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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-02T11:45:25+00:00</updated>
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            Malvinas: la fe de una madre, el abrazo que venció al miedo y un recuerdo que volvió desde el archivo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2026/04/malvinas_carlo_diaz.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cada 2 de abril abre una herida que nunca termina de cerrarse, pero también despierta memorias que se sostienen en el tiempo. En este caso, la historia tiene una mirada especial: la de una madre. Haydeé Juana Inés Aimar, mamá del veterano de Malvinas Carlos Díaz, revive aquellos días atravesados por la incertidumbre, la fe y la espera.</p><p>Hoy ambos viven en Mendoza, lejos de San Francisco, la ciudad que los vio crecer y donde se escribió uno de los capítulos más intensos de sus vidas. Sin embargo, el paso del tiempo no borra lo vivido. Apenas lo acomoda.</p><p>“Lo más triste que me acuerdo es que se iban los chicos a la guerra”, resumió Haydeé, con la serenidad de sus 92 años. Su hijo formaba parte de la Fuerza Aérea y fue desplegado en el Escuadrón Pucará. No hubo despedida. Todo fue repentino. “Yo cuando lo me enteré que había guerra, mi hijo ya estaba allá, fue muy triste no poder despedirme de él”, destacó emocionada.</p><p>La guerra comenzó y, con ella, una rutina marcada por la angustia. La comunicación era escasa. Apenas una llamada desde Puerto Santa Cruz y un telegrama que llegó tiempo después que decía que Carlos estaba bien. “Triste”, define ella a ese primer contacto. No había mucho para decir. Tampoco había demasiado que hacer. Pero sí había fe.</p>Haydeé recuerda con emoción el abrazo con su hijo.<p>“Iba a misa todos los días que podía, a rezar para que él estuviera bien, era lo único que podía hacer desde aquí”, detalló. Ese fue su refugio durante más de 70 días que duró la guerra. Rezar, esperar y escuchar la radio. “Sentía terror de que las cosas no fueran bien. Yo pensaba siempre en él, que llegara sano, tanto como todos los chicos que fueron a Malvinas”, recuerda.</p><p>Del otro lado, Carlos tenía 24 años y vivía el conflicto desde el aire. “Para mí era un orgullo participar”, señaló. Fue parte del despliegue en el sur y luego en Darwin, hasta que el 25 de mayo, el mismo día de su cumpleaños, fue evacuado. La mitad de su escuadrón regresó antes; el resto permaneció hasta el final del conflicto.</p><p>Pero esta historia no se detiene en la guerra. Tiene un punto de quiebre en el regreso.</p><p>Haydeé no sabía que su hijo volvía. Aquella noche había asistido a una cena en la ciudad, casi sin ganas, obligada por las circunstancias. Y en medio del evento, lo inesperado. “El conductor del evento había avisado que volvió un héroe de Malvinas y que ya estaba en San Francisco. Cuando me doy vuelta, era él que estaba atrás mío”, manifestó. El reencuentro fue inmediato, profundo, imposible de explicar en palabras. “Me abrazó muy fuerte y yo estaba contenta porque volvió con vida”, dice.</p><p>Ese instante quedó grabado en la memoria familiar. Y también en las páginas de LA VOZ DE SAN JUSTO. Durante la entrevista realizada, ocurrió algo tan inesperado como conmovedor. Carlos recordó que, al regresar a San Francisco, el diario había documentado aquel momento. Se buscó en el archivo. Página tras página. Hasta que apareció. Allí estaba la imagen, el texto, la historia detenida en el tiempo. “Después de setenta y dos días, madre e hijo se confunden en un abrazo emocionado”, decía aquella edición del viernes 28 de mayo de 1982.</p>El reencuentro de un veterano de Malvinas con su madre que quedó en los archivos.<p>Haydeé también había hablado entonces. “Sentí la intranquilidad propia, no sólo por mi hijo sino por todos los hijos de la patria”, expresaba en las páginas. Y agregaba algo que hoy vuelve a tener sentido: “Estoy muy orgullosa”.</p><p>Cuarenta y cuatro años después, la escena se repite, pero con otros matices. Ya no hay guerra, pero sí memoria. Ya no hay incertidumbre, pero queda el eco de aquellos días. El padre de Carlos, que también llevaba su mismo nombre, falleció recientemente, sumando otra capa de emoción a este reencuentro con el pasado.</p><p>“Su padre y yo sufrimos mucho su ausencia, ahora estoy más tranquila”, dice Haydeé. Y cuando se le pide un mensaje para otras madres, no duda: “Que recen mucho y que los chicos tengan suerte”.</p><p>La historia de Carlos Díaz es la de un veterano de Malvinas. Pero también es la historia de una madre que esperó, que rezó y que abrazó. Una historia que, como tantas, encuentra en la memoria y en las palabras una forma de seguir viva.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2026/04/malvinas_carlo_diaz.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>“Cuando me enteré que había guerra, mi hijo ya estaba allá”. Un archivo de LA VOZ DE SAN JUSTO revive el reencuentro entre Carlos Díaz y su madre. A más de cuatro décadas, el testimonio de Haydeé Aimar reconstruye la espera, el miedo y la emoción de aquel regreso.]]>
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                <published>2026-04-02T11:00:00+00:00</published>
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            Juan Gordo y Pentacomb: asumir el legado, sostener la empresa y seguir adelante
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2026/02/juan_gordo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Pentacomb no es solo una firma dedicada a la comercialización de combustibles. Es, ante todo, una construcción familiar que fue creciendo con esfuerzo y compromiso a lo largo de los años. La empresa nació bajo el impulso de Héctor Gordo y, tras su fallecimiento hace algunos años, continuó su camino de la mano de su esposa Lorena y sus hijos Juan Manuel, Santiago y Hernán. En ese entramado, Juan fue asumiendo un rol cada vez más protagónico, siempre desde el conocimiento profundo del trabajo cotidiano.</p><p>Su recorrido dentro de la empresa no fue lineal ni apresurado. Comenzó como playero, pasó por el control de stock y luego por tareas de mayor responsabilidad, hasta llegar al lugar que hoy ocupa. “Es un lugar que me lo fui ganando de a poco”, afirmó a LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>La muerte de Héctor significó un quiebre profundo. El impacto fue inmediato y dejó una ausencia difícil de cubrir. “Fue difícil ocupar ese lugar”, reconoce Juan, no solo por la dimensión empresarial, sino por el vacío emocional que dejó su padre. Asumir responsabilidades en medio del duelo implicó reorganizarse, acompañarse como familia y aprender a seguir adelante.</p><p>En ese contexto, la capacidad de superación se volvió una herramienta central. Juan atravesó momentos personales complejos, marcados por la pérdida y la presión que implica conducir una empresa de gran estructura. Sin embargo, con el paso del tiempo logró recomponerse. “Hoy estoy en un buen momento, me siento feliz y tranquilo”, destacó.</p><p>La conducción de Pentacomb no es una tarea individual. Juan destaca permanentemente el valor del trabajo en equipo, tanto con sus hermanos como con los profesionales que los acompañan. Contadores, abogados y amigos forman parte de una red que permite sostener el funcionamiento diario. Esa contención fue clave para atravesar los momentos más difíciles y seguir proyectando, aun en un escenario económico complejo.</p><p>Actualmente, la empresa cuenta con cuatro estaciones de servicio —dos en San Francisco y dos en Santa Fe— además de un sector agro destinado al almacenamiento y la distribución mayorista de combustible. La magnitud del negocio exige organización, división de tareas y una toma constante de decisiones. “La presión es mucha”, admite Juan, aunque reconoce que con los años aprendió a convivir con ella y a transformarla en parte del desafío diario.</p><p>El vínculo con los clientes es otro de los pilares fundamentales de Pentacomb. Juan habla de relaciones construidas con el tiempo, de personas que acompañan y sostienen. “Somos una familia muy querida”, afirmó, y agradece a quienes siguen confiando en la empresa. Para él, ese respaldo tiene una explicación clara: el trabajo honesto y el trato humano terminan generando un ida y vuelta que se mantiene en el tiempo.</p><p>En ese camino de reconstrucción personal y empresarial, Juan también fue consolidando una forma de liderazgo atravesada por convicciones profundas. “Creemos en el trabajo diario y en que Dios nos guía cuando actuamos con propósito”, destacó.</p><p>Juan forma parte de una nueva generación de empresarios que entiende que hoy no alcanza solo con heredar una empresa: hay que transformarla. Desde San Francisco, lidera estaciones de servicio de la marca Shell y una operación mayorista de combustibles con una visión de gestión moderna, enfocada en resultados y en la adaptación constante a los nuevos tiempos. Junto a su familia, apuestan a decisiones ágiles, a estructuras más livianas, a la profesionalización de los procesos y a una mirada puesta en el largo plazo, aprendiendo de los errores como parte del crecimiento.</p><p>La fe ocupa un lugar central en su vida y también en la manera de encarar el trabajo. Juan menciona a Dios como guía y sostén, especialmente en los momentos más duros. Cree que esa mirada lo ayudó a atravesar la pérdida de su padre y a reconstruirse emocionalmente. Hoy, con el dolor transformado en aprendizaje, elige quedarse con los recuerdos lindos y proyectar el futuro.</p><p>Mirando hacia adelante, Pentacomb busca adaptarse a los nuevos tiempos, ordenar su estructura y sostener su crecimiento. Juan es consciente de que liderar implica asumir responsabilidades que muchas veces no se ven desde afuera. Aun así, elige seguir, convencido de que, con trabajo, fe, y unión familiar es posible superar los desafíos.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/cdn-cgi/image/width=400,quality=75/media/2026/02/juan_gordo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Tras la muerte de su padre Héctor, Juan Gordo quedó al frente de Pentacomb, una empresa familiar que hoy atraviesa un proceso de transformación sin perder sus valores fundacionales. Desde sus inicios como playero hasta ocupar un rol de conducción, su historia es la de un aprendizaje constante, marcado por el trabajo, la fe y la resiliencia.]]>
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                <updated>2026-02-01T14:48:00+00:00</updated>
                <published>2026-02-01T14:41:46+00:00</published>
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