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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Más bocas, menos recursos: el drama de los comedores populares
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/n_GaEgkXpEBughKoiAXzYj2EJt8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/comedores_y_merenderos_de_san_francisco_y_frontera.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“La crisis que atraviesa nuestro país está golpeando con fuerza a miles de familias. (…) Este año, el número de beneficiarios del Paicor creció un 17%”, reconoció días atrás el gobernador Martín Llaryora al anunciar la implementación del programa alimentario en el colegio Alejandro Carbó, el más grande de Córdoba. Su declaración no es aislada: representa lo que sucede en todo el entramado social y comunitario que asiste, a diario, a quienes ya no logran cubrir ni lo más básico.</p><p>En San Francisco y Frontera, los comedores y merenderos viven esa misma realidad: más demanda, menos ayuda.&nbsp;Integrantes de distintos espacios barriales hablaron con LA VOZ DE SAN JUSTO sobre cómo enfrentan estas necesidades. Muchos afirman que el perfil de quienes piden ayuda también ha cambiado: ya no son sólo personas desocupadas o en situación extrema, sino trabajadores informales, familias enteras y niños que, sin estos espacios, no comerían.</p><p>&nbsp;</p>La Virgencita: “Vemos familias nuevas que antes no venían”<p>Marcelo Suppo, del comedor La Virgencita, en barrio Parque, dependiente de Cáritas Diocesana, contó que entregan unas 300 raciones diarias entre desayuno, almuerzo y merienda. “La demanda de asistencia alimentaria viene aumentando. Es difícil ponerle un porcentaje, pero se siente el impacto de la crisis”, dijo.</p><p>El aumento de tarifas en los servicios, sumado al estancamiento de los ingresos de quienes viven de changas, hace que el problema llegue a la olla: “Los pibes de la construcción, los cartoneros… siguen ganando lo mismo, pero la luz, el gas y el alquiler no paran de subir. Esa ecuación no cierra”, explicó Suppo. La consecuencia directa: más personas cruzan la puerta del comedor.</p><p>“Vemos familias nuevas que antes no venían. Gente que nunca había recurrido a un espacio como este”, señaló, y comentó que desde La Virgencita también ayudaron a que chicos se inscriban en el Paicor: “Antes no lo pedían. Ahora sí. Es un claro indicador del nivel de necesidad que hay”.</p><p>Además, por primera vez desde su apertura, el comedor se vio obligado a pedir ayuda directa a la comunidad. “Tuvimos que levantar el teléfono y llamar a quienes alguna vez nos ofrecieron colaborar. Y por suerte, la comunidad responde”, reconoció. Aun así, la preocupación persiste. “Si pudiéramos dar cena, también vendrían. Eso lo tenemos claro. Pero no nos dan los recursos ni el tiempo”, admitió.</p>Crece la demanda en comedores que no dan abasto.&nbsp;La Amistad: “El peor momento es decir: ‘hasta acá llegamos’”<p>En Frontera, el merendero La Amistad reparte unas 100 raciones por semana. “Si fuéramos un comercio, diría que nos va fantástico. Pero no lo somos, y eso lo vuelve una tragedia”, dice con amargura Gonzalo Giuliano Albo, uno de los integrantes del espacio.</p><p>El relato es contundente: “Hay más demanda, menos ayuda, menos donaciones y menos manos disponibles.&nbsp;La gente también tiene que sobrevivir. Hay una lógica de ‘sálvese quien pueda’ que se impone”.</p><p>Según datos nacionales, unos cinco millones de personas dependen de la comida que brindan los comedores populares. Sin embargo, el Gobierno nacional suspendió la entrega de alimentos mientras revisa el modelo de asistencia. Gonzalo no oculta su indignación: “Hay una campaña muy dañina contra el trabajo voluntario. Nos llaman gerentes de la pobreza, como si lucráramos con el hambre”.</p><p>Ese descrédito público, sumado a la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, repercute directamente en las donaciones: “Ya no conseguimos lo de antes. El peor momento es tener que decirle a una familia `hasta acá llegaos’, y se vuelve con el tupper vacío”.</p><p>La Amistad asiste a personas de varios barrios, muchos de ellos con altos niveles de vulnerabilidad social. “Gente muy pobre, muchas veces con problemas de adicciones, lo cual pone todo en otra dimensión. Un cuerpo arrasado por el paco no tiene futuro, por más ayuda que llegue”, alertó. Gonzalo, que además es docente, también denunció una problemática que crece en las escuelas: “Vemos chicos con hambre todos los días. Y eso no se borra. Si los dejamos crecer con desnutrición, estamos hipotecando el futuro”.</p><p>&nbsp;</p>Sonrisas para un Niño: menos ayuda, más necesidades<p>En barrio Acapulco, Norma Vocos sostiene el merendero Sonrisas para un niño. Asisten a 35 chicos durante la semana y a 70 los fines de semana. “Se incrementa la cantidad de niños y baja todo lo que es el tema de alimentos. Ya no contamos con las donaciones que teníamos antes”, aseguró.</p><p>Las razones no son egoísmo, sino una economía colapsada: “No es que la gente no quiera ayudar, es que todos estamos igual. Las panaderías, por ejemplo, ya no donan como antes. No les sobra, bajan la producción para no perder”.</p><p>El merendero, que atiende a niños desde año y medio hasta los 17 años, tiene hoy menos recursos y mayores exigencias. Aun así, intentan sostener el espacio con lo que tienen. “Hacemos todo lo que está a nuestro alcance. Si llega un kilo de harina, hacemos pan o torta frita. No se tira nada”, explicó.</p><p>&nbsp;</p>Los Pekeñitos: “La realidad es muy triste”<p>Desde barrio La Milka, Stella Almada se hace cargo de Los Pekeñitos, un comedor y merendero que funciona todos los días. Da de comer a 80 niñas, niños y también a adultos mayores. “En estos pocos meses aumentó muchísimo la necesidad. Personas que antes podían arreglárselas, ahora piden ayuda”, relató.&nbsp;</p><p>El espacio incluso entrega viandas a quienes no pueden acercarse. Pero la logística no es sencilla: conseguir verduras y carne se volvió muy difícil. “Antes, si nos sobraba comida, compartíamos con otros merenderos. Hoy eso ya no pasa. Hoy es muy difícil. Las donaciones han bajado mucho”, reconoció.</p><p>Aun así, entiende a quienes ya no pueden colaborar: “Sabemos que es la situación, no es por falta de ganas”. Y comparte una visión poco alentadora: “Yo creo que esto va a empeorar. Cada vez va a ser más duro”.</p><p>&nbsp;</p>Una red que resiste, pero que se tensa<p>Los relatos coinciden en un punto: el sistema de contención social que suponen los comedores y merenderos está colapsando. Con más demanda que nunca y menos apoyo, los referentes barriales alertan sobre el desgaste material, emocional y organizativo que atraviesan.</p><p>Además del aumento de personas asistidas, crecen los signos del deterioro social: desnutrición infantil, chicos que no comen en sus casas, adultos que sobreviven con una vianda por día, familias que nunca antes habían pedido ayuda y que ahora dependen de ella para comer.</p><p>La red comunitaria resiste con compromiso y solidaridad. Pero sin acompañamiento real y sostenido por parte del Estado y de la sociedad, esa resistencia tiene un límite. Y en muchos casos, está peligrosamente cerca.</p>Red Solidaria busca reactivar la heladera social&nbsp;<p>Red Solidaria San Francisco busca reinstalar la heladera social, una iniciativa solidaria destinada a recibir donaciones de alimentos y ponerlos a disposición de personas en situación de vulnerabilidad. El dispositivo se encuentra inactivo desde hace tiempo, por lo que la organización apunta a ubicarlo en un sitio céntrico, accesible y visible. Si bien se prefiere disponibilidad las 24 horas, no es un requisito excluyente. También se valora que el lugar esté iluminado y permita el acceso desde la vía pública.</p><p>La experiencia anterior fue positiva, con gran participación de vecinos, comercios e instituciones. Por eso, se convoca a quienes puedan ofrecer un espacio —organizaciones, instituciones o particulares— a sumarse a la propuesta. Quienes deseen colaborar pueden comunicarse al 3564 619188.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/n_GaEgkXpEBughKoiAXzYj2EJt8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/comedores_y_merenderos_de_san_francisco_y_frontera.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Referentes de comedores y merenderos comunitarios advierten sobre el incremento sostenido de personas que necesitan asistencia alimentaria y la dramática caída de recursos y donaciones. Relatos que exponen el impacto de la crisis en los sectores más vulnerables, y la creciente dificultad para seguir sosteniendo la ayuda.]]>
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                <published>2025-05-18T12:47:43+00:00</published>
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            Francisco, el Papa de las periferias
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nBl3bN0YM5TfJIDqLBQ3IINgnrY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/papa_francisco_9.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Amor, la necesidad de una iglesia misionera, que “hace lío” e invita a “callejear la fe”; el vivir todos juntos como hermanos, la coherencia, la humildad franciscana, el “vendaval” que cambió los aires, un Papa de reforma, un líder espiritual que fue “lo más revolucionario que se podía en una institución bimilenaria”.</p><p>Con estos pensamientos tres sanfrancisqueños, el obispo Sergio Buenanueva, Marcelo “Chelo” Suppo quien trabaja en la Asociación Civil Comedor La Virgencita, la Cooperativa de Trabajo La Virgencita y Cáritas Diocesana; y el periodista Manuel Montali, definieron el legado del Papa Francisco.&nbsp;</p><p>LA VOZ DE SAN JUSTO recogió sus reflexiones sobre la huella imborrable que dejó Francisco, el primer Papa latinoamericano y el argentino más importante de la historia del mundo.</p><p>El funeral para despedir al Papa Francisco, quien falleció el lunes a los 88 años, se realizará hoy sábado 26 de abril a partir de las 10, hora local, 5 de la madrugada, hora argentina y se espera que sea multitudinario. &nbsp;</p>“Un vendaval” en la Iglesia<p>“El Papa llama las periferias del mundo a los pobres y también a otras periferias existenciales. Francisco ha sido un vendaval en la Iglesia. Esta Iglesia misionera es una de las deudas más grandes que tenemos”, aseguró el obispo Sergio Buenanueva.</p><p>Remarcó que la herencia más grande que deja Francisco “tiene que ver con el espíritu misionero. Él lo dijo: una Iglesia en salida, una Iglesia que hace lío, pero no lío de hacer ruido. El lío que él le decía a los jóvenes en Río de Janeiro y que nos toca a todos, es el de una iglesia que ‘callejea la Fe’ como él mismo dijo. Una Iglesia que sale, recorre, que va a los lugares más apartados”.</p><p>“Francisco es un Papa de reforma, pero no reforma de estructuras externas o como señalan algunos como que los curas nos casemos, sino una reforma que va desde adentro hacia afuera –afirmó el obispo-. La reforma primero del corazón que se vuelve a Cristo y que quiere llevar el Evangelio a los demás”,</p><p>Para Buenanueva, la fraternidad es también otro legado importante. “Francisco de Asís es una figura muy importante, porque de él toma el nombre como Papa pero también toma la cercanía a los pobres, a los descartados de la vida y el cuidado de la Creación. Propone eso en esta Argentina que prefiere la confrontación, en este mundo que está en riesgo de vivir la tercera guerra mundial a pedacitos. Este es otro gran legado: apostar por la fraternidad que nos hace reconocer en el otro a un hermano a una hermana”.</p><p>“El Papa Francisco, Jorge Bergoglio era un hombre de Fe, un discípulo de Cristo. Era un hombre de profunda oración, era un jesuita de pies a cabeza. Era un hombre con una libertad interior muy grande y que vivió su Fe como un dejarse conducir por el Espíritu de Cristo”, remarcó el obispo.</p><p>Finalizó: “Creo que no hay que desmarcar la figura de Francisco del camino más amplio que viene llevando la Iglesia sobre todo desde el Concilio Vaticano II a nuestros días, y hay una profunda continuidad entre todos los Papas, desde Juan XXIII a Francisco, cada uno ha llevado adelante una reforma muy honda de la Iglesia”.</p>Amor y fraternidad<p>Para “Chelo” Suppo, el legado de Francisco “es un legado de amor, de fraternidad. Fue siempre muy coherente con su vida, el mensaje de amor que deja es demasiado grande”.</p><p>“En un mundo siempre obsesionado por el poder y el consumo, Francisco vino a denunciar la cultura del descarte, a decir que el mundo no tiene sobrantes, que el amor no es dar lo que te sobra sino lo que te cuesta”, afirmó.</p><p>Remarcó que Francisco “vino a movernos el piso de una forma tremenda y creo que el legado es su última encíclica, la fratelli tutti. Todos somos hermanos. Cuando le preguntaban sobre los homosexuales o los trans, él decía: no, somos todos juntos, todos hijos de un mismo Dios”.</p><p>“El Papa habla de las periferias sociales y no solo de eso, su amor va más allá y se refiere a las periferias existenciales, de poder ayudar a todo aquel que tenga una necesidad y no solamente económica. Viene hablar de la casa común, de cuidar el mundo que dejamos”, finalizó.</p>La mayor ofensa del Papa<p>El periodista Manuel Montali despidió con estas palabras a Francisco en sus redes:&nbsp;</p><p>“Rebuscando, encontré esta foto. No lo conocí. Nunca hablé con él. Lo vi apenas esa vez, desde lejos, en una plaza San Pedro reventada de gente. Pero sí vi lo que generaba. Y lo vuelvo a ver ahora.</p><p>Todos los que leíamos Página12, con los informes del Perro Verbitsky, lo mirábamos de reojo, más aún después de la controversia con el kirchnerismo y el Te Deum. Había algo chauvinista también en esto de tener reina y Papa que me molestaba.&nbsp;</p><p>Pero acá está lo curioso. Cuando se convirtió en Papa, lejos de cobrarse las injurias, el tipo recibió con brazos abiertos a toda oveja o lobo, más o menos garca, más o menos bueno, que se quiso acercar a él. Incluso a un Milei que se cansó de vomitarlo. Es cierto, nunca volvió. A lo mejor tenía problemas más grandes que la grieta doméstica. No somos el centro del mundo.</p><p>Y fue lo más revolucionario que se podía en una institución bimilenaria. Difundió siempre un mensaje franciscano, del llano, de humildad y cercanía con todos, cuasi guardiolista, en donde la estrella es siempre el equipo, incluyendo diferentes credos, minorías y orientaciones sexuales hasta entonces estigmatizadas.</p><p>Fue desde ahí mucho más coherente que todos los que lo criticaron. Conociendo más sobre su vida, y sobre la gente que lo rodeó, incluso en esos años de la dictadura, me quedo con que hizo todo lo que pudo desde su lugar. Y todavía más. Fue un gran líder, el mejor que la Iglesia podía elegir. Los argentinos, siempre ombliguistas, no terminamos de darnos cuenta.</p><p>En estos días, en que circulan noticias como sobre su hermana, que no pudo volver a verlo desde que se convirtió en Papa, no dejamos de asombrarnos, tan acostumbrados como estamos al tráfico de influencias. Porque, vamos, hasta el más insignificante chiquitisecretario acomoda a toda la estantería familiar, a los amigos y amantes en cuanto puesto tiene a mano. Como muestra, la nómina de "asesores" en la Legislatura cordobesa.</p><p>Él ni siquiera se valió de su puesto para un pasaje. Como Papa fue lo que predicó: un tipo de tierra adentro, de villa, de iglesias tercermundistas, hincha de un club sufrido. Y se murió con lo puesto y nada más. Y eso, eso sí que es una ofensa”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/nBl3bN0YM5TfJIDqLBQ3IINgnrY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/papa_francisco_9.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El obispo Sergio Buenanueva, Marcelo “Chelo” Suppo y Manuel Montali analizan el legado del Papa Francisco que impulsó una Iglesia misionera y en salida, apostó por la fraternidad universal y acercó la fe a las periferias.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-04-26T11:58:08+00:00</published>
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            “No es caridad, es dignificación”: Chelo Suppo, el compañero eterno de La Virgencita
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GJDz0LbgbTWGHzw2xqYTZCS-1EQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/chelo_suppo_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>Cinco días a la semana, Marcelo Suppo – “Chelo” para todos – tiene una cita inamovible. Desde temprano por la mañana, el despertador lo despierta para llegar puntual a su destino: barrio Parque, y allí, a un lugar que es mucho más que una institución, La Virgencita. ¿Su rol en este espacio? Responde con humildad: “Acompañar y coordinar un poco”. Sin embargo, quienes lo conocen saben que lo suyo es mucho más que eso; que lo moviliza el deseo profundo de hacer algo por los demás y la alegría de saber que hay personas que reciben una oportunidad de salir adelante. Como dice él mismo: “Acá el lema principal es recibir la vida como viene y acompañarla codo a codo”.</p><p>El trabajo de Suppo en La Virgencita se da en el marco de una red de tres instituciones: la Asociación Civil Comedor La Virgencita, la Cooperativa de Trabajo La Virgencita y Cáritas Diocesanas. Juntas, ofrecen asistencia integral a cientos de personas, principalmente aquellas que atraviesan consumos problemáticos y otras situaciones de vulnerabilidad extrema. “Aquí se trabaja en red. Lo bueno es que hay un montón de actores que se comprometen y aportan lo suyo”, señalÓ Chelo. Y añadió con una sonrisa: “No tengo un título, pero lo que tengo es el corazón puesto en lo que hacemos”.</p><p>&nbsp;</p><p>“El problema no es solo económico. Hay un rostro detrás de cada número. Y cuando te centrás mucho en la estadística, es como que te olvidás un poco de la persona”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Uno de los desafíos más grandes que enfrenta La Virgencita es la problemática de las adicciones. Suppo lo sabe bien y comparte la experiencia del “Hogar de Cristo”, que también funciona en Lamadrid 822. Frente a una crisis económica que golpea fuertemente a la población, y con una pobreza que alcanzó niveles alarmantes en 2024, las adicciones se han convertido en una de las pobrezas más profundas y complejas. “La adicción es una de las pobrezas más grandes que nos toca atravesar, incluso más compleja que la pobreza económica”, afirmó con convicción.</p><p>En este contexto de crisis, donde los números son devastadores, Suppo es claro: “Nosotros siempre decimos que el tema estadístico es secundario. Porque si viene uno o vienen 50 a pedir ayuda, lo único que cambia es la cantidad de lo que tenemos que proveer. Lo importante es la persona, y las personas no son números, son personas”. Y aunque reconoce que las cifras indican una creciente demanda, subraya que lo esencial sigue siendo la atención personalizada. “Lo importante es la persona, no el número”, insistió, destacando que lo que se necesita no es solo comida o asistencia básica, sino un acompañamiento integral que permita cambios reales.</p><p>“El problema no es solo económico. Hay un rostro detrás de cada número. Y cuando te centrás mucho en la estadística, es como que te olvidás un poco de la persona”, agregó,</p><p>De hecho, La Virgencita trabaja en la promoción humana, procurando ofrecer una salida digna a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad. “Acá lo que hacemos es promover a las personas desde un lugar diferente. Trabajamos la educación, la solidaridad, la cultura del trabajo. No es solo caridad, es dignificación”, remarcó Suppo. Esto se refleja en diversas iniciativas como los talleres de alfabetización para adultos y la búsqueda de nuevas maneras de asistir a quienes luchan contra las adicciones, entre otras acciones.</p>&nbsp;“No nos imaginamos nunca que íbamos a llegar a donde llegamos”, dijo Marcelo sobre el crecimiento de La Virgencita.<p>&nbsp;</p>Consumos problemáticos&nbsp;<p>“Empieza a aparecer algunos casos de ludopatía y esas cosas. Y siempre, el tema de la adicción a la droga” que, según el entrevistado, es una lucha cotidiana que no tiene una solución sencilla. “Si hay alguien que tiene hambre, necesitamos un kilo de arroz, un kilo de fideos… Pero, ¿qué pasa cuando tenemos a 10 chicos con adicciones? No hay una fórmula, lo que hay es acompañar. No es un camino fácil, pero si hay algo que aprendimos es que no podemos dejar a nadie atrás. Recibimos la vida como viene”, expresó con una determinación que revela tanto su compromiso como el profundo conocimiento de las realidades que enfrenta.</p><p>“Si viene ‘puesto’, si viene drogado, alcoholizado… nosotros lo vamos a recibir siempre. Este espacio se trata de acompañar, junto al equipo de salud”. También, “en cuestiones cotidianas como trámites, porque no es lo mismo no tener documento que tenerlo, o llevar años sin hacerse un chequeo médico”, siguió Suppo.&nbsp;</p><p>“Nosotros&nbsp; lo vemos con una mirada cristiana. Hay otra forma de vida para esas personas. A veces solo hace falta esto de abrazar y acompañar a todas las pobrezas”, indicó.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>El golpe de “la realidad”<p>“En el tema del consumo problemático es más la frustración que la transformación. Salen y vuelven a caer. Entonces, vos decís, de cien recuperas a dos, y capaz a los otros 98 en algún momento les va a caer la ficha. No podés quedarte en esa frustración, tenés que seguir y no dejarlo solo. Tenés que seguir porque la persona sigue también y sigue confiando en vos,&nbsp;en que lo vas a acompañar”, señaló Suppo.&nbsp;</p><p>Cuando le pedimos que recordara alguna anécdota positiva durante tantos años en La Virgencita, que aflore la esperanza en estos momentos tan complejos, expresó: “Hay muchísimas historias y vidas que se transformaron&nbsp; a partir de que un integrante de la familia fue a la universidad. O sea, el estudio transformó para siempre la historia de vida de esa familia. La educación es una poderosa herramienta de transformación social, de movilidad social. Pero como decía antes, una cosa va de la mano de otra. La realidad es que si una persona no come bien, si no tiene las necesidades básicas cubiertas, difícil pueda hacer otra cosa”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>“Hay otra forma de vida para esas personas. A veces solo hace falta esto de abrazar y acompañar a todas las pobrezas”.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Más allá de la caridad<p>“La Virgencita transformó vidas”, aseveró Suppo, quien destaca que la institución es un espacio de esperanza. Y no es solo para quienes reciben ayuda, sino también para quienes ofrecen su tiempo. “Siempre que alguien viene y nos dice ‘quisiera ayudar, pero no tengo ningún estudio’, les decimos que no hace falta. Si sabes leer y escribir, ya podés ayudar. Ayudar a un chico a sumar y restar, o leerle un cuento, es suficiente. Con eso le estás diciendo: ‘me importa’”. La comunidad de voluntarios es una de las piedras angulares de este trabajo, y Suppo sabe que, aunque no es fácil, el voluntariado tiene que sostenerse en el tiempo para ser realmente eficaz.</p><p>No es casual que La Virgencita reciba a personas de diversos orígenes, ideologías y creencias. Suppo deja claro: “No le vamos a pedir a nadie un carné de bautismo, ni que comparta nuestra religión o ideología. Acá no importa eso, lo que importa es acompañar la vida como viene. Siempre se reza antes de comer, pero el que no quiere, no lo hace. Nadie está obligado a nada”. Esta mirada abierta y respetuosa ha permitido que el trabajo de La Virgencita se expanda más allá de las fronteras del barrio Parque, llegando a personas de diferentes zonas de la ciudad y hasta de lugares cercanos como Frontera y Acapulco (Josefina).</p><p>&nbsp;</p>La lucha contra la estigmatización<p>Suppo además se refirió a la estigmatización que enfrentan tanto el barrio como las personas que allí viven. “Acá hay gente buena y gente mala, como en todos lados. El problema es que cuando decís que trabajás en el barrio, algunos no quieren saber nada. Los prejuicios existen”, reconoció, al mismo tiempo que destacó que gran parte de la población local está comprometida con la transformación del lugar. “La gente trabajadora, que lucha todos los días, está aquí, en el barrio. El problema es cuando se tiñe todo de un color negativo, cuando los prejuicios ganan”, sostuvo Suppo.</p><p>Para él, la clave está en el acompañamiento, en el abrazo y el respeto por la historia de cada persona.&nbsp;“Es lógico que con alguien que no comió bien, que no tiene calzado, que no tiene salud, sea muy difícil pensar en promoción humana. Pero nuestra tarea es dignificar a la persona, siempre”, reiteró.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>La Virgencita, un “buque insignia”<p>“Creo que La Virgencita es un buque insignia, porque tenés un montón de instituciones trabajando en el mismo lugar, y en una común unión que es interesante.&nbsp;Abriéndole la puerta a todos los que vienen. Organizaciones, Estado…, los que se arrimen a trabajar con nosotros, los escuchamos y nos ponemos a disposición”, comentó.</p><p>“Todo nació como un proyecto dentro de un grupo de la iglesia, de Cáritas parroquiales y el movimiento Círculos de Juventud –recordó Suppo-. Nos imaginamos nunca que íbamos a llegar a donde llegamos”. Comenzaron en reducido espacio físico, se mudaron primero a Juan de Garay y Perú y luego, a barrio Parque donde la magnitud que adquirió la obra revela la fuerza de la solidaridad.</p><p>&nbsp;</p>Suppo no ignora las frustraciones que surgen al ver cómo muchas personas caen una y otra vez en la espiral de las adicciones, pero insiste en que lo importante es no rendirse.<p>&nbsp;</p>Proyectos a futuro<p>A pesar de las dificultades, el trabajo en La Virgencita no se detiene. Entre sus proyectos más ambiciosos se encuentra la finalización de una nueva sala en la esquina de la institución, que contará con cinco aulas y un salón de usos múltiples para seguir promoviendo la educación y la inclusión social de quienes asisten a La Virgencita, y ofrecerles una oportunidad de crecimiento personal. “La idea es seguir trabajando en la promoción humana de todos los que pasan por acá”, que promedian las 300 personas por día, de acuerdo a los cálculos de Suppo.&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Abrazar y acompañar&nbsp;<p>¿Qué motiva a “Chelo” a seguir adelante, día tras día? La respuesta es sencilla, pero profunda: “El dolor del otro. Poder acompañar. Siempre que alguien te acompaña, te hace sentir que no estás solo. Lo que te motiva es abrazar y acompañar, siempre”.</p><p>En definitiva, la labor de Chelo Suppo y La Virgencita es una de esas historias que, más allá de las estadísticas, nos recuerda que el cambio verdadero y duradero comienza con el compromiso de cada uno. A veces, un simple gesto de acompañar a otro en su dolor puede transformar vidas. Y, al final del día, como bien dice Suppo, lo que importa es que nunca dejen de sentirse acompañados.</p><p>&nbsp;</p><p>LEER TAMBIÉN: https://www.lavozdesanjusto.com.ar/lo-mas-importante-es-que-60-familias-se-han-dignificado---109023</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/GJDz0LbgbTWGHzw2xqYTZCS-1EQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2024/11/chelo_suppo_3.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>No le pone un título a su función, pero sí el alma. Afirma que el trabajo de la ONG no se limita a la asistencia básica, sino que busca transformar vidas. Y que la adicción es hoy “una de las pobrezas más grandes”.]]>
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                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2024-11-24T11:34:55+00:00</published>
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