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    <title>La Voz de San Justo</title>
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    <updated>2026-04-13T18:40:06+00:00</updated>
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            Galerías, ambientes intermedios que suman valor y bienestar: la mirada de tres arquitectos locales
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YFrTJn36B_PytvbsGbOzgs3ZRT4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/galeria_estudio_chelsea.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Las galerías pasaron de ser simples espacios de paso o resguardo a convertirse en ambientes clave dentro del diseño de las viviendas actuales. Con la búsqueda de mayor bienestar en el hogar y el deseo de conectar con el exterior sin renunciar al confort, estos espacios semicubiertos ganaron protagonismo en la arquitectura contemporánea.</p><p>A la hora de proyectarlas, entran en juego múltiples factores: desde los materiales y sistemas constructivos hasta la orientación solar, el uso que se les dará y la integración con el resto de la vivienda. Las posibilidades son muchas, pero el objetivo es claro: crear un lugar disfrutable, versátil y bien pensado.</p><p>En diálogo con LA VOZ DE SAN JUSTO, los arquitectos Alberto Balsa e Ivanna Giordano, del estudio Balsa-Giordano, y Verónica García, del Estudio Chelsea, explicaron la forma en que se diseñan y construyen estos espacios, que ya no son solo una extensión del hogar, sino verdaderos ambientes con entidad propia para reunirse, trabajar o simplemente descansar.</p><p>“La galería es un espacio de transición entre el exterior y el interior. Un espacio necesario para vivir el exterior protegido o el interior con vistas al exterior”, define Balsa. En este punto, Giordano aclara: “Con lo cual no existen cerramientos de galería. Sí pueden ponerse protecciones, pero si está completamente cerrada, deja de ser una galería”. Para García, se trata de “un espacio intermedio que la gente lo pide mucho, porque cuando tenemos un espacio cerrado, como un comedor o un living, la galería nos permite ventilar y usar un espacio semiabierto”.</p>Galería de diseño moderno y estética robusta, con funciones integradas. El cielorraso con listones de madera clara aporta calidez y refuerza la continuidad visual. (Render: Estudio Balsa-Giordano)Diseño y estructura<p>En el diseño contemporáneo, la galería no es solo un adorno funcional. Tiene medidas estudiadas, relación con la orientación solar, continuidad estética con la casa y materiales seleccionados por su apariencia, su mantenimiento y durabilidad. “Hoy tenemos muchas opciones de materiales. Símil maderas que son aluminios o WPC. No tienen tanto mantenimiento y estéticamente funcionan muy bien”, señala Balsa.</p><p>En cuanto a la estructura, se utilizan materiales tradicionales: “Los mismos de una construcción de una vivienda, como mampostería, hormigón, hierro o madera”, indican Balsa y Giordano. En muchos casos, también se opta por sistemas en seco. “Trabajamos con perfilería, hierro, cenefas, o materiales como WPC que parecen madera pero no tienen ningún tipo de mantenimiento. Todo se ensambla en seco, rápido y limpio”, comenta García.</p><p>Respecto a los techos, las variantes más frecuentes son losa, madera, chapa metálica y policarbonato. Este último se utiliza especialmente “en galerías muy profundas, para permitir el ingreso de iluminación natural al ambiente contiguo”. García agrega que hoy también se usan materiales translúcidos porque “no le quitan iluminación ni ventilación al espacio interior”, y que, en caso de techos de chapa, se colocan aislantes como poliuretano o lana de vidrio “para reducir el calor”.</p>Espacios funcionales y confortables<p>Las medidas mínimas para que una galería sea funcional dependen de su uso. “Si quiero poner una mesa, necesito 2,40 metros más espacio de cada lado. Entonces voy a tener una galería que orille entre los 3 y los 3,50 metros”, calculan Balsa y Giordano. Y advierten: “Una galería de dos metros no me da un ambiente más, y si tiene más de cuatro metros y medio, la iluminación al ambiente interior se va a ver afectada”.</p><p>Las aberturas son clave para lograr continuidad espacial. “Lo ideal son aberturas de piso a techo corredizas, para que se abra todo y no quede nada interrumpido. Propiciar justamente esa interacción interior-exterior”, explica Balsa. García detalla que existen sistemas de vidrio con guías superiores que permiten plegar todos los paños y dejar la galería completamente abierta. También se utilizan aberturas de aluminio corredizas o mamparas con perfilería de hierro o aluminio.</p><p>El tamaño y el sistema de las aberturas también condicionan su funcionalidad: “Una abertura grande necesita una perfilería que se banque el peso del vidrio. Cuanto más vidrio, más espesor necesita, más kilos, y por ende una buena perfilería y un sistema de ruedas que funcione bien”, señala Giordano. Si el sistema no es cómodo, “la voy a tener siempre cerrada y no me va a valer mucho ese espacio. Puede parecer que ganas un espacio, pero perdes ese ambiente de transición que no estas ni afuera ni adentro”.</p>Cubierta plana de hormigón visto, integrada a la losa de la vivienda. Las vigas quedan incluidas en losa para lograr un diseño limpio y moderno. (Render: Estudio Balsa-Giordano)Control térmico y protección solar<p>El confort térmico es uno de los principales desafíos en el diseño de galerías. “Cuando hacemos techos con chapa, en el medio ponemos aislantes, como poliuretano, lana de vidrio o membranas tipo Isolam, para reducir el calor”, detalla García. Además, se utilizan cortinas tipo roller, screen o de tela, especialmente necesarias si la galería mira al oeste.</p><p>En relación al vidrio, todos coinciden en recomendar el uso de DVH (doble vidriado hermético), que se caracteriza por tener un cámara de aire entre medio de dos vidrios, porque tiene el control de la temperatura, ya sea verano o invierno, y te da mucho más confort. Y si se combina con vidrio laminado, además se gana en seguridad.</p><p>También se usan toldos transparentes con luna cristal, ideales para cortar el viento sin perder visibilidad. “Se pueden bajar y subir según la necesidad del cliente, y vienen todos motorizados, sobre todo con la domótica: desde el celular decidís abrir o cerrar cuando quieras”, comenta García.</p><p>&nbsp;</p>Diseño integral y valorización del inmueble<p>Lejos de ser un agregado posterior, la galería debe pensarse como parte integral del proyecto arquitectónico desde el inicio. Su diseño está fuertemente condicionado por la orientación solar, que incide directamente en el confort térmico del ambiente. Mientras el norte permite aprovechar mejor la luz y la ventilación cruzada, el este y el oeste pueden generar exceso de calor, y el sur suele resultar poco eficiente por la falta de sol directo. Por eso, tanto su altura como su profundidad deben calcularse con precisión, considerando cómo incide el sol en cada estación.</p><p>Hoy la galería dejó de ser un simple paso intermedio para convertirse en un espacio versátil y habitable. Puede ser lugar de reunión, de trabajo o descanso, y adaptarse según el mobiliario: comedor, estar, asador o incluso un pequeño living equipado con televisión, calefacción y aire acondicionado. Esta evolución también impacta en el valor de la vivienda: “tener una galería me va a revalorizar la casa” enfatiza Balsa.&nbsp;</p><p>En climas como el de San Francisco, donde los inviernos son más cortos y los veranos más intensos, las galerías cobran aún mayor relevancia como recurso para mantener las casas frescas. “Hoy en San Francisco hay que diseñar para mantener las casas frescas. Y no es tan difícil templar una casa si está bien orientada y ventilada”, sostienen Giordano y Balsa.&nbsp;</p><p>En ese sentido, los tres arquitectos coinciden en que el punto de partida siempre debe ser la funcionalidad y el confort. Si estos aspectos están bien resueltos, la galería aportará también estética, calidad espacial y valor agregado a la vivienda.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/YFrTJn36B_PytvbsGbOzgs3ZRT4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/05/galeria_estudio_chelsea.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>Con planificación, orientación y materiales adecuados,  Alberto Balsa, Ivanna Giordano y Verónica García explican cómo estos espacios se transforman en lugares funcionales de un hogar, para disfrutar en diferentes momentos del año.]]>
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                <published>2025-05-20T14:31:20+00:00</published>
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            Paraboloide: cómo una estructura histórica se convirtió en Estación 8
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uuDK963gF3ykD_eHvhu0qbvJleI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/estacion_8.JPG" class="type:primaryImage" /></figure><p>El histórico edificio de San Francisco, creado con una estructura que marcó una época resurge con una nueva identidad. El paraboloide hiperbólico, construido en 1968 como un ambicioso proyecto para albergar una agencia de autos, fue testigo mudo de los cambios urbanos por décadas. Hoy, gracias a un cuidadoso trabajo de intervención liderado por Estudio Chelsea para la empresa Córdoba Motos, ese ícono arquitectónico volvió a cobrar vida como Estación 8, un espacio único pensado como punto de encuentro para motoqueros.</p><p>El proyecto, liderado por la ingeniera Susana Moretto, la arquitecta Verónica García, y el arquitecto Nicolás Paulín fue concebido con un profundo respeto por la historia del edificio. Desde su estudio, asumieron un gran desafío: reimaginar una obra histórica sin alterar su esencia estructural. “Fue un trabajo muy pensado y llevado adelante con mucho respeto —explicó García—. Queríamos mantener la idea original, y así lo hicimos: que se perciba como una cáscara de hormigón revestida por una piel de vidrio. Además, debíamos tener extremo cuidado, porque no se podía apoyar nada sobre la estructura existente”.&nbsp;</p><p>Historia viva en hormigón</p><p>La historia del paraboloide está íntimamente ligada a Rafael “Lino” Macchieraldo, quien fuera uno de los primeros arquitectos de nuestra ciudad, y autor del diseño original. Fue él quien en los años 60 proyectó esta singular estructura, con líneas curvas en tensión que recuerdan a una carpa suspendida en el aire. “Cuando lo llamamos para contarle que íbamos a trabajar en su obra, nos recibió con una generosidad absoluta”, cuenta Moretto. “Hasta se acordaba de la carpeta donde guardaba los planos originales: la número 204, del año 68”.</p><p>Macchieraldo compartió valiosos detalles sobre la construcción original, que fue un verdadero hito técnico para la época: se necesitaron grandes cantidades de madera para los encofrados y el hormigonado se realizó de forma continua durante dos días y medio, sin cortes, debido a las limitaciones de la época y a la fragilidad de una estructura hecha íntegramente en hormigón armado.</p><p>Además de sus aportes técnicos, Macchieraldo fue invitado en varias ocasiones por el equipo actual para seguir de cerca el desarrollo de la obra. “Cuando tuvimos que hacer los pilotes, él se acordaba de todo: cómo eran las bases, los tensores... Nos advertía que no se podía tocar nada, porque toda la estructura es como una cáscara muy delgada, extremadamente frágil”, relató García. “Él siempre estuvo ahí, generoso, contento, y con una predisposición admirable”.</p><p>&nbsp;</p>La ingeniera Susana Moretto y la arquitecta Verónica García<p>&nbsp;</p><p>Nuevo uso, la misma alma</p><p>Ricardo Córdoba, uno de los propietarios de la empresa que se dedica la venta de motos, le comentó a los arquitectos e ingenieros su intención de preservar la estructura original. “Nos dijo que la quería tal cual estaba, sin modificar su espíritu”, recuerdan las profesionales. Desde ese punto, comenzó un trabajo de diseño complejo, que buscaba sumar metros cubiertos sin alterar la figura emblemática del paraboloide.</p><p>Para ello, se desarrolló una estructura interior completamente independiente, con columnas en forma de “V”, cómo parábolas, y que sostienen los entrepisos que están desfasados entre sí, permitiendo los espacios de balcones. “Nada toca al paraboloide. Todo está pensado para que se siga viendo desde todos los ángulos esa estructura tan particular”, explicó Moretto. Así, se generaron distintos niveles conectados por un núcleo de circulación que incluye escaleras y un ascensor en la parte de atrás del edificio, también adaptado para motos.</p><p>Hoy, Estación 8 cuenta con tres niveles claramente diferenciados. En planta baja se ubican un bar, un área de exposición de productos, sala de reuniones, baños y una kitchenette para los dueños del comercio. El primer piso está dedicado a productos generales para todo tipo de motos, mientras que el segundo hace más hincapié en motocross, con zonas para equipamiento como antiparras, guantes y baúles. “Todo el diseño fue pensado para que las personas puedan recorrerlo de manera cómoda. Hoy todos los que llegan a Estación 8 se encuentran con un gran shopping de lo que necesiten para sus motos”, remarcan.</p><p>Es más, también pensaron en quienes están de paso y llegan después de un viaje largo. “Hay un baño especial que tiene una ducha con un lugar bien grande, un baño enorme para que el motoquero que está de paso pare, deje su moto, sus pertenencias, se bañe, se relaje y siga viaje. Se pensaron muchas cosas realmente”, explicó Moretto.</p><p>&nbsp;</p>Nicolás Paulín junto a Moretto y García trabajaron juntos para devolverle vida a esta histórica edificación.<p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>Tecnología, confort y detalle</p><p>El proyecto requirió una meticulosa planificación en términos de sonido, climatización, acústica y protección de la estructura. Cada decisión fue tomada con el objetivo de resaltar la estructura original sin opacarla. La piel de vidrio que cierra hoy al paraboloide fue colocada sin contacto directo, separada por unos centímetros, rellenando en ese espacio con juntas de goma y silicona que permiten movimiento independiente y evitan tensiones.</p><p>La climatización, por su parte, fue incorporada con un sistema eficiente, respetuoso del espacio y de bajo impacto visual. “Siempre que estudiábamos cómo calefaccionar y refrigerar la estructura, pensábamos cómo lograr aclimatar el lugar. Era muy difícil esa cáscara, especialmente el último piso, que es un verdadero termo allí arriba. Pero se logró aclimatar y refrigerar”, destacaron.</p><p>También se trabajó especialmente la acústica del lugar, ya que los materiales originales –hormigón y vidrio– generaban una gran reverberancia. “Nadie iba a poder escuchar nada. Por eso colocamos pisos de madera en los entrepisos para absorber el sonido, y en los cielorrasos de esos niveles instalamos paneles acústicos que funcionan de maravilla. Fue uno de los mejores resultados del proyecto”, aseguraron.</p><p>Cuando el patrimonio cobra nueva vida</p><p>La recuperación del paraboloide no solo rescató un ícono arquitectónico: también representó un valioso aporte urbano y cultural para San Francisco. Estación 8 se transformó rápidamente en un nuevo polo de atracción, tanto para motociclistas como para vecinos curiosos que se acercan atraídos por la estructura reluciente y su renovada vitalidad. “Es muy lindo escuchar a la gente decir: ‘vamos a San Francisco a conocer este lugar’”, comentó Moretto. Desde su inauguración, la respuesta del público fue inmediata y entusiasta.</p><p>Más allá del aspecto técnico, la intervención dejó una profunda huella emocional en los autoras del proyecto. “Yo me sigo sorprendiendo cada vez que voy. Pasamos muchas horas en la obra, pero cuando lo ves terminado, te conmueve”, confiesa García, quien agregó: “Fue un desafío enorme, pero también un orgullo. Trabajar con un escenario tan icónico te obliga a pensar cada decisión.&nbsp;Queríamos que el hiperbólico siguiera siendo el protagonista”.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/uuDK963gF3ykD_eHvhu0qbvJleI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://lvdsjcdn.eleco.com.ar/media/2025/04/estacion_8.JPG" class="type:primaryImage" /></figure>Ingeniería, diseño y respeto por la historia se conjugaron en la transformación del paraboloide de Av. Urquiza en un espacio único para amantes de las motos. Construido en 1968, el edificio nunca llegó a utilizarse y permaneció décadas sin uso, hasta que un proyecto le dio vida.]]>
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                <published>2025-04-23T20:44:00+00:00</published>
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