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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-10-24T13:00:06+00:00</updated>
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            Gi Cassettai: “Crear también es generar las condiciones para que algo suceda”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IyaNoTU3n7d8LfpVPBMLRqIV5oQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/10/gi_cassettai_9.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>En medio del bullicio del centro de Córdoba, ingresás a Tres Salas y, casi sin darte cuenta, el mundo queda del otro lado de la puerta. Afuera, la ciudad sigue su ritmo apurado, con el ruido del tránsito y el movimiento de la calle. Adentro, en cambio, todo parece detenerse, para mirar sin apuro y dejar que las obras hablen. Allí se respira arte, pero también sensibilidad, historias y emociones. Cada obra guarda una forma de interpretar el mundo.</p><p>Detrás de ese espacio de producción artística contemporánea en calle Lima 364 está la sanfrancisqeña Gi Cassettai, artista, comunicadora social y curadora que dirige Tres Salas.</p><p>En entrevista con Posta/ LA VOZ DE SAN JUSTO, Cassettai reflexiona sobre su práctica, los procesos creativos y el desafío de sostener espacios donde el arte encuentre su lugar.</p>“Mi práctica artística es la edición y la curaduría”, explica Gi Cassettai.<p>— ¿Cómo llegaste al mundo de la curaduría y qué te llevó a elegir este camino?</p><p>Soy artista, comunicadora y curadora. Mi recorrido entre estos campos me llevó a construir una manera de entender la curaduría sostenida en dos premisas: la curaduría como práctica de cuidado y como práctica relacional. La primera tiene que ver con acompañar procesos, reconocer sus singularidades, sus tiempos y las condiciones que los hacen posibles. La segunda parte de una convicción: ninguna práctica se construye en soledad. Me interesa la curaduría como un hacer con otros, un espacio de encuentro, escucha y construcción compartida.</p><p>&nbsp;Mi formación en comunicación me permitió reconocer las proximidades entre la edición y la curaduría: ambas implican seleccionar, relacionar y construir relatos. Desde mi lugar como artista, comencé entonces a preguntarme cuál era mi propia práctica artística. Hoy entiendo que mi práctica artística es la edición y la curaduría. Acompaño procesos, construyo relaciones y relatos que permiten situar las prácticas en un contexto, un territorio y en convivencia con otros. Me interesa pensar que crear no siempre significa producir objetos, sino también generar las condiciones para que algo suceda.</p><p>&nbsp;</p><p>— ¿Qué significa ser curadora y cómo se construye un relato a partir de obras diferentes?</p><p>Para mí, curar es construir relaciones y generar las condiciones para que distintas prácticas puedan encontrarse y producir nuevos sentidos. En una muestra colectiva, me interesa pensar cómo hacer convivir diferentes materialidades, lenguajes y formas de investigación. Más que partir de los nombres de los artistas o de las afinidades estéticas entre las obras, busco identificar las preguntas, los intereses y las tensiones que atraviesan cada producción. No se trata de pensar qué combina con qué, sino de reconocer qué puede decir una obra en relación con otra, qué conversaciones pueden abrirse entre ellas. A partir de esos encuentros construyo un relato curatorial que no busca imponer una lectura única, sino habilitar nuevas relaciones, interpretaciones y formas de mirar.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>— ¿Qué es lo primero que buscás cuando te enfrentas a una obra de arte?</p><p>Busco qué interés sostiene la producción y qué preguntas revela, para descubrir qué relaciones puede establecer con otras obras. Me interesa leer qué está poniendo en juego el artista, cuáles son sus búsquedas y qué temas aparecen, incluso aquellos que quizás no son del todo conscientes para quien produjo la obra. A partir de esa lectura empiezo a encontrar posibles conexiones, relaciones y sentidos que permiten situar esa producción en un contexto más amplio. No parto de la idea de si una obra combina o no con otra, de si un cuadro queda bien junto a otro o de si las materialidades son similares. Me interesa descubrir qué emerge de esas producciones, qué intereses comparten y qué preguntas pueden poner en diálogo. Es ahí donde comienza a construirse un relato curatorial, a partir de aquello que las obras revelan y de las relaciones que pueden establecer entre sí.</p><p>&nbsp;</p><p>— ¿Qué temas o inquietudes atraviesan su mirada curatorial?</p><p>Gran parte de mis acompañamientos están vinculados a artistas jóvenes y emergentes que están construyendo su propia identidad artística. Me interesan las prácticas que parten de lo cotidiano, de los gestos simples y de lo íntimo, muchas veces atravesadas por la fantasía, la ironía y los afectos. No me gusta definir mi mirada curatorial desde una temática específica porque siento que eso me limita. Mi búsqueda tiene más que ver con los procesos, los vínculos y las formas de hacer con otros. Si tuviera que elegir tres palabras que atraviesan mi práctica, serían escucha, tiempo y corporalidad. La escucha como apertura al otro, el tiempo como condición para que los procesos se desarrollen y la corporalidad como una forma de pensar, percibir y construir sentido. Me interesa esa dimensión performativa de la curaduría que aparece en el encuentro y en la experiencia compartida.</p><p>Acompaño residencias y procesos de investigación que pueden extenderse durante meses, incluso años. Me interesa especialmente ese tiempo compartido: muchas veces lo expositivo es apenas una excusa para construir un espacio propio de intercambio con el artista. Es ahí donde aparecen nuevas preguntas y otras maneras de mirar una práctica.</p><p>&nbsp;</p><p>— ¿Cuánto hay de investigación y cuánto de intuición en tu trabajo?</p><p>La investigación no es solamente académica ni metodológica: es la curiosidad que te lleva a experimentar. En el arte se hacen conexiones, a veces desde lo conceptual y otras desde los materiales. Son estados de exploración.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>“Quería cuestionar la idea de que un artista tiene que alejarse para pensar”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>—Sos la directora de Tres Salas. ¿Qué es para vos y qué sentís que es para los artistas?</p><p>Tres Salas para mí es un refugio. Un refugio en donde pude explorar y encontrar un modelo propio para alojar la práctica artística. Lo construí pensando en lo que me faltaba y en lo que no encontraba en otros espacios. Estudié comunicación, arte, curaduría e investigación, y no podía anclarme en un solo formato. Así encontré dos prácticas afines: lo curatorial y lo editorial. El nombre surgió de una conversación con amigos: éramos tres y teníamos un espacio reducido de tres salas. Después entendí que esos eran mis pilares: residencias, curaduría y edición. El programa recibe artistas, investigadores, curadores y escritores para investigar y crear. Es una residencia urbana: quería cuestionar la idea de que un artista tiene que alejarse para pensar.</p><p>&nbsp;</p><p>— ¿Qué lugar ocupan los espacios independientes, las galerías y los museos? ¿Cuáles son las principales dificultades del sector?</p><p>Tres Salas es autogestivo y no tiene ningún tipo de financiamiento. En Córdoba hay aproximadamente 50 espacios de producción artística autogestiva. Muchos artistas se convirtieron en gestores y alquilaron lugares donde conviven varios talleres. Los ingresos de los artistas suelen provenir de otras actividades, como la docencia, que demanda tiempo fuera del taller e impacta en la producción. También hay límites para acceder a materiales. La precarización es muy grande.</p><p>&nbsp;</p>Tres Salas, presente en el Mercado de Arte Contemporáneo.<p>— ¿Cuál es el momento más feliz de lo que hacés? ¿Te motivan logros como la venta de una obra de una joven artista de Tres Salas al Museo Caraffa, en el último Mercado de Arte Contemporáneo (MAC) de Córdoba?</p><p>Me genera mucha felicidad ver que un proyecto crece, que encuentra sentido, un camino y una mirada. A veces llega algo que todavía está un poco perdido y, a través del trabajo compartido, empieza a encontrar su lugar. Después, por supuesto, está la satisfacción de que eso trascienda la voz del artista y la del curador, que circule por otros espacios y crezca. Eso también me da mucha satisfacción, pero lo que me motiva y me enciende es la producción, estar adentro del proceso. Lo otro es el resultado. Por supuesto que me alegran muchísimo los logros. Son situaciones muy importantes porque muestran que ese trabajo puede trascender, encontrar otros espacios de circulación y llegar a nuevas personas. Pero mi mayor felicidad está en acompañar ese recorrido, en todo lo que sucede antes de que una obra llegue a ese lugar. En un proceso de residencia me olvido del mundo. No me importa qué está pasando afuera porque estamos construyendo algo con ese otro, desde la complicidad, el afecto y también la honestidad. Creo que tiene que haber mucha entrega y honestidad en esos procesos.</p><p>Acompañar hoy a un artista joven es una decisión política grande porque vivimos en un tiempo en el que el tiempo parece no existir, es mezquino y escaso. Dedicarle tiempo al otro es una forma de cuidado. Ahí vuelvo a una idea fundamental de mi práctica: entiendo la curaduría y la edición como prácticas de cuidado, y también lo relaciono con mi experiencia de ser madre, con esa manera de construir y aportar en la vida del otro. En cada libro, cada muestra, cada obra y cada manifestación artística en la que me involucro están mi mirada como artista, mi experiencia en la comunicación y mi compromiso con el proceso que acompaño.</p><p>— ¿Qué importancia tiene la mirada de una comunicadora en la construcción de un proyecto editorial y curatorial?</p><p>Es fundamental y, muchas veces, es un trabajo invisibilizado y poco reconocido en Argentina. En Tres Salas estamos construyendo un catálogo editorial a partir de distintas colecciones que reúnen prácticas artísticas, investigaciones y procesos de creación. Todavía hay poca formación académica específica en los campos editorial y curatorial, y poco reconocimiento del trabajo intelectual y creativo que implican estos procesos. Cuando alguien quiere hacer un libro, puede llegar con textos sueltos, dibujos, fotografías o ideas. Pero un libro no es simplemente reunir materiales: es una construcción de sentido que necesita una mirada externa, capaz de establecer relaciones, encontrar una estructura y construir un relato. Ahí aparece la figura del editor, como también la del curador o el director de un proyecto. Me gusta pensarla como la de un director de orquesta: alguien que escucha las distintas voces, reconoce sus singularidades y logra que todo eso suene en conjunto. Mi formación en comunicación atraviesa esa manera de trabajar, de pensar cómo se construye, se articula y se comparte un relato. Yo no tengo una imprenta: tengo una editorial. Y esa diferencia es fundamental.</p><p>&nbsp;</p><p>— ¿Cómo acercar el arte contemporáneo a quienes sienten que no lo entienden o que no les pertenece?</p><p>Para achicar esa brecha, la educación es fundamental. En los primeros años, el arte debería acercarse a las infancias de otra manera. Hay que construir políticas educativas que primero sitúen a los niños/niñas cerca de los artistas locales, en lugar de empezar por la historia del arte mundial y las grandes obras monumentales, sobre todo europeas. La educación artística debería permitir que conozcan a quienes producen en su territorio. Yo lo hago con mi hijo, a quien involucro en la comunidad artística de Córdoba. Para él, el arte es cercano y algo que también hace. Los gobiernos deberían apostar al mecenazgo, el financiamiento y la formación en coleccionismo. Un coleccionista no tiene que ser alguien con mucho dinero: todos podemos coleccionar. Comprar una obra local puede costar lo mismo que una reproducción decorativa, pero contribuye a la circulación de la producción cultural. Es importante valorar el lugar donde vivimos. En el último Mercado de Arte Contemporáneo de Córdoba, el 70% correspondió a producción local y el 30% a galerías de otras provincias.</p><p>&nbsp;</p><p>—Además, sos vicepresidenta de FARO, la Asociación Civil de Galerías y Espacios Artísticos de Córdoba. ¿Qué trabajo realizan?</p><p>FARO nuclea galerías y espacios artísticos. Desde la vicepresidencia trabajo en la estrategia curatorial y comunicacional para encontrar puntos en común. Lo colectivo permite acceder a mercados internacionales. Nos propusimos internacionalización, profesionalización, comunicación y visibilización. En una feria en Santiago de Chile llevamos tres galerías y seis artistas locales. También hay proyectos en Recife, Brasil, mediante vinculaciones con Cancillería y Pro Córdoba. Buscamos acompañar proyectos jóvenes autogestivos.</p><p>&nbsp;</p><p>—¿Cómo imaginás a Tres Salas dentro de tres o cinco años?</p><p>Me imagino que Tres Salas se convierta en un gran centro de producción, una plataforma de Córdoba para el mundo. Cada vez vienen más personas de otros países a participar de las residencias. Eso me hace pensar que Tres Salas está migrando hacia una gran plataforma de producción de pensamiento y contenido dentro de las prácticas artísticas, sobre todo contemporáneas.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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