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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-05-02T14:30:07+00:00</updated>
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            “La Vieja Luna”: la historia detrás del veterinario que convirtió su vocación en homenaje
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iy-V6zsvuT6Y79S1x_miViI3AE0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/veterinario_juan_ignacio_gallo.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El último sábado de abril se celebró el Día Mundial del Veterinario, una fecha dedicada a reconocer el rol de estos profesionales en la salud animal, pública y ambiental. En ese marco, la historia de Juan Ignacio Gallo, veterinario de la ciudad y titular de la veterinaria La Vieja Luna, permite poner en valor una vocación que nació desde la infancia y que hoy se traduce en trabajo cotidiano junto a las mascotas y sus dueños.</p><p>“Desde chico me gustaron siempre los animales”, recordó Gallo. Sin embargo, su infancia no estuvo rodeada de mascotas como podría imaginarse: “En casa lo único que había era una tortuga. No hubo ni perros ni gatos, pero yo siempre tenía ganas de tener”.</p><p>Esa inquietud lo llevó a tomar una decisión que no fue lineal. Al terminar la secundaria, dudó entre dos caminos: veterinaria o abogacía. “Como ya tenía a mis hermanos estudiando en Córdoba y veterinaria estaba en Esperanza, decidí probar con abogacía para no hacerle gastar plata a mis viejos”, contó. Pero la experiencia duró poco. “A los dos o tres meses me di cuenta de que no me gustaba y decidí volverme”, relató.</p><p>El paso siguiente fue el definitivo. Gallo se trasladó a Esperanza para estudiar veterinaria, y allí encontró su lugar. “Me encantó la carrera. Lo que más me gustó fue el contacto más cercano con los animales”, señaló.</p><p>Como muchos profesionales, sus primeros años laborales fueron en relación de dependencia. Durante cinco años trabajó en otra veterinaria hasta que decidió dar un paso más. “Sentía que tenía un techo, que quería hacer más cosas”, explicó. Así fue como tomó la decisión de abrir su propio espacio en San Francisco.</p><p>El nombre elegido no fue casual. La Vieja Luna es, en realidad, un homenaje. “Luna, fue mi primera perra”, contó. Se trataba de un dogo argentino que fue a buscar junto a su hermano a Córdoba y que lo acompañó durante sus años de estudiante. “La llevaba a todos lados: asados, caminatas, viajes. Fue mi compañera siempre”, recordó. Con el paso del tiempo, Luna murió de vieja, pero su presencia quedó marcada en la vida de Gallo. “Decidí hacerle honor poniéndole su nombre a la veterinaria”, explicó.</p><p>Uno de los desafíos actuales, según describió, está en el vínculo cada vez más estrecho entre las mascotas y sus dueños. “El perro o el gato está muy apegado al dueño y el dueño a la mascota”, indicó. Esto, en algunos casos, puede dificultar la realización de estudios o tratamientos. “A veces el animal hace un sonido que no es de dolor y el dueño cree que sí, entonces hay que tomarse el tiempo de explicar cómo es el procedimiento”, agregó.</p><p>Consultado sobre los aspectos clave de la atención veterinaria, Gallo fue claro: “Lo más importante es hacer una buena revisación clínica para llegar a un diagnóstico y después explicarle al dueño los pasos a seguir”. En ese sentido, mencionó otro factor que incide en la práctica actual: la ansiedad. “La gente quiere ver al animal bien ya, y a veces no respeta los tiempos del tratamiento”, explicó.</p><p>A lo largo de los años, el veterinario también construye vínculos con sus pacientes. “Hay mascotas con las que generás una relación como si fueran tuyas”, afirmó. Incluso contó situaciones particulares: “Hay perros que vienen de cachorros, quedan internados varios días y después vuelven felices. Algunos hasta se escapan de la casa y aparecen acá”.</p><p>Esa cercanía también implica atravesar momentos difíciles. “Cuando una mascota fallece te afecta”, reconoció. Aunque el paso del tiempo le permitió aprender a sobrellevar esas situaciones, aseguró que el dolor siempre está presente. “Obviamente duele más cuando es tu mascota, pero con las de los clientes también pasa”.</p><p>En el Día Mundial del Veterinario, su historia resume mucho más que una elección profesional. Es el reflejo de una vocación construida con el tiempo, atravesada por decisiones, aprendizajes y, sobre todo, por el vínculo con los animales. Pero también es el recuerdo de Luna, aquella primera compañera que hoy sigue presente en cada consulta, en cada paciente y en el nombre de un lugar que la homenajea todos los días.</p>]]>
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                <updated>2026-05-02T14:30:07+00:00</updated>
                <published>2026-05-02T13:51:15+00:00</published>
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