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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-08-22T12:46:35+00:00</updated>
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            Cuando hablar también es prevenir: la mirada de Ricardo Gallegos sobre las adicciones
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/m3Rv5LWt14D95hQxns8v40hvdWA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ricardo_daniel_gallegos.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Ricardo Daniel Gallegos trabaja como enfermero y supervisor en la Clínica Privada de Psiquiatría de San Francisco. También es docente en el Instituto Madre Teresa de Calcuta, donde está a cargo de la asignatura Enfermería en Salud Mental, y se formó como operador terapéutico en adicciones. Su acercamiento específico a esta problemática surgió a partir de su trabajo cotidiano con pacientes que presentaban trastornos vinculados al consumo de sustancias.</p><p>Según contó a POSTA/LA VOZ DE SAN JUSTO, hace aproximadamente cuatro o cinco años comenzó a advertir que dentro de la institución en la que trabaja ingresaban pacientes con algún trastorno de consumo de sustancias y que, como enfermero, no contaba con suficientes herramientas para abordar esas situaciones. Esa necesidad lo llevó a capacitarse en Córdoba, en el Sanatorio Morra y también en una institución vinculada al abordaje de los consumos.</p><p>“No tenía herramientas y dije: tengo que hacer algo, tengo que empatizar más con este tipo de pacientes”, explicó Gallegos al recordar que lo llevó a especializarse. Para él, esa formación significó también comprender una cuestión que considera central para abordar las adicciones: quienes atraviesan un consumo problemático son pacientes y tienen derechos, al igual que cualquier otra persona que atraviese una enfermedad.</p><p>“Un paciente con algún consumo de sustancias tiene los mismos derechos que otro paciente, sea clínico o sea también de la salud mental”, sostuvo. En ese sentido, cuestionó los prejuicios que suelen aparecer alrededor de las personas que consumen y planteó que muchas veces la sociedad las juzga por su situación sin considerar que se trata de una problemática de salud.</p><p>Gallegos utilizó como ejemplo la comparación con otras enfermedades. Mientras una persona con diabetes suele ser identificada socialmente como alguien que atraviesa una enfermedad clínica, explicó, una persona con una adicción muchas veces es mirada desde el prejuicio. “Decimos: ¿por qué consumió?”, señaló, al describir una forma de abordar la problemática que, según su mirada, termina dejando de lado las necesidades concretas del paciente.</p><p>La capacitación, relató, le permitió incorporar herramientas relacionadas con la empatía, el diálogo y el acompañamiento. &nbsp; “La familia también va sufriendo paralelamente al paciente”, explicó. Por eso considera fundamental que el acompañamiento alcance al entorno y que tanto la persona que atraviesa una adicción como sus familiares puedan encontrar espacios donde recibir orientación.</p><p>La falta de empatía y el estigma aparecen, para Gallegos, como dos obstáculos importantes. Considera que todavía existe una tendencia a prejuzgar y discriminar a quienes tienen algún trastorno por consumo de sustancias. A eso se suma algunas dificultades para los profesionales. “Hoy en día muchos profesionales de la salud no tenemos las herramientas para abordar a un paciente con algún trastorno de consumo de sustancias”, afirmó. Frente a esa realidad, sostiene que la formación permanente resulta necesaria. Para Gallegos, los profesionales deben continuar adquiriendo conocimientos y recursos que permitan acompañar tanto a los pacientes como a las familias.</p><p>Las recaídas y la frustración son otro de los aspectos que considera necesario trabajar. En un proceso de recuperación, explicó, pueden producirse recaídas y eso puede generar frustración tanto en la persona que atraviesa el consumo como en su familia y en los propios profesionales que la acompañan.</p><p>Frente a esas situaciones, plantea la necesidad de construir una red de apoyo. “Tenemos que crear una red para evitar esto, para que las personas se sientan contenidas”, sostuvo. En esa red ubica a enfermeros, operadores terapéuticos, médicos, psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales, entre otros profesionales que puedan intervenir de manera conjunta.</p><p>Para Gallegos, el objetivo es que una recaída no signifique el abandono del proceso. Por el contrario, considera que en esos momentos es especialmente importante que el paciente se sienta escuchado y que la familia también tenga acompañamiento para poder atravesar la situación.</p><p>¿Qué puede hacer una familia cuando advierte que uno de sus integrantes atraviesa un consumo problemático? Para Gallegos, lo primero es acompañar, guiar y buscar ayuda. Considera importante acercarse a los centros de contención disponibles y procurar que la persona no quede aislada.</p><p>En ese punto también aparece una dificultad concreta: el acceso. Según explicó, no todas las familias cuentan con una obra social, recursos económicos o posibilidades de acceder a una institución privada. Esa situación puede hacer que algunas personas se alejen de los espacios de atención que necesitan.</p><p>No todas las sustancias generan las mismas consecuencias, pero Gallegos remarcó que el abordaje debe contemplar la problemática de la adicción en su conjunto. También amplió el concepto de adicciones y señaló que no todas están relacionadas exclusivamente con sustancias. En su mirada, los consumos y determinadas conductas vinculadas con la tecnología también requieren atención y contención.</p><p>En todos los casos, considera que es importante intervenir antes de que la persona llegue a una situación límite. “No hay que dejar que el paciente o el familiar toque fondo”, planteó, al remarcar la importancia de la prevención y de una intervención temprana.</p><p>Actualmente, Gallegos realiza charlas de manera particular y busca un espacio físico donde poder desarrollar encuentros de orientación y prevención. Su intención es crear un espacio comunitario que pueda funcionar como un eslabón dentro de la red de atención existente.</p><p>La propuesta, explicó, estaría destinada no solamente a quienes atraviesan una problemática de consumo, sino también a sus familias. El objetivo sería acompañar a quienes necesitan una primera orientación, a quienes no pueden acceder a una institución privada o a quienes necesitan continuar un proceso de acompañamiento.</p><p>Las denominadas granjas de recuperación también forman parte de los caminos posibles para quienes necesitan continuar un proceso de rehabilitación. Gallegos considera que pueden ser una alternativa, aunque aclaró que existen diferentes modalidades. Algunas tienen una orientación religiosa y otras están relacionadas con la espiritualidad.</p><p>Sin embargo, señaló una dificultad que observa en este tipo de instituciones: la falta de cupos. Según contó desde su experiencia laboral, en la clínica donde trabaja se realizan procesos de desintoxicación para luego derivar a los pacientes a una granja, pero en determinadas ocasiones las listas de espera pueden extenderse durante meses.</p><p>Esa demora, explicó, representa una dificultad adicional para las personas que necesitan continuar con su proceso de recuperación y buscan un lugar donde hacerlo. La falta de disponibilidad de espacios se convierte así en una de las dificultades que atraviesan tanto los pacientes como sus familias.</p><p>&nbsp;</p>En la ciudad, las adicciones crecen<p>En San Francisco, Gallegos observa un crecimiento de la problemática. Según su percepción, los consumos atraviesan distintos sectores sociales y diferentes edades. También señaló que cada vez observa personas más jóvenes involucradas en situaciones de consumo.</p><p>Al ser consultado sobre cuándo comenzó a notar un incremento más marcado, ubicó el crecimiento más visible en los últimos cuatro o cinco años. Sin embargo, aclaró que la problemática de las adicciones “siempre estuvo” y que durante mucho tiempo pudo haber existido temor a hablar sobre ella.</p><p>“Como comunidad yo creo que debemos comprender que nadie debería quedarse solo frente a una problemática como esta de consumo”, expresó.</p><p>¿Una persona que tuvo una adicción es adicta para toda la vida?</p><p>Para el profesional, la respuesta está relacionada con la propia concepción de la adicción como una enfermedad. “El adicto sigue siendo adicto”, afirmó, y explicó que el objetivo es mantener a la persona cuidada y protegida para evitar recaídas.</p><p>Según su mirada, existen personas rehabilitadas que llevan años sin consumir, pero considera que la contención continúa siendo importante. En ese proceso, la familia puede ocupar un lugar central, aunque el acompañamiento también puede involucrar a profesionales y otros integrantes de la red de apoyo.</p><p>“La recuperación no debería entenderse como un momento aislado sino como un proceso que requiere continuidad. El acompañamiento posterior, la prevención de recaídas y la presencia de una red sólida forman parte de ese camino”, agregó.</p><p>En definitiva, Gallegos plantea que la prevención comienza mucho antes de una internación o de un tratamiento: comienza con la posibilidad de hablar, escuchar y reconocer que existe una problemática. Y también con la construcción de redes que permitan que nadie tenga que atravesarla en soledad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/m3Rv5LWt14D95hQxns8v40hvdWA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/08/ricardo_daniel_gallegos.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El enfermero, supervisor de una clínica privada de psiquiatría y operador terapéutico en adicciones, Ricardo Daniel Gallegos, habló con POSTA sobre la prevención y el acompañamiento frente a los consumos problemáticos. Desde su experiencia en San Francisco, advirtió sobre el crecimiento de esta problemática, el impacto en las familias y la necesidad de fortalecer las redes de atención y contención en la ciudad.]]>
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