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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-11-06T13:00:05+00:00</updated>
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            Pablo Jaluf, de la parroquia al altar papal: “Esta experiencia reafirma mi decisión de ser sacerdote”
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/kMdyJZgqe1KCDnDLOwhO5FOJAJo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/11/pablo_jaluf_6.webp" class="type:primaryImage" /></figure>Por Cecilia Castagno | LVSJ&nbsp;<p>&nbsp;</p><p>Pablo Elías Jaluf es un sanfrancisqueño de 40 años que está a punto de vivir uno de esos momentos que quedan para siempre en la memoria y, sobre todo, en el corazón. Seminarista, cursa el séptimo año de formación inicial y se encuentra transitando una etapa diferente de su preparación: después de los primeros seis años dentro del Seminario, comenzó su experiencia pastoral en parroquias de la diócesis.</p><p>&nbsp;Su camino hacia el sacerdocio no fue lineal ni comenzó en la adolescencia con una decisión definitiva. Las primeras inquietudes aparecieron durante los últimos años de la escuela secundaria, pero entonces eligió otro rumbo. Estudió gastronomía, se especializó en panadería, trabajó y viajó por distintos lugares de Latinoamérica. La pregunta sobre su vocación, sin embargo, nunca desapareció del todo. Quedó guardada, como él mismo cuenta, en un cajoncito de su vida, hasta que cerca de los 30 años volvió a hacerse presente con una fuerza que ya no pudo ignorar.</p><p>&nbsp;A los 33 años tomó la decisión de ingresar al Seminario Mayor Nuestra Señora de Loreto, en Córdoba. Dejó atrás una vida independiente, un trabajo y una intensa actividad social para comenzar una formación que combina estudio, oración, discernimiento y servicio. Hoy, mientras se prepara para los últimos pasos antes de la ordenación diaconal, vive en la parroquia Nuestra Señora del Rosario, de Freyre, y en San Isidro Labrador, de Porteña.</p><p>&nbsp;La visita del papa León XIV a Córdoba le regalará ahora una experiencia excepcional. El domingo 25 &nbsp;recibió el Ministerio del Acolitado, vinculado al servicio del altar, y tendrá la responsabilidad de colaborar en la celebración eucarística que presidirá el Pontífice en Fadea (Fábrica Argentina de Aviones "Brigadier San Martín"). Para él, no se trata solamente de participar de un acontecimiento histórico, sino de vivirlo desde un lugar profundamente ligado a su vocación.</p><p>Con emoción, reconoce que la magnitud de lo que está por suceder todavía resulta difícil de dimensionar. Pero hay algo que sí tiene claro: la experiencia es un regalo y una responsabilidad que recibe con gratitud. Y, por encima de todo, una confirmación del camino que eligió.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Cómo llegar a vivir la experiencia de participar de una misa junto al papa León XIV en Córdoba?</p><p>El domingo pasado, en Porteña, recibí un ministerio que se llama el Ministerio del Acolitado. Ese ministerio es todo lo que concierne al servicio del altar: preparar el altar para que el sacerdote, en este caso, ¡qué orgullo voy a tener de que sea el Santo Padre!, presida la Eucaristía; preparar el altar y después purificar los vasos sagrados. Todo lo que es el servicio del altar. Lo recibí el fin de semana pasado, el 25, en Porteña, en una de las parroquias donde estoy haciendo mi experiencia, y ahora, entre comillas, lo estreno con el papa León en Fadea, donde la misa será multitudinaria e histórica desde las 10.</p><p>&nbsp;</p>“Es un regalo de Dios y una experiencia que voy a llevar siempre en mi corazón”, contó Jaluf.<p>- ¿Qué sentiste al saber que ibas a estar tan cerca del Santo Padre?</p><p>Somos un grupo de más o menos unos 20 seminaristas, y ahí creo que son ocho diáconos, que ya están un pasito más adelantados, más cerca del sacerdocio. El resto somos seminaristas: algunos con el Ministerio del Acolitado, otros con el Lectorado, otros admitidos, que son distintos pasos en la formación. Primero sentí un orgullo y una responsabilidad tremenda. Me encantó, pero a la vez dije: “¡Ay, Señor, qué grande que es esto!”. El sábado hubo un ensayo general de todos los voluntarios, con las indicaciones en el campo, en Fadea. Nos han pasado fotos y todo es grande, pero inconmensurable. Nosotros no tomamos dimensión hasta que llegue el viernes y el sábado de esta semana. Ya vamos a ir para allá y vamos a estar viendo todo ahí, in situ. Pero es todo grande, todo, todo grande. El escenario tiene 50 metros de frente por 30 de fondo, las escaleras tienen 15 metros, el escenario para el coro, todas las pantallas... Todo es gigantesco.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Sientes que esta experiencia reafirma tu decisión de ser sacerdote?</p><p>Sí, seguramente. Es un regalo, es un don que recibo de Dios: primero, la vocación, y segundo, esta enorme responsabilidad de estar sirviendo al Santo Padre. Así que sí, realmente sí. Es un detalle que el Señor tiene conmigo y que agradezco. Lo llevo también a mi oración.</p><p>- ¿Qué mensaje de León XIV consideras más importante para los seminaristas y futuros sacerdotes?</p><p>León, cuando habla a los seminaristas, primero nos pide, al igual que el papa Francisco y todos los pontífices, lo mismo: el tema de la fidelidad. Que seamos fieles al Evangelio, a Jesucristo y, sobre todo, al pueblo de Dios, por el cual nosotros nos formamos, nos consagramos y dedicamos nuestra vida, llevándole la buena noticia, la buena nueva, el Evangelio de Jesucristo al pueblo de Dios. Esa fidelidad es fundamental.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Qué crees que puede aportar su figura a los jóvenes que se están formando en la Iglesia?</p><p>Me parece que el gran aporte es la fidelidad y esta mirada que tiene León sobre los nuevos sacerdotes y los que nos estamos formando para llegar al sacerdocio. No verlo como algo propio, como un mérito por la persona que sos, sino como una preparación para servir. Sos puente para.</p><p>Yo siempre lo pensé así: es un privilegio. No un privilegio propio, sino el privilegio de servir a la Iglesia para que todos puedan vivir esta Eucaristía, este mensaje que seguramente León nos va a traer como pueblo argentino. El papa Francisco nos decía: “Todos, todos, todos”. Y me parece que esa es también la idea: estar al servicio para que todos puedan acercarse y ser parte.</p><p>“Al enterarme sentí un orgullo y una responsabilidad tremenda. Me encantó, pero a la vez dije: ‘¡Ay, Señor, qué grande que es esto!’”.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Cómo es hoy ser un joven que elige el sacerdocio en una sociedad donde muchas veces la religión parece haber perdido protagonismo?</p><p>Nunca fue fácil la entrega total a Dios en el camino al sacerdocio. Yo creo que los sacerdotes que hoy ya tienen un par de años tampoco la tuvieron fácil. Pero me parece que hoy, con el tema de la comunicación, el mensaje es mucho más cercano. Antes, a lo mejor, al cura o a los religiosos los veías mucho más lejanos. En cambio, hoy ves a nuestras hermanas religiosas: algunas corren, otras cantan, las ves en la televisión. Es como que lo religioso pasó por eso y está mucho más cercano. Y es un desafío. Un desafío que todos tenemos. La vocación te consume por completo, te pide el 100% en la entrega total. Pero es un desafío. Me parece que Dios sigue llamando en cuanto a lo vocacional. Yo siempre digo, cuando tengo oportunidad de dar mi testimonio vocacional, que hay que preguntarse cuál es el sueño que tiene Dios para cada uno. Más allá del desarrollo profesional o familiar, decir: “Bueno, Señor, ¿cómo me soñaste vos?”. Primero, seguramente me soñaste feliz. Y si me soñaste feliz, ¿dónde? ¿En lo profesional, acompañando a una familia, en el sacerdocio? ¿Dónde me soñaste feliz? “Señor, yo quiero hacer tu voluntad”, porque seguramente ese es el camino.</p><p>&nbsp;</p>Su camino vocacional<p>- ¿Cuándo descubriste que querías dedicar su vida al sacerdocio? ¿Cómo fue ese proceso de discernimiento? ¿Tuviste dudas o momentos en los que pensaste que ese no era su camino?</p><p>Mis primeras inquietudes vocacionales las habré tenido más o menos en cuarto o quinto año del secundario.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Ibas a un colegio católico?</p><p>No. Yo recibí mi primera comunión en catequesis, cuando estaba en cuarto grado, en el año 1997. Después hice la confirmación en 2022. Como familia, mis padres habían optado por la catequesis familiar. Entonces íbamos a misa los cuatro, en ese momento. Era misa dominical, nada más. Después sí, tuve inquietudes propias. Fui creciendo, me empecé a acercar a una parroquia acá en San Francisco, Nuestra Señora de la Consolata, donde estaban unos sacerdotes de una congregación, los padres Barnabitas, y empecé a hacer un discernimiento con ellos. Pero tenía 17 o 18 años, terminé el secundario y me parecía que no era para mí en ese momento. Y no tengo ningún tapujo en decirlo: medio que arrugué. Hubo una duda. Y es como que puse esa inquietud en un cajoncito de mi vida. Después estudié, estudié algo que no tenía nada que ver: gastronomía. Me especialicé, después en panadería, viajé por varias partes de Latinoamérica. Sin embargo, la cuestión de ir los domingos a misa siempre estaba.</p><p>Cuando estaba por cumplir los 30, la famosa, entre comillas, crisis de los 30 fue la que me hizo replantear esta pregunta que yo hacía antes, la que les hago a los jóvenes: “¿Cómo me sueña Dios? ¿Cómo me soñó Dios?”. Y descubrí que mi felicidad, mi plenitud, mi estilo de vida iban más por el lado religioso. Hice un discernimiento de casi tres años y ya con 30 años fue un desafío, porque yo vivía solo en un departamento, tenía mi vida social, tenía trabajo y tuve que dejar eso y aventurarme. La pregunta de fondo que tenía siempre era: “Yo no quiero llegar a los 40, 50 o a una etapa de mi vida y decir: ¿por qué no lo intenté?”. Esa era mi gran pregunta. Porque si Dios me llamaba para esto y yo le decía que no, seguramente iba a encontrar la felicidad lo mismo, porque Dios nos quiere felices siempre, pero a lo mejor no pleno. Y yo en esta vocación, en la entrega total al sacerdocio, a la Iglesia, al pueblo de Dios, encuentro la plenitud.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Qué es lo que más te cuesta y qué es lo que más disfrutas de la vida en el seminario?</p><p>En el seminario, lo que más me costaba era la diferencia de edad. Yo entré con 33 años y tenía compañeros de 18. Era mucha la diferencia de edad. Las prioridades son otras, las responsabilidades que cada uno afronta en su vida son otras. Yo ya había trabajado, había tenido mi experiencia. Como decía, si el Señor me quiere para esto, me tiene que mostrar este camino. Venía de una vida social muy activa. Además, cuando entré, en 2020, a los 15 días nos mandaron de vuelta por la pandemia, porque teníamos que hacer la cuarentena. Ese fue un gran desafío. Pero después, yo creo que para mí volver a estudiar con 33 años también fue difícil. Volver a estudiar Filosofía, dos años de filosofía, tres de Teología... Yo dije: “¡Ay, Señor!”. Pero me iba acompañando día tras día con la constancia, las horas de estudio y la dedicación. Me costó, pero hoy, con el paso del tiempo, te digo que fue todo gracia. Fue todo gracia.</p><p>- ¿Cómo imaginas el día en que finalmente seas ordenado sacerdote?</p><p>Ese día seguramente me temblarán bastante las piernitas. Como conté antes, el domingo 25 recibí este Ministerio del Acolitado, que es el paso previo a recibir la ordenación diaconal, que, si Dios quiere, será el año que viene. Estoy en el anteúltimo paso, vamos a decirlo así.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Qué Iglesia te gustaría ayudar a construir cuando llegue el momento de ejercer tu ministerio?</p><p>Tenemos nuestra diócesis y tenemos varias parroquias que están necesitadas de la presencia de sacerdotes. Hay varias comunidades donde dos o tres pueblos tienen un solo sacerdote. Yo estoy en Freyre y en Porteña: son dos comunidades y hay un solo sacerdote. Entonces, hay necesidades por todos lados. Pero bueno, la que seguramente tendré que hacer propia y nos tendremos que ir acomodando de uno y del otro lado es esa tarea de llevar a Dios, sobre todo a los que están más alejados.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Qué les dirías a otros jóvenes?</p><p>Puede ser a las nuevas generaciones, pero también a aquellos a quienes a lo mejor nosotros, como Iglesia, alguna vez les hicimos algún tipo de daño. Hay mucha gente herida. También hay que acercarse a esas personas, incluirlas y saber que la Iglesia somos todos, que Dios nos quiere a todos.</p><p>Ser parte de la Iglesia no es solamente el bautismo, la comunión… También somos una comunidad. Eso me parece bastante importante: acercarse a estas personas que a veces están alejadas, en algunos casos por situaciones que vivieron con la propia Iglesia. Las nuevas generaciones, sin duda, no son el futuro, son el presente. Entonces hay que acercarse. Hay oportunidades en las nuevas generaciones.</p><p>&nbsp;</p><p>- ¿Qué significado tendrá este recuerdo cuando celebres tu primera misa como sacerdote?</p><p>La última visita de un Papa la tuvimos hace 39 años. Me parece que va a ser un recuerdo que va a dar vuelta siempre en mi corazón. Sobre todo, agradecimiento. Sí, agradecimiento. Somos una veintena de seminaristas que vamos a servir. Somos seminaristas que nos formamos acá, en el Seminario de Córdoba, y también de algunas congregaciones. Hay hermanos salesianos. Entonces, en esta veintena que fuimos convocados, se abre también la participación a otros seminarios y congregaciones, para que la presencia sea de toda la Iglesia. De toda la Iglesia, sí. Lo voy a llevar siempre en la memoria. Un recuerdo de total agradecimiento. Total agradecimiento y dando gracias a Dios por este momento.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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