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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            “De todo se sale laburando”: la historia de superación de Maxi, un mecánico de barrio
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Utbs1ZW6-jYP0IU9FyWKsqL6cq8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/maxi_pampiglione.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 5 de abril de 2021, el fuego consumió en minutos lo que a Maximiliano Pampiglione le había costado años construir. Su taller de motos “RR”, ubicado en Ramón y Cajal al 700, en San Francisco, quedó reducido a cenizas. Perdió herramientas, motos, piezas de colección, recuerdos, pero sobre todo, perdió un espacio que era una extensión de sí mismo. Más de cuatro años después, “Pampi” reconstruyó mucho más que un taller: rehizo su vida, reorganizó su trabajo y encontró nuevas formas de proyectarse&nbsp;sin olvidar lo vivido.</p><p>“Hoy estamos bien, trabajando mucho. Por momentos desbordados, pero bien organizados”, destacó el mecánico. Junto a otras dos personas, lleva adelante el nuevo taller con turnos online, lo que les permite optimizar tiempos y atención. “Antes no teníamos esta organización, ahora es distinto”, aseguró a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Además del trabajo en el taller, Maxi da clases de mecánica y electricidad en la universidad. La docencia, que surgió por pedido de la gente, se convirtió en una parte esencial de su presente. “Yo ya venía dando clases en Córdoba, en una academia privada. Desde la Secretaría de Extensión Universitaria me propusieron armar un curso de mecánica de motos porque lo pedían mucho. Lo armamos en dos partes: cuatro meses de mecánica y tres de electricidad. Así logramos que más personas puedan hacerlo, sin que se les haga tan largo”, indicó.</p><p>Habla con naturalidad de su actualidad, pero al evocar aquel incendio de 2021, la voz cambia. “De ese día particular solo queda eso: el incendio. El resto es lo que vino después”, señaló. El después fue difícil, angustiante, lleno de incertidumbre. “La pasamos mal, muy mal. No había herramientas, no había motos. Más allá de las pérdidas materiales, estaba todo ese vacío, la sensación de no tener por dónde empezar”, agregó.</p>“Nos ayudó una banda de gente. San Francisco es una ciudad solidaria”, destacó el mecánico.&nbsp;<p>El impacto fue tal que durante mucho tiempo pensó que no se repondría. “Veíamos todo negro con mi pareja, estaba completamente perdido. No sabía cómo íbamos a salir de esa”, añadió. Sin embargo, con el correr de los meses, y con la ayuda de mucha gente, comenzó a reconstruir. Meses después, volvió a abrir el taller. Pero la sensación no era la misma.</p><p>“Yo entraba y sentía que no era mi taller. Decía ‘este no es, yo quiero el anterior’. Me levantaba y lloraba por las cosas que ya no estaban, por las motitos de colección que tenía, que me acordaba cómo las había conseguido. Eso te queda adentro. Te duele”, confesó.</p><p>El proceso de duelo por lo perdido fue largo, incluso llevó años. Pero con el tiempo, todo empezó a acomodarse. “Te vas acostumbrando a lo nuevo. Y un día te das cuenta de que las cosas no solo se reacomodaron, sino que empezaron a mejorar. Hoy, el espacio es más amplio que antes, por ejemplo, hay una pared que se derrumbó nunca se volvió a levantar. En este sentido, la dinámica de trabajo cambió para bien”, remarcó.</p><p>“Pampi” no duda al decir que todo se logró “laburando”. No hubo otra fórmula. “Si yo me hubiera tirado, si no hubiese trabajado más, hoy estaría lleno de deudas, trabajando de empleado en cualquier lado. Todavía tenemos deudas, claro, porque no se sale de una pérdida así de un día para el otro. Pero se sale. Todo con tiempo, paciencia y trabajo”, comentó el mecánico.</p><p>La pregunta inevitable es a quién le agradece todo ese acompañamiento. Y ahí no hay una respuesta única. “No te podría decir quién fue la persona que más me ayudó. San Francisco es una ciudad muy solidaria. Cuando pasa algo, la gente se mueve. Nos conocemos todos, y eso se nota. Te ayuda gente que no esperabas. Te sorprende, a nosotros nos ayudó una banda de gente y eso es muy reconfortante”, manifestó.</p><p>En esa red de contención aparecen amigos, conocidos y también personas que se acercan en el momento justo con las palabras necesarias. “Me pasó de tener charlas con amigos que me hacían ver las cosas de otra manera. Porque en ese momento uno no ve nada. Ves todo mal, todo negro. Y alguien te dice algo y hacés un clic. A veces es una charla. A veces es un gesto. Y eso te mueve”, destacó.</p>En 2021, un incendio destruyó su taller, y con él, años de esfuerzo. (Archivo)&nbsp;<p>Cuando se le pregunta si el Maxi de 2021 creería en el presente que está viviendo, no lo duda: “No. Bajo ningún concepto y si alguien hubiese venido del futuro a decirle que todo esto iba a pasar, probablemente hubiese rechazado esa posibilidad. No lo hubiera querido pasar. Por más que me dijeran que hoy estaría mejor, que estaría más cómodo, no. Porque lo que no se tiene en cuenta en todo esto es el impacto psicológico”, remarcó.</p><p>Lo económico es una parte. Pero hay otra dimensión más profunda. En este sentido, indicó: “Ese día del incendio se me murió una parte mía. Una parte que no vuelve. Porque para sobrevivir, algo tenés que dejar atrás. Y ese impacto no es solo en lo material, es en las relaciones, en la pareja, en uno mismo. Estás, pero no estás. Estás con la cabeza en otro lado”.</p><p>Durante más de dos años y medio, Maxi sintió que no estaba presente. Iba al taller, vivía el día a día, pero su mente seguía atrapada en lo que había pasado. “Hasta que un día decís ‘pará, esto me está haciendo mal a mí y le está haciendo mal a los que me rodean’. Y ahí empezás a salir. A volver”, detalló.</p>“Pampi” y su taller.<p>La familia, en ese proceso, fue su pilar. Pero no en el sentido tradicional. “Mi familia es mi novia y mis perros. Tengo una perrita blanca que tiene 14 años, y a veces le pido perdón por todo lo que le hice pasar. Ella también se comió todo el incendio, estuvo ahí conmigo en todo”, comentó. El concepto de familia, para él, es amplio. “Las amistades son familia. La gente que uno elige es familia y esa familia no me dejó nunca tirado”, agradeció.</p><p>&nbsp;</p><p>Hoy, a más de cuatro años de aquella jornada trágica, Maximiliano Pampiglione volvió a ponerse de pie. Su taller funciona, enseña, trabaja con empresas, tiene una vida ordenada. Pero sobre todo, lleva en la espalda la experiencia de haber perdido todo y haberlo reconstruido, paso a paso, sin atajos. “No se sale de un incendio rápido. No hay magia. Pero se sale. Y si se sale, es trabajando”, concluyó.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Utbs1ZW6-jYP0IU9FyWKsqL6cq8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/07/maxi_pampiglione.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Tras un devastador incendio que lo dejó sin herramientas, motos, taller ni rumbo, Maximiliano Pampiglione reconstruyó su oficio y su entorno desde cero. El paso del tiempo, el apoyo de su gente y una enorme voluntad lo pusieron nuevamente en marcha. Hoy comparte lo vivido y lo aprendido.]]>
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                <published>2025-07-12T13:00:49+00:00</published>
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            Una receta de amor y esfuerzo que se cocina a la parrilla
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uBdUW7ufovYDx2BXNM7qGy2mfTg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/tortillas_a_la_parrilla_marcelo_correa.jfif" class="type:primaryImage" /></figure>Por Luis Giordano | LVSJ&nbsp;<p>En el corazón del barrio Consolata, un aroma ahumado guía a los vecinos hacia un rincón que, más que un emprendimiento, es un punto de encuentro. En su puesto de tortillas a la parrilla, Marcelo Correa no solo amasa harina, sino también sueños y recuerdos que evocan a sus abuelos, quienes le legaron más que una receta, la filosofía de esforzarse.</p><p>Mientras preparaba el fuego para poner las primeras tortillas en los fierros, Marcelo contó a LA VOZ DE SAN JUSTO que el negocio empezó “de casualidad” cuando fue de vacaciones a las sierras. “Antes de este emprendimiento, mi vida transcurría en los puestos callejeros, teníamos uno cerca del camino interprovincial. Un día de vacaciones, vi a un muchacho haciendo tortillas a la parrilla y algo me hizo clic. Cuando volví a casa, decidí probar suerte”, manifestó el vendedor.</p><p>De esa manera, sobre un chulengo improvisado y bajo el abrumante calor de enero, Marcelo inició un camino lleno de esfuerzo que no fue fácil. “Vendíamos de a poco, una, dos, tres tortillas. Fue empezar desde cero”, reconoció.&nbsp;</p><p>Con el tiempo, la pequeña parrilla fue creciendo y con ella, el sueño de la familia. Hoy, su puesto no solo es conocido en barrio Consolata sino que atrae a clientes de otras zonas que van a comprar su “tortillita” para los mates de la tarde.&nbsp;</p>Los vecinos no pueden resistirse al sabor de las tortillas de Marcelo.&nbsp;<p>“Esto es todo para mí, porque con esto mantengo a mi familia. No vivimos con lujos, pero salimos adelante día a día, con fe y trabajo. Llueva o haga calor, siempre estamos al pie del cañón”, remarcó con orgullo.</p><p>Cada jornada comienza temprano en casa de los Correa. Mientras el sol apenas se asoma, Marcelo y su esposa, Melisa, comparten mates y organizan el día de trabajo. “A eso de las 8.30 empezamos a amasar. Usamos la receta de mi abuela, que para mí es un tesoro. Le ponemos levadura, dejamos que leude y a las 15.30 encendemos el fuego”, detalló. A las 16 ya están listos para recibir a los clientes, un ritual que repiten todos los días hasta las 19.30 porque las tortillas “vuelan”.</p><p>La dedicación es compartida, mientras Marcelo se encarga de las tortillas tradicionales, Melisa innova con las rellenas, una propuesta que ha conquistado el paladar de muchos vecinos. “Ella empezó a hacer de jamón, salame, tomate, queso y albahaca. Hoy son un furor; la gente viene más por esas”, confesó. Las favoritas de los clientes son las de jamón y las de caprese.</p><p>Aunque el emprendimiento marcha bien, Marcelo y su familia no se conforman ya que sueñan con tener un local propio, donde puedan rescatar las tradiciones que tanto valoran. “Queremos traer de vuelta lo que nos hacían nuestros abuelos en el campo: tortillas, pan casero, bolas de fraile. Algo sencillo pero lleno de historia”, señaló el vendedor.</p><p>Para Marcelo, su trabajo no es solo una fuente de ingresos, sino un vínculo con sus raíces. En cada tortilla, en cada fuego encendido, revive la memoria de su abuela, de su abuelo y de las manos trabajadoras que lo precedieron. “Esto es lo que soy, lo que me enseñaron a ser. Y mientras tenga fuerzas, voy a seguir acá, amasando con amor”, destacó.</p><p>Lo que más emociona a Marcelo es la relación que ha construido con sus clientes. “Les agradezco de corazón por apoyarnos. Gracias a ellos, seguimos creciendo. Que Dios los bendiga, porque este emprendimiento es un regalo de Él”.</p><p>A medida que su emprendimiento crece, el vendedor ahorra peso a peso para construir su casa, proceso que ya está en marcha. “Es nuestro principal objetivo como familia, queremos tener nuestra casa propia”, añadió.</p><p>En Ameghino 675, las tortillas de Marcelo son mucho más que un alimento: son un símbolo de esfuerzo, familia y fe. Un ejemplo de cómo los sueños, cuando se trabajan con dedicación, pueden alimentar no solo cuerpos, sino también la esperanza de salir adelante.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uBdUW7ufovYDx2BXNM7qGy2mfTg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/tortillas_a_la_parrilla_marcelo_correa.jfif" class="type:primaryImage" /></figure>Marcelo Correa y su familia se levantan bien temprano para amasar las tortillas que se venden, literalmente, como pan caliente en barrio Consolata. Con mucho sacrificio, tienen el sueño de un local propio y construyen su casa.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2024-11-23T14:14:38+00:00</published>
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            Blas Massafra, una vida iluminada por el arte de la danza
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XioyQr0krFHt_uyFaFujV1eljRY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/blas_massafra_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Arturo A. Bienedell l LVSJ</p><p>Si hay un nombre en la historia de San Francisco que sea la identificación de la danza clásica, es el de Blas Massafra, quien en 1961 constituyó en nuestra ciudad el primer Ballet de Cámara y bregó desde entonces incansablemente para imponer el gusto por la danza en el público local.</p><p>Nació en 1936 en Villa María, hijo de padres italianos, Roque Massafra y Rosa Doguardi; la mamá era ama de casa y el papá “verdulero y comisionista que viajaba a los pueblos a buscar cosas y traerlas en tren a Villa María”.</p><p>En una entrevista que le realicé en 2006, recordó su incursión con el Ballet de Cámara y el entredicho planteado a través de LA VOZ DE SAN JUSTO en 1961 entre Mauricio Ferrari Nicolai -que por un lado elogiaba el empeño en concretar un Ballet de Cámara y por otro objetaba “errores” que había advertido en el estreno-, y Dionisio A. Cartes Urdaniz que defendía al elenco y alentaba a que la juventud “opté por el camino de la luz, la belleza y el arte como su expresión de máxima jerarquía”.</p><p>“La ansiedad por el baile se me despertó cuando vi una película muy importante de entonces que se llamaba “Las zapatillas rojas” que me dejó anonadado, lo sentí en el cuerpo y me dije “Esto es lo que quiero hacer yo”, reveló.&nbsp;</p><p>Se formó en Córdoba y ya con conocimientos y práctica, luego de bailar en Mar del Plata, en 1958 en Buenos Aires se sumó a un elenco integrado por bailarines del Teatro Colón, “eso me obligó a perfeccionarme y lo hice tomando clásico con María Ruanova, que era una gran docente y mujer, contemporánea con María Fux y Ada Hunicken.&nbsp;</p><p>Contó después que cuando llegó a San Francisco, conoció a Norma Navarro profesora de danza. “Fui a ver una clase y me gustó cómo enseñaba el baile folclórico. A mí el folclore no me gustaba, pero Norma me hizo ver una cosa que me agradó; por entonces no se hacía mucha danza estilizada, pero ella lo hacía en una forma que parecía todo estilizado y de esa relación y con algunos de sus alumnos formamos el Ballet de Cámara donde había más varones que mujeres, el “Negro” Carlos Bergesio fue bailarín mío”.</p><p>En 1973 surgió la Escuela Municipal de Danzas Clásicas y Contemporáneas que funcionó hasta 1976. Allí relató un momento tenso de su vida: “Cuando renuncié las nuevas autoridades se enojaron conmigo, entonces poco después cuando abrí una academia de danza en calle Iturraspe cerca del Hotel Americano, empezó una persecución policial por una falsa denuncia de estafa. Me seguían, me buscaban en mi casa a cualquier hora del día, a la noche, a la madrugada, me llevaban a la policía, me cerraron el estudio y, obviamente, yo estaba mal. Buscaron testigos entre chicos que eran alumnos, en lugar de citar a adultos y bueno, el doctor Jorge Martínez fue mi abogado y solucionó el asunto en un mes, me salvó de una situación muy fea porque yo lo veía así cuando iba a la Jefatura de Policía, donde había gente detenida y leyendo libros, caminado de punta a punta el patio porque seguramente no sabía qué le iba a pasar. Después de eso me levantaron la clausura de la academia y se desvirtuó la denuncia”.</p><p>“Lo que hice en el arte y en mi vida, lo hice conscientemente. Cuando volví a abrir una academia de danzas clásicas mi afán fue darles a los chicos la mejor formación básica para que cuando tuvieran estudios superiores en Córdoba, por ejemplo, vayan bien preparados y no se malogren sus vocaciones”, concluyó.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/XioyQr0krFHt_uyFaFujV1eljRY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/blas_massafra_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Marcó una impronta en la actividad cultural de San Francisco a mediados del siglo XX, liderando contra los preconceptos de la época un elenco y una prestigiosa academia de danzas.]]>
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                <published>2024-11-03T19:46:47+00:00</published>
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            De suicidio sí se habla, por eso Jésica y Paola “cambian la narrativa” para prevenir
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sUWnfDLt4mYwzGFzhdayqNNu2T0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/09/prevenir_el_suicidio.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Isabel Fernández | LVSJ</p><p>El suicidio es una de las experiencias más devastadoras que puede enfrentar una familia, dejando un profundo impacto en todos sus miembros. Hace tres años, Jésica Benavídez y Paola Ríos, perdieron a su hermano Germán “Pupi” Benavídez por suicidio y, aunque es un dolor que nunca van a dejar de sentir, decidieron convertirlo en concientización.</p><p>Por eso crearon el grupo Familias Unidas de Frontera que brinda contención y acompañamiento abierto a las familias que perdieron seres queridos como consecuencia de esta tragedia incomprensible.</p><p>Septiembre es el mes de la prevención del suicidio en el que se realizan acciones para crear conciencia, derribar mitos, generando una cultura de comprensión y apoyo. Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, este año bajo el lema "Cambiar la narrativa".</p><p>Jésica y Paola cambiaron esa narrativa y hablan del tema, brindando su testimonio a LA VOZ DE SAN JUSTO, en un relato poderoso que, aunque refleja el dolor, busca visibilizar la importancia de la salud mental, la necesidad de una comunicación abierta sobre el sufrimiento emocional y también la de construir entornos de apoyo que permitan a quienes enfrentan situaciones similares encontrar consuelo y comprensión. Porque la conexión y el apoyo mutuo son esenciales en el camino hacia la sanación.</p><p>“Con este dolor aprendimos a valorar los pequeños detalles de la vida, a brindar escucha cuando el otro está necesitando y a entender que al dolor ajeno hay que respetarlo. Es muy duro y te da impotencia cuando pasa esto con un ser querido -aseguraron-. Jamás imaginamos que podría ser víctima de suicidio”, aseguraron Jésica y Paola.</p><p>Agregaron: “Creo que algún momento sentimos el dolor que sintió él, su sufrimiento. Con eso nos fuimos haciendo fuertes y tratamos de prevenir, concientizar, de no quedarnos con lo que sabemos, con lo que vivimos, sino poder transmitirlo. Nos capacitamos para poder brindar información y también para entender el por qué de su decisión, que su muerte no sea en vano, porque él era muy generoso, siempre ayudaba”.</p><p>&nbsp;</p>Las señales&nbsp;<p>Las hermanas contaron que cuando pasó lo de su hermano “no supimos si estaba deprimido, quizá dio alguna señal, pero nunca tuvimos una conversación, ni tampoco puntualmente pidió ayuda”.</p><p>Jésica recordó que no aparentaba estar depresivo, “él era alegre y lo transmitía, todo el tiempo trataba de hacer reír a los demás y brindaba consejos sobre la vida que son los que tendría que haber tomado. Tenía planes y proyectos a futuro. Después nos dimos cuenta que enviaba avisos, no diciendo directamente ‘ayudame’ pero con palabras sueltas. Nos pedía que nos sacáramos fotos con él y nunca nos decía que se las enviemos. No le gustaban las fotos pero creo que era su forma de decir que la guardemos de recuerdo”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>El recuerdo de Jésica y Paola junto a su hermano “Pupi”<p>&nbsp;</p>El duelo de la familia&nbsp;<p>La muerte por suicidio no solo afecta a la persona que ha partido, sino que también deja a los seres queridos lidiando con una mezcla de emociones complejas, como la culpa, la tristeza y la impotencia.&nbsp;</p><p>Jésica y Paola, al compartir su historia, no solo honran la memoria de su hermano “Pupi” Benavídez, sino que también abren un espacio para la reflexión y el diálogo sobre un tema que sigue siendo un tabú.</p><p>Jésica Benavídez remarcó que a la salud mental “hay que darle la misma importancia que le da a cualquier dolor que aparece en el cuerpo, como la física, la salud mental es igual, si no se trata puede llevar a enfermarnos”.&nbsp;</p><p>“Queremos que se hable de suicidio y salud mental en todos lados, también en los colegios. Ya tuvimos una charla en una escuela Proa donde chicos y adultos pudieron hacer preguntas, aunque creemos que sabemos todo sobre el tema, resulta que no es así, lo comprendemos de otra manera”, añadió Paola.</p><p>“Muchos dicen que las personas que intentan el suicidio están llamando la atención, pero no es así, con lo que pasó con mi hermano nos dimos cuenta de muchas cosas, de la falta de información que teníamos lamentablemente sobre este tema, porque si hubiésemos sabido esto, quizá tendríamos a nuestro hermano con nosotros o lo hubiéramos podido ayudado de otra manera”, dijo.</p>Alejar la culpa&nbsp;<p>Cuando una persona se suicida, la familia queda con una herida abierta que es muy difícil de cerrar. “Lo primero que les digo a esas familias es que no tienen la culpa de eso que pasó. El suicidio no se da por un solo motivo, sino que es multicausal, sí hay un detonante, pero la persona lo viene pensando”, remarcó Jésica.</p><p>Afirmó que en ese momento de desesperación “uno se siente culpable y también buscamos la culpa en otro, que tampoco la tiene. Esto es porque no se tiene la información necesaria, hay que entender que es una decisión que tomó la persona”.</p><p>“No hay que silenciar la información sobre el suicidio, hay que hablar, hablar también de cómo se sienten luego de la pérdida de un familiar. La persona que se suicida no es cobarde ni valiente, es alguien que está abrumado y no hay que juzgar, tampoco hay que minimizar su dolor. También es importante llegar a los centros de salud”, manifestó Jésica.</p><p>Paola agregó que, en los encuentros, además de concientizar se les ofrece a las familias tratamiento psicológico si es necesario. “Es importante que sepan que es un derecho previsto en la Ley 27.130 de prevención del suicidio, que los familiares deben tener el tratamiento adecuado”.</p>Romper el silencio&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>La licenciada en Psicología Irabel Muccillo, coordinadora del Programa de Prevención del Suicidio en la localidad de La Francia convocó a todos a romper el silencio y hablar de suicidio. “La propuesta de este año es ‘Cambia la narrativa, inicia la conversación’. Si se habla de suicidio se rompe el estigma que acompañó a esta problemática durante años”.</p><p>“Es un desafío de todos, hablar responsablemente del tema puede hacer que a alguien busque ayuda, se sienta acompañado y así posibilitar salvar una vida. No mantengamos en silencio algo que ocasiona ruido”, remarcó.</p><p>Advirtió que el departamento San Justo “tiene la tasa de suicidio más alta de la provincia y las estadísticas crecen a nivel mundial. Actualmente en la provincia existe el programa de prevención de conductas suicidas que lleva acabo muchas acciones de capacitación a equipos y comunidad para favorecer la atención en cada comunidad”.</p>&nbsp;“Es un desafío de todos, hablar responsablemente del tema puede hacer que a alguien busque ayuda”, aseguró la psicóloga Irabel MucilloCómo impacta en el entorno<p>Explicó que en la familia “el duelo por suicidio provoca un dolor y vacío profundo, no hay despedida ni explicaciones, surgen los interrogantes, la culpa y sensación de abandono son constantes”.&nbsp; &nbsp;</p><p>“El suicida tiende a pensar que su decisión, además de ser un alivio para él, también lo es para la familia y claramente no lo es. El entorno queda muy afectado, es una carga muy pesada que necesitamos acompañar para aliviar el peso y seguir adelante”, aseguró la psicóloga.</p><p>Recordó que existe la Ley Nacional de Prevención del Suicidio 27.130 y la Ley Nacional 26.657 de derecho de protección de la salud mental que plantea, entre otras cosas, el derecho de recibir atención en su lugar de residencia.</p><p>La Ley 27.130 de Prevención del Suicidio establece la creación de un sistema de registro de intentos de suicidios y suicidios cometidos, y obliga a las obras sociales a brindar cobertura asistencial a las personas que hayan sido víctimas de intento de suicidio y a sus familias. También la confidencialidad de la información de las personas que hayan intentado suicidarse y la capacitación obligatoria para los trabajadores de la salud, educación, seguridad y justicia en la detección y atención de las personas en riesgo de suicidio.</p>Señales de alerta<p>Todos somos un eslabón fundamental en la cadena del suicidio, para poder ayudar debemos reconocer las señales de alerta y estas son:&nbsp;</p>Cambio en hábitos cotidianos, pérdida de interés y motivación.Actitud ansiosa, irritabilidad.Depresión, aislamiento.Sensación de carga.&nbsp;Comentarios negativos sobre sí mismos o la vida.Apatía.Descuido de la higiene.Aparición de autolesiones en alguna parte del cuerpo.Líneas de ayuda<p>El suicidio es prevenible a través de la difusión de información pertinente y adecuada. En San Francisco se puede acudir al servicio de Salud Mental del hospital Iturraspe, 03564-443790 (número fijo), a nivel nacional llamando al 0800-345-1435. Más información en Instagram: Familias Unidas – Frontera San Fco y Empesares.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/sUWnfDLt4mYwzGFzhdayqNNu2T0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/09/prevenir_el_suicidio.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Tras perder a su hermano Germán por suicidio, Jésica Benavídez y Paola Ríos crearon en Frontera el grupo Familias Unidas, de contención y apoyo a las familias que pasaron por lo mismo. Cuentan su experiencia de vida y convocan a todos a romper el silencio y hablar del tema para así poder concientizar.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2024-09-17T15:53:43+00:00</published>
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            Para el amor no hay edad: se casaron con más de 80 años de vida
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YCtUZCq1vCrH6JT9ZaQii4yqUxU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/08/amor.jfif" class="type:primaryImage" /></figure><p>En la mañana de este viernes, María Teresa Verón, de 84 años, y su flamante esposo Osvaldo “Toto” Tabares, de 88, contrajeron matrimonio en en nuestra ciudad, confirmando, una vez más, la frase que dice que “para el amor no hay edad”.</p><p>Osvaldo es viudo desde hace 4 años y María Teresa hace algunos más. Se conocieron en el coro municipal, espacio donde el amor y el afecto se fueron consolidando. &nbsp;</p><p>“Estamos muy felices de poder dar este paso. Nos conocimos en el coro de la municipalidad sin buscarlo, donde comencé a venir por recomendación de mi nieto Gabriel (Tabares) para hacer amistades y pasarla bien”, contó `Toto´, y agregó: “Ahí la encontré a ella, comenzamos a charlar y nos fuimos conociendo de a poco”.</p><p>A su vez, Osvaldo expresó: “Me ha cambiado la vida ya que estaba desahuciado, pasé noches enteras sin poder dormir por la depresión, pero conocí a una gran compañera y empecé a levantarme, a mejorar, ella fue el motivo principal de mi recuperación”.</p><p>Por su parte, María Teresa relató que se conocen desde hace tres años y &nbsp;comentó: “gracias a Dios estamos bien de salud, por eso la compañía en el tiempo que nos queda de vida es muy importante. Pasar tiempo junto, compartir gustos y viajes es en este momento de nuestras vidas”.</p><p>“El amor es lo principal en la vida, querer a una persona, serle fiel y llevarse bien es lo mejor que hay”, coinciden el flamante matrimonio.</p><p>Ambos siguen cantando en el coro municipal, donde esperan ansiosos volver a los ensayos, mientras ya planean para la próxima semana su viaje de luna de miel. ¡Felicidades Osvaldo y María Teresa por seguir creyendo en el amor!</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YCtUZCq1vCrH6JT9ZaQii4yqUxU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/08/amor.jfif" class="type:primaryImage" /></figure>María Teresa y "Toto" decidieron dar el sí a sus 84 y 88 años respectivamente. La prueba fehaciente de que el amor siempre está vivo.]]>
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                <updated>2024-08-02T16:44:27+00:00</updated>
                <published>2024-08-02T16:41:04+00:00</published>
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            Mascotas que dejaron una huella en la historia
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fEMvO-6iAHVEaEJFQ5H2h7iWyVY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/10/togo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde hace millones de años, las mascotas se convirtieron en compañeros fieles del hombre. Algunas de ellas, se volvieron tan relevantes que dejaron una huella en la historia de la humanidad.&nbsp;</p><p>El amor por los animales es una de las armas más poderosas del ser humano. Todos aquellos que tienen una mascota entienden la magnitud de tal relación, así como el importante papel que el animal desempeña en la familia.</p><p>Lo que quizás sea menos conocido es que la interacción entre el hombre y el animal jugó un papel clave para la evolución de la especie y que nuestro lenguaje y nuestra empatía no serían lo mismo sin ellos.</p><p>Estas son solo algunas historias de animales que tuvieron un gran impacto en la humanidad y serán recordados para siempre.</p>&nbsp;Balto y Togo, los héroes de las medicinas<p>En el invierno de 1925 estalló una epidemia de difteria en una aldea en Alaska, y los hospitales se vieron desbordados.&nbsp;</p><p>No había manera de conseguir la medicina ni por mar, que estaba congelado, ni por aire a causa de las violentas tormentas: la única solución fue enviar a unos 20 mushers a Anchorage, en una misión sin precedentes que fue llamada la Gran Carrera de la Misericordia.&nbsp;</p><p>Balto era el líder del grupo que finalmente llegó con la medicina y en consecuencia fue el que recibió más atención, eclipsando al resto de héroes caninos entre los que destacaba Togo, un perro que lideró la misión durante 300 peligrosos kilómetros en contraste con los 50 finales que corrió Balto.</p><p>&nbsp;</p>Sam el insumergible<p>Este gato, supuestamente, sobrevivió al hundimiento de no una sino tres naves durante la Segunda Guerra Mundial.&nbsp;</p><p>Sam es mencionado por primera vez como la mascota de uno de los tripulantes del Bismarck, que fue hundido pocos días después de su primera batalla: los británicos, tras una tenaz persecución, hundieron la nave alemana en 1941.</p><p>Mientras buscaban sobrevivientes, el barco británico HMS Cossack, avistó al gato flotando sobre escombros, lo rescató y lo adoptó como mascota, nombrándolo Oscar. El gato permaneció en el Cossack hasta que este fue hundido por un submarino.</p><p>Los tripulantes con vida fueron reasignados a otras naves, Oscar incluido. Pero no pasó ni un mes hasta que perdió de nuevo su casa flotante. Por lo que, al llegar a tierra no fue reasignado a ningún otro barco, ya que había adquirido la fama de dar mala suerte.</p><p>&nbsp;</p>Lampo, el perro ferroviario<p>Lampo era un perro callejero que apareció en 1953 en la estación de Campiglia Marittima (Toscana) a bordo de un tren de mercancías.&nbsp;</p><p>En 1953, Lampo, un perro callejero, apareció en la estación de Campiglia Marittima en Italia. El jefe de estación decidió adoptarlo, y Lampo desarrolló un fuerte vínculo con su hija, acompañándola diariamente en el tren a Piombino para ir a la escuela y luego regresando a la estación para recibirla.&nbsp;</p><p>Sin embargo, los superiores del jefe, tratando de alejarlo de la estación, lo enviaron en tren hacia Nápoles, sorprendentemente, Lampo regresó en pocos días.</p><p>Después de varios intentos por enviarlo lejos, en los que Lampo siempre regresaba. El perro aprendió a moverse por la red ferroviaria y se convirtió en la mascota de la estación.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/fEMvO-6iAHVEaEJFQ5H2h7iWyVY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/10/togo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde hace millones de años, las mascotas se convirtieron en compañeros fieles del hombre. Algunas de ellas, se volvieron tan relevantes que serán recordadas para siempre.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2023-10-31T20:00:00+00:00</published>
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            “Delfina llegó a nuestras vidas para darnos una alegría muy grande”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8OQDmBN5aX651sfIx-5cNh52Zcg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/09/una_historia_que_emociona_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Isabel Fernández|LVSJ<p>Su nombre significa “la que tiene Gracia”, la pequeña Delfina llegó hace dos semanas al hogar de la familia Ponce como la luz del sol cuando pasa la tormenta, llevando alegría y calor a los corazones. El pasado 18 de septiembre, Paola Favot, -la mamá de nuestro pequeño guerrero, Valentino Ponce quien falleció hace menos de un año a raíz del cáncer infantil- dio a luz a la beba que se encuentra bien y creciendo.</p><p>En la casa de barrio Jardín se respira el milagro del amor, Delfina duerme plácidamente en su cunita ante la atenta mirada de Ignacio, el hermano mayor y seguramente la de Valentino desde el Cielo. Su mamá Paola y su papá Jorge, experimentan sentimientos encontrados y, aunque no lo reemplaza, creen que su pequeño Valentino les envío esta bendición.</p><p>“Si bien cada hijo es único e irremplazable, Delfina llegó a nuestras vidas para darnos una alegría muy grande. La llegada de un hijo después de la perdida reciente de otro nos hizo experimentar muchas emociones encontradas. Transitamos el embarazo entre el dolor y la alegría, entre el duelo y la vida”, aseguró Paola en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>El nacimiento de Delfina fue especial y emocionante tanto para la familia como para toda la comunidad, el papá pudo estar en el quirófano durante la cesárea y fue muy importante.</p><p>Paola afirmó que el dolor por la pérdida de Valen, quien sufrió un neuroblastoma, “no va a desaparecer nunca, incluso seguimos elaborando el duelo como padres y como familia. Pero tratamos de incluir ese dolor a nuestras vidas porque esa es la única manera de continuar, la vida sigue”.</p><p>“A Valentino lo recordamos todos los días en nuestras conversaciones cotidianas, miramos fotos, videos. A veces sonreímos; otras lloramos. Pero tenemos la certeza de nos sigue acompañando desde otro lugar. Lo sentimos así”, agregó emocionada.&nbsp;</p>“Aferrarse a lo que hace bien”<p>Paola destacó que toda esta experiencia vivida “nos enseñó que hay que aferrarse a lo que nos hace bien. Sacar fuerzas de donde sea para reinventarse, porque nunca más vamos a ser los que éramos antes, aprender a convivir con el dolor, dejar de buscar los ‘porqués’ porque no somos nadie y no estamos exentos. Aprendimos a disfrutar del presente, de lo que tenemos hoy, porque el futuro es incierto”.&nbsp;</p><p>Añadió que es “importante y fundamental construir redes de apoyo que nos sostengan que hagan que todo sea más llevadero. El duelo es complejo, individual y hay que sanar muchas cuestiones. Con Valen tuvimos un proceso de enfermedad. Uno va elaborando una especie de duelo desde el momento del diagnóstico, un duelo anticipatorio, más allá de que el desenlace sea incierto”.</p><p>Añadió que en estos casos “está bien enojarse, llorar, estar tristes, encerrarnos. Pero lo que verdaderamente ayuda es el volver a sonreír a pesar del dolor, el salir al mundo nuevamente, aunque cueste, y el buscar motivos para estar bien”.</p>La pequeña Delfina crece rodeada de mucho amorUna bendición<p>El embarazo de Delfina fue una sorpresa en medio del dolor, aunque estaba en los planes agrandar la familia, no lo esperaban tan pronto. “Quedé embarazada pocos meses después de la partida de Valentino y enterarnos fue una alegría inmensa para nosotros”.&nbsp;</p><p>Su nombre significa “la que tiene Gracia” y Paola contó que al momento de elegirlo consideraron que tenía que significar algo más. “Aparecieron muchas sugerencias sobre nombres que significaban: vida, luz, paz, que viene del cielo, etc. pero finalmente usamos el mismo criterio que con Ignacio y Valentino. Lo elegimos simplemente porque nos gustaba, no queríamos que su nombre sea una carga, ella es un ser único que no viene a reemplazar a nadie, ni a llenar vacíos, ni a cumplir ninguna expectativa. De todas maneras, en el fondo, creemos que Valentino nos mandó este regalo porque fue algo muy sorpresivo en medio de todo lo que pasamos”, afirmó.</p><p>&nbsp;</p>Valentino, el “pequeño guerrero” que nos unió a todosGracias Valentino<p>Hace casi un año el fallecimiento del pequeño Valentino Ponce, de tan solo 3 años, conmovió a la ciudad. Este “pequeño guerrero” fue protagonista de la, quizás, cruzada comunitaria más importante de nuestro tiempo. Y se convirtió en un símbolo. De lucha contra la enfermedad, sí. Pero también de vida plena. De humanismo profundo. De amor fraternal. De conciencia solidaria.&nbsp;</p><p>La historia de Valentino movilizó a toda la comunidad para alcanzar el monto que se requería con el objetivo de que pudiese ser tratado de su terrible mal en España. Fueron innumerables las muestras de solidaridad y hasta su caso tomó relevancia nacional e internacional cuando el astro futbolístico, Lionel Messi, le donó una camiseta firmada para subastar. Finalmente, con la ayuda de todos, el pequeño, junto a sus padres, pudo viajar para ser atendido en el centro de salud de Barcelona, pero lamentablemente una progresión de su enfermedad hizo que se debiera detener el tratamiento y volver a nuestro país.</p><p>Falleció el 10 de octubre del año pasado abrazado al amor de su familia. Y, a partir de ese triste instante, su resplandeciente rostro, su tierna sonrisa, su alegría de vivir, adquirieron un nuevo significado. Es que, pese a que no tuvo éxito, el aporte de miles de voluntades cuyo objetivo era darle a Valentino la posibilidad de sanar, tuvo –no obstante- un efecto sanador.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8OQDmBN5aX651sfIx-5cNh52Zcg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/09/una_historia_que_emociona_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En la casa de los Ponce se respira el milagro del amor. Hace poco más de una semana nació Delfina, la hermanita de Valentino, el pequeño guerrero fallecido hace menos de un año a raíz del cáncer infantil, llenando de felicidad y emocionando a todos.]]>
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            Afrontar el cáncer en las redes sociales: “Somos algo más que un diagnóstico”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5GVh5eerFZ8a8XAv-Wzh8CY89As=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/09/historias_de_vida_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Stefanía Musso|LVSJ<p>“Con el tiempo descubrí, que vamos mutando de piel, de hábitos, de personas, de lugares de pensamientos. Nos vamos despojando de todo lo que ya no somos, cerrando ciclos para darle espacio a lo nuevo a la luz, a nuestra verdadera esencia (…) Hoy volví a nacer y a elegirme, en primer lugar”, escribió Cecilia Arato en su cuenta de Facebook quien desde hace tres meses enfrenta el cáncer de ovarios.</p><p>Para la mujer, de 36 años de nuestra ciudad, tanto Facebook como Instagram se convirtieron en una herramienta más de sanación de la enfermedad que padece.</p><p>Las redes sociales son una explosión de información constante. Muchas veces banal, otras veces de cuestiones superficiales y materiales, pero en otros momentos, puede ser una forma de canalizar un proceso que busca romper con los tabúes y los prejuicios para dejarnos una enseñanza en medio de la vorágine del mundo digital.</p><p>Mientras tanto, la joven se aferró a la espiritualidad y este proceso que hoy transita desde lo más íntimo de su ser, acompañada por la ciencia y dejando grandes mensajes que cuidan el alma y alientan a otros en diferentes circunstancias, la lleva a verse más allá de un diagnóstico, como ella dice.&nbsp;</p><p>Con su energía puesta en la recuperación y aceptación total de esta trasformación, no da por perdido su anhelo de ser madre y aseguró que la maternidad va a llegar a su vida.</p>Mostrar y contar<p>“Es un morir y renacer”, contó Cecilia Arato a LA VOZ DE SAN JUSTO. Con una fuerza espiritual única e inexplicable, la joven acompañante terapéutica afronta la enfermedad de una manera única y lo expresa en las redes sociales.&nbsp;</p><p>“Decidí mostrarlo en las redes porque no tengo por qué ocultarlo –dijo-. Nunca permití que el diagnóstico me limite, me robe mis momentos, mi vida. Esto es algo trascendental en mi vida porque esto va a pasar”.</p><p>“La gente no entiende cómo yo me tomo la enfermedad porque sé que somos algo más que un diagnóstico. La vida me está dando otra oportunidad y es importante mostrar y romper con el concepto de que el cáncer es muerte. Yo me siento sana y quiero que los otros tomen lo bueno de esto”, contó.&nbsp;</p>“La persona con cáncer es la persona más fuerte porque crea una enfermedad y tiene que trabajar doblemente para sanarse", asegura CeciliaLa enfermedad<p>A fines de abril, principio de mayo, Cecilia detectó una hinchazón en su vientre que la llevó a consultar a los médicos. “En un principio pensé que eran las harinas, pero cada vez estaba más hinchada sin dolor. De hecho, parecía una panza de embarazada de cinco meses. Todos los médicos se aproximaron al diagnóstico, pero con la cantidad de estudios que tenía que hacerme, no caía”.&nbsp;</p><p>“Cuando me acerqué al oncólogo, decidí hacer una consulta con un médico ginecólogo especialista en ovarios y allí me dijeron lo que esperaba, que era cáncer de ovarios. Recuerdo que me dijo; ´Ceci, el diagnóstico no es bueno. Tenés cáncer de ovarios y de estadío 3´. Literalmente sentí un peso enorme sobre las piernas, pero, por otro lado, sentí un alivio de saber qué era lo que tenía”, manifestó.&nbsp;</p><p>“Pregunté si había posibilidades de ser madre y me dijeron que primero estaba mi vida –añadió-. Eso fue lo que más me costó trabajar porque la enfermedad se llevaba mi ilusión”.&nbsp;</p><p>Con este panorama, Cecilia dejó de lado los pensamientos negativos y se volcó a un proceso de sanación y aceptación diferente al pensando, acompañando a la medicina con una fuerza espiritual extraordinaria. A la medicina, Cecilia la acompaña con el reiki, la biodescodificación, constelaciones familiares y energía escalar, entre otras.</p><p>De esta manera, la mujer afrontó la primera cirugía y el proceso hasta hoy. “Me quitaron tres litros y medio de líquido del abdomen, muestras de tejido y del ovario derecho”, dijo.&nbsp;</p><p>El paso siguiente fue el encuentro con su oncólogo. “El médico me dijo que era día a día. Que tenía que hacer las tres sesiones de quimioterapia y ver qué iba a ocurrir”.&nbsp;</p><p>Con su creencia astrológica, Cecilia se sometió a la primera quimioterapia el día 7 de julio, 7-7 y fue asistida en la habitación número 7 de la clínica donde iba a ser canalizada para su tratamiento. Con los números 7-7-7-, la vibración del 7 simboliza la búsqueda y el liderazgo espiritual, pues se enfoca en la introspección, las emociones, el análisis, la intuición, la reflexión, la planificación y la fe. “Todo tenía que comenzar ese día”, dijo convencida.</p><p>Con tres sesiones completadas, Cecilia afrontó otro momento; la caída de su cabello. Afirmó: “Cuando cayó mi cabello, ahí entendí y sentí, que era lo último que debía despojarme, lo último que me aferraba a mi vieja yo, para darle comienzo a esta nuevo renacer o esta nueva versión de mí. Me rapé y sentí que me saqué 80 kilos de peso de encima. Y aunque muchos me miran con lastima, otros celebran mi cambio y si no les digo que esto que estoy atravesando es momentáneo”.&nbsp;</p>Un deseo latente<p>“Nunca me asustó la palabra cáncer o quimioterapia porque sé que puedo sobrellevarlo si estoy fuerte física o psicológicamente pero sí la posibilidad de no convertirme en madre que era lo que más deseaba”, expresó Cecilia.&nbsp;</p><p>Respecto a la maternidad, Cecilia entendió que era fundamental trabajar su gran anhelo de ser madre. “Siempre pensé para qué y no el por qué. Soy de las que piensa que todo lo que callamos porque la sociedad te educa a satisfacer al otro y a silenciar nuestra voz, es lo que luego el cuerpo muestra como es mi caso”.</p><p>“La persona con cáncer es la persona más fuerte porque crea una enfermedad y tiene que trabajar doblemente para sanarse, y muchos pueden pensar que es una locura, pero el cuerpo habló y no lo escuché. En ese momento no supe escuchar a mi cuerpo y hoy que hice una búsqueda personal, me encontré con esto que es sanar mis heridas”, afirmó.&nbsp;</p><p>Con esa mirada, Cecilia aseguró que “materno desde distintas formas de mi vida y si realmente tengo que ser mamá, los niños van a llegar a mi vida de la forma que sea”.</p><p>Siempre dedicada a la ayuda, en grupos solidarios y en el Club Sportivo Belgrano, hoy es parte del grupo de apoyo de Lalcec. “Mi mensaje va más allá de la enfermedad. Hay que ocuparse de lo que pasa. Hoy me siento una persona empoderada, dueña de mi vida, renaciendo. Somos cuerpo, mente y alma. Si logramos integrarlo, y abrazarlo, entendimos todo”, concluyó.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/5GVh5eerFZ8a8XAv-Wzh8CY89As=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/09/historias_de_vida_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Cecilia Arato tiene 36 años y comparte su mensaje positivo de lucha contra el cáncer de ovarios.]]>
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                <published>2023-09-03T13:20:48+00:00</published>
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            “Viviendo en el mientras tanto”, la historia de resiliencia de María Soledad Cappelletti
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bxPL5U9tfak9ig7P2S8HRVvUWOA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/08/libro_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Isabel Fernández|LVSJ<p>Cuando estaba terminando el secundario, María Soledad Cappelletti sufrió un accidente que le cambió la vida. En un fin de semana largo de Semana Santa que compartía con sus amigas, se cayó de un caballo y sufrió serias secuelas, como no poder caminar, ni hablar o recordar. A partir de ahí todo fue resiliencia y aprendizaje.</p><p>María Soledad es terapista ocupacional, vive en Rafaela, pero no eligió su profesión después del accidente, sino que desde los 15 años estaba decidida a estudiar una carrera que le permita ayudar a los demás. “Siempre decía que quería ayudar a la gente, pero no con la palabra, sino con el hacer. Un día, una profesora de secundario me dijo: 'encontré la carrera para vos'. Y era la de terapista ocupacional, pero yo me convertí en paciente antes de ser profesional", aseguró.</p><p>Treinta años después del accidente que fue una bisagra en su vida, en los momentos de introspección vividos en la cuarentena por la pandemia de covid, decidió contar su historia escribiendo un libro al que llamo: “Viviendo en el mientras tanto” que presentó días atrás en el Centro Cultural San Francisco. En su obra, relata los momentos duros, pero también de superación que tuvo que atravesar, y al mismo tiempo invita a reflexionar sobre nuestra propia existencia.</p><p>En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, María Soledad deja un mensaje de fortaleza y resiliencia para todos. Se define como “la mujer que pudo reconstruirse y tomar todas sus habilidades y no habilidades para seguir viviendo. Eso lo fui haciendo en el mientras tanto, en el mientras tanto estudié una carrera, me casé, fui mamá, seguí adelante”.</p><p>“Pase lo que pase, pienso que siempre se puede encontrar la manera de hacer las cosas ya sea, para seguir adelante o para acompañar a alguien, desde el lado de la empatía. La vida es finita, entonces no nos queremos esperando a que mañana tal vez va a ser mejor, ahora es cuando hay que hacer. Por eso mi libro se llama ‘En el Mientras Tanto’, porque ‘mientras tanto’ pude seguir viviendo y haciendo”, remarcó.</p><p>“Por eso –agregó- el mensaje es el de no bajar los brazos y no quedarse en el ‘no voy a poder’. Hay que tener voluntad y pensar que cada uno, mejor que nadie sabrá cuáles son sus dificultades, pero también podrá descubrir las habilidades que si puede desarrollar”.</p>El libro en el que María Soledad cuenta su historiaUn antes y un después&nbsp;<p>Al recordar el accidente, contó que en Semana Santa viajaron con unas amigas y estaban en el campo. “Con ese accidente se me terminó todo lo que venía pensando y planificando para mi vida, tuve que adaptarme a la condición que tenía en ese momento y pensar que iba a hacer en el futuro”, afirmó.</p><p>“Estuve internada durante casi dos meses en coma, creían que era un traumatismo de cráneo –amplió- pero después se dieron cuenta que había sufrido la obstrucción de la arteria carótida izquierda que provocó secuelas en el cerebro, un ACV. En la caída, un alambre de púa me apretó la carótida y no fluyó bien la sangre”.</p><p>En un primer momento no hablaba, no caminaba, no recordaba, fue muy difícil. “De a poco fui recuperando partes de mí, me fui armando de nuevo. Tenía dos caminos: quedarme postrada, no hablar o no querer superarme y no estudiar, o hacer lo que hice. Nunca tomé la opción de quedarme sin hacer nada como algo válido, todos los días trataba de superarme. Esto no quiere decir que fui una superheroína, creo que cualquiera puede hacerlo si tiene la voluntad”, aseguró la terapista ocupacional y escritora.</p><p>&nbsp;</p>“La mujer que pudo reconstruirse”<p>Pudo construir su vida a pesar de lo que le pasó y siguió enfrentando los obstáculos. Hace ocho años, perdió a su compañero de vida, su esposo Francisco y se quedó con sus tres hijos, Valentina, Augusto y Catalina, que eran chicos. “Cuando sufrí el accidente ya estaba de novia, nos casamos y hace unos años mi esposo falleció por una enfermedad terminal, pero yo seguí adelante porque no hay que quedarse en el dolor o el lamento”.</p><p>María Soledad aseguró que decidió escribir el libro para liberarse, “como una catarsis y también porque pienso que si lo leen mis pacientes o los familiares pueden encontrar algún tipo de esperanza, aunque sé que todos somos distintos y que cada uno hace lo que puede con la vida que le toca, pero a la vida que nos toca la podemos modificar según nuestras posibilidades”.</p><p>Manifestó: “Nunca puse por delante mi enfermedad, mucha gente que trabajó conmigo no sabía lo que me había pasado. No quería que me recuerden como la chica del accidente, sino como la mujer que pudo reconstruirse y tomar todas sus habilidades y sus no habilidades para seguir viviendo. Creo que ese es el único camino”.</p><p>“Es hacerse fuerte con lo que te va pasando en el camino y no preguntarse por qué me pasa a mí, sino: ¿por qué no a mí?. Yo siempre pensé que estaba viviendo de prestado, y por eso decido vivir. Hay que fortalecer las habilidades que uno tiene e ir desarrollando otras a medida que se tiene la posibilidad”, destacó.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bxPL5U9tfak9ig7P2S8HRVvUWOA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/08/libro_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Es terapista ocupacional y un accidente marcó un "antes y un después" en su vida. En su libro que presentó en el Centro Cultural, María Soledad relata los momentos duros, pero también de superación que tuvo que atravesar e invita a reflexionar sobre nuestra propia existencia.]]>
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                <published>2023-08-27T16:28:01+00:00</published>
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            La dura historia de Martín y el gesto &quot;adoptivo&quot; de su hermana
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Z9PQ_Jdw9HGGXjwuVbXCDJhq5UU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/07/historia_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Stefanía Musso | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>“Tengo su custodia”. Gabriela Pattavina publicó con orgullo y emoción este posteo en su cuenta de Instagram acompañado de una fotografía junto su hermano Martín, de 29 años, quien posee parálisis cerebral y vive con ella desde hace dos años, luego que fallecieran sus padres; primero su mamá y al tiempo, su papá por covid.</p><p>“Siempre supe que este momento llegaría, pero nunca imaginé que tan rápido”, contó Gabriela a LA VOZ DE SAN JUSTO con Martín a su lado en su casa de barrio Jardín, tras salir la sentencia judicial por la demanda de limitación a la capacidad.</p><p>Su hermano menor tiene parálisis cerebral desde nacimiento, que le generó un retraso mental leve con deterioro del grado no específico, según el diagnóstico médico.&nbsp;</p><p>Aunque el joven puede sociabilizar y tiene gran aptitud para el habla, tiene una discapacidad visual del 80 por ciento y en parte motriz, esto le impide administrar sus bienes y dirigir su persona. Martín también sufre epilepsia emocional.</p><p>Gabi y Martín viven juntos, superando cualquier obstáculo y diferencia. “Lo mío es un apoyo porque él es mayor de edad, lo que me permite ayudarlo con su patrimonio y en caso de necesitarlo, a tomar decisiones importantes para él”, explicó Gabriela.&nbsp;</p><p>“Quería vivir con Gabi y Rulo porque si no, tenía que estar en un lugar sin posibilidad de estar con ellos, de ver televisión o tener mi habitación. Me gusta mucho estar con ellos”, expresó Martín.</p><p>Martín no puede ver letras pequeñas por lo que su hermana hizo carteles escritos de gran tamaño que pegó en su habitación para que ordene sus cosas. De a poco, va adquiriendo cierta independencia pero siempre acompañado por Gabriela y la pareja de ella. &nbsp;“Como parte de la terapia, estamos tratando que haga cada vez más cosas por sí mismo como ordenar”, indicó.&nbsp;</p><p>Con mucho ánimo, el joven tiene varias actividades: asiste a Apadim y a fútbol adaptado en el Club Sportivo Belgrano. Es muy sociable y aunque puede hacer muchas cosas por sí solo, cuenta con una acompañante terapéutica. “No puedo cocinar pero con Sole, mi AT, hacemos cosas. Yo puedo controlar el tiempo, pero no la cocina, eso es peligroso”, dijo Martín.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>“Siempre supe que este momento llegaría”<p>&nbsp;</p>Las vida juntos&nbsp;<p>Hace cinco años falleció nuestra mamá y Martín se fue a vivir con su papá. Pero él se contagió de coronavirus y al poco tiempo, también el joven.</p><p>Lamentablemente, el padre falleció y Martín, tras estar 41 días internado, tenía que ir a una nueva casa, a la de su hermana.&nbsp;</p><p>“En junio se cumplieron dos años desde que Martín está viviendo con nosotros pero la decisión de pedir su custodia surgió cuando estaba internado. Con mi papá fallecido y él luchando por su vida, sabía que necesitaba estar a cargo por si tenía que tomar alguna decisión”, recordó Gabriela.&nbsp;</p><p>“Al principio, el proceso de adaptación no fue fácil porque estábamos atravesando un duelo mientras que tenía que ayudarlo en su recuperación postcovid. Fue una rehabilitación de tres meses, pero enseguida mejoró”, siguió. “En mi recuperación peleé mucho”, agregó Martín.&nbsp;</p><p>“Fue todo un desafío, porque nuestro plan no era tener hijos y de repente, formamos una familia con él&nbsp; y tuvimos que poner horarios, aprender cosas, etc. –indicó Gabriela-. La vida tiene que seguir y no ponerse en pausa por cuidarlo, sino acompañarlo”.&nbsp;</p><p>Con la decisión tomada por ambos hermanos, los trámites judiciales se iniciaron y en un año y medio salió la tenencia. “Generalmente, suele ser más complicado porque yo no tenía dinero para pagar un abogado y sin embargo, el proceso fue rápido y sin trabas. Estoy feliz que todo resultó así”, concluyó la mujer.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Z9PQ_Jdw9HGGXjwuVbXCDJhq5UU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2023/07/historia_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Tras la muerte de sus padres, Gabriela se hizo cargo de la custodia legal de su hermano con capacidades diferentes para acompañarlo y hacerle la vida más fácil.]]>
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                <published>2023-07-22T15:57:28+00:00</published>
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