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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-10-03T11:18:52+00:00</updated>
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            Santiago Giuliano, una pasión que creció en el óvalo de la Rural
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1zee0mEFFallIv9KtDboeESJ48g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/10/santiago_giuliano.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Antes de que una vaca llegue al óvalo, hay horas de trabajo que el público no ve: ordeñarla, bañarla, acomodarle la cama, darle de comer y prepararla para mostrar sus mejores características. Santiago Giuliano conoce esa rutina desde chico. A los cinco años entró por primera vez a una pista; a los 23, esa actividad es su oficio y una forma de continuar una historia familiar.</p><p>En esta edición de San Francisco Expone volvió a presentar animales en uno de los espacios más convocantes de la muestra. Para él tiene, además, el peso de los recuerdos: allí aprendió, sintió los nervios de competir y vio crecer una pasión que lo llevó hasta otros países.</p><p>“La Rural es como mi casa. Cada vez que vengo, me siento como en casa”, aseguró en diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO. La frase resume un vínculo que no depende únicamente de llevar sus propios animales. Incluso en los años en que no pudieron participar con las vacas, encontró la manera de estar: una vez trabajó como secretario en la pista y otra se dedicó a preparar ganado.</p><p>&nbsp;</p>Santiago trabaja en el pelado de una vaca, una tarea que exige práctica y atención a cada detalle para resaltar las virtudes del animal antes de salir a pista<p>&nbsp;</p>Desde chico<p>Su papá, Bartolo, y su abuelo lo acercaron a las vacas. En Argentina, contó, la categoría mini ternera permite que menores de 12 años presenten animales. Él empezó a los cinco. La noche anterior no podía dormir y los nervios le provocaban dolor de panza. Había entusiasmo y expectativa por hacer bien una tarea que ya le importaba.</p><p>Con el tiempo, la pista dejó de ser una novedad. Aprendió observando y trabajando, hasta que en 2022 comenzó a preparar animales por su cuenta. Desde entonces se dedica al pelado y al arreglo del ganado para las competencias, que describió como “un concurso de belleza de lechería”.</p><p>También intentó estudiar Veterinaria en Esperanza, pero reconoció que le costaba vincularse con los libros y su interés ya estaba en las vacas y el campo. Eligió un camino que le exige practicar, dedicar horas y aprender a mirar cada animal para presentarlo mejor.</p><p>“Vos te podés venir a enseñar el mejor del mundo, pero si no llegás a tu casa y te ponés a preparar vacas, a pelar y a practicar, no sirve de nada”, sostuvo.</p>El preparado<p>Su trabajo consiste en resaltar las virtudes de cada ejemplar y disimular sus defectos. Una parte del preparado es levantar el pelo del lomo para que la línea se vea lo más recta posible. Conocer al animal permite reconocer qué necesita. Poder prepararlo en casa, con más tiempo, ayuda a anticiparse y trabajar los detalles.</p><p>Durante la muestra, esa dedicación se organiza alrededor de las necesidades de los animales. El ordeñe se realiza a las siete de la mañana y a las siete de la tarde. Después del turno matutino llega el baño, una vaca por vez. Mientras algunos las llevan al bañadero, otros integrantes del equipo acomodan las camas para recibirlas.</p><p>Al regresar, las vacas comen y se encienden los ventiladores para que estén más tranquilas. Ante la comparación con un spa, Santiago coincidió: “Sí, literalmente un spa”. Las atienden como reinas, con una dedicación que acompaña toda su permanencia en el predio.</p><p>El pelado y la preparación se distribuyeron entre las jornadas: primero las terneras y el toro, luego las vacas. La meta era llegar al sábado, día de la jura, en las mejores condiciones. En ese proceso también hay que reconocer cuándo detenerse y evitar que el trabajo se vuelva estresante para el animal. Las acostumbran a la música y procuran mantenerlas tranquilas.</p><p>“La parte linda se ve muy poquito. Se ve el día de la jura y nada más”, señaló. Pero ese también es el día más cansador. Se acumulan el agotamiento y la tensión, junto con el deseo de mejorar algo: a la vaca que presenta, siente, todavía puede faltarle un último detalle.</p><p>&nbsp;</p>Santiago junto a su primo Bautista Giuliano, de 17 años, con quien comparte la pasión por preparar y presentar ganado lechero<p>&nbsp;</p>Ganar y volver<p>Recordó una presentación de 2015: llevó un toro que obtuvo el premio de reservado de gran campeón. “Fue una locura. No había sentido nunca eso”, contó. Aquel reconocimiento hizo visible el trabajo compartido y le dejó una emoción que no olvidó.</p><p>También aprendió que no todas las entradas terminan en un festejo. En Rafaela, durante 2024, presentó cuatro o cinco animales y todos quedaron últimos.</p><p>Al año siguiente volvió con el Toro Blanco. Ganó su categoría, en la que había unos 15 o 16 ejemplares, y después fue gran campeón. Para Santiago, el premio tuvo el valor de una revancha: “Fue como sacarme un peso de arriba de un año entero”. Lo gritó y lo festejó con la intensidad de quien había pasado meses esperando otra oportunidad. “Esto es cien por ciento pasión”, afirmó Santiago al explicar qué lo sostiene entre jornadas largas y resultados adversos.</p>Otra escala<p>La experiencia más reciente lo llevó a Colombia y a Bélgica junto a su primo Bautista. En la ciudad sudamericana de Simijaca participaron de una instancia de selección para acceder a una escuela en Bélgica. Allí trabajaron en grupos de cinco o seis jóvenes, con dos terneras que debían preparar y presentar en la pista nacional colombiana.</p><p>De los más de 30 participantes se eligieron 14 para entrar a pista. Los dos primos quedaron entre ellos. Después de la jura se seleccionó a los seis que viajarían a Bélgica y ambos consiguieron un lugar. Se evaluaron juzgamiento en pista, preparación, presentación, compañerismo y marketing. Santiago ganó dos de esos cinco rubros y clasificó primero.</p><p>El contraste llegó en Europa, de donde regresaron unos 15 días antes de la entrevista. Según recordó, participaron alrededor de 180 o 190 jóvenes y cada uno tuvo una ternera a su cargo. Debían ocuparse del pelado, el baño, la cama y la alimentación, además de prepararla para la presentación.</p><p>“Yo nunca me había sentido tan chiquito en un lugar como allá”, reconoció. En el pelado y el preparado se sintió cómodo porque tenía práctica. Lo que más lo impactó fue la organización de los otros equipos: cada integrante sabía qué hacer y las tareas se repartían con una coordinación que le llamó la atención.</p><p>La comparación con la Fórmula 1 le resultó precisa. Mientras su grupo necesitaba organizarse antes de cada tarea, observó que otros participantes resolvían los movimientos con mucha soltura.</p>Su casa<p>También disfruta de la exposición de Rafaela, pero San Francisco le despierta algo difícil de explicar: “La pista de acá tiene un gustito diferente”. Allí están la infancia, la familia y todos los años de regresar.</p><p>Poco antes de la entrevista había visto en Facebook fotos de cuando era chico y de sus primeras entradas al óvalo. Se detuvo en el tiempo transcurrido y en algo que sigue igual: todavía está allí. Ahora prepara y presenta animales, pero reconoce en esas imágenes el comienzo de su propia historia.</p><p>Le gustaría que, en el futuro, sus hijos compartieran esa pasión. En la Rural donde empezó a los cinco años, cada nueva entrada a pista tiene algo de trabajo y algo de regreso a casa.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>El semillero sigue<p>Bautista Giuliano tiene 17 años y también empezó a presentar terneras desde chico. Su primo Santiago, su tío Bartolo y su papá lo acercaron a una actividad que eligió seguir compartiendo con la familia.</p><p>“Para mí es muy importante porque de chico me gusta hacer esto”, contó. Está terminando el secundario y proyecta estudiar Veterinaria en Esperanza, sin dejar la preparación y presentación de animales. Quiere probar ese camino y sostener, al mismo tiempo, el trabajo que lo entusiasma.</p><p>El viaje a Bélgica junto a Santiago fue una experiencia importante: le permitió conocer otra forma de organizarse y trabajar. También destacó el entendimiento entre primos y familiares. Cuando se le preguntó si cambiaría esa actividad por otra, respondió sin vueltas: “No, imposible”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/1zee0mEFFallIv9KtDboeESJ48g=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/10/santiago_giuliano.webp" class="type:primaryImage" /></figure>A los 23 años, el joven de San Francisco y Plaza Luxardo convirtió una pasión familiar en su trabajo: preparar y presentar ganado lechero en exposiciones. En San Francisco Expone volvió al óvalo donde empezó a los cinco años, después de una experiencia en Colombia y Bélgica junto a su primo Bautista.]]>
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                                <updated>2026-10-03T11:18:52+00:00</updated>
                <published>2026-10-03T11:18:49+00:00</published>
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