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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-08-02T15:02:00+00:00</updated>
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            Mar Chiquita volvió a hablar por sus fósiles
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KLPfpPBGwofpCxlJVHP-ZAQPw48=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/marull_fosiles_en_mar_chiquita.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ<p>&nbsp;</p><p>No hizo falta una gran excavación ni maquinaria pesada para volver a abrir una ventana hacia un pasado remoto. Bastó una caminata por la costa de la Laguna Mar Chiquita, una mirada atenta y la experiencia de quien conoce ese paisaje como pocos.</p><p>Entre el barro, la sal y los sedimentos que las aguas dejan al descubierto cuando retroceden, un guía local distinguió una forma diferente. No era una piedra. Tampoco un tronco. Lo que asomaba pertenecía a un animal que había recorrido esa misma región hace más de 80.000 años.</p><p>Ese aviso fue el punto de partida de un nuevo operativo de rescate paleontológico realizado en cercanías de Marull, donde especialistas recuperaron parte de la cola de un gliptodonte, uno de los integrantes más característicos de la megafauna sudamericana. Pero el hallazgo confirmó, una vez más, que la cuenca de la Laguna Mar Chiquita seguía revelando información capaz de reconstruir cómo era el centro de Córdoba miles de años antes de la presencia humana.</p><p>Detrás de ese trabajo estuvo Carlos Luna, técnico del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET-UNC), quien investigó la región durante casi dos décadas y se convirtió en uno de los principales referentes del patrimonio paleontológico de Ansenuza.</p><p>"Uno de los guías locales que suele recorrer la zona observó lo que parecían ser restos fósiles y dio aviso al municipio de Marull, quienes con la férrea decisión de proteger este importante material comenzaron las gestiones ante Patrimonio Cultural de la Provincia y, una vez autorizada la intervención, pudimos realizar la recuperación", explicó Luna durante una entrevista con LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Para el investigador, ese procedimiento resumió la manera en que debía protegerse un patrimonio que permaneció oculto durante miles de años y que todavía seguía apareciendo gracias a la acción de la naturaleza y al compromiso de quienes recorrían diariamente la laguna.</p><p>No era un trabajo aislado. Desde 2009, Luna desarrollaba investigaciones sistemáticas en la región junto a distintos equipos científicos. En esos 17 años recuperaron cientos de fósiles, identificaron más de veinte especies y convirtieron a la Laguna Mar Chiquita en uno de los yacimientos paleontológicos más importantes del país. Cada nuevo descubrimiento no hacía más que completar un inmenso rompecabezas que aún estaba lejos de terminar.</p>El trabajo de campo fue el primer paso para recuperar el fósil hallas en la laguna de Mar Chiquita.&nbsp; (Fotos gentiliza Municipio de Marull).<p>&nbsp;</p>Una pista<p>El gliptodonte recuperado en cercanías de Marull era apenas una pieza de un rompecabezas mucho más grande. Para los investigadores, el verdadero valor de un fósil no estaba solamente en el animal al que perteneció, sino en toda la información que conservaba sobre el ambiente donde había vivido y las condiciones en las que quedó sepultado hace miles de años.</p><p>En este caso, los restos correspondían a parte del tubo caudal y a fragmentos de los anillos que protegían la cola de un gliptodonte del género Neosclerocalyptus, uno de los integrantes más abundantes de la megafauna sudamericana durante el Pleistoceno. Sus características permitieron identificar rápidamente la especie y establecer que pertenecía a un nivel geológico con una antigüedad superior a los 80.000 años.</p><p>Sin embargo, el trabajo recién comenzaba.</p><p>Las piezas fueron trasladadas a Córdoba para iniciar un proceso minucioso de limpieza, consolidación y estudio. Recién cuando concluyan esas tareas y cuenten con la autorización de la Dirección de Patrimonio Cultural regresarán a Marull, donde pasarán a integrar el patrimonio del nuevo Centro de Informes y Promoción Turística.</p><p>Luna explicó que, para un paleontólogo, un fósil nunca debía analizarse como un objeto aislado. Tan importante como el hueso era el lugar exacto donde aparecía, la profundidad, la posición en la que había quedado y los sedimentos que lo rodeaban.</p><p>Para explicar esa tarea recurrió a una comparación tan sencilla como gráfica.</p><p>“Para nosotros es como una escena del crimen. Necesitamos saber exactamente de qué nivel proviene, cómo estaba ubicado y qué había alrededor, porque todo eso nos permite reconstruir qué ocurrió con ese animal antes de quedar enterrado", explicó.</p><p>Esa información podía perderse en pocos segundos si alguien retiraba un fósil sin los procedimientos adecuados.</p><p>"Los restos son muy frágiles y cualquiera puede romperlos. Pero, además, si se los mueve sin registrar el contexto, se pierde una parte fundamental de la información científica", advirtió el investigador.</p><p>Por ese motivo, desde hace años el equipo impulsaba actividades de difusión y capacitación junto a museos, escuelas y organismos provinciales para que vecinos, pescadores, turistas y guías supieran cómo actuar ante un hallazgo. La recomendación siempre era la misma: no tocar el material, registrar el lugar y dar aviso al museo o a las autoridades competentes para activar el protocolo de rescate.</p><p>Ese trabajo preventivo comenzaba a dar resultados. El propio hallazgo que originó esta investigación fue posible gracias a la mirada de un guía local que conocía la importancia del patrimonio paleontológico y comprendió que aquello que sobresalía entre el barro y la sal debía quedar exactamente donde estaba hasta la llegada de los especialistas.</p>Esta pieza fue la que permitió dar con los fósiles de este gigante de la megafauna de Ansenuza. El equipo trabajó con mucha paciencia y tranquilidad para poder rescatarlo.&nbsp;Una memoria<p>A simple vista, un fósil podía parecer apenas el vestigio de un animal extinguido. Sin embargo, para los investigadores era mucho más que eso. Cada resto recuperado funcionaba como una pieza capaz de reconstruir un paisaje desaparecido, revelar cómo era el clima y explicar de qué manera fue cambiando la vida en la región mucho antes de la llegada del hombre.</p><p>Los trabajos realizados durante los últimos 17 años permitieron identificar más de veinte especies diferentes en la cuenca de la Laguna Mar Chiquita. La lista incluía gigantes de la megafauna, como gliptodontes, mastodontes y perezosos gigantes, pero también animales de pequeño tamaño cuya presencia terminó aportando algunas de las pistas más valiosas de toda la investigación.</p><p>Luna explicó que uno de los descubrimientos más significativos fue el del pequeño roedor llamado Reithrodon Auritus que todavía existe en la actualidad. "Hoy ese animal vive en la Patagonia y en las sierras de Córdoba. Encontrarlo en la Laguna Mar Chiquita significa que hace unos 10.000 años las condiciones climáticas de esta región eran tan frías y áridas como las que hoy encontramos en el sur del país", señaló.</p><p>Pero las sorpresas no terminaron allí. En otro nivel geológico apareció una tortuga Trachemys que actualmente habita en Corrientes y parte de Entre Ríos. Ese hallazgo indicaba exactamente lo contrario: unos 80.000 años atrás el clima de la región era mucho más cálido y húmedo que el actual, lo suficiente como para permitir la presencia de especies propias del litoral argentino.</p><p>De esa manera, cada fósil dejaba de ser únicamente el testimonio de un animal extinguido para transformarse en un indicador del ambiente donde había vivido. La sucesión de especies permitió reconstruir los grandes cambios climáticos que atravesó el centro del país durante los últimos cien mil años, marcados por los avances y retrocesos de las glaciaciones.</p><p>"Córdoba nunca tuvo glaciares, pero esas eras de hielo modificaron el clima de toda la región. Cuando los glaciares avanzaban, aquí predominaban condiciones más frías y secas; cuando retrocedían, llegaban períodos más cálidos. Los animales que encontramos son un fiel reflejo de esos cambios", explicó el investigador.</p><p>Por esa capacidad de reconstruir una historia ambiental de miles de años, Luna consideró que los yacimientos paleontológicos de la Laguna Mar Chiquita constituían una verdadera joya científica.</p><p>"Más que importantes a nivel provincial, son muy importantes a nivel nacional", afirmó al resumir el valor de un territorio que, todavía hoy, seguía revelando nuevas páginas de su pasado.</p><p>&nbsp;</p>Guardianes<p>Los nuevos hallazgos demostraban que la historia de Mar Chiquita estaba lejos de agotarse. La propia dinámica de la laguna seguía escribiendo nuevos capítulos.</p><p>A diferencia de otros yacimientos paleontológicos, donde los restos permanecen ocultos durante siglos, en Ansenuza el permanente avance y retroceso de las aguas modificaba el paisaje casi de manera constante. La erosión dejaba al descubierto fósiles que habían permanecido enterrados durante miles de años, pero ese mismo proceso también podía acelerar su deterioro.</p><p>La sal, una de las características más distintivas de la laguna, representaba un desafío adicional para los investigadores. Una vez expuestos, los restos comenzaban a sufrir la acción del ambiente y, si no eran rescatados y tratados correctamente, podían fracturarse o perder información valiosa para la investigación. Por eso cada hallazgo implicaba actuar con rapidez, pero también con un protocolo preciso que garantizara su preservación.</p><p>Ese trabajo encontraba hoy un aliado estratégico en el Parque Nacional Ansenuza. La creación del área protegida no solo fortaleció la conservación de uno de los humedales más importantes de Sudamérica y sitio de relevancia internacional para las aves migratorias, sino que también permitió poner en valor otro de sus grandes patrimonios: el paleontológico.</p><p>A esa tarea se sumaban la Dirección de Patrimonio Cultural de la Provincia, Áreas Naturales de la Provincia, los municipios de la región, los museos locales y los guías que recorrían diariamente la costa. Cada uno cumplía un rol diferente, pero todos integraban la misma cadena de protección.</p><p>Los municipios eran, muchas veces, el primer eslabón. Recibían el aviso de un vecino o de un guía, gestionaban la intervención de Patrimonio y coordinaban el trabajo con los especialistas. Los museos, en tanto, se convertían en custodios de esas piezas una vez restauradas, con el objetivo de que permanecieran cerca del lugar donde habían sido encontradas y pudieran ser conocidas por las propias comunidades.</p><p>Luna sostuvo que ese era uno de los grandes desafíos hacia el futuro: seguir fortaleciendo el trabajo conjunto entre científicos, instituciones y habitantes de la región para que cada nuevo hallazgo se transforme en una oportunidad de conocimiento y no en una pérdida irreparable.</p><p>La experiencia del reciente rescate en Marull volvió a demostrar que una mirada atenta y un aviso a tiempo pueden marcar la diferencia.</p><p>El gliptodonte recuperado en esta oportunidad difícilmente será el último. La laguna continúa avanzando y retrocediendo, la erosión sigue dejando al descubierto nuevas evidencias y los investigadores periódicamente vuelven a recorrer sus costas en busca de respuestas.</p><p>Porque, en realidad, Mar Chiquita no devuelve solamente fósiles; devuelve información sobre su propia historia.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KLPfpPBGwofpCxlJVHP-ZAQPw48=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/marull_fosiles_en_mar_chiquita.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El rescate de nuevos restos fósiles en cercanías de Marull volvió a confirmar el enorme valor paleontológico de la cuenca de la Laguna Mar Chiquita. Detrás del hallazgo de parte de la cola de un gliptodonte de más de 80.000 años hay casi dos décadas de investigaciones que permitieron reconstruir cómo cambiaron el clima, la fauna y los paisajes del centro de Córdoba a lo largo de los últimos cien mil años.]]>
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                                                <category term="la-region" label="La Región" />
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                <published>2026-08-02T15:01:57+00:00</published>
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            Cerca de Marull rescataron nuevos fósiles que aportan datos sobre la megafauna que habitó la región
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zcedqA5NP_CTE52jkf6dXn3C904=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/marull_hallazgo_fosil.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un nuevo hallazgo paleontológico en cercanías de Marull permitió recuperar restos fósiles que aportan información sobre la fauna que habitó la cuenca de la Laguna Mar Chiquita hace más de 10.000 años.</p><p>El operativo de rescate se concretó luego de las gestiones realizadas por la Municipalidad de Marull ante la Dirección de Patrimonio Cultural de la Agencia Córdoba Cultura, organismo encargado de preservar el patrimonio paleontológico de la provincia, que autorizó la intervención.</p><p>Los trabajos fueron coordinados por el técnico Carlos A. Luna, investigador del Instituto de Antropología de Córdoba (IDACOR, CONICET–UNC), quien lleva casi dos décadas desarrollando investigaciones en la región. También participaron María Cecilia Prieto, Roberto Silva y Nahuel Nuñez, estos últimos colaboradores del Centro de Informes y Promoción Turística de Marull.</p>&nbsp;Restos de un gliptodonte<p>Entre los materiales recuperados se encontraron fragmentos de anillos caudales y parte del tubo caudal de un gliptodonte, restos que por sus características morfológicas fueron identificados como pertenecientes al género Neosclerocalyptus.</p><p>Se trata de uno de los grupos más representativos de la megafauna sudamericana durante el período Pleistoceno, cuando grandes mamíferos habitaban el territorio que hoy conforman distintas regiones de Argentina.</p><p>Además, en el mismo sector fueron encontrados otros restos fósiles que actualmente atraviesan tareas de limpieza, consolidación y estudio para determinar con mayor precisión su importancia taxonómica y paleoambiental.</p><p>Una vez finalizados los trabajos de conservación e investigación, las piezas serán depositadas y exhibidas en el nuevo Centro de Informes y Promoción Turística de Marull, donde podrán ser conocidas por vecinos, estudiantes y visitantes.</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida por La Voz de San Justo (@lavozdesanjusto)</p>
Una región con alto valor paleontológico<p>El nuevo descubrimiento vuelve a poner en relieve la importancia de la zona de la Laguna Mar Chiquita como uno de los sectores con mayor riqueza paleontológica de Córdoba.</p><p>La región cuenta con registros de distintas especies que formaron parte de la megafauna sudamericana, entre ellas gliptodontes, mastodontes, perezosos gigantes y tigres dientes de sable.</p><p>Desde el municipio de Marull recordaron que los restos fósiles forman parte del Patrimonio Cultural de la Provincia de Córdoba y están protegidos por la Ley Provincial N.º 5543. Por ese motivo, ante cualquier hallazgo, se solicita informar a las autoridades correspondientes para garantizar su preservación y estudio científico.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zcedqA5NP_CTE52jkf6dXn3C904=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/marull_hallazgo_fosil.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Los restos recuperados corresponden a un gliptodonte y serán estudiados para ampliar el conocimiento sobre la fauna que habitó la cuenca de la Laguna Mar Chiquita hace más de 10.000 años.]]>
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                                <updated>2026-07-27T14:49:52+00:00</updated>
                <published>2026-07-27T14:30:03+00:00</published>
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            El hallazgo que reescribe la historia: encontraron el primer hijo de un neandertal y un humano moderno
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bv-h5Oun4inz0JXaDOPlYsSBtW8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/neandertal_en_un_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Investigadores israelíes y franceses descubrieron la evidencia física más temprana de que los humanos antiguos neandertales y los humanos modernos no solo coexistieron, sino que también tuvieron interacciones sociales y se cruzaron, reveló la Universidad de Tel Aviv en un comunicado.</p><p>Publicado en la revista L’Anthropologie, el estudio se centró en un&nbsp; fósil de un niño de cinco años encontrado en la cueva Skhul en el&nbsp; Monte Carmelo en el norte de Israel.</p><p>El fósil, de alrededor de 140.000 años de antigüedad, muestra rasgos tanto de los neandertales como del Homo sapiens, que durante muchos años fueron considerados como dos especies separadas.</p><p>Estudios&nbsp;genéticos previos han demostrado que estos dos gruposintercambiaron genes, e incluso hoy, 40.000 años después de la&nbsp; desaparición de los últimos neandertales, entre el dos y el seis por ciento del genoma humano moderno es de origen neandertal.</p><p>Sin embargo, se pensaba que estos intercambios genéticos ocurrieron mucho más tarde, entre 60.000 y 40.000 años atrás.</p><p>El descubrimiento retrocede esta cronología al mostrar a un niño&nbsp; con un cráneo con forma similar a la de los humanos modernos, pero con un sistema de vasos sanguíneos, mandíbula inferior y oído interno típicos de los neandertales.</p><p>Las investigaciones demuestran que los primeros neandertales&nbsp; vivieron en el antiguo Israel hace 400.000 años.</p><p>Se encontraron con el Homo sapiens, que comenzó a migrar desde África hace unos 200.000 años, y estos grupos se cruzaron.</p><p>El niño de la cueva de Skhul es el fósil más antiguo conocido que muestra conexiones biológicas y sociales entre estas poblaciones.</p><p>Los neandertales locales finalmente desaparecieron tras ser absorbidos por la población humana moderna, indica el estudio difundido por la agencia de noticias Xinhua.</p><p>El escaneo avanzado y el modelado 3D del cráneo y la mandíbula del fósil ayudaron a los investigadores a analizar las complejas estructuras, incluyendo los vasos sanguíneos del cerebro y el oído interno, confirmando los rasgos híbridos del fósil.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bv-h5Oun4inz0JXaDOPlYsSBtW8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/neandertal_en_un_museo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Un estudio reveló el hallazgo del primer híbrido entre un neandertal y un humano. Se trata del fósil de un nene de hace 140.000 años encontrado en Israel.]]>
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                                                <category term="internacionales" label="Internacionales" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-08-24T15:01:47+00:00</published>
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