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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Más bocas, menos recursos: el drama de los comedores populares
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/n_GaEgkXpEBughKoiAXzYj2EJt8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/comedores_y_merenderos_de_san_francisco_y_frontera.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“La crisis que atraviesa nuestro país está golpeando con fuerza a miles de familias. (…) Este año, el número de beneficiarios del Paicor creció un 17%”, reconoció días atrás el gobernador Martín Llaryora al anunciar la implementación del programa alimentario en el colegio Alejandro Carbó, el más grande de Córdoba. Su declaración no es aislada: representa lo que sucede en todo el entramado social y comunitario que asiste, a diario, a quienes ya no logran cubrir ni lo más básico.</p><p>En San Francisco y Frontera, los comedores y merenderos viven esa misma realidad: más demanda, menos ayuda.&nbsp;Integrantes de distintos espacios barriales hablaron con LA VOZ DE SAN JUSTO sobre cómo enfrentan estas necesidades. Muchos afirman que el perfil de quienes piden ayuda también ha cambiado: ya no son sólo personas desocupadas o en situación extrema, sino trabajadores informales, familias enteras y niños que, sin estos espacios, no comerían.</p><p>&nbsp;</p>La Virgencita: “Vemos familias nuevas que antes no venían”<p>Marcelo Suppo, del comedor La Virgencita, en barrio Parque, dependiente de Cáritas Diocesana, contó que entregan unas 300 raciones diarias entre desayuno, almuerzo y merienda. “La demanda de asistencia alimentaria viene aumentando. Es difícil ponerle un porcentaje, pero se siente el impacto de la crisis”, dijo.</p><p>El aumento de tarifas en los servicios, sumado al estancamiento de los ingresos de quienes viven de changas, hace que el problema llegue a la olla: “Los pibes de la construcción, los cartoneros… siguen ganando lo mismo, pero la luz, el gas y el alquiler no paran de subir. Esa ecuación no cierra”, explicó Suppo. La consecuencia directa: más personas cruzan la puerta del comedor.</p><p>“Vemos familias nuevas que antes no venían. Gente que nunca había recurrido a un espacio como este”, señaló, y comentó que desde La Virgencita también ayudaron a que chicos se inscriban en el Paicor: “Antes no lo pedían. Ahora sí. Es un claro indicador del nivel de necesidad que hay”.</p><p>Además, por primera vez desde su apertura, el comedor se vio obligado a pedir ayuda directa a la comunidad. “Tuvimos que levantar el teléfono y llamar a quienes alguna vez nos ofrecieron colaborar. Y por suerte, la comunidad responde”, reconoció. Aun así, la preocupación persiste. “Si pudiéramos dar cena, también vendrían. Eso lo tenemos claro. Pero no nos dan los recursos ni el tiempo”, admitió.</p>Crece la demanda en comedores que no dan abasto.&nbsp;La Amistad: “El peor momento es decir: ‘hasta acá llegamos’”<p>En Frontera, el merendero La Amistad reparte unas 100 raciones por semana. “Si fuéramos un comercio, diría que nos va fantástico. Pero no lo somos, y eso lo vuelve una tragedia”, dice con amargura Gonzalo Giuliano Albo, uno de los integrantes del espacio.</p><p>El relato es contundente: “Hay más demanda, menos ayuda, menos donaciones y menos manos disponibles.&nbsp;La gente también tiene que sobrevivir. Hay una lógica de ‘sálvese quien pueda’ que se impone”.</p><p>Según datos nacionales, unos cinco millones de personas dependen de la comida que brindan los comedores populares. Sin embargo, el Gobierno nacional suspendió la entrega de alimentos mientras revisa el modelo de asistencia. Gonzalo no oculta su indignación: “Hay una campaña muy dañina contra el trabajo voluntario. Nos llaman gerentes de la pobreza, como si lucráramos con el hambre”.</p><p>Ese descrédito público, sumado a la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, repercute directamente en las donaciones: “Ya no conseguimos lo de antes. El peor momento es tener que decirle a una familia `hasta acá llegaos’, y se vuelve con el tupper vacío”.</p><p>La Amistad asiste a personas de varios barrios, muchos de ellos con altos niveles de vulnerabilidad social. “Gente muy pobre, muchas veces con problemas de adicciones, lo cual pone todo en otra dimensión. Un cuerpo arrasado por el paco no tiene futuro, por más ayuda que llegue”, alertó. Gonzalo, que además es docente, también denunció una problemática que crece en las escuelas: “Vemos chicos con hambre todos los días. Y eso no se borra. Si los dejamos crecer con desnutrición, estamos hipotecando el futuro”.</p><p>&nbsp;</p>Sonrisas para un Niño: menos ayuda, más necesidades<p>En barrio Acapulco, Norma Vocos sostiene el merendero Sonrisas para un niño. Asisten a 35 chicos durante la semana y a 70 los fines de semana. “Se incrementa la cantidad de niños y baja todo lo que es el tema de alimentos. Ya no contamos con las donaciones que teníamos antes”, aseguró.</p><p>Las razones no son egoísmo, sino una economía colapsada: “No es que la gente no quiera ayudar, es que todos estamos igual. Las panaderías, por ejemplo, ya no donan como antes. No les sobra, bajan la producción para no perder”.</p><p>El merendero, que atiende a niños desde año y medio hasta los 17 años, tiene hoy menos recursos y mayores exigencias. Aun así, intentan sostener el espacio con lo que tienen. “Hacemos todo lo que está a nuestro alcance. Si llega un kilo de harina, hacemos pan o torta frita. No se tira nada”, explicó.</p><p>&nbsp;</p>Los Pekeñitos: “La realidad es muy triste”<p>Desde barrio La Milka, Stella Almada se hace cargo de Los Pekeñitos, un comedor y merendero que funciona todos los días. Da de comer a 80 niñas, niños y también a adultos mayores. “En estos pocos meses aumentó muchísimo la necesidad. Personas que antes podían arreglárselas, ahora piden ayuda”, relató.&nbsp;</p><p>El espacio incluso entrega viandas a quienes no pueden acercarse. Pero la logística no es sencilla: conseguir verduras y carne se volvió muy difícil. “Antes, si nos sobraba comida, compartíamos con otros merenderos. Hoy eso ya no pasa. Hoy es muy difícil. Las donaciones han bajado mucho”, reconoció.</p><p>Aun así, entiende a quienes ya no pueden colaborar: “Sabemos que es la situación, no es por falta de ganas”. Y comparte una visión poco alentadora: “Yo creo que esto va a empeorar. Cada vez va a ser más duro”.</p><p>&nbsp;</p>Una red que resiste, pero que se tensa<p>Los relatos coinciden en un punto: el sistema de contención social que suponen los comedores y merenderos está colapsando. Con más demanda que nunca y menos apoyo, los referentes barriales alertan sobre el desgaste material, emocional y organizativo que atraviesan.</p><p>Además del aumento de personas asistidas, crecen los signos del deterioro social: desnutrición infantil, chicos que no comen en sus casas, adultos que sobreviven con una vianda por día, familias que nunca antes habían pedido ayuda y que ahora dependen de ella para comer.</p><p>La red comunitaria resiste con compromiso y solidaridad. Pero sin acompañamiento real y sostenido por parte del Estado y de la sociedad, esa resistencia tiene un límite. Y en muchos casos, está peligrosamente cerca.</p>Red Solidaria busca reactivar la heladera social&nbsp;<p>Red Solidaria San Francisco busca reinstalar la heladera social, una iniciativa solidaria destinada a recibir donaciones de alimentos y ponerlos a disposición de personas en situación de vulnerabilidad. El dispositivo se encuentra inactivo desde hace tiempo, por lo que la organización apunta a ubicarlo en un sitio céntrico, accesible y visible. Si bien se prefiere disponibilidad las 24 horas, no es un requisito excluyente. También se valora que el lugar esté iluminado y permita el acceso desde la vía pública.</p><p>La experiencia anterior fue positiva, con gran participación de vecinos, comercios e instituciones. Por eso, se convoca a quienes puedan ofrecer un espacio —organizaciones, instituciones o particulares— a sumarse a la propuesta. Quienes deseen colaborar pueden comunicarse al 3564 619188.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/n_GaEgkXpEBughKoiAXzYj2EJt8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/comedores_y_merenderos_de_san_francisco_y_frontera.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Referentes de comedores y merenderos comunitarios advierten sobre el incremento sostenido de personas que necesitan asistencia alimentaria y la dramática caída de recursos y donaciones. Relatos que exponen el impacto de la crisis en los sectores más vulnerables, y la creciente dificultad para seguir sosteniendo la ayuda.]]>
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                <published>2025-05-18T12:47:43+00:00</published>
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            “No es caridad, es dignificación”: Chelo Suppo, el compañero eterno de La Virgencita
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GJDz0LbgbTWGHzw2xqYTZCS-1EQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/chelo_suppo_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>Cinco días a la semana, Marcelo Suppo – “Chelo” para todos – tiene una cita inamovible. Desde temprano por la mañana, el despertador lo despierta para llegar puntual a su destino: barrio Parque, y allí, a un lugar que es mucho más que una institución, La Virgencita. ¿Su rol en este espacio? Responde con humildad: “Acompañar y coordinar un poco”. Sin embargo, quienes lo conocen saben que lo suyo es mucho más que eso; que lo moviliza el deseo profundo de hacer algo por los demás y la alegría de saber que hay personas que reciben una oportunidad de salir adelante. Como dice él mismo: “Acá el lema principal es recibir la vida como viene y acompañarla codo a codo”.</p><p>El trabajo de Suppo en La Virgencita se da en el marco de una red de tres instituciones: la Asociación Civil Comedor La Virgencita, la Cooperativa de Trabajo La Virgencita y Cáritas Diocesanas. Juntas, ofrecen asistencia integral a cientos de personas, principalmente aquellas que atraviesan consumos problemáticos y otras situaciones de vulnerabilidad extrema. “Aquí se trabaja en red. Lo bueno es que hay un montón de actores que se comprometen y aportan lo suyo”, señalÓ Chelo. Y añadió con una sonrisa: “No tengo un título, pero lo que tengo es el corazón puesto en lo que hacemos”.</p><p>&nbsp;</p><p>“El problema no es solo económico. Hay un rostro detrás de cada número. Y cuando te centrás mucho en la estadística, es como que te olvidás un poco de la persona”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Uno de los desafíos más grandes que enfrenta La Virgencita es la problemática de las adicciones. Suppo lo sabe bien y comparte la experiencia del “Hogar de Cristo”, que también funciona en Lamadrid 822. Frente a una crisis económica que golpea fuertemente a la población, y con una pobreza que alcanzó niveles alarmantes en 2024, las adicciones se han convertido en una de las pobrezas más profundas y complejas. “La adicción es una de las pobrezas más grandes que nos toca atravesar, incluso más compleja que la pobreza económica”, afirmó con convicción.</p><p>En este contexto de crisis, donde los números son devastadores, Suppo es claro: “Nosotros siempre decimos que el tema estadístico es secundario. Porque si viene uno o vienen 50 a pedir ayuda, lo único que cambia es la cantidad de lo que tenemos que proveer. Lo importante es la persona, y las personas no son números, son personas”. Y aunque reconoce que las cifras indican una creciente demanda, subraya que lo esencial sigue siendo la atención personalizada. “Lo importante es la persona, no el número”, insistió, destacando que lo que se necesita no es solo comida o asistencia básica, sino un acompañamiento integral que permita cambios reales.</p><p>“El problema no es solo económico. Hay un rostro detrás de cada número. Y cuando te centrás mucho en la estadística, es como que te olvidás un poco de la persona”, agregó,</p><p>De hecho, La Virgencita trabaja en la promoción humana, procurando ofrecer una salida digna a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad. “Acá lo que hacemos es promover a las personas desde un lugar diferente. Trabajamos la educación, la solidaridad, la cultura del trabajo. No es solo caridad, es dignificación”, remarcó Suppo. Esto se refleja en diversas iniciativas como los talleres de alfabetización para adultos y la búsqueda de nuevas maneras de asistir a quienes luchan contra las adicciones, entre otras acciones.</p>&nbsp;“No nos imaginamos nunca que íbamos a llegar a donde llegamos”, dijo Marcelo sobre el crecimiento de La Virgencita.<p>&nbsp;</p>Consumos problemáticos&nbsp;<p>“Empieza a aparecer algunos casos de ludopatía y esas cosas. Y siempre, el tema de la adicción a la droga” que, según el entrevistado, es una lucha cotidiana que no tiene una solución sencilla. “Si hay alguien que tiene hambre, necesitamos un kilo de arroz, un kilo de fideos… Pero, ¿qué pasa cuando tenemos a 10 chicos con adicciones? No hay una fórmula, lo que hay es acompañar. No es un camino fácil, pero si hay algo que aprendimos es que no podemos dejar a nadie atrás. Recibimos la vida como viene”, expresó con una determinación que revela tanto su compromiso como el profundo conocimiento de las realidades que enfrenta.</p><p>“Si viene ‘puesto’, si viene drogado, alcoholizado… nosotros lo vamos a recibir siempre. Este espacio se trata de acompañar, junto al equipo de salud”. También, “en cuestiones cotidianas como trámites, porque no es lo mismo no tener documento que tenerlo, o llevar años sin hacerse un chequeo médico”, siguió Suppo.&nbsp;</p><p>“Nosotros&nbsp; lo vemos con una mirada cristiana. Hay otra forma de vida para esas personas. A veces solo hace falta esto de abrazar y acompañar a todas las pobrezas”, indicó.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>El golpe de “la realidad”<p>“En el tema del consumo problemático es más la frustración que la transformación. Salen y vuelven a caer. Entonces, vos decís, de cien recuperas a dos, y capaz a los otros 98 en algún momento les va a caer la ficha. No podés quedarte en esa frustración, tenés que seguir y no dejarlo solo. Tenés que seguir porque la persona sigue también y sigue confiando en vos,&nbsp;en que lo vas a acompañar”, señaló Suppo.&nbsp;</p><p>Cuando le pedimos que recordara alguna anécdota positiva durante tantos años en La Virgencita, que aflore la esperanza en estos momentos tan complejos, expresó: “Hay muchísimas historias y vidas que se transformaron&nbsp; a partir de que un integrante de la familia fue a la universidad. O sea, el estudio transformó para siempre la historia de vida de esa familia. La educación es una poderosa herramienta de transformación social, de movilidad social. Pero como decía antes, una cosa va de la mano de otra. La realidad es que si una persona no come bien, si no tiene las necesidades básicas cubiertas, difícil pueda hacer otra cosa”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>“Hay otra forma de vida para esas personas. A veces solo hace falta esto de abrazar y acompañar a todas las pobrezas”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Más allá de la caridad<p>“La Virgencita transformó vidas”, aseveró Suppo, quien destaca que la institución es un espacio de esperanza. Y no es solo para quienes reciben ayuda, sino también para quienes ofrecen su tiempo. “Siempre que alguien viene y nos dice ‘quisiera ayudar, pero no tengo ningún estudio’, les decimos que no hace falta. Si sabes leer y escribir, ya podés ayudar. Ayudar a un chico a sumar y restar, o leerle un cuento, es suficiente. Con eso le estás diciendo: ‘me importa’”. La comunidad de voluntarios es una de las piedras angulares de este trabajo, y Suppo sabe que, aunque no es fácil, el voluntariado tiene que sostenerse en el tiempo para ser realmente eficaz.</p><p>No es casual que La Virgencita reciba a personas de diversos orígenes, ideologías y creencias. Suppo deja claro: “No le vamos a pedir a nadie un carné de bautismo, ni que comparta nuestra religión o ideología. Acá no importa eso, lo que importa es acompañar la vida como viene. Siempre se reza antes de comer, pero el que no quiere, no lo hace. Nadie está obligado a nada”. Esta mirada abierta y respetuosa ha permitido que el trabajo de La Virgencita se expanda más allá de las fronteras del barrio Parque, llegando a personas de diferentes zonas de la ciudad y hasta de lugares cercanos como Frontera y Acapulco (Josefina).</p><p>&nbsp;</p>La lucha contra la estigmatización<p>Suppo además se refirió a la estigmatización que enfrentan tanto el barrio como las personas que allí viven. “Acá hay gente buena y gente mala, como en todos lados. El problema es que cuando decís que trabajás en el barrio, algunos no quieren saber nada. Los prejuicios existen”, reconoció, al mismo tiempo que destacó que gran parte de la población local está comprometida con la transformación del lugar. “La gente trabajadora, que lucha todos los días, está aquí, en el barrio. El problema es cuando se tiñe todo de un color negativo, cuando los prejuicios ganan”, sostuvo Suppo.</p><p>Para él, la clave está en el acompañamiento, en el abrazo y el respeto por la historia de cada persona.&nbsp;“Es lógico que con alguien que no comió bien, que no tiene calzado, que no tiene salud, sea muy difícil pensar en promoción humana. Pero nuestra tarea es dignificar a la persona, siempre”, reiteró.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>La Virgencita, un “buque insignia”<p>“Creo que La Virgencita es un buque insignia, porque tenés un montón de instituciones trabajando en el mismo lugar, y en una común unión que es interesante.&nbsp;Abriéndole la puerta a todos los que vienen. Organizaciones, Estado…, los que se arrimen a trabajar con nosotros, los escuchamos y nos ponemos a disposición”, comentó.</p><p>“Todo nació como un proyecto dentro de un grupo de la iglesia, de Cáritas parroquiales y el movimiento Círculos de Juventud –recordó Suppo-. Nos imaginamos nunca que íbamos a llegar a donde llegamos”. Comenzaron en reducido espacio físico, se mudaron primero a Juan de Garay y Perú y luego, a barrio Parque donde la magnitud que adquirió la obra revela la fuerza de la solidaridad.</p><p>&nbsp;</p>Suppo no ignora las frustraciones que surgen al ver cómo muchas personas caen una y otra vez en la espiral de las adicciones, pero insiste en que lo importante es no rendirse.<p>&nbsp;</p>Proyectos a futuro<p>A pesar de las dificultades, el trabajo en La Virgencita no se detiene. Entre sus proyectos más ambiciosos se encuentra la finalización de una nueva sala en la esquina de la institución, que contará con cinco aulas y un salón de usos múltiples para seguir promoviendo la educación y la inclusión social de quienes asisten a La Virgencita, y ofrecerles una oportunidad de crecimiento personal. “La idea es seguir trabajando en la promoción humana de todos los que pasan por acá”, que promedian las 300 personas por día, de acuerdo a los cálculos de Suppo.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Abrazar y acompañar&nbsp;<p>¿Qué motiva a “Chelo” a seguir adelante, día tras día? La respuesta es sencilla, pero profunda: “El dolor del otro. Poder acompañar. Siempre que alguien te acompaña, te hace sentir que no estás solo. Lo que te motiva es abrazar y acompañar, siempre”.</p><p>En definitiva, la labor de Chelo Suppo y La Virgencita es una de esas historias que, más allá de las estadísticas, nos recuerda que el cambio verdadero y duradero comienza con el compromiso de cada uno. A veces, un simple gesto de acompañar a otro en su dolor puede transformar vidas. Y, al final del día, como bien dice Suppo, lo que importa es que nunca dejen de sentirse acompañados.</p><p>&nbsp;</p><p>LEER TAMBIÉN: https://www.lavozdesanjusto.com.ar/lo-mas-importante-es-que-60-familias-se-han-dignificado---109023</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GJDz0LbgbTWGHzw2xqYTZCS-1EQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/chelo_suppo_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>No le pone un título a su función, pero sí el alma. Afirma que el trabajo de la ONG no se limita a la asistencia básica, sino que busca transformar vidas. Y que la adicción es hoy “una de las pobrezas más grandes”.]]>
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                <published>2024-11-24T11:34:55+00:00</published>
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            Los recolectores de La Virgencita también juntan botellas plásticas
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-66QRmuQFUoxFmnMw_Zppc1jehI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/02/s_13.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El inicio del mes de febrero de 2024 será recordado de manera muy especial en el Centro Comunitario La Virgencita. Es que los recicladores urbanos de la cooperativa (Lamadrid 822), el acopio más grande de nuestra ciudad, dieron un paso muy grande en el fortalecimiento de la economía circular.</p><p>De esta manera, el 1 de febrero nació el primer fardo compuesto por 4.500 botellas plásticas, con un peso total de 200 kilogramos como resultado del trabajo de los recolectores que diversifican su trabajo juntando no solo papel y cartón, sino que a esto le añaden las botellas plásticas, generando así mayores ingresos a su tarea diaria.</p><p>De hecho, mientras que un kilo de cartón se paga $ 70, un kilo de plástico tipo PeT (polietileno tereftalato), utilizado en la fabricación de botellas, se paga 100 pesos. Estos valores implican que, cada recolector de cartón y plástico en San Francisco puede llegar a recibir entre $ 7.000 y $ 8.000 por día de trabajo.</p><p>Es importante destacar que, entre los meses de octubre a febrero, aumentó un 253 % el precio que la cooperativa paga por el cartón que entregan los recolectores.</p><p>Se calcula que en San Francisco se genera un kilo y medio de basura por día por habitante. De esa cantidad, la mitad es cartón, papel y plástico. Esto significa que de todo el material que se tira a diario como residuos, los recolectores logran captar un 50 por ciento.</p><p>En un principio, por una cuestión de costos, parecería más conveniente volcar los esfuerzos en la recolección de envases plásticos que se comercializan a un costo 30 % más caro, hay que tener en cuenta el volumen que cada envase ocupa. De hecho, la capacidad de cada carro recolector representa el doble de la cantidad de papel o cartón comparada con el espacio que ocupan los envases plásticos.</p><p>&nbsp;</p>Reciclado de PeT a partir de botellas post consumo.<p>&nbsp;</p><p>Un elemento muy atractivo para la actividad de los recolectores son los denominados Puntos Verdes&nbsp;existentes en diferentes sectores de la ciudad porque allí se deposita una gran cantidad de botellas plásticas por parte de los vecinos.</p><p>A estos espacios se pueden llevar tres tipos de residuos para que sean reciclados: papel y cartón, plástico y aluminio, en el marco de un programa municipal para lograr una mayor separación de residuos y su posterior reciclado.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Para los recolectores de papel, cartón y ahora botellas plásticas, los Puntos Verdes se han convertido en lugares muy buscados que les permiten generar recursos para su diaria subsistencia.</p><p>Los Puntos Verdes instalados por el municipio constituyen así un aliado fundamental en la provisión de plástico. Los recolectores luego se ocupan de clasificarlo y venderlo para su reutilización.</p><p>Hasta el momento los materiales que se reciben en estos puntos de acopio son de tres tipos: papel y cartón, aluminio y plástico. Funcionan en bulevar Roca esquina Ecuador; frente al supermercado Pingüino, otro en barrio Maipú y en la plaza Vélez Sarsfield. Los vecinos pueden llevarlos hasta allí, de lunes a viernes de 8 a 19.&nbsp;</p><p>Emilio Amé, referente de La Virgencita, explicó a LA VOZ DE SAN JUSTO que este primer fardo de plástico PeT “fue la consecuencia de un trabajo que se viene extendiendo desde hace un año, cuando comenzamos a pensar en la recolección de botellas plásticas” como una fuente de recursos alternativa al cartón y el papel.</p><p>Comentó que “la semana pasada pudimos sacar el primer fardo y ahora ya vamos por el tercer fardo de PeT”.</p><p>Para llevar adelante el armado del fardo se utiliza la maquinaria que ya tienen en existencia para el armado de fardos de cartón y papel. Amé aclaró además que en la recolección de plástico “nosotros solo compramos el plástico PeT, es decir, todas aquellas botellas que tiene que ver con envases de bebidas”.</p><p>La principal razón por la cual sólo se reciben envases de plástico PeT tiene que ver con que “hoy es el que hay con mayor disponibilidad en la calle”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>La basura o el residuo pueden reutilizarse.<p>&nbsp;</p><p>Una vez que ese producto es comercializado a las fábricas que producen envases, el mismo es reutilizado en la producción de nuevos envases. “De esa forma se contribuye con la economía circular -dijo Amé-, evitando que este tipo de productos formen parte de residuos que son muy difíciles de degradarse en el ambiente porque todo ese proceso toma muchos años, con la consiguiente contaminación ambiental que eso trae aparejado”.</p><p>En cuanto al proceso de tratamiento de las botellas plásticas “es exactamente el mismo que el cartón –precisó-, lo único que cambia es que previo a la recolección se brindó una capacitación para explicarles con claridad qué es lo que nosotros estamos juntando”.</p><p>Teniendo en cuenta que la caída en el consumo general de la población trajo aparejada una disminución en la cantidad de cartón en la calle, Amé indicó que “el hecho de que estemos comprando PeT, les permite a los recolectores reunir un dinero extra para compensar esa menor cantidad de cartón en la calle”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/-66QRmuQFUoxFmnMw_Zppc1jehI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/02/s_13.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Funciona como un complemento a sus ingresos ante la caída del cartón. Además, constituye un paso muy importante en el circuito de recuperación de los residuos sólidos urbanos que llevan adelante.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2024-02-05T11:51:14+00:00</published>
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            Una virgen fue robada, vendida y luego devuelta por la compradora
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KJiJ2Tc04AtEsbuhztgMwvVxlys=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/01/virgen_1.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>Este lunes, una vecina de San Francisco alertó a las autoridades sobre el robo de la figura de la Virgen de Lourdes en la gruta de Pasaje Martin Fierro al 1100. El mensaje desesperado "Nos robaron la virgencita de Nuestra Señora de Lourdes… Ayúdanos a encontrarla por favor" se viralizó en redes sociales, movilizando a la comunidad y a la policía.</p><p>Horas después, la policía informó que, mediante averiguaciones, descubrieron que la estatuilla fue adquirida por una vecina del sector después del robo. Sorprendentemente, esta residente hizo entrega voluntaria de la imagen al enterarse de la situación, aliviando el malestar que se había apoderado de la comunidad religiosa local.</p><p>La gruta en cuestión es conocida por ser un lugar de gran importancia, especialmente por la conmemoración anual que se realiza el 11 de febrero. En esta fecha, se recuerda la aparición de la Virgen María ante la niña Bernardita Soubirous en Lourdes, Francia, en 1858. El hecho de que la imagen robada haya sido recuperada antes de esta conmemoración alivió las preocupaciones y restauró un sentido de tranquilidad en la comunidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KJiJ2Tc04AtEsbuhztgMwvVxlys=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/01/virgen_1.png" class="type:primaryImage" /></figure>Gran conmoción en San Francisco por el robo de la imagen de la Virgen de Lourdes. La imagen fue devuelta por la persona que la había comprado.]]>
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                                <category term="policiales" label="Policiales" />
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                <published>2024-01-22T23:21:24+00:00</published>
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