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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Falsedades, IA y pensamiento crítico
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kwYFtiDyUVxiE_SJ31bZN6O8LJ4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/ia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El diario The Washington Post publicó recientemente una nota esclarecedora sobre los riesgos que se presentan frente a la irrefutable invasión de información falsa generada por los distintos sitios de inteligencia artificial que circula en las redes sociales. El prestigioso matutino de la capital estadounidense subió un video hecho con IA a 8 plataformas de redes sociales con el objetivo de analizar cuáles de ellas lo marcaban como falso. La conclusión es preocupante: siete no fueron capaces de señalar la falsedad y solo una formuló una advertencia, pero intentó ocultarla.</p><p>Este experimento periodístico es uno más de los tantos que están comprobando la explosión de contenido desinformativo especialmente en las redes sociales. Mensajes de todo tipo por la IA y diseñados para atraer la atención de los usuarios se diseminan por internet sin ninguna indicación de que reales o falsos. Y las plataformas que los viralizan no son capaces o no tienen la intención de advertir sobre ello.</p><p>Esta basura informativa puede adoptar la forma de texto, imágenes, vídeos y, a veces, incluso de sitios web enteros. También puede filtrarse en la vida real. La revista Time recordó que el año pasado miles de personas cuando acudieron en masa al centro de Dublín, la capital de Irlanda para asistir a un desfile de Halloween que no existía y que se promocionaba en un sitio web generado por inteligencia artificial. El engaño no tardó en conocerse y el hecho (que bien podría integrar un guion de la distópica serie Black Mirror) se transformó en un claro ejemplo de cómo la desinformación cobra vida y puede generar consecuencias inesperadas, incluso devastadoras.</p><p>Las redes sociales nacieron como un espacio en el que las personas podían conectarse, interactuar y socializar. Pero si lo falso es norma en buena parte de los mensajes que la gente usando la IA, el riesgo cobra una importancia significativa. Esto se agrega a que la polarización y la intolerancia son hoy moneda corriente debido a que las redes se han convertido en cámaras de eco, aprovechando las burbujas de filtro que forman parte del ADN de los algoritmos. Así, estos espacios se vuelven ruidosos, confusos y sospechosos. La espontaneidad de aquel comienzo ha perdido vigencia.</p><p>Sin embargo, el declive de las redes no asoma como inmediato en el horizonte. Entonces, crece la preocupación por el impacto de los contenidos de IA que muestran como verdades situaciones fabricadas. Si no se puede distinguir entre un acontecimiento real y otro falso, la desinformación -que siempre existió- vivirá su momento de mayor esplendor.</p><p>En medio de este panorama desalentador y sin marcos legales nacionales o internacionales que obliguen a los desarrolladores a rendir cuentas por los daños que causan las expresiones descuidadas, el pensamiento crítico es quizás uno de los pocos recursos que podrían alterar la dinámica de la falsedad viralizada. En virtud de la lógica de los algoritmos, ese insumo parece escasear en las redes sociales “gobernadas” por quienes no parecen tener mayor interés en advertir a los usuarios. Pero es el antídoto más eficaz que podría salvar las relaciones humanas: hartas de falsedades en las redes, volverían los contactos personales reales. Una paradoja que, incluso en medio de la realidad descripta, alimenta la esperanza.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kwYFtiDyUVxiE_SJ31bZN6O8LJ4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/ia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El pensamiento crítico es quizás uno de los pocos recursos que podrían alterar la dinámica de la falsedad viralizada. Parece escasear en las redes sociales pero es el antídoto más eficaz que podría salvar las relaciones humanas. Una paradoja que alimenta la esperanza.]]>
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                <published>2025-10-25T13:45:25+00:00</published>
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            ¿Pensar se está convirtiendo en un lujo?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KaGWLwAKv6Fyk3xAFUJbVlt-eHw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/pensamiento_critico.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En un artículo publicado en The New York Times, la ensayista británica Mary Harrington sostiene que la capacidad de pensar profundamente está en riesgo de convertirse en un privilegio reservado para unos pocos. Su tesis parte de una observación inquietante: en un mundo saturado por pantallas y contenidos diseñados para la gratificación instantánea, la lectura sostenida y la reflexión prolongada -esenciales para el pensamiento crítico- parecen retroceder ante el avance de una cultura “post-alfabetizada”.Harrington recuerda que la lectura profunda no es una habilidad natural, sino aprendida y entrenada. Implica concentración, disciplina y la posibilidad de sostener un hilo argumental complejo. Sin embargo, los dispositivos digitales están diseñados para fragmentar la atención: saltamos de un estímulo a otro, desplazamos pantallas sin detenernos y consumimos “contenidos chatarra” que apelan a la emoción inmediata antes que al razonamiento.&nbsp;Este cambio cultural no solo transforma los hábitos individuales, sino que abre una peligrosa brecha social. Según Harrington, quienes pertenecen a sectores socioeconómicos altos suelen tener mayor capacidad para regular el tiempo de exposición a pantallas -sea mediante escuelas que restringen dispositivos o familias que ponen límites claros-. En cambio, los sectores populares quedan más expuestos a la distracción digital, lo que acentúa las desigualdades en el acceso a la concentración y al pensamiento complejo. En este sentido, “pensar” corre el riesgo de convertirse en un lujo, cultivado solo por una minoría que puede blindarse contra el ruido constante del entorno digital.La erosión de la atención ha sido denominada “hiperatención”. Es decir, el fenómeno provocado por un cambio rápido y sucesivo de tareas, altos niveles de estimulación y un umbral bajísimo de aburrimiento. Por cierto, en muchas geografías -incluso en nuestro país- el problema preocupa y ha generado movimientos que, por ejemplo, han restringido y hasta prohibido el uso de celulares en las aulas. Pero la cuestión excede lo educativo. La debilidad en el pensamiento crítico nos convierte en vulnerables a la desinformación y a los intentos manipuladores. Harrington advierte que este proceso debilita también los cimientos democráticos: sin ciudadanos capaces de analizar, contrastar y cuestionar, se abre la puerta al dominio de discursos simplistas, polarizadores y hasta intolerantes.La catedrática californiana Maryane Wolf recuerda al escritor británico William Wordsworth, quien describió al legado de un poeta como “la cosecha del ojo tranquilo”. Es decir, los frutos recogidos tras un proceso de observación y reflexión, de mirada serena, paciente y profunda. Escribe Wolf: “Yo utilizo la expresión ojo tranquilo para cristalizar mis preocupaciones y esperanzas con respecto al lector del siglo XXI, cuyo ojo está cada vez menos tranquilo; cuya mente se lanza de un estímulo a otro como un colibrí detrás del néctar; cuya calidad de atención se desliza imperceptiblemente con consecuencias que nadie podía haber predicho”.&nbsp;El título del libro de esta autora es una invitación que merecería ser escrutada con ojos tranquilos: “Lector, vuelve a casa”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/KaGWLwAKv6Fyk3xAFUJbVlt-eHw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/pensamiento_critico.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La debilidad en el pensamiento crítico nos convierte en vulnerables a la desinformación y a los intentos manipuladores.]]>
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                <published>2025-08-24T20:45:02+00:00</published>
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