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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            El canto silencioso de las campanas, un viaje por la memoria sonora de la ciudad
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/A-coLt2nEMQ6Dg0oe9FY1Ardg5c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/12/campanas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un mundo donde el ruido digital ahoga los sonidos tradicionales, Norma Lencina y Daniel Lario emprendieron un viaje documental que rescata la historia olvidada de las campanas, ese instrumento milenario que marcaba los ritmos de la vida social, religiosa y cultural.</p><p>Su libro "De campanas, metales y sonidos" no es solo un trabajo histórico, sino un testimonio emotivo de cómo los objetos pueden condensar memorias colectivas. Todo comenzó en 2004, cuando Lencina visitó el primer Museo de Campanas en Sudamérica, ubicado en Mina Clavero, un encuentro que despertaría una investigación que tomaría dos décadas en cristalizar.</p><p>"Las campanas traen conexiones, traen gente, traen historia", recuerda Lencina, profesora de artes con más de tres décadas de experiencia. Su pasión se tradujo en un proyecto que inicialmente parecía una simple charla y terminó siendo un estudio exhaustivo sobre la vida sonora de estos objetos metálicos.</p><p>Daniel Lario, su colaborador y profesor de Historia, fue clave en darle estructura al proyecto. "Había que organizar la información: primero el objeto, luego la campana como símbolo, y finalmente la campana en el mundo", explica. Juntos recorrieron capillas chacareras, entrevistaron a fabricantes como Miguel Bellini, y desentrañaron los múltiples significados de estos artefactos.</p><p>Las campanas, descubrieron, no son simples instrumentos, sino narradores silenciosos de épocas. Desde marcar el tiempo en Roma hasta acompañar rituales religiosos, cada tañido cuenta una historia. Incluso en los cementerios, pequeñas campanas se instalaban junto a tumbas para prevenir entierros prematuros de personas en estado cataléptico.</p><p>La investigación revela un mundo en transformación. El Concilio Vaticano II marcó un punto de inflexión, eliminando ceremoniales tradicionales y reduciendo el rol de las campanas. "Se perdió todo un sistema de comunicación", lamenta Lario. Los toques específicos para emperadores, reyes, obispos, quedaron en el olvido.</p><p>Pero el libro no es una elegía nostálgica. Es un llamado a la preservación. "De nosotros depende que las campanas sigan sonando", escribe Lencina, inspirada por la curiosidad de su nieta María Paz, quien la acompañó en sus exploraciones por caminos polvorientos, descubriendo capillas olvidadas.</p><p>&nbsp;</p><p>Campanas: arte milenario de precisión metálica</p><p>Las campanas no son simples objetos, son obras de ingeniería acústica. En San Carlos Centro existe la única fábrica de campanas de Argentina, "Luis Bellini y Cía", donde cada pieza es un universo de precisión.</p><p>Cada campana tiene una nota musical específica, determinada por su peso, diámetro y aleación. Los fabricantes como Bellini manejan tablas matemáticas complejas para calcular estas características sonoras.</p><p>Curiosamente, las campanas más antiguas de la región datan de finales del siglo XIX, principalmente en capillas chacareras, conservando una tradición que combina arte, religión y técnica metalúrgica.</p><p>La obra aborda también aspectos técnicos fascinantes. Cada campana tiene su propia nota musical, determinada por su peso y diámetro. Bellini, el famoso fabricante, tenía tablas específicas para calcular estas características. Las más pequeñas pueden costar 3.000 dólares, y muchas fueron donadas por familias como actos de fe y comunidad.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Las campanas de la Catedral, un símbolo de la feligresía católica y la memoria colectica de la ciudad<p>&nbsp;</p>La primera campana del cochebomba de los bomberos de San Francisco<p>&nbsp;</p>La campana y el reloj del ferrocarril reflejan la historia de nuestra ciudad<p>&nbsp;</p>Norma Lencina y Daniel Lario presentaron su libro "De campanas, metales y sonidos”<p>&nbsp;</p><p>Un ritual milenario: bendecir y nombrar</p><p>La tradición católica establece un protocolo casi sagrado: cada campana debe ser bendecida y recibir un nombre. Un ritual que se remonta al año 980, cuando un Papa determinó que estos instrumentos merecían una identidad personal.</p><p>"Todas las campanas católicas tienen que ser bendecidas y tener un nombre", explica Lario. Sin embargo, la realidad local muestra que esta práctica no se cumple universalmente.</p><p>En San Francisco, algunas campanas han preservado esta tradición con singular elegancia.&nbsp;</p><p>Lo fascinante es cómo estas campanas continúan siendo archivos vivos. Nombres grabados, fechas conmemorativas, inscripciones que recuerdan personas y momentos específicos.</p><p>La campana de San Francisco, por ejemplo, lleva grabado en su metal un homenaje a Francisco Rubiola, fechado en octubre de 1921. Cada campana es un memorial metálico, un documento sonoro de nuestra historia local.</p><p>Cada campana tiene un lenguaje propio. Diferentes órdenes religiosas -franciscanos, dominicos- tenían toques específicos. Cada sonido narraba un mensaje, cada doblar comunicaba un acontecimiento.</p><p>&nbsp;</p><p>Fabricación local: arte en extinción</p><p>Las campanas no son productos industriales anónimos. En San Francisco, la Fundición Gallo trabajó en conjunto con la Escuela de Trabajo para fundir estos instrumentos únicos. Las campanas del Divino Niño -San Joaquín, Santa Ana, María Magdalena y San Juan Bautista- son testimonios de esta colaboración artesanal.</p><p>Curiosamente, los fabricantes desarrollaron estrategias para proteger sus creaciones. "Hay que dejarlas opacas. Para que no llamen la atención", revela un consejo práctico para evitar robos motivados por el valor del bronce.</p><p>&nbsp;</p><p>Más allá del metal</p><p>Para Lencina, las campanas representan más que objetos sonoros. Son conexiones, puentes entre generaciones, testigos de transformaciones sociales.</p><p>"De nosotros depende que las campanas sigan sonando", dice, reflejando una convicción profunda de preservar nuestra memoria colectiva.</p><p>En un mundo digital donde los sonidos son efímeros, las campanas nos recuerdan que la memoria tiene peso, textura y un sonido profundamente humano.</p><p>La obra de Lencina y Lario es más que un libro. Es un rescate arqueológico de sonidos, memorias y tradiciones que se desvanecen en la "sociedad líquida" contemporánea. Un recordatorio de que cada objeto tiene una historia, si sabemos escuchar.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/A-coLt2nEMQ6Dg0oe9FY1Ardg5c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/12/campanas.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Norma Lencina y Daniel Lario rescatan la historia olvidada de las campanas, revelando cómo estos instrumentos metálicos han sido narradores silenciosos de memorias sociales y culturales a través del tiempo.]]>
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                <published>2024-12-03T11:00:00+00:00</published>
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            Puente a la desidia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/h4A8dNzVqgyI2OTKLSUT-jGfefw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/peunte_tren_ferrocarril_belgrano.JPG" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Manuel Ruiz | LVSJ&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>La imagen termina siendo más fuerte que cualquier texto que se pueda escribir al respecto. Porque basta con llegar al lugar y ver las chapas de zinc bloqueando las entradas con el prohibido pasar en aerosol blanco, para que la foto genere una cantidad sensaciones que difícilmente sean contenidas fielmente por las palabras.</p><p>Desde hace uno meses ya, la pasarela, el puente peatonal que flota sobre las vías de la estación del ferrocarril Belgrano, ahí donde los populares barrios Sarmiento y La Milka se separan, se encuentra cerrado. La conexión peatonal entre estos barrios, y entre el sureste y el resto de la ciudad y viceversa, se ha roto. Literalmente: roto.</p><p>Parte del patrimonio histórico, cultura y arquitectónico protegido de nuestra ciudad, y pieza fundamental del patrimonio afectivo de los sanfrancisqueños, el puente colgando en la desidia, ha muerto. Otra vez.</p>&nbsp;El puente del pueblo<p>Este año la pasarela cumplió 109 años. Fue en julio de 1915, cuando el ferrocarril ocupaba un lugar central en el ejido urbano de la ciudad y el tren pasaba por el hoy Centro Cívico uniendo entre otras cosas, los silos de los molinos que hoy siguen pie, que el pueblo de San Francisco vio como se cumplía un pedido que había comenzado un tiempo antes. &nbsp;</p><p>La muerte de un niño en 1913, en las vías del ferrocarril Central Córdoba, mientras el tren pasaba desató una ola de reclamos populares que a los dos años terminaron la construcción de un puente forjado en acero alemán para evitar más tragedias y resolver problemas de tránsito que generaba el tren en el medio de la ciudad. En su ubicación original estuvo hasta 1950, cuando se sacó del centro y pasó a un letargo de galpones durante 20 años.</p><p>En la década del ´70, fue otra vez la gente de la ciudad la que pidió que el puente vuelva a ser pero esta vez en la estación del hoy Belgrano Cargas, lugar en el que se instaló y en donde ha permanecido y funcionando, con escaso mantenimiento, hasta hace unos meses cuando se tornó un peligro para las personas que lo transitaban a diario.</p><p>Con la estructura derruida por el producto de la intemperie, con escalones y tablas que ya no están porque se pudrieron o se las robaron, el puente no solo ha dejado de ser un lugar al que se puede ir a sacar fotos, sino que también un problema de conexión peatonal entre los distintos sectores de la ciudad.</p><p>La falta de señalización y barreras en los pasos a nivel en las calles de que atraviesa el tren a pura bocina; la imposibilidad de abrir avenida Libertador Sur, entre otras arterias, para garantizar una mejor y más segura transitabilidad desde y hacia el sur de la ciudad, son algunas de las problemáticas y demandas históricas, que implican gestiones con la empresa Belgrano Cargas, que gestiona el tren que pasa por San Francisco.</p><p>Ahora, hay que agregarle el puente. Que ya resucitó una vez. Y espera en óxido, volver a vivir, para no morirse nunca más.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/h4A8dNzVqgyI2OTKLSUT-jGfefw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/peunte_tren_ferrocarril_belgrano.JPG" class="type:primaryImage" /></figure>La pasarela, el puente, de la estación del ferrocarril Belgrano en barrio Sarmiento se encuentra inhabilitado desde hace unos meses. El patrimonio de la ciudad que ya murió dos veces.]]>
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                <published>2024-11-23T13:22:10+00:00</published>
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