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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-07-25T15:57:14+00:00</updated>
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            Deriva autoritaria en Nicaragua
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ROSLe6Y0L3IygPY-KbRP91qDERU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/nicaragua.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>A principios de los años 80, vastos sectores de la opinión pública internacional coincidían en alabar a los dirigentes nicaragüenses del Frente Sandinista de Liberación Nacional que lucharon para derrocar al dictador Anastasio Somoza. Esas voces elogiosas condensaban la posibilidad de que, al fin, ese país centroamericano encontrara -bajo el liderazgo que nacía del recuerdo del revolucionario Augusto Sandino- el retorno al ejercicio de las libertades.</p><p>La deriva autoritaria actual de Nicaragua tiene como protagonista a uno de aquellos líderes sandinistas. Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo se convirtieron en personajes bizarros y caricaturescos de países en los que el autoritarismo, la corrupción, la suspensión de la independencia de los poderes y la represión a las voces disidentes alcanzaron parámetros incluso superiores a los que existían en aquella dictadura somocista.</p><p>El anuncio de Ortega en el sentido de que ya no se convocará a elecciones en Nicaragua, calificando a los partidos opositores de "vendepatrias" e indicando que promoverá legislación para impedir su participación, termina de moldear un régimen similar al norcoreano y desterrar definitivamente aquella visión romántica que se impuso en los primeros tiempos del sandinismo.</p><p>Se asiste así a la culminación de un proceso autoritario que, con matices ideológicos diferentes, pero siempre extremos, parece estar dándose en varios países de América. Sin embargo, el caso nicaragüense tiene aristas muy particulares, algunas bizarras. Es la dictadura – tiranía de una familia. Un avejentado presidente acompañado por una esposa que asumió la copresidencia. Un modelo de sucesión dinástica y de control absoluto. Una sucesión ya planeada para uno de los hijos de ese matrimonio. Todo esto eliminando de plano la vigencia de todas las instituciones de una república.</p><p>Observadores de la situación han planteado que la radicalización absoluta del régimen sandinista podría originar respuestas por parte del impredecible gobierno actual de los Estados Unidos, como ocurrió con Venezuela. Sin embargo, sería poco probable que esto ocurriese, porque Nicaragua no afecta demasiado los intereses estadounidenses. De todos modos, la presión internacional no debería cesar porque están en juego valores centrales de la convivencia democrática.</p><p>El anuncio de la suspensión definitiva de elecciones es un jalón más en el penoso proceso de autocratización. Quizás el que más ruido ha hecho en los últimos tiempos, pero el que ratifica la dirección totalitaria de un matrimonio que, como ha ocurrido siempre en la historia, tendrá algún día que enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones.</p><p>La mirada lúcida de un escritor nicaragüense consagrado fuera de las fronteras de su país que debió exiliarse de modo forzoso por la persecución del régimen describe un sentimiento que provoca empatía. La voz de Sergio Ramírez, premio Cervantes de Literatura, resuena más fuerte luego de los últimos anuncios de Ortega: “Nicaragua es ese lugar que está allí, es mi país, mi recuerdo, mi infancia. Es un sueño frustrado, porque yo quise un país distinto. Luché y comprometí mi propia vida en eso, y ahora no puedo evitar la frustración de que derrocamos una dictadura para tener otra peor, porque esta dictadura es mucho peor que la dictadura de Somoza”.</p>]]>
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                                <updated>2026-07-25T15:57:14+00:00</updated>
                <published>2026-07-25T15:57:11+00:00</published>
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