45:41+00:00</published>
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            Andrés Vaca, el sanfrancisqueño que brilló en La Voz: “Fue una caricia a mi artista”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OzBShKrEYi1ywLnP8s3bdXjIuXw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/andres_vaca_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Ahora tengo ganas de más”. La frase resume lo que siente Andrés Vaca luego de su paso por La Voz Argentina, el reality musical que se emite por Telefe y que le permitió mostrar su arte en una de las plataformas más populares del país. Sanfrancisqueño, artista y soñador, Andrés fue elegido por Miranda!, vivió el vértigo de los ensayos, la emoción del escenario y la devolución de grandes referentes. Hoy, ya fuera del programa, habla con gratitud y entusiasmo sobre lo que vivió.</p><p>“Estoy muy contento, muy agradecido con la oportunidad de poder mostrar mi artista después de tanto tiempo de trabajo. Fue algo que busqué desde que llegué a Buenos Aires hace 14 o 15 años. Ahora tengo ganas de más”, comentó en diálogo con Posta / La VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>&nbsp;</p>De San Francisco a los escenarios<p>La historia de Andrés con la música comenzó de chico, cuando iba al Ipem N° 145 “Dr. Francisco Ravetti”. Una clase de música fue el punto de partida. “Mi profe de música me dijo que notaba que yo tenía algo para la música, y eso despertó el fuego en mí. Justo tenía a mi tío Julio que canta, le conté y me recomendó a Rossana Pampiglione, que fue mi primera maestra de canto y a quien quiero mucho. Fue hermoso”, recordó el artista.</p><p>Esa primera conexión con el canto se transformó en vocación. Andrés empezó a estudiar, cantar, presentarse, formarse y soñar. Y lo hizo desde su ciudad, pero también con la mirada puesta en horizontes más amplios. Su vida lo llevó a Buenos Aires, pero su corazón sigue estando en San Francisco.</p><p>“Toda mi familia está en San Francisco”, remarcó. “Hace cinco meses que no voy, por los ensayos de La Voz y otras cuestiones, pero ahora tengo muchas ganas de ir. Creo que el próximo feriado voy a volver”, agregó.</p><p>Cuando se le pregunta qué significó el apoyo recibido desde San Francisco, Andrés no duda: “Estoy muy agradecido con todos. Recibí mucho amor, muchos mensajes apoyándome, diciendo que tendría que haber pasado, que canté muy bien. Fue hermoso. Una caricia a mi artista. Ese reconocimiento vale más que haber pasado de ronda. Quedé muy contento con todo lo que pasó”.</p><p>Ese ida y vuelta afectivo con la gente de su ciudad se mantuvo constante durante su paso por el programa. “Sentí el acompañamiento, el afecto de la gente que me conoce de toda la vida. De quienes me vieron cantar por primera vez y de los que tal vez recién ahora se enteran que soy músico. Todo eso me llegó, lo valoro mucho y me emociona”, señaló.</p><p>&nbsp;</p>“Tengo ganas de más”, contó Andrés sobre el impulso que le dejó el programa televisivo.Un casting, un sí y una oportunidad<p>Su ingreso a La Voz fue tan natural como inesperado. “Mandé un video por TikTok y después se contactó la producción conmigo. Me dijeron que tenía que audicionar. Me pasaron una canción que amé y dije ‘vamos con esa’. Fui al ensayo y la otra semana ya tenía que ir a audicionar”, detalló.</p><p>La audición fue su primera gran prueba. Y fue también una descarga emocional. “Fue un shock total, no lo podía creer. Ya con estar ahí cantando era un logro, pero que se dieran vuelta, mi cara lo expresó todo. Fue enseguida, ni bien arranqué. Fue como, ‘¿esto está pasando de verdad?’. Quedé en shock”, remarcó.</p><p>El momento en que Miranda! gira el sillón y lo elige marcó un antes y un después. “Sentí como un bajón, pero no por algo negativo, sino por la intensidad de la emoción. Fue como: ya está, estoy adentro. Y eso, más el shock, fue muy fuerte”, detalló.</p><p>Los días previos fueron de mucho trabajo, pero también de mucha ansiedad. “Estaba súper nervioso. Ese escenario es muy imponente. Por más que uno estudie, practique, nada te prepara para eso. Me sentí muy nervioso”, añadió.</p><p>A pesar de las tensiones, Andrés pudo avanzar. Y eso le permitió vivir otro momento inolvidable: el entrenamiento con Miranda! y con Valeria Lynch. “Ensayamos durante dos semanas. Los ensayos con Valeria fue lo más sorprendente. No la conocía personalmente y nos dijo cosas hermosas. Son artistas consagrados, tienen esas palabras que te quedan. Te dejan pensando, te motivan”, argumentó.</p><p>En ese proceso, además de técnica vocal, se trabajó la puesta en escena, la actitud, la seguridad. “Nos hablaron mucho de la performance, de cómo transmitir, de conectar con lo que estamos cantando. Eso para mí fue muy valioso”, indicó.</p><p>&nbsp;</p>Instructor de Pilates y artista en expansión<p>Además de cantante, Andrés es instructor de Pilates, una profesión que también lo representa y que surgió de manera natural a partir de su formación en teatro musical. En este marco, manifestó: “Empecé a bailar, después estudié, me estructuré, y arranqué a dar clases. Me fue llevando un poco hasta esta profesión que amo”.</p><p>Esa doble faceta —artística y corporal— forma parte de su identidad. “Me gusta enseñar, conectar con las personas, acompañar procesos. Y también me gusta subirme a un escenario y contar algo con mi voz. Todo eso soy yo”, destacó.</p><p>Con la exposición que le dio La Voz Argentina, siente que se abren nuevas puertas. “Creo que de acá vienen cosas muy lindas. Ya me lancé al universo. Estoy creyendo que se puede. Estoy a full con eso. Hay que seguir y meterle”, afirmó con convicción.</p><p>&nbsp;</p>El recuerdo de Pablo Utrera<p>Uno de los momentos más emotivos es cuando se menciona a Pablo Utrera, también oriundo de San Francisco, quien participó en la edición 2012 de La Voz y falleció trágicamente en 2015. Ambos compartieron escenario en más de una ocasión.</p><p>“Yo sabía que Pablo también había sido elegido por Miranda!. Lo conocía, hemos cantado juntos en algún show con mi compañero Diego. Él vino a cantar un par de temas. Después lo vi en su audición en La Voz. Fue hermoso. El paso de Pablo fue hermoso”, expresó&nbsp;</p><p>El recuerdo de Pablo sigue presente entre quienes lo conocieron. Andrés lo trae desde la emoción, desde el compañerismo, desde el orgullo de haber compartido algo más que una canción. “Fue muy lindo todo lo que hizo. Me pone feliz que se lo siga recordando con tanto amor”, señaló.</p><p>&nbsp;</p>El corazón siempre vuelve a casa<p>Para Andrés, San Francisco es más que un punto de partida. Es refugio, es contención, es identidad. “San Francisco es mi ciudad. Siempre que quiero tranquilidad o necesito reconfortarme, estar con los míos, vuelvo. Ahí está mi familia, mis amigos. Siempre vuelvo cuando necesito contención”, detalló.</p><p>Y aunque su vida hoy transcurre en Buenos Aires, esa conexión no se corta. “Sé que allá tengo mi lugar. Sé que cuando necesito cargar energías, ahí me espera mi gente. Me esperan con el mismo cariño de siempre”, concluyó.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OzBShKrEYi1ywLnP8s3bdXjIuXw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/andres_vaca_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Integró el equipo de Miranda!, vivió una experiencia que lo marcó y emocionó a todo San Francisco. En una entrevista, compartió  su paso por La Voz Argentina, recordó a Pablo Utrera y reveló su amor por la música, su ciudad y sus sueños.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-08-02T13:30:00+00:00</published>
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