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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Carlos Dante Pioli y el teatro como espacio de encuentro
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L8EKY2u7ifKeOAlC5eF_aMcAWHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/dante_pioli_teatro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Carlos Dante Pioli —para muchos simplemente Charly— forma parte de una generación de teatreros que atravesaron distintas etapas del teatro sanfrancisqueño: los grupos independientes de los años noventa, los talleres institucionales, la experiencia de la docencia y, más recientemente, la creación de espacios propios para sostener la actividad. Profesor de historia de profesión y formador de actores por vocación, su recorrido está marcado por más de cuarenta años de vínculo con el escenario, la dirección y la enseñanza.</p><p>En ese camino aparecen grupos históricos de la ciudad, docentes que dejaron huella, experiencias con adolescentes y adultos y una convicción que atraviesa todo su relato: el teatro se construye de manera colectiva. Para Pioli, el escenario no es un lugar para competir ni para sobresalir individualmente, sino un espacio donde cada rol —por pequeño que sea— resulta imprescindible para que una obra exista. Esa mirada también explica el presente de su trabajo. Desde 2018 impulsa junto a Verónica Gieco el proyecto La Puerta, un espacio dedicado a la formación teatral y a la producción de obras independientes.</p><p>&nbsp;</p>Pero antes de todo eso hubo un comienzo bastante más simple…<p>Pioli cuenta que estaba en el secundario, en el último año de la Escuela Ravetti, y que en ese momento tenía como preceptor a Miguel Corón. Fue él quien lo invitó a participar de un grupo de teatro que estaba por estrenar una obra llamada “Felipito, el furibundo filibustero”, una adaptación de un cuento de Eduardo Gudiño Kiefer. “Necesitaban uno que haga de luz negra porque la obra jugaba con esto de la luz negra”, recuerda.</p><p>Ese grupo se llamaba Quijote y estaba integrado por adultos. Entre ellos menciona a María Cristina Zunino, Carlos Motura, Carlos Genesio, Adriana Bunfigli, el propio y Cati Canalis. Su tarea era vestirse completamente de negro y manipular unos pececitos pintados con colores flúor para que, bajo la luz negra, pareciera que flotaban en el fondo del mar. “Ahí ingresé al mundo del teatro. Me encantó y ahí continué y no paré más hasta la actualidad”.</p><p>Cuando intenta explicar qué fue lo que lo atrapó de ese universo vuelve a una palabra: la magia. Habla de ese mundo en el cual nadie te cuestiona nada, del compañerismo que existía en el grupo, del escenario y del contacto con el público. Dice que le encantaban los aplausos, pero no desde el punto de vista del ego sino desde esa dimensión artística que tiene el teatro. Recuerda que desde chico ya tenía inclinaciones artísticas: le gustaba dibujar, le gustaba pintar, siempre estuvo relacionado con alguna forma de expresión. Pero el teatro fue otra cosa.</p><p>Subirse al escenario le produjo una sensación difícil de explicar. Dice que esa adrenalina que genera el escenario es algo mágico, algo que solo experimenta quien se sube a actuar. También habla de la respuesta del público: “Sentir que la gente te devolvía la risa, el aplauso por lo que estabas haciendo, te hacía sentir que lo que estabas mostrando, agradaba, gustaba”. Aclara que nunca lo vivió desde un lugar de ego. Siempre trató de mantener un perfil bajo, pero reconoce que esa devolución del público es fundamental. “Uno se da cuenta que si no tenés al público no está completo el teatro, no está completa la obra en sí”.</p><p>Con el grupo Quijote participó en otras producciones infantiles como “Mi bello dragón” y “Pluf, el fantasmita”. De esos años guarda recuerdos muy claros, incluso del lugar donde estrenaban. Cuenta que presentaban las obras en el Teatrillo cuando todavía tenía el escenario con pisos de cemento, sin butacas, sin inaugurar y sin terminar.</p><p>Después de terminar la secundaria comenzó a estudiar el Profesorado de Historia en el Colegio Inmaculada Concepción. Allí volvió a encontrarse con el teatro, esta vez en el grupo Juglerías, dirigido por Yolanda Beguier y Héctor Bessone. Ese grupo reunía a alumnos y profesores del terciario y trabajaba con obras para adultos. En ese marco participó en “Narcisa Garay mujer para llorar” y en “La molinera de Arcos”.</p><p>Cuando recuerda esos años, Pioli dice que todavía hoy rescata mucho de aquellos primeros aprendizajes: la enseñanza, los valores y la forma de trabajar dentro de un grupo teatral. Una de las ideas que más lo marcaron fue la de evitar la competencia entre compañeros. Explica que en el mundo del teatro —y en el arte en general— el tema del ego y del sobresalir puede volverse muy complicado. Por eso destaca la enseñanza que recibió, sobre todo de Yolanda Beguier, acerca de la disciplina y del trabajo colectivo.</p><p>La idea era clara: todos son iguales dentro de una obra. No hay protagonistas absolutos ni actores de segunda línea. Cada personaje cumple una función imprescindible. “Porque aunque sea un personaje chiquitito, si no está ese personaje no se puede desarrollar la obra”.</p><p>“No hay protagonista, no hay actores de segunda línea: todos somos importantes en el momento que estamos actuando”.</p><p>Después de su paso por Juglerías hubo un tiempo en el que no participó activamente en grupos teatrales, aunque siguió muy cerca de la actividad como espectador. Cuenta que durante esos años asistía con frecuencia a ver obras y trataba de seguir todo lo que se producía en la ciudad.</p><p>&nbsp;</p>Una nueva etapa<p>El regreso llegó en el año 2000 cuando comenzó a trabajar en el Colegio Fasta Inmaculada Concepción, primero como preceptor y luego como profesor. En 2004 se abrió un grupo de teatro para estudiantes del secundario en contraturno y allí empezó a trabajar junto a la profesora Gabriela Vladimich. Fue su primera experiencia dirigiendo adolescentes y recuerda que era un grupo muy particular porque los chicos no iban obligados: asistían por decisión propia. Eso hacía que el trabajo fuera especialmente enriquecedor. Dice que hicieron una muy buena dupla con Gabriela y que ambos dirigían el grupo.</p><p>Con el tiempo el proyecto creció y en 2009 abrieron también un grupo de teatro para adultos dentro del mismo colegio. Ese grupo se llamó Bien Bravo y estaba destinado a padres o personas interesadas en hacer teatro. Pioli participó allí hasta el año 2018, aunque el grupo continúa funcionando.</p><p>Ese mismo año surgió una propuesta que cambiaría el rumbo de su actividad teatral. Verónica Gieco, también integrante del grupo Bien Bravo, le planteó la idea de crear un espacio destinado a la formación de actores a través de talleres y a la producción de obras. Así nació La Puerta. En un primer momento el proyecto funcionó en calle Libertad, a media cuadra de Pellegrini. Luego, en el verano de 2019, se trasladó al lugar donde funciona actualmente.</p><p>Para Pioli, el trabajo pedagógico dentro del teatro tiene una clave fundamental: el juego. Explica que cuando los alumnos llegan por interés propio es mucho más fácil trabajar con ellos. “Son como diamantes en bruto”, dice. En cada obra o personaje se intenta encontrar algo que se adapte a la personalidad de cada actor. El proceso empieza siempre desde lo lúdico: comenzar divirtiéndose, reírse, evitar juzgar o imponer exigencias demasiado rígidas desde el principio.</p><p>Por eso los talleres funcionan como un entrenamiento. Pioli compara el trabajo del actor con el de un deportista y sostiene que el taller es un espacio necesario para ejercitarse. En especial con los adultos propone recuperar algo que muchas veces se pierde con los años: sacar ese niño que tenemos adentro y que se fue perdiendo con las responsabilidades y las reglas de la vida adulta. Durante esas horas de trabajo la propuesta es simple: volver a jugar. A partir de ahí se desarrollan lecturas de textos, improvisaciones, trabajos individuales y grupales y ejercicios de escucha escénica.</p><p>Ese clima también genera vínculos que muchas veces se extienden más allá del teatro. Pioli destaca que a lo largo de los años muchas personas pasaron por los talleres de La Puerta. Algunos siguieron y otros tomaron otros caminos, pero en general se mantuvieron buenas relaciones dentro y fuera del grupo.</p><p>&nbsp;</p>El teatro como nexo<p>La experiencia con adolescentes también le permitió observar algo particular en relación con las nuevas generaciones. Muchos de los jóvenes que llegan a los talleres son chicos muy introvertidos en su vida social y buscan algo diferente a la rutina digital. En el teatro encuentran un espacio donde sentirse importantes, donde generar amistades y compartir con pares que tienen inquietudes similares. Cuenta que incluso ellos mismos expresan su entusiasmo: cuando terminan las clases de los jueves muchos no ven la hora de que llegue el próximo jueves para volver al teatro. Durante el taller ocurre algo poco habitual: dejan los celulares y durante dos horas no los utilizan. Son solamente clases de teatro.</p><p>Después de más de cuatro décadas vinculado a la actividad, Pioli también observa la evolución del teatro en San Francisco. Recuerda que cuando empezó había pocos grupos, aunque aclara que la ciudad siempre tuvo actividad teatral. En los años noventa funcionaban algunos espacios como el taller municipal de adultos dirigido por Rafael Brusa y el grupo Quijote. Con el paso del tiempo, especialmente después del año 2000, la actividad creció y aparecieron más grupos. Ese crecimiento lo considera positivo.</p><p>Sin embargo señala que todavía hay un desafío pendiente: fortalecer el apoyo del público a las producciones locales. Muchas veces —dice— las salas se llenan cuando llegan espectáculos de otras ciudades, pero no ocurre lo mismo con los grupos de San Francisco. En el caso de La Puerta el trabajo se sostiene de manera independiente, con la cuota de los alumnos y con la venta de entradas cuando presentan una obra.</p><p>Después de tantos años de trabajo, Pioli todavía mantiene proyectos y sueños vinculados al teatro. El principal es contar con una sala propia. Imagina una pequeña sala de teatro independiente, similar a las que existen en ciudades como Córdoba y Buenos Aires. No un espacio lujoso, sino un lugar equipado con luces, sonido y escenario donde puedan ensayar y montar espectáculos sin necesidad de armar y desarmar cada producción. Un teatro pequeño, pero propio.</p><p>“Cuanto más pasan los años, más ganas te dan de seguir trabajando”.</p><p>Mientras tanto, el trabajo continúa. Dice que la experiencia acumulada con los años le permite hacer cosas que quizás no hubiera podido realizar cuando era más joven. El recorrido, los talleres y el contacto con distintos grupos le dieron una mirada más crítica y más herramientas para dirigir. Por eso insiste en seguir creciendo y generando nuevas propuestas que también enriquezcan a los alumnos que pasan por La Puerta.</p><p>En este momento el grupo prepara varios proyectos para el año. Y cuando se le pregunta hasta cuándo piensa seguir vinculado al teatro, Pioli responde con una frase que resume su estado actual: cree que todavía queda mucho por hacer, porque todavía “hay hilo en el carretel para rato”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/L8EKY2u7ifKeOAlC5eF_aMcAWHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/03/dante_pioli_teatro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Profesor de teatro y docente de historia, “Charly” lleva más de cuatro décadas vinculado al teatro en San Francisco. Desde sus comienzos en el grupo Quijote hasta el espacio independiente La Puerta, repasa un camino atravesado por la formación, el trabajo colectivo y una idea que repite como principio: en el teatro todos son importantes.]]>
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                <published>2026-03-07T12:47:57+00:00</published>
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            Una Odisea, la obra que escribieron y presentaron los chicos de La Puerta
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0oypxoqRwsnJ7PE0jBcdwZbWZeM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/una_odisea_obra_de_teatro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La escenografía no deslumbra, el lugar –seamos sinceros- no es el ideal para una obra… ni si quiera la difusión del evento fue muy ambiciosa dado lo reducido del aforo. Arriba de las tablas, simplemente adolescentes haciendo y disfrutando teatro. Abajo, un público sorprendido por lo original de la propuesta.</p><p>Los chicos de La Puerta Teatro patearon el tablero y se animaron a poner en escena una obra escrita por ellos mismos. Un proyecto grupal y colaborativo que superó las expectativas: la “standing ovation” fue más larga de lo habitual.</p><p>“Una odisea” es el título de la obra que el elenco de la escuela dirigida por Carlos Pioli, Verónica Gieco y Marina Toledo presentó hace unos días en el Centro Cultural, en un ambiente íntimo y ante un público que no sabía bien con qué se iba a encontrar.</p><p>La idea fue madurando a lo largo del año. Entre clase y clase, luego de un tiempo muy extenso sin la adrenalina de un proyecto en marcha.&nbsp;</p><p>Surgió el desafío de hacer algo distinto y dar el salto del teatro con tinte más infantil que venían realizando a algo más jugado.&nbsp;</p><p>Y casi se “van de mambo”: la tormenta de ideas derivó en un relato en el que los dioses del Olimpo inician una travesía con una misión específica pero con más disputas que coincidencias (después de todos son dioses).</p><p>El toque distintivo lo pone el tono actualizado, bajado a nuestra realidad, cómico por momentos pero reflexivo en su metamensaje. Sin coreografías ni monólogos extensos, el resultado es una hora de puro teatro, que se disfruta de principio a fin y que seguramente volverá a ponerse en escena pronto.</p><p>“Para escribir una odisea nos preguntamos ¿qué pasaría si los dioses griegos sintieran emociones humanas? Y gracias a esa pregunta salió una obra llena de momentos divertidos, momentos existenciales y simplemente momentos. Porque eso es lo que somos y eso es de lo que se trata la vida”, cuenta Gael Moyano, uno de los jóvenes que estuvieron a cargo del guión.</p><p>“Yo, que estoy hablando, y vos, que me estás escuchando, tenemos algo en común. Tenemos emociones, sentimos un montón de cosas, reaccionamos ante lo que nos pasa, lo que nos cuentan, o lo que vivimos. Pero, ¿y los dioses griegos?, en todas las historias, simplemente nos contaban sobre sus poderes. Nunca nos dijeron que existe la posibilidad de que ellos también sientan algo así. Bueno, la obra viene a responder a esta duda. Y si los dioses sintieran… ¿qué les pasaría? ¿Cómo reaccionarían a eso? Esa pregunta se responde en un espectáculo de una hora”, concluyó.</p><p>“Una odisea fue realmente eso: una odisea. Fue un hermoso proyecto, una creación colectiva que implicó un montón de obstáculos por lo que significa tal experiencia, pero que tuvo como final un proceso creativo hermoso, donde adolescentes pudieron escribir, pudieron crear sus escenas, para dar lugar a algo muy lindo que fue esta experiencia. Desde mi lugar como co-creadora junto con los adolescentes fue acompañar el proceso, tratar de poder volcar mi experiencia en esto, en este proceso y fue realmente enriquecedor. Fue un momento de mucho aprendizaje y quedó como resultado algo hermoso”, cuenta Verónica Gieco, una de las profes de La Puerta.</p><p>“Esta odisea de los dioses tiene esta particularidad: nos muestra también a la humanidad desde sus incógnitas, desde sus lugares, desde lo que sentimos, desde lo que pensamos. Estos dioses vienen como a mostrarnos lo frágil del ser humano pero también sus fortalezas, sus sentimientos y todo lo lindo que significa la vida”, agrega.</p>El elenco<p>Zeus: Joaquín Rebolledo</p><p>Hera: Amparo Lozano</p><p>Hefesto: Elías Pagliano</p><p>Hebe: Guadalupe Rivero</p><p>Poseidón: Francisco Testa</p><p>Demeter: Ana Pedregoza</p><p>Hades: Gael Moyano&nbsp;</p><p>Perséfone: Josefina Romero</p><p>Temis: Victoria Bonino</p><p>Afrodita: Camila Gianoglio</p><p>Artemisa: Inés Taverna</p><p>Ares: Bruno Pezoa</p><p>Nike: Agostina Ortiz</p><p>Ulises: Ignacio Fernández</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0oypxoqRwsnJ7PE0jBcdwZbWZeM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/una_odisea_obra_de_teatro.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El grupo de adolescentes de la escuela de teatro de nuestra ciudad afrontó el desafío crear un guión y poner en escena el resultado de un proyecto colectivo que sorprendió al público.]]>
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            Utilizando el recurso del teatro, Ucemed capacitó a trabajadores en RCP
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2PUISyJJIG-XlELrCVI-MU7EoAE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/10/mes_del_rcp.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“¡No reacciona, no respira!!! ¡Alguien que me ayude por favor!”, el pedido alarmante sorprendió a trabajadores que este martes realizaron un curso de reanimación cardiopulmonar (RCP) en la Tecnoteca quienes rápidamente se involucraron para salvar una vida.&nbsp;</p><p>Lo ocurrido fue solo una simulación, una representación teatral, que, junto al conocimiento transmitido por el personal de emergencia, se convirtió en una estrategia efectiva y atractiva que les permitió ponerlo en práctica facilitando el aprendizaje.</p><p>Octubre es el mes del RCP, ya que cada 16 se celebra el Día Internacional de esta técnica que salva vidas. Por eso Ucemed Emergencias Médicas, primer y único sitio de entrenamiento en el interior de la provincia de Córdoba dependiente de Siem Internacional a través de la American Heart Association (AHA) como entidad que certifica- realizó una nueva capacitación, esta vez a trabajadores de la compañía de Seguros El Norte. &nbsp;</p><p>Desde septiembre de 2014, Ucemed ya capacitó como “primeros respondientes” a 2550 personas entre personal de salud y vecinos.</p><p>El recurso del teatro es utilizado en grandes ciudades para enseñar RCP pero en San Francisco es algo novedoso aseguró a LA VOZ DE SAN JUSTO el director médico de Ucemed, Diego Lahourneré quien remarcó que los cursos “se van actualizando permanentemente a las normas internacionales y en esta oportunidad le agregamos simulación permitiendo que los alumnos participen y puedan poner en práctica los conocimientos aprendidos. Por eso convocamos al grupo de teatro La Puerta y sus actores para la simulación”.</p><p>Iris, fue la actriz que puso en escena la emergencia y pertenece al taller de Teatro La Puerta. Verónica Gieco, actriz encargada del grupo contó que la representación teatral “se hizo después del curso como una forma de reforzar el aprendizaje y ver quién responde ante el pedido de auxilio. Ya hicimos una simulación de un accidente por electrocución en una fábrica en la que se le hizo RCP”.</p><p>“Los actores y las actrices representan situaciones que se viven realmente en un momento de emergencia, como por ejemplo el pedido de auxilio o que interrumpan a quienes hacen la maniobra. Todo esto ayuda a que el aprendizaje sea más fácil ya que se puede realizar la práctica”, dijo.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2PUISyJJIG-XlELrCVI-MU7EoAE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/10/mes_del_rcp.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>En el mes de la reanimación cardiopulmonar, Ucemed sigue enseñando a salvar vidas con las manos. Este martes, capacitó a trabajadores de la compañía de seguros El Norte que, de la mano del teatro, vivieron la simulación de un caso de paro cardíaco y pudieron reforzar lo aprendido.]]>
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            Teatro: Verónica Gieco, &quot;la Paloma&quot; que regresó con éxito a su conventillo en Buenos Aires
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oaTltnpC-iXndCXyHYuExW4cuHI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/07/veronica_gieco_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El mismo conventillo que la vió dar sus primeros pasos en el teatro, hoy la vuelve a recibir con sus puertas abiertas. La actriz sanfrancisqueña Verónica Gieco volvió al escenario en Buenos Aires para protagonizar a "La Paloma", en el clásico sainete criollo de Alberto Vaccarezza, "El Conventillo de la Paloma".&nbsp;</p><p>Convocada por el director Eduardo Caballero, Verónica sale a escena todos los sábados a las 19.30 en el teatro Carlos Carella, ubicado en Bartolomé Mitre 970 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Con sala llena por la marcada convocatoria la obra seguirá en cartel por dos meses, el 10 y 17 de agosto y dos fechas más en septiembre.</p><p>Hace más de 20 años, Verónica se fue a Buenos Aires para estudiar teatro, su pasión y vocación, precisamente el sainete del conventillo fue una de sus primeras actuaciones, siempre siguió entrenando, hizo varias obras en el teatro independiente y hace unos años trajo también su aporte al teatro de San Francisco con la apertura del taller de teatro “La Puerta”, que lleva adelante con Carlos Pioli.&nbsp;</p><p>"Quiero mucho a esta obra, y también quiero a 'La Paloma', fue uno de los primeros personajes que interpreté. Creo que tengo algo de 'La Paloma', cuando uno interpreta un personaje le pone mucho de uno, pero también se lleva cosas", le dijo Verónica a LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Destacó que es un personaje "muy querible, es una chica que viene del bajo, huyendo de la mala vida, quiere progresar y se enamora.&nbsp;Muestra lo que vivía la mujer en esa época de inmigrantes".</p><p>Comentó que "El Conventillo de la Paloma" es una obra "bien argentina porque habla de nuestras raíces. Se escribió en 1929 y el conventillo existió realmente en Villa Crespo, justamente uno de los personajes se llama Villa Crespo".</p><p>&nbsp;</p>“Muestra lo que vivía la mujer en esa época de inmigrantes", describió Verónica a su personaje.<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>"Aborda temas y vivencias de los inmigrantes que venían en los barcos. Se juntaban en conventillos personas de diferentes nacionalidades, españoles, polacos, italianos, también porteños y criollos. Y muestra que, a pesar de las diferencias en las culturas ante una amenaza, enseguida se unen todos para luchar", agregó la actriz.&nbsp;</p><p>La obra demuestra que, como sociedad, "tenemos que entender que salimos adelante entre todos no con individualidad, sino con el trabajo colectivo. Somos 25 artistas en escena entre bailarines, músicos cantantes y actores. Estamos dentro del género musical, porque si bien tiene mucho de actuación, también tiene muchos cuadros musicales", explicó.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Una gran movida teatral en San Francisco<p>Gieco ve al teatro como una herramienta de la vida y por eso, con 19 años, decidió ir a Buenos Aires a estudiar y ahora continúa en los escenarios. Al analizar la escena teatral de nuestra ciudad, destacó que hay "una movida bastante grande".</p><p>"Cuando me fui a Buenos Aires, en San Francisco era muy poquito lo que se veía de teatro, pero desde hace unos años, desde antes de la pandemia, hay una movida bastante grande, hay muchos grupos. Lo mío de Buenos Aires es maravilloso y estoy súper contenta, pero el teatro se puede hacer en cualquier lugar y cuando uno lo hace, es feliz haciéndolo en cualquier lado", afirmó la actriz.</p><p>"Quedé enamoradísima del teatro en la escuela primaria, la Primera Junta, cuando en séptimo grado la señorita Mercedes llevó a un grupo de teatro y nos dieron un taller. Mis primeros pasos los tuve con Dora Baret, estudié y con ella un tiempo, después decidí cambiar de escuela de Beatriz Spelzini y sigo entrenando", recordó.</p><p>&nbsp;</p>Verónica en escena en la obra "El Conventillo de la Paloma".<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Una herramienta de vida<p>Verónica comentó que en "La Puerta" tienen muchos grupos de niños, adolescentes y adultos. "Muchos adultos se encuentran por primera vez con el teatro y a mí eso me parece maravilloso porque se transforma en una herramienta de vida. También es importante que desde niños puedan descubrirlo&nbsp;y que en un futuro hagan un oficio o una profesión de esto, es maravilloso".</p><p>"Fuimos a escuelas rurales hacer teatro. Con Córdoba Cultura, llevamos obras de teatro a lugares, donde no llega nada y es tan lindo porque se hace desde el amor y desde la profesión. Siempre tratamos de inculcarles a los alumnos que lo importante no es la fama o ponerse objetivos tan lejanos, sino trabajar para uno, después lo demás llega como consecuencia del trabajo personal y de lo que cada uno quiera hacer", manifestó.</p><p>&nbsp;</p><p>“Muchos adultos se encuentran por primera vez con el teatro y a mí eso me parece maravilloso”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>"La Puerta" funciona en la planta alta de la Galería Mayo, ubicada en Bv. 25 de Mayo al 1600. Verónica señaló que tienen muchos proyectos en taller. "Nos presentamos en el Sport Automóvil Club, este año ya hicimos dos presentaciones y ahora en agosto, volvemos a presentar obras nuevas y un infantil", adelantó Verónica. En IG: lapuertateatrooficial&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Qué narra la obra&nbsp;<p>Representativa de su género, "El Conventillo de la Paloma",&nbsp;de Alberto Vacarezza, muestra personajes tipo de los inmigrantes en la Argentina. En el espacio del patio del conventillo se mezclan los argentinos y los extranjeros llegados de distintas partes del mundo como resultado de las grandes corrientes inmigratorias de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Allí se encuentran el tano, el gallego, el turco y el porteño y surge el conflicto por cuestión de polleras que Vacarezza expone con gran frescura y calidad.</p><p>Si bien lo cómico predomina, hay lugar también para la reflexión y la exaltación de ese gran sentimiento movilizador de la conciencia humana que es el amor. La obra relata los problemas y enredos que provoca en un conventillo la llegada de una nueva y atractiva inquilina. Esto pone melosos a los hombres y alerta a las mujeres que traman una comedia para dar celos a sus maridos y así tratar de recuperar su amor y su atención. Entre situaciones picarescas y continuos equívocos se va tejiendo una historia de amor verdadero, que perdura más allá del tiempo.</p><p>&nbsp;</p>Entradas&nbsp;<p>Para quienes visiten Buenos Aires y quieran ver la obra, las entradas tienen un costo de $10.000 y se encuentran a la venta en la plataforma web Plateanet, también se pueden adquirir en la boletería del teatro Carella. Más información en IG: El conventillo de la paloma.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/oaTltnpC-iXndCXyHYuExW4cuHI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/07/veronica_gieco_1.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La actriz sanfrancisqueña integra el elenco de la obra "El Conventillo de la Paloma" que sube a escena todos los sábados en la sala porteña Carella. Después de más de 20 años, volvió a protagonizar al personaje central, una joven que quiere salir de la mala vida y progresar. En esta entrevista, cuenta su experiencia y analiza la actualidad del teatro local.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2024-07-28T15:11:47+00:00</published>
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