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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-26T16:25:04+00:00</updated>
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            De refugio a hogar: la historia de Raúl en una GNC
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AnxfJSqSao41OWcijePjqbX5_DQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/perro_raul.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Por María Laura Ferrero | LVSJ&nbsp;<p>En la esquina de Cervantes y Chile, donde el movimiento de autos marca el pulso cotidiano, hay una presencia que se volvió indispensable. No usa uniforme ni cumple turnos, pero todos lo reconocen. Raúl, un perro rescatado de la calle, logró lo que pocos: transformar una estación de GNC en un espacio donde el afecto también circula.</p><p>Su historia, que cobra especial sentido en el marco del Día del Animal -que se celebra cada 29 de abril-, habla de abandono, de heridas y, sobre todo, de una segunda oportunidad que cambió su destino. Pero también refleja algo más amplio: la empatía de un grupo de trabajadores que decidió involucrarse y hacer la diferencia.</p><p>Silvia Enríquez, playera de la estación, fue una de las voces que reconstruyó ese camino. Amante de los animales -en su casa convive con cinco perros adoptados-, aseguró que el compromiso es compartido: “Acá somos todos mascoteros”. Y agregó que el cuidado de Raúl “es una tarea de todos: lo llevamos al veterinario, le compramos el alimento y estamos atentos a lo que necesita”.</p><p>&nbsp;</p>Raúl recibe su premio mientras Negrita observa de cerca: además del alimento diario, en la GNC también hay lugar para los mimos… y alguna medialuna calentita.<p>&nbsp;</p>Para siempre<p>Raúl no siempre fue ese perro tranquilo que hoy se deja acariciar por cualquiera. Su llegada se dio en uno de los momentos más difíciles de los últimos años: la pandemia. Apareció herido, sucio, desconfiado. La calle le había dejado marcas visibles e invisibles.</p><p>Según relató Silvia, llegó “todo lastimado, como si se hubiera peleado con otro perro”. Su reacción era la esperable: no confiaba. “Era bastante agresivo al principio, no se dejaba curar nada. Nos costó mucho lograr que se deje querer”, recordó.</p><p>Sin embargo, algo empezó a cambiar. Con paciencia, cuidados y una constancia que no se quebró, los trabajadores fueron acercándose de a poco. Primero las curaciones, después la comida, más tarde las caricias. Paso a paso, Raúl comenzó a bajar la guardia.</p><p>En ese proceso hubo un momento clave: su acercamiento a una mesa habitual de clientes que cada día compartía el café en el bar de la estación. Allí, casi como un gesto cotidiano, se definió su nombre.</p><p>“Uno de ellos, que ya no está, tenía un parecido con él, por las cejas y los cachetones. Y entre bromas le pusieron Raúl”, contó Silvia. El nombre quedó como un homenaje y, desde entonces, también como parte de su identidad.</p><p>Con el tiempo, el cambio fue total. “Cambió el cien por ciento. Le faltaba una casa, el cariño de las personas”, afirmó. Lo que antes era desconfianza se convirtió en docilidad, y lo que había sido supervivencia pasó a ser compañía.</p><p>Hoy, Raúl es el emblema de la estación. Tiene su cama, su colcha, su bebedero y un juguete que lo define: una botella con agua que persigue cada vez que alguien se la lanza. Ya mayor -se estima que ronda entre los 12 y 13 años-, recibe cuidados acordes a su edad.</p><p>&nbsp;</p>Negrita, la otra que eligió quedarse<p>Si bien Raúl es el protagonista indiscutido, no está solo. Negrita, otra perra que forma parte del lugar, llegó de una manera muy distinta, pero terminó escribiendo una historia igual de entrañable.</p><p>A diferencia de él, tenía hogar. Sin embargo, comenzó a acercarse a la estación en días de tormenta, buscando refugio. “Venía por la lluvia, porque le tenía miedo. Se quedaba a dormir y después se iba”, relató Silvia.</p><p>Con el tiempo, esas visitas se hicieron más frecuentes. Hasta que un día dejó de irse. “Empezó a quedarse, quedarse, quedarse… y bueno, ya se estableció acá también”, explicó.</p><p>Así, sin planificación, Negrita se integró a la rutina y se ganó su lugar entre trabajadores y clientes.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Entre todos<p>El cuidado de Raúl -y también de Negrita- es colectivo. No hay una única persona responsable, sino un grupo que asumió ese compromiso como propio.</p><p>“Entre todos nos ayudamos. La banda está formada por Ariel, Rosa, Marita, Mauro, Brisa, Mili, Lucas, Claudio, Martín y Daniel”, enumeró Silvia, destacando el rol de cada uno.</p><p>También valoró la decisión de los dueños de la estación, que permitieron que los animales permanezcan allí. “No en todos los lugares dejan tener perros, así que hay que agradecer eso también”, señaló.</p><p>En el caso de Raúl, incluso intervinieron organizaciones proteccionistas que colaboraron con su castración, un paso clave para su bienestar y para consolidar su carácter dócil.</p>El cariño, el mayor premio<p>Con el paso del tiempo, Raúl dejó de ser solo “el perro de la estación” para convertirse en una figura conocida en el barrio. Su fama creció de boca en boca.</p><p>“La gente viene y lo abraza, se saca fotos con él”, contó Silvia. Su temperamento tranquilo lo vuelve especialmente cercano a los chicos, que se le acercan sin miedo.</p><p>“Los niños se bajan de los autos, lo acarician y él se deja. No es agresivo para nada, ni con otras mascotas”, explicó. Esa confianza no es casual: es el resultado de años de buen trato.</p><p>Cada gesto de cariño que recibe parece confirmar que su historia dio un giro definitivo.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>Compañero de vida<p>Raúl no solo encontró un lugar donde vivir: encontró un vínculo. Comparte las jornadas con los trabajadores, acompaña en silencio y se volvió parte de la identidad del espacio.</p><p>Duerme resguardado, con aire acondicionado en verano y abrigo en invierno. “Tiene todos los mimos”, dijo Silvia, consciente de que su edad requiere atención especial.</p><p>Pero más allá de lo material, lo que define su presente es el lazo con las personas. “Al principio él nos necesitó, y ahora es un compañero”, resumió.</p><p>&nbsp;</p>Siempre adoptar<p>La historia de Raúl-y también la de Negrit- deja un mensaje claro. Para Silvia, la adopción es el camino.</p><p>“Que la gente, en vez de comprar, vaya a los refugios y busque un animalito”, recomendó. Y explicó por qué: “Cuando encontrás en esos ojitos el cariño que te pueden dar, te das cuenta de que es amor sin interés”.</p><p>En un contexto donde el abandono sigue siendo una realidad, historias como esta demuestran que otra relación con los animales es posible.</p><p>Raúl, desde su lugar en una estación de GNC, lo confirma todos los días. Sin proponérselo, se convirtió en símbolo de algo simple pero poderoso: cuando hay cuidado y afecto, incluso los destinos más inciertos pueden cambiar. Y el refugio, finalmente, convertirse en hogar.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/AnxfJSqSao41OWcijePjqbX5_DQ=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2026/04/perro_raul.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En el marco del Día del Animal, la historia de un perro rescatado que encontró hogar en una estación de servicio de San Francisco. Entre cafés, cargas de gas y rutinas diarias, se ganó el afecto de trabajadores y clientes, convirtiéndose en parte esencial de la vida del lugar.]]>
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                <updated>2026-04-26T16:25:04+00:00</updated>
                <published>2026-04-26T11:00:00+00:00</published>
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