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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-10-03T11:43:23+00:00</updated>
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            “Ahora no hay plan que no diga que sí”: el nuevo comienzo de Romina Finetti tras una cirugía del corazón
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aIYPI3_p1YwyxJpZfhE4Cx2Az9E=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/10/romina_finetti.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Baltazar Furnari | LVSJ<p>A los 32 años, Romina Finetti tuvo que enfrentarse a una operación del corazón que cambiaría su manera de mirar la vida. El 26 de noviembre de 2025 fue intervenida por una afección congénita de la válvula mitral, un diagnóstico que llegó de manera inesperada y que, con el tiempo, permitió explicar síntomas que durante años había atribuido al estrés o al cansancio.</p><p>Hoy, a casi un año de aquella intervención, la mujer de 33 años y mamá de dos chicos de 11 y 7 años continúa entrenando, pero con una capacidad física que antes no tenía. La cirugía le permitió realizar actividades que durante años le habían representado un esfuerzo y, al mismo tiempo, revisar prioridades y valorar aspectos cotidianos que antes podían pasar inadvertidos.</p><p>“Fue como un nuevo comienzo”, expresó en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO al recordar todo el proceso. Fueron meses atravesados por la incertidumbre previa a la operación, la distancia de sus hijos durante la internación y una recuperación que le permitió descubrir nuevas posibilidades en su vida cotidiana.</p>Un diagnóstico inesperado<p>El problema cardíaco de Romina se descubrió hace aproximadamente tres años y medio, durante los estudios previos a otra cirugía. Una ecografía detectó un prolapso de la válvula mitral, una afección congénita que hasta ese momento desconocía.</p><p>“Yo tengo el recuerdo que a los 18 años tenía falta de aire, taquicardia de la nada. No podía hacer ningún deporte o esforzarme porque me quedaba sin aire”, cuenta. También recuerda que, después de algunos esfuerzos, le temblaban las manos y le subía la presión.</p><p>Durante mucho tiempo, esos síntomas fueron atribuidos al estrés y la ansiedad. Incluso había atravesado dos cesáreas con hipertensión, aunque nunca le habían detectado el problema cardíaco.</p><p>Después del hallazgo, comenzó a realizar controles periódicos en Córdoba. En un primer momento, los médicos le explicaron que podía convivir con esa condición, pero que, si avanzaba, sería necesario intervenir. Con el seguimiento, la afección progresó hasta que, en septiembre de 2025, recibió la indicación de operarse.</p><p>Por su edad, el objetivo era reparar su propia válvula y evitar colocar una mecánica, que requiere controles y puede necesitar recambios. Su médico la derivó a un instituto especializado de Buenos Aires, y tras la consulta recibió una fecha para la cirugía, prevista para unas tres semanas después.</p><p>“Yo quería operarme enseguida. Sentía que era como una mochila, que vos sabés que tenés que pasar y no te queda otra”, recuerda sobre aquellos días de espera.</p>&nbsp;La distancia de sus hijos<p>La preparación para la intervención también tuvo una dimensión emocional. Romina viajó a Buenos Aires acompañada por su pareja y su suegra, mientras sus hijos quedaron en San Francisco al cuidado de su mamá. La incertidumbre ante la cirugía la llevó a pensar en su familia y en los valores que quería transmitirles.</p><p>“Lo más difícil era dejar a mis hijos. Todos me decían que era joven y que iba a salir todo bien, pero yo también pensaba en lo que podía pasar. Aunque tenía optimismo, eso te mueve el piso”, reconoce.</p><p>Durante la internación, el acompañamiento de sus seres queridos fue constante a través de mensajes y videollamadas. Sin embargo, la distancia y la incertidumbre de ingresar a un quirófano hicieron que esos días fueran especialmente difíciles.</p><p>La operación se realizó un miércoles y el domingo recibió el alta. La recuperación fue rápida y, finalmente, pudo regresar a San Francisco para festejar el cumpleaños de uno de sus hijos. Volver a su casa, reencontrarse con su familia y recuperar su entorno cotidiano tuvo un significado especial después de todo lo vivido.</p>&nbsp;Volver a hacer lo que antes costaba<p>Romina sintió que la operación marcaría un antes y un después, aunque reconoce que ese cambio se fue construyendo con el tiempo. “Yo sentía que esa operación iba a ser como una bisagra”.</p><p>También notó una transformación en su manera de vivir las emociones. “Cuando te tocan en el corazón, quedás sensible”, dice, al contar que comenzó a emocionarse por distintas situaciones y a replantearse cómo estaba viviendo.</p><p>La recuperación física fue otro de los cambios más notorios. Durante tres meses tuvo que evitar los ejercicios de fuerza y cuidarse, hasta que recibió autorización médica para volver a la actividad física, con un cierto control. Después se sumó al running y la calistenia. Antes de la cirugía, correr apenas 100 metros ya representaba un esfuerzo importante. “Hacía 100 metros corriendo y 100 caminando y era todo lo que podía hacer, no podía dar más”, recuerda.</p><p>En junio, siete meses después de la intervención, participó de su primera carrera de cinco kilómetros. Haber completado ese recorrido fue una experiencia significativa, especialmente al compararla con las limitaciones que había tenido durante años.</p><p>“Ahora, como no me quedo más sin aire, no hay plan que no diga: ‘Sí, me prendo’”, cuenta. Después de esa primera carrera, comenzó a pensar en un nuevo objetivo: participar en una prueba de diez kilómetros. Ciertas actividades que antes le resultaba difícil, hoy ocupa un lugar importante en su vida.</p>Después de la cirugía, correr se convirtió en una de sus actividades preferidas.Escuchar al cuerpo y hacerse controles<p>En el marco del Día Mundial del Corazón, Romina pone el acento en la importancia de prestar atención a los síntomas y no postergar las consultas médicas. “Hay que saber escuchar. Por ahí uno está en automático y no se detiene a sentir lo que realmente le pasa”, reflexiona. Y agrega: “Hay momentos que el cuerpo te está hablando y te pide ayuda”.</p><p>En su caso, los análisis de sangre y los electrocardiogramas habían dado bien, pero nunca se había realizado una ecografía cardíaca hasta que el estudio previo a otra cirugía permitió descubrir el problema.</p><p>Por eso, recomienda hacerse tiempo para los controles generales y consultar ante síntomas que se repiten. “Creo que no hay tanta conciencia de decir: ‘Una vez al año me hago un control general, no solamente un análisis de sangre’”, señala.</p><p>Su mensaje, a partir de la experiencia, es concreto: “Que se hagan los controles, que es re importante para prevenir”. Porque, como resume, ante la salud es preferible ocuparse antes que lamentarse después.</p><p>A casi un año de la operación, Romina reconoce que aquella experiencia marcó un antes y un después. Hoy corre carreras y entrena con una capacidad que antes no tenía, y actividades que durante años le representaron un esfuerzo ahora forman parte de su vida cotidiana de otra manera. Pero el cambio no fue solamente físico: también aprendió a detenerse, escuchar su cuerpo y valorar de otra forma el tiempo, los vínculos y esos pequeños momentos que antes podían pasar inadvertidos. Lo que comenzó con una cirugía que la llenó de incertidumbre terminó convirtiéndose, como ella misma lo define, en un nuevo comienzo.</p>]]>
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                <published>2026-10-03T11:42:31+00:00</published>
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