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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Encuentran en la Argentina un cuadro robado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7IdVeKSHig5TWM2YeCjulIEXFnQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/retrato_segunda_guerra.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>De acuerdo con lo informado hoy por el periódico neerlandés Algemeen Dagblad (AD), una pintura desaparecida desde la Segunda Guerra Mundial fue ubicada en la Argentina, colgada en la pared del interior de una vivienda en la costa atlántica. Se trata de Retrato de dama, del artista italiano Giuseppe Ghislandi (1655-1743). El cuadro había sido confiscado de la galería del comerciante de arte judío Jacques Goudstikker en Ámsterdam durante la ocupación nazi. Por más de ocho décadas su destino fue incierto: el último registro lo situaba en 1946 en poder de un alto funcionario alemán que había huido tras la derrota del Tercer Reich.</p><p>Si bien el medio de Rotterdam no precisó la ciudad donde se produjo el hallazgo, en su nota menciona que el inmueble estaba a la venta en la firma Robles Casas &amp; Campos. Por su parte, el diario La Capital de Mar del Plata especificó que se trata de una casa del barrio de Parque Luro.</p><p>Según trascendió, el hallazgo se produjo por azar. Periodistas de AD, con el apoyo del investigador retirado Paul Post, detectaron la obra en fotografías publicadas en la web de la inmobiliaria marplatense que ya no se encuentran disponibles. En una imagen de la casa en cuestión, sobre un sillón verde, se distinguía claramente el cuadro. El inmueble pertenecería a una de las hijas de Friedrich Kadgien, un alto burócrata nazi que tras la guerra escapó de Europa y se radicó en Buenos Aires, donde murió en 1978.</p><p>Fuentes del sector inmobiliario confirmaron que la propiedad estuvo publicada a la venta con esas imágenes a principios de este año. Asimismo, uno de los periodistas que firma la nota, Peter Schouten, aseguró en diálogo con LA NACION que durante la investigación obtuvieron la confirmación de buena fuente de que la pintura “seguía allí colgada por lo menos hasta el comienzos del mes”.</p><p>Kadgien había integrado la estructura de poder del Reich como colaborador cercano de Hermann Göring, mariscal y uno de los grandes saqueadores de arte del Tercer Reich. Según documentos de la posguerra, Kadgien participó en los planes económicos que financiaron la maquinaria bélica alemana, incluyendo la confiscación de diamantes a comerciantes judíos en Ámsterdam. Con la derrota inminente en 1945, huyó hacia Suiza llevando consigo dinero, piedras preciosas y al menos dos pinturas. Allí fue interrogado por militares estadounidenses, que lo describieron en un informe como “una serpiente de la peor calaña” y le atribuyeron una importante fortuna oculta. Desde allí viajó primero a Brasil y luego a la Argentina, donde reconstruyó su vida.</p><p>Jacques Goudstikker fue uno de los principales comerciantes de arte de los Países Bajos antes de la guerra. Judío, huyó apenas iniciada la invasión alemana, pero murió accidentalmente a bordo del barco en el que intentaba llegar a salvo con su familia. Su esposa y su hijo lograron arribar a Estados Unidos, llevando consigo un cuaderno en el que había registrado detalladamente las más de 1100 obras de su galería. Esa documentación fue clave para rastrear, años después, el destino de parte de la colección.</p><p>“Tras su muerte, la totalidad del inventario fue adquirido a precios irrisorios por jerarcas nazis. Entre los compradores figuró Göring, que convirtió el saqueo de Goudstikker en una de las operaciones más grandes de apropiación de arte del período. El caso se convirtió, décadas más tarde, en un símbolo de la lucha por la restitución de bienes culturales robados". Hoy, la familia Goudstikker continúa con esa batalla. Marei von Saher, nuera del galerista, lleva más de 25 años encabezando los reclamos legales. “Es el objetivo de mi familia recuperar cada pieza robada y restituir el legado de Jacques”, señaló a AD.</p>Una obra de valor histórico<p>El retrato ahora reaparecido representa a la condesa Colleoni y fue pintado por Ghislandi, retratista del norte de Italia de fines del siglo XVII y comienzos del XVIII. Obras suyas integran colecciones de museos como el Rijksmuseum de Ámsterdam. Aunque su valor económico exacto es difícil de calcular, los especialistas subrayan la relevancia histórica y cultural del hallazgo.</p><p>Dos asesores de la Agencia del Patrimonio Cultural de los Países Bajos, Annelies Kool y Perry Schrier, señalaron que las fotos coinciden con las descripciones de la obra desaparecida. “No hay motivos para pensar que se trate de una copia. Las proporciones y los colores concuerdan con la información que tenemos. Una verificación definitiva podría lograrse revisando el reverso del lienzo, donde suelen conservarse etiquetas o sellos que confirman la procedencia”, afirmaron al medio neerlandés.</p><p>El descubrimiento abre un nuevo capítulo en la larga disputa por las obras que pertenecieron al galerista Goudstikker. Si bien los herederos planean reclamar la pintura, el proceso podría ser arduo. El principal obstáculo es que la pieza se encuentra en manos privadas. “Cuando un propietario no accede voluntariamente a la restitución, el camino judicial se vuelve largo y difícil”, explicaron expertos en patrimonio.</p><p>Schouten dijo a LA NACION que hasta el momento la hija de Kadgien evitó dar explicaciones. “Nos dijo que no tenía tiempo para respondernos y nos bloqueó”.</p><p>El hallazgo del retrato de Ghislandi no fue el único indicio. En las redes sociales de una de las hermanas Kadgien apareció una fotografía publicada en 2012 que muestra lo que parece ser un bodegón floral del pintor neerlandés Abraham Mignon, del siglo XVII. Esa obra también figura como desaparecida en los registros de la Agencia del Patrimonio Cultural. Su origen exacto aún no fue determinado, aunque hay hipótesis de que pudo haber llegado a Kadgien a través de intercambios entre coleccionistas nazis tras la muerte de Goudstikker.</p><p>El caso vuelve a poner en escena el debate sobre el destino de las obras saqueadas por el régimen nazi, dispersas en colecciones privadas de todo el mundo. En este caso, la aparición en una casa argentina demuestra hasta qué punto el tráfico de bienes culturales atraviesa generaciones y fronteras.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7IdVeKSHig5TWM2YeCjulIEXFnQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/retrato_segunda_guerra.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Según reveló un diario neerlandés, la obra de Giuseppe Ghislandi fue hallada en una casa de la costa atlántica; la familia propietaria prepara un reclamo legal por la restitución]]>
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                                <category term="nacionales--171" label="Nacionales " />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-08-26T13:13:26+00:00</published>
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            La bomba atómica y la paz mundial ocho décadas después
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iYIpGbNbehKCWTUNyiwBL6zncd8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/bomba_atomica.png" class="type:primaryImage" /></figure><p>“Fue empleada por primera vez el arma más terrible creada hasta hoy: la bomba atómica”. El título de LA VOZ DE SAN JUSTO en la edición del 8 de agosto de 1945 no reunía las características que en la jerga periodística se califican como “catástrofe”.&nbsp;</p><p>Ocho décadas después, el subtítulo de la referida nota permite tomar nota del desconocimiento que se tenía por ese entonces sobre las consecuencias de las primeras explosiones nucleares. La primera plana de este diario hablaba de un informe sobre este “sensacional descubrimiento” elaborado por el ex primer ministro británico, Winston Churchill y difundido por su sucesor, Clement Attle. Y en una columna, con tipografía menor, se hacía referencia al ataque a Hiroshima: “Truman informó de un ataque de ensayo a Japón”.&nbsp;</p><p>El próximo 6 de agosto se cumplirán 80 años de un episodio que dividió la historia: determinó el comienzo del final de la Segunda Guerra Mundial y abrió las puertas al inicio de la era nuclear signada por la tensión y numerosos interrogantes en todos los frentes que todavía siguen vigentes.&nbsp;</p><p>El desarrollo de la bomba atómica fue resultado de años de investigación científica y avances tecnológicos, muchos de ellos impulsados por la Segunda Guerra Mundial y la urgencia aliada de obtener una ventaja estratégica sobre las potencias del Eje. El denominado Proyecto Manhattan, desarrollado principalmente en Estados Unidos con la colaboración de científicos británicos y canadienses, reunió a figuras de renombre internacional, como Robert Oppenheimer, Enrico Fermi y Niels Bohr.</p><p>El temor a que la Alemania nazi lograra la fisión nuclear primero aceleró el trabajo de quienes participaron en el proyecto. La bomba empleaba la fisión de átomos de uranio y plutonio, liberando una enorme cantidad de energía en fracciones de segundo. La prueba Trinity, realizada a las 05:29 horas del 16 de julio de 1945, demostró que la devastación potencial de las armas nucleares iba mucho más allá de cualquier arsenal conocido hasta ese momento.</p>Tapa de LA VOZ DE SAN JUSTO del 14 de agosto de 1945.<p>Aquella primera prueba de la bomba atómica fue “un espectáculo terrorífico”. Hollywood lo retrató hace poco con el filme Oppenheimer. Y la prensa norteamericana rememoró el acontecimiento. La revista Time publicó una reseña de aquella experiencia escenificada en un remoto y árido paisaje de Nuevo México. “Ahora somos unos auténticos hijos de puta”, dijo, o más bien gritó, el físico Kenneth Bainbridge, director científico de la prueba Trinity, cuando todavía no se habían apagado los ecos de la explosión, la mayor provocada deliberadamente por el hombre sobre la faz de la Tierra hasta ese momento. A su jefe, el también físico Robert Oppenheimer, responsable del ultrasecreto Proyecto Manhattan se le ocurrió otra frase, una que había leído en el Bhagavad Gita, el texto sagrado hinduista: “Me he convertido en muerte, el destructor de mundos”. Más tarde reconocería que las palabras de Bainbridge eran mucho más apropiadas que las suyas”.</p><p>&nbsp;</p>Hiroshima y Nagasaki<p>La agencia Saporiti difundió la noticia que apareció en LA VOZ DE SAN JUSTO luego del bombardeo de Hiroshima. “La primera bomba atómica empleada en acción de guerra hasta la fecha fue arrojada por un avión norteamericano sobre la gran base naval japonesa de Hiroshima al oeste de Kobe. Se produjo una tremenda explosión que causó completa desolación en una zona de muchos kilómetros cuadrados y enormes e impenetrables columnas de fuego, polvo y humo oscurecieron todo el paisaje”.&nbsp;</p><p>Tres días después, la ciudad japonesa de Nagasaki vivió el mismo espanto: “Oficialmente se informó que ha sido arrojada una segunda bomba atómica contra el territorio metropolitano japonés. Esta vez, la ciudad elegida para su destrucción fue la importante base japonesa de Nagasaki. El general Spartz, jefe de la aviación estratégica norteamericana, ha informado que la bomba ha sido lanzada a mediodía del jueves (hora japonesa) y sus resultados serán mantenidos en reserva hasta que se conozcan por observaciones directas que deben realizar aviones de reconocimiento”.</p><p>La historia posterior es conocida. El drama humano grafica el espanto: más de 70 mil muertos en Hiroshima y 40 mil en Nagasaki, casi 200 mil personas con heridas y secuelas que determinaron luego su fallecimiento. Las consecuencias políticas: Japón aceptó los términos de la rendición y el 14 de agosto de 1945 la guerra finalizaba.</p><p>La hemeroteca de este diario guarda el registro de aquellas históricas y dramáticas jornadas, así como la mirada analítica sobre el momento que vivió la humanidad en ese tiempo. La nota editorial del 15 de agosto de 1945 señalaba: “El imperio japonés se vio enfrentado en los últimos días a dos hechos nuevos que tuvieron carácter decisivo: el empleo de la bomba atómica descubrimiento que inicia una nueva era en la historia humana”.&nbsp;</p><p>Agrega la nota: “Asistimos así al epílogo de otra aventura bélica que, como la que consumó la ruina de Europa entera, solo pudo ser posible merced a la esclavitud de pueblos sacrificados a ellas, en aras de una desmesurada ambición de predominio que los lanzó como una fuerza de muerte y destrucción contra otros pueblos”.</p><p>Y finaliza: “La aurora de la paz se levanta sobre una humanidad que, aún no liberada de los tremendos padecimientos de la guerra, debe enfrentar los candentes problemas que le plantea el cese de hostilidades. El de la reconstrucción de los países devastados no es quizás el más grave, como no lo es tampoco el de la estructuración de nuevas concepciones políticas y sociales en reemplazo de que aquellas cuya caducidad ha sido decretada por el rigor de los acontecimientos. Porque lo que el mundo necesita urgentemente es, más que la reconstrucción material, una reconstrucción moral que garantice el imperio de la ley, la justicia y el orden sobre la amplia base de la felicidad y el bienestar de los pueblos. Saludemos el advenimiento de la paz, pero al mismo tiempo, hagamos votos para que el tremendo sacrificio no haya sido inútil”.</p><p>A 80 años del más destructor bombardeo de la historia, los conceptos del párrafo anterior resuenan todavía con una vigencia inusitada.&nbsp;</p>]]>
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                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/iYIpGbNbehKCWTUNyiwBL6zncd8=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/08/bomba_atomica.png" class="type:primaryImage" /></figure>El próximo 6 de agosto se cumplirán 80 años del inicio de la era nuclear en el planeta. Desde aquel asombro inicial hasta los desafíos de la actualidad para que la vigencia de una paz justa y duradera.]]>
                </summary>
                                <category term="internacionales" label="Internacionales" />
                <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
                <published>2025-08-05T19:11:43+00:00</published>
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            Cómo celebró San Francisco el final de la Segunda Guerra Mundial
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        <link rel="alternate" href="https://www.lavozdesanjusto.com.ar/como-celebro-san-francisco-el-final-de-la-segunda-guerra-mundial" type="text/html" title="Cómo celebró San Francisco el final de la Segunda Guerra Mundial" />
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OsaKPllPWBDtynOn368UP3C8FzU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/segunda_guerra_mundial.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El próximo miércoles 7 se cumplirán 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Del momento en el que se rindió el aborrecible régimen del nacionalsocialismo alemán, tras más de 5 años de una guerra sangrienta que marcó el siglo XX, dejó huellas dolorosas en la humanidad toda y reconfiguró el orden geopolítico.&nbsp;</p><p>Significó un antes y un después en la historia del hombre. Rediseñó fronteras, germinó los derechos humanos y revalorizó la democracia. Abrió la puerta a la debacle del colonialismo, creó nuevas organizaciones internacionales y determinó el inicio de una impresionante revolución tecnológica. Pero, fundamentalmente, demostró una vez más que el espíritu de libertad prevalece incluso frente a los más horrendos y despóticos tiranos.</p><p>La huella imborrable de la osadía totalitaria se mantiene vigente. Y puede crecer si no existe cooperación internacional para resistir al extremismo y sin reforzar la vigencia plena de los derechos del hombre, quizás el mayor legado que surgió luego del triunfo aliado.</p><p>Ocho décadas atrás, el final del nazismo dejó lecciones todavía vigentes en un tiempo en el que los tambores de guerra parecen volver a sonar con fuerza, en el que las tensiones no se disipan. El presente no se entiende sin comprender el impacto de la Segunda Guerra Mundial. Y el futuro obliga a que aquellas lecciones impregnen el accionar de las nuevas generaciones.&nbsp;</p><p>Por todo ello, es un buen ejercicio recordar la algarabía y las exteriorizaciones de alegría que se vivieron en San Francisco cuando se anunció el final de la Segunda Guerra Mundial. Lejos de la Europa en la que habían nacido muchos habitantes de la ciudad en 1945, la noticia de la liberación congrego a una multitud dispuesta a celebrar el cese de una larga pesadilla. &nbsp;</p><p>En efecto, en la hemeroteca de LA VOZ DE SAN JUSTO se halla el testimonio de la algarabía popular que significó el final de la Segunda Guerra. Tras conocerse la noticia, caracterizados vecinos de la ciudad pidieron permiso a Nicolás Aroza, titular de la Jefatura Política del departamento, (institución hoy derogada) para llevar a cabo un acto que exprese “el júbilo y la adhesión a esta luminosa fecha que abre para la humanidad nuevas esperanzas a la ciudadanía democrática del mundo”. Entre los firmantes de esa solicitud se contaban Enrique J. Carrá, Raúl G. Villafañe, Arturo Taglioretti, Oscar Boero, Natalio Ludmer, René Bazet, Simón Libedinsky, Roberto Torres, Horacio Boero, Federico Bianchi, Enrique Mangiaterra, Héctor Mántaras, Arturo Pairola, Tomás Areta, Pericles Dentesano, Plácido García Rodríguez, Ernesto Gutiérrez, Marcelo Amsler, Luis Bianco, Carlos Martinez Maritorena, Alfredo Bonetto, Romualdo Chiavassa, Domingo Alisio, Antonio Paolasso, Mario Dante Agodino, Omar Areta, José Verdiell, Julián Niño, Alfredo Pavone, Juan B. Fasi, José Cassataro, Eugenio Odetti, Guillermo Denegri y Enrique Venturuzzi.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>La crónica del acto concretado el 8 de mayo de 1945 a partir de las 18, frente al mástil municipal sobre bulevar 9 de Julio exhibe el espíritu alegre y la alegría por la conclusión de la pesadilla que significó la contienda bélica. “Una extraordinaria cantidad de personas, entre las que se destacaba la presencia de numerosas damas, se reunió frente a la municipalidad”, expresó la crónica.&nbsp;</p><p>Y continuó: “En un ambiente de vivo entusiasmo avanzó por el bulevar 9 de Julio en dirección al mástil, un grupo de señoras y señoritas portadoras de la bandera de las Naciones Unidas, las que eran presididas por la Bandera argentina. El paso de la columna fue saludado con cálidos aplausos por la multitud, escuchándose frecuentes vivas a la democracia, a la libertad y a las naciones que intervinieron en la guerra contra el totalitarismo. Llegada la columna frente al mástil se colocaron al pie del mismo varias ofrendas florales. Luego se entonó el Himno Nacional y, a continuación, La Marsellesa”.&nbsp;</p><p>Más adelante, “el público renovó sus exteriorizaciones de entusiasmo cuando la bandera fue izada al tope del mástil. De tal manera, al amparo de la enseña patria, que es un símbolo de libertad, adquirió más profunda significación el homenaje que se tributaba a quienes habían sabido luchar y morir contra la tiranía totalitaria. Finalmente y en momentos en que se procedía a arriar la bandera, la multitud guardó un minuto de silencio en honor de los muertos en la guerra, con lo que se dio por terminada la ceremonia frente al mástil dentro del mismo ambiente de entusiasmo que la caracterizó desde el comienzo”.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Luego de ese sencillo acto, “la multitud, formada en manifestación y siempre encabezada por la Bandera argentina y las enseñas de las Naciones Unidas, desfiló por el bulevar 9 de Julio, doblando por Lisandro de la Torre y siguiendo después por el bulevar 25 de Mayo hasta frente al Banco de la Nación, donde se dispersó, siempre dentro del más perfecto orden”.&nbsp;</p><p>Posteriormente, en una cena desarrollada en el Hotel Ferrazzi, hizo uso de la palabra Enrique Venturuzzi, quien formuló votos por el “afianzamiento de la victoria aliada y el pronto restablecimiento de una paz justa y duradera”. También pronunciaron breves alocuciones los doctores Victorio Elkin y Simón Libedinsky. Asimismo, Gustavo Mallat pidió un minuto de silencio por los caídos en la guerra y en memoria del ex presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt.&nbsp;</p><p>Por otra parte, en aquellas históricas jornadas del fin de la Segunda Guerra Mundial, este diario publicó dos notas editoriales en las que se reflejaba la ansiedad porque llegue “la hora de la paz” y “el final de la guerra”, tal como se titularon. Algunos de los conceptos vertidos en estas columnas son los siguientes:&nbsp;</p>La hora de la paz<p>“Estamos viviendo momentos trascendentales de la historia humana. Con un breve respiro entre las dos grandes conflagraciones de este siglo, el mundo ha vivido durante 30 años bajo el signo de la guerra. Ahora suena, por fin, la hora de la paz, de una paz que, según se ha dicho, será mejor, más segura y duradera que las que el mundo disfrutara anteriormente y organizada sobre bases tales que impedirán que la humanidad sucumba otra vez bajo el peso de las contiendas armadas.&nbsp;</p><p>Los hombres libres de la Tierra celebran con íntimo júbilo la derrota de las fuerzas oscuras y regresivas que quisieron cambiar el curso de nuestra civilización para condenarla a un destino de oprobio. &nbsp;Pero se advierte, sin embargo, que aún no ha terminado la lucha en defensa de la dignidad y la libertad de los hombres y los pueblos.&nbsp;</p><p>En los campos y ciudades de la devastada Alemania, donde las naciones unidas asestan los últimos golpes al enemigo común, finaliza una etapa del tremendo drama de nuestro tiempo. En la conferencia de San Francisco, donde se ha iniciado el estudio de los planes de ordenamiento para la posguerra, comienza una nueva etapa. Con ella, el momento de aprovechar y hacer de algún modo fecunda la trágica experiencia que ha ensangrentado al mundo”.&nbsp;</p>El final de la guerra<p>“Alemania ha capitulado. La buena nueva de la paz resuena en todos los ámbitos de la Tierra como el eco largamente esperado del lacerante clamor que durante más de cinco años se ha estado elevando en el corazón desgarrado de la humanidad.&nbsp;</p><p>La paz ha llegado y, con ella, el momento de la destrucción total de la absurda concepción ideológica que pretendió quebrar el espíritu del hombre para realizar sus aspiraciones de hegemonía universal. Era la pretensión de un nuevo orden que encerraba la promesa de un futuro de esclavitud y de ignominia. El culto de la fuerza, la raza superior, el espacio vital, los mitos raciales y religiosos, el sometimiento de todos los valores morales y espirituales a la ley de las cavernas, la brutalidad de la guerra exaltada a la categoría de máxima aspiración de los pueblos, eran los elementos de una alquimia bárbara con la que se quería transformar la naturaleza del hombre para convertirlo en un ser sin conciencia ni voluntad.&nbsp;</p><p>Pero los dictadores, estos falsos dioses de la destrucción creadora, nunca han sabido apreciar la verdadera sustancia de que está hecho el hombre. Aunque hubieran llegado a manejar todo el poder, siempre se habrían estrellado contra esa fuerza indefinida a inasible que es el espíritu del hombre libre. Ese espíritu es el que los derrotó esta vez, como tantas otras en la historia. Y gracias a ese espíritu es que podemos saludar hoy, emocionados, el advenimiento de la paz anhelada. Se ha escrito una nueva página en la historia del mundo, que es la historia de la lucha por la libertad y por el perfeccionamiento de las instituciones del derecho y la justicia. Detrás queda un mundo en ruinas en el que costará mucho borrar las cicatrices de la tragedia y aligerar la carga de dolor y de angustia aposentada en los corazones que conocieron de cerca el espanto de la matanza increíble. Habrá que reconstruirlo todo con el propósito de que todo sea mejor.&nbsp;</p><p>Será esta una fecha cumbre en la historia humana. Los hombres libres han ganado una guerra contra las fuerzas del mal. Reanimada su fe, la humanidad reanudará su marcha hacia un futuro mejor, para que el hombre pueda disfrutar integralmente, en el derecho, la justicia y el bienestar, los beneficios de esta paz por la que ha pagado tan duro precio”.&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/OsaKPllPWBDtynOn368UP3C8FzU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/segunda_guerra_mundial.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Así reflejaron las páginas de LA VOZ DE SAN JUSTO en la década del ´40, el final de la segunda gran guerra.]]>
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                                <category term="san-francisco" label="San Francisco" />
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                <published>2025-05-04T20:35:26+00:00</published>
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