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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Jorge y la memoria compartida de San Francisco a través de internet
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OGC-H9geBM9aKdtw9KdNryRHCOg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/jorge_dovis.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En tiempos de consumo veloz de información y recuerdos fragmentados, el grupo de Facebook San Francisco del Ayer se consolidó como un espacio donde la memoria colectiva encuentra refugio. Allí, entre fotografías antiguas, comparaciones urbanas y relatos del pasado, una de las voces más activas es la de Jorge Dovis, vecino de barrio Roca y un internauta que convirtió su interés por la historia local en un ejercicio cotidiano de reconstrucción y reflexión.</p><p>Dovis aclara, en primer lugar, que no es el creador del grupo. San Francisco del Ayer fue impulsado por Lucas y Daiana Fissore en plena pandemia. Él se sumó como miembro en marzo de 2024, atraído por una propuesta que coincidía con una búsqueda personal de muchos años: recopilar imágenes del pasado de la ciudad. “Hace tiempo que vengo tratando de reunir fotografías del San Francisco del ayer”, explicó a LA VOZ DE SAN JUSTO. Parte de ese archivo tiene un origen íntimo: cuando tenía poco más de veinte años, tomó fotografías con la idea de registrar el presente de aquel momento para poder mirarlo en el futuro.</p><p>A ese material propio se sumó un valioso conjunto de imágenes del histórico fotógrafo, Miguel Crisanto Molina, quien fue durante décadas el fotógrafo oficial de la Fábrica Militar. Entre esas imágenes se encuentran registros emblemáticos, como la visita de Juan Domingo Perón y Eva Perón a San Francisco para la inauguración del primer acueducto. “Fue un excelente compositor”, destacó Dovis, al referirse al valor estético y documental de esas fotografías.</p><p>Pero su aporte al grupo no se limita a compartir imágenes. Dovis propone una mirada conceptual sobre el vínculo que la comunidad mantiene con el pasado. Incluso formuló una hipótesis que generó debate dentro del grupo: sostiene que el apego al San Francisco del ayer está ligado a la necesidad humana de negar la finitud, de “rebobinar el pasado para detener el tiempo, aunque sea de manera imaginaria”. Para él, ese ejercicio es una forma simbólica de preservar la vida y las experiencias que ya no existen.</p><p>Profesor en geografía y ciencias biológicas, Dovis amplía el enfoque histórico hacia el territorio. Le interesa no solo la ciudad construida, sino también su geografía profunda, muchas veces ignorada en la educación formal. Cuestiona que durante su formación escolar se priorizara el estudio de lugares lejanos y se desaprovechara el entorno inmediato como objeto de conocimiento. “La geografía se empieza a conocer desde donde uno vive”, sostiene.</p><p>&nbsp;En ese sentido, menciona fenómenos poco difundidos, como el resalte geológico visible en la ruta 17, producto de antiguos movimientos telúricos, o el destino de las aguas pluviales y cloacales de la ciudad. Adelanta que trabaja en la identificación de varios puntos de interés geológico de la región, que planea difundir con mapas ilustrativos para acercar ese conocimiento a la comunidad.</p><p>El trabajo de Dovis se apoya en múltiples fuentes: archivos personales, material facilitado por Gustavo Malpassi, el Archivo Gráfico y Museo Histórico, publicaciones de La Voz de San Justo y una amplia bibliografía local. Entre los autores que menciona se destacan Joaquín Gregorio Martínez, Julio Fabry, Raúl Villafañe, Tito Lamberti, Carlos Cornaglia, Arturo Bienedell y las memorias de Blas Casali, escritas en el siglo XIX.</p><p>Las publicaciones que generan mayor interacción son aquellas que comparan esquinas, edificios o comercios del pasado con imágenes actuales. Allí, la memoria individual se vuelve colectiva: los comentarios se llenan de recuerdos, anécdotas y vivencias. “Es muy motivante”, reconoce Dovis, quien entiende esa retroalimentación como un estímulo para seguir compartiendo contenidos.</p><p>Aunque muchos le sugieren escribir un libro, él descarta por ahora esa posibilidad. Prefiere la libertad del formato actual, que le permite “picotear” entre temas diversos: geología, hechos políticos, sucesos policiales o momentos históricos. Su actividad principal es otra, puesto que dirige una panificadora mayorista. De igual manera, deja en claro que San Francisco del Ayer no responde a una obligación laboral, sino a una pasión y a un hobby que quiere continuar.</p><p>En ese gesto cotidiano de publicar, comparar y pensar el pasado, Jorge construye algo más que un archivo digital: propone una manera distinta de mirar la ciudad, entendiendo que la historia no es solo lo que fue, sino también la forma en que elegimos recordarla.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OGC-H9geBM9aKdtw9KdNryRHCOg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/01/jorge_dovis.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Miembro activo del grupo de Facebook San Francisco del Ayer, Jorge Dovis comparte imágenes, archivos y reflexiones que invitan a reconstruir el recuerdo de la ciudad desde una mirada histórica, geográfica y colectiva.]]>
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                                <category term="san-francisco" label="San Francisco" />
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                <published>2026-01-18T14:01:04+00:00</published>
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            Darío Bonino, 43 años contando la vida del pueblo
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YMgTgVj231BD3UjrEmKoY_jBM7c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/dario_bonino.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay gestos que se transforman en legado. Y hay personas que, sin buscarlo, se convierten en guardianes silenciosos de la historia.</p><p>Desde mayo de 1982, Darío Bonino comenzó a escribir pequeñas grandes historias de su comunidad. Con aquella primera nota sobre un evento solidario para los combatientes de Malvinas en el Club Atlético Florida, dio inicio a un camino que nunca abandonó: el de narrar la vida cotidiana de Clucellas.</p><p>Pasaron 43 años desde aquella publicación en LA VOZ DE SAN JUSTO, y lo que empezó como una colaboración se volvió vocación. Cada noticia fue más que una crónica: fue una forma de dejar testimonio del tiempo, de los logros, los duelos, las fiestas, los cambios y la identidad de su gente.</p><p>Y no sólo escribió. Darío guardó todo. Absolutamente todo. Cada artículo impreso está cuidadosamente clasificado en 43 biblioratos, uno por año, organizados de manera cronológica. Son su archivo, pero también su orgullo. En sus manos, la historia de Clucellas no se pierde: se conserva como un bien precioso. “A menudo vienen instituciones o vecinos a consultar alguna nota vieja. Es lindo saber que eso sirve, que ayuda a recordar o a proyectar el pueblo que queremos”, cuenta emocionado.</p><p>Su tarea fue creciendo. Con el tiempo, además de ser corresponsal de LA VOZ DE SAN JUSTO, se sumaron colaboraciones con La Opinión y Diario Castellanos, ambos de Rafaela. Y también llegaron las redes sociales. Hoy Facebook es otra vía para reflejar lo que pasa. Pero el papel sigue teniendo otro peso: verlo impreso es distinto. Tenerlo en la mano, guardarlo, volver a leerlo... Es un sentimiento difícil de explicar.</p><p>En los 110 años de vida de nuestro diario, el trabajo de Darío encarna el espíritu de tantos corresponsales que, desde cada rincón de la región, aportaron a construir la memoria colectiva. Son ellos quienes, con humildad y constancia, siguen relatando la realidad de nuestras comunidades y su gente.</p><p>Darío nunca pensó en dejarlo. Su carpeta, sus recortes, su archivo, son también parte de su propia vida. “Es mi forma de ayudar a que no se olvide lo que fuimos. La idea es continuar con esta tarea cotidiana para que la historia de Clucellas se preserve”.</p><p>Así, entre notas, recuerdos y vocación, su historia como corresponsal sigue sumando páginas. Porque mientras haya alguien dispuesto a mirar con atención lo que ocurre y escribirlo con pasión, siempre habrá un pueblo que se sienta visto, acompañado y recordado.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YMgTgVj231BD3UjrEmKoY_jBM7c=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/06/dario_bonino.png" class="type:primaryImage" /></figure>Durante más de cuatro décadas, documentó cada historia que ocurrió en Clucellas. Guarda sus artículos en biblioratos como si fueran tesoros. Su tarea en LA VOZ DE SAN JUSTO y su compromiso resumen el alma de los corresponsales regionales.]]>
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                                <category term="la-region" label="La Región" />
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                <published>2025-06-05T18:24:04+00:00</published>
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            Un sepelio que atrajo la atención en 1942 por el lujoso ataúd
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xcmsW9sVRnYgEmPKnCIId0Vil4w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/historia_ataud_de_lujo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Arturo A. Bienedell | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>José Carlos Devallis Vaudagna, con su libro “Miramar: Memorias del pasado”, vuelve a aportar una historia curiosa ocurrida en Córdoba y San Francisco, a partir del relato del fallecimiento e inhumación de un conocido rico personaje de las primeras décadas del siglo XX.</p><p>Aborda en su escrito la personalidad de su tío Francisco Vaudagna, un próspero hombre de negocios que frecuentó nuestra región: Miramar, El Fuertecito, Rafaela y nuestra ciudad; vivió soltero y viajó por Italia, hasta que un mal incurable en esos tiempos puso fin a su existencia en Córdoba.</p><p>Al describir al tío “Pancho”, lo define como “un gran empresario que tuvo una destacada actuación en las esferas del comercio, ya que fue socio de la firma “José Paviolo, Vaudagna y Cía.”, en Rafaela donde abrió sus puertas en 1923. En el año 1938, junto con amigos, entre ellos César Scarafía, Beltramone y otros, fundaron la Empresa de Seguro “El Norte” en San Francisco”.</p><p>En 1942, Francisco enfermó y estuvo mucho tiempo internado en un sanatorio hasta que falleció en la madrugada del 27 de junio. Los familiares compungidos por la muerte debieron decidir rápido los trámites para el traslado del cuerpo y el sepelio en San Francisco, donde la familia contaba con un panteón para inhumarlo.</p><p>Una funeraria tradicional de la capital provincial estaba instalada frente al nosocomio donde murió Vaudagna, y hacia allí dirigieron sus pasos los deudos del extinto.</p><p>Devallis Vaudagna relata en su libro que el empleado que los atendió los llevó al sótano para que elijan el ataúd y en el lugar de exhibición estaba un cofre de bronce que les llamó la atención. A requerimiento de los interesados el funebrero les manifestó que era de origen italiano y, a comienzos de la década de 1930 se habían traído tres al país por una empresa de Buenos Aires y éste, al no poder venderlo allá, fue enviado a Córdoba. Luego de una “interconsulta” familiar hicieron las tratativas para adquirirlo y la misma empresa se encargó de trasladarlo hasta San Francisco.</p><p>Después del velatorio lo depositaron en el panteón donde ya estaban reposando otros miembros de familia. “Fue una novedad. ¡Había que ver la curiosidad de la gente por observar el ataúd a través de los vidrios del panteón ya que los cajones estaban a la vista!”. Una legislación de la década de 1970 obligó a que en todos los panteones y nichos del Cementerio Municipal debían sacar de la visión general los ataúdes, por lo se fueron tomando medidas para cumplir con la ordenanza.</p><p>De ser real el dato del funebrero cordobés podría ser éste, uno de los tres exclusivos cofres de esas características en el país. No lo sé. Pero es el único, seguro, en nuestro cementerio y aporta un dato curioso para la historia de la necrópolis que siempre genera atractivo cuando, por ejemplo, desde el Archivo Gráfico y Museo Histórico, organizamos Paseos Culturales para conocer sus patrimonios fúnebre y arquitectónico.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/xcmsW9sVRnYgEmPKnCIId0Vil4w=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/historia_ataud_de_lujo.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El entierro del empresario Francisco Vaudagna en el Cementerio Municipal fue motivo de comentarios por la personalidad del extinto, pero también por el cofre elegido
para su descanso eterno.]]>
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                                <category term="san-francisco" label="San Francisco" />
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                <published>2025-04-22T14:19:30+00:00</published>
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            ¿El egoísmo atentó contra la masonería en San Francisco?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iSbzOioMRY0H0G4EDAuBjz1Dgow=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/amadeo_belen_cabrera.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Arturo A. Bienedell | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>El 22 de abril de 1917 falleció el exconcejal y director de la Banda Municipal de Música Luis Amalvy, “apreciado vecino” que en diversas sociedades ocupó cargos directivos siendo además venerable de la logia masónica “Porvenir Social”.</p><p>Amadeo Belén Cabrera, por entonces de 30 años, fue uno de los oradores que lo despidieron y luego de desear a Amalvy “paz, paz, paz”, expresó: “Descendéis a la tierra. El Gran Arquitecto del Universo ha puesto fin a tu misión en el mundo (…) en la cual cosechasteis muchas espinas entre las pocas flores que embriagaron con el perfume de las satisfacciones íntimas a vuestro corazón”.&nbsp;</p><p>Previamente, Belén Cabrera, periodista y masón, publicó en LA VOZ DE SAN JUSTO del 5 de noviembre de 1916 su artículo “Vida masónica”, en el cual sostenía: “Un colega ha sacado de su sueño el tema masónico local argumentando a su respecto extensamente.</p><p>En la localidad hay masones, pero, en su inmensa mayoría, no han penetrado el espíritu ni conocen la misión de la masonería, resultando ocioso disertar sobre la materia. En su hora, sus elementos, se han vinculado por interés o por curiosidad cuando no por vanidad: el de creerse superiores a los ojos de los profanos al guarecerse bajo la sombra de las desconocidas y para muchos, misteriosas prácticas de la institución.</p><p>Para los masones de verdad nunca caduca ni se olvida la fe jurada y aunque no sean respetados sus derechos, cumplen siempre con sus deberes sin mirar consecuencias futuras.</p><p>El masón de verdad practica el bien por el bien mismo.</p><p>Se diferencia del egoísta, que cierra su corazón a toda obra de bondad, que tiene la escuela de hacer el mal por el mal mismo o por lo que le reporta en utilidad o satisfacción.</p><p>Hay masones acá que no se cansan de recibir bien y aprovechan sus ventajas, pero si tienen oportunidad de hacerlo a su vez, se niegan, encastillándose en su negro egoísmo, siempre utilitarista.</p><p>La masonería tiene también sus Tartufos. Son los roedores del Ideal.</p><p>Hoy, los hermanos de este valle, abatido su taller por inercia colectiva, se dedican a la tarea de perseguirse mutuamente, ora atacando la obra ajena en los distintos negocios de la vida, ora calumniando a los hermanos en la fe jurada al sentirse vencidos en la lucha cotidiana ante el éxito ajeno, y mordidos por la sierpe de la envidia, dejan que los eslabones fraternales sean rotos por los demonios de las pasiones.</p><p>Es, a esta derrota, que se duerma en este valle y a que los masones de la localidad no sirvan para el bien y estén fuera de la buena senda”.</p><p>Belén Cabrera, fijó así su punto de vista. Crítico por cierto, asegurando que si la masonería no prosperaba en San Francisco era por el individualismo de sus protagonistas que minaban la acción de cualquier logia que quisiera funcionar con los roles que a sí mismas se asignan.</p><p>Resumiendo, el factor de individualismo que aún los individualistas actuales critican para una gran parte de nuestra comunidad y que una mayoría reconoce como de real existencia, pudo haber sido el desencadenante de la ausencia de masones en San Francisco o, al menos, de logias masónicas conocidas porque masones los podía haber con residencia en nuestra ciudad, pero actuando en otros medios de la región, tal el caso de Rafaela donde tuvieron un desarrollo, al parecer, más notable.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iSbzOioMRY0H0G4EDAuBjz1Dgow=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/amadeo_belen_cabrera.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La masonería es un tema aún no tratado en los estudios de historia en San Francisco.
Siempre fue considerado con distancia y se lo cubrió con un velo de secretismo, casi profundo como el que en la realidad estas organizaciones tienen.]]>
                </summary>
                                <category term="san-francisco" label="San Francisco" />
                <updated>2025-04-07T14:01:03+00:00</updated>
                <published>2025-04-07T14:00:42+00:00</published>
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            Intendentes nuestros que se destacaron por sus verseadas
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        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/intendentes-nuestros-que-se-destacaron-por-sus-verseadas" type="text/html" title="Intendentes nuestros que se destacaron por sus verseadas" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hGTCwovlGdgt6UHaoMRnypWjns4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/juan_ricardo_cornaglia_y_raul_g_villafane.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Arturo A. Bienedell | LVSJ&nbsp;<p>Dos intendentes radicales de San Francisco quedaron grabados en la memoria popular no solo por sus gestiones sino también por sus verseadas, por ser autores de poemas, de versos que marcaron sus sentimientos en diferentes épocas.&nbsp;</p><p>Es necesario aclarar también que la palabra verso, así como se vincula a poesía, lleva enseguida a las expresiones “hacer el verso” o ser “versero” que la Real Academia de Lengua Española define como “mentiroso”, aclarando que es una expresión lunfarda de la Argentina y Uruguay.</p><p>Raúl Guillermo Villafañe, médico con fuerte presencia social y cultural, fue intendente desde 1936 a 1940 y de su gestión se recuerda la creación de grandes espacios verdes como el Parque Cincuentenario, las plazas Sarmiento y 1ro. de Mayo y la concreción de la plaza Vélez Sarsfield que, sin bien estaba prevista desde 1888 fue, desde la década de 1910 hasta 1938 sitio de los clubes Tiro y Gimnasia y Sportivo Belgrano. De igual modo dio origen a la Academia Municipal de Bellas Artes y dejó la idea de la necesidad del primer museo de San Francisco. Desde su adolescencia en la Escuela Normal se destacó por su encendida oratoria en actos públicos y así continuó hasta que, ya adulto y sereno, en 1950 editó su libro “Charlas de aldea”, con textos y poesías que hacían a la historia de personas y hechos del pueblo de su adolescencia y juventud. Hubo luego otro libro memorable: “Nuevas charlas de aldea”. Fue conferencista destacado y siempre lucía moño de vate al cuello, recitando y reflotando temas que el público apreciaba tanto como sus pacientes lo hacían por su dedicación profesional. Su nombre identifica hoy a la Escuela Superior de Bellas Artes, a una escuela primaria y un espacio verde en cercanías de la Municipalidad.</p><p>Tiempo después, quizás por escuchar a Villafañe, el entonces joven Juan Ricardo Cornaglia, se inspiró y comenzó a escribir sobre temas que lo rodeaban. Fue descriptivo de lugares nuestros y de algunos personajes, pero también de cuestiones circunstanciales desde los años 50 hasta avanzados los ´70.</p><p>Por herencia familiar, con su hermano Luis administró la prestigiosa empresa funeraria fundada por su padre Ricardo José “Cuerpito” Cornaglia, y más de un sepelio contó en la despedida del difunto con una elegía recitada por “Toto” Cornaglia. Un homenaje que emocionaba más a los deudos que agradecían expresivamente el gesto del inspirado funebrero.</p><p>Sus obras fueron publicadas en La Voz de San Justo que, en la página Sociales, daba difusión a sus textos que siempre fueron muy bien apreciados por cuanto eran una visión emotiva de algún suceso dramático reciente o el reflejo de alguna existencia que dejó su marca positiva en nuestra sociedad.</p><p>En 1983 fue elegido intendente en el retorno del país a la democracia y gobernó hasta 1987.</p><p>Sin ánimo de competencia, cierro esta evocación con una imperfecta verseada propia:</p><p>&nbsp;</p><p>“Don Raúl y don Ricardo,</p><p>destacados en verseadas,</p><p>intendentes del antaño,</p><p>recordados en hogaño</p><p>por las obras realizadas”.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hGTCwovlGdgt6UHaoMRnypWjns4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/03/juan_ricardo_cornaglia_y_raul_g_villafane.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Varios intendentes dejaron testimonios escritos de sus gestiones. Serafín Trigueros de Godoy, Guillermo Peretti y Juan O. Lamberghini, son algunos de ellos. Eugenio Savino lo hizo sobre medicina e historia y Tristán Paz Casas por su paso en la política.]]>
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                <updated>2025-03-11T15:03:50+00:00</updated>
                <published>2025-03-11T15:03:48+00:00</published>
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            Silvina Berta, rafaelina que dejó su impronta social en San Francisco
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/U3eFbX1a3tdQgQE4TPUQrLKZtAc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/silvina_berta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Arturo A. Bienedell | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Desilusionada con lo que</p><p>San Francisco le ofrecía,</p><p>desechó la crítica para</p><p>trabajar por mejorarlo.</p><p>&nbsp;</p><p>“¡Hay tanto para contar de los 65 años que viví en esta ciudad que quiero”!, dijo Guillerma Antonia Bárbara Silvina Berta en una entrevista que le realicé en 1985 y se conserva en el Archivo Gráfico y Museo Histórico de San Francisco y la Región, parte de la cual rememoro aquí.</p><p>Fue apasionada de la aviación y una de las primeras mujeres que acá tuvo carné para conducir automóviles, llegó a ser en la época del Centenario de la ciudad en 1986, la empresaria más antigua de la ciudad.</p><p>Nacida en 1895, llegó a San Francisco el 20 de junio de 1920. “Ese día lo encontré muy feo, me entró una desesperación que me enfermé. Porque las calles estaban con barro y el agua salitrosa hacía que estuvieran todas blancas, en la zona de Juan B. Justo entre Libertad y 9 de Julio estaba la “laguna de Boero” y las casas donde primero viví no eran como las que yo estaba acostumbrada a habitar".</p><p>Sus palabras respondieron en un todo a una verdad: nuestras calles fueron todas de tierra hasta 1932 cuando comenzó la lenta tarea de adoquinado y luego de pavimentaciones; las napas de agua arsenical y salitrosa estaban a flor del piso en calles y viviendas; no hubo agua corriente sino hasta 1948 ni cloacas hasta 1957. También era deficiente la iluminación pública, pero todo cambió con el transcurrir del tiempo conforme también se afianzaba el afecto de Silvina por su ciudad de adopción.</p><p>Llegó con su primer esposo Andrés Amongero, con quien inició un negocio de venta de vidrios y pinturas y también tenían una concesionaria de automotores, de allí la pasión de Silvina por los automóviles, en especial los deportivos.</p><p>“Cuando todavía no estaba el Aero Club, la pista de aviones estaba en lo de Santiago Puzzi, en Frontera, que fabricaba implementos agrícolas y tenía aeroplanos con los que transportaba repuestos y yo solía acompañarlo. Me hubiera gustado pilotear así que lo hablé con Puzzi quien accedió a enseñarme, pero en esos días en un accidente de aviación se mató su hermano Vicente, entonces mi madre me aconsejó que no aprendiera. Pero yo tenía mucho entusiasmo…”.</p><p>El 8 de diciembre de 1931 Silvina enviudó y en 1942, se casó con Pedro Zarranz, quien fue primer gerente del Banco de Préstamos de la Provincia que luego fue el Banco Social de Córdoba.</p><p>Silvina, tía de Oreste Berta, fue una rafaelina que llegó para dejar una marca en ámbito social sanfrancisqueño. Sin descuidar su rol familiar y comercial, aportó tiempo e ideas para mejorar instituciones como el Cottolengo y el Rotary Club, además de la escuela Iturraspe desde su Cooperadora cuando ese establecimiento requería un nuevo edificio. Tras aquella decepción original, se propuso dejar la crítica de lado para sumarse con ejemplos al colectivo comprometido que nos legó el San Francisco actual.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/U3eFbX1a3tdQgQE4TPUQrLKZtAc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/01/silvina_berta.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Esta apasionada de la aviación y una de las primeras mujeres que acá tuvo carné para conducir automóviles, llegó a ser la empresaria más antigua de la ciudad.]]>
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                                <category term="san-francisco" label="San Francisco" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-01-05T11:00:00+00:00</published>
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            Blas Massafra, una vida iluminada por el arte de la danza
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                <![CDATA[AM 1050 Radio San Francisco]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XioyQr0krFHt_uyFaFujV1eljRY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/blas_massafra_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Arturo A. Bienedell l LVSJ</p><p>Si hay un nombre en la historia de San Francisco que sea la identificación de la danza clásica, es el de Blas Massafra, quien en 1961 constituyó en nuestra ciudad el primer Ballet de Cámara y bregó desde entonces incansablemente para imponer el gusto por la danza en el público local.</p><p>Nació en 1936 en Villa María, hijo de padres italianos, Roque Massafra y Rosa Doguardi; la mamá era ama de casa y el papá “verdulero y comisionista que viajaba a los pueblos a buscar cosas y traerlas en tren a Villa María”.</p><p>En una entrevista que le realicé en 2006, recordó su incursión con el Ballet de Cámara y el entredicho planteado a través de LA VOZ DE SAN JUSTO en 1961 entre Mauricio Ferrari Nicolai -que por un lado elogiaba el empeño en concretar un Ballet de Cámara y por otro objetaba “errores” que había advertido en el estreno-, y Dionisio A. Cartes Urdaniz que defendía al elenco y alentaba a que la juventud “opté por el camino de la luz, la belleza y el arte como su expresión de máxima jerarquía”.</p><p>“La ansiedad por el baile se me despertó cuando vi una película muy importante de entonces que se llamaba “Las zapatillas rojas” que me dejó anonadado, lo sentí en el cuerpo y me dije “Esto es lo que quiero hacer yo”, reveló.&nbsp;</p><p>Se formó en Córdoba y ya con conocimientos y práctica, luego de bailar en Mar del Plata, en 1958 en Buenos Aires se sumó a un elenco integrado por bailarines del Teatro Colón, “eso me obligó a perfeccionarme y lo hice tomando clásico con María Ruanova, que era una gran docente y mujer, contemporánea con María Fux y Ada Hunicken.&nbsp;</p><p>Contó después que cuando llegó a San Francisco, conoció a Norma Navarro profesora de danza. “Fui a ver una clase y me gustó cómo enseñaba el baile folclórico. A mí el folclore no me gustaba, pero Norma me hizo ver una cosa que me agradó; por entonces no se hacía mucha danza estilizada, pero ella lo hacía en una forma que parecía todo estilizado y de esa relación y con algunos de sus alumnos formamos el Ballet de Cámara donde había más varones que mujeres, el “Negro” Carlos Bergesio fue bailarín mío”.</p><p>En 1973 surgió la Escuela Municipal de Danzas Clásicas y Contemporáneas que funcionó hasta 1976. Allí relató un momento tenso de su vida: “Cuando renuncié las nuevas autoridades se enojaron conmigo, entonces poco después cuando abrí una academia de danza en calle Iturraspe cerca del Hotel Americano, empezó una persecución policial por una falsa denuncia de estafa. Me seguían, me buscaban en mi casa a cualquier hora del día, a la noche, a la madrugada, me llevaban a la policía, me cerraron el estudio y, obviamente, yo estaba mal. Buscaron testigos entre chicos que eran alumnos, en lugar de citar a adultos y bueno, el doctor Jorge Martínez fue mi abogado y solucionó el asunto en un mes, me salvó de una situación muy fea porque yo lo veía así cuando iba a la Jefatura de Policía, donde había gente detenida y leyendo libros, caminado de punta a punta el patio porque seguramente no sabía qué le iba a pasar. Después de eso me levantaron la clausura de la academia y se desvirtuó la denuncia”.</p><p>“Lo que hice en el arte y en mi vida, lo hice conscientemente. Cuando volví a abrir una academia de danzas clásicas mi afán fue darles a los chicos la mejor formación básica para que cuando tuvieran estudios superiores en Córdoba, por ejemplo, vayan bien preparados y no se malogren sus vocaciones”, concluyó.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XioyQr0krFHt_uyFaFujV1eljRY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/blas_massafra_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Marcó una impronta en la actividad cultural de San Francisco a mediados del siglo XX, liderando contra los preconceptos de la época un elenco y una prestigiosa academia de danzas.]]>
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                                <category term="cultura" label="Cultura" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2024-11-03T19:46:47+00:00</published>
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