<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
    <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/feed-etiqueta/posta</id>
    <link href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/feed-etiqueta/posta" rel="self" type="application/atom+xml" />
    <title>La Voz de San Justo</title>
    <subtitle></subtitle>
    <updated>2026-08-08T13:00:35+00:00</updated>
        <entry>
        <title>
            Ariel Muratore, del dolor a un proyecto que reconoce a quienes construyen comunidad
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/ariel-muratore-del-dolor-a-un-proyecto-que-reconoce-a-quienes-construyen-comunidad" type="text/html" title="Ariel Muratore, del dolor a un proyecto que reconoce a quienes construyen comunidad" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/ariel-muratore-del-dolor-a-un-proyecto-que-reconoce-a-quienes-construyen-comunidad</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/ariel-muratore-del-dolor-a-un-proyecto-que-reconoce-a-quienes-construyen-comunidad">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OxTBflxZ46Ci5YIjdUNvCIzzwmY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ariel_muratore_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hace dieciséis años, nadie imaginaba que un pequeño ciclo de entrevistas terminaría convirtiéndose en uno de los proyectos sociales y culturales más reconocidos de San Francisco. Tampoco que una idea surgida alrededor de una mesa de trabajo, mientras un grupo de amigos compartía un café en un taller metalúrgico, daría origen a cientos de entrevistas, una gala anual que distingue a vecinos de distintos ámbitos y múltiples iniciativas destinadas a fortalecer el sentido de comunidad.</p><p>Detrás de esa historia está Ariel Muratore, impulsor y responsable de Arquitectos Sociales de San Francisco, quien en una entrevista con POSTA/LA VOZ DE SAN JUSTO reconstruyó el recorrido del proyecto desde sus comienzos. Pero para entender cómo nació Arquitectos Sociales, primero hay que retroceder a una pérdida que marcó profundamente a su familia.</p><p>Todo comenzó con Daniel Muratore, su hermano mayor. Daniel falleció en diciembre de 2009, a los 54 años, luego de atravesar un cáncer de pulmón. Su muerte fue un golpe muy duro para la familia. Trabajaba por las mañanas en el taller familiar como tornero y fresador y, por las tardes, atendía la peluquería que compartían desde hacía décadas.</p><p>Sin embargo, Ariel asegura que el legado de Daniel fue mucho más allá de su oficio. "Nos contaba historias de personas extraordinarias que conocía mientras les cortaba el pelo. Siempre decía que atendía a verdaderos héroes de San Francisco", recuerda.</p><p>Aquellas historias aparecían especialmente cuando la familia atravesaba momentos difíciles. Durante la década del noventa, cuando la apertura de importaciones golpeó con fuerza a los pequeños talleres y a buena parte de la industria local, el ánimo no siempre era el mejor.</p><p>"Nos desanimábamos bastante porque era una época muy complicada. Y él nos decía: 'Yo les corto el cabello a personas que tienen muchísimos más problemas que nosotros y nunca pierden la alegría'”.</p><p>Después comenzaban los relatos. Vecinos que cuidaban hijos con discapacidad mientras sostenían instituciones. Personas que atravesaban situaciones familiares muy complejas y, aun así, encontraban tiempo para colaborar con clubes, comisiones o entidades. Historias que, según Muratore, les permitían volver a poner en perspectiva sus propios problemas.</p><p>"Siempre encontraba ejemplos de gente maravillosa. Nosotros decíamos: ¿de dónde sacan tiempo, fuerza y ganas para hacer todo eso?"</p><p>Cuando Daniel murió, la familia sintió la necesidad de hacer algo para recordarlo. Durante varios meses pensaron distintas posibilidades. Escribir un libro. Publicar sus relatos. Realizar algún homenaje. Pero ninguna idea los convencía completamente. "Sentíamos que nada reflejaba realmente quién había sido él", destacó.</p>La tarde que cambió todo<p>La respuesta apareció casi por casualidad. Era una tarde muy fría de mayo de 2010. En el taller familiar había una estufa encendida, café sobre una cocina y el movimiento habitual de vecinos y amigos que entraban unos minutos para conversar antes de seguir con sus actividades.</p><p>Entre ellos estaba Sergio, uno de los colaboradores históricos del proyecto. Muratore recuerda que le contaron la inquietud que tenían por homenajear a Daniel. La respuesta fue inmediata. "'Pónganse delante de una cámara y hagan que la gente cuente su propia historia', nos dijo". La frase terminó cambiando el rumbo de todo. "No teníamos que hablar nosotros. Tenían que hablar ellos", agregó.</p><p>Así nació la idea de realizar entrevistas donde fueran los propios protagonistas quienes relataran su historia de vida. El proyecto comenzó con un formato muy diferente al actual. Cada entrevista duraba apenas tres minutos. Cada mes se elegían cinco personas. Y durante cuatro semanas consecutivas se emitía un fragmento distinto de cada historia.</p><p>El primer programa salió al aire el 27 de septiembre de 2010. "Arrancamos pensando que si lográbamos entrevistar a diez personas ya éramos los tipos más felices del mundo”, añadió. Nada hacía pensar que dieciséis años después superarían los 460 entrevistados.</p>El origen del nombre<p>Una vez definido el proyecto, quedaba resolver una cuestión fundamental: cómo llamarlo. La respuesta volvió a aparecer entre lecturas y conversaciones. Muratore recuerda que tiempo antes había leído documentos de Juan Pablo II, figura a la que siempre admiró. En uno de esos textos encontró una expresión que le quedó dando vueltas durante varios días. Arquitectura social.</p><p>"Él hablaba de participar, de comprometerse con la comunidad, de embarrarse, de construir junto con los demás”, destacó. Aquella idea regresó durante una charla en el taller. "Les dije: ¿qué les parece si pensamos que cada persona puede ser un arquitecto social?", manifestó. La respuesta fue inmediata. El nombre quedó para siempre. Años después, Muratore encontró similitudes entre ese mensaje y el que impulsaría el papa Francisco al convocar a los jóvenes a involucrarse activamente en la realidad.</p>Cuando aparecieron los premios<p>Con el correr de los meses, las entrevistas comenzaron a despertar un fuerte interés entre los vecinos. Fue entonces cuando surgió una nueva propuesta. Durante una reunión realizada en julio de 2011, Muratore y su equipo comenzaron a preguntarse por qué no reconocer públicamente a quienes estaban entrevistando.</p><p>"Veíamos personas extraordinarias en todos los ámbitos”, señaló. Así nació la gala anual de Arquitectos Sociales. Desde el comienzo se organizaron distintas categorías. "Había historias durísimas. Sentíamos que esas personas eran un ejemplo para toda la comunidad”, agregó.</p>Una gala que ya es parte de la ciudad<p>Durante años la ceremonia se realizó en el Teatrillo Municipal. Después de la pandemia pasó al Centro Empresarial y de Servicios. Muratore asegura que, desde la primera edición, la respuesta del público siempre fue la misma. "Siempre estuvo lleno”, indicó.</p><p>Además de familiares y vecinos, suelen participar representantes de distintas instituciones y autoridades. Para Muratore, sin embargo, el verdadero protagonismo siempre pertenece a quienes son reconocidos.</p>Mucho más que entrevistas<p>Con el paso de los años Arquitectos Sociales dejó de limitarse a las entrevistas y a la gala anual. Actualmente el grupo impulsa distintos proyectos vinculados con el patrimonio y la memoria. Entre ellos se encuentran la recuperación de plazas, el mantenimiento de espacios y la organización de actos patrios. También incorporaron recientemente la Guardia de Honor a las Glorias del Norte, integrada mayoritariamente por mujeres.</p><p>Después de la pandemia nació además la distinción Luna de la Mujer, mediante la cual la comunidad postula vecinas destacadas en distintas categorías.</p>El taller sigue siendo el punto de partida<p>Aunque Arquitectos Sociales demanda buena parte de su tiempo, Muratore continúa vinculado al emprendimiento familiar. Hoy sus hijos trabajan activamente en el taller.</p><p>La empresa, explica, lleva 34 años dedicada al arte funerario, aunque durante décadas también realizó mecanizado de piezas industriales y fundición de aluminio y bronce. Actualmente él concentra buena parte de su tiempo en el local comercial y en el desarrollo de esculturas para distintos proyectos comunitarios. "Las esculturas me hacen bien. Son una manera de distraerme”, manifestó. Entre los trabajos que realiza actualmente mencionó una gran luna metálica y distintos elementos destinados a la Guardia de Honor.</p>"San Francisco es mi patria chica"<p>Sobre el final de la entrevista, Muratore deja de hablar del proyecto para hablar de la ciudad. Y lo hace con la misma convicción con la que recuerda a su hermano. A los 16 años dejó San Francisco para estudiar en el Colegio Militar. Más tarde fue destinado al extremo sur del país y recorrió gran parte de la Patagonia y Tierra del Fuego. Sin embargo, nunca dejó de pensar en regresar. "Cuando llegaban las licencias yo ya empezaba a preparar la valija una semana antes”, remarcó.</p><p>Todavía recuerda la emoción que sentía cuando el colectivo se acercaba a San Francisco. "Yo venía parado esperando ver aparecer la ciudad”, indicó. Esa sensación, asegura, continúa intacta.</p><p>Puede viajar, conocer otros lugares y disfrutar de nuevas experiencias, pero siempre aparece el mismo deseo. "Después de dos o tres días ya quiero volver”, indicó. Para Muratore, la ciudad explica buena parte de todo lo que hizo durante estos años. "La gente de San Francisco es maravillosa. Es emprendedora, solidaria y siempre está dispuesta a acompañar”, detalló.</p><p>Por eso sostiene que Arquitectos Sociales nunca fue solamente un proyecto de entrevistas. Fue, desde el primer día, una manera de devolverle a la ciudad parte de lo que la ciudad le dio a él.</p><p>Y cada vez que recuerda el origen de la iniciativa, vuelve inevitablemente a la misma imagen: la de su hermano Daniel hablando de aquellos vecinos anónimos que, sin buscar reconocimiento, dedicaban su tiempo a mejorar la vida de los demás. Sin saberlo, fueron ellos quienes inspiraron una historia que dieciséis años después sigue escribiéndose.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OxTBflxZ46Ci5YIjdUNvCIzzwmY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ariel_muratore_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El responsable de Arquitectos Sociales repasó los orígenes de una iniciativa que nació en un taller metalúrgico de San Francisco como un homenaje familiar y que, dieciséis años después, se convirtió en un espacio que visibiliza historias de vida, entrega reconocimientos y promueve distintos proyectos comunitarios.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-08-08T13:00:35+00:00</updated>
                <published>2026-08-08T13:00:29+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Emiliano Pavetti: eso que cuentan las montañas
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/emiliano-pavetti-eso-que-cuentan-las-montanas" type="text/html" title="Emiliano Pavetti: eso que cuentan las montañas" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/emiliano-pavetti-eso-que-cuentan-las-montanas</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/emiliano-pavetti-eso-que-cuentan-las-montanas">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EfuZ3908EmKruGwpw7jTTQSloEQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/emiliano_pavetti_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde la infancia marcada por la curiosidad de entender cómo se forman las cosas hasta el vértigo de los campamentos a más de 3.000 metros de altura, el camino de Emiliano Pavetti (40) es el de un apasionado por descifrar la historia oculta bajo nuestros pies. Oriundo de San Francisco y egresado de la Universidad Nacional de Córdoba, este geólogo dedica su vida a la exploración de recursos minerales.</p><p>Hoy, radicado en Cuyo junto a su familia, lidera tareas clave en un proyecto metalífero de alta montaña en San Juan, una labor que combina la precisión científica con el pulso de la geopolítica y el desafío físico.</p><p>“Siempre tuve una curiosidad especial por entender cómo se formaban las cosas, pero principalmente lo que tenía más que ver con el reino mineral o inorgánico. Nunca tuve curiosidad biológica o botánica. Siempre más para este lado. Me daba mucha curiosidad cómo se formaban las montañas, los volcanes, por qué en algunos lugares y en otros no. Pero sin saber que todo eso era la geología. Después con el correr del tiempo lo fui descubriendo y cuando lo descubrí dije, sí, bueno, es esto”, cuenta Pavetti a LA VOZ DE SAN JUSTO.</p>Entre la pampa gringa y la inmensidad cordillerana<p>A diferencia de la llanura pampeana donde creció —un territorio donde tirar una semilla garantiza el ciclo de la vida—, el escenario cotidiano de Emiliano durante gran parte del año está marcado por la crudeza y la inmensidad de la cordillera.</p><p>“Hay lugares en Argentina donde nosotros quizás asumimos como normal que uno pueda tirar una semilla y que crezca una planta, pero hay muchos lugares donde eso no sucede y una de las pocas actividades productivas lícitas, reguladas y con resultados tangibles es la minería. Creo que eso es una oportunidad para desarrollar provincias que vienen muy relegadas desde hace décadas o siglos, como las cordilleranas”, reflexiona al ser consultado por la actividad que lleva adelante desde hace más de 17 años.</p><p>Esa vida se rige por el termómetro de las estaciones. De octubre a abril, cuando la alta montaña da tregua, su rutina arranca a las seis de la mañana en un campamento de 50 o 60 personas. Entre reuniones de coordinación operacional, estrictos protocolos de seguridad y enlaces en inglés con la casa matriz o consultores en Australia, las tardes se reservan para lo que define la esencia de su profesión: patear el terreno.</p><p>“Cada sondaje se perfora con un concepto o idea geológica. Lo que yo hago, en esencia, es verificar si mi modelo mental y conceptual sobre ese terreno, esa montaña, estaba equivocado, acertado o parcialmente”, explica.</p>El costo humano y la chispa del descubrimiento<p>La geología ofrece múltiples caminos, pero los recursos minerales se cruzaron en su destino casi por casualidad antes de que terminara la carrera, a los 23 años. Desde entonces, equilibra su vida familiar en la ciudad con estadías intensas en la precordillera, un ritmo que exige pagar un costo humano y de sociabilidad elevado.</p><p>“Tiene que haber una motivación importante, porque tenés que estar dispuesto a un clima muy adverso, a pasar mucho tiempo lejos de tu casa, sin ver a tus seres queridos, perdiéndote fechas importantes como Navidad o cumpleaños. Hay un costo humano que tenés que estar dispuesto a pagar. Pero a veces, cuando no lo tenés un rato, al menos yo, lo empiezo a extrañar”, confiesa.</p><p>Ese motor interno no se apaga con los años. Lejos de buscar el ego personal del descubridor solitario, a Emiliano lo mueve una ambición colectiva y transformadora: “En los geólogos de exploración existe mucho esa cosa media relacionada al ego de decir ‘esto lo descubrí yo’. A mí la verdad que eso no me mueve. Sí me mueve saber que, si participás en un descubrimiento, todo lo que viene a partir de ahí es una secuencia de crecimiento que genera trabajo para un montón de personas. Pasar de un proyecto pequeño de quince personas a llegar a operaciones de clase mundial, donde trabajan decenas de miles, y que eso provoque una genuina generación de riqueza es maravilloso”.</p>Romper mitos desde la ciencia<p>Pavetti valora la actividad como una reivindicación necesaria. Para él, comprender la geología argentina es entender que la minería metalífera —fuente de metales preciosos e industriales indispensables para la tecnología y la salud— y los minerales de aplicación cotidiana son pilares fundamentales para el desarrollo de regiones que, de otro modo, quedarían al margen del progreso.</p><p>“No hay muchas operaciones mineras en Argentina. Si bien hay varias que están concentradas en la provincia de Santa Cruz, que tiene unas seis operaciones consolidadas, en el resto de las provincias todavía no son muchas. Lo que sí hay es un potencial geológico muy importante, que permitiría, mediante una política de inversión y de reglas claras, que muchos de esos proyectos terminen siendo operaciones mineras y que lleguen efectivamente a la extracción del recurso”, aclara el geólogo sanfrancisqueño.</p><p>Mientras planifica las próximas perforaciones y analiza materiales bajo el sol andino, el sanfrancisqueño sigue haciendo lo que le enseñó su curiosidad de niño: mirar el mundo para descifrar el secreto de cómo y de qué está hecho.</p>El vínculo con el Parque Industrial<p>El Parque Industrial de San Francisco, en un trabajo conjunto con la Municipalidad, busca tender puentes con el sector minero y proyecta una alianza estratégica con Pavetti. El objetivo principal es abrir puertas para que el empresariado industrial local se acerque a los sectores energéticos y mineros en expansión.</p><p>Según destacó Leonardo Beccaria, gerente del Parque Industrial, la industria metalúrgica tradicional representa actualmente cerca del 5,5% del PBI nacional, mientras que los sectores de gas, petróleo y minería alcanzan el 4,5%. Sin embargo, las proyecciones hacia 2030 estiman que estos últimos superarán el 15% del PBI, consolidándose junto al agro como los grandes motores económicos del país para los próximos veinte años.</p><p>“Estamos más que interesados y orgullosos de que un sanfrancisqueño nos esté representando de esta manera en un lugar tan importante como San Juan y en este sector —expresó Beccaria—. Queremos acercar partes con lugares clave para que la industria local piense en esa reconversión, y que Emiliano pueda colaborar y dar una mano para abrir esas puertas”.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/EfuZ3908EmKruGwpw7jTTQSloEQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/emiliano_pavetti_2.webp" class="type:primaryImage" /></figure>De la llanura de San Francisco a los picos de San Juan: Emiliano Pavetti analiza el trabajo de campo en la alta montaña. Entre la rigurosidad científica de la exploración técnica y la adaptación a un entorno exigente, la experiencia de un geólogo local en la primera línea de la investigación minera.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-08-01T13:08:53+00:00</updated>
                <published>2026-08-01T13:08:33+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Sandra Valdemarín: &quot;Incorporé a la biblioteca como una parte más de mí&quot;
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/sandra-valdemarin-incorpore-a-la-biblioteca-como-una-parte-mas-de-mi" type="text/html" title="Sandra Valdemarín: &quot;Incorporé a la biblioteca como una parte más de mí&quot;" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/sandra-valdemarin-incorpore-a-la-biblioteca-como-una-parte-mas-de-mi</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/sandra-valdemarin-incorpore-a-la-biblioteca-como-una-parte-mas-de-mi">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lZSWLMD4DZmGIeS8z_mv8THFyHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/sandra_valdemarin_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay historias que comienzan con un cargo, una elección o una responsabilidad institucional. La de Sandra Valdemarín empezó mucho antes, cuando apenas era una niña que descubría el placer de leer. No hubo un hecho extraordinario ni una escena puntual que marcara ese inicio. Simplemente, en su casa los libros formaban parte de la vida cotidiana y la lectura era un hábito tan natural como cualquier otro.</p><p>Ese vínculo temprano terminó moldeando buena parte de su recorrido personal y profesional. Primero como estudiante, luego como profesora de Historia y, con el paso de los años, como una de las personas que más tiempo y esfuerzo dedicó a sostener el Centro Cultural y Biblioteca Popular San Francisco, una institución que este año celebrará su centenario.</p><p>"La lectura tiene que ver un poco con lo que uno elige. Cuando uno arranca de jovencito a leer, mucho depende del ámbito familiar. Leer en tu casa es lo más importante. Yo leía todo, hasta los fascículos de las colecciones. Después fui desechando qué me gustaba y qué no", destacó a Posta.</p><p>Aquellos primeros años estuvieron marcados por una curiosidad permanente. Mientras otros chicos encontraban entretenimiento en distintas actividades, ella elegía abrir un libro. Con el tiempo comenzó a seleccionar autores, temas y géneros. La Historia ocupó un lugar central, impulsada también por la profesión que eligió, aunque nunca dejó de ampliar el horizonte hacia otras lecturas.</p><p>Su llegada a la Biblioteca Popular de San Francisco tampoco fue producto del azar. Antes de radicarse en la ciudad ya era socia de la Biblioteca Cultura y Progreso de Morteros, su lugar de origen. Cuando se mudó, sintió que debía volver a encontrar ese espacio que siempre había acompañado su relación con los libros.</p><p>Durante muchos años fue simplemente una usuaria más. Entraba, recorría los estantes, retiraba algún ejemplar y volvía a su rutina. Nunca imaginó que algún día terminaría presidiendo la institución. "Hace más de treinta años que vengo a la biblioteca. Desde que llegué a San Francisco me hice socia y seguí viniendo siempre. Primero era solamente buscar libros; después el compromiso fue exigiendo otras cosas", comentó a Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Ese compromiso comenzó a crecer cuando realizaba una investigación académica para una tesis. El trabajo analizaba cómo circula la información dentro de distintos espacios de la comunidad y uno de los casos elegidos fue precisamente la biblioteca. Lo que inicialmente era una investigación universitaria terminó convirtiéndose en una mirada mucho más profunda sobre el funcionamiento de la institución. A medida que avanzaba en ese trabajo fue encontrando una realidad que no esperaba. Detrás de las estanterías repletas de libros aparecían problemas administrativos, dificultades económicas y una organización que atravesaba uno de los momentos más delicados de su historia.</p><p>"Estoy hablando de 2008, 2009 y 2010. Ahí empiezo a ver las problemáticas de la biblioteca: cuestiones administrativas, de gestión, balances que no se presentaban y muchas dificultades para sostener el funcionamiento cotidiano", recuerda.</p><p>Lo que ocurrió después fue casi espontáneo.</p><p>"No me involucré sola. Se armó un grupo de gente espectacular. Había profesores, arquitectos, docentes, amas de casa y vecinos. Todos entendimos que la biblioteca necesitaba ayuda y empezamos a reunirnos para ver qué podíamos hacer", recordó.</p>La decisión de involucrarse<p>A medida que avanzaban las reuniones, Sandra y el resto del grupo fueron descubriendo que la situación era incluso más delicada de lo que imaginaban. No se trataba únicamente de balances pendientes o de cuestiones administrativas sin resolver. Había problemas estructurales que comprometían el funcionamiento de la institución y ponían en riesgo su continuidad.</p><p>"En ese momento la biblioteca tenía una situación muy crítica. Había tres o cuatro años que no se hacían balances, no se daban a conocer las cuentas a los socios y había una estructura que generaba gastos que la institución no podía sostener", destacó.</p><p>No habla desde el dramatismo, sino desde la memoria. Han pasado más de quince años de aquellos acontecimientos, pero todavía recuerda la incertidumbre de esos días. La posibilidad de perder la personería jurídica y hasta el cierre definitivo dejaron de ser rumores para convertirse en una amenaza concreta.</p><p>Fue entonces cuando un grupo de socios decidió dejar de ser solamente usuarios de la biblioteca para asumir una responsabilidad mucho mayor. "Nos empezamos a juntar fuera de la biblioteca. Éramos personas muy distintas entre nosotros, pero todos coincidíamos en que había que salvarla. Así nació ese grupo que después terminó haciéndose cargo de la institución", cuenta. Aquella movilización desembocó en una asamblea que marcó un antes y un después en la historia de la institución.</p><p>Hace apenas unos meses se jubiló como profesora de Historia. Durante décadas debió repartir su tiempo entre la docencia, la familia y el trabajo voluntario dentro de la biblioteca. Ahora dispone de más horas para dedicarle a una institución que, según reconoce, forma parte de su vida cotidiana.</p><p>"Aunque sea vengo a ver a las chicas que están trabajando, a charlar un rato o a ver qué hace falta. Es un lugar de encuentro, de tranquilidad, donde hablamos de libros, compartimos lecturas y pensamos actividades", cuenta.</p><p>Esa idea de encuentro es la que, según Sandra, explica por qué la biblioteca sigue teniendo sentido en una época en la que muchas personas creen que todo puede resolverse desde una pantalla. Lejos de ser un sitio silencioso dedicado únicamente al préstamo de libros, el edificio mantiene una intensa actividad cultural durante todo el año. Presentaciones de libros, talleres, música, cine, debates y exposiciones conviven con la función tradicional de cualquier biblioteca popular.</p><p>La institución también mantiene una renovación permanente de su patrimonio bibliográfico. Sandra calcula que actualmente poseen más de 40.000 ejemplares, aunque reconoce que resulta difícil establecer una cifra exacta porque continuamente ingresan nuevos títulos y otros dejan de formar parte del catálogo.</p><p>"Todos los años incorporamos alrededor de 180, 200 o 250 libros nuevos. También se hace un expurgo de materiales que ya cumplieron su ciclo. La biblioteca está viva, se renueva constantemente. Esa imagen me parece importante porque mucha gente cree que es un lugar oscuro, viejo, detenido en el tiempo, y no es así", afirmó.</p><p>Esa renovación también puede verse en el edificio. Los murales que hoy llaman la atención de quienes pasan por la vereda fueron posibles gracias al compromiso de artistas que ofrecieron su trabajo de manera desinteresada.</p>El privilegio de llegar a los cien años<p>Mientras conversa, la actividad en la biblioteca no se detiene. Hay presentaciones de libros, talleres, reuniones y una agenda cargada de propuestas para celebrar un acontecimiento muy especial: los 100 años de la institución.</p><p>Sandra habla del aniversario con emoción. No solamente porque le toca presidir la comisión en este momento, sino porque conoce el recorrido que hubo que hacer para llegar hasta aquí.</p><p>"Es un privilegio que nos toque estar trabajando justo cuando la biblioteca cumple cien años. Venimos transitando momentos buenos y otros no tanto, como toda institución, pero poder llegar a este aniversario es una enorme satisfacción", afirma.</p><p>Las celebraciones incluyen presentaciones de escritores sanfrancisqueños, espectáculos musicales, charlas sobre libros prohibidos durante distintos períodos de la historia argentina, actividades junto al Cine Club y múltiples propuestas culturales abiertas a la comunidad.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lZSWLMD4DZmGIeS8z_mv8THFyHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/sandra_valdemarin_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La profesora de Historia recientemente jubilada y presidenta del Centro Cultural y Biblioteca Popular San Francisco, Sandra Valdemarín llegó como lectora y terminó siendo una de las personas que ayudó a rescatar la institución cuando atravesó su peor crisis.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-07-25T12:52:09+00:00</updated>
                <published>2026-07-25T12:52:04+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Alfonsina Carle: “Estamos acá para que las familias puedan despedirse de sus seres queridos&quot;
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/alfonsina-carle-estamos-aca-para-que-las-familias-puedan-despedirse-de-sus-seres-queridos" type="text/html" title="Alfonsina Carle: “Estamos acá para que las familias puedan despedirse de sus seres queridos&quot;" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/alfonsina-carle-estamos-aca-para-que-las-familias-puedan-despedirse-de-sus-seres-queridos</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/alfonsina-carle-estamos-aca-para-que-las-familias-puedan-despedirse-de-sus-seres-queridos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cr1AM25tbZKwqF42udeUOiGXkPA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/alfonsina_carle_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>Hay silencios que pesan más que cualquier estruendo. El ruido constante de las excavadoras rompiendo toneladas de hormigón, las sirenas, las radios encendidas y las órdenes que van y vienen apenas alcanzan para disimular otro sonido, mucho más profundo: el de la incertidumbre de quienes llevan días esperando una respuesta. Frente a un edificio reducido a montañas de escombros, cada piedra removida puede acercar un milagro o confirmar la noticia que nadie quiere recibir.</p><p>Allí, en medio de ese escenario devastador, trabaja María Alfonsina Carle. Tiene apenas 22 años, es bombera voluntaria del cuartel de San Francisco e integra la Brigada USAR ARG-10 Córdoba, el equipo especializado enviado por Argentina para colaborar con las tareas de búsqueda y rescate tras el terremoto que sacudió a Venezuela. Su misión no es sencilla. Cada jornada implica enfrentarse al dolor ajeno, sostener la esperanza cuando las probabilidades disminuyen con el paso de los días y continuar trabajando con la convicción de que cada esfuerzo tiene sentido.</p><p>La brigada cordobesa, integrada por 32 rescatistas, llegó a la ciudad de La Guaira luego de ser convocada por el Ministerio de Seguridad de la Nación. Tras instalar su Base de Operaciones comenzó a intervenir junto a brigadas argentinas, bomberos venezolanos y equipos internacionales, siguiendo los protocolos establecidos por INSARAG, el grupo asesor de búsqueda y rescate de Naciones Unidas.</p><p>Para Alfonsina, sin embargo, esta misión representa mucho más que una experiencia profesional. "Es la primera vez que participo de una misión de estas características. Incluso es la primera vez que la brigada de Córdoba sale a una misión fuera del país", contó a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO desde Venezuela durante una pausa del operativo.</p><p>Recordó que la convocatoria llegó pocos días después del terremoto. "Los bomberos siempre somos los primeros que recibimos las alertas en una plataforma digital donde, cuando hay un desastre internacional, los países notifican. Venezuela aceptó la ayuda y fuimos convocados a partir del Ministerio de Seguridad de la Nación. Eso fue un viernes. El terremoto ocurrió un miércoles y nosotros finalmente viajamos el viernes siguiente. El sábado de madrugada ya salimos para Venezuela", explicó.</p>Alfonsina partiendo al país venezolano tras la tragedia.<p>El arribo fue tan impactante como difícil de describir. "Creo que las imágenes no llegan a describir el desastre que realmente hay en el lugar. La verdad es que son muy devastadoras", afirmó.</p><p>Aun así, entre tanta destrucción Alfonsina también encontró gestos que la marcaron. "La gente del lugar está muy predispuesta a colaborar con comida, agua. Los soldados y los militares están siempre con nosotros, cuidándonos. Eso también se siente", relató.</p><p>Pero detrás de cada jornada de trabajo existe una realidad que golpea con fuerza. Conforme pasan los días, las posibilidades de encontrar personas con vida disminuyen dramáticamente. "Desde que estamos acá, nosotros no pudimos hacer ningún rescate. Lo único que hicimos fue recuperación de cuerpos", dijo.</p><p>Cada mañana, la brigada recibe la asignación de un nuevo sector. La logística está coordinada por la UCC, el organismo encargado de distribuir el trabajo entre los distintos equipos internacionales.</p>Desde La Guaira, Carle relató cómo transcurren las jornadas entre estructuras colapsadas.<p>"Ya trabajamos en seis sectores diferentes. Hicimos el recupero de unos ocho cuerpos sin vida entre el lunes y hoy", explicó mientras, del otro lado del teléfono, el ruido permanente de las máquinas confirmaba que la búsqueda continuaba. "Estamos trabajando con maquinaria pesada. Es imposible mover tantos escombros solamente con el cuerpo. Las máquinas trabajan durante el día y nosotros retomamos las tareas muy temprano, desde las cinco y media de la mañana", describió.</p><p>Sin embargo, hay una realidad que condiciona el ritmo de cada operativo. "Las maquinarias no son todas del gobierno de Venezuela, sino que dependen de cada civil que tiene la posibilidad de contratar una empresa para llegar hasta el edificio donde fue afectada su familia o sus amigos y comenzar a trabajar", explicó.</p><p>Esa escena se repite una y otra vez: familiares aguardando durante horas frente a montañas de cemento, hierro y polvo. Nadie quiere irse. Nadie deja de mirar. Todos esperan una respuesta. Y es precisamente allí donde los bomberos encuentran el verdadero sentido de su tarea.</p><p>"Sabíamos que las posibilidades de encontrar personas con vida eran las menos. Los milagros ocurren y no perdemos la fe. Pero también estamos acá para entregarles a esas familias el cuerpo de su ser querido, para que puedan despedirlo como se merece y cerrar ese ciclo", expresó Alfonsina.</p><p>Aun en medio de semejante escenario, el trabajo de los brigadistas no se reduce únicamente a la búsqueda. También implica sostenerse emocionalmente para poder volver a empezar cada mañana. "Antes de salir, el grupo que va a trabajar tiene una charla con nuestro líder para enfocarnos en el trabajo que vamos a hacer y, sobre todo, para no frustrar al equipo. Muchas veces llegamos al lugar y las estructuras están muy inseguras. Entonces no podemos arriesgar ni a nuestros brigadistas ni a nuestros canes. Trajimos un can que también trabaja y tampoco lo exponemos a ingresar a estructuras peligrosas", contó.</p><p>Cuando termina cada jornada, el operativo continúa de otra manera. "Hacemos una reunión que nosotros llamamos defusing. Ahí hablamos de toda la parte emocional que vivió cada uno, cómo se sintió, si hay algo que quedó resonando, algo que nos dejó tristes o si nos gustó cómo se trabajó. Es una manera de cerrar el ejercicio y que no queden cosas que nos afecten para seguir trabajando", relató.</p>Una misión entre ruinas, dolor y humanidad.<p>La contención entre compañeros se vuelve tan importante como la preparación técnica. En un escenario donde el cansancio físico se mezcla con el impacto de recuperar víctimas fatales, nadie atraviesa la experiencia en soledad.</p><p>Ese espíritu de equipo también quedó reflejado en uno de los momentos que más la conmovieron desde su llegada a Venezuela. "Hay muchos bomberos de Caracas trabajando acá. Incluso el primer día colaboramos con ellos para recuperar el cuerpo de una de sus compañeras. Lamentablemente ya no estaba con vida, pero ellos nos pidieron colaboración y pudimos trabajar para entregársela a sus compañeros", recordó.</p><p>Lejos de las diferencias de idiomas, uniformes o banderas, dice que la emergencia iguala a todos. "Es muy interesante cómo se trabaja con las otras brigadas; es la primera vez que nos cruzamos acá y parece que nos conocemos de toda la vida. Se trabaja con mucho compañerismo. No parece que somos de países diferentes, sino que todos somos brigadistas y estamos para lo mismo: ayudar a la gente que está acá", destacó.</p><p>"Tenemos mucho para aprender en el tema emocional y en el tema operativo. Nos damos cuenta que estamos muy bien en muchas cosas porque todos nuestros protocolos están escritos y cada uno de los trabajos queda registrado, pero también tenemos mucho que aprender de otros lugares y de cómo trabajan", aseguró Carle.</p><p>"Me tocó ir a campo y ver tantos brigadistas con un mismo objetivo, que era recuperar al esposo de una señora. Ya sabíamos que no estaba con vida, pero íbamos a hacer el recupero de ese cuerpo. Creo que esa imagen de todo el equipo trabajando por un mismo objetivo es una imagen preciosa y esperanzadora en medio de la tragedia", expresó.</p><p>Detrás del casco, los guantes y el uniforme también hay una historia personal. La vocación de Alfonsina nació mucho antes de integrar una brigada internacional. "Mi papá fue bombero durante 27 años en San Francisco y siempre hubo un amor por esto. En 2018 ingresaron mujeres a nuestro cuartel y ahí empecé a formar parte. Soy bombera desde hace siete años y hace dos años integro la Brigada USAR de la provincia de Córdoba", contó.</p><p>Para ella, la preparación técnica es indispensable, pero no alcanza. "Yo creo que lo principal es la vocación de servicio. Todo lo operativo se puede aprender. Podemos hacer cursos, estudiar, dedicar fines de semana. Pero si no hay amor y vocación por el servicio al prójimo, no somos nada. Creo que eso es lo principal", afirmó.</p><p>Aunque procura enfocarse en el trabajo, hay escenas imposibles de olvidar. “El primer choque con la realidad fue cuando llegamos. Después de tantos días se siguen viendo cuerpos que nadie reclama, cuerpos que no se pueden identificar. Esas imágenes son muy tristes porque nos nace querer ayudar, pero también tenemos nuestros cuidados por los riesgos biológicos y las enfermedades que pueden transmitir los cuerpos en descomposición. Eso nos pone un límite. Más allá de todas las ganas que tenemos de ayudar, a veces no se puede. Y eso se hace difícil", confesó.</p><p>Mientras en La Guaira continúan las tareas de búsqueda entre montañas de escombros, en San Francisco una familia espera noticias de su hija y un cuartel sigue con orgullo cada paso de una de sus bomberas más jóvenes. Ella sabe que quizá nunca pueda borrar de su memoria los rostros de quienes aguardaban detrás de las cintas de seguridad, ni el silencio que precedía a cada hallazgo.</p><p>Pero también sabe que, cuando ya casi no queda esperanza, todavía hay una forma de ayudar. Porque entre toneladas de hormigón, polvo y dolor, los brigadistas siguen buscando. No solo cuerpos. También buscan devolverles a las familias la posibilidad de despedir a quienes aman. Y en esa misión, silenciosa y profundamente humana, reside el verdadero sentido de su vocación.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cr1AM25tbZKwqF42udeUOiGXkPA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/alfonsina_carle_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Con esa convicción trabaja la bombera sanfrancisqueña que integra la Brigada USAR ARG-10 Córdoba en Venezuela. Entre montañas de escombros y largas jornadas de búsqueda, la joven contó cómo se vive una misión donde la esperanza convive con el dolor y la vocación de servicio se convierte en el sostén de quienes aguardan una respuesta.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta" label="Posta" />
                                <updated>2026-07-19T12:35:08+00:00</updated>
                <published>2026-07-11T12:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            “No necesitamos tropezar con las mismas piedras”: Antonela Dutruel y el libro que invita a animarse
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/no-necesitamos-tropezar-con-las-mismas-piedras-antonela-dutruel-y-el-libro-que-invita-a-animarse" type="text/html" title="“No necesitamos tropezar con las mismas piedras”: Antonela Dutruel y el libro que invita a animarse" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/no-necesitamos-tropezar-con-las-mismas-piedras-antonela-dutruel-y-el-libro-que-invita-a-animarse</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/no-necesitamos-tropezar-con-las-mismas-piedras-antonela-dutruel-y-el-libro-que-invita-a-animarse">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vkiA0yMsuyBOKEGa9-rDk2p__2U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/06/antonela_dutruel_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>“No necesitamos todos tropezar con las mismas piedras”. La frase aparece casi al pasar durante la conversación con Antonela Dutruel, pero termina convirtiéndose en una manera de entender la escritura, la vida y también el sentido profundo de su primer libro, “Mejor bueno por conocer”, que fue publicado por Editorial Orsai con prólogo de Hernán Casciari.</p><p>La autora sanfrancisqueña, licenciada en Relaciones Internacionales, traductora, subtituladora especializada en tecnología, instructora de yoga, especialista en inteligencia artificial y creadora de proyectos, llega a la literatura desde un camino poco convencional, aunque reconoce que escribir estuvo siempre allí.</p><p>“Para mí es alquímico escribir, es transformar algo que me está pasando o un caos que tengo en la cabeza”, cuenta a Posta/ LA VOZ DE SAN JUSTO. Y agrega: “Yo tengo cuadernos guardados desde que era chica, tengo mis cuadernos de primer grado, el diario íntimo. Todavía lo leo, está escrito en lápiz”.</p>Una crisis, una mudanza y un libro que nació para compartir historias.<p>Durante años escribió para ella misma. Diarios, apuntes, reflexiones y textos que quedaron guardados en cuadernos que hoy funcionan como una memoria de todas las personas que fue a lo largo de su vida. “Fui a buscar todo eso y me doy cuenta todas las que fui en ese camino, todas las personas que vas siendo en cada momento”, señala.</p><p>Aunque había publicado trabajos académicos vinculados a la ciencia política y la integración latinoamericana, nunca se había animado a la ficción. “Nunca me había animado a escribir ficción, en un lugar personal. Esto es ficción, es algo narrativo y es algo que yo siempre hice para mí”.</p><p>Precisamente allí aparece una de las ideas centrales del libro.</p><p>“No necesitamos todos tropezar con las mismas piedras. Si nos vamos avisando, yo me tropiezo con otra y te cuento a vos y entonces encontramos un camino en el medio”.</p><p>Para Dutruel, las historias permiten comprender emociones y experiencias de una manera distinta.</p><p>“Es distinto cuando alguien te dice un concepto o una idea a cuando le bajás una historia en donde vos podés palpar esa emoción”.</p><p>El libro llegó en medio de una crisis personal. Durante 2025 decidió mudarse a Córdoba por cuestiones laborales. La experiencia, reconoce, estuvo llena de incertidumbres.</p><p>“Este no es un libro cómodo. Tenía ganas de tocar cosas que a mí me incomodaban”</p><p>&nbsp;</p><p>“En agosto del año pasado estaba en una crisis re grande. No sabía si me quedaba, si me volvía. Estaba diciendo: ¿hice bien, hice mal en mudarme?”. En ese contexto apareció la convocatoria de Orsai. “Yo soy muy fanática de Orsai hace años. Cuando veo la convocatoria para escribir dije: ya está, yo quiero hacer esto”.</p><p>La historia con la que se presentó provenía de uno de sus diarios personales. “La envié un viernes y el lunes a las ocho de la mañana me llega un mail que decía: ‘Antonela, en 2026 va a haber un libro publicado con tu nombre en Orsai’. Me largué a llorar”.</p><p>El proceso de edición estuvo acompañado por correctores y editores, pero también por un trabajo interno que la enfrentó a sus propias inseguridades. “Yo sentía que me quedaba re grande. Al principio me sentí muy exigida. Me preguntaba: ¿dónde me metí?”. Sin embargo, la escritura terminó convirtiéndose en un refugio.</p><p>“No creo que haya un buen momento para hacer nada, ni para tener hijos, ni para escribir un libro. Pero qué lindo es tener estos proyectos que te encienden el alma”, reflexiona.</p><p>Una vez concluida la obra, la autora sintió que las historias dejaban de pertenecerle. “Cuando lo terminé dije: esto ya no es mío, es de todos los que lo leen”.</p><p>El propio título del libro surge de una pregunta que la acompañó durante años. “Toda la vida he escuchado esa frase: ‘más vale malo conocido que bueno por conocer’. Y yo me preguntaba por qué”. De allí nació la decisión de invertir el refrán popular. “Si vos ya sabés que es malo, ¿por qué es mejor acostumbrarse a quedarse donde te duele que salir a buscar algo que no?”.</p><p>“Para mí tiene mucho que ver con decir: gracias hasta acá, qué bueno todo lo que aprendí, yo voy a seguir para otro lado”.</p><p>Las historias del libro atraviesan distintas emociones y experiencias. Hay relatos vinculados a la violencia, otros a situaciones cotidianas y otros que exploran relaciones humanas desde diversos ángulos. “Estamos viviendo con algunos malos conocidos al ladito y por ahí a veces está bueno decir: gracias hasta acá”.</p><p>&nbsp;</p><p>"Ya no importa que entiendan el relato como yo lo escribí. Lo importante es que lo hagan propio”</p><p>&nbsp;</p><p>La autora reconoce que releer sus propios textos genera sentimientos contradictorios. “Me da piel de gallina. Por un lado está la autocrítica de decir: acá lo podría haber escrito mejor –sigue-. La última etapa para mí fue dificilísimo”.</p><p>El mayor temor era exponer aquello que durante años permaneció en la intimidad. “Yo sentía que me estaban quemando en la hoguera”.</p><p>Por eso comenzó a compartir algunos cuentos con personas de confianza.</p><p>“Lo que me dio confianza fue entender que ya no importa que entiendan el relato como yo lo escribí. Lo importante es que lo hagan propio”.</p><p>La lectura, asegura, cambió su vida. “La lectura a mí siempre me salvó la vida”.También la escritura. “La escritura siento que es muy poderosa. Yo siento que sana. A mí me sanó, me salvó la vida, me mantuvo cuerda en momentos en que estaba en medio del caos”.</p><p>Con casi 41 años, Dutruel dice estar aprendiendo a nombrarse de otra manera. “También es animarme a decirme escritora”.</p><p>Su vínculo con los libros atraviesa todas las áreas de su vida, incluso la tecnología y la programación. “Yo soy un bicho de libros”.</p><p>La ficción le permitió abordar temas que todavía no se animaba a contar desde un lugar autobiográfico. “Este no es un libro cómodo. Yo tenía ganas de tocar cosas que a mí me incomodaban, mis malos conocidos”.</p><p>Hay cuentos narrados desde distintas voces, distintos protagonistas y diferentes miradas.</p><p>“Para cada cosa me permití ponerme pieles diferentes”.</p><p>El libro también tendrá una dimensión tecnológica. Además de la edición impresa y digital, estará disponible gratuitamente en PDF, contará con lecturas realizadas por la propia autora y tendrá una aplicación vinculada mediante un código QR. “A mí me gusta eso, charlar con la gente, que me cuenten qué les pasó”.</p><p>Mientras trabaja para presentar la obra en Córdoba y San Francisco, Dutruel ya piensa en nuevos proyectos, entre ellos un libro sobre tecnologías e inteligencia artificial. “Ya empecé a escribir un libro sobre tecnologías e IA porque también creo que hay mucho para hablar ahí”.</p><p>Sin embargo, el corazón de “Mejor bueno por conocer” parece permanecer en aquella idea inicial: compartir las propias caídas para que otros encuentren otro camino.</p><p>“Creo que el paso de dar algo, así una persona lo agarre y sea para mejor, para un cambio para mejor, es suficiente”.</p><p>Y acaso allí se encuentre la verdadera razón del título. No se trata solamente de animarse a lo desconocido. Se trata de entender que las experiencias compartidas, los relatos y las palabras también pueden funcionar como señales en el camino. Porque, como dice Antonela Dutruel, “no necesitamos todos tropezar con las mismas piedras”.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vkiA0yMsuyBOKEGa9-rDk2p__2U=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/06/antonela_dutruel_3.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La sanfrancisqueña publicó “Mejor bueno por conocer”, su primer libro bajo el sello Orsai. La obra nació en medio de una crisis personal y propone revisar aquellas certezas que muchas veces impiden avanzar.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta" label="Posta" />
                                <updated>2026-06-27T12:10:05+00:00</updated>
                <published>2026-06-27T12:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Guillermo Velazquez, el ingeniero que eligió volver a San Francisco para construir desde su ciudad
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/guillermo-velazquez-el-ingeniero-que-eligio-volver-a-san-francisco-para-construir-desde-su-ciudad" type="text/html" title="Guillermo Velazquez, el ingeniero que eligió volver a San Francisco para construir desde su ciudad" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/guillermo-velazquez-el-ingeniero-que-eligio-volver-a-san-francisco-para-construir-desde-su-ciudad</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/guillermo-velazquez-el-ingeniero-que-eligio-volver-a-san-francisco-para-construir-desde-su-ciudad">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/r3c-JzjLH-XZixd8E75ejKAc8qo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/06/guillermo_velazquez_aivel.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Detrás de cada gran obra hay cálculos, planificación y decisiones técnicas que muchas veces pasan inadvertidas para quienes observan el resultado final. Pero también hay historias personales, vocaciones que nacen temprano y elecciones que terminan definiendo un camino profesional. La de Guillermo Velazquez, ingeniero civil y director técnico de Aivel, es una de ellas.</p><p>Su relación con la ingeniería comenzó mucho antes de ingresar a la universidad. Creció en un hogar donde la construcción y las obras formaban parte de las conversaciones cotidianas. Su padre fue el primer ingeniero de la familia y su hermana eligió la arquitectura como profesión. Ese entorno despertó una curiosidad que con el tiempo se transformó en vocación.</p><p>"Desde chico estuve rodeado del mundo de la construcción. Siempre tengo recuerdos de que en mi casa se hablaba de obras y de todo tipo de infraestructura. Un poco de ahí nace la posibilidad de conocer el mundo de la ingeniería", recordó a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Aunque reconoce que existía una especie de legado familiar, asegura que su decisión estuvo fuertemente vinculada con una inquietud personal por entender cómo funcionan las cosas.</p><p>"Siempre tuve mucha curiosidad por cómo funcionan las cosas, por qué pasan las cosas. Originalmente me fui a estudiar Arquitectura porque me fascinaba el diseño. Mi hermana se estaba recibiendo en ese momento y para mí era fantástico ver todo lo que podía hacerse desde esa disciplina", explicó.</p><p>Sin embargo, después de un año decidió cambiar el rumbo y comenzar Ingeniería Civil. Allí encontró respuestas a las preguntas que más lo movilizaban. "Me fui metiendo un poquito más en la ingeniería porque encontré respuestas al funcionamiento específico de las cosas, al porqué sucedían algunas situaciones y también por la atracción que me generaban determinadas obras", señaló.</p><p>Cabe destacar que hoy, Velazquez es profesor titular de la cátedra de Estabilidad en la UTN San Francisco. "Pude devolver un poco de todo lo que me dio la universidad pública, la defiendo mucho en estos tiempos particulares", destacó con orgullo.</p>La fascinación por las grandes obras<p>Mucho antes de que internet permitiera acceder fácilmente a imágenes y videos de megaestructuras alrededor del mundo, Guillermo ya sentía admiración por esas construcciones que desafían la lógica cotidiana.</p><p>"Todos los ingenieros tenemos esa pasión por las megaobras. Hace muchos años no era tan sencillo acceder a imágenes como hoy, pero yo tenía la posibilidad de ver esas cosas a través de mi papá y me llamaban muchísimo la atención", cuenta.</p><p>Entre las estructuras que más despertaban su interés estaban las presas, los diques, los puentes y las grandes estructuras de hormigón. "Cuando nos íbamos de vacaciones con mi viejo, muchas veces pasábamos a ver una represa o un dique. Me preguntaba cómo podía ser que eso se hubiera construido hacía 80 años. Entonces empezaba a investigar cómo lo habían hecho y por qué", recordó.</p>De la universidad al mundo laboral<p>Luego de finalizar sus estudios secundarios, se trasladó a Córdoba para comenzar su formación universitaria. "El primer año estudié Arquitectura en la Universidad Nacional de Córdoba. No lo considero un año perdido; al contrario, me sirvió muchísimo para meterme en el mundo universitario, que es algo que me encanta", sostiene. Al año siguiente comenzó Ingeniería Civil, carrera que completó íntegramente en la UNC.</p><p>Su inserción laboral coincidió con un contexto económico complejo para el país. "Terminé la carrera mientras hacía la tesis. Eran años difíciles, alrededor de 2003 y 2004. Vine a trabajar y surgió una oportunidad espectacular", recuerda.</p><p>Su padre ya desarrollaba actividades vinculadas a la ingeniería y, paralelamente, Guillermo comenzó a desempeñarse en la Municipalidad de Freyre, brindando asesoramiento técnico. Fue allí donde apareció una experiencia que marcaría un punto de inflexión en su carrera.</p>El nacimiento y crecimiento de Aivel<p>La historia de AIVEL está íntimamente ligada a la trayectoria familiar. Su padre desarrollaba tareas de consultoría en ingeniería. "Mi papá empezó a desarrollar un tipo de pilote que se adaptaba a nuestra zona. Eran pilotes de pequeño diámetro y comenzaron a especializarse en micropilotes. De hecho, el nombre original de la empresa surge de la unión de los apellidos Aylagas y Velazquez", explica.</p><p>Ese fue el punto de partida para una especialización en fundaciones profundas, una actividad que presenta desafíos particulares en San Francisco debido a las características del suelo y la presencia de napas freáticas. "Había que excavar bajo agua y hormigonar bajo agua. Era todo un desafío técnico", señaló.</p><p>La incorporación progresiva de sus hermanos permitió consolidar una estructura empresarial más amplia y diversificada. "Empezamos a trabajar colaborativamente con la idea de generar una empresa de servicios con una fuerte base técnica", comentó.</p><p>Sin embargo, reconoce que hacer ingeniería desde San Francisco no era sencillo. "No era fácil porque no había tantas obras de gran volumen y tampoco existía una demanda tan marcada por servicios de ingeniería", afirmó.</p>La decisión de quedarse<p>A lo largo de su carrera, Guillermo tuvo la posibilidad de proyectar una trayectoria profesional en grandes centros urbanos. Sin embargo, eligió regresar a San Francisco y desarrollar allí su proyecto de vida.</p><p>"Poder hacer ingeniería en mi ciudad natal, donde yo quería vivir, fue una decisión importante. Significó renunciar de alguna manera a la posibilidad de trabajar en grandes obras en Córdoba", reflexionó.</p><p>Con el paso del tiempo, esa elección se transformó en una fuente de orgullo. "Hoy poder estar haciendo obras con las que soñé, con una empresa que armamos en San Francisco, me llena de orgullo", aseguró. Actualmente ocupa el rol de director técnico de AIVEL, mientras que sus hermanos lideran otras áreas fundamentales de la empresa.</p>Una empresa basada en el conocimiento<p>Lejos de atribuirse los logros de manera individual, Guillermo destaca permanentemente el trabajo colectivo. "Nada lo hice yo solo. Hoy la empresa tiene un equipo de ingenieros, arquitectos y profesionales de distintas áreas que es realmente extraordinario", sostuvo.</p><p>En la actualidad, AIVEL se organiza en cuatro áreas principales: la gerencia administrativa, a cargo de Germán Velazquez; el área de personal y mantenimiento, liderada por Juan Manuel Velazquez; la gerencia productiva, encabezada por la ingeniera Romina Foschia; y el área técnica, bajo la responsabilidad de Guillermo.</p><p>AIVEL ha desarrollado proyectos vinculados a urbanizaciones, estructuras de hormigón e infraestructura en diferentes puntos de la provincia. Entre ellos se destacan loteos, el edificio Soho Park con tecnología de postesado, plantas de tratamiento de líquidos cloacales y redes de infraestructura.</p><p>Recientemente, la empresa completó la obra local de la senda peatonal y bicisenda en altura, un proyecto que representó un importante desafío técnico y de planificación. "Acabamos de terminar nuestro primer puente, así que también fue una experiencia nueva para nosotros", destacó.</p><p>Además, remarcó que una de las mayores satisfacciones fue haber cumplido con los plazos previstos, concretando la obra dentro del cronograma original de diez meses, reflejando el nivel de organización y profesionalización alcanzado por el equipo.</p><p>La filosofía de trabajo de la empresa se sostiene sobre un principio fundamental: buscar siempre el mejor conocimiento disponible. "Creemos que para hacer las cosas bien hay que llamar a los mejores. Cuando no tenemos todo el conocimiento interno, buscamos a quienes saben, nos formamos y aprendemos", afirmó.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/r3c-JzjLH-XZixd8E75ejKAc8qo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/06/guillermo_velazquez_aivel.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Director técnico de Aivel, repasó su trayectoria profesional, el crecimiento de la empresa y los desafíos de desarrollar ingeniería desde el interior. Además, destacó obras emblemáticas ejecutadas por la firma, entre ellas la reciente senda peatonal y bicisenda en altura del acceso oeste. "Estoy haciendo obras con las que soñé”, aseguró.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-06-13T15:00:15+00:00</updated>
                <published>2026-06-13T12:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Maltrato animal: “La muerte de Tita nos interpela como sociedad”, afirmó Milena Mariamé
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/maltrato-animal-la-muerte-de-tita-nos-interpela-como-sociedad-afirmo-milena-mariame" type="text/html" title="Maltrato animal: “La muerte de Tita nos interpela como sociedad”, afirmó Milena Mariamé" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/maltrato-animal-la-muerte-de-tita-nos-interpela-como-sociedad-afirmo-milena-mariame</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/maltrato-animal-la-muerte-de-tita-nos-interpela-como-sociedad-afirmo-milena-mariame">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SaDcGk9s6itQFkUNhzyC-sdRGjc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/06/milena_mariame.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La muerte de la perrita “Tita” generó mucha tristeza. Durante días, las redes sociales se llenaron de mensajes de dolor, indignación y pedidos de justicia. Comerciantes, vecinos y personas que transitaban habitualmente por el centro de San Francisco compartieron fotografías, recuerdos y anécdotas de una perrita comunitaria que se había convertido, sin proponérselo, en parte de la identidad de ese sector de la ciudad.</p><p>La historia ya es conocida. Según los testimonios reunidos hasta el momento, un hombre descendió de una motocicleta y le propinó una patada en la cabeza que terminó provocándole lesiones gravísimas. Tita fue asistida, trasladada a una veterinaria y permaneció internada durante algunas horas, pero finalmente falleció. El hecho provocó una reacción inmediata y reabrió una discusión que va mucho más allá de un caso puntual: qué lugar ocupan los animales en la sociedad actual y si las herramientas legales existentes alcanzan para protegerlos.</p><p>Entre las personas que comenzaron a involucrarse desde el primer momento estuvo la abogada sanfrancisqueña Milena Mariamé, quien desde hace años trabaja vinculada a causas de maltrato animal. Sin embargo, su historia con esta temática comenzó mucho antes de recibir denuncias o presentar escritos judiciales.</p><p>"Siempre tuve una afinidad y una empatía con los animales en sí. Y bueno, el desarrollo de mi carrera, de decidir estudiar abogacía también, fue uno de los motivos en tener herramientas para poder defenderlos, precisamente en causas como esta que se han dado", recordó a POSTA.</p><p>Mariamé encontró en el derecho animal una especialidad que todavía está creciendo en Argentina. Mientras otras ramas del derecho tienen décadas o siglos de desarrollo, esta disciplina continúa construyéndose y ganando reconocimiento. "No sé si es que hay pocos abogados que se dediquen al derecho animal, sino que me parece que hay pocos abogados que aún no se han profundizado y desconocen de la materia. El derecho animal es un derecho relativamente nuevo que va evolucionando todo el tiempo", explicó.</p><p>Según su mirada, en ciudades más grandes existen grupos especializados que trabajan exclusivamente estas problemáticas, algo que todavía no sucede con fuerza en localidades del interior. Aun así, considera que cada vez más profesionales comienzan a interesarse por la temática y que cualquier abogado puede intervenir en una causa de maltrato animal.</p><p>La evolución social respecto a la protección animal es, para ella, uno de los principales motivos por los cuales resulta indispensable actualizar la legislación vigente. La referencia inevitable es la Ley 14.346, norma que regula los actos de maltrato y crueldad animal en Argentina desde hace más de siete décadas.</p><p>"Sí, es el momento de cambiar. ¿Por qué es el momento? Porque la sociedad ha evolucionado, ha cambiado y los requerimientos son otros. Así como en su momento se necesitó una reforma del Código Civil porque el antiguo código no iba acorde a los requerimientos sociales, lo mismo tiene que pasar con la 14.346", sostuvo.</p><p>Entre los aspectos que considera prioritarios aparece una problemática que suele quedar relegada en el debate público: el abandono. Para Mariamé, muchas de las situaciones que después generan conflictos tienen origen allí.</p><p>"Todo comienza con un abandono. Hay personas que se mudan, que dejan el perro y esto queda impune. El animal queda en situación de calle y eso va generando más problemas. Son animales que terminan en rutas, en pueblos o sobreviviendo en condiciones muy difíciles", señaló.</p>Tita, la perrita comunitaria que todos lloran.&nbsp;<p>Sin embargo, cuando se habla de maltrato animal, la discusión suele centrarse rápidamente en las penas. Tras la muerte de Tita fueron numerosos los vecinos que reclamaron prisión efectiva para el responsable. Mariamé considera que las sanciones son necesarias, pero advierte que por sí solas no alcanzan para modificar conductas.</p><p>"Lo que hace que un delito disminuya es la conciencia social, pero como base la educación. Todos estamos educados desde chicos en que determinadas cosas están mal. Bueno, esto también se tiene que tener en cuenta: que el abandono está mal, que el maltrato está mal y que la crueldad está mal", afirmó.</p><p>La abogada insiste en que la educación debe ocupar un lugar central en cualquier estrategia de prevención. No se trata solamente de castigar cuando el daño ya ocurrió, sino de generar una transformación cultural que impida que esos hechos sucedan. "Nosotros siempre decimos que no a todos les tienen que gustar los animales. No pedimos eso. Pedimos que se los respete. Como respetamos a otra persona por el solo hecho de ser un ser humano, esto tiene que ser igual", expresó.</p><p>Otro de los puntos que remarca durante la entrevista es la relación existente entre el maltrato animal y otras formas de violencia. Se trata de una conexión ampliamente estudiada en distintos países y que, según explica, no debería ser ignorada.</p><p>"Está interrelacionado el maltrato animal con la violencia interpersonal. Hay estudios, estadísticas y antecedentes que muestran que muchas veces la violencia comienza con los más indefensos", afirmó. Por eso considera que cada hecho de crueldad debe ser interpretado como una señal de alerta.</p><p>Al hablar de experiencias internacionales, Mariamé menciona el caso de Estados Unidos, donde desde hace décadas las agencias de investigación consideran el maltrato animal como un indicador de peligrosidad social. "Desde 1986 el FBI se ocupa de las personas que cometen actos de maltrato animal. Ellos entienden que una persona que comete actos de crueldad o maltrato puede ser peligrosa para la sociedad", explicó.</p><p>La muerte de Tita volvió a poner todos estos debates sobre la mesa. Mariamé recuerda que conoció el caso a través de vecinos que comenzaron a enviarle fotografías y mensajes cuando la perrita todavía luchaba por sobrevivir. "Me comenzaron a mandar fotos del animalito y de la situación. Después me puse en contacto con una de las vecinas que la cuidaba y la acompañé a realizar la denuncia", contó.</p><p>Desde entonces, acompañó distintas ampliaciones de la denuncia y colaboró con la recopilación de información para la causa. Entre las pruebas que se intentan reunir figuran registros de cámaras de seguridad y testimonios de personas que pudieron haber presenciado la agresión.</p>        Ver esta publicación en Instagram            <p>Una publicación compartida por La Voz de San Justo (@lavozdesanjusto)</p>
<p>"Necesitaríamos dar con una persona que le reclamó la acción a este sujeto. Esta persona lo vio de frente y podría aportar información muy importante para la investigación", explicó.</p><p>Aunque evita hablar de expectativas judiciales, sí insiste en la necesidad de que cualquier vecino que tenga información se acerque a las autoridades. Por eso uno de los mensajes que más repite durante la entrevista está relacionado con la denuncia. Considera que todavía existe miedo, desconocimiento o desconfianza, pero remarca que cualquier ciudadano puede actuar ante un caso de maltrato animal.</p><p>"El funcionario público tiene la obligación de tomar la denuncia. Eso es fundamental. La gente tiene que saber que puede denunciar y que existen herramientas para hacerlo", afirmó.</p><p>Cuando se le pregunta qué le generó el caso de Tita, tarda algunos segundos en responder. Busca las palabras adecuadas y finalmente resume su sensación en una frase contundente. "Es aberrante. Es un repudio total. No hay nadie en la sociedad que quiera personas así dentro de su sociedad", sostuvo.</p><p>Sin embargo, en medio del dolor también encuentra aspectos positivos. Uno de ellos fue la rápida respuesta que recibió la perrita después de la agresión. Por eso destaca especialmente la actuación de la Guardia Urbana. "El actuar de la Guardia Urbana es irreprochable. Levantaron el animal, se comunicaron con un médico veterinario, lo asistieron y se comprometieron con la situación", señaló.</p><p>Para Mariamé, esa reacción demuestra que algo está cambiando. Que la violencia ya no genera indiferencia y que cada vez más personas están dispuestas a involucrarse. "Eso nos indica que ya evolucionamos y que nos comprometemos. La gente ya no lo acepta, ya no lo tolera. Hay un rechazo muy marcado hacia cualquier forma de violencia", concluyó.</p><p>Mientras se busca al culpable y la ciudad sigue conmocionada por la muerte de Tita, la abogada espera que el caso deje algo más que indignación. Que sirva para impulsar cambios legales, fortalecer la educación y promover el compromiso ciudadano. Porque, según sostiene, la protección animal no depende únicamente de una ley o de una condena, sino también de la capacidad de una sociedad para involucrarse cuando alguien indefenso necesita ayuda.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/SaDcGk9s6itQFkUNhzyC-sdRGjc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/06/milena_mariame.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El caso de Tita, la perrita comunitaria cuya muerte generó indignación en San Francisco, reavivó el debate sobre la protección de los animales y la necesidad de fortalecer la conciencia social frente a la crueldad. La joven abogada Milena Mariamé analizó los desafíos del derecho animal, la importancia de las denuncias y el rol de la educación para prevenir. Ella transformó la empatía en acción.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-06-06T15:05:07+00:00</updated>
                <published>2026-06-06T11:30:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            “La universidad pública se defiende entre todos”: Germán Lamberti, militancia, ingeniería y el debate por el futuro
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/la-universidad-publica-se-defiende-entre-todos-german-lamberti-militancia-ingenieria-y-el-debate-por-el-futuro" type="text/html" title="“La universidad pública se defiende entre todos”: Germán Lamberti, militancia, ingeniería y el debate por el futuro" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/la-universidad-publica-se-defiende-entre-todos-german-lamberti-militancia-ingenieria-y-el-debate-por-el-futuro</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/la-universidad-publica-se-defiende-entre-todos-german-lamberti-militancia-ingenieria-y-el-debate-por-el-futuro">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RyI-SNUWRRSwsNTycnuGz4SRynU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/german_lamberti.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ<p>Los pasillos de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (FCEFyN) de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) estaban atravesados por el bullicio típico de los días previos a una elección universitaria. Afiches pegados en las paredes, estudiantes entrando y saliendo de las aulas, banderas colgadas en los balcones y grupos repartiendo volantes componían una escena cargada de militancia y debate político. En medio de ese movimiento, Germán Lamberti caminaba saludando a docentes, alumnos y no docentes como quien vuelve a un lugar que siente propio.</p><p>A sus 31 años, el sanfrancisqueño e ingeniero en Computación egresado de la UNC es candidato a consejero graduado por el Claustro de Graduados dentro de la lista Impulsar + Épica + Renovación Profesional, que acompaña a Pedro Pérez en el espacio “Vamos”, de cara a las elecciones universitarias de los días 20 y 21 de mayo.</p><p>En 2025 fue seleccionado para representar a Córdoba en el Seminario País Federal, una iniciativa vinculada a la formación de líderes y a la actividad universitaria y profesional, donde compartió experiencias y debates con jóvenes de distintos espacios políticos y sociales del país.</p><p>Además de su actividad política y académica, Lamberti es CTO y cofundador de la startup TrustHub y presidente de la Fundación La Casa Universitaria de Córdoba. Este año también fue docente del ingreso universitario en Matemática y Física Química.</p><p>“He caminado muchos años estos pasillos de la Facultad y venimos hace años conviviendo entre la educación, la formación, la tecnología y también la militancia universitaria”, expresó durante la entrevista con Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>En medio de la caminata apareció una escena que resumió parte del reconocimiento que construyó dentro de la facultad. “¡Qué jugador!”, se escuchó. El saludo vino del decano de la Facultad de Astronomía, Matemática y Física (Famaf), y candidato a rector de la UNC, Pedro Pérez, quien lo saludó con una palmada en el hombro. La escena ocurrió en pasillos cargados de ruido, reuniones y conversaciones cruzadas. La adrenalina electoral se respiraba en cada rincón de la universidad.</p><p>La participación política de Lamberti comenzó antes de llegar a la UNC. Según recordó, en el secundario ya había integrado el centro de estudiantes del Instituto Pablo VI. “Creo que ahí arranca un poco esta vocación de servicio. Yo siempre lo pongo como que uno trabaja por el resto, en el sentido de devolverle a la sociedad lo que la sociedad le dio”, contó.</p><p>Sin embargo, aclaró que en sus primeros años universitarios no militó. “Me sumo bastante después por una cuestión de sentirme interpelado. Decir: yo vengo acá, es una universidad pública, tengo la posibilidad de estudiar porque es gratuita y de calidad. Y siempre me gustó la idea de poder ayudar a mejorar la facultad y la universidad”, explicó.</p><p>Esa búsqueda lo llevó a participar en Compromiso Estudiantil Universitario y luego en el centro de estudiantes. “Configuré mi formación académica y profesional con mi formación política y mi participación ciudadana en el marco de la universidad pública”, afirmó.</p><p>En un contexto donde muchos jóvenes manifiestan desencanto con la política, Lamberti defiende la participación y cuestiona el prejuicio instalado en algunos sectores respecto de que a la universidad “solo se va a estudiar, no a hacer política”. “Me ha tocado convivir mucho con esa frase, sobre todo en el espectro de las ciencias duras. Cuando uno se forma en ciencias duras se encuentra mucho más con esta opinión que si uno se forma en ciencias blandas”, señaló.</p><p>“La ingeniería tiene que estar pensando o discutiendo el modelo de país que queremos. Si queremos un país de servicios o si queremos un país de servicios e industria”</p><p>&nbsp;</p><p>Para el ingeniero, la formación técnica no puede separarse de los problemas sociales y productivos del país. “Hay que repensar cómo se vincula el profesionalismo de ciencias duras con la sociedad. Uno no se puede vincular solamente desde lo material, desde lo tecnológico o desde lo productivo. Ese desarrollo tiene que estar enfocado en mejorar la vida de la gente”, sostuvo.</p><p>Y profundizó: “La ingeniería tiene que estar pensando o discutiendo el modelo de país que queremos. Si queremos un país de servicios o si queremos un país de servicios e industria”.</p><p>En esa línea, consideró que los profesionales de las ciencias duras también deben involucrarse en las discusiones de fondo sobre desarrollo nacional. “Es muy importante que el perfil profesional y tecnológico también se plantee estas discusiones porque es el primer afectado cuando aparecen políticas de desindustrialización”, advirtió.</p><p>Durante la entrevista también habló sobre la emigración de científicos e ingenieros argentinos. “Hoy me toca presenciar cómo muchos compañeros ingenieros y científicos se van del país porque no encuentran la posibilidad de trabajar de sus profesiones”, lamentó.</p><p>Lejos de separar tecnología y política, planteó que ambas dimensiones deben convivir: “Amo la tecnología, amo la computación, pero también me parece que tenemos que involucrarnos en la sociedad, cada uno desde el lugar que pueda”.</p><p>Lamberti participó además de la cuarta Marcha Federal Universitaria desde la asunción de Javier Milei. Sobre esa movilización dijo: “Celebro que haya sido la marcha con mayor convocatoria hasta el momento. Es una forma de expresar que la situación es límite”.</p><p>Luego describió la situación salarial de muchos docentes universitarios. “Hoy los docentes asistentes de dedicación simple están cobrando alrededor de 250 mil pesos. Para llegar a ser docente universitario tenés que tener un título de grado y muchos años de formación académica”, cuestionó.</p><p>&nbsp;</p><p>“Estamos de acuerdo en que la universidad tiene que ser más transparente. Ahora también pasemos a lo importante: los docentes no pueden estar trabajando medio día de docentes y a la noche haciendo Uber”</p><p>&nbsp;</p><p>En varios momentos de la charla insistió en una idea que atraviesa a distintos sectores políticos y sociales. “La universidad pública es un valor de todos. Es transversal”, expresó. Y agregó: “Hay unidad en el reclamo, a la universidad hay que sostenerla y defenderla entre todos”.</p><p>Para Lamberti, todavía existe un desafío pendiente para explicar socialmente la importancia del financiamiento universitario. “Todos los argentinos sostenemos la universidad pública. Los que estudiamos y los que no estudian”, indicó.</p><p>Al mismo tiempo, consideró que las universidades deben profundizar las políticas de transparencia: “Nosotros desde la militancia estudiantil siempre pregonamos por la transparencia y por hacer pública la información del uso de fondos”.</p><p>Sin embargo, remarcó que el eje central no puede perderse. “Estamos de acuerdo en que la universidad tiene que ser más transparente. Ahora también pasemos a lo importante: los docentes no pueden estar trabajando medio día de docentes y a la noche haciendo Uber”, sostuvo.</p><p>Lamberti defendió además el papel de la educación pública como “herramienta de movilidad social ascendente. La universidad pública y gratuita permite que muchos hijos de trabajadores podamos venir a estudiar, formarnos y desarrollarnos”, afirmó.</p><p>En ese sentido recordó el esfuerzo de muchas familias argentinas. “Somos muchos los profesionales que nunca nos podríamos haber egresado si Argentina no tuviera este esquema de educación pública”, agregó.</p>El debate por los extranjeros<p>Sobre el debate en torno a los estudiantes extranjeros en las universidades públicas argentinas, Germán planteó una mirada vinculada al concepto de “soft power” y al intercambio cultural que genera la educación superior.</p><p>“Hay opiniones cómodas que dicen: ‘a nosotros nos cobran y al resto hay que cobrarle’. Pero después hay una reflexión más profunda que tiene que ver con algo que se llama soft power”, manifestó.</p><p>En ese sentido, sostuvo que la llegada de estudiantes de otros países también representa una forma de proyección cultural y económica para Argentina: “Al recibir extranjeros les transmitimos nuestra cultura, nuestros valores de sociedad y de país. Y eso hace que después, cuando vuelven a su tierra, hablen de Argentina y probablemente le compren productos, servicios o cultura”.</p><p>Además, remarcó que quienes vienen a estudiar al país también "pagan impuestos inmobiliarios, pagan IVA, pagan todos los impuestos que pagamos los argentinos día a día”.</p><p>“Es importante generar relaciones con ciudadanos de otros países que eligen a Argentina como su segundo hogar y generan puentes culturales que nos permiten también crecer hacia afuera”, agregó.</p><p>&nbsp;</p>La universidad en tiempos de IA<p>Lamberti también habló sobre el impacto de la inteligencia artificial y los cambios tecnológicos en la educación superior. Consideró que las universidades deberán adaptar permanentemente sus programas y métodos de enseñanza frente a una revolución tecnológica que avanza a gran velocidad.</p><p>“Hoy los estudiantes pueden preguntarle a la inteligencia artificial cómo resolver ejercicios y eso cambia la forma de estudiar y de vincularse”, dijo. Aun así, remarcó la importancia de sostener el pensamiento crítico y las relaciones humanas dentro de la universidad. “Nos formamos para tener pensamiento crítico y tenemos que sostenerlo a pesar de las bondades que ofrecen estas tecnologías”, señaló.</p><p>Sobre el futuro laboral, sostuvo que la formación profesional deberá combinar conocimientos técnicos con liderazgo y capacidad de gestión. “Los puestos laborales que no van a ser reemplazados son los de toma de decisión”, aseguró.</p><p>Por eso, al dirigirse a los estudiantes que recién comienzan la universidad, insistió en la necesidad de participar: “Participar en los espacios de debate te forma para toda la vida”.&nbsp;</p><p>También dejó un mensaje para quienes observan la militancia universitaria con desconfianza. “No es necesario pensarse como político para participar. Uno puede pensarse como un futuro gerente, un profesional o un líder que necesita herramientas para tomar decisiones”, manifestó.</p><p>Hacia el final de la entrevista volvió sobre la defensa de la educación pública y el reclamo presupuestario que atraviesa a las universidades nacionales. “Al presidente Milei le diría que muchos jóvenes lo acompañaron y creyeron en él, pero esos jóvenes siguen creyendo en la educación pública. Desfinanciar la universidad no es el camino”, concluyó.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/RyI-SNUWRRSwsNTycnuGz4SRynU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/german_lamberti.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El ingeniero en Computación y candidato a consejero graduado de la UNC habló sobre la defensa de la educación pública, el rol político de las ciencias duras, la necesidad de discutir un modelo de desarrollo con industria y tecnología y el desafío de sostener la participación universitaria en tiempos de crisis. “Hay unidad en el reclamo”, afirmó.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta" label="Posta" />
                                <updated>2026-05-17T01:55:06+00:00</updated>
                <published>2026-05-16T12:14:48+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Alejandro Real: volver a lo analógico en tiempos de lo inmediato
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/alejandro-real-volver-a-lo-analogico-en-tiempos-de-lo-inmediato" type="text/html" title="Alejandro Real: volver a lo analógico en tiempos de lo inmediato" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/alejandro-real-volver-a-lo-analogico-en-tiempos-de-lo-inmediato</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/alejandro-real-volver-a-lo-analogico-en-tiempos-de-lo-inmediato">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4QnGNV3eKKTyjk2hvy8UUrmPKA4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/alejandro_real.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En una época atravesada por la inmediatez, las plataformas digitales y el consumo rápido, hay quienes eligen ir a contramano. Apostar por el objeto, por el sonido con textura, por la experiencia de escuchar música como un ritual. En San Francisco, ese camino lo tomó Alejandro Real, vecino de la ciudad, quien decidió abrir Flash Point, un espacio dedicado a la venta de CDs, vinilos y cassettes, pero también a algo más profundo: recuperar una forma distinta de vincularse con la música.</p><p>La historia del local no comenzó con una persiana que se levanta, sino con una cuenta de Instagram. “Esto nació en 2023, primero abriendo por redes, con ventas online”, comentó Alejandro a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. Detrás de ese inicio estaba su propia historia como oyente y coleccionista: “Todo surge a partir del coleccionismo de la música, de escuchar en formato físico, ya sea en cassette, CD, vinilo”.</p><p>Ese vínculo no es nuevo. Lo acompaña desde chico. “Siempre fui de comprar mi CD, cassette, de coleccionar, de ir a recitales”, recordó. La música, en su caso, no fue solo un pasatiempo, sino una forma de estar en el mundo. Con el tiempo, esa pasión empezó a tomar otra forma: primero como venta online, luego como proyecto de vida.</p><p>El salto llegó este año, cuando decidió dejar su trabajo como empleado de comercio y apostar de lleno al emprendimiento. “Hace dos meses tenía otro trabajo, decidí irme y así de una me picó el bicho de decir ‘voy a abrir el local’”, relató. La decisión, reconoce, no fue sencilla ni estaba en sus planes: “Sinceramente no esperaba abrir un local, y menos por la situación que está medio complicada. Fue todo muy de golpe”.</p><p>Hoy, Flash Point funciona como un punto de encuentro en Alberdi 1607, de lunes a lunes y de 17 a 20. No solo para comprar música, sino para escucharla. El espacio cuenta con bandejas de vinilo, reproductores de cassette y compacteras, disponibles para quienes quieran experimentar el sonido en su formato original. “La idea es que la gente pueda venir, escuchar música, comprar. De eso se trata”, explicó.</p><p>En ese sentido, el diferencial no está únicamente en el producto, sino en la experiencia. En tiempos donde una canción se reproduce en segundos desde un celular, Alejandro propone frenar. “Creo que es fundamental desconectar un poco. Poner una pausa, ir a lo físico, conectar con lo analógico”, sostiene. Para él, no se trata de oponer lo digital a lo físico, sino de entender que son experiencias distintas: “El formato digital no es malo, pero es otro estilo. Acá pasa más por una cuestión de nostalgia, de tener el disco”.</p><p>La respuesta del público, según cuenta, fue inmediata y positiva. “Muy buena, la verdad que la gente la notó muy contenta con el espacio. Todo el tiempo me decían ‘hacía falta’, ‘qué bueno que haya un lugar así’”, destacó. Ese reconocimiento, asegura, es uno de los motores que lo impulsa a seguir.</p><p>Alejandro también se nutre de una lógica particular: la búsqueda constante. “Esto se trata de buscar, de moverse. Siempre aparece alguien que tiene CDs o cassettes guardados en su casa”, explicó. Ese circuito permite no solo abastecer el local, sino también darle una segunda vida a materiales que estaban olvidados.</p><p>En cuanto a los formatos, hay una sorpresa: el cassette volvió con fuerza. “Es uno de los formatos que más sale junto con el vinilo”, afirmó. Una tendencia que dialoga con lo que sucede a nivel global: el resurgimiento de lo físico, incluso entre generaciones que no crecieron con esos dispositivos.</p><p>De hecho, uno de los fenómenos que más lo sorprenden es el interés de los más chicos. “Me pasa de mandar cassettes a chicos de 12 años, o un CD de Ramones para un nene de 8”, cuenta. La reacción, dice, es siempre la misma: asombro. “Quedan flashados, contentos. Es increíble porque podrían escucharlo por una plataforma, pero eligen esto”.</p><p>En las bateas del local conviven clásicos internacionales y discos nacionales icónicos. Desde The Beatles, Rolling Stones, Pink Floyd o Led Zeppelin, hasta joyas del rock argentino como “Clics modernos” de Charly García, “Artaud” de Luis Alberto Spinetta o “Oktubre” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. “Hay de todo un poco, para todos los gustos”, resumió.Además, el espacio no se limita a la venta: también ofrece bandejas, walkman y distintos equipos para quienes quieren iniciarse en el mundo del formato físico. A eso se suma la posibilidad de comprar, vender o canjear material, ampliando así el circuito de intercambio.</p><p>Alejandro, que es oriundo de Mar del Plata y vive en San Francisco desde hace una década, asegura que no tiene registro de otros espacios similares en la ciudad actualmente. En ese contexto, Flash Point aparece como una propuesta singular, que te lleva al pasado.A la hora de pensar en el futuro, su mirada es clara. Más allá de la rentabilidad, lo que busca es sostener el espíritu del lugar: “Que sea un espacio donde la gente pueda venir, desconectar de la vorágine de la tecnología y también encontrarse con lo social”. En otras palabras, un refugio frente al ritmo acelerado de lo digital.</p><p>Por otra parte, Alejandro profundizó sobre la diferencia entre el formato físico y las plataformas digitales y fue directo. “La diferencia es el sonido principalmente, es mucho mejor lo que el formato físico”, destacó. Pero también puso el acento en la experiencia completa: “El arte de tapa, el librito, o sea el disco, ponerlo, escucharlo todo”. En contraposición, observó que hoy predomina un consumo más fragmentado. “Uno con las aplicaciones salta los temas, ya no escuchan más el disco completo”, destacó.&nbsp;</p><p>En ese sentido, remarcó que “se perdió esa pausa, todo va muy acelerado” y definió su propuesta como una invitación a “volver a las raíces”, retomando el ritual de elegir un disco, abrirlo y escucharlo del primer tema hasta el último.El objetivo, de algún modo, ya empezó a cumplirse. “Con la respuesta que estoy teniendo, ya me siento conforme”, reconoció. Y cierra con un mensaje simple pero sentido para quienes acompañaron el proyecto desde el inicio: “Gracias a todos los que vinieron, quiero que sepan que tienen un lugar donde pueden venir a desconectar un poco y conectar con lo analógico”.En tiempos donde todo parece efímero, Alejandro propone quedarse. Escuchar. Y volver a girar el disco.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/4QnGNV3eKKTyjk2hvy8UUrmPKA4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/alejandro_real.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En San Francisco, abrió un espacio dedicado a vinilos, CDs y cassettes, donde la música se escucha sin apuro y desafía la era digital. “Creo que es fundamental desconectar un poco, poner una pausa e ir a lo físico”, afirma.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-25T20:50:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-25T12:30:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Valentina Demarco: algo que vibra en el pecho
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/valentina-demarco-algo-que-vibra-en-el-pecho" type="text/html" title="Valentina Demarco: algo que vibra en el pecho" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/valentina-demarco-algo-que-vibra-en-el-pecho</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/valentina-demarco-algo-que-vibra-en-el-pecho">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zGRytXi6JwdApd2k8RwNekqMcjM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/valentina_demarco_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Manuel Ruiz<p>&nbsp;Valentina Demarco (31) dice que el primer estimulo que tuvo para acercarse al presente que construye a diario, lo tuvo a los 8 años. Ella, sentada en un pupitre de la escuela Mitre quedó maravillada con lo que una profesora de música del Conservatorio Superior de Música “Arturo Berutti” le contó sobre lo que significaba hacer música, tocar un instrumento. Ese día, cuando salió del colegio y le dijo a su madre que la llave al “Conser” porque quería ir. No sabía bien a qué y no sabía que instrumento iba a tocar hasta que la secretaria de la institución le apuro la voluntad con una característica frialdad “¿Qué instrumento queres tocar nena?”. La niña Valentina dijo sin saber bien porque, el piano.</p><p>Y entonces: una vida. Que hoy la encuentra en Brasilia, la capital de Brasil, estudiando y perfeccionando su capacidad para tocar el violonchelo en la Escuela de Música de Brasilia (Escola de Música de Brasilia) desde hace ya dos años de casi 23 siendo parte del Conser como alumna, y docente.</p><p>“En el Conser empecé cuando tenía 8 años. Empecé a estudiar piano. Ahí me formé musicalmente, y después que terminé la escuela, seguí el profesorado. O sea, no me fui nunca, hasta ahora. No me había ido nunca, porque después de que terminé el profesorado tuve la suerte de trabajar ahí también como profe”, cuenta Valentina que el día anterior tuvo una presentación con sus compañeros de la orquesta de la EMB en donde interpretaron conciertos de Bach y Vivaldi.</p><p>“A los 18 empecé a dar clases de piano, para juntar una platita para irme a Bariloche, y después formalmente, digamos, empecé a dar clases particulares de instrumento y ya recibida, empecé a dar clases en las escuelas, pasé por Ravetti, Isfa y Fasta. Di clases en distintas academias también, y en mi academia propia, que bueno, es un espacio que se llama "Ton y Son" Espacio Musical y que tengo desde ese entonces, y en el conservatorio, dando clases de piano y otras materias. Y en el medio de todo este trabajo, decidí irme a Villa María a estudiar la Licenciatura en Ciencias de la Educación hasta que volví en pandemia a San Francisco”.</p><p>Hasta ahí, hasta hace unos años nomás, si bien cuenta Demarco tuvo experiencias con bandas y búsquedas fuera de la academia, la música parecía ser una gran hora cátedra. Primero como alumna y después como docente.</p><p>Hasta que un viaje, que terminó siendo otro gran viaje.</p>Un cello en Brasil<p>&nbsp;“A Brasilia vine a seguir el sueño de profesionalizarme en violonchelo. Esa era mi búsqueda, pero no sabía que se me iba a dar en Brasilia. Yo quería irme a Córdoba en ese momento, conocí a alguien y se abrió la posibilidad de estudiar en la escuela. Me preparé y me animé a rendir el examen de ingreso, y aposté con todo lo que eso implicaba. Ya va a ser dos años y medio ya que estoy acá, el trayecto que estoy haciendo es un título técnico con orientación en violonchelo que ofrece la Escuela de Música de Brasilia, y son seis semestres, o sea, tres años, yo estoy cursando ya el último año”, abre Valentina la narración de una experiencia que además de profesionalizante, está siendo algo mucho más profundo y que comenzó cuando la sonoridad de ese instrumento la envolvió en los pasillos del Conser.</p><p>“Pienso al instrumento como herramienta para la vida, para mi ser música no pasa por ser concertista de cello, es otro perfil el mío. Quizás porque tengo otro recorrido. Pero también lo vivo el cello como un sueño. Lo encontré en el Conser, cuando se abrió la catedra, empecé a conocerlo y a vibrar con su sonido y después, al participar también en la orquesta juvenil, que siento que fue lo que me terminó de impulsar el sueño de sentir que quería ser parte de esa experiencia, de ver qué me pasaba con el cello y también de alguna forma, volver a encontrar mi musicalidad desde otro instrumento, como darme otra oportunidad también en mi música, en ser música. La formación en piano desde tan chiquita y en el Conser, es como muy académica, rigurosa en cuanto a partituras y a un método de estudio muy específico, entonces como que entrando al profesorado se me despertó un montón de dudas, de mí misma, de mi recorrido, de mi deseo de hacer música y era como deconstruirme para volver a construir en mí como otra forma de sonar, eso siento siempre”.</p><p>“Me identifico mucho desde la docencia y también siento que me resguarde mucho en ese lugar como música. Y hoy, esto que estoy haciendo me hace vivirlo distinto, escucharme distinto y buscarme de otra forma sin dejar la docencia de lado”.</p><p>Y las preguntas como notas de en una partitura, se mezclan, crecen, se aclaran Si se tiene el valor y la claridad de hacercelas y contestarlas, claro: ¿por qué el cello después de una vida al frente de un piano?</p><p>“Uno se hace esas preguntas porque agarré el instrumento más de grande y como que lo elegí desde otro lugar. Creo que primero me encantó el sonido, por eso llegué a esa aula, escuchando y viendo de qué se trataba eso. Me acuerdo que yo ya trabajaba en el Conser cuando abrieron la cátedra. Yo venía muy como el piano y había probado también otros instrumentos: he tocado el clarinete, tomé clases de guitarra, después me compré de caradura un charango y siempre mi idea fue no solo divertirme, sino aprender para poder llevarlo al aula, y mostrar otros mundos. Y el cello, me cautivó porque ya la toma, la posición que requiere para ser tocado es como de estar abrazando a otro y receptar el sonido desde esa vibración, tan cerquita del pecho…”. Esos tres puntos suspensivos son de satisfacción, la musicalidad de la voz de Valentina del otro lado del teléfono. Y el silencio en vez de una última palabra, lo intensifica. &nbsp;</p>Un cello, con los otros<p>“El cello es un instrumento muy artesanal, a mí me fascinaba eso. Primero, esto de la postura que te mencioné y segundo, artesanal en la forma de construir el sonido, o sea, moves milimétricamente el dedo y se te cambia todo y renegás de eso. A mí me sigue costando, me costó y me sigue costando el hecho de lo corporal, en lo técnico, que implica el instrumento, porque tuve una formación desde chica en el piano. Hay un montón de cosas que yo fui destrabando, o preguntándome con otra conciencia de mí misma y de lo que implicaba el instrumento para hacer música, y es saberse horrible en el proceso, una lucha de todos los días, gustarse y no gustarse, y seguir buscando. Por eso lo uso también como una conversación de alguna manera conmigo misma, diálogo que hago conmigo misma en esto de ser música que a veces tiene una luz un poco apagada y a veces logra brillar un poquito, porque bueno, la autoestima, las emociones, el sentir que se puede, lleva mucho trabajo detrás. Yo digo que a veces no nos enseñan del todo como es el oficio del músico, tenemos muy en claro el recorrido que hace un deportista y todo lo que tiene que entrenarse y prepararse y cómo son sus días, pero yo por lo menos no tenía muy en claro todo lo que demanda el instrumento en sí. De adolescente, uno lo hace sin pensar, cuando uno es chico, toca sin cuestionárselo y de grande siento que uno se hace otras preguntas, todo eso me vuelve loca del instrumento y también me hace soñar con el trabajo en la orquesta. La experiencia en la orquesta a mí me hizo soñar en tocar con otros, el hecho de ensamblarse con otros sonidos y escucharse con ellos. Yo venía del piano: solitario, la forma de estudiarlo y la forma de tocar, con el cello uno toca en la soledad de su casa y estudia, pero después, cuando lo lleva al trabajo grupal tiene que despertar otras escuchas, ensamblarse en la calidad de esos sonidos, en el tipo de dinámica que determina la obra, en la búsqueda de la composición o de la estética que uno quiere crear, entonces eso es una búsqueda de una riqueza más sonora que es muy divertida también”.</p><p>Valentina anda viajando en músicas. Sobre todo en la suya. Mientras descubre sonoridades, se descubre: lo que piensa de la música, de interpretarla, de enseñarla, de sus estructuras, de lo colectivo. La chica que un día se fue del Conser lleva un cello en la espalda y anda en busca de más músicas que la acerquen a eso que quiere ser hasta que el ritmo de su vida suene a otra cosa.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/zGRytXi6JwdApd2k8RwNekqMcjM=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/valentina_demarco_3.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>A los ocho años, Valentina Demarco cruzó el umbral del Conservatorio 'Arturo Berutti' buscando un piano, sin saber que la música terminaría llevándola mucho más lejos que una partitura. Tras una vida de docencia y academia en San Francisco, un viaje inesperado hacia el corazón de Brasil transformó su pulso: hoy, entre los pasillos de la Escuela de Música de Brasilia, Valentina abraza el violonchelo para redescubrir su propia voz y aprender que, a veces, hay que deconstruir el silencio para volver a sonar]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-18T13:55:08+00:00</updated>
                <published>2026-04-18T13:05:02+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            “No le tengo miedo a la muerte, sino a no vivir”: Gustavo Rosso tras el accidente
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/no-le-tengo-miedo-a-la-muerte-sino-a-no-vivir-gustavo-rosso-tras-el-accidente" type="text/html" title="“No le tengo miedo a la muerte, sino a no vivir”: Gustavo Rosso tras el accidente" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/no-le-tengo-miedo-a-la-muerte-sino-a-no-vivir-gustavo-rosso-tras-el-accidente</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/no-le-tengo-miedo-a-la-muerte-sino-a-no-vivir-gustavo-rosso-tras-el-accidente">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lk85-jLG-MlQmPLGO9ZsmPcyOe4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/gustavo_rosso.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por Luis Giordano<p>El 24 de febrero no tenía nada de distinto en la rutina de Gustavo Rosso. Como desde hace más de una década, su día comenzó temprano, entre el trabajo, la organización de su jornada y el entrenamiento. Ese martes le tocaban tres horas de ciclismo en la Autovía 19, un escenario habitual para alguien que compite en pruebas de larga distancia. “Fue un día más normal de los días de mi vida, en lo cual me levanto, desayuno, trabajo y entreno. Eso es lo que hago todos los días en los últimos 14 años. Ese día me tocaban tres horas de bici y salí a hacerlo como todos los martes, jueves y sábados”, comentó a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO, poniendo en contexto una rutina que no es casual, sino parte de una preparación exigente que incluye entre 250 y 300 kilómetros semanales.</p><p>Había salido a entrenar con Franco Tesio, aunque su compañero terminó antes y regresó. Gustavo continuó solo, como muchas veces. Faltaban unos 200 metros para la rotonda de ingreso hacia Frontera cuando la escena cambió por completo. “Veo un camión sojero que venía pegado a la línea blanca, que es donde voy yo para no molestar. Cuando vuelvo a mirar, ya estaba sobre la línea y viniéndose encima. Para un camión es un movimiento mínimo, de 50 o 70 centímetros, pero para mí es que se me venga encima directamente”, relató. En ese instante, la reacción fue automática: intentar abrirse hacia la derecha, aunque el margen era prácticamente inexistente. “Lo único que pude hacer fue tirarme hacia la derecha, pero ahí están los reductores de velocidad que para un auto no son nada, pero para una rueda fina de bici son enormes. Golpeo ahí y salgo despedido”, recordó.</p>El impacto, el cuerpo y el riesgo de vida<p>El golpe fue violento. Venía a unos 40 kilómetros por hora y el cuerpo no tuvo tiempo de absorber nada. “Golpeo la pierna, siento que toco el camión, vuelo y caigo. Primero la cabeza, después la clavícula y las costillas. Ahí es donde se rompe todo”, explicó. El diagnóstico posterior confirmó la gravedad: tres costillas fracturadas —una de ellas desplazada hacia el pulmón— y la clavícula partida en cuatro. Pero el momento más delicado fue inmediato. “Ahí estaba el riesgo de vida, porque el pulmón empieza a contraerse. Fueron 48 horas críticas en las que podía pasar cualquier cosa”, aseguró.</p><p>A pesar de la violencia del impacto, nunca perdió el conocimiento. “Estuve consciente todo el tiempo. Cuando me caigo, lo primero que hago es levantarme, porque lo tengo incorporado de correr motocross: lo más grave no es caerte, es que te vuelvan a chocar”, dice. Esa reacción le permitió salir de la ruta y ganar unos metros, aunque rápidamente su propio cuerpo le indicó la gravedad de la situación. “Empiezo a respirar y siento como burbujea. Eso significa que el pulmón está pinchado. Ahí ya sabía que la cosa venía complicada”, agregó.</p>La espera, el dolor y una ayuda clave<p>En medio de esa situación, tomó una decisión rápida: pedir ayuda y avisar. “Lo primero que hice fue subir a la bici y hacer los metros que me faltaban para llegar, después llamé por teléfono, avisar lo que había pasado y decir que me esperen en el sanatorio. Sabía que no estaba bien”, relató. La espera de la ambulancia se volvió eterna. “Al principio el cuerpo te neutraliza el dolor, pero después de los 20 o 30 minutos aparece todo junto. Y cada vez respiraba menos”, describió.</p><p>En ese momento apareció una figura que hoy destaca con especial énfasis: Pablo Cozzi, un ciclista que se detuvo y se quedó a su lado. “Había un chico que me vio, se quedó conmigo, me hablaba. Yo necesitaba mantenerme despierto y él estuvo ahí todo el tiempo. Eso fue clave, porque en ese estado te podés caer, te podés ir”, recordó. Esa compañía, en medio de la ruta, se volvió determinante hasta la llegada de la ambulancia y el traslado al sanatorio.</p>Una recuperación que sigue<p>El ingreso al Sanatorio Argentino marcó el inicio de la etapa más crítica. Gustavo atravesó días complejos, con riesgo de vida y múltiples intervenciones. “Gracias a Dios y a la pericia de los médicos salí adelante. Fueron 48 horas muy delicadas, donde el pulmón podía seguir desinflándose y no había mucho margen”, explicó. En su relato, menciona especialmente a los doctores Matías Gandolfo, Hernán Butus y Javier Dona, además de todo el equipo del Sanatorio Argentino. “Volví tres veces a quirófano, estuve mucho tiempo internado y todavía me queda una intervención más. La atención fue increíble, desde terapia hasta enfermería”, destacó.</p><p>Sin embargo, la recuperación no fue lineal. A la fractura de clavícula se sumó una complicación inesperada: una bacteria. “La operación salió perfecta, pero entró una bacteria que me generó un problema y me atrasó todo. Hoy, más de 40 días después, sigo con la clavícula con problemas”, cuenta. El dolor sigue presente y limita su movimiento. “Los huesos se mueven, se golpean entre sí y duelen. Es una sensación muy fuerte. Me queda al menos un mes más para resolverlo y después recién empezar la rehabilitación”, agregó.</p>El sostén: familia, ciudad y amor<p>En ese proceso, el acompañamiento fue fundamental. Gustavo no duda en remarcarlo. “Ahí te das cuenta de todo. De quién está, de quién aparece, de la gente que se preocupa de verdad”, dice. Agradece a su familia, a su entorno cercano y también a la comunidad. “La cantidad de mensajes que recibí de la ciudad fue inconmensurable. Es increíble. No pude responder a todos, pero lo sentí y lo valoro muchísimo”, afirmó.</p><p>Pero si hay un nombre que atraviesa todo su relato es el de Maru, su pareja. “Los primeros 30 días yo no me podía mover. Ella me levantaba, me llevaba al baño, me bañaba, me cambiaba. Todo. Cuando una persona hace eso durante 30 días y lo hace con una sonrisa, eso no es normal. Eso es amor”, expresó con los ojos húmedos. La relación comenzó en agosto del año pasado, pero el accidente marcó un antes y un después. “Uno puede compartir, viajar, salir, pero cuando estás en una situación así, donde sos una bolsa de huesos que no puede ni levantarse, ahí conocés realmente a la persona. Y ella no se movió de mi lado”, agregó.</p>La pérdida y la vida que sigue<p>La historia personal de Gustavo ya había sido atravesada por el dolor. En 2009, su esposa Solange Magnano falleció producto de una mala praxis médica. Una pérdida que lo marcó profundamente. “Son golpes que te cambian para siempre. Pasás por el enojo, por negar, por escapar, hasta que aceptás. Y cuando aceptás, recién ahí podés abrir otra puerta”, recordó.</p><p>Hoy, con otra mirada, puede hablar también del presente. “La madre de mis hijos fue el amor de mi vida, pero hoy puedo decir que Maru también es el amor de mi vida. La vida me dio otra oportunidad y este accidente, dentro de lo negativo, me confirmó lo que siento”, aseguró.</p>La muerte, el miedo y el sentido de vivir<p>Su relación con la muerte no es teórica. Forma parte de la cuarta generación de Rosso Hermanos, la empresa funeraria fundada por su bisabuelo. “Convivo con la muerte todos los días. Veo situaciones de todo tipo. Y te puedo asegurar algo: es la única certeza que tenemos”, afirmó.</p><p>Sin embargo, su mirada es clara. “No le tengo miedo a la muerte. Le tengo miedo a no vivir lo que quiero vivir y a sufrir antes de morir. Eso sí me da miedo”, explicó. El accidente lo enfrentó a ese límite de manera concreta. “Cuando llego a terapia y me dicen que estaba en riesgo la vida, ahí tuve miedo. Pero miedo a no seguir, a no poder vivir todo lo que quiero vivir”, agregó.</p>La ruta, el riesgo y la decisión de volver<p>Lejos de buscar culpables, Gustavo asume su posición. “Yo tengo claro que el que no tiene que estar en la ruta soy yo, no el camión. El camionero está trabajando”, sostiene. No hubo contacto con el conductor. “No paró, pero es entendible. En la ruta pasan estas cosas”, dice.</p><p>Aun así, no piensa dejar de entrenar. “En dos o tres meses voy a estar de nuevo entrenando. Es así. Lo tengo claro”, afirmó. Y lo explica con una lógica propia: “Si algo te hace feliz, no lo dejás por miedo. Vivir es riesgoso. Desde que nacemos, puede pasar cualquier cosa”.</p>El objetivo: volver al Ironman<p>Hoy, la prioridad es recuperarse. Mantener la cabeza fuerte y el cuerpo lo más activo posible dentro de las limitaciones. “Estoy haciendo lo que puedo para perder la menor cantidad de masa muscular y estar listo para cuando pueda volver”, explica.</p><p>El horizonte está puesto en noviembre. “Si Dios quiere, voy a correr el Ironman. Y si no, será el siguiente, pero voy a volver”, asegura. La fecha no es casual: coincide con el aniversario del fallecimiento de Solange. “Siempre elegí noviembre. Es una forma de estar, de recordar, de seguir”, concluye.</p><p>El accidente lo puso frente a la fragilidad. Pero también reforzó sus certezas. Gustavo Rosso lo resume sin vueltas: “Cuando tenés motivos para vivir, no te querés morir”.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lk85-jLG-MlQmPLGO9ZsmPcyOe4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/gustavo_rosso.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El triatleta sanfrancisqueño sufrió un grave accidente el pasado 24 de febrero mientras entrenaba en la autovía 19. Estuvo en estado crítico, atravesó varias cirugías y hoy encara una recuperación para volver a competir a fin de año. En una entrevista profunda, reconstruye lo ocurrido, reflexiona sobre el riesgo, la muerte y el sentido de la vida, y pone en palabras el valor del acompañamiento y el amor.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-11T12:22:01+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Vocación de servicio en la medicina infantil: la historia de María Julia Orellano
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vocacion-de-servicio-en-la-medicina-infantil-la-historia-de-una-traumatologa-sanfrancisquena" type="text/html" title="Vocación de servicio en la medicina infantil: la historia de María Julia Orellano" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vocacion-de-servicio-en-la-medicina-infantil-la-historia-de-una-traumatologa-sanfrancisquena</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vocacion-de-servicio-en-la-medicina-infantil-la-historia-de-una-traumatologa-sanfrancisquena">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3eI1vQ9CMMVNxjSEB7wb4o24Es0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/julia_orellano_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A sus 38 años, María Julia Orellano construyó una trayectoria sólida dentro de la medicina, con un camino marcado por la formación constante, la experiencia en el sistema público y una fuerte dedicación al cuidado de niños y niñas. Médica egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, su recorrido profesional implicó años de estudio, práctica y especialización.</p><p>“En la época que yo lo hice, había que hacer un año de cirugía general. Hice un año de cirugía general, después hice cuatro años de traumatología de adultos en el Hospital de Urgencias y después hice tres de traumatología infantil en el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad”, explicó sobre su formación, que refleja la exigencia del camino elegido. Actualmente se desempeña en ese hospital pediátrico de referencia de la capital provincial, además de trabajar en el Hospital Municipal Gumersindo Sayago de Villa Carlos Paz, en consultorios privados y viajar una vez al mes a San Francisco para atender en la Clínica Regional del Este.</p><p>Su elección por la traumatología tiene raíces claras. “La traumatología siempre me gustó porque es muy resolutiva. Si algo está roto, buscamos arreglarlo, buscamos acomodarlo, entonces eso es muy resolutivo”, señaló en diálogo con Posta/ LA VOZ DE SAN JUSTO. Pero fue el vínculo con los pacientes más pequeños lo que terminó de definir su especialización: “Me llevo muy bien trabajando con ellos. La verdad que los niños son súper leales, súper sinceros”.</p><p>Nacida en San Francisco, donde reside su familia, Orellano cursó la primaria en la Escuela J. Bernardo Iturraspe y el secundario en el Colegio Superior San Martín. Desde allí inició un recorrido que la llevó a consolidarse como una profesional reconocida dentro de su especialidad, especialmente en el ámbito público.</p>Entre urgencias y cirugías programadas, la labor de Orellano no se detiene.<p>El día a día en el servicio de traumatología infantil está lejos de ser previsible. “A veces son días complejos. En consultorio hay muchísima gente, no solamente los pacientes con turnos, sino también todos los que vienen a la guardia, los fracturados y demás. Entonces, a los 15 turnos programados se les suma todo el resto y terminamos viendo unos 30 pacientes cada uno”, relató. A esa dinámica se suman las cirugías: “Tenemos cirugías de urgencia, que se hacen lo más rápido posible, y cirugías programadas, que son las que ya tienen una fecha asignada”.</p><p>&nbsp;</p><p>A lo largo de su carrera participó en innumerables intervenciones quirúrgicas. No lleva la cuenta exacta, pero sí conserva en la memoria algunos casos que la marcaron especialmente. “Casos complejos hay muchos, porque es un hospital de referencia y recibimos pacientes de toda la provincia e incluso de otras provincias como La Rioja, Catamarca o Santiago del Estero”, explicó. Entre ellos, recordó uno en particular, que la atravesó especialmente por su gravedad y por el contexto en el que ocurrió. “Una niña que había sufrido una explosión ingresó con una fractura expuesta. La operamos ese mismo día, después requirió otras cirugías y tuvo una muy buena recuperación”, contó. El hecho se remonta a 2023, cuando una explosión en una cámara séptica en una vivienda de la localidad de La Para provocó la muerte de un bebé de 10 meses y de un hombre de 35 años. Como consecuencia de la onda expansiva, la niña fue despedida y terminó arriba de un árbol, con múltiples heridas de consideración, salvándose de milagro. “Son situaciones muy duras, pero también son las que te marcan. Ver después la evolución y que pueda recuperarse es muy importante para nosotros”, agregó.</p><p>El impacto emocional de estos casos también forma parte del trabajo cotidiano. “A los padres se les intenta hablar con sinceridad y de la forma más clara posible para que entiendan lo que tienen los niños. Y cuando el niño está consciente, también hablamos con él. Nunca hay que subestimar el poder de la mente del niño, es increíble. Vos le explicás lo que vas a hacer, le pedís que te ayude y el niño responde”, aseguró.</p><p>Ese vínculo directo con los pacientes es, también, lo que sostiene su vocación día a día. “Me encanta trabajar con los chicos, me encanta divertirme con ellos, reírme, jugar. Hay veces que tengo que revisar un muñeco antes de revisar al chico. Y ellos te cuentan todo, desde el principio, qué estaban haciendo, cómo se lastimaron, con quién estaban. Trabajar con niños me encanta”, expresó.</p><p>&nbsp;</p><p>“La traumatología siempre me gustó porque es muy resolutiva. Si algo está roto, buscamos arreglarlo, buscamos acomodarlo”</p><p>&nbsp;</p><p>La medicina ocupa gran parte de su tiempo. Aun así, Julia encuentra espacios para sus intereses personales. Realiza actividad física, viaja y practica buceo. “Soy buceadora certificada y en buceo avanzado”, contó. Sin embargo, reconoce que la profesión no se detiene: “Muchas veces estoy en mi casa o con mi familia y me llegan mensajes de pacientes, conocidos o colegas. Como somos pocos especialistas, me consultan para ver qué hacer en ciertos casos”.</p><p>&nbsp;En un contexto donde la falta de médicos se vuelve cada vez más evidente, Orellano deja un mensaje claro para quienes piensan en seguir ese camino. “Que lo hagan si les gusta y que elijan una especialidad que realmente les guste, porque lo van a hacer toda su vida. Esto requiere capacitación constante”, afirmó. En ese sentido, destacó su formación permanente: “El año pasado hice un curso avanzado de la Sociedad Argentina de Traumatología, ahora estoy haciendo uno de neuroortopedia y próximamente tengo otro en una asociación internacional”.</p><p>También se refirió a los avances tecnológicos en la medicina. “Desde poder ver radiografías en el quirófano hasta las historias clínicas digitales, todo ayuda. Incluso hay cursos sobre inteligencia artificial aplicada a diagnósticos y pronósticos”, señaló, aunque remarcó que estos avances no siempre llegan al mismo ritmo en todos los contextos.</p><p>El trabajo en el hospital, subrayó, es siempre colectivo. “Es un trabajo en equipo, por supuesto. En el Hospital de Niños tenemos un hermoso servicio, nos ayudamos entre todos”, afirmó. Y recordó sus inicios: “Cuando era estudiante venía a hacer guardias gratis, a ayudar. Ahí ya me gustó y supe que quería esto, aunque después fue difícil porque terminé la especialidad en pandemia y no había cargos”.</p><p>&nbsp;</p><p>“Los chicos tienen que jugar. A veces se caen y se lastiman, pero eso es parte de crecer. Hay que agradecer que son chicos sanos, que pueden correr, saltar y jugar”</p><p>&nbsp;</p><p>En cuanto a las consultas más frecuentes, explicó que predominan las fracturas de muñeca. “Son las más comunes y tenemos protocolos para resolverlas en la guardia con sedación. También operamos muchas fracturas de codo”, detalló.</p><p>&nbsp;Finalmente, dejó recomendaciones para las familias. “Que no se desesperen, que busquen inmovilizar como puedan y que vayan con tranquilidad. No hay necesidad de poner en riesgo a toda la familia”, aconsejó. Y sobre la prevención, aportó una mirada clara: “Los chicos tienen que jugar. A veces se caen y se lastiman, pero eso es parte de crecer. Hay que agradecer que son chicos sanos, que pueden correr, saltar y jugar”.</p><p>&nbsp;Al hablar de la diferencia entre atender adultos y niños, fue contundente: “Al niño hay que explicarle todo lo que le vas a hacer, cómo lo vas a tocar, si le va a doler o no. El adulto ya está acostumbrado, el niño no”.</p><p>&nbsp;Con una carrera en pleno desarrollo, una fuerte presencia en el sistema público y una mirada centrada en el compromiso diario, Orellano sintetiza su forma de ejercer la medicina en una idea que repite como eje de su trabajo: sostener, todos los días, la vocación de servicio en cada paciente que llega a su consultorio o a la guardia.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/3eI1vQ9CMMVNxjSEB7wb4o24Es0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/julia_orellano_5.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Sanfrancisqueña y especialista en traumatología infantil, repasa su formación, los desafíos de su profesión y el compromiso cotidiano de atender a niños en uno de los centros de salud más importantes de la provincia. “Hay veces que tengo que revisar un muñeco antes de revisar al chico”, confiesa.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-04-04T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Giovanna Cavalleris: “Yo no sé vivir sin bailar”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/giovanna-cavalleris-yo-no-se-vivir-sin-bailar" type="text/html" title="Giovanna Cavalleris: “Yo no sé vivir sin bailar”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/giovanna-cavalleris-yo-no-se-vivir-sin-bailar</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/giovanna-cavalleris-yo-no-se-vivir-sin-bailar">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hqXKt-ZXeb9dYqhswbcjzVBvbTw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/bailarina.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ&nbsp;<p>Lo primero que dijo fue su nombre completo y su edad, con esa mezcla de timidez y firmeza que la caracteriza: Giovanna Cavalleris, 23 años. “Gio”, como le dicen todos. Una joven que arriba del escenario se transforma y abajo sostiene una vida atravesada por responsabilidades que no siempre se ven.</p><p>En un momento de la charla, casi sin proponérselo, dejó caer una frase que terminó explicándolo todo: “Yo no sé vivir sin bailar”. No lo dijo como una exageración ni como una consigna romántica. Lo dijo con naturalidad, como quien habla de algo tan indispensable como respirar. Y ahí su historia cobró otra dimensión.</p><p>Su historia habló de pasión por la danza, sí, pero también de amor por la familia, de disciplina, de sacrificios y de esa decisión cotidiana de no abandonar lo que la hace bien.</p><p>Al contrario de lo que muchos podían imaginar, Giovanna no comenzó en el folclore. “Yo empecé a bailar árabe desde muy chiquita. Mi recuerdo consciente es a los seis años, cuando entré a la Academia FEM de María Eugenia Ferreyra, que es a quien le debo mi formación en todo”, contó.</p><p>Desde entonces, la danza fue su casa. Se formó como profesora de danzas árabes y como bailarina integral. Mientras cursaba el secundario, sumó clásico, contemporáneo, jazz, telas. “Siempre me gustó saber un poquito de todo”, explicó. Y lo dijo con esa curiosidad intacta que todavía la mueve.</p><p>A los 15 años llegó el primer contacto con el Ballet Municipal Patria. Buscaban una bailarina con determinadas características y recurrieron a su maestra. “Hice una intervención en un baile folclórico, pero no bailaba folclore. Eran apariciones. Y fue, justo, para un festival de la Buena Mesa”, recordó.</p><p>Quedó fascinada. El trabajo del elenco, la potencia escénica, el compromiso. Pasaron algunos años hasta que, en 2019, volvió a contactarse y finalmente ingresó de manera estable. “Ellos me dieron la base de folclore. Yo ya venía con tango y otras disciplinas. Fue un antes y un después”, señaló.</p>Disciplina que forma carácter<p>Para Giovanna, la danza fue tan formativa como cualquier deporte de alto rendimiento. “Desde muy chica nos inculcaron respeto por el cuerpo, por el entrenamiento, por la comida, por las decisiones que tomamos. Hay noches en las que no salimos porque al otro día tenemos ensayo. Es una elección”, explicó.</p><p>Hoy es psicopedagoga, trabaja, estudia, da clases y ensaya tres veces por semana por la noche, cuando “la vida formal” termina. “A la noche nos dedicamos a la danza”, dijo.</p><p>El Ballet Patria —dirigido por José Bolea y Soraya Molina— mantuvo formación constante durante todo el año: clásico, contemporáneo, entrenamiento físico y preparación específica para cada evento. “Nos presentan los proyectos a principio de año y organizamos nuestra vida en función de eso”, contó.</p><p>Porque nadie en el elenco vive exclusivamente de la danza. Cada integrante equilibra trabajo, familia y responsabilidades. Y aun así, el nivel artístico no se negocia.</p><p>&nbsp;</p>Bombos, ensayo y piel de gallina<p>El último Festival del Humor, la Buena Mesa y la Canción fue especialmente intenso. El desafío de incorporar bombos mientras bailaban los obligó a redoblar el esfuerzo.</p><p>“Nunca habíamos tocado bombos mientras bailábamos. Fue heavy”, dijo entre risas. Ensayaban horas y horas. En enero y febrero se reunían casi todas las noches, a veces hasta la madrugada. “Terminábamos a las dos de la mañana y al otro día nos levantábamos a trabajar”.</p><p>Con sus amigas practicaban incluso fuera de los ensayos formales. “Nos juntábamos en la pileta y tocábamos el bombo todas las tardes. Era para que salga”.</p><p>Para ella, lo más valioso fue el proceso: el mate compartido, el ballet invitado de Chile, el compañerismo. Pero cuando se apagó la música y llegó el aplauso, algo se acomodó por dentro.</p><p>“Fuera del escenario soy más solitaria, más reservada. Pero arriba cambia todo. Y cuando escucho el aplauso vuelvo a darme cuenta de lo que estamos haciendo. Es gratificante. Es un respiro después de tanto sacrificio”.</p>Burbuja protectora<p>Hay historias que no necesitan detalles para entender su profundidad. Giovanna habló de una enfermedad que atravesó a su familia, de pérdidas y de responsabilidades asumidas muy joven. De crecer rápido. De sostener.</p><p>“No sé si llamarlo terapia, pero la danza fue mi burbuja. Lo que me protegió. Lo que me sostuvo la cabeza cuando todo alrededor era difícil”, confesó.</p><p>Hubo meses en los que no pudo ensayar porque la prioridad era acompañar. Hubo noches en las que, después de acostar a todos, se iba a bailar. “A veces me autocastigo si falto. Soy muy exigente conmigo misma. Pero entendí que también necesito esto”.</p><p>Hoy comparte el cuidado de su hermano con su hermana y padre. Trabaja, estudia y ensaya. Se organiza. Se cansa. Se emociona. Y vuelve a elegir el escenario.</p><p>“No quiero dar lástima. Esto es lo que nos tocó y aprendimos a valorarlo. Cuando nos decían que quedaban pocos meses, había que disfrutar esos meses. Poner música y bailar era algo que disfrutábamos todos”, dijo, con la voz quebrada pero firme.</p><p>En su casa aprendieron algo esencial: nadie puede cargar solo con todo. “También hay que darse tiempo para uno. No es malo hacer lo que te gusta”.</p>Herramienta de vida<p>Como psicopedagoga, Giovanna trasladó esa convicción a sus pacientes. “Yo les inculco mucho el arte. No solamente la danza. Que canten, que desfilen, que hagan fotos. El arte es algo que todos necesitamos para expresarnos”.</p><p>Su propia historia fue prueba de eso. No como escapismo, sino como sostén. Como espacio propio en medio del ruido.</p><p>“Si pasás la etapa complicada de la adolescencia sin dejarlo, la danza te queda para siempre”, sostuvo. Y ella la eligió, incluso en los momentos más duros.</p>No renunciar<p>La sonrisa que el público vio en el escenario de la Buena Mesa no fue improvisada. Fue el resultado de años de disciplina y de una decisión íntima: no abandonar lo que la hace bien.</p><p>Giovanna Cavalleris bailó esa noche como tantas otras. Pero su historia recordó algo más profundo: que el arte no es un lujo, sino una necesidad. Que el aplauso no es vanidad, sino reconocimiento al esfuerzo. Y que aun cuando la vida obliga a crecer de golpe, siempre hay un espacio donde volver a ser uno mismo.</p><p>En su caso, ese espacio fue —y sigue siendo— la danza. Porque, como ella misma lo dijo sin vueltas, no sabe vivir sin bailar.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/hqXKt-ZXeb9dYqhswbcjzVBvbTw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/bailarina.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Tiene 23 años y una historia que habla de pasión, disciplina y amor por la danza, pero también esfuerzo silencioso. Integrante del Ballet Municipal Patria, brilló en el último Festival de la Buena Mesa. Detrás de cada aplauso hubo horas de ensayo, responsabilidades familiares y una convicción profunda: no renunciar a lo que a uno lo sostiene, aun cuando la vida golpea fuerte.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-02-28T12:23:22+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Eduardo Quichi y la fuerza como forma de vida
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/eduardo-quichi-y-la-fuerza-como-forma-de-vida" type="text/html" title="Eduardo Quichi y la fuerza como forma de vida" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/eduardo-quichi-y-la-fuerza-como-forma-de-vida</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/eduardo-quichi-y-la-fuerza-como-forma-de-vida">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/R3hzvyh0lJa-UqAjIRJXT0U7rno=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/eduardo_quichi_6.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Es preferible ser el más viejo del gimnasio que el más joven del geriátrico”. Eduardo Quichi lo dice sin estridencias, casi como una reflexión al pasar, pero detrás de la frase hay una filosofía entera. Tiene casi 52 años —“voy a cumplir ahora en marzo”, cuenta— y hace tres que enseña calistenia en Energio. Sin embargo, su vínculo con la disciplina empezó mucho antes, hace aproximadamente once años, cuando el pole sport apareció en su vida.</p><p>En aquel momento su pareja era instructora y fue ella quien lo acercó a la actividad. Empezó a practicar, se formó, hizo cursos e instructorado. “Para entrenarlo se usa mucho la calistenia porque es todo control del cuerpo, se trabaja con autocarga, con el peso corporal”. Ahí empezó a interesarse por esa lógica de entrenamiento donde el propio cuerpo es la herramienta.</p><p>Con el tiempo tuvo su propio estudio, hasta que la pandemia lo obligó a cerrar. Desde 2020 continúa en Energio, donde además pudo desarrollar formalmente la enseñanza de calistenia tras completar el instructorado específico. “En calistenia exclusivamente llevo unos tres años, pero en pole sport hace once”.</p><p>Su historia deportiva, en realidad, es anterior a todo eso. Mountain bike durante una década, competencias, desafíos. Luego el triatlón, que conjugaba ciclismo, natación y acondicionamiento físico. Hasta que una caída cambió el rumbo. “Pisé un pozo tapado, volé por arriba del manillar y caí de cabeza”. La lesión en la vértebra C5 lo dejó más de un mes con cuello ortopédico y pérdida de sensibilidad en el brazo izquierdo. “La cervical es jodida porque ahí pasan todas las conexiones del cerebro hacia los músculos”, afirma.</p><p>La recuperación fue progresiva. Y fue en ese proceso donde el pole primero y la calistenia luego se transformaron en herramienta y en descubrimiento: “La usé para empezar a recuperarme físicamente y ahí me despertó el amor por la disciplina”.</p><p>La mayoría de quienes llegan a Energio buscando calistenia no lo hacen persiguiendo una proeza atlética. Llegan con curiosidad. Y, muchas veces, con aburrimiento. “Hay gente que no se acostumbra a la rutina tradicional del gimnasio. Les resulta tediosa”, explica Quichi.</p><p>La diferencia —dice— no está en levantar más peso sino en cómo se usa el cuerpo. En la calistenia no se persigue únicamente la hipertrofia, aunque también pueda lograrse. “No trabajamos grupos musculares específicos como cuando hacés un curl de bíceps y aislás el músculo. Acá el bíceps trabaja, pero también trabajan los hombros, la espalda, toda la cadena asociada”.</p><p>La autocarga —el propio peso corporal— genera algo más que fuerza: genera control. Libertad de movimiento. Coordinación. Conciencia corporal. Y eso cambia la experiencia. “No es tan aburrido porque te lleva al desafío. Colgarse, hacer una inversión, intentar una vertical”.</p><p>Nada es inmediato. Todo es progresivo. Y en ese proceso aparece algo que para él es central: la autoestima. “Hay gente que jamás pensó en hacer una vertical y en un par de meses la está haciendo. Y se siente bien consigo misma. Siente que puede hacer otras cosas”.</p>&nbsp;<p>Quichi insiste en bajar la fantasía de las redes sociales. Los videos que circulan muestran atletas que dedican horas diarias al entrenamiento. Pero el que entra a Energio es un trabajador, una trabajadora, alguien que quiere mejorar su salud y sostenerlo en el tiempo.</p><p>Ahí aparece el argumento más profundo de su filosofía: el músculo como herramienta de supervivencia.</p><p>“A partir de los 40 o 45 empezamos a perder masa muscular”, explica. El ejercicio de fuerza no solo la mantiene, también puede desarrollarla. Y agrega un dato que repite como una revelación: el músculo es el único órgano del cuerpo que puede crecer y renovarse continuamente. Pero también puede desaparecer si no se usa.</p><p>Para entenderlo, recurre a la evolución. “Somos seres de hace 30 mil años”. En la selva había que trepar. En la sabana, correr. En cada entorno, el cuerpo se adaptaba. El músculo respondía a la exigencia. Se desarrollaba porque era necesario.</p><p>Hoy el contexto cambió. Conseguir alimento ya no implica horas de búsqueda. “Vamos a la heladera y sacamos 1500 calorías en minutos”. El gasto energético se redujo drásticamente. El cuerpo, entonces, entra en modo ahorro. Si no hay necesidad de fuerza, la elimina. Porque el músculo consume energía. Y el organismo está programado para economizar.</p><p>Por eso habla de volver a las raíces. No para imitar acrobacias imposibles, sino para recuperar el movimiento natural: saltar, trepar, sostener el propio peso. Con objetivos realistas. Con conciencia de que al otro día hay que trabajar, cuidar hijos, hacer compras.</p><p>“Lo importante es mantenerse saludable con el movimiento y usar nuestra masa muscular”, resume.</p><p>Hay otra palabra que aparece seguido en su discurso: lesión. “Si te lesionás, parás. Y si parás, después cuesta arrancar”. Por eso insiste en empezar despacio. A veces incluso baja expectativas. Los alumnos llegan con ideas que vieron o escucharon. Él los trae a tierra. “Empecemos de a poco. Si el potencial está, avanzamos. Si no, vamos de menos a más”.</p><p>No hay épica exagerada. Hay progresión. Hay paciencia. Hay constancia. Y en esa constancia —dice— está la verdadera transformación.</p><p>Las clases son grupales, pero con progresiones adaptadas. Hay alumnos de 20 años y otros de más de 60. “La calistenia es amplia, no es prohibitiva de otras actividades. Podés jugar al fútbol, hacer pádel o musculación y usarla como complemento”.</p>El tesoro de la calidad de vida<p>Cuando habla de calidad de vida, la reflexión se vuelve personal. Recuerda la experiencia con su padre tras un ACV y la dependencia física que implicó. “Es feo porque uno no quiere ser una carga”. Y ahí vuelve a la sentadilla, ese gesto simple que resume autonomía: “Es lo que te levanta del piso, de la cama, del sanitario”.</p><p>Fuera del gimnasio, Quichi es inquieto. Pasión por las motos y la mecánica, armar y desarmar, música —fue profesor de guitarra a los 14—, ama la naturaleza y los desafíos. “Me apasiona la vida. Me apasiona vivir y estar en movimiento”. No puede estar demasiado tiempo quieto.</p><p>Hoy su foco está en sus hijos: una hija de 22 años, próxima ingeniera civil, y un nene de 10. Ambos, cuenta, heredaron algo de sus pasiones. “Los chicos son como flechas que uno apunta y salen disparadas. Después no sabemos para dónde. Tratamos de apuntarlos para el lado de lo bueno”.</p><p>En definitiva, su mensaje es simple: moverse no es una moda. Es una decisión que se paga sola con el tiempo.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/R3hzvyh0lJa-UqAjIRJXT0U7rno=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/eduardo_quichi_6.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Pasó por el mountain bike, el triatlón, el pole sport y una lesión cervical que lo obligó a reconstruirse desde cero. Hoy, a los 52 años, enseña calistenia y sostiene una convicción simple pero profunda: entrenar no es una cuestión estética, es una apuesta a la autonomía y a la calidad de vida futura.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-02-14T13:00:13+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Pablo Albarracín : “El carnaval es contención, inclusión y familia”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/pablo-albarracin-el-carnaval-es-contencion-inclusion-y-familia" type="text/html" title="Pablo Albarracín : “El carnaval es contención, inclusión y familia”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/pablo-albarracin-el-carnaval-es-contencion-inclusion-y-familia</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/pablo-albarracin-el-carnaval-es-contencion-inclusion-y-familia">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/R5EHVS2h9Ne0YfeMg3vb2HSrxUA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/pablo_albarracin_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hablar de carnaval en San Francisco y la región es, para muchos, hablar de Pablo Albarracín. Bailarín, coreógrafo, director y creador de la comparsa Sueños de Luna, su historia personal está atravesada de punta a punta por el ritmo, el movimiento y una forma de entender el arte como herramienta de expresión, pertenencia, inclusión y contención. En diálogo con Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO, repasa sus comienzos, el camino que lo llevó a fundar su propia comparsa y el sentido profundo que el carnaval tiene en su vida.</p><p>“Desde muy chico siempre me gustó el baile”, cuenta. “Si bien hice otros deportes, siempre me tiró más el arte. Mis comienzos fueron en el folclore y después fui incursionando en diferentes danzas”, agregó. Sus primeros pasos fueron en el folclore y, con el tiempo, fue sumando distintas danzas que ampliaron su formación. Ese recorrido lo llevó a integrar espacios clave del carnaval local.</p><p>Ese tránsito no fue casual. En cada experiencia, Albarracín fue construyendo una identidad artística propia que terminó encontrando en el carnaval algo que no halló en ninguna otra disciplina. “El carnaval tiene algo que en todas las danzas que estudié no encontré”, afirmó. “Estudié comedia musical, hice teatro, estuve en Carlos Paz haciendo varias obras, fui bailarín, fui actor, y sin embargo el carnaval es algo que me puede”, añadió. Sin embargo, ninguna de esas experiencias logró desplazar al carnaval del centro de su vida. “La libertad de expresión. Eso es lo que tiene de diferente”, define.</p>Elegir el carnaval<p>Aun cuando se le abrieron otras oportunidades profesionales, Albarracín eligió quedarse. “Hace dos o tres años que me vienen insistiendo para que me vaya a hacer temporada a Camboriú, Brasil, pero el carnaval me atrapa de otra manera”, reconoce. “No sé qué es, pero tiene algo que no encuentro en otro lado”, indicó.</p><p>Esa elección lo llevó también a animarse a un desafío mayor: crear y sostener su propia comparsa. “Cuesta muchísimo. Es un proceso inmenso”, dice sin rodeos. “Primero está descubrir el poder de confiar en uno mismo, el sueño propio. La construcción de todo eso conlleva muchísimas cosas: amor, disciplina y constancia”, señaló. “La construcción conlleva amor, disciplina y muchísimo trabajo”, indicó.</p><p>Hoy, Sueños de Luna es una de las comparsas más grandes de la ciudad y la región. “Tengo alrededor de 100 integrantes. El año pasado, en los carnavales de La Milka, llegamos a ser 113”, detalla. Detrás de ese número hay una tarea diaria que recae, en gran parte, sobre él.</p>El trabajo invisible<p>Albarracín es el corazón organizativo de Sueños de Luna. “Me dedico a hacer el vestuario de todos los chicos, armar las coreografías y trabajar en las carrozas”, explicó. La comparsa cuenta con diez carrozas, que él mismo diseña y arma, con la colaboración de mujeres que lo acompañan, pero siempre bajo su coordinación.</p><p>El trabajo no se limita a los meses previos al carnaval. “Nosotros trabajamos todo el año. Antes entrábamos al taller a las ocho de la noche y nos íbamos a las cuatro o cinco de la mañana. Mucha gente trabajaba, nos íbamos muy cansados, muy mal dormidos”, señaló. Durante mucho tiempo, el vestuario se confeccionó de manera completamente artesanal, lo que implicaba jornadas extenuantes.</p><p>Con el paso del tiempo, debieron replantear la modalidad. “Empezamos a comprar los trajes armados porque es muchísimo más barato, tanto en materiales como en tiempo. Después los modificamos, les aplicamos técnicas y los adaptamos a las temáticas que armamos”, agregó. Aunque alivió parte de la carga, el proceso sigue siendo intenso y constante.</p>Sueños de Luna como familia<p>El nombre de la comparsa condensa mucho de su mirada. “Sueños de Luna es el sueño de la noche de carnaval”, explica. “Para mí es mi vida, es mi pasión, es mi hogar, mi lugar en el mundo, mi familia. Es la familia que uno elige tener y con la que elige compartir”, señaló con emoción. Pero, para él, va mucho más allá.</p><p>Durante el año hay un grupo estable de unas 50 personas que sostienen el trabajo cotidiano, principalmente en percusión y baile. “Es la gente que está todo el año. A veces intentamos tomarnos 15 días de vacaciones, pero nunca llegamos a cumplirlos. Siempre alguien extraña, alguien necesita”, cuenta.</p><p>Ese vínculo cotidiano convirtió al espacio en algo más que un lugar de ensayo. “Muchas veces nos juntamos a comer, compartimos cenas o mates. Siempre hay un grupo que se queda. Se genera una contención muy grande”, relató.</p>El rol social del carnaval<p>Para Albarracín, el carnaval tiene un valor que excede lo artístico. “Es un espacio artístico-cultural que brinda muchísima contención a niños, jóvenes y adultos”, sostiene. “Tengo un grupo de mujeres grandes que están descubriendo este mundo de grandes, algo que tal vez de niñas o jóvenes no pudieron”, agregó. En Sueños de Luna conviven realidades diversas y trayectorias atravesadas por distintas problemáticas.</p><p>También formaron parte personas trans, chicos con síndrome de Down, jóvenes con retrasos madurativos y personas que atravesaron consumos problemáticos.</p><p>Algunas historias lo marcaron especialmente. “He tenido chicos con problemas de adicción, chicas que estaban metidas en la prostitución, en la droga. Una de ellas siempre dice que gracias a la comparsa fue rescatada de toda esa oscuridad. Esa es la satisfacción mayor”, confiesa con alegría.</p><p>“Muchos piensan que estar en una comparsa es solo bailar y mover el culo, pero hay un trabajo detrás de escena inmenso. Hay mucha inclusión y eso es muy importante hoy en día”, reflexionó. En su caso, siente que ese trabajo tiene un plus: “Yo trabajo mucho con gente vulnerable, con niños y jóvenes de San Francisco, Frontera, Josefina y de muchos pueblos de la región. Todos buscan contención”.</p>Una relación que se construye con el barrio<p>Albarracín también se detiene en el vínculo entre San Francisco y el carnaval. “Hace 10 u 11 años que llevamos el carnaval en barrio La Milka”, señala.</p><p>Además, valora especialmente los carnavales barriales. “Amamos ir a los carnavales de barrio Parque, son de los más familieros y lindos que hay. También los de San Cayetano, que eran chiquitos pero preciosos”, relató. En La Milka, el apoyo vecinal es clave: “Los vecinos nos ayudan a limpiar las calles, a armar las sillas. Nos bancan todo el año, eso es algo muy lindo”.</p>El presente y lo que viene<p>El presente de Pablo Albarracín y Sueños de Luna es intenso. Fechas dobles, presentaciones en distintos pueblos, actuaciones en las sierras y también en San Francisco forman parte de un cronograma cargado. “Es una agenda muy linda”, dice.</p><p>Mientras tanto, él sigue sosteniendo el mismo motor que lo impulsó desde el comienzo: el amor por el carnaval. Para Albarracín, no se trata solo de una fiesta. Es una elección de vida, un espacio donde el arte se transforma en identidad, en familia y en oportunidad para muchos otros.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/R5EHVS2h9Ne0YfeMg3vb2HSrxUA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/02/pablo_albarracin_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Bailarín, coreógrafo y creador de la comparsa Sueños de Luna, Pablo Albarracín encontró en el carnaval mucho más que una fiesta. Desde la libertad de expresión hasta la contención social, construyó un proyecto que atraviesa su vida y la de cientos de personas. Una historia de elección, trabajo silencioso e inclusión que se sostiene durante todo el año en San Francisco y la región.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2026-02-07T12:52:05+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Vesca, de San Francisco al mundo, en clave electrónica
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vesca-de-san-francisco-al-mundo-en-clave-electronica" type="text/html" title="Vesca, de San Francisco al mundo, en clave electrónica" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vesca-de-san-francisco-al-mundo-en-clave-electronica</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/vesca-de-san-francisco-al-mundo-en-clave-electronica">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NQVx6U_XJMsHXmQnwC2OCq8bG5o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/agostina_glescic.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ&nbsp;<p>El regreso no es uno más. Después de seis años sin pasar la Navidad y el Año Nuevo en San Francisco, Agostina Glescic camina otra vez por las calles que la vieron crecer. Observa el Centro Cívico renovado, las plazas más lindas y las obras en marcha. “Cada vez que vengo me sorprendo más. La ciudad está hermosa, muy cuidada”, dice, mientras se reencuentra con amigos de siempre, con vecinos, con esa vida cotidiana que no aparece en ninguna gira internacional pero que sigue siendo esencial.</p><p>Radicada en Cancún, México, y con una agenda marcada por vuelos, sets nocturnos y cambios constantes de ciudad, este regreso tiene algo de pausa. “Estamos todos juntos otra vez. Mis padres, mis hermanas, mis sobrinas, la familia. Eso no tiene precio”, confiesa.</p><p>Agostina tiene 32 años. Nació en Sierra Grande, provincia de Río Negro, pero desde los cuatro vive en San Francisco, el lugar al que siempre vuelve. Su nombre artístico, Vesca, no es casual. “Significa mariposa nocturna en esloveno y está ligado al origen de mi apellido”, explica. La mariposa se convirtió en símbolo, logo e identidad. Representa transformación, movimiento y búsqueda: tres palabras que definen su recorrido.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Un comienzo sin plan<p>&nbsp;La música no apareció como un proyecto profesional. En 2018, durante una estadía en Perú, todo empezó casi como un juego. “Yo era la que armaba las playlists en las fiestas. Siempre me pedían que pusiera la música y un día pensé que podía ser buena para esto”, recuerda. Compró su primera consola y se encontró con un universo desconocido. “Al principio no entendía nada, era chino para mí”, admite. Pero insistió: clases, tutoriales, preguntas, práctica. Mucha práctica.</p><p>Ese proceso marcó una forma de trabajar que todavía sostiene. “Esto no es inmediato. No se construye de un día para el otro. Hay que tener paciencia”, afirma.</p>De regreso en San Francisco para pasar las fiestas, Vesca recorrió el Centro Cívico renovado, uno de los espacios que más la sorprendió en esta vuelta a la ciudad. (Fotos Manuel Ruiz)<p>Con el tiempo, el hobby empezó a tomar forma de profesión. A la técnica de mezcla se sumó la producción musical, el estudio de géneros y una mirada más amplia sobre la industria. “Si querés crecer, tenés que producir tu propia música y tener una estructura: redes, plataformas, presencia”, explica. Spotify, SoundCloud y Beatport forman parte de esa base, aunque aclara que no lo son todo. “Podés tener buenas redes, pero si no tocás bien, no se sostiene. Es un combo”.</p><p>También hubo un trabajo consciente sobre la imagen. “Es una industria liderada por el género masculino. Yo busqué un perfil más neutro, para que se me tome en cuenta por la música y no por lo físico”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;México como escenario<p>&nbsp;En 2019 llegó a Cancún. El contexto fue clave. “Es una zona turística, con muchísima movida. En Tulum y Playa del Carmen hay fiestas todo el tiempo: en hoteles, playas, yates”. Allí encontró oportunidades, pero también una competencia fuerte.</p><p>El salto simbólico llegó en 2022, con su primer evento masivo en Playa del Carmen. “Fue en la playa, con muchísima gente. Ahí sentí que empezaba una etapa más profesional”, recuerda.</p><p>En Cancún también conoció a Daniel, su pareja, quien con el tiempo se transformó en su manager. “Él me ayudó a llevar la carrera a otro nivel”, reconoce Vesca. Su acompañamiento fue clave para ordenar la estructura profesional, planificar giras y posicionarla en escenarios internacionales.</p>Vesca durante uno de sus sets en el exterior.&nbsp;<p>Desde la organización de fechas hasta la estrategia de crecimiento, el trabajo conjunto marcó un antes y un después. “Cuando encontrás a alguien que cree en vos y en tu proyecto, todo se hace más sólido”, resume.</p><p>En México vive también Macarena, su hermana menor, quien se convirtió en un sostén fundamental en su vida diaria. Compartir la ciudad y la rutina aliviana la distancia con el resto de la familia. “No estar sola hace una gran diferencia”, dice.</p><p>Entre viajes, presentaciones y hoteles, ese vínculo cercano funciona como ancla emocional. La carrera avanza, pero la vida personal encuentra allí un equilibrio necesario.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Una carrera en movimiento<p>&nbsp;Desde México, su nombre empezó a circular con más fuerza. Vesca giró por distintas ciudades de Chile, donde asegura sentirse siempre muy bien recibida, y también tocó en Polonia, Israel, Italia, Guatemala, Argentina y diferentes puntos de México. “Trato de planificar las fechas con anticipación y no repetir ciudades en el mismo año. Cada gira suma público nuevo”.</p><p>Hoy supera los 62 mil seguidores en redes sociales, un crecimiento que se acelera después de cada tour. “Es poco a poco. La gente te va conociendo con el tiempo”, señala.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;El sonido propio<p>&nbsp;Sus sets se mueven principalmente entre el Melodic Techno y el Indie Dance, con influencias del Progressive House. “Los estilos dependen mucho del lugar. En Argentina se escucha mucho progressive; en Tulum, por ejemplo, el Afro House”. Su identidad, asegura, está en la combinación de sonido, estética y presencia escénica. “Todo eso me representa”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;El costo del sueño<p>Lejos del imaginario de la fiesta permanente, la rutina es exigente. “En una gira de cuatro días viajé seis veces en avión. A veces no dormís”, cuenta. Muchas veces viaja sola. “Te tiene que gustar mucho esto. No es vivir de joda. Yo me encargo de que los otros disfruten la fiesta”.</p><p>La disciplina, el cuidado personal y la concentración forman parte del trabajo. “Hay mucho esfuerzo detrás de cada show”.</p><p>Uno de los momentos bisagra fue la publicación de sus Live Sets en YouTube. “El primero explotó. Lo compartieron por todos lados”. Desde entonces, la exposición creció, pero también la exigencia. “Siempre trato de mejorar, no solo en lo musical, sino también en la performance”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Lo que vendrá<p>&nbsp;Entre sus objetivos aparece tocar en festivales cada vez más importantes. El sueño máximo es Tomorrowland, en el escenario principal. Más cerca en el calendario, el Zaman Festival de Tulum, uno de los eventos más relevantes de la escena electrónica actual.</p>&nbsp;Un deseo pendiente<p>&nbsp;Antes de volver a México, Vesca confiesa una ilusión: tocar en San Francisco, especialmente en una fiesta de fin de año, en algún boliche local. “Me encantaría”, admite. Esta vez no será posible. Las celebraciones familiares la llevarán a Villa María, a la casa de su hermana mayor, Magalí, donde se reunirán para despedir el año juntos. La idea queda latente, como una deuda amable con la ciudad que la vio crecer.</p>&nbsp;&nbsp;Volver siempre<p>Cada regreso le permite mirar la ciudad con otros ojos. “La veo muy renovada, con muchas obras, la peatonal transformada, la plaza hermosa”, describe. Pero hay algo que no cambia. “La gente sigue siendo la misma. Mis amigos de siempre, el barrio”.</p><p>Vesca sigue en movimiento. Encontró en México un lugar donde se siente cómoda y profesionalmente contenida. Cancún es hoy su base, desde donde proyecta giras y nuevos desafíos. Pero San Francisco sigue siendo el lugar al que le gusta regresar. No como escenario artístico —al menos por ahora— sino como espacio afectivo. Allí están los abrazos que no se negocian, las mesas familiares y la certeza de volver a ser, por un rato, simplemente Agostina.</p><p>Desde ese equilibrio entre mundo y origen, entre escenario y casa, la DJ sanfrancisqueña continúa construyendo su camino. Sin atajos. Con paciencia. Como una mariposa nocturna que sabe volar lejos, pero nunca olvida dónde están sus raíces.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NQVx6U_XJMsHXmQnwC2OCq8bG5o=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/agostina_glescic.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Después de una intensa gira por Chile y con Cancún como base desde hace varios años, Agostina Glescic volvió a San Francisco para pasar las fiestas en familia. Conocida artísticamente como Vesca, la DJ sanfrancisqueña construyó una carrera internacional en la música electrónica a fuerza de constancia, formación y decisiones sostenidas en el tiempo, sin perder el vínculo con la ciudad donde están sus afectos más profundos.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-12-27T12:29:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Caro y Pauli, el arte de valorar el tiempo para volver a encontrarnos
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/caro-y-pauli-el-arte-de-valorar-el-tiempo-para-volver-a-encontrarnos-1" type="text/html" title="Caro y Pauli, el arte de valorar el tiempo para volver a encontrarnos" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/caro-y-pauli-el-arte-de-valorar-el-tiempo-para-volver-a-encontrarnos-1</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/caro-y-pauli-el-arte-de-valorar-el-tiempo-para-volver-a-encontrarnos-1">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/y6Dm8t7DFrNINuBdJ7lYvUpTqSY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/carolina_casuscelli_y_pauli.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>En una casita de barrio, a pocos metros de la Plaza General Paz, el ruido de la ciudad se diluye apenas uno cruza la puerta. Allí no hay relojes apurando ni agendas cargadas. Hay papel, mates, miradas y silencios que hablan. Ese espacio se llama Celebrarte y nació, sin planificación ni estrategia, de un encuentro que cambió dos vidas para siempre.</p><p>La historia comienza en 2009, cuando Carolina Casuscelli, con 26 años, viviendo en Buenos Aires realizó una experiencia de voluntariado en el Cottolengo de Claypole. No fue una elección pensada ni buscada: simplemente surgió la posibilidad y decidió aceptarla. En ese mes de convivencia, Carolina conoció a Paula Aguirre, hoy de 42 años, residente del lugar, quien vive la experiencia de la discapacidad motriz e intelectual profunda. Lo que entonces no podía imaginar era que ese encuentro se convertiría en el eje de su vida.</p><p>Pauli vivió en la ex Casa Cuna, hoy Hospital Elizalde, y permaneció allí hasta los seis años. En septiembre de 1989 llegó al Cottolengo, donde creció y vivió gran parte de su vida. No tiene contacto con su familia biológica. Para Carolina, sumarla a su vida también fue un proceso profundo, de descubrimiento y transformación. “En el Cottolengo encontré eso que venía buscando desde hacía mucho tiempo: la motivación y el sentido de mi vida”, reconoce.</p><p>Desde que se conocieron y se eligieron, nunca más se separaron. Hoy viven juntas en San Francisco, donde Carolina es la figura de apoyo de Pauli, tal como lo establece la Ley Nacional de Salud Mental (26.657), que reconoce el sistema de apoyos para acompañar a las personas en el ejercicio de sus derechos y en la toma de decisiones.</p><p>Cuando el tiempo se vuelve un regalo</p><p>Carolina suele decir que Celebrarte se fundó el día que conoció a Pauli. “La dinámica de la agenda se detuvo al empezar a compartir la vida con ella. Yo no podía seguir haciendo tantas cosas y Pauli me regaló esa pausa, ese hacer todo más lento, más despacito”, explicó en diálogo con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>En aquel momento, Carolina se dedicaba a la gastronomía y había estudiado cocina. Sin embargo, ese nuevo ritmo de vida abrió un cambio profundo. Comenzó a transitar un camino ligado a lo terapéutico y hoy se desempeña como terapeuta corporal, acompañando personas desde un enfoque centrado en el cuerpo y en el lenguaje de las sensaciones. “Se abrió una posibilidad mucho más alineada a mi nueva realidad de vida y a descubrir lo que verdaderamente me encajaba”, sostuvo.</p><p>El tiempo compartido con Pauli empezó a tener otra densidad. Eran tiempos “detenidos”, como los define Carolina, momentos en los que la prisa dejaba de tener sentido. Observó que a Pauli le gustaba el aire libre y comprendió que necesitaba encontrar una actividad manual que no dependiera de estar puertas adentro.</p>Carolina describe a su proyecto artístico como una excusa para frenar y mirarnos.<p>El origami apareció casi de manera casual, cuando una amiga le regaló una estrella de papel. “Ahí me pregunté qué era eso y empecé a descubrir que podía llevar papelitos a donde estuviéramos”, recordó. En esos intercambios, en plazas, ferias o encuentros espontáneos, comenzó a plegar papel junto a Pauli y otras personas.</p><p>Con el tiempo entendió que el objetivo no era el resultado final. “Yo siempre digo que no soy una origamista. Hacemos poquitas piezas. Vienen chicos y me muestran dinosaurios increíbles y yo digo: hasta ahí no llego”, contó entre risas. Lo que la enamoró fue la práctica. “El origami está alineado a los procesos, a la pausa, a ir despacito. Es una meditación activa”, explicó.</p><p>La repetición de patrones, la atención puesta en el gesto y el movimiento, comenzaron a revelar algo más profundo. “Hoy sabemos que repetir patrones y enfocar la atención regula nuestro sistema nervioso”, señaló. Para Carolina, plegar y desplegar el papel, expandir y contraer, es una metáfora de la vida misma. “Todo es un reflejo, un espejo de lo que vamos atravesando”, afirmó.</p><p>El latido que nos hace iguales</p><p>Celebrarte fue tomando forma como un proyecto con una fuerte impronta social. Carolina aclara que no se define desde la discapacidad. “Yo no me dedico a la discapacidad. Yo estoy en lo humano”, enfatizó. La presencia de Pauli la invitó a vincularse con realidades fragilizadas, pero desde un lugar de encuentro genuino.</p><p>En ese camino surgieron propuestas diversas: talleres ocasionales de origami para niños, adolescentes y adultos; participación en ferias; y una iniciativa que se volvió símbolo del espacio: los “mates de la vereda”. “Es una excusa barrial para generar espacios de encuentro”, explicó. Sentarse en la vereda, compartir un mate y conversar se transformó en un gesto simple pero profundamente político y humano.</p><p>Este año, Celebrarte impulsó además las “corazonadas navideñas”, una propuesta que se desplegó en cinco espacios comunitarios: la Residencia Femenina, el merendero Casa de Belén de Frontera, el Comedor de La Virgencita, el Refugio Nocturno y La Luciérnaga. Allí armaron arbolitos de Navidad y plegaron corazones de origami junto a personas en contextos de vulnerabilidad.</p>Entre origamis, una casa que invita a celebrar la vida.&nbsp;<p>“El mensaje es que más allá de todo lo que se vea, más allá de las apariencias, todos tenemos un corazón que está latiendo”, explicó Carolina. Para ella, ese latido es el punto de encuentro esencial. Pauli no tiene lenguaje verbal, algo que muchas veces se percibe como una limitación. Sin embargo, Carolina propone otra mirada. “Pauli tiene un sonido que tenemos todos: el latido del corazón. Ese sonido nos hace iguales”, afirmó.</p><p>Conectarse desde ese lugar implica acercarse, estar presentes. “Eso no lo creamos desde las redes sociales”, advirtió. Requiere tiempo, disponibilidad y un gesto concreto hacia el otro. “Cuando regalás una pieza de origami, regalás tiempo”, sostuvo. Tiempo dedicado, tiempo compartido, tiempo puesto al servicio del encuentro.</p><p>“Hoy es fundamental encontrarnos como comunidad, crear espacios donde volver a descubrir que somos humanos”, reflexionó Carolina. Ser signo, como ella lo define: mostrar que otra forma de vincularnos es posible. “No vamos a resolver los problemas sociales, pero sí podemos ser signo de una humanidad posible”, aseguró.</p><p>Celebrarte es eso: una casa abierta, una referencia barrial, un espacio donde la vida se celebra como es. Donde el papel se pliega despacio, el mate se comparte sin apuro y el latido del corazón recuerda que, en lo esencial, todos somos iguales.</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/y6Dm8t7DFrNINuBdJ7lYvUpTqSY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/carolina_casuscelli_y_pauli.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde una casa de puertas abiertas en San Francisco, Carolina Casuscelli y Pauli construyen un espacio donde el origami es apenas una excusa para algo más profundo: encontrarnos como seres humanos, reconocernos en el latido del corazón y celebrar la vida tal como es.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-12-20T13:10:33+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            “Salvar una vida es dar una oportunidad”: la misión que guía a Ariel Galfré, instructor de RCP
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/salvar-una-vida-es-dar-una-oportunidad-la-mision-que-guia-a-ariel-galfre-instructor-de-rcp" type="text/html" title="“Salvar una vida es dar una oportunidad”: la misión que guía a Ariel Galfré, instructor de RCP" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/salvar-una-vida-es-dar-una-oportunidad-la-mision-que-guia-a-ariel-galfre-instructor-de-rcp</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/salvar-una-vida-es-dar-una-oportunidad-la-mision-que-guia-a-ariel-galfre-instructor-de-rcp">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wZxwlaeC7tKnCyP8-pN2NloDtIU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/ariel_galfre_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>A los 44 años, Ariel Martín Galfré habla con una serenidad que no es indiferencia, sino equilibrio. Es enfermero profesional, instructor en primeros socorros, RCP y uso del Desfibrilador Externo Automático (DEA). Desde 2017 recorre escuelas, organizaciones, clubes y espacios públicos enseñando algo que, según él, debería formar parte de la vida cotidiana: saber ayudar cuando el tiempo corre en contra.</p><p>&nbsp;“Primero formé parte de una asociación en Córdoba, donde hice mis capacitaciones, y después surgió la propuesta en San Francisco, impulsada por la Secretaría de Salud municipal. Llevamos miles de personas capacitadas”, recuerda. Entre esas formaciones incluye la enseñanza de la maniobra de Heimlich, vital para asistir casos de asfixia por obstrucción de vías aéreas. Su mensaje es claro: cualquiera puede aprender, cualquiera puede salvar.</p><p>&nbsp;</p>“Tenemos que romper ese miedo a actuar”, exhorta Galfré.<p>Desde sus primeras experiencias aquella convicción no hizo más que fortalecerse. “Estamos en una época en la que todavía muere gente atragantada con un cuerpo extraño cuando existen maniobras que pueden sacarla de esa situación. No podemos permitir que eso siga pasando”, reflexiona en diálogo con Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>&nbsp;</p>“No hay RCP mal hecho”: &nbsp;romper mitos y miedos<p>Ariel repite esta frase como un mantra: “No hay RCP mal hecho”. Para él, este es el principal mito que impide que la sociedad actúe ante una emergencia. “El miedo frena. La gente piensa que va a hacer daño, que va a empeorar las cosas. Y eso no es así. Peor es no hacer nada. Lo importante es mantener ese corazón bombeando sangre oxigenada al cerebro. Después de unos minutos el daño es irreversible”, explica.</p><p>&nbsp;</p><p>“El miedo frena. La gente piensa que va a hacer daño, que va a empeorar las cosas. Y eso no es así. Peor es no hacer nada”</p><p>&nbsp;</p><p>Recuerda incluso episodios mediáticos que generaron confusión, como el juicio por el homicidio de Fernando Báez Sosa, donde surgieron cuestionamientos hacia las maniobras de reanimación realizadas por una testigo. “Varias sociedades científicas tuvieron que salir a aclararlo. No existe la idea de que la RCP puede agravar una situación. Hay que intervenir, siempre. La Ley del Buen Samaritano protege a quienes actúan de buena fe”, agrega.</p><p>&nbsp;Esa claridad conceptual es la que traslada a sus alumnos. “Yo te enseño a vos a hacer RCP perfecto. Pero si vos sufrís una muerte súbita y tu familia no sabe cómo actuar, ahí está el problema. Por eso necesitamos una comunidad preparada”.</p><p>&nbsp;</p>Minutos que valen una vida<p>&nbsp;Cuando se habla de muerte súbita y paro cardiorrespiratorio, los tiempos son determinantes. Ariel lo explica con la simplicidad que da la experiencia: “Los primeros minutos son clave. Lo que haga un testigo antes de que llegue el sistema de emergencias puede cambiarlo todo. Cada minuto sin oxígeno afecta el cerebro. Después de cierto tiempo, el daño ya no tiene marcha atrás”.</p><p>&nbsp;Por eso insiste en que la capacitación es la única forma de atravesar el pánico. “El miedo aparece cuando uno no sabe qué hacer. Si vos practicás con los torsos, si en una capacitación vivís la experiencia corporal de hacer compresiones, ya rompés esa barrera. No es lo mismo ver un video que sentir con tus manos lo que hay que hacer”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;La ausencia que le dio otro sentido a su misión<p>&nbsp;En 2023, Ariel vivió uno de los golpes más duros de su vida. Leandro, su hermano de 39 años, policía de San Francisco, murió por un paro cardiorrespiratorio durante una prueba física en la Escuela de Suboficiales de Córdoba. Fue una noticia que sacudió a toda la comunidad.</p><p>Pero Ariel ya había elegido este camino muchos años antes. La pérdida no inició nada: profundizó todo.</p><p>&nbsp;“Me hubiese gustado estar ahí, pero entendí que actuaron enseguida y que hicieron lo que tenían que hacer. Las circunstancias no permitieron otro final”, recuerda con voz serena pero cargada de emoción. Habla con respeto por quienes intentaron reanimarlo. No hay reproches, hay comprensión.</p><p>&nbsp;Él y Leandro compartían algo más que familia: la música. Ambos integraban La Súper Banda del Chispas, un grupo de música popular en el que compartían escenario y noches de alegría. “Hasta la banda dejé para dedicarme de lleno a mi profesión y a esto que muchos llaman ‘enseñar a salvar vidas’”, confiesa.</p><p>&nbsp;Ariel no utiliza su historia para victimizarse. La usa para explicar por qué considera que la RCP no es solo una técnica, sino un acto social. “Uno dice: ‘esto no me va a pasar’. Pero no sabemos cuándo puede ser un familiar, un conocido o un desconocido. Todo puede cambiar en segundos”.</p><p>&nbsp;</p><p>“La capacitación es la única forma de atravesar el pánico. El miedo aparece cuando uno no sabe qué hacer”</p><p>&nbsp;</p>Capacitar para prevenir<p>Durante 2025, varios episodios de muerte súbita registrados en la provincia generaron conmoción y un renovado interés en aprender RCP. Ariel lo notó inmediatamente en el número de inscriptos.</p><p>“Cuando golpea cerca, la gente toma conciencia. Recuerdo una capacitación posterior a una muerte súbita y asistieron casi 200 personas en una sola semana”, relata. Esa reacción, si bien positiva, también revela una falla cultural: se actúa después del impacto. “No deberíamos esperar a que algo pase. La idea es prevenir y promover. Por eso insistimos tanto en que las capacitaciones son públicas, gratuitas, abiertas. Cualquiera puede aprender”.</p><p>En San Francisco, las jornadas se realizaron durante los jueves en Tecnoteca y podrían continuar en 2026. Para Ariel, ese trabajo comunitario es el verdadero camino hacia una ciudad cardioprotegida.</p><p>&nbsp;</p>El DEA como aliado clave<p>&nbsp;El uso del DEA es otro punto esencial de sus capacitaciones. “Es automático. El aparato va a decir si la descarga corresponde o no, depende del ritmo cardíaco que detecta. Nadie tiene que interpretar nada”, explica.</p><p>&nbsp;San Francisco cuenta con una importante distribución de estos dispositivos en zonas estratégicas: espacios deportivos, bancos, empresas y dependencias públicas. “La ciudad está casi cardioprotegida. Pero el DEA solo no alcanza si no sabemos hacer RCP. Son complementos”, remarca.</p><p>&nbsp;</p>Cambiar la cultura del “no me involucro”<p>&nbsp;Para Ariel, el problema no es la falta de acceso a capacitaciones, sino la falta de involucramiento. “Pasa por la empatía y el compromiso. Por decidir ayudar. La capacitación es gratuita, está al alcance, pero hay que dar el paso. Tenemos que romper ese miedo a actuar”.</p><p>&nbsp;A nivel técnico, recomienda actualizar conocimientos cada dos años. “Siempre hay cambios, maniobras nuevas, correcciones. El entrenamiento constante hace la diferencia”.</p><p>&nbsp;Las historias que encuentra en el camino lo siguen sorprendiendo. “La gente mayor te cuenta experiencias de hace décadas, capacitaciones de la Cruz Roja, situaciones que vivieron. Algunos tuvieron suerte, otros no. Pero todos coinciden en que no quieren pasar otra situación sin saber cómo actuar”.</p><p>&nbsp;Ariel resume su identidad profesional en pocas palabras: “Estoy orgulloso de ser enfermero. Es una profesión luchada, empática, siempre al pie del cañón y en contacto con la gente”. Y asegura que cada año se especializa más en RCP porque considera que ese es su aporte a la comunidad.</p><p>&nbsp;Su mensaje final es un llamado a la acción, pero también a la sensibilidad: “Involucrarse es pensar que podemos darle una oportunidad a alguien de seguir viviendo. Esto lo puede hacer un niño, un adulto mayor, cualquier persona. No hace falta ser médico ni tener conocimientos previos. Sólo hace falta querer ayudar”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wZxwlaeC7tKnCyP8-pN2NloDtIU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/12/ariel_galfre_4.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Ariel Martín Galfré formó a miles de vecinos en técnicas de reanimación cardiopulmonar y primeros auxilios. La muerte súbita de su hermano Leandro no inició su vocación, pero sí profundizó su compromiso con una tarea que define como un acto de empatía y responsabilidad social. Con un enfoque humano y preventivo, el enfermero remarca que no existe “RCP mal hecho” y que aprender estas maniobras puede cambiar un destino en cuestión de minutos.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta-1" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-12-13T12:56:45+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            El viaje musical de Alejo Giampieri: “No es fácil, pero nunca descarto hacer lo que me gusta”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-viaje-musical-de-alejo-giampieri-no-es-facil-pero-nunca-descarto-hacer-lo-que-me-gusta" type="text/html" title="El viaje musical de Alejo Giampieri: “No es fácil, pero nunca descarto hacer lo que me gusta”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-viaje-musical-de-alejo-giampieri-no-es-facil-pero-nunca-descarto-hacer-lo-que-me-gusta</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/el-viaje-musical-de-alejo-giampieri-no-es-facil-pero-nunca-descarto-hacer-lo-que-me-gusta">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vrgNNM0IyMCN0vTZ3K2bR7OxTwU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/alejo_giampieri.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay historias que parecen anunciarse mucho antes de que sus protagonistas puedan comprenderlas. En el caso de Alejo Giampieri, ese anuncio llegó en forma de melodías espontáneas que escapaban sin aviso. “Siempre me cuentan una anécdota”, recuerda entre risas, antes de ponerse serio. “De chiquito cantaba en la ducha. Mi abuelo me veía en el patio y pensaba que hablaba solo, y mi mamá le decía: ‘no, está cantando’. Entonces siento que inconscientemente ya había cosas de uno”.</p><p>La música apareció antes que la memoria. En su familia evocan también una pequeña batería que tuvo de niño y que él, incluso ahora, no alcanza a recordar. Entre ese patio y esos primeros sonidos se fue moldeando una sensibilidad que luego encontró forma en espacios fundamentales de su infancia artística: la academia El Faro de Rossana Pampiglione, el Conservatorio “Arturo Berutti”, las clases de piano con Leo Verra y el teatro con Verónica Gieco y Carlos Pioli en “La Puerta”. Cada docente, cada escenario y cada ejercicio se transformaron en cimientos de un recorrido que no siempre fue lineal, pero sí profundamente emotivo.</p>Un músico que creció entre voces, patios y primeras melodías.<p>&nbsp;</p><p>Su amor por la música también se alimentó de ídolos tempranos. No era común que un niño consumiera ópera con tanta naturalidad, pero él lo hacía. “De chico me gustaba mucho Luciano Pavarotti, los Tres Tenores, escuchar ópera, música clásica”, confiesa a Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO. Y, como un hilo que une épocas, suma una referencia que se volvió determinante: “A mí me gusta mucho Queen. Siempre sentí que Freddie Mercury me abrió el paradigma del show, de las armonías, de la creatividad”.</p>&nbsp;El salto a Córdoba<p>&nbsp;Hoy, con 21 años, Alejo vive en la ciudad de Córdoba, donde estudia las carreras de Vocalista Superior, Tecnicatura en Piano e Instrumentista Superior en la prestigiosa escuela La Colmena. Ese cambio geográfico y emocional fue un quiebre en su vida. “Fue como un mundo aparte”, reconoce. “Me encontré con amigos, con artistas increíbles. En Córdoba hay espacios donde uno puede desarrollarse, y hay músicos independientes que son muy virtuosos, pero que por ahí no tienen el reconocimiento que merecen. Eso te abre la cabeza”.</p><p>&nbsp;Ese “mundo aparte” también significó recalibrar su identidad artística. En Córdoba, donde la escena independiente vibra sin pedir permiso, Alejo encontró no solo referentes, sino también un espejo: jóvenes que, como él, estudian, crean, componen y dudan. Sobre todo dudan. Y es en esa duda –esa mezcla de vértigo y deseo– donde, a veces, nacen las canciones más honestas.</p>&nbsp;“Destino”: la canción escrita en 20 minutos que terminó marcándolo<p>&nbsp;Su nuevo tema, “Destino”, surgió casi sin aviso. La historia empezó con una amiga que le pasó el contacto de Marcelo Predacino, guitarrista y director musical de la banda de Abel Pintos, además de productor y compositor. Alejo viajó a San Telmo, Buenos Aires, y allí se encontró con un equipo que le dio forma profesional a algo que comenzó siendo apenas una intuición.</p><p>“Es mi primer tema”, cuenta. “Trabajé con los colaboradores de Marcelo y ahí surgió poder hacer este último tema”. Aunque la canción pasó por un proceso de producción detallado, su origen fue casi impulsivo. “Lo escribí en 15 o 20 minutos”, admite sorprendido por su propio impulso. “Me pasa que me surge más la melodía que la letra, entonces tenía que poner palabras a todo eso que me pasaba. Fue un desafío muy lindo”.</p><p>&nbsp;“Está bueno integrar géneros. No olvidarse de las raíces”</p><p>&nbsp;</p><p>El nombre del tema, curiosamente, no fue decisión propia. “Fue gracias a mi hermano”, dice sonriendo. “Yo estaba medio terco, no sabía si realmente era la canción. Y él me dijo: ‘está muy bueno, tiene un gran estribillo’. Y me terminó convenciendo”. Con el tiempo comprendió que el título tenía sentido emocional: parte de la letra refleja su propia forma de transitar los cambios, las incertidumbres y esa mezcla de melancolía y romanticismo que aparece en su música. “Siento que es autorreferencial en algunas cosas”, admite. “Hay melancolía, tristeza, pero también algo romántico. Eso aparece acompañado por la música, y está muy bueno”.</p>La búsqueda de una voz propia<p>En esta etapa, Alejo trabaja en un sonido que combina sus raíces líricas con la energía pop que hoy vibra en la escena nacional. “En este tema uso una voz completamente distinta a lo que hacía antes”, asegura. Sus primeros años de formación, marcados por el canto lírico, contrastan con la estética actual de su música. “Yo siento que mi voz va tirando a los 2000, tipo Tan Biónica, Miranda. Tiene ese estilo”.</p><p>&nbsp;La transición entre estilos también lo transformó como oyente. “Consumo música de manera distinta desde que empecé a hacer música”, dice. Dejó atrás prejuicios y se abrió a una escucha más diversa. “Es animarse a escuchar lo que el otro te muestra. Si a todos nos gustara lo mismo, sería aburrido”, reflexiona.</p><p>&nbsp;</p>Rituales nocturnos<p>Hay artistas que escriben de día, en cafés o estudios. Alejo no. Él compone en la noche, cuando el silencio baja y la intuición sube. “Mi mamá y mi papá piensan que soy un murciélago”, bromea. “Me activo a la noche. A veces me surge cuando me estoy bañando. Me grabo melodías con el celular. Armo armonías en mi cabeza, me imagino una banda completa. Ese es mi ritual”.</p><p>En esa intimidad nocturna aparecen sensaciones, palabras, ritmos. Y también dudas. Pero es justamente esa vulnerabilidad la que le permite convertir su mundo interno en canciones.</p><p>No todo es inspiración. En la música, como en casi todas las búsquedas profundas, también hay renuncias. Alejo lo sabe. “No es un camino fácil”, reconoce. “Pero nunca descarto la idea de hacer lo que me gusta. Es una vida y hay que valorar lo que estamos haciendo ahora. No cumplir el sueño de otro, sino el de uno”.</p><p>Esa convicción explica también su ambición: “Soy muy ambicioso. Me encantaría estar en un estadio lleno de gente”, confiesa sin miedo a sonar pretencioso. Es un deseo sincero, que convive con una larga lista de artistas con los que soñaría colaborar: Oasis, Brian May y Roger Taylor, Charly García, Dante Spinetta, Duki, Milo J, Bizarrap, Paulo Londra, Shakira. Nombres que hablan tanto de sus influencias como de su amplitud estética.</p><p>Alejo observa con atención lo que pasa en la escena nacional. No sólo escucha: estudia, analiza, piensa. “Mucho se habla del underground”, reflexiona. “Hay pibes que producen desde su casa y están en la búsqueda de un nuevo sonido que pueda marcar tendencia”. Le interesa, especialmente, la convivencia entre lo actual y lo tradicional. Menciona el trabajo de Milo J, quien recupera elementos folclóricos y los mezcla con el sonido urbano. “Está bueno integrar géneros. No olvidarse de las raíces”, afirma.</p><p>&nbsp;</p><p>“A veces las inspiración surge cuando me estoy bañando. Me grabo melodías con el celular. Armo armonías en mi cabeza, me imagino una banda completa”.</p><p>&nbsp;</p><p>También advierte que el consumo musical se transformó: ahora todo es inmediato. Las redes sociales, el ritmo frenético de TikTok, la necesidad de mostrar contenido constante. En ese contexto, Alejo valora cuando aparece “una obra compleja que intenta romper”. Para él, allí también se juega el futuro de la música argentina.</p><p>Antes de cerrar, Alejo deja una reflexión para quienes lo escuchan: “Espero que disfruten de mi primer lanzamiento, Destino, y que sean felices con lo que escuchan. Que se sientan identificados, que bailen con sus amigos y sus familias. El amor es todo lo que importa”. Esa frase parece sintetizar no sólo la intención de su música, sino también su propia historia: un recorrido hecho de intuiciones, de noches en vela, de melodías que llegan sin aviso y de emociones que buscan transformarse en canciones.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/vrgNNM0IyMCN0vTZ3K2bR7OxTwU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/11/alejo_giampieri.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con 21 años, el sanfrancisqueño atraviesa uno de los momentos más intensos de su camino musical. Radicado en Córdoba, acaba de lanzar “Destino”, su primer tema y videoclip. El joven artista reconstruye un recorrido lleno de emociones y descubrimientos.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-11-22T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
        <entry>
        <title>
            Al “Burro” no hay quien no lo conozca: “Mi vida transcurrió toda acá adentro”
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/al-burro-no-hay-quien-no-lo-conozca-mi-vida-transcurrio-toda-aca-adentro" type="text/html" title="Al “Burro” no hay quien no lo conozca: “Mi vida transcurrió toda acá adentro”" />
        <id>https://www.lavozdesanjusto.com.ar/al-burro-no-hay-quien-no-lo-conozca-mi-vida-transcurrio-toda-aca-adentro</id>
        <author>
            <name>
                <![CDATA[La Voz de San Justo ]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/al-burro-no-hay-quien-no-lo-conozca-mi-vida-transcurrio-toda-aca-adentro">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NnZim8wAitNcv65FLhgF3GyjyYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/burro_navarro_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>No hay quien no lo conozca. En San Francisco, si se habla de Todo Sanitarios, inevitablemente se habla de él. Marcelo Daniel Navarro, aunque todos lo llaman “Burro”, tiene 55 años y lleva 39 trabajando en la misma empresa, líder en el rubro de la construcción. Es, como muchos clientes lo describen, el alma del negocio: esa persona que siempre tiene una respuesta, una solución o al menos una palabra amable para quien entra por la puerta.</p><p>&nbsp;“Yo creo que todo empieza desde la cabeza, desde arriba”, dice con convicción. “La familia Bossa, ya en su segunda generación, siempre me dejó trabajar con tranquilidad, darles soluciones a los clientes. Entonces uno trabaja distinto, con más confianza, porque sabés que los dueños confían en vos”. Esa confianza, asegura, fue el motor que lo acompañó durante casi cuatro décadas.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Un equipo que se siente como familia<p>&nbsp;Marcelo habla de su trabajo con una mezcla de orgullo y gratitud. “Nosotros trabajamos con total tranquilidad –insiste–. Los dueños depositan total confianza. Y hoy lo mismo pasa con los hijos que están en la empresa”. Esa relación de respeto mutuo y compañerismo se refleja también en la forma en que describe a sus colegas: “La gente que tengo alrededor mío es lo más sagrado que tiene el negocio, porque son toda gente de primera, uno mejor que otro”.</p><p>&nbsp;A lo largo de los años, el “Burro” se convirtió también en guía para quienes se suman al equipo. Con humildad, dice que su manera de enseñar es con el ejemplo: “Se trata de enseñar con el ejemplo del otro. El equipo está armado muy bien, y uno tiene que ser flexible, marcar el error si lo hay, pero también aprender de los compañeros”.</p><p>&nbsp;</p>Marcelo junto a sus compañeros de todos los días.<p>Cuando le preguntan cuál es el secreto para ganarse la confianza de los clientes, no duda en responder: “La gente confía mucho en la empresa. Es un negocio en el que no te podés equivocar, porque si vendés algo que no sirve, la gente no vuelve. Confían en Todo Sanitarios, esa es la pura realidad”.</p><p>&nbsp;Esa confianza, asegura, se construye todos los días: “Acá no es que te vendo y me olvido. No, no. La responsabilidad sigue. Eso nos lo inculcaron siempre los jefes. La venta no termina en el mostrador: hay que seguir al cliente, acompañarlo, estar”.</p><p>&nbsp;Marcelo siente que la atención al público cambió mucho con los años, pero valora que la empresa haya mantenido su esencia. “Tenemos la suerte de que la gente confía en nosotros como empresa. Realmente es una suerte enorme. Nos eligen porque saben que les damos soluciones”, dice con una sonrisa que refleja satisfacción más que rutina.</p>&nbsp;&nbsp;“Mi vida transcurrió toda acá adentro”<p>&nbsp;Su historia con Todo Sanitarios empezó a los 18 años, casi por casualidad. Antes de entrar al rubro de la construcción, trabajaba en una boutique llamada Creaciones Celes Moda. “Nada que ver con esto”, recuerda riendo. Pero desde aquel primer día en el local de sanitarios, supo que había encontrado su lugar en el mundo.</p><p>&nbsp;“Mi vida transcurrió toda acá adentro”, afirma. “No me imagino haciendo otra cosa. Este trabajo es parte de mi vida, gran parte”.</p><p>&nbsp;Marcelo se define como alguien comprometido con el negocio, pero también con la gente. “Tenés que estar más arriba del cliente, porque cada vez te demanda más. Y eso lo hago con gusto, porque este trabajo me enseñó mucho sobre el trato humano y la confianza. El secreto es tener siempre predisposición y buena onda”.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;La confianza de la familia Bossa<p>&nbsp;Habla de la familia Bossa con un respeto que roza el afecto. “Los dueños me han dejado trabajar toda la vida con total libertad. Eso, para mí, fue lo que más me satisfizo. Trabajar tranquilo, sin que nadie te esté encima. Siempre respondí a la empresa, por supuesto, pero ellos confiaron en mí desde el primer día. Y eso no tiene precio”.</p><p>&nbsp;Esa libertad, cuenta, fue también una escuela de valores. Aprendió a hacerse responsable de cada decisión, a escuchar al cliente y a cuidar el nombre de la empresa como si fuera propio. “Yo siempre digo que uno tiene que ponerse la camiseta. Si el negocio anda bien, todos andamos bien. Y eso se logra con compromiso y respeto”, sostiene.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;<p>“Me gusta que la gente se vaya contenta, con buena onda. Todos tenemos problemas, pero yo trato de transmitir siempre una palabra de aliento, de optimismo”</p>&nbsp;Popularidad, afecto y mucho humor<p>&nbsp;“Salgo muy poco”, confiesa, “pero cuando lo hago, la gente en la calle me reconoce. ¡A mí me conoce todo el mundo!”, expresa entre risas. No lo dice con vanidad, sino con la alegría simple de saberse querido. Porque en San Francisco, el “Burro Navarro” es sinónimo de atención, de experiencia y de esa calidez que no se improvisa.</p><p>&nbsp;Además, su buen humor es parte de su sello. “Marcelo tiene una manera muy especial de atender”, cuentan quienes lo conocen. Siempre hay una broma o una ocurrencia lista para aflojar el clima, incluso en los días más difíciles. Él mismo reconoce que el humor es parte de su forma de trabajar: “Si vos te reís, el otro se relaja. A veces un chiste o una sonrisa resuelven más que mil palabras. Me gusta que la gente se vaya contenta, con buena onda”.</p><p>&nbsp;“Todos tenemos problemas, pero yo trato de transmitir siempre una palabra de aliento, de optimismo. Me gusta escuchar a la gente. A veces hay que ser un poco psicólogo también”, agrega.</p><p>&nbsp;</p>&nbsp;Los jóvenes y el futuro<p>&nbsp;Cuando Posta / LA VOZ DE SAN JUSTO le pregunta qué consejo le daría a los más jóvenes que recién empiezan a trabajar, su respuesta suena como una lección de vida: “Los chicos tienen que hacerlo a la manera que el negocio requiere. Si uno los lleva a su ritmo, salen buenos. Hay que estar encima un tiempo, acompañarlos. Pero sí, tengo mucha confianza en los jóvenes. Lo importante es enseñarles el valor del trabajo”.</p><p>&nbsp;No se guarda el esfuerzo, ni la pasión, ni la paciencia. “Yo no vengo al negocio a sentarme. Hay que trabajar”, manifiesta con naturalidad, como quien habla de algo que lleva en la sangre.</p>&nbsp;Historias y anécdotas de cada día<p>&nbsp;Cuando se le pide que recuerde un momento especial en todo este tiempo, no puede elegir uno. “Acá todos los días hay una anécdota distinta”, dice. “Hay clientes que hacen diez kilómetros para venir a comprar una valvulita, porque no quieren ir a otro lugar. Eso te demuestra la fidelidad y el cariño que hay”.</p><p>&nbsp;Esa fidelidad, afirma, no se gana con grandes discursos, sino con hechos: con respeto, con compromiso y con una sonrisa. “Acá todos los chicos la tienen bien clara, porque se sienten identificados con el negocio. Eso es lo que hace la diferencia”.</p><p>&nbsp;</p>Un maestro de oficio y de vida<p>&nbsp;Marcelo reconoce que aprendió todo de la familia Bossa. “Cuando comencé, fueron seis o siete meses de aprendizaje muy valiosos. Aprendí para qué sirve cada pieza, cada cosita. Pero fue fácil aprender con estos maestros”, recuerda con gratitud.</p><p>&nbsp;Hoy, después de casi cuatro décadas, sigue siendo él quien enseña. No con discursos, sino con el ejemplo cotidiano, con la misma humildad de quien entiende que trabajar bien es también una forma de agradecer.</p><p>&nbsp;Y así, el “Burro Navarro” sigue siendo, sin proponérselo, una figura indiscutible. No solo del comercio, sino del corazón de una empresa que creció junto a él. Un hombre que representa la confianza, el compromiso y la calidez que todo negocio necesita para mantenerse en pie durante tanto tiempo.</p><p>&nbsp;Porque si en San Francisco alguien menciona “Todo Sanitarios”, no hay duda: todos piensan en él. En el “Burro”. El de siempre. El que está detrás del mostrador con una sonrisa, un chiste, una solución y un corazón trabajador. El alma de un negocio que, desde hace 39 años, late al mismo ritmo que su humor y su entrega.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/NnZim8wAitNcv65FLhgF3GyjyYc=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/10/burro_navarro_2.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Con 55 años y casi cuatro décadas en Todo Sanitarios, Marcelo Daniel “Burro” Navarro es mucho más que un empleado de comercio: es el alma del negocio, la voz amiga que todos reconocen y el rostro que representa los valores de confianza, compromiso y pertenencia.]]>
                </summary>
                                                <category term="posta" label="Posta" />
                                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-10-25T13:00:00+00:00</published>
    </entry>
    </feed>