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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-02-08T12:00:03+00:00</updated>
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            Cuando el tiempo no alcanza para sanar: a casi seis años del crimen de Leo Gallegos
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2026/02/fernanda_gallegos_leo_gallegos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Luis Giordano | LVSJ&nbsp;<p>A Fernanda Gallegos el tiempo no le hace mella. A casi seis años del crimen de su hermano, Leonardo, los días siguen pasando, pero ella permanece anclada en la misma escena. Hay mañanas en las que se levanta, hace su rutina, sale, trabaja, se ocupa de sus hijos y de sus nietos. Y, sin embargo, todo vuelve siempre al mismo punto. “Yo estoy ahí todavía y no puedo salir”, destacó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO. Ahí, en ese día de 2020 que partió su vida en dos y dejó a su familia rota para siempre.</p><p>Habla con mucha tristeza y cada palabra pesa. No necesita buscar frases: el dolor está incorporado a su forma de vivir desde ese día. Para Fernanda, no hubo un después que ordenara el caos ni un tiempo que acomodara las cosas. Hubo, apenas, una manera de aprender a convivir con la falta.</p><p>Ese jueves empezó como tantos otros. En plena pandemia, Fernanda había ido por la mañana a la casa de sus padres. Tomaron mate juntos. Estaban Leo, su mamá, su papá y ella. Una escena mínima, cotidiana, que hoy recuerda con una nitidez dolorosa. Horas más tarde, ya en su casa, el teléfono sonó. Del otro lado, la voz de su madre le dijo que a su hermano le habían disparado. “No me alcanzaba el tiempo para llegar”, recordó. Cuando lo hizo, la casa estaba rodeada de gente y Leo yacía herido en el suelo, una imagen que hoy en día la persigue y que no puede borrar de su cabeza.</p>“Yo pienso que el caso se olvidó, pero no culpo a nadie, el tiempo avanza”, sostuvo Fernanda.<p>Leo Gallegos fue trasladado primero al Hospital Iturraspe y luego derivado a Córdoba, debido a la gravedad de su estado. Falleció cuatro días después. Tenía 48 años y Dj. Dos disparos —uno en el tórax y otro en la boca— terminaron con la vida de un hombre al que los testigos definieron como respetuoso, ajeno a los conflictos y muy querido en Frontera.</p><p>El ataque ocurrió la noche del 23 de abril de 2020, cuando un agresor llegó hasta la vivienda familiar, golpeó la ventana, preguntó por Leo y, cuando salió, le disparó. El atacante huyó en una motocicleta conducida por un cómplice. Por el crimen fue condenado en 2023 Claudio “Tatín” Gudiño, quien recibió una pena de 25 años de prisión por homicidio agravado por el uso de arma de fuego. La familia de la víctima continúa reclamando que la Justicia identifique y detenga al segundo involucrado, que nunca fue encontrado.</p><p>“Hasta el día de hoy me pregunto por qué, no hay un momento del día en el que no lo piense”, manifestó Fernanda. Leo era su único hermano. “No se lo merecía, para nada. Lo voy a decir toda mi vida”, afirmó, convencida de que no hubo explicación posible para tanta violencia.</p>Gallegos fue ultimado a balazos en su vivienda de calle 58 y 9, que compartía con sus padres. (Archivo)<p>Durante los días de internación hay una imagen que la acompaña desde entonces. “Él lloraba e intentaba decirme algo, pero nunca supe qué. Nunca supe qué me quiso decir”, recuerda. Ese gesto inconcluso, esas palabras que no llegaron, quedaron suspendidas para siempre y forman parte de un duelo atravesado por silencios imposibles de llenar.</p><p>El juicio fue otro proceso doloroso. Durante dos semanas, Fernanda viajó todos los días a Rafaela. “Jamás lo miré. Lo tenía al costado y nunca lo miré”, dice sobre el condenado. La sentencia le trajo un alivio breve. “Ese día sentí tranquilidad, pero no te sana en nada. Nadie me devuelve a mi hermano”, explicó, marcando la distancia entre la respuesta judicial y el vacío emocional.</p><p>El impacto del crimen fue devastador para toda la familia. “Quedamos destruidos”, resume. Poco tiempo después, Fernanda perdió a su padre, quien murió de “tristeza”, según ella contó. “Mi viejo dejó de hablar, de hacer cosas. Vos lo mirabas y estaba como en una nube”, agregó. La muerte de Leo no fue un hecho aislado: fue el inicio de una cadena de pérdidas que terminó de quebrar a su núcleo más cercano.</p><p>Su madre, cuenta, sigue adelante como puede, cargando duelos superpuestos. Entre ellas, el tema se volvió difícil de abordar. “Yo no lo hablo con ella”, admite Fernanda. Hay dolores que se comparten y otros que se guardan, incluso dentro de la misma familia, como una forma de protegerse.</p><p>Leo tenía un vínculo muy fuerte con sus sobrinos. Era el padrino de Stefanía, la hija de Fernanda, y estaba presente de manera constante en la vida familiar. “Nos veíamos todos los días. A veces dos veces en el día”, recuerda. Almuerzos compartidos, mates por la tarde, viajes cortos en la camioneta: escenas simples que hoy se transformaron en ausencia.Ese lazo cotidiano explica por qué el recuerdo no se diluye. “No hay un solo día que no me acuerde de él”, dice. Aunque trabaja y mantiene su rutina, el pensamiento vuelve siempre al mismo lugar. El dolor, con los años, no desapareció: se volvió parte de su identidad.</p>Leonardo Gallegos tenía 48 años.&nbsp;<p>El cementerio es un límite que no puede cruzar. Fue una sola vez, el día que terminó el juicio. “Tuve la necesidad de ir, pero me ahogaba, me faltaba el aire en ese lugar, ver la foto de mi hermano en una tumba es una sensación horrible”, explicó. Volvió sola, sin avisarle a nadie, como si fuera una necesidad íntima e inexplicable. Desde entonces, no regresó.También siente que, con el paso del tiempo, el caso fue perdiendo visibilidad pública. “Yo pienso que sí, que se olvidó, pero no culpo a nadie, el tiempo avanza”, dice. No lo expresa como reproche, sino como una constatación dolorosa de cómo las tragedias, aun las más profundas, se van corriendo del centro de la escena.</p><p>Fernanda intentó hacer terapia, pero no encontró alivio. “No creo que sane nunca, puedo pasar momentos lindos, pero nos destruyeron la vida”, agregó. Aprendió a seguir, pero no a cerrar. El duelo, en su caso, no tuvo etapas ni final.En ese recorrido encontró contención en su prima Rosa Gallegos, madre de Cristian Robledo, asesinado en 2019 tras una brutal golpiza en una cancha de fútbol. Rosa, que conmovió al país al perdonar públicamente a los asesinos de su hijo, falleció en 2025. “Hablábamos todos los días. Ella sabía exactamente lo que se sentía”, recuerda Fernanda, marcando la importancia de ese acompañamiento entre personas atravesadas por pérdidas similares.</p><p>Ese gesto de perdón nunca fue una opción para ella. “Yo no podría perdonar jamás al asesino de mi hermano”, afirmó. No hay juicio moral en su mirada, solo una diferencia profunda en la manera de enfrentar el dolor.Si pudiera tener cinco minutos con Leo, Fernanda no duda. “Que no se vaya nunca. Que se quede acá conmigo”, destacó. No siente necesidad de explicarle cuánto lo extraña. “Él lo sabe. Es todos los días”, añadió. En su casa, una foto grande de su hermano recibe a quienes entran, como una presencia permanente.</p><p>Cuando la gente se acerca y habla bien de Leo, el dolor se mezcla con orgullo. “Me dicen cosas tan lindas… no me gustaría que fuera de esta forma, pero sí, me hablan muy lindo de él”, concluyó.</p><p>A casi seis años del crimen, para Fernanda Gallegos el tiempo no cura. Apenas enseña a convivir con una ausencia que sigue doliendo como el primer día.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2026/02/fernanda_gallegos_leo_gallegos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A casi seis años del asesinato del Dj, su hermana Fernanda sigue detenida en el mismo día. Al dolor por la pérdida se sumó, tiempo después, la muerte de su padre. Aunque hubo una condena judicial, el alivio nunca llegó. Entre la ausencia, el duelo permanente y una vida que no volvió a ordenarse, reconstruye el impacto del crimen en su familia. “Yo estoy ahí todavía y no puedo salir, nos destruyeron la vida”, confesó.]]>
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            Rocío y su amor por los perros: de los desafíos del Asperger a su propia peluquería canina
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/09/rocio_belen_bai.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Rocío Belén Bai tiene 23 años y hace poco abrió su propia peluquería canina en pleno centro de San Francisco, en Alberdi 65. El local se llama “Patitas Mojadas” y, más allá de ser un espacio donde los perros reciben baños y cortes, representa para ella un logro profundo: la posibilidad de ganar independencia, superar barreras y concretar un proyecto personal que parecía lejano.</p><p>Rocío tiene síndrome de Asperger, una condición dentro del espectro autista que le presentó desafíos desde muy chica. En la primaria y hasta la mitad de la secundaria sufrió bullying, experiencias dolorosas que recuerda con claridad. “Siempre pensé que ser normal era no tener autismo, ser como otras personas. Hace dos años le pregunté a mis papás si yo iba a poder tener una vida normal”, comentó a LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>El diagnóstico llegó temprano, cuando sus padres la llevaron a Córdoba a ver a un especialista. “Para mis papás fue un golpe fuerte, pero desde ese momento me acompañan en cada paso que doy”, relató. Ese acompañamiento familiar fue clave, junto con el trabajo de sus terapeutas, que durante años la ayudaron a conocerse y aceptarse. “Hace un año terminé las terapias y aprendí a decir: tengo autismo, tengo algunas limitaciones y otras no. No es fácil, pero se puede”, explicó.</p><p>Algunas cuestiones prácticas todavía le resultan difíciles, como manejar el dinero o atender a clientes nuevos, y allí aparece el apoyo de su mamá. “Le agradezco de todo corazón porque me ayuda mucho”, reconoció. Pero abrir la peluquería fue un cambio decisivo. “Poner el local fue dar un gran paso, porque me permitió no depender tanto de mis padres. Mis papás están orgullosos y eso me emociona muchísimo”, destacó con emoción.</p><p>El amor por los animales fue siempre un motor en su vida. Desde niña sentía que los perros se le acercaban solos en la calle, y pasaba horas jugando en la computadora a un simulador de peluquería canina. Ese vínculo natural se transformó en un proyecto real cuando decidió capacitarse y recibirse de peluquera.</p><p>Hoy, en “Patitas Mojadas”, cada perro recibe un trato especial. Rocío utiliza aromaterapia con esencias de lavanda o vainilla para que se relajen, dedica tiempo a generar confianza y brinda cuidados particulares a los perros rescatados o mayores. “Los perros son muy sensibles a la energía que uno transmite. Si los tratás con amor, vuelven a su casa distintos”, aseguró.</p><p>Una de las experiencias más significativas fue cuando atendió a una perrita rescatada en condiciones graves: sorda, ciega y con infestación de pulgas y garrapatas. “Nadie quería recibirla. Yo no dudé: la bañé con paciencia y cariño. Sentí que le cambié la vida”, recordó con emoción.</p><p>Para Rocío, cada cliente de cuatro patas es más que un trabajo: es también un recordatorio de todo lo que logró. “Yo siento que este lugar me cambió la vida, porque me permitió crecer y demostrar que sí puedo. Superar obstáculos con el Asperger no fue fácil, pero hoy estoy feliz de lo que logré”, afirmó.</p><p>Otro de los aspectos que más disfruta es el vínculo con los dueños, quienes muchas veces llegan preocupados por el estrés de sus mascotas. “Me cuentan que después de venir acá, sus perros vuelven a casa relajados, con otra energía. Eso para mí es lo más lindo: ver que el cuidado y el amor que les doy se nota”, resaltó.</p><p>Rocío también destaca que en “Patitas Mojadas” no solo atiende a perros de familia, sino que abre sus puertas a los comunitarios, porque “ellos también merecen un baño, un corte y cariño”. Para ella, la higiene y el cuidado no son un lujo, sino una forma de devolverles dignidad y bienestar. Quienes quieran sacar un turno pueden comunicarse al 3564 33-9365.</p><p>Con corazón grande, Rocío aprendió a transformar sus dificultades en oportunidades. Su historia es una muestra de que la inclusión se construye día a día, con apoyo, confianza y amor. “Nosotros vemos la vida diferente, totalmente diferente. Y eso no está mal. Solo necesitamos apoyo para desarrollarnos. Yo encontré mi camino y quiero seguir creciendo”, concluyó.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2025/09/rocio_belen_bai.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>A los 23 años, Rocío Belén Bai cumplió su sueño al abrir “Patitas Mojadas”, una peluquería canina en el centro de San Francisco. Superando el síndrome de Asperger y años de bullying, Rocío atiende mascotas de dueños y perros rescatados, devolviéndoles cuidado, cariño y dignidad.]]>
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                <updated>2025-09-13T14:39:27+00:00</updated>
                <published>2025-09-13T14:26:19+00:00</published>
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            Día del Ferretero: Gabriel sigue el &quot;noble oficio&quot; que heredó de su padre
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2024/09/gabriel_gioino_ferretero.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Todos los días, cientos de personas se dirigen a las ferreterías para pedir el “cosito” o el “piquito” y demás elementos necesarios para arreglar y acondicionar diferentes partes de un hogar. Es crucial escuchar el consejo de un profesional experimentado para no empeorar la situación en la casa. Es por ello que los ferreteros son sos héroes que salvan a los “perdidos”.&nbsp;</p><p>Cada 3 de septiembre se celebra el Día del Ferretero, en conmemoración a la fecha en que se fundó la Asociación de Ferreterías, Pinturerías y Bazares, hoy conocida como la Cámara de Ferreterías y Afines de la República Argentina (Cafara). La entidad, creada en 1905, nuclea al sector de ferreterías y empresas vinculadas a la actividad, y es una de las instituciones con mayor tradición y experiencia en el país.</p><p>En San Francisco hay decenas de ferreterías pero hay una especial donde vive una tradición familiar; el negocio CERMAQ. El local fue creado por Eladio Domingo Gioíno, un ferretero de alma, quien falleció hace unos años. Hoy en día, el lugar está a cargo de su hijo, Gabriel Gioíno.</p><p>&nbsp;LA VOZ DE SAN JUSTO dialogó con el comerciante sobre la importancia de este día para él y su familia. “Ser ferretero lo aprendí de muy de chiquitito porque el negocio era de mi papá y es un oficio muy noble, un oficio que tenés contacto con un montón de gente que viene siempre con algún problemita y yo tengo que tratar de solucionarlo”, manifestó.</p>Gabriel también es conocido por regalarles turrones a los hijos de los clientes. “Es un emprendimiento muy familiar”, destacó.<p>Gabriel se detalló entre risas la dificultad que a veces otorgan los clientes a la hora de pedir un articuloespecífico. “Siempre preguntan el 'cosito del pituto' y yo me rió. Por suerte ahora vienen con el celular y me muestran una foto del producto que necesitan”, contó.</p><p>&nbsp;</p>El legado de Eladio<p>El oficio de Gabriel fue inculcado por su padre, Eladio. "Aprendí todo de mi viejo, él me enseñó todo lo que sé y los secretos del oficio. Es un negocio familiar, lo inició mi viejo en el año 75' y lo seguimos hasta ahora", dijo.&nbsp;</p><p>“Me incorporé en el inicio y después yo terminé de estudiar para sumarme a la ferretería. Es un legado que me tocó y es un oficio muy noble, aunque lamentablemente es un oficio que se está perdiendo, viene una nueva generación y es muy distinta”, agregó.</p><p>Finalmente, Gabriel dejó un mensaje a sus clientes: “Quiero darle mis agradecimientos a mis grandes amigos, los clientes, las personas vienen con un problema y yo trato de ayudar a solucionarlo, y cuando lo puedo hacer es muy gratificante”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2024/09/gabriel_gioino_ferretero.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>“Siempre preguntan el 'cosito del pituto' y yo me rió. Por suerte ahora vienen con el celular y me muestran una foto del producto que necesitan”, contó Gioíno sobre ese oficio que le legó Eladio.]]>
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                <updated>2024-09-03T17:27:54+00:00</updated>
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            Amigas toda la vida: la historia sin final de Martha y Nora
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2023/07/dia_del_amigo_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Isabel Fernández|LVSJ&nbsp;<p>En la tormenta o en la luz, siempre están juntas, apoyándose la una a la otra. Martha Molineris y Nora Bonetti tienen 80 años y son mejores amigas desde hace 53, construyeron un lazo tan fuerte que es indestructible y que muestra el pilar fundamental que es la amistad en la vida.</p><p>Ellas se consideran más que amigas, son “hermanas de la vida” dicen, y tan unidas están por ese sentimiento, que incluso son vecinas en Arroyito, sus casas están pegadas y hasta se comunican por el interior, también cumplen años con dos días de diferencia, pasaron un embarazo al mismo tiempo, criaron juntas a sus hijos, disfrutan juntas de sus nietos, viajan y comparten todo. En el Día del Amigo, LA VOZ DE SAN JUSTO eligió reflejar esta historia, seguramente una de muchas que puede haber en el mundo, para celebrar esta fecha tan especial.</p><p>“Para nosotros es una felicidad grande tenernos la una a la otra, siempre tratamos de estar unidas porque nos hace bien, nos hace felices y nos da fuerza. Somos como hermanas de la vida, así que siempre estamos, la que necesita sostén, la otra está para sostenerla, tanto para reír como para llorar. Festejamos juntas los logros de nuestros nietos, de nuestros hijos y nos apoyamos en los momentos malos”, aseguraron Martha y Nora que tenían 28 años cuando comenzaron esta amistad.</p><p>Martha afirmó que es amiga de Nora porque “es muy buena por dentro y por fuera, es tranquila, cuando estoy alterada me baja los decibeles, cuando me siento mal me aconseja, todo lo que tiene para mí es bueno, la quiero así sin condiciones porque siempre me sentí muy contenida y apoyada por ella y quiero que sigamos juntas un buen tiempo más”.</p><p>Nora, por su parte, destacó que Martha “es buenísima, muy compañera, amable, cariñosa, todas las cosas buenas que se imaginen ella las tiene”.</p><p>Ambas son viudas desde hace varios años y aseguraron que su amistad “se unió mucho más” cuando se quedaron sin sus compañeros. Pero no todo es color de rosa, las amigas admiten que no siempre están de acuerdo en todo y aparecen las asperezas, que se encargan de eliminar cediendo y comprendiendo. “A veces tenemos diferencias, nunca fueron grandes, pero cuando las cosas se ponen un poco ásperas, siempre una cede y después volvemos a empezar. Así pudimos llevar adelante esta amistad todos estos años y ojalá que nos dure por muchos años más”, contó Nora.</p>Martha y Nora, en una postal de uno de sus viajesCultivar la amistad con menos redes sociales&nbsp;<p>Reflexionando sobre la amistad en estas épocas, las amigas recomendaron a todos: “Traten de cultivar la amistad, viéndose y conversando, eso es mucho mejor que estar con el celular por más que haya redes sociales. Actualmente muchos tienen muchos amigos en Facebook o en otras redes, pero lo lindo e importante es el contacto humano”, coincidieron ambas.</p><p>Martha y Nora pasan sus días entre el cuidado de las plantas, las tareas de la casa y la cocina, cada una en su casa, pero todas las tardes se juntan a tomar mates y a conversar entre ellas o con dos amigas más que se unen a la ronda. “Conversamos mucho de todo, leemos mucho, nos pasamos libros y compartimos momentos agradables”, contaron.</p><p>&nbsp;</p>Martha y Nora, en el pasado, compartiendo en familia.Viajar juntas y disfrutar<p>Les gusta mucho viajar y en todos estos años compartidos guardan fotos y recuerdos muy lindos de distintos lugares del país y el mundo. Aunque la pandemia las encerró un tiempo, ahora planifican nuevas salidas para divertirse juntas.</p><p>“La pandemia nos ha encerrado un poco, pero siempre veraneábamos juntas. Nos gusta mucho el mar, así que lo elegimos mucho para pasar las vacaciones, también las termas. También viajamos a Europa, México, Punta del Este, disfrutamos mucho”, aseguró Nora.</p><p>Ellas viven una amistad verdadera y es tan grande que contagia. Desde que comenzaron el camino toda la familia se unió a este sentimiento. “Nuestros esposos eran amigos, nuestros padres, nuestras hijas tienen la misma edad y son amigas, toda la familia está unida en esa amistad”, afirmaron. Su historia emociona, es un ejemplo de amor y compromiso que hay que celebrar. ¡Feliz día del amigo!.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2023/07/dia_del_amigo_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Su fuerte lazo emociona, es un ejemplo de amor y compromiso que nos invita a celebrar en el Día del Amigo.]]>
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                <updated>2023-07-20T14:03:53+00:00</updated>
                <published>2023-07-20T13:26:52+00:00</published>
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            El Refugio Nocturno, más que un techo para César
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2023/07/cesar_refugio_nocturno.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Esta es una historia de vida que, cuando la escuchás, es muy difícil evitar la emoción. Hace aproximadamente un año, César, -que es oriundo de la provincia de Tucumán-, salió de Santa Fe y llegó sin querer a San Francisco. “Yo la venía pasando mal en Tucumán porque no había mucho trabajo, y el poco que había te pagaban muy mal. Eso me fue llevando a una depresión que hizo que me vaya de mi provincia hacia Santa Fe”.</p><p>“Allí, me dirigí a un lugar llamado ´El Buen Samaritano´, que es un sitio para personas con problemas de adicciones, que no era mi caso, pero como tengo mi hermano que es sacerdote, me dijo que era un lugar que te sirve muchísimo para que te encuentres con vos mismo y sanes. Después de dos meses en el lugar, me decidí a salir de ahí a buscar trabajo a Córdoba capital”, señaló César.</p><p>En ese momento comenzó la odisea. “Me tomé un colectivo de Santa Fe al cruce de San Carlos y desde ahí a dedo. Paró un camión y me llevó un tramo, a donde también encontré otro camión que iba a Mendoza y me trajo hasta la entrada de San Francisco. Cuando venía caminando, paré en el Parque Industrial a pedir agua y pregunté cómo era la ciudad para pedir trabajo y me dijeron que trabajo había, pero que sin un currículum era muy difícil”.</p><p>En lugar de seguir rumbo a Córdoba, César, que venía muy cansado por el viaje, decidió pasar la noche en San Francisco. Decidido a dormir en la terminal, porque estaba sin dinero, pasó por un kiosco y preguntó si era seguro pasar la noche allí: “la señora me dice que para qué me iba a ir a dormir en la terminal si en San Francisco había un refugio. Me explica cómo llegar hasta el lugar y fui para allá. Cuando llegué me atendieron de diez, me dieron todo para el aseo, y cuando me acosté en la cama era un cinco estrellas para mí”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Gran proyecto&nbsp;<p>El Refugio Nocturno para personas en situación de calle se puso en marcha hace un año y recibe a personas desde las 20.00, pudiendo permanecer en el establecimiento hasta las 8.00 del día siguiente. En ese espacio se les brinda un lugar donde dormir con ropa de cama para pasar la noche, baño, elementos para aseo personal, actividades recreativas, cena y desayuno.</p><p>Este gran proyecto, que fue una decisión del municipio, funciona bajo la órbita de la Secretaría de Políticas Sociales, en un trabajo conjunto con el Consejo Interreligioso Social.</p><p>“Al otro día me fui y me caminé todo el Parque Industrial en busca de trabajo. En la última cuadra, ya medio resignado, me encomendé en Dios. Ahí vi gente trabajando con estructuras metálicas, yo soy metalúrgico, y pregunté. Los muchachos me dijeron que vaya a las oficinas de la vuelta para probar suerte. Cuando llego a la entrada de la empresa me atiende un hombre, al que le comenté que estaba buscando trabajo. Él me dijo que sin un currículum era difícil, pero le comenté mi historia y me hizo pasar a la oficina”, continuó relatando.</p><p>En ese momento comenzó una entrevista improvisada entre el hombre que lo había atendido, que era Omar Spies, dueño de la firma Tecnometal. &nbsp;“Me preguntó cómo había llegado acá y yo le conté mi historia. En un momento de la charla me dijo que iba a hacer algo que jamás había hecho, me iba a dar trabajo sin preguntar más. Me pidieron los datos y a los días empecé a trabajar”.</p><p>“Mientras tanto, yo dormía y comía en el refugio, y me iba a trabajar todos los días, hasta que, después de tanto remarla y con la gran ayuda del dueño de la empresa en la que trabajo, pude conseguir un alquiler, traer a mi pareja de Tucumán a San Francisco y ayudar económicamente a mis hijos que viven en Tucumán también”, siguió César, quien mencionó estar sumamente agradecido por el excelente trato que recibió desde que llegó a la ciudad.</p><p>En la actualidad, tanto él como su pareja son voluntarios en el refugio: “es muy lindo poder estar acá, tratando de devolver al refugio todo lo que hizo por mí, por haberme dado un techo, un plato de comida y una cama digna para poder vivir este tiempo”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2023/07/cesar_refugio_nocturno.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Estuvo en situación de calle y el refugio fue fundamental para salir adelante. Hoy junto a su pareja es voluntario.]]>
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                <updated>2023-07-09T15:00:06+00:00</updated>
                <published>2023-07-09T15:00:00+00:00</published>
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