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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-07-25T12:52:09+00:00</updated>
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            Sandra Valdemarín: &quot;Incorporé a la biblioteca como una parte más de mí&quot;
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lZSWLMD4DZmGIeS8z_mv8THFyHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/sandra_valdemarin_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Hay historias que comienzan con un cargo, una elección o una responsabilidad institucional. La de Sandra Valdemarín empezó mucho antes, cuando apenas era una niña que descubría el placer de leer. No hubo un hecho extraordinario ni una escena puntual que marcara ese inicio. Simplemente, en su casa los libros formaban parte de la vida cotidiana y la lectura era un hábito tan natural como cualquier otro.</p><p>Ese vínculo temprano terminó moldeando buena parte de su recorrido personal y profesional. Primero como estudiante, luego como profesora de Historia y, con el paso de los años, como una de las personas que más tiempo y esfuerzo dedicó a sostener el Centro Cultural y Biblioteca Popular San Francisco, una institución que este año celebrará su centenario.</p><p>"La lectura tiene que ver un poco con lo que uno elige. Cuando uno arranca de jovencito a leer, mucho depende del ámbito familiar. Leer en tu casa es lo más importante. Yo leía todo, hasta los fascículos de las colecciones. Después fui desechando qué me gustaba y qué no", destacó a Posta.</p><p>Aquellos primeros años estuvieron marcados por una curiosidad permanente. Mientras otros chicos encontraban entretenimiento en distintas actividades, ella elegía abrir un libro. Con el tiempo comenzó a seleccionar autores, temas y géneros. La Historia ocupó un lugar central, impulsada también por la profesión que eligió, aunque nunca dejó de ampliar el horizonte hacia otras lecturas.</p><p>Su llegada a la Biblioteca Popular de San Francisco tampoco fue producto del azar. Antes de radicarse en la ciudad ya era socia de la Biblioteca Cultura y Progreso de Morteros, su lugar de origen. Cuando se mudó, sintió que debía volver a encontrar ese espacio que siempre había acompañado su relación con los libros.</p><p>Durante muchos años fue simplemente una usuaria más. Entraba, recorría los estantes, retiraba algún ejemplar y volvía a su rutina. Nunca imaginó que algún día terminaría presidiendo la institución. "Hace más de treinta años que vengo a la biblioteca. Desde que llegué a San Francisco me hice socia y seguí viniendo siempre. Primero era solamente buscar libros; después el compromiso fue exigiendo otras cosas", comentó a Posta/LA VOZ DE SAN JUSTO.</p><p>Ese compromiso comenzó a crecer cuando realizaba una investigación académica para una tesis. El trabajo analizaba cómo circula la información dentro de distintos espacios de la comunidad y uno de los casos elegidos fue precisamente la biblioteca. Lo que inicialmente era una investigación universitaria terminó convirtiéndose en una mirada mucho más profunda sobre el funcionamiento de la institución. A medida que avanzaba en ese trabajo fue encontrando una realidad que no esperaba. Detrás de las estanterías repletas de libros aparecían problemas administrativos, dificultades económicas y una organización que atravesaba uno de los momentos más delicados de su historia.</p><p>"Estoy hablando de 2008, 2009 y 2010. Ahí empiezo a ver las problemáticas de la biblioteca: cuestiones administrativas, de gestión, balances que no se presentaban y muchas dificultades para sostener el funcionamiento cotidiano", recuerda.</p><p>Lo que ocurrió después fue casi espontáneo.</p><p>"No me involucré sola. Se armó un grupo de gente espectacular. Había profesores, arquitectos, docentes, amas de casa y vecinos. Todos entendimos que la biblioteca necesitaba ayuda y empezamos a reunirnos para ver qué podíamos hacer", recordó.</p>La decisión de involucrarse<p>A medida que avanzaban las reuniones, Sandra y el resto del grupo fueron descubriendo que la situación era incluso más delicada de lo que imaginaban. No se trataba únicamente de balances pendientes o de cuestiones administrativas sin resolver. Había problemas estructurales que comprometían el funcionamiento de la institución y ponían en riesgo su continuidad.</p><p>"En ese momento la biblioteca tenía una situación muy crítica. Había tres o cuatro años que no se hacían balances, no se daban a conocer las cuentas a los socios y había una estructura que generaba gastos que la institución no podía sostener", destacó.</p><p>No habla desde el dramatismo, sino desde la memoria. Han pasado más de quince años de aquellos acontecimientos, pero todavía recuerda la incertidumbre de esos días. La posibilidad de perder la personería jurídica y hasta el cierre definitivo dejaron de ser rumores para convertirse en una amenaza concreta.</p><p>Fue entonces cuando un grupo de socios decidió dejar de ser solamente usuarios de la biblioteca para asumir una responsabilidad mucho mayor. "Nos empezamos a juntar fuera de la biblioteca. Éramos personas muy distintas entre nosotros, pero todos coincidíamos en que había que salvarla. Así nació ese grupo que después terminó haciéndose cargo de la institución", cuenta. Aquella movilización desembocó en una asamblea que marcó un antes y un después en la historia de la institución.</p><p>Hace apenas unos meses se jubiló como profesora de Historia. Durante décadas debió repartir su tiempo entre la docencia, la familia y el trabajo voluntario dentro de la biblioteca. Ahora dispone de más horas para dedicarle a una institución que, según reconoce, forma parte de su vida cotidiana.</p><p>"Aunque sea vengo a ver a las chicas que están trabajando, a charlar un rato o a ver qué hace falta. Es un lugar de encuentro, de tranquilidad, donde hablamos de libros, compartimos lecturas y pensamos actividades", cuenta.</p><p>Esa idea de encuentro es la que, según Sandra, explica por qué la biblioteca sigue teniendo sentido en una época en la que muchas personas creen que todo puede resolverse desde una pantalla. Lejos de ser un sitio silencioso dedicado únicamente al préstamo de libros, el edificio mantiene una intensa actividad cultural durante todo el año. Presentaciones de libros, talleres, música, cine, debates y exposiciones conviven con la función tradicional de cualquier biblioteca popular.</p><p>La institución también mantiene una renovación permanente de su patrimonio bibliográfico. Sandra calcula que actualmente poseen más de 40.000 ejemplares, aunque reconoce que resulta difícil establecer una cifra exacta porque continuamente ingresan nuevos títulos y otros dejan de formar parte del catálogo.</p><p>"Todos los años incorporamos alrededor de 180, 200 o 250 libros nuevos. También se hace un expurgo de materiales que ya cumplieron su ciclo. La biblioteca está viva, se renueva constantemente. Esa imagen me parece importante porque mucha gente cree que es un lugar oscuro, viejo, detenido en el tiempo, y no es así", afirmó.</p><p>Esa renovación también puede verse en el edificio. Los murales que hoy llaman la atención de quienes pasan por la vereda fueron posibles gracias al compromiso de artistas que ofrecieron su trabajo de manera desinteresada.</p>El privilegio de llegar a los cien años<p>Mientras conversa, la actividad en la biblioteca no se detiene. Hay presentaciones de libros, talleres, reuniones y una agenda cargada de propuestas para celebrar un acontecimiento muy especial: los 100 años de la institución.</p><p>Sandra habla del aniversario con emoción. No solamente porque le toca presidir la comisión en este momento, sino porque conoce el recorrido que hubo que hacer para llegar hasta aquí.</p><p>"Es un privilegio que nos toque estar trabajando justo cuando la biblioteca cumple cien años. Venimos transitando momentos buenos y otros no tanto, como toda institución, pero poder llegar a este aniversario es una enorme satisfacción", afirma.</p><p>Las celebraciones incluyen presentaciones de escritores sanfrancisqueños, espectáculos musicales, charlas sobre libros prohibidos durante distintos períodos de la historia argentina, actividades junto al Cine Club y múltiples propuestas culturales abiertas a la comunidad.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/lZSWLMD4DZmGIeS8z_mv8THFyHg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/07/sandra_valdemarin_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La profesora de Historia recientemente jubilada y presidenta del Centro Cultural y Biblioteca Popular San Francisco, Sandra Valdemarín llegó como lectora y terminó siendo una de las personas que ayudó a rescatar la institución cuando atravesó su peor crisis.]]>
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                <published>2026-07-25T12:52:04+00:00</published>
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            Biblioteca Popular: a un siglo de abrir páginas y abrazar historias
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZGQPwzjwwtQEYfT_8Zt-SnHHd_M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/biblioteca_popular_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por María Laura Ferrero | LVSJ</p><p>En un tiempo donde las pantallas parecen haber ganado terreno y donde las series, las redes sociales y la inmediatez modificaron los hábitos culturales, el Centro Cultural y Biblioteca Popular de San Francisco se preparó para cumplir cien años apostando, justamente, a lo contrario: al encuentro, a la lectura y al valor de las historias compartidas.</p><p>La institución celebrará el próximo 5 de agosto su centenario convertida en uno de los espacios culturales más emblemáticos de la ciudad. Detrás de sus estanterías, sus mesas de ajedrez y sus viejos muebles de madera, sobrevive mucho más que una biblioteca: late una parte esencial de la memoria sanfrancisqueña.</p><p>La presidenta de la comisión directiva, Sandra Valdemarín; la ex presidenta Mirta Romanín de Fornero y la bibliotecaria Analía Botero repasaron junto a LA VOZ DE SAN JUSTO la historia de una institución que atravesó gobiernos, crisis económicas, transformaciones culturales y hasta momentos en los que el edificio estuvo en peligro.</p>A pocos meses de cumplir 100 años, la Biblioteca Popular de San Francisco continúa reinventándose para sostener la lectura y el encuentro cultural en tiempos dominados por las pantallas.<p>“Mi presidencia es circunstancial”, aclaró Sandra apenas comenzó la charla. Pero detrás de esa frase apareció rápidamente el verdadero sentido colectivo que sostuvo a la biblioteca durante décadas: vecinos comprometidos que entendieron que la cultura debía ser un bien común.</p>En tiempos de Sarmiento<p>Aunque oficialmente el Centro Cultural y Biblioteca Popular fue fundado el 5 de agosto de 1926, su historia comenzó bastante antes.</p><p>Según relató Valdemarín, todo surgió a partir de la iniciativa de José Teobaldo, quien empezó a reunir libros y actividades culturales en su propia casa, ubicada en Avellaneda al 270. Aquella experiencia coincidió con los años en que San Francisco comenzaba a consolidar instituciones educativas fundamentales como la Escuela Normal Superior Dr. Nicolás Avellaneda.</p><p>“Primero fue un espacio cultural y después se anexó la biblioteca”, explicó Sandra. Durante años funcionó de manera casi doméstica, sostenida por vecinos interesados en el arte, la literatura y la formación intelectual de la comunidad.</p><p>Los documentos históricos de la institución señalan que el Centro Cultural y Biblioteca Popular fue creado por “un núcleo de jóvenes y amigos entusiastas defensores y aficionados del arte, de la ciencia y de la cultura en general”, quienes buscaban fomentar “el cultivo y el desarrollo de las ciencias, las artes y las letras”.</p><p>Recién en 1926 comenzaron las gestiones formales para obtener la personería jurídica. Ese reconocimiento demoró más de una década, pero marcó el nacimiento oficial de una institución inspirada en el espíritu de las bibliotecas populares impulsadas por Domingo Faustino Sarmiento.</p><p>“La biblioteca popular nace con la idea de estar al servicio de la población”, explicó Valdemarín. “Era una forma de acercar la lectura, el conocimiento y la cultura a la gente”.</p><p>Con el crecimiento de las actividades, el espacio original quedó chico y la institución se trasladó a la sede de la Sociedad Italiana, donde permaneció durante más de veinte años.</p>Los años dorados<p>Las décadas del 40, 50 y 60 fueron tiempos de intensa actividad cultural. Las actas históricas muestran una biblioteca viva, llena de propuestas y con una fuerte participación social.</p><p>Había conferencias, recitales, certámenes literarios, funciones de cine, conciertos y campeonatos de ajedrez. Incluso existían subcomisiones integradas por mujeres de familias tradicionales de San Francisco que organizaban rifas, juegos florales y eventos benéficos para recaudar fondos.</p><p>“Había muchísima gestión cultural”, recordó Sandra. “Venían inspectores de Nación y Provincia para ver cómo funcionaba el centro cultural y biblioteca popular”.</p><p>En aquellos años, además, comenzó a gestarse uno de los grandes sueños institucionales: tener un edificio propio.</p><p>En plena década peronista, la comisión directiva inició gestiones ante el municipio y legisladores provinciales para conseguir un terreno. Finalmente, la Municipalidad cedió el espacio actual de Libertador Norte 159.</p><p>“Todo eso llevó muchos años”, explicó Mirta. “Primero se consiguió el terreno y recién en la década del 70 se construyó el edificio”.</p><p>La inauguración significó un hito para la ciudad. El edificio fue pensado específicamente para funcionar como biblioteca, algo poco habitual para la época.</p><p>Analía recordó aquellos años como una etapa de enorme movimiento cultural. “Yo iba siendo estudiante secundaria. Había conciertos, actividades, se abría el piano de cola y venía muchísima gente”, evocó.</p>El tiempo de las crisis<p>Como tantas instituciones argentinas, la biblioteca también atravesó períodos difíciles.</p><p>Uno de los más críticos llegó hacia fines de los años 80 y comienzos de los 90. La falta de recursos, el deterioro edilicio y la escasa actividad pusieron en riesgo la continuidad del espacio.</p><p>“La biblioteca estaba prácticamente abandonada”, recordó Analía. “No había libros nuevos, no había movimiento”.</p><p>Fue entonces cuando apareció la figura de Salvador Tortosa, convocado junto a otros vecinos por un antiguo jefe de Correo, conocido como Don Paulín. A partir de allí comenzó una lenta recuperación institucional.</p><p>“Con Salvador se encendieron las luces literalmente”, contó entre risas Romanín. “Había problemas eléctricos, estaba todo oscuro”.</p><p>Durante aquella etapa se renovó el sistema de catalogación, se incorporaron computadoras y volvieron a comprarse libros.</p><p>Sin embargo, los años más delicados llegarían tiempo después. En 2008, un trabajo de investigación interno reveló irregularidades administrativas y económicas que derivaron en una asamblea decisiva.</p><p>“Parecía imposible solucionar muchos problemas”, recordó Sandra. “Pero ahí fue cuando sentimos que agarrábamos envión y no nos bajábamos más de la bicicleta”.</p><p>La renovación de autoridades marcó el inicio de una reconstrucción institucional que ya lleva más de 16 años.</p><p>“Había intereses sobre el edificio”, reconocieron las integrantes de la comisión, al recordar aquellos tiempos donde incluso se temió por la continuidad de la sede.</p>La batalla contra las pantallas<p>Hoy la biblioteca enfrenta un desafío completamente distinto: sobrevivir en la era digital.</p><p>“Cayeron muchísimo los socios”, admitieron sin rodeos. Y aunque todavía existe un público fiel, los hábitos culturales cambiaron profundamente.</p><p>“La gente antes le dedicaba un rato a leer, sobre todo a la noche. Ahora se queda mirando series”, reflexionó Mirta.</p><p>Analía Botero confirmó que las consultas tradicionales prácticamente desaparecieron. “Nunca más entró un chico a buscar una enciclopedia o un libro de texto como hacíamos nosotros”, señaló.</p><p>La biblioteca de referencia perdió protagonismo frente a internet, pero aparecieron nuevos intereses.</p><p>Hoy el público lector está compuesto mayoritariamente por mujeres que buscan novelas románticas, policiales o literatura contemporánea. También creció el interés por ensayos y textos políticos.</p><p>Al mismo tiempo, la institución descubrió un fenómeno inesperado: el regreso de adolescentes y jóvenes.</p><p>Para acompañar ese cambio, se creó una biblioteca juvenil de acceso libre, donde los chicos pueden recorrer las estanterías y elegir sus propios libros sin intermediarios.</p><p>“Eso fue muy importante”, explicó Botero. “Queríamos que pudieran elegir libremente qué leer”.</p><p>Entre los géneros más buscados aparecen las sagas fantásticas, la ciencia ficción, los mangas orientales y los cómics.</p><p>“Los mangas y toda la cultura oriental crecieron muchísimo”, contó Sandra, sorprendida incluso por el fenómeno que observó este año en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.</p><p>El problema, reconocieron, es económico. “Las sagas son carísimas y a veces son seis o siete libros”, explicó la bibliotecaria.</p><p>Aun así, siguen apostando a sumar material para atraer nuevos lectores. “Mientras lean, ya es importante”, resumieron.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/ZGQPwzjwwtQEYfT_8Zt-SnHHd_M=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/05/biblioteca_popular_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Centro Cultural y Biblioteca Popular celebra sus 100 años entre el peso de su historia, el desafío de las pantallas y una nueva generación de lectores.]]>
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                                                <category term="san-francisco" label="San Francisco" />
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