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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Ezequiel Ricca, el ingeniero con alma de artista
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NaWO_JYh8zSTbhc5Y_TZojKhIM0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ezequiel_ricca_artista_de_devoto.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ<p>&nbsp;</p><p>“Mi nombre es Ezequiel Ricca, tengo título de ingeniero y alma de artista. Soy actor, cantante, escritor y tengo dos sueños”. Así se presentó en sus redes sociales, en una frase que sintetizó un recorrido personal atravesado por cambios profundos, decisiones difíciles y una búsqueda constante por encontrar un lugar propio.</p><p>A sus 37 años, el joven nacido en Devoto construyó una vida que combinó dos mundos que durante mucho tiempo parecieron opuestos. Por un lado, la lógica, el orden y la estructura de la ingeniería. Por el otro, la sensibilidad, la emoción y la incertidumbre del arte. Entre ambos caminos, Ricca fue aprendiendo —no sin tropiezos— a escucharse.</p><p>Su historia, más que una carrera artística, fue un proceso de descubrimiento.</p><p>&nbsp;</p>De Devoto a la escuela técnica<p>Ezequiel Ricca nació y creció en Devoto, donde cursó la primaria. A los 14 años dejó su pueblo para continuar sus estudios en San Francisco, en el Ipet N°50 “Emilio F. Olmos”, la escuela técnica más grande e importante de la ciudad y de la que egresaron muchos de los ingenieros de la región.</p><p>“Allá empezó también una etapa fuerte de independencia. Viví en el internado, después en departamentos con amigos. Fue aprender a arreglarse solo muy chico”, recordó.</p><p>El camino parecía definido. Proveniente de una familia que, según él mismo definió, era “una fábrica de ingenieros”, la elección profesional resultó casi natural. Su padre era ingeniero y tres de los cuatro hermanos siguieron el mismo rumbo. La ingeniería electrónica aparecía como un destino lógico.</p><p>“Si me preguntabas antes de 2012 qué iba a hacer, la respuesta era clara: recibirme de ingeniero e irme a vivir a España”, contó.</p><p>Ese era el plan.</p><p>&nbsp;</p>El momento&nbsp; de quiebre<p>Pero en 2012 algo cambió. Ricca lo definió como “un romance con la locura”, una etapa intensa que lo llevó a cuestionar todo aquello que había dado por seguro.</p><p>En medio de esa revolución interna reaparecieron viejos deseos: el fútbol, el arte, la actuación. El primero fue el intento de volver a ser futbolista, un sueño que había abandonado a los diez años pero que reapareció con fuerza a los 23.</p><p>Durante un tiempo entrenó con la ilusión de poder concretar ese objetivo, incluso con la posibilidad de integrar un equipo que viajaría al exterior. Sin embargo, el proyecto no prosperó y la desilusión marcó un punto de inflexión.</p><p>“Las lágrimas de una desilusión riegan la semilla de una nueva ilusión”, dijo. Y fue entonces cuando apareció el teatro.</p><p>&nbsp;</p>“Confío en que cuando uno se escucha de verdad, el camino aparece”, sostiene el ingeniero y artista devotense.El teatro como descubrimiento<p>Lo que comenzó como un impulso difícil de explicar terminó transformándose en una necesidad. Ricca inició un taller de teatro sin saber bien qué buscaba, pero con la sensación de estar siguiendo por primera vez un instinto propio.</p><p>Al principio el proceso fue intermitente. Durante años convivieron el ingeniero y el artista, en una tensión constante entre lo seguro y lo desconocido.</p><p>“Durante 23 años le dije a mi cabeza que iba a ser ingeniero. Cambiar eso no fue fácil”, explicó.</p><p>Con el tiempo, el teatro dejó de ser un espacio recreativo para convertirse en un lugar de transformación personal. Allí comenzó a trabajar sobre las emociones, la expresión y la conexión con los otros.</p><p>“El actor no tiene que aprender a actuar. Tiene que liberar su instrumento. Las emociones ya están en uno, lo que pasa es que la sociedad nos enseña a bloquearlas”, sostuvo.</p><p>Ese proceso no solo lo formó como actor, sino también como persona. Según relató, fueron años de aprendizaje para poder equilibrar emoción y razón, comprender los límites del trabajo actoral y encontrar una manera propia de pararse en escena.</p><p>&nbsp;</p>La vuelta al escenario<p>En ese camino tuvo un rol fundamental su tío materno, Ricardo Sagripanti, reconocido en Devoto por su trayectoria artística. El reencuentro entre ambos dio origen a uno de los proyectos más significativos de su carrera.</p><p>Después de más de treinta años alejado del teatro, Sagripanti volvió a actuar junto a su sobrino en la obra Yepeto, de Roberto Cossa, presentada en distintas salas de Córdoba, en Carlos Paz y también en Devoto.</p><p>Para Ricca, aquella experiencia tuvo un valor especial. No solo significó compartir escenario con un referente afectivo, sino también confirmar su decisión de seguir en el mundo artístico.</p><p>“Ahí entendí que el actor siempre está. Solo necesita volver a conectarse”, recordó.</p><p>&nbsp;</p>El desafío de ser fiel a uno mismo<p>La música llegó después, casi como una consecuencia natural. Desde chico el cuarteto había formado parte de su vida, pero cuando decidió estudiar canto recibió más de una negativa.</p><p>“Un profesor me dijo directamente que si quería cantar cuarteto ni fuera”, contó.</p><p>Durante años le sugirieron orientarse hacia el género melódico, pero finalmente decidió seguir aquello que lo había movilizado desde la infancia. Comenzó a escribir canciones y a construir un repertorio propio que terminó convirtiéndose en su primer álbum.</p><p>El proyecto, titulado Soy como quiero ser, reunió doce canciones que recorrieron distintas etapas de su vida. La propuesta fue seleccionada en una convocatoria cultural de la Municipalidad de Córdoba, lo que le permitió financiar la producción.</p><p>Entre las canciones surgieron también respuestas a las críticas y a los momentos difíciles. Una de ellas nació a partir de un mensaje que recibió en redes sociales: “No es lo tuyo”.</p><p>“De ahí salió una canción que dice: ‘Me tirás una piedra, te devuelvo un beso’. Las críticas siempre están, el tema es qué hacés con eso”, explicó.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Ingeniería, arte y producción<p>Así nació Se Vos Producciones, su propia productora, pensada no solo para impulsar sus proyectos sino también para generar oportunidades para otros artistas. Pero ese paso no llegó de un día para el otro: fue el resultado de un proceso en el que, además de cantar y escribir, debió aprender a moverse en la trastienda del ambiente artístico. Ricca contó que, en el camino, descubrió que “la industria no está hecha para los artistas” y que muchas veces la falta de información termina jugando en contra. “Si delegás todo, te puede salir caro”, advirtió, al explicar por qué decidió involucrarse también en la producción y en las decisiones legales y comerciales.</p><p>En ese marco, indicó que a finales de febrero concretará un hito en su carrera: el lanzamiento de su disco completo Soy como quiero ser, el proyecto que había venido construyendo paso a paso y que, según relató, terminó de ordenar cuando entendió que debía proteger su trabajo para poder sostenerlo. “Yo siempre digo que tengo dos sueños: uno es monetizar mi pasión por el arte y el otro es generar oportunidades para las personas que están en la misma”, expresó, convencido de que parte de su aprendizaje —y de sus errores— podía transformarse en una guía para otros.</p><p>&nbsp;</p>Escucharse a tiempo<p>A lo largo de su recorrido, Ricca fue cuestionando una frase común: “Nunca es tarde”. Para él, algunas oportunidades tienen tiempos, y justamente por eso cree que es importante empezar cuando el deseo aparece.</p><p>“Si me pedís que de un consejo sería que escuchen menos consejos y más a su corazón, que confíen en sus instintos. Todos sabemos lo que queremos, aunque a veces no nos animamos”, reflexionó.</p><p>Hoy, entre ensayos, canciones y proyectos en desarrollo, sigue construyendo un camino propio, lejos de las fórmulas tradicionales y más cerca de una búsqueda personal.</p><p>Su historia no es la de un cambio abrupto, sino la de un proceso largo, lleno de dudas, intentos y aprendizajes. Una historia que habla de animarse a escuchar esa voz interna que muchas veces queda silenciada por los mandatos o el miedo.</p><p>Porque, como él mismo sintetizó al final de la entrevista, en una frase que resume su recorrido y que también funciona como mensaje para otros:</p><p>“Yo siempre supe que quería ser artista, no me animaba”.</p><p>&nbsp;</p>Volver a Devoto<p>En paralelo, Ricca regresó a su pueblo natal con un nuevo desafío: coordinar un espacio de entrenamiento actoral. Lejos de las estructuras tradicionales, propuso un lugar sin certificaciones ni títulos, enfocado en la expresión y el autoconocimiento.</p><p>“El arte no solo sirve para ser artista. Sirve para ser humano”, afirmó.</p><p>El proyecto reunió a vecinos que encontraron en el teatro un espacio para expresarse y descubrir nuevas posibilidades personales. Para él, ese proceso confirmó una idea que repite con frecuencia: que muchas veces lo artístico aparece cuando uno se permite escucharse.</p><p>También participó como director del film realizado por la Escuela Carlos Justo Florit de Devoto, una producción colectiva que reunió a estudiantes, actores locales y vecinos, fortaleciendo el vínculo entre el arte y la comunidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NaWO_JYh8zSTbhc5Y_TZojKhIM0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/ezequiel_ricca_artista_de_devoto.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Ingeniero, actor, cantante y creador independiente, el devotense recorrió un camino marcado por mandatos, búsquedas y decisiones que lo llevaron a reconciliarse con su verdadera vocación. Entre la ingeniería y el arte, su historia habla de animarse a escuchar lo que uno siente. Tras un proceso de aprendizaje, se preparó para lanzar a finales de febrero su primer disco, Soy como quiero ser.]]>
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                <published>2026-02-08T13:05:58+00:00</published>
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            Alumnos de la Florit hicieron una película y Devoto fue un set de filmación
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/F9yAZEejnQdDs1mO0N5D0VIqNso=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/pelicula_devoto_escuela_floriat.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ<p>&nbsp;</p><p>Durante tres días de octubre, Devoto dejó de ser solo un pueblo para convertirse en un set de filmación. Calles, casas particulares, el hospital, el centro de reciclado, el Bochas Club y la propia escuela fueron escenario de una experiencia educativa que superó cualquier expectativa inicial. Más de 50 alumnos de los quintos y sextos grados A y B del Centro Educativo Carlos Justo Florit, junto a actores locales, padres, docentes y directivos, filmaron la película “El ciclo de las estrellas”, una adaptación cinematográfica de la novela Un sembrado de estrellas, de Lilia García Bazterra.</p><p>La idea nació en el aula, en el marco de un proyecto de lectura que llevaban adelante las docentes Viviana Portilla, de quinto grado A (turno mañana), y María de los Ángeles Carabelli, de quinto grado B (turno tarde). “La actividad final del proyecto era hacer un tráiler de la novela para promocionarla y que otros grados se animaran a leerla. Ese era el objetivo inicial”, explicó Portilla. El plan era sencillo y “casero”: grabar algunas escenas dentro de la escuela, con recursos al alcance de todos.</p><p>Sin embargo, el proyecto empezó a crecer. Las maestras sabían que la historia requería escenarios y elementos particulares —un carro, un caballo, exteriores—, pero decidieron avanzar igual. “Dijimos: llegado el momento vemos cómo nos arreglamos”, recordó Carabelli. Fue entonces cuando Portilla se contactó con Ezequiel Ricca, director del Taller de Teatro de la Sociedad Cosmopolita.</p><p>Ricca aceptó la propuesta, se sumó al proyecto y le dio un nuevo impulso. Visitó el aula, explicó a los chicos cómo se construye un tráiler, habló de escenas, planos y actuación. Pero también llegó con algo más: una idea de guion. “Él se leyó la novela, se reunió con nosotras y vino a compartirla con los chicos, ya con algunos cambios adaptados al lenguaje audiovisual”, contó Portilla. Así, lo que iba a ser un simple tráiler escolar comenzó a transformarse primero en un corto y, finalmente, en una película completa.</p><p>El ciclo de las estrellas es una adaptación de Ezequiel Ricca de la novela Un sembrado de estrellas, que relata la vida de Manuela, una niña que junta cartones junto a su abuelo y un amigo, y que encuentra en la observación de las estrellas —en especial de las fugaces— una forma de soñar y escapar de una realidad dura. La historia aborda temas como la pobreza, el esfuerzo, la familia y la esperanza, con una sensibilidad que las docentes supieron potenciar desde lo pedagógico.</p><p>“El trabajo previo fue leer la novela por capítulos, preparar la lectura en casa, hacer conversaciones literarias y producciones en el aula”, explicó Portilla. También hubo actividades con las familias, ya que el libro “se presta para trabajar muchos temas, muchos valores”. Según las maestras, el nivel de entusiasmo fue total. “De diez. De diez”, resumió Portilla. “Al principio algunos chicos eran más tímidos, no les gustaba tanto la actuación, pero al final todos se engancharon y terminaron participando”, agregó Carabelli.</p>Parte del equipo de producción y dirección que hizo posible el rodaje del largometraje, con Ezequiel Ricca y Tomás Pastor al frente.<p>La asignación de personajes fue otro momento clave. Como los roles principales eran pocos y muchos querían actuar, se resolvió mediante sorteo. “Todos querían ser alguno de los personajes, así que sorteamos. Y se engancharon muchísimo”, coincidieron las docentes. Además de los alumnos, se sumaron actores del Taller de Teatro y del grupo Amigos de la Escena, y padres que también se animaron a actuar.</p><p>Para el rol del abuelo “Pepe”, personaje central de la historia, Ricca convocó a Enrique Fiore, uno de los actores con mayor trayectoria y más queridos de Devoto. Con 81 años, Fiore aceptó sin dudar. “Cuando Ezequiel vino a mi casa a proponerme el proyecto, me interesó enseguida. Me dijo que era por los chicos, con los chicos y para los chicos, y eso me halagó muchísimo”, expresó. Con humor, recordó que aceptó con una condición: “Le dije que aceptaba siempre y cuando me dieran un papel de galán joven. Pero no, esta vez me tocó de abuelo… aunque no necesito mucho ensayo, porque ya soy bisabuelo”.</p><p>La filmación se realizó durante el fin de semana largo del 10, 11 y 12 de octubre, siguiendo un plan de rodaje detallado, con horarios, escenas y locaciones. “Todo estaba organizado: a qué hora, quiénes participaban, dónde se filmaba. Nos íbamos moviendo según el cronograma”, contaron las maestras. La dirección estuvo a cargo de Ezequiel Ricca y Tomás Pastor, estudiante de cine de Córdoba, quien además se ocupó de la filmación y la edición.</p><p>El despliegue fue enorme y contó con el acompañamiento total de la comunidad educativa. La directora de la escuela estuvo presente durante los tres días, incluso aportando su camioneta para trasladar elementos: cartones, vestuario, utilería y objetos diversos. “Había de todo: un televisor viejo, ropa, cosas que se necesitaban para las escenas. Fue un trabajo en equipo impresionante”, destacaron.</p><p>Para Fiore, la experiencia tuvo un valor especial. “Trabajar con chicos me encantó. Yo me adapto muy bien a los jóvenes porque trabajé muchos años con ellos. El discurso del joven es distinto, tiene otra mirada”, reflexionó. También resaltó el realismo de la película: “Todo se filmó en escenarios reales del pueblo, no había nada ficticio. Refleja crudamente una parte de la sociedad, el esfuerzo y el sacrificio para sobrevivir”.</p><p>Hace unas semanas, el proyecto tuvo su broche de oro con el avant premiere realizado en el Centro Educativo Carlos Justo Florit. La función fue destinada a los protagonistas del proyecto —los alumnos de quinto grado A y B—, sus familias, los actores, el personal docente y directivo, y contó con la presencia de la inspectora de Zona 2330, Azucena Sánchez. Allí se pudo ver el resultado final y, sobre todo, el impacto emocional de la experiencia. “Cuando vimos la película por primera vez, los compañeros se levantaron a abrazar y felicitar a quienes tenían los roles principales. Fue hermoso”, recordó Portilla.</p>Alumnos de quinto grado A y B del Centro Educativo Carlos Justo Florit, junto a sus docentes y parte del equipo que acompañó el proyecto.<p>Más allá del producto final, las docentes destacaron los aprendizajes que dejó el proceso. “Se trabajó la responsabilidad, el respeto de horarios, el compañerismo, la tolerancia. Estuvieron tres días filmando desde temprano hasta la noche. Eso es un desafío enorme para chicos de esa edad”, señalaron. Además, lograron resignificar la hora de lectura, muchas veces vista como algo tedioso. “Revertimos la idea de que leer es aburrido. La lectura fue el disparador de algo creativo, colectivo y profundamente significativo”, coincidieron.</p><p>El ciclo de las estrellas es, así, mucho más que una película escolar. Es el resultado del empuje de dos maestras, de las ganas de aprender de los chicos, del acompañamiento de las familias y del compromiso de una comunidad que se puso en movimiento. Durante un fin de semana, Devoto fue un set de filmación. Pero, sobre todo, fue escenario de una experiencia educativa que dejó huella.</p><p>&nbsp;</p>Del “tráiler” a un largometraje<p>Ezequiel Ricca no llegó a El ciclo de las estrellas desde una escuela de cine, sino desde un recorrido singular donde conviven la técnica y el arte. “Me fui a estudiar a Córdoba en 2007… hice Ingeniería Electrónica”, contó, pero explicó que un día decidió tomar un freno y comenzar su camino creativo. Ese impulso lo llevó por talleres, experiencias artísticas, proyectos propios y, con el tiempo, el regreso a la actuación. Ese movimiento también lo conectó con Devoto, su pueblo natal, donde tiene a cargo el grupo de teatro de Sociedad Cosmopolita llamado: “Los amigos de la escena”.</p><p>Cuando las maestras Viviana Portilla y María de los Ángeles Carabelli lo convocaron, la propuesta era modesta: un tráiler escolar, breve, hecho “a pulmón”. Ricca lo recuerda con claridad. “Cuando me contaron que era como un tráiler, yo imaginé ese resumen corto… que suele durar minutos”, dijo. Pero bastó que leyera la novela para que el proyecto empezara a pedir otra escala. “Agarré, leí la novela… y empecé a escribir con reglas, como requiere lo cinematográfico”, explicó sobre el proceso de adaptación. Así nació un guion que primero se pensó como corto y terminó estirándose hasta convertirse en largometraje. “Fue una colaboración conjunta… y terminó siendo una felicidad: un largometraje ya es”, resumió, todavía con asombro por el salto.</p><p>En esa transformación fue clave el trabajo en equipo: la escuela, las docentes, los chicos, las familias, el pueblo. Ricca subrayó que nada de lo que ocurrió podría haberse sostenido sin esa trama colectiva. “Hubo toda una producción en conjunto… padres que podrían haber mandado a los chicos de vacaciones, y sin embargo estuvieron ahí, re predispuestos”, destacó. La logística fue intensa: “Tres días de filmación… desde la mañana hasta las once de la noche”, señaló, y remarcó el modo en que las instituciones abrieron puertas para que Devoto fuera escenario real, sin artificios: “Filmamos en el hospital… y también en el centro de reciclado que nos abrió el domingo. Recopado todo”.</p><p>Lejos de romantizar el esfuerzo, Ricca lo define como una “locura” hermosa: muchos chicos, actores sin experiencia audiovisual, poco margen para ensayos tradicionales. Y, aun así, el resultado lo dejó satisfecho. “Estoy súper contento… es más de lo que por ahí imaginé”, aseguró. Sobre el rodaje, compartió una mirada que explica por qué pudo dirigir a un elenco tan amplio y heterogéneo: “Para mí el actor no necesita ‘actuar’: necesita subirse a su instrumento… y eso lo tiene cualquiera”. En otras palabras: el talento aparece cuando hay un proyecto que lo convoca y un entorno que lo habilita.</p><p>Ese “entorno” fue Devoto entero. Ricca lo leyó como una señal cultural: una necesidad que estaba latente. “Descubrí un gran potencial… Devoto quiere que vuelvan estas cosas”, afirmó, convencido de que la experiencia reactivó algo que el pueblo supo tener en otros tiempos: teatro, producciones colectivas, escenarios compartidos. “Es como que Devoto tuvo ese momento… de colaboración: los chicos, los padres, las instituciones”, insistió.</p><p>Además, contó que debió adaptar el guion para sumar participación y ampliar el elenco, en parte por el entusiasmo generalizado. “Las profes me dijeron que había mucha gente que quería participar… entonces agregamos personajes”, explicó, detallando que la historia se fue expandiendo para que nadie quedara afuera. Esa decisión —más allá de lo narrativo— terminó dándole identidad al proyecto: una película hecha para incluir.</p><p>Ricca no se quedó solo con la anécdota de filmación. También la enlazó con una idea más profunda sobre educación y época. Celebró que la escuela se anime a incorporar lenguajes actuales, tecnologías y experiencias de producción cultural como parte de los contenidos y arendizajes. “Hay toda esta tendencia de las tecnologías, de la innovación… adaptarla a eso es muy posible, se incorpora en la currícula”, sostuvo. Y fue más allá, con una definición que dialoga con lo que las maestras ya venían destacando: el aprendizaje no se reduce a contenidos, sino a experiencias que movilizan emociones, palabra y sentido de comunidad. “Ahora hay muchas cosas con esto de las emociones… y es necesario. Lo peor que podemos decir es ‘no nos hacemos cargo’. Hagámonos cargo, esa es nuestra función”, afirmó.</p><p>Para Ricca, El ciclo de las estrellas fue, en definitiva, un proyecto que demostró que Devoto tiene con qué: chicos con ganas, familias presentes, instituciones abiertas, docentes empujando, y un tejido cultural dispuesto a reactivarse cuando alguien enciende la chispa. “Quiero felicitar por el empuje y por hacerlo”, cerró, con orgullo de pueblo y con la sensación de que lo filmado dejó algo más que una película: dejó una puerta abierta.</p><p>&nbsp;</p>Las voces de los chicos<p>Ian</p><p>“Yo hice de Bernardo (personaje principal). Nunca había actuado y al principio no sabía si me iba a gustar, pero cuando terminó la película celebré. Me encantó. Jugamos al fútbol, grabamos con amigos y hasta usamos una camiseta del (Diego) Maradona, la del Mundial del 86. Ver la película fue increíble. Me sentí muy contento.”</p><p>&nbsp;</p><p>Antonella</p><p>“Yo hacía de Manuela, uno de los personajes centrales y la nieta de Don Pepe. Me gustó mucho actuar, nunca había vivido algo así. Mi parte favorita fue cuando le pregunté al abuelo dónde estaba el universo. Mis papás y mis abuelos me fueron a ver y estaban re felices.”</p><p>&nbsp;</p><p>Indiana</p><p>“Yo actué como estudiante. Lo que más me gustó fue que participamos todos, aunque no fuéramos protagonistas. Cuando vimos la película, festejamos todos juntos. Nunca imaginé que en la escuela íbamos a hacer una película. Fue algo muy especial.”</p><p>&nbsp;</p><p>Guillermina</p><p>“Me gustó porque nos divertimos mucho y pasamos tiempo juntos. Yo era estudiante y alentaba en el partido. Filmamos fuera de la escuela y eso fue lo más sorprendente. Mis papás me vieron y les gustó mucho.”</p><p>&nbsp;</p><p>Nahiara</p><p>“Fui estudiante y alenté en el partido. Lo que más me gustó fue compartir todo el grado junto. Éramos un montón en escena.”</p><p>&nbsp;</p><p>Román</p><p>“Yo era estudiante y jugaba al fútbol. Mi papá también actuó, hacía de Don Barriga. Me gustó que participara la familia y que todos ayudaran. Estuvo bueno filmar algo así en el pueblo.”</p><p>&nbsp;</p><p>Patricio</p><p>“Yo hacía de un chico que molestaba a Bernardo y también jugaba al fútbol. No fue difícil actuar, me gustó. Mi papá también participó y eso estuvo bueno.”</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/F9yAZEejnQdDs1mO0N5D0VIqNso=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/pelicula_devoto_escuela_floriat.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>De un proyecto de lectura a una película completa, más de 50 chicos, docentes, actores locales, familias e instituciones transformaron durante un fin de semana largo a Devoto en un verdadero escenario de cine. La experiencia nació en el aula, pero terminó fortaleciendo valores, vínculos comunitarios y la creatividad de toda una escuela.]]>
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                                <category term="la-region" label="La Región" />
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                <published>2025-12-14T15:00:42+00:00</published>
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