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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-09-28T12:46:15+00:00</updated>
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            Fachadas de doble piel, soluciones que suman confort y eficiencia: la mirada de arquitectos locales
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lDAwWkeHEb8SCyLrQ59doQR7WOc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/09/edifio_espana_velas_de_vidrio.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Baltasar Furnari<p>En los últimos años, las fachadas de doble piel, también conocidas como fachadas ventiladas, comenzaron a ganar presencia en la arquitectura contemporánea. Más allá de su particular apariencia, estos sistemas plantean una manera diferente de pensar el vínculo entre el interior de un edificio y las condiciones del entorno. Para conocer más a fondo de qué se trata esta propuesta, así como el concepto más amplio de fachadas inteligentes, LA VOZ DE SAN JUSTO consultó a los arquitectos Alberto Balsa e Ivanna Giordano, del Estudio Balsa-Giordano.</p><p>A diferencia de una fachada convencional, este tipo de propuesta incorpora una segunda envolvente que permite generar un espacio intermedio entre la construcción y el exterior. Ese recurso puede utilizarse para responder a distintas condiciones ambientales y, al mismo tiempo, aportar nuevas posibilidades al diseño arquitectónico.</p><p>“Una fachada de doble piel está compuesta por dos capas separadas por una cámara de aire. La segunda piel funciona como un filtro entre el exterior y el edificio”, explicaron Balsa y Giordano. Sin embargo, los arquitectos remarcan que el concepto de fachada inteligente va más allá de sumar una segunda capa o incorporar tecnología.</p><p>“Una fachada puede ser inteligente aún sin incorporar sistemas tecnológicos sofisticados. Puede serlo por la manera en que responde a la orientación, al clima, al recorrido del sol y a las necesidades de quienes van a habitar el edificio”, señalaron.</p>&nbsp;El espacio entre las dos pieles<p>Uno de los aspectos centrales del sistema se encuentra en el comportamiento de la cámara de aire. Ese espacio intermedio puede colaborar con el desempeño ambiental de la construcción, especialmente frente a la radiación solar.</p><p>Cuando el sol incide sobre la envolvente exterior, el aire contenido entre ambas capas puede elevar su temperatura y generar movimientos que, bajo determinadas condiciones de diseño, favorecen la evacuación de parte del calor acumulado. De esta manera, la fachada adquiere un papel que va más allá de la imagen exterior del edificio.</p><p>“Es un principio muy interesante porque transforma la fachada en algo más que una imagen: la convierte en parte del funcionamiento ambiental del edificio”, explicaron.</p><p>Para que ese mecanismo funcione correctamente, cada proyecto requiere un estudio particular. No alcanza con definir una determinada distancia entre las capas. También deben analizarse las aberturas, el recorrido del aire, los elementos de protección y las condiciones específicas del lugar.</p><p>“No existe una solución universal. Las dimensiones de la cámara, sus aberturas, el sentido del flujo de aire y los elementos de protección tienen que estudiarse de acuerdo con la orientación, el clima y el comportamiento energético que se busca”, indicaron.</p><p>Esta mirada modifica también la manera de entender la fachada desde el diseño. En lugar de concebirla únicamente como el límite visible del edificio, se incorpora una serie de transiciones que permiten graduar la relación entre la calle y los espacios interiores.</p><p>“Más que pensar en una fachada como una superficie, pensamos en una sucesión de capas: el espacio público, el acceso, la vegetación, una galería o protección, la fachada y finalmente el interior”, plantearon.</p>&nbsp;Diseño y confort<p>La incorporación de estas estrategias puede tener consecuencias directas sobre el comportamiento térmico y lumínico de una construcción. Una arquitectura que analiza desde el comienzo la incidencia solar y la orientación puede reducir determinadas ganancias de calor y aprovechar mejor la iluminación natural.</p><p>Esto resulta especialmente relevante en un contexto donde la eficiencia energética no depende únicamente de los equipos utilizados para calefaccionar o refrigerar un ambiente. Las decisiones tomadas durante el proyecto pueden determinar buena parte del consumo posterior del edificio.</p><p>“La eficiencia energética empieza mucho antes de elegir un equipo de climatización. Empieza en la arquitectura”, afirmaron Balsa y Giordano.</p><p>En ese análisis, la orientación ocupa un lugar fundamental. La respuesta de una fachada no puede pensarse de manera aislada del sitio donde será construida, ya que la trayectoria solar, las temperaturas, los vientos y las características del entorno varían de una región a otra.</p><p>“No creemos que exista una ‘fachada inteligente’ que pueda repetirse en cualquier ciudad”, señalaron. En el caso de San Francisco, explicaron, las condiciones locales de asoleamiento, temperatura y viento deben ser consideradas al momento de tomar decisiones proyectuales.</p><p>Esta concepción también se refleja en recursos habituales de la arquitectura residencial. Galerías, aleros, patios y vegetación pueden contribuir a generar sombra y protección, además de establecer espacios de transición entre el exterior y el interior.</p><p>“Esto también explica por qué en nuestras viviendas trabajamos con galerías, aleros, patios, vegetación y espacios intermedios. No son solamente recursos formales: son herramientas para construir confort”, remarcaron.</p>El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires fue uno de los primeros grandes proyectos en Argentina en incorporar una doble piel en su fachada.Materiales y posibilidades<p>La segunda piel también abre un campo amplio para la exploración material. La elección de los elementos que conforman esa envolvente dependerá tanto de las exigencias ambientales como de la expresión que se quiera alcanzar en cada proyecto.</p><p>Metal, vidrio, chapa perforada, lamas, mallas, madera, piezas cerámicas, hormigón, sistemas textiles y vegetación son algunas de las alternativas posibles. Cada una ofrece distintas respuestas en términos de protección solar, durabilidad, mantenimiento y lenguaje arquitectónico.</p><p>En el caso del Estudio Balsa-Giordano, esa búsqueda se traduce en obras con expresiones diversas, desde superficies blancas y limpias hasta propuestas de mayor presencia material, con elementos metálicos y placas microperforadas.</p><p>“La elección depende de la orientación, el comportamiento solar, la durabilidad, el mantenimiento y, por supuesto, de la expresión arquitectónica que buscamos”, explicaron.</p><p>Esa diversidad permite cuestionar una asociación frecuente entre sustentabilidad y una determinada estética. Una construcción eficiente no necesariamente debe responder a una imagen única ni utilizar siempre los mismos materiales. “Eso nos interesa porque demuestra que la sustentabilidad no tiene una estética única”.</p><p>Pero así como una segunda piel puede aportar soluciones, también puede generar dificultades cuando se incorpora sin un estudio adecuado. Una estrategia mal resuelta puede producir efectos contrarios a los buscados y sumar exigencias de mantenimiento o costos que no encuentran una justificación en el funcionamiento del edificio.</p><p>“Una fachada más compleja no necesariamente es una fachada mejor”, advirtieron.</p>&nbsp;También en las viviendas<p>Aunque este estilo de fachadas suele asociarse con construcciones de mayor escala, los principios que buscan mejorar el comportamiento ambiental de un edificio también pueden aplicarse en proyectos residenciales. Para los arquitectos entrevistados, no es necesario recurrir a sistemas complejos para lograr una vivienda más eficiente y confortable.</p><p>“Una vivienda no necesita tener una doble piel compleja para ser energéticamente eficiente y es importante decirlo”, explicaron.</p><p>La orientación de las aberturas y la incorporación de elementos como aleros, galerías, pérgolas, celosías o vegetación pueden generar sombra, protección y espacios de transición entre el interior y el exterior. Son estrategias que permiten responder a las condiciones del entorno sin necesidad de trasladar a una vivienda soluciones pensadas para edificios de mayor complejidad.</p><p>“Puede trabajar con un alero, una galería, una pérgola, una celosía, vegetación o una correcta orientación de las aberturas”, agregaron.</p><p>De esta manera, la respuesta arquitectónica no depende de una única fórmula. Cada proyecto puede recurrir a diferentes recursos según su orientación, las características del terreno, el clima y las necesidades de quienes lo habitan. En esa búsqueda, elementos tradicionales de la arquitectura adquieren un nuevo valor como herramientas para mejorar el confort y reducir el impacto energético.</p>&nbsp;Una inversión a largo plazo<p>Una fachada de doble piel implica, de todos modos, una mayor complejidad constructiva. Su diseño requiere coordinar diferentes elementos y prever desde el comienzo aspectos vinculados con la estructura, las fijaciones, los drenajes, la limpieza y el mantenimiento.</p><p>Por eso, su incorporación no debería responder únicamente a una tendencia estética. La decisión debe contemplar qué beneficios concretos puede aportar al edificio y cómo esos beneficios se relacionan con la inversión necesaria para llevarla adelante.</p><p>“Requiere más planificación y coordinación. Hay que resolver estructura, fijaciones, drenajes, mantenimiento, limpieza y comportamiento de los materiales”, señalaron.</p><p>Desde esta perspectiva, el costo inicial es solamente una parte del análisis. Una solución que demande una inversión mayor puede encontrar su justificación si permite reducir consumos, mejorar las condiciones de habitabilidad y disminuir el impacto ambiental durante los años de vida útil de la construcción.</p><p>“Si una determinada estrategia tiene un costo inicial mayor pero permite reducir consumos durante muchos años, mejorar el confort y disminuir el impacto ambiental, hay que analizarla como una inversión y no solamente como un costo de construcción”, explicaron.</p><p>Por eso, una fachada de doble piel no debe entenderse solamente como un recurso estético. Su diseño puede convertirse en una herramienta para responder a las condiciones de cada lugar, mejorar el confort y optimizar el comportamiento energético del edificio. En ese sentido, las fachadas inteligentes plantean una mirada en la que cada decisión de diseño busca establecer una relación más equilibrada entre la construcción, quienes la habitan y el entorno.</p><p>“Por eso para nosotros la palabra ‘inteligente’ no significa incorporar más tecnología. Significa tomar mejores decisiones”, concluyeron Balsa y Giordano.</p>]]>
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                <published>2026-09-28T12:46:13+00:00</published>
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