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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-07-19T12:50:51+00:00</updated>
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            Devoto: estudiantes crean aplicación para que adolescentes digan cómo se sienten
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ki7nBpYJLC1WUnxXQ17XjgIzZlQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/estudiantes.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando un adolescente necesita hablar, no siempre encuentra las palabras para hacerlo. A veces el silencio pesa más que las emociones; otras, el temor a ser juzgado o la dificultad para expresar lo que siente termina postergando una conversación necesaria. Esa realidad, tan cotidiana como poco visible, llevó a un grupo de estudiantes del Ipetym N° 89 “Paula Albarracín”, de Devoto, a preguntarse si la tecnología podía convertirse en una aliada para tender un puente entre los jóvenes y los adultos de la escuela.</p><p>La respuesta no fue una hipótesis escrita en un cuaderno ni un ejercicio de laboratorio. Fue Emojiones, una aplicación diseñada por estudiantes de 5 año C, de la Orientación Informática, que busca facilitar la expresión de las emociones y generar un canal de comunicación con docentes y otros referentes institucionales cuando un alumno considera que necesita acompañamiento.</p><p>El proyecto será presentado en la 58ª Feria Provincial de Ciencias, Tecnologías, Artes, Movimiento e Innovación “Alberto Maiztegui”, pero su historia comenzó mucho antes, en 2025, durante las clases de Alfabetización Digital. Allí surgió una pregunta que terminaría guiando todo el trabajo: ¿puede una herramienta tecnológica ayudar a que un estudiante dé el primer paso para pedir ayuda sin reemplazar el valor de una conversación cara a cara?&nbsp;</p><p>Antes de imaginar una aplicación, los estudiantes decidieron investigar.</p><p>Diseñaron encuestas anónimas, entrevistaron a compañeros y docentes, revisaron antecedentes y trabajaron junto a profesionales de la salud mental para comprender cómo viven los adolescentes sus emociones y cuáles son las principales dificultades que encuentran al momento de hablar sobre ellas.</p><p>Las conclusiones fueron tan claras como movilizadoras: muchos jóvenes manifestaban la necesidad de ser escuchados, pero reconocían que iniciar esa conversación no siempre resultaba sencillo.</p><p>Ese diagnóstico dio origen a la primera versión del proyecto. Sin embargo, durante este año la iniciativa evolucionó a partir de los aportes realizados por el equipo de Bienestar Educativo del Ministerio de Educación de Córdoba. Las observaciones permitieron replantear el enfoque inicial y abandonar la idea de construir una herramienta centrada en el registro de emociones para transformarla en un espacio de comunicación y acompañamiento.</p><p>&nbsp;</p><p>“Siempre supimos que la tecnología no puede reemplazar una conversación, una escucha atenta, un abrazo o el acompañamiento de un profesional. Lo que buscamos fue crear una herramienta que ayudara a dar ese primer paso”, explican los estudiantes al recordar el proceso de construcción de la propuesta.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Una aplicación pensada por quienes&nbsp;conocen la realidad desde adentro<p>Uno de los rasgos que distingue a Emojiones es que fue concebida por los propios adolescentes para responder a necesidades que ellos mismos identificaron dentro de la escuela.</p><p>El nombre surgió de combinar dos conceptos inseparables del proyecto: los emojis, lenguaje habitual de las nuevas generaciones, y las emociones, eje central de toda la investigación. A partir de esa idea comenzaron a tomar forma el diseño de la identidad visual, la organización de las pantallas, la selección de colores y la definición de cada uno de los mensajes que aparecen durante la navegación.</p><p>La programación del prototipo estuvo a cargo del técnico universitario en Programación Santiago Peratta, egresado de la institución, quien transformó en una aplicación funcional las decisiones adoptadas por el grupo de estudiantes. Sin embargo, las definiciones pedagógicas, comunicacionales y de experiencia de usuario permanecieron siempre en manos de los jóvenes y de los docentes asesores.&nbsp;</p><p>Durante el desarrollo también participaron dos psicólogas del Hospital Municipal Devoto, cuyo aporte permitió seleccionar las emociones incluidas en la aplicación y elaborar orientaciones iniciales adecuadas para cada situación. El criterio fue contemplar no solo emociones asociadas al malestar, sino también aquellas vinculadas con experiencias positivas, entendiendo que el bienestar emocional forma parte de la vida cotidiana de los adolescentes tanto como las dificultades que eventualmente puedan atravesar.</p>Cómo funciona Emojiones<p>La aplicación fue diseñada para que cualquier estudiante pueda utilizarla de manera sencilla e intuitiva.</p><p>Después de ingresar con un usuario institucional, cada alumno puede indicar cómo se siente seleccionando una de las emociones disponibles. A partir de esa elección, el sistema ofrece una breve orientación y propone distintas alternativas para continuar.</p><p>Quien únicamente desee registrar su estado emocional puede finalizar allí el recorrido. En cambio, si considera que necesita hablar con un adulto de la escuela, tiene la posibilidad de solicitar acompañamiento mediante un procedimiento simple y completamente voluntario.</p><p>Los desarrolladores insisten en aclarar que la aplicación no pretende diagnosticar ni evaluar a los estudiantes. Su objetivo es mucho más concreto: facilitar el primer contacto cuando alguien siente que necesita ser escuchado.</p><p>“Emojiones no reemplaza a las personas. Solo busca hacer más fácil el comienzo de una conversación que, muchas veces, cuesta iniciar”, resumen los integrantes del proyecto.&nbsp;</p><p>Uno de los temas que más debates generó durante el desarrollo de Emojiones fue el resguardo de la información. Desde el comienzo, los estudiantes coincidieron en que una herramienta destinada a trabajar con emociones solo tendría sentido si garantizaba confidencialidad y respeto por la decisión de cada usuario.</p><p>Por eso, la aplicación fue diseñada para que el estudiante elija libremente qué información desea compartir. Si únicamente quiere expresar cómo se siente, puede hacerlo sin necesidad de iniciar ningún otro proceso. En cambio, cuando solicita acompañamiento, el sistema envía una notificación a los adultos responsables de la institución para que puedan establecer un contacto personal.</p><p>“La aplicación no realiza diagnósticos ni interpreta emociones; simplemente genera una oportunidad para que el estudiante pueda acercarse a un adulto cuando considera que lo necesita”, explican los autores del proyecto.&nbsp;</p><p>El panel institucional tampoco fue pensado como un mecanismo de control. Su finalidad es facilitar el acompañamiento y aportar información general que permita fortalecer las estrategias de cuidado dentro de la escuela, siempre bajo criterios de confidencialidad y responsabilidad institucional.&nbsp;</p>Mucho más que una aplicación<p>Aunque el desarrollo tecnológico constituye el aspecto más visible del proyecto, docentes y estudiantes coinciden en que el principal logro fue el proceso de aprendizaje que permitió hacerlo posible.</p><p>Durante dos años, los alumnos investigaron una problemática de su propia realidad, consultaron especialistas, reformularon ideas, analizaron distintas alternativas y aprendieron a trabajar de manera colaborativa hasta convertir una inquietud compartida en una propuesta concreta.</p><p>La directora del establecimiento, Mariela Echagüe, sostiene que ese recorrido representa el verdadero valor educativo de la experiencia.</p><p>“Lo que más destaco es la preocupación de los chicos por cosas que les pasan a ellos mismos. Pensar que el otro puede no estar bien y que uno quizás puede ayudar. Aprenden siendo protagonistas; jóvenes protagonistas, estudiantes en acción”, afirma.&nbsp;</p><p>La iniciativa también permitió integrar contenidos de distintas asignaturas. Producción Audiovisual Digital aportó el diseño de la identidad visual; Desarrollo de Soluciones Informáticas y Sistemas Digitales de Información trabajaron sobre la arquitectura de la aplicación, mientras que Ciencias Sociales proporcionó el marco conceptual relacionado con la adolescencia, las emociones y la convivencia escolar.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>La etapa que comienza</p><p>La presentación en la primera semana de julio durante la etapa escolar de la Feria Provincial de Ciencias marcó el inicio de una nueva etapa para Emojiones.</p><p>Durante la prueba piloto, estudiantes y docentes pudieron utilizar el sistema y aportar observaciones que al volver de las vacaciones servirán para perfeccionar su funcionamiento antes de una eventual implementación permanente en la institución. Los autores reconocen que sienten expectativa por conocer cómo reaccionarán sus compañeros y que serán precisamente esas experiencias las que permitirán introducir mejoras.</p><p>Si los resultados son positivos, el proyecto continuará desarrollándose con la participación de futuras promociones de la orientación Informática, consolidando una herramienta que nació en el aula y que aspira a seguir creciendo desde la propia comunidad educativa.&nbsp;</p><p>Más allá de la aplicación, Emojiones deja una enseñanza que trasciende el ámbito escolar. Demuestra que la innovación educativa no siempre comienza con una computadora o una nueva tecnología. Muchas veces nace de una pregunta, de la capacidad de escuchar lo que ocurre alrededor y de la decisión de un grupo de estudiantes de involucrarse para intentar mejorar la realidad que comparte todos los días.</p><p>En tiempos en los que la inteligencia artificial y las plataformas digitales ocupan un lugar cada vez más importante en la vida cotidiana, este proyecto propone una mirada diferente: utilizar la tecnología no para reemplazar el vínculo humano, sino para fortalecerlo.</p><p>Quizás allí resida el mayor valor de Emojiones. No en la aplicación en sí misma, sino en haber demostrado que cuando la escuela promueve la investigación, el trabajo colaborativo y el compromiso con la comunidad, los estudiantes dejan de ser simples destinatarios del aprendizaje para convertirse en protagonistas de las soluciones.</p>El equipo detrás de Emojiones<p>El proyecto Emojiones II fue desarrollado por estudiantes de 5.º año C de la Orientación Informática del Ipetym N.° 89 "Paula Albarracín", de Devoto, en el marco de la 58ª Feria Provincial de Ciencias.</p><p>Integrantes del equipo</p><p>Nicolás Barbosa</p><p>Axel Bustamante</p><p>Lautaro Camisassa</p><p>Rocío Ceballos</p><p>Siomara Lescano</p><p>Rut Manzotti Frola</p><p>Juan Pablo Montoya Pérez</p><p>Agustín Ñañez</p><p>Paulina Pellarolo</p><p>Joaquín Peratta</p><p>Angelina Pereira</p><p>Zahira Pérez Fernández</p><p>Alma Reano</p><p>Emilio Sandrone</p><p>Aldana Videla</p><p>Docente asesora:</p><p>Adriana Fernanda Moya (Producción Audiovisual Digital)</p><p>Asesor externo:</p><p>Santiago Peratta, Técnico Universitario en Programación.</p><p>Docentes colaboradores:</p><p>Vanina Castagno (Desarrollo de Soluciones Informáticas).</p><p>Esteban Ron (Sistemas Digitales de Información).</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ki7nBpYJLC1WUnxXQ17XjgIzZlQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/estudiantes.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Quince alumnos del Paula Albarracín desarrollaron Emojiones, una herramienta digital que permite registrar emociones, recibir orientaciones y solicitar acompañamiento dentro de la escuela. El proyecto, que representará a la institución en la Feria Provincial de Ciencias, propone utilizar la tecnología como un puente para fortalecer la comunicación entre los jóvenes y los adultos referentes, sin reemplazar el encuentro cara a cara.]]>
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                                <updated>2026-07-19T12:50:51+00:00</updated>
                <published>2026-07-19T12:50:47+00:00</published>
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            Estudiantes de Devoto revolucionan un clásico asiático con limón
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jUBesBvuJ_fo1fdvUUYr3F_8dpo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/estudiantes_del_ipetym_89_devoto_amaru_tofu.JPG" class="type:primaryImage" /></figure><p>Un proyecto que nació de una idea vista en redes sociales se convirtió en un galardonado emblema de la innovación regional. Las estudiantes Milagros Enríquez, Lucía Etchart, Abigail Ferrero y Morena Sandoval, de séptimo año de la Tecnicatura en Industrias de los Alimentos del IPETyM 89 Paula Albarracín de Devoto, se alzaron con el primer premio en la Fiesta Nacional de la Soja en Arequito, gracias a su proyecto “Amaru Tofu”. Su propuesta no solo perfeccionó la receta de este alimento milenario, sino que la adaptó al paladar y a los recursos locales, reemplazando un costoso coagulante japonés por simple jugo de limón y dándole un nombre que evoca la renovación: Amaru, la serpiente sagrada en quechua.</p><p>El tofu tradicional, un alimento de origen asiático similar a un queso vegetal, se elabora coagulando la leche de soja. Este proceso comúnmente requiere nigari, un derivado de la sal marina cuyo costo es prohibitivo. “El coagulante del tofu se utiliza el nigari, que es caro, sale como $ 60.00”, comenta Abigail Ferrero, explicando el primer gran obstáculo que debieron sortear. La solución requería ingenio y una vuelta a lo esencial. “Buscamos algo más sencillo, así, más artesanal, digamos. Y aparte lo queríamos que sea 100% natural. También. Entonces buscamos algo que lo suplemente, o sea, que sea lo mismo, y lo podamos tener al alcance, quizás algo más barato. Entonces encontramos al limón”, explica Milagros Enríquez.</p><p>El equipo descubrió que el jugo de limones amarillos, con un pH específico entre 2,3 y 2,5, era el coagulante perfecto. Pero no se detuvieron ahí. Conscientes de que el jugo de soja “no tiene sabor”, como apunta la profesora de Bomatologìa y Toxicología, Milena Echagüe, el siguiente paso fue “saborizarlo”. Tras descartar opciones como nueces o miel, que alteraban la textura y la coagulación, encontraron la respuesta en su propia escuela. “Nosotros atrás de la sala de producción tenemos una huerta. Y entonces, de ahí salió. Usemos las hierbas, dijimos”, recuerda Lucía Etchart. Así, infusionaron la leche de soja con una mezcla de orégano, tomillo y romero, hierbas frescas que le dieron al tofu un sello local inconfundible.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Del laboratorio al escenario nacional<p>El camino al éxito no fue una línea recta. El grupo venía de un proyecto fallido sobre espirulina, lo que las obligó a un replanteo total. “A principios de abril de este año, nosotras dijimos, o sea, ¿Ahora qué? ¿Con qué proyecto seguimos? Y estábamos en el laboratorio, acá en el colegio, y Morena Sandoval, a través de TikTok, una aplicación, dijo, ¿y si hacemos tofu? Y ahí salió la idea”, relata Abigail Ferrero sobre el momento de reinvención. El nuevo objetivo se transformó en un proyecto interdisciplinario que involucró materias como Industria de los Alimentos, Microbiología y Formación Ambiente de Trabajo.</p><p>El desarrollo exigió una precisión científica que las estudiantes dominaron a base de prueba y error. “Al principio no nos salía, no nos salía el tofu, literal”, confiesa Ferrero. Los primeros intentos fallaban por detalles cruciales que fueron puliendo con rigor. “Hay muchos factores que hay que tener en cuenta a la hora de elaborarlo. Temperatura, pH del coagulante, el jugo de limón, el jugo de la soja, nosotros lo llevábamos a punto de ebullición, por ejemplo, y eso no es así. Tiene que llegar a 80, 85”, detalla Enríquez. Incluso el tipo de limón era clave: probaron con limones verdes y no coagulaba. El nombre elegido, Amaru, terminó simbolizando su propio proceso. “Amaru significa serpiente sagrada en quichua. Tiene una gran relación entre la tierra y los humanos y [...] quiere decir como la renovación de la tierra. Transmuta, sí. Cambia la piel”, explica Etchart sobre la profunda conexión del nombre con su trabajo.</p>Un premio para toda la comunidad<p>La experiencia en Arequito superó todas sus expectativas. “Nosotros nos imaginábamos que íbamos a llegar, hacíamos el streaming, y después nos daban el premio y nos íbamos. Resulta que fue todo otra cosa. Tuvieron famosos, chicos de La Voz, Nico Membrani, y después La Sole dándonos el premio”, narra Abigail con emoción. La devolución del jurado fue el broche de oro, validando meses de esfuerzo. “La devolución que nos hizo el jurado, dijo que manejamos muy bien el código alimentario argentino porque fue lo primero que pusimos en el video y durante todo lo que pusimos estaba todo como decía el código alimentario argentino y nuestro vocabulario técnico”, cuenta Lucía Etchart.</p><p>La victoria no solo les otorgó un reconocimiento nacional, sino también un premio económico de 750.000 pesos. Para la institución, este monto es fundamental. “Nosotros tenemos tres espacios formativos&nbsp; y constantemente se necesita actualizar o arreglar algún equipo o algún utensillo. Entonces, los $750.000 que las chicas ganaron nos viene con un respiro”, valora la profesora Milena Echagüe. El proyecto “Amaru Tofu” se consolida así como un ejemplo inspirador de cómo la educación pública, cuando se combina con la curiosidad de los estudiantes y el apoyo de los docentes, puede generar soluciones innovadoras con impacto real. Es un triunfo del ingenio y la ciencia que pone a Devoto en el mapa de la innovación alimentaria.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Amaru Tofu en detalle: innovación y nutrición<p>El “Amaru Tofu” es un alimento vegetal artesanal elaborado a base de soja y coagulante natural de jugo de limón amarillo, una alternativa sustentable frente al tradicional nigari japonés. El uso del limón, cuidadosamente controlado a un pH entre 2 y 3, permite obtener una cuajada firme y homogénea, garantizando la calidad del producto sin recurrir a aditivos químicos.</p><p>Además, las estudiantes del Ipetym 89 Paula Albarracín de Devoto incorporaron un toque distintivo: hierbas aromáticas de la huerta escolar (orégano, tomillo y romero), que aportan sabor, aroma y una identidad gastronómica propia de la región.</p>Entre sus principales características se destacan:<p>Color: blanco marfil con suaves tintes verdes.</p><p>Textura: firme pero delicada, ideal para cocinar o consumir fresco.</p><p>Vida útil: 15 días, conservado entre 0°C y 5°C.</p><p>Sustentabilidad: el residuo sólido (okara) se reutiliza en panificados, hamburguesas vegetales y otras preparaciones, garantizando cero desperdicio.</p><p>El producto ofrece un alto valor proteico, bajo contenido graso y ausencia de colesterol, posicionándose como una opción saludable para vegetarianos, veganos y consumidores que buscan reducir el consumo de carne.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/jUBesBvuJ_fo1fdvUUYr3F_8dpo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/estudiantes_del_ipetym_89_devoto_amaru_tofu.JPG" class="type:primaryImage" /></figure>Cuatro estudiantes del IPETyM 89 crearon “Amaru Tofu”, un producto innovador que reemplaza un costoso coagulante importado por un ingrediente local. Su proyecto, que combina ciencia, ingenio y sabor regional, fue el gran ganador en la Fiesta Nacional de la Soja en Arequito.]]>
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                <published>2025-10-19T21:34:49+00:00</published>
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