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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-08-23T14:55:31+00:00</updated>
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            Pibes peluqueros: ¿moda o vocación?
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/inYZnWUW4DUpSgPSY97EZx9OUt0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/pibes_peluqueros_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ<p>Las barberías se multiplicaron en la ciudad y las redes sociales se llenaron de cortes, degradados y transformaciones. Muchos adolescentes descubrieron que detrás de una máquina también podía existir una posibilidad de generar sus propios ingresos.</p><p>Para algunos fue una moda. Otros encontraron un oficio que exigía práctica, capacitación y disciplina. Román Luna Gigena y Yoel Schiozzi forman parte de ese grupo: todavía cursan el secundario y combinan las obligaciones escolares con clientes, turnos y capacitaciones.</p><p>Sus historias permiten preguntarse qué quedó de aquel boom: ¿fue solamente una moda o allí comenzó a formarse una nueva generación de peluqueros? En el caso de Román, todo empezó cuando tenía apenas 13 años.</p>Parecía fácil<p>Román cursa cuarto año en la Escuela Normal Superior “Dr. Nicolás Avellaneda” y hace dos años que la peluquería forma parte de su vida. Cuando recordó cómo empezó, reconoció que entonces estaba lejos de pensar en una vocación.</p><p>“Empecé porque pensé que era plata fácil, que era dinero fácil, pero después me di cuenta de que no”, admitió.</p><p>Las redes sociales le mostraron a muchos jóvenes dedicados a la barbería y decidió probar. Tenía 13 años cuando comenzó un curso de tres meses donde incorporó conocimientos básicos sobre corte.</p>&nbsp;Román comenzó a capacitarse en peluquería a los 13.&nbsp;<p>“Ese curso fue la base, la recontrabase”, recordó.</p><p>Después llegó la práctica. Su papá, otros integrantes de la familia y algunos amigos fueron los primeros en sentarse frente a él. Con el tiempo, los conocidos acercaron nuevos clientes y Román fue ganando confianza mientras descubría que aquella idea del “dinero fácil” tenía poco que ver con el verdadero oficio.</p>Mucho por aprender<p>Con la práctica descubrió que no todas las cabezas ni los cabellos eran iguales. Había que observar el rostro, la forma de la cabeza, los remolinos y la textura del pelo antes de decidir cómo trabajar.</p><p>Aunque la barbería juvenil suele asociarse con las máquinas y los degradados, Román encontró otra herramienta preferida. “La tijera es fundamental. Para mí es lo más importante”, aseguró.</p><p>Hoy disfruta trabajar con cabellos cortos y largos y comenzó también a incursionar en cortes femeninos. Quiere seguir formándose en color, brushing y peinados.</p>Hoy cursa cuarto año del secundario y ya encontró entre tijeras y clientes una vocación que proyecta como su futuro.<p>Aquel primer curso fue solamente el comienzo. Román continuó capacitándose y participó de un seminario sobre tricología, disciplina que estudia el cabello y el cuero cabelludo. Allí profundizó conocimientos sobre los distintos tipos de pelo, su composición y las maneras de cuidarlos y trabajarlos.</p><p>También aprendió de los errores. Hubo cortes difíciles y algún cliente que no quedó conforme cuando recién comenzaba, experiencias que hoy reconoce como parte del aprendizaje.</p><p>Además, las tendencias cambian. Actualmente observa cabellos más largos, con movimiento y estilos diferentes, por lo que entiende que ser peluquero también implica estudiar y actualizarse.</p>Moda o vocación<p>Román no dudó al analizar aquella explosión de barberías que llevó a tantos adolescentes a interesarse por el oficio.</p><p>“Creo que en parte sí es una moda, porque la gente lo ve como dinero fácil. Hasta que se mete en el rubro y la mayoría deja”, explicó.</p><p>Su propia experiencia confirma esa mirada. Una máquina podía ser el comienzo, pero después aparecían la capacitación, las horas de práctica, la responsabilidad frente al cliente y la necesidad de perfeccionarse.</p><p>Para él, saber cortar tampoco alcanza. El peluquero debe generar confianza y construir un vínculo con quien ocupa el sillón. Incluso algunos clientes con los que inicialmente pensó que tendría poco en común terminaron convirtiéndose en personas con las que construyó una relación más cercana.</p>Una elección<p>A sus 15 años, Román todavía tiene mucho camino por recorrer. Continúa aprendiendo y sabe que le quedan conocimientos por incorporar, pero cuando habla de su futuro la peluquería ya no aparece como aquella posibilidad de ganar unos pesos que lo llevó a realizar su primer curso.</p><p>“No me gustaría ser famoso. Me gustaría ser conocido”, afirmó.</p><p>Sueña con que la gente lo reconozca por su trabajo y algún día imagina tener su propio estudio en una zona céntrica. Pero, sobre todo, tiene claro que quiere vivir de lo que hace.</p><p>“Yo siento que esta va a ser mi vocación hasta que muera. Me gusta esto y quiero vivir de esto”, aseguró.</p><p>Dos años después de aquel primer curso, las tijeras ya no representan para él una moda ni una manera sencilla de conseguir dinero. Son parte de un camino que recién comienza.</p><p>“Creo que la disciplina, la fe en Dios y en tus seres queridos es todo lo que necesitamos para llegar donde queramos”, expresó.</p><p>A los 15 años, mientras transita cuarto año del secundario, Román ya tomó una decisión sobre su futuro: quiere hacer de la peluquería su profesión y vivir de ella.</p>Yoel: a los 18, la peluquería ya es trabajo y futuro<p>Cuando Yoel Schiozzi comenzó a estudiar peluquería, en febrero de 2023, tenía un objetivo concreto: ganar su propio dinero. “Quería tener mi plata, tener mis ingresos y, en vez de pedirles a mis papás, manejarme con lo mío”, recordó.</p><p>La oportunidad apareció a través de las redes sociales. Había visto publicaciones en Instagram y su mamá encontró en Facebook información para capacitarse. Así llegó a un curso y empezó a aprender un oficio que, tres años después, ocupa un lugar importante en su vida.</p>Yoel Schiozzi, de 18 años, en su peluquería de barrio San Cayetano.<p>Actualmente tiene 18 años y cursa sexto año en el Ipem Nº 96 Prof. Pascual Bailón Sosa. Entre las clases y el estudio organiza los turnos de una barbería que fue creciendo en barrio San Cayetano.</p>De boca en boca<p>Después de aquella capacitación llegó el desafío de cortar solo. Uno de los primeros que confió en él fue su ex cuñado. Al terminar el curso compró su primera máquina y después sumó una patillera, tijeras, peines y capas.</p><p>La clientela creció especialmente entre los jóvenes del barrio. Un amigo recomendaba a otro y el boca en boca comenzó a hacer conocido su trabajo. Además, advirtió un cambio: algunos chicos ya no esperan tres semanas o un mes para volver, sino que se cortan prácticamente cada semana.</p><p>Como asiste a la escuela por la tarde, concentra los turnos después de cursar y algunas jornadas trabaja hasta las 22 o 22.30. Para la Navidad pasada recordó haber realizado alrededor de 12 cortes en un día.</p>Práctica y capacitación<p>Durante estos tres años entendió que terminar un curso no significaba dejar de aprender. Participó de un seminario dictado por peluqueros de Buenos Aires y continuó capacitándose mediante propuestas online.</p><p>Entre sus especialidades aparecen los degradados y el diseño de cejas. Paradójicamente, el degradado había sido una de las técnicas que más le costó cuando comenzó. “La práctica es todo”, resumió.</p>Yoel construyó su clientela mientras cursa el último año del secundario.<p>También aprendió que cada cabello exigía un trabajo diferente y que las tendencias obligaban a mantenerse actualizado. Actualmente observa más cabellos largos y nuevos peinados, estilos que también comenzaron a verse en San Francisco.</p>La vidriera digital<p>Si el boca en boca fue fundamental para conseguir sus primeros clientes, las redes sociales se convirtieron en otra herramienta para hacer crecer la barbería.</p><p>Yoel comenzó a registrar sus trabajos y compartir fotos y videos en Instagram, siempre con la autorización de sus clientes. En ese camino contó con la ayuda de Paloma, una amiga que trabaja como community manager y lo asesora en la comunicación.</p><p>“La red es lo que más mueve”, aseguró.</p><p>Instagram se transformó en una vidriera que le permitió trascender el barrio y llegar a personas que quizás nunca hubieran conocido su trabajo por recomendación. Las fotos, los videos y las publicaciones pasaron a formar parte de un oficio que también cambió con los nuevos tiempos.</p><p>Yoel tuvo que aprender, además, a perder la vergüenza de mostrarse y lo resumió con una frase propia de su generación: “Quien tiene vergüenza no hace plata”.</p><p>El boca en boca sigue llevando clientes, pero las redes amplían esa conversación. Para estos nuevos peluqueros, cada corte puede convertirse también en contenido y llegar mucho más lejos que el sillón de la barbería.</p>Después de sexto<p>La meta que Yoel se había planteado a los 15 años se cumplió. Hoy dispone de su dinero para algunos gastos sin recurrir permanentemente a sus padres. Pero en el camino apareció algo que al principio no estaba tan definido: convertir la peluquería en una profesión.</p><p>Para él, permanecer exige práctica y disciplina. “Que no aflojen. Si les gusta esta profesión, que sigan, que se sigan metiendo en esto porque está muy bueno”, aconsejó a otros jóvenes.</p><p>Yoel cursa el último año del secundario y empieza a pensar qué hará después. No descarta continuar estudiando, pero tampoco piensa abandonar la peluquería.</p><p>“Si puedo estudiar algo, voy a estudiar, pero me gustaría seguir con esto porque es lo que me está yendo bien”, afirmó.</p><p>También le gustaría trabajar en otros lugares y, quizás, algún día enseñar peluquería, aunque reconoce que todavía necesita seguir capacitándose.</p><p>Tres años después de aquella primera máquina, consiguió sus propios ingresos, pero también sumó clientes, conocimientos y proyectos. Mientras transita sexto año, aquella alternativa que encontró a los 15 para ganar unos pesos se convirtió en algo más: entre el sillón y la vidriera digital, Yoel comenzó a construir su futuro.</p>]]>
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                                <updated>2026-08-23T14:55:31+00:00</updated>
                <published>2026-08-23T14:55:28+00:00</published>
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